Navidad Perfecta

Kohaku observó con el rostro en blanco el lugar vacío junto a ella en la cama.

¿En dónde rayos estaba Senku? ¿No se suponía que tenía el día libre? ¡Era veinticuatro de diciembre, con un demonio!

La puerta del baño estaba abierta y se notaba la habitación oscura, además de que podía ver que faltaba su bata de laboratorio y sabía que no estaba en el laboratorio de la casa porque lo clausuró cerrándolo con llave para que ni él ni su hija pudieran encerrarse allí y perderse las compras mañaneras tradicionales.

Justo cuando estaba por llamarlo y reclamarle, notó un montón de billetes en su mesita de noche, junto con una nota que decía:

"Tengo una emergencia en el laboratorio de la ciudad vecina y debo viajar de urgencia, no podré celebrar esta noche, pero volveré mañana temprano, les dejé 5 mil dólares para las compras, gasten todo si quieren, compra ese pavo gigante que viste ayer para que Shizuku lo preparé como les gusta a ustedes las leonas, dale mil dólares a Tsukiku a ver si no me odia y espero no me estén llamando porque estaré ocupado. Hasta pronto y feliz navidad".

Kohaku se sintió muy tentada a enfadarse con eso de no estarlo llamando y eso de decirles leonas, pero… ¿cinco mil dólares? ¿El pavo gigante? ¿Qué gasten todo?

—¡Ja! Más que estarte llamando o reclamarte, cuando llegues te daré un buen beso y hasta un masaje. —Rio para si misma, ya pensando en todas las delicias que podría comer.

Despertó primero a Shizuku y le dijo que su papá se había ido, ella al principio se puso triste, pero cuando escuchó lo del dinero y lo del pavo sus ojos se iluminaron.

—¡¿Y qué estamos esperando?! ¡Vamos de compras ya, ya! —Saltó en su cama.

—Prepárate, mi vida, iré a despertar a tu hermana. —Acarició su cabello ondulado, antes de ir con su hija adolescente.

Cuando se lo dijo, Tsukiku ni la dejó terminar y ya empezó a despotricar contra su padre.

—¡JA! ¡Lo que le faltaba a ese maldito viejo! ¡Mira que abandonar a tu familia en navidad! ¡Deberías divorciarte y encontrarte a alguien mejor, mamá! ¡Yo digo que hagamos nuestras maletas, encontremos un hotel, explotemos sus tarjetas de crédito y que mañana encuentre la casa vacía! ¡Y claro que yo me llevaré todo lo que hay en el laboratorio! —chilló venenosamente, pero Kohaku solo rio con ternura.

—Dejó cinco mil dólares y dijo que te puedes quedar con mil solo para ti.

Tsukiku se congeló.

—Como decía, mi papá es el mejor del mundo, cuando regrese le diré lo mucho que lo quiero, ¿alguna vez te he dicho lo bien que hiciste en escogerlo?

Kohaku rio a carcajadas.

—Arréglate, pequeña avariciosa, iremos de compras temprano para que tu hermana obtenga los mejores ingredientes, no tardes o se va a enfadar.

Salieron solo diez minutos después y fueron al Centro Comercial más caro de la ciudad que nunca estaba tan abarrotado ni siquiera en esas fechas y menos tan temprano, así que Shizuku pudo pasearse felizmente comprando todo lo que necesitaba y lo mejor fue que el pavo gigante que querían seguía ahí.

En un momento Tsukiku confesó que había llamado a sus amigos para divertirse con el dinero y que quería pasar unas horas con ellos antes de volver a casa.

—¡Ja! ¿Y luego criticas a tu padre? Tú también abandonas a tu familia —murmuró Kohaku divertida al ver a los amigos de su hija llegando.

—Lo siento… —Rio, medio avergonzada ante la mirada divertida pero inquisitiva de su madre—. Ustedes terminen de comprar y vayan a casa, yo estaré ahí para el almuerzo.

—¡Hola, Misaki-nee! ¡Yok-nii-chan! —Shizuku corrió a saludar a los dos amigos de su hija, pero luego miró con curiosidad al que venía un poco más atrás de Misaki—. ¿Kei-nii?

—¡Kei! —Kohaku fue a abrazar al joven hijo de un viejo amigo suyo.

—¡Hola tía Kohaku! —Kei sonrió con un guiño—. Shizu-chan, Tsuki-chan —las saludó.

—¿Y tú qué haces aquí? —preguntó Tsukiku venenosamente.

—Es mi novio, ya lo sabes. —Misaki le dio un leve codazo.

—¿Oh? —Kohaku los vio con interés—. ¿O sea que esto es como una cita doble?

