Conversación: —Nuevo Mundo, Mismos Problemas—

Narración: Nuevo Mundo, Mismos Problemas

Radio: —Nuevo Mundo, Mismos Problemas—

Continente de Anima

Mistral

Academia Reach

Cuarto de Interrogatorio #6

0630 horas

POV Ethan

—¿Todavía nada?— le menciono al interrogador, cortesía de Cutter, entrando al cuarto espejo, donde se mostraba a una Cinder irritada.

La mujer llevaba media hora encerrada, viendo sus movimientos y reacciones.

—Bueno, en realidad no ha dicho nada más que la liberemos, que cometemos un grave error conteniéndola y que su ama soltará su ira en nosotros— el hombre de Cutter miraba al espejo sin darme una mirada.

—Entonces, complejo de superioridad y alta estima a su líder— asumo, continuando mirando al espejo de dos caras.

—Básicamente— respondía, regresando su mirada hacia mí, entregando una tableta con todas las oraciones dichas durante todo este tiempo.

—¿Te falta información?— viendo el nulo avance con el método número uno, solo observar.

—Mucha. No tengo conocimiento para hacerla quebrar emocionalmente, golpearla solo hará que se altere y no diga nada útil— comentaba descartando la opción dos, usar la tortura, y sabiendo que su orgullo no le permitiría soltar lo que necesitamos a golpes. Tendría que usar el último método.

—Déjame ver qué puedo sacar, anoten todo— les digo entregando la tableta y dando la vuelta para ir a la sala de interrogatorio y usar el método tres.

Solo abrí la puerta y la mujer de dentro comenzó a reírse.

—Vaya, vaya... ¿Vienes a ensuciarte las manos?— la mujer con poderes de fuego trataba de juntar sus manos encadenadas, no pudiendo porque sería una estupidez que tuviera esa libertad.

—No sería la primera vez— le contesto calmadamente, sentándome enfrente de ella, relajándome en la silla.

—¿El falso profeta viene a interrogarme?— ella estaba tratando de aplicar la misma técnica que usaré contra ella.

Frustrarla hasta que se le escape algo.

—Nunca me identifiqué como profeta, como tú tampoco deberías identificarte como Maiden— le contesté subiendo mis piernas a la mesa, colocando mis brazos en los reposabrazos de la silla.

—¡Cierra la boca!— ladraba la chica, tratando de jalar los grilletes hacia donde mis piernas, no pudiendo por la corta cadena y su poca fuerza física.

Sin el aura, no son nada.

—¿Te molesta que no pudieras cumplir la misión? ¿Que fracasaras ante mami Salem? Ya deberías estar avergonzada de haber perdido de una forma tan rápida— le picaba más al lobo, sacando mi scroll, mostrando el video donde Alice noqueaba a Cinder.

—Esperaba que las Maiden dieran pelea a un Spartan, por todas las historias, y solo le tomó a Alice un minuto para dejarte contra el suelo— dejando parada la imagen de Cinder contra el muro.

—Esa cosa me tomó por sorpresa, pero el poder que poseo es suficiente para incinerar toda esta escuela— contestaba de vuelta, enojándose poco a poco, al ver cómo repetía la imagen de ella, siendo noqueada múltiples veces.

—Y, aun así, tú eres la que está encadenada. Te hizo mierda en cuestión de segundos— respondí, siguiendo repitiendo la escena.

No dije nada después de eso, pero sí me detuve de retroceder el video, dejando la imagen de Cinder siendo arrastrada por los SCDO.

—Sabes a lo que vine. Dime quién trabaja con Salem— la mujer pelinegra carraspeó de risa; se lo tomaba como broma.

—¿Piensas que traicionaré a mi ama como si fuera basura?— trataba de escupirme, fallando miserablemente; se nota que nunca lo ha hecho.

Miro la baba en la mesa con una ceja levantada, intercalando miradas entre eso y la media Maiden, que mostraba rasgos de enojarse más por hacerla pasar vergüenza.

—Sí, porque esto es lo que las ratas hacen cuando se encuentran acorraladas— le dejo claro mostrando su forma rígida y su patético intento de intimidación.

—No tienes idea de lo que soy capaz, ni de lo que Salem puede hacerte sufrir— hablaba con una sonrisa macabra, o un intento de la misma, tratando de intimidarme.

—Sé que intentó matarnos dos veces y fracasó en ambas, dejando que capturáramos a su única Maiden— le dejé las estadísticas de nuestras peleas y lo horrible que van en ellas.

—¿Y por qué piensas que solo soy yo?— planteaba la duda Cinder y creo que intentaba hacer que le diera información.

No le funcionará.