—¡Claro que no! —gritaron Yok y Tsukiku.

Kohaku solo rio y se despidió, luego siguió comprando las últimas cosas con su hijita de nueve años y volvió a casa, donde desde temprano Shizuku empezó a preparar las primeras cosas para la cena, con Kohaku ayudando, pero luego recibieron una visita.

—¡Abuelito! —Shizuku saltó a los brazos de Byakuya, que rio felizmente.

—¡Jo, jo, jo! ¡Feliz navidad! —Saludó Byakuya, vestido con un traje de Santa pero sin la barba blanca, aunque barba tenía naturalmente…

—Navidad es mañana, querido —murmuró Lillian, riendo, para luego recibir su propio abrazo de parte de Shizuku.

—¡Navidad es siempre que tu corazón así la sienta! —Rio el hombre, luego miró alrededor de la casa con curiosidad mientras entraban—. ¿Dónde está mi hermosa, adorada y brillante nietecita mayor y el ingrato y malagradecido hijo que tengo al que llama su padre? ¿De nuevo se encerraron en el laboratorio para no ir de compras?

—Ja, claro que no, volví a clausurarlo, pero… —Les explicó el viaje de Senku y las compras de Tsukiku y Byakuya comenzó a hacer pucheros.

—El próximo año deberías esposarlo a la cama, Kohaku-chan. —Rio con malicia, ganándose un codazo de Lillian.

Kohaku rio y prefirió no mencionar el hecho de que en realidad era muy común para ella esposarlo a la cama para que no escape… solo que en otros contextos.

Byakuya y Lillian se pusieron manos a la obra en ayudar a Shizuku con la comida, aunque pronto Byakuya acabó expulsado de la cocina por su nieta cuando derramó un poco de harina de más en una mezcla, provocando que Shizuku lo mirara con sus profundos ojos carmín casi como si brillaran con sed de sangre…

—Abuelito, ahora hay que tirar eso a la basura… Mejor ve a desempacar la decoración, ¿sí?

Byakuya estuvo en una esquina lloriqueando media hora antes de acatar el pedido.

Cuando solo fue cuestión de dejar las cosas reposar o cocinándose, las tres fueron a ayudarlo con la decoración, y Shizuku le dio unas galletas de jengibre a su abuelo para hacerlo sonreír, cosa que funcionó de forma muy efectiva y los dos se pusieron a llorar y abrazarse gritando lo mucho que se querían.

—De alguna forma ella salió igualita a su abuelo aunque Senku es adoptado —dijo Lillian con una risita divertida.

—Ja, dices eso, pero Senku y Byakuya-san se parecen en muchas cosas. —Kohaku rio para sí misma.

Sabía que, en el fondo, Senku sentía el mismo amor que su padre por la navidad, que le gustaba que fuera un día dedicado a la familia, los amigos o la pareja, solo que no era tan abierto a demostrarlo, por eso sabía que el asunto del laboratorio fuera de la ciudad debía ser muy serio, que de otro modo él no se habría ido, y que debía dolerle un poco no poder estar con ellas…

Por eso se aseguraría de recibirlo muy cariñosamente cuando regresara, y con Tsukiku sobornada y Shizuku contenta con sus ingredientes caros, esperaba que ellas igual lo recibieran bien para que él no se sintiera tan mal por no haber estado en casa.

Al cabo de unas horas Shizuku preparó un almuerzo rápido y Tsukiku llegó justo a tiempo, acompañada aún por sus amigos a los que Kohaku no dudó en invitar a pasar la navidad allí.

—¿Y cuál de estos dos apuestos muchachitos es el novio de mi nietecita? —preguntó Byakuya luego de terminar de asfixiar a Tsukiku con un abrazo que ella falló en esquivar.

—¡Él! —Shizuku señaló muy sonriente a Mijow Yok.

—¡N-no es cierto! —Yok intentó protestar, pero Byakuya ni lo escuchó y se lanzó a abrazarlo gritándole que cuidara a su nieta—. ¡AGH! ¡No me toque, por favor!

Lillian tuvo que salvarlo, Tsukiku le gritó a su abuelo que ella no tenía novio ni interés en el romance y con ese amoroso y dulce ambiente familiar comenzaron a almorzar.

Luego de almorzar, Shizuku arrastró a Yok a ayudarla a cocinar diciendo que era "el único competente y con habilidades culinarias decentes" y ya no dejó que nadie más pisara la cocina, por lo que los demás se dedicaron a terminar de decorar, cosa que a Tsukiku le gustaba bastante porque, tal como su padre, secretamente amaba mucho la navidad.

Las horas pasaron con bellos momentos de convivencia familiar que Kohaku intentó filmar y fotografiar lo más posible, extrañando profundamente a Senku.

"Supongo que tú estarías mirando mal a Yok y a Kei, porque quieres mucho a Tsukiku y Misaki", pensó con una sonrisa mientras entre todos preparaban la mesa. "Seguro estarías regañando a tu padre por sus comentarios y pidiéndole a Lillian que lo controle", Kohaku rio con nostalgia. "Intentarías seguir ayudando a Shizuku con sus cosas incluso aunque ella te eché de la cocina ¿no es así? Y ahora que todos están distraídos podríamos escaparnos un rato al muérdago junto a la chimenea…"

Suspiró con nostalgia, notando entonces la mirada curiosa de Lillian, pero sonrió y le dijo que estaba bien, para luego seguir preparando las cosas.

Finalmente, se sentaron a comer y todos pudieron disfrutar de la deliciosa comida que Shizuku puso mucho esmero en preparar, pero Kohaku notó con una sonrisa triste que su hijita menor puso un plato extra frente a una silla vacía justo al lado de ella, con todos los bocados favoritos de Senku, para luego sentarse a comer y sonreír como si nada mientras todos la halagaban por sus delicios platillos.

Sin embargo, pese a la sonrisa casi sincera en su rostro, Kohaku era su madre, y sabía cuándo sus bebés estaban tristes, en Shizuku era más difícil notarlo, pero lo sabía, y podía también ver las muecas ocasionales en Tsukiku al notar de reojo el lugar vacío junto a Kohaku.

"Maldita sea, Senku…" pensó Kohaku con un suspiro. "La próxima vez definitivamente te esposaré a la cama y que el mundo estalle, pero te quedas en casa…"

Terminaron de cenar y llegó la odisea de convencer a Shizuku de que se durmiera para que no viera cuando colocaban los regalos bajo el árbol. Ya no era tan pequeña para que Kohaku la acunara, los últimos años Senku la dormía leyéndole, y ahora no estaba así que…

—Bueno… hay que improvisar —murmuró Byakuya al ver a la pequeña brincando alrededor del árbol diciendo que Santa llegaría pronto.

Le pidieron a Tsukiku que le leyera algo, pero la adolescente perdió la paciencia al verla brincando en vez de prestarle atención, así que luego Byakuya intentó cansarla cantando y bailando con villancicos… grave error, claro, era hija de Kohaku, el que terminó cansado fue él.

Lillian intentó cantarle, pero Shizuku se ponía a cantar con ella, Kei y Misaki también la hicieron bailar, pero ellos acabaron igual que Byakuya, cansados y con ella llena de energía. Yok intentó negociar con ella, diciéndole que si se dormía luego la ayudaría con todos los platillos que quisiera, pero Shizuku contrarrestó diciendo que solo aceptaría si invitaba a Tsukiku a salir, Yok se avergonzó y se fue a una esquina a cruzarse de brazos y refunfuñar.

Cuando ya estuvieron muy cerca de que fuera medianoche, Kohaku la tomó en brazos y la llevó a su habitación con ella pataleando inquieta, arrastrando a Tsukiku también para que la ayudara a entretenerla.

Si no podían dormirla, mejor distraerla.

—¿Segura que no quieres un cuento? —preguntó Kohaku luego de meterla a la cama, pero Shizuku negó—. Vamos, tu hermana te puede contar esos cuentos del espacio que te gustan.

—Ella no cuenta cuentos como papi —refunfuñó Shizuku, inflando una mejilla—. Dice cosas muy difíciles y no la entiendo nadita.

—No es mi culpa que ese viejo se encargué total y completamente de tu educación y sepa usar los términos correctos que tú ya te sabes para que no lo estés mirando como foca confundida todo el tiempo —bufó Tsukiku—. Cuando yo tenía tu edad me leía cosas mucho más complicadas.

—Y yo ya te dije que tú y tu hermana son distintas, no se estén comparando. —Kohaku le jaló levemente la oreja, antes de mirar preocupada a su hijita menor—. ¿No quieres que mamá te cante? Pero te tienes que acostar, cariño, mañana puedes ver lo que trajo Santa.

—¡Ja, quiero verlo ahora! Añadí otra cosa a mi carta para Santa, quiero ver si me trae ese regalo también y quiero estar despierta… —Hizo pucheros.

—Ja, te estás portando como una niña mala, seguro te traerá carbón. —Tsukiku le sacó la lengua—. ¡Auch! ¡Mamá! —gimoteó cuando Kohaku le jaló la oreja otra vez.