—Si alguien realiza un ataque de esa escala para deshacerse de un problema, no envía solo a un infiltrado... aunque, tomando en cuenta que Salem es horrible con estrategias, no me sorprendería— le dejo claro y le muestro las imágenes de sus otras infiltradas, junto a la escena donde ejecuté a Emerald.

La mirada sombría que me daba Cinder era de película, pero realmente no era de importancia.

—¿Crees en el destino, General?— susurraba Cinder de forma seria.

—No. Si digo que sí, entonces la humanidad debió haberse extinguido hace años, pero seguimos luchando y no ha dado brazo a torcer— le respondo mostrando las peleas contra el Covenant que tenía, donde ganábamos.

De las pocas que conseguíamos, con alto costo.

—Los líderes de los reinos no piensan lo mismo— trataba de convencerme y no entendía su objetivo.

—Y yo no me refería a Remnant. Podrás ser una Maiden, pero sigues siendo inexperta y muy estúpida— le aclaro, parando la imagen de mi scroll, mostrando la figura de un Elite, cargando a un Marine con un brazo y una espada de energía en la otra.

—Frústrate lo que quieras, si tú no nos dices nada, tu comunicador sí lo hará. Es más, ¿qué tal si hago una llamada?— guardo mi scroll en mi bolsillo y saco el de ella, que tenía una fractura, pero seguía funcionando.

—Solo perderás tu tiempo— ella decía segura, viendo cómo desbloqueaba su scroll ya hackeado y marcando al único número que había.

—¿Cinder? ¡¿Dónde demonios estás?! ¡Debiste haberte reportado desde ayer!— la voz de un hombre viejo hablaba enojado; esto empezaba bien.

—¿Cinder? Creo que te equivocas de persona, ¿podrías pasarme a Salem, lacayo?— le hablo, manteniendo en todo momento una sonrisa, mirando a una Cinder irritándose cada vez más.

—¿Cómo te atreves? ¡No eres más que una mancha en este mundo!— hablaba con indignación el hombre, levantando su voz.

—¿Me la pasarás?— le repito, esperando a que me diga algo más.

—En tus sueños. La reina no habla con plagas, Cinder solo fue una herramienta— y no dijo más; cortó la comunicación.

—Bueno, qué desafortunado— digo al aire, guardando el scroll y levantándome de la silla lentamente.

—¡¿No creerás lo que Watts dice es verdad?! ¡¿Solo es un maldito científico fracasado?!— bingo, ya tengo un nombre.

—Pues, él confirmó lo que sospechaba. Ya son dos personas que dicen lo mismo, ¿no crees?— le respondo sin importancia, dirigiéndome a la puerta mientras Cinder trataba de liberarse de su prisión.

—¿Suponen que soy una herramienta? Solo necesito al grupo de bandidos de esa perra inmunda para reclamar lo que es mío— otra pista, no fue tan complicado de hacer.

—Muchas gracias, Cinder, nos fuiste de gran ayuda. Pero eso no significa que no tienes más utilidad— le confieso, abriendo la puerta y señalo a los de afuera que entren.

—Toma un descanso, señorita Fall, porque no disfrutarás lo que viene— veo cómo los guardias la duermen con una inyección, empezando a dormirse poco a poco.

—M-mu... er... ete— trataba de hablar la mujer antes de recargar su cabeza contra la mesa.

—Llévenla al Pelican, la quiero en la sala de contención de la Paliostrol; nos dirigimos a Vale— les ordeno a los guardias que solo saludaban antes de hacer lo ordenado.

Me acerco a la sala de observación y veo al equipo de investigación de ocho personas en acción, buscando sobre todo lo que Cinder soltó.

—No lo hiciste nada mal— me alababa el interrogador, siguiendo mirando a los investigadores.

Debe ser su forma de ser.

—Jugar con la mente es más efectivo en gente inestable— le confesé, y sabiendo que ella me tenía mucho odio, era más fácil que ella me dijera más que a otros.

—Muy de acuerdo. Por cierto, tenemos los escáneres— me agregaba, dándome otra tableta más grande; eran una misión 'secreta' de búsqueda, apartado de Ozpin.

—¿Encontraron algo?— le pregunto mientras veía que lograron encontrar.

—Bueno, los patrones de 'aura', como ustedes les llaman, son un conjunto de ondas muy inestables en el ambiente cuando se activa. Si quieres encontrar a estas 'Maidens', lo tenemos difícil— respondía con un suspiro, apoyándose en un escritorio, cruzándose de brazos.

—¿Por qué?— vuelvo a preguntar y esta vez viendo la teoría de lo que se refería.