—Ja, no escuches a tu hermana, mi vida, Santa sabe que eres una niña buena. —Acarició su cabello cariñosamente—. Mmm… Ven, ven aquí. —La tomó en brazos y la sentó en su regazo—. Incluso si no tienes sueño, no te molesta que mamá te cante ¿o sí? —Sonrió cuando ella negó tímidamente con la cabeza.

La abrazó y obligó a Tsukiku a recostarse en su hombro también, comenzando a tararear antes de cantar suavemente una canción de cuna.

A los pocos minutos, las dos comenzaron a dormirse y Kohaku rio complacida para sus adentros, sabiendo que por muy grandecitas que fueran seguían siendo sus bebés.

Justo a las doce de la noche, sin embargo, se oyó un escandalo abajo y sus dos niñas se sobresaltaron, borrando los esfuerzos por dormirlas.

—¿Y ahora qué? —gruñó Tsukiku.

—¡Debe ser Santa! —Shizuku quiso correr a la puerta, pero Kohaku la mantuvo abrazada.

Antes de que la pequeña pudiera protestar, la puerta se abrió y el gorro de Santa Claus se asomó, haciendo jadear a las tres… hasta que vieron el rostro sonriente de Senku y jadearon todavía más.

—¿Senku?... —Kohaku lo miró sorprendida.

—¡Ja, lo sabía! —Shizuku se zafó de su madre y corrió a su padre—. ¡Santa me trajo lo que pedí! ¡Hola, papi! ¡¿Viniste en trineo?! —Se lanzó a sus brazos.

Senku rio divertido, cargándola con un poco de dificultad.

—¿Así que por ti me secuestraron unos duendes, eh? Eres una leonita muy astuta. —Le pellizcó la nariz cariñosamente.

—¡Lo siento! —Jadeó—. ¿Te metieron en un saco de regalos?

—Sí, pero olía a galletas de jengibre, no estuvo tan mal. —Se sentó en la cama, revolviendo su cabello—. Y el trineo de Santa viaja muy rápido, casi desafía las leyes de la física, llegamos muy rápido. —Rio divertido mientras Shizuku lo miraba boquiabierta.

—¿Casi? Ja, rompe en un diez billones por ciento las leyes de la física. —Bufó Tsukiku.

—Por eso Santa es mágico. —Kohaku la abrazó para callarle su boquita sarcástica.

—Lo bueno es que me dio algunos regalos extra para ustedes. —Rio Senku, haciendo a Shizuku jadear emocionada.

—¡¿Y pudiste ver sus renos?! ¡¿Puedo tener un reno?!

—Claro, princesa —cedió Senku sin pensar y Kohaku le jaló la oreja—. Digo, eh… podemos ir a ver renos a ese parque navideño mañana. Escuché que Santa se los presta por un rato.

—¡Hurra! —Ella lo abrazó alegremente.

Finalmente, con Senku allí, él le contó su cuento y Shizuku se durmió felizmente.

Salieron de la habitación y Tsukiku los sorprendió abrazando a Senku repentinamente.

—Gracias por los mil dólares, viejo, solo por eso no convenceré a mamá de dejarte —murmuró burlonamente.

—Sí, sí, ajá, no debí traerte nada, mocosa. —Rio secamente, rascando su oído con el meñique.

—¿En serio trajiste más regalos? En ese caso, iré a abrirlos ahora, ya es 25, je. —Frotó sus manos ansiosamente antes de correr escaleras abajo.

Al quedarse solos, Kohaku de inmediato jaló a Senku para besarlo profundamente.

—¿Cómo llegaste tan rápido? Creí que no te veríamos hasta mañana…

—Digamos que rompí algunas leyes de explotación laboral sobre mis compañeros y sobre mí mismo y terminé el trabajo antes de tiempo. —Ahora él unió sus labios—. También creo que rompí muchas leyes de tránsito, tendré una deuda considerable en multas… pero valió la pena por no romper la ilusión de la leonita. —Rio contra su boca.

—Ja, solo admite que también amas pasar navidad en familia, bastardo. —Acarició su nuca seductoramente, pero luego le frunció el ceño—. Y deja de decirle leonas a mis bebés, bastardo.

—Justamente porque son bebés de una leona son… auch. —Gruñó cuando ella le mordió el labio a modo de protesta.

—No somos leonas. —Lo miró burlonamente, antes de juntar sus labios otra vez.

Ah, amaba a este hombre… incluso aunque a veces era una escoria, siempre lograba hacerla feliz al final del día, y ya solo con su presencia tenía una navidad perfecta.

Fin.

Holaaaa :D

Este es mi regalo como Santa Secreto de Gerald Prado en la actividad del grupo de Face de Senku & Kohaku :3

Ojala les haya gustado nwn

Feliz navidad y prospero año nuevo para todos! *o*

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!