—Bueno, Capitán, a diferencia del aura que tiene usted, este tipo de ondas son demasiado similares a los rayos Gamma; no son radiactivos, pero poseen la misma frecuencia.

—Si quieres encontrar a estas personas, las ciudades serán los lugares más difíciles de buscar: hospitales, torres de radio, laboratorios, son ejemplos de sitios que pueden interferir en su rastreo— nombraba cada contratiempo que solo daba más dolores de cabeza con solo pensarlo.

Le daré un descanso a Ozpin sobre el tema de encontrar a las Maidens; si nosotros con satélites la tenemos complicado, ellos la tienen peor.

—Eso no son buenas noticias. Empecemos por los bosques y montañas, son los lugares donde no debería de haber muchas frecuencias altas en la superficie— miro cómo comienza a anotar las órdenes y solo asiente antes de salir del cuarto.

Pero luego recordé algo.

—Espera— le detengo a lo que este únicamente mantiene su mano en el escáner, mientras me veía.

—Usen nuestras bases de datos para buscar noticias sobre ataques de bandidos o avistamientos. Cinder mencionó que necesitaba a un grupo dirigido por una mujer; utiliza todo, tienes la libertad de usar lo necesario— le comenté, sabiendo que es un punto de inicio para una búsqueda grande.

—Copiado, te mantendré informado— la puerta de la habitación se cerró, únicamente dejando al grupo de búsqueda continuando con su trabajo.

Okay, ahora toca hacer la visita a nuestro querido inmortal.

Continente de Sanus

Vale

Academia Beacon

Dormitorios de la Academia

0853 horas

POV Narrador

Los alumnos estaban emocionados.

El festival Vytal estaba cerca y deseaban participar en los combates, entre ellos una joven pelirroja de ojos verdes que buscaba llevar su nombre a lo más alto junto a su equipo.

—Pyrrha, ¿ya estás lista? Ren y Nora nos están esperando en el anfiteatro— una voz masculina le hablaba desde afuera del baño donde la mujer pelirroja se encontraba.

—Terminé, Jaune, solo me estaba dando el retoque— contestó saliendo del baño de su dormitorio, viendo cómo un chico, un rubio guapo de ojos azules con una pechera básica y pantalones de mezclilla, la esperaba recargado en su cama.

—No creo que lo necesites, la verdad— respondió el rubio, levantándose de su posición para acercarse a la chica.

—¿Por qué no?— respondió sarcásticamente, cruzándose de brazos.

—Porque eres perfecta como eres— su respuesta fue un beso rápido en los labios de la pelirroja, que aceptó gustosamente.

—Romántico como siempre. Vamos, que luego llegamos tarde al anuncio de Ozpin— tomó de la mano a su novio para caminar rápido fuera de su dormitorio hacia el auditorio.

—No es como que yo te estuve apresurando la última media hora— decía flojamente el rubio, tratando de seguir el paso de su rápida novia.

—Sí, lo que sea, cariño, solo hay que darse prisa— subió la velocidad, prácticamente arrastrando al pobre hombre por todo el suelo.

No les tomó más tiempo llegar al anfiteatro y ver a todos acomodados, justamente cuando el director Ozpin subía al estrado.

—Llegamos a tiempo— murmuraba Jaune mientras trataba de tomar aire por la carrera improvisada que Pyrrha decidió tomar.

—Ya era hora de que aparecieran, llevamos casi 20 minutos esperándolos— una chica pelirrosa que parecía muy fuerte a pesar de su pequeña estatura les gritaba en voz baja a los dos novios.

Mientras señalaba a un joven alto con largo cabello negro y una cola de caballo que acababa a mitad de su espalda. También tiene una línea magenta en el lado izquierdo de su cabello.

—No fueron ni siquiera 5 minutos, Nora— el chico alto agregó, manteniendo su postura relajada y seria, denotando un tono de voz calmado.

—¡Para mí fueron 30, Ren!— respondía con un puchero la chica pequeña ahora llamada Nora, cruzándose de brazos y mirando a otro lado.

—¿No eran 20?— decía con una sonrisa Pyrrha, divirtiéndose con cómo se comportaba la otra chica del equipo.

—¡Ese no es el punto!

—Cállense, el director va a hablar— las interrumpía Jaune, apuntando al estrado, cuando Ozpin golpeó levemente el micrófono para ver si estaba funcionando.

—Estamos en una época de paz. Y pronto, el festival Vytal llegará a Vale, para promover esa camaradería entre reinos y ofrecer nuestra cultura a todos.

—No lo llamaría paz total— susurraba Jaune, lo que llamó la atención de sus compañeros.

—¿Jaune?— preguntaba Pyrrha preocupada.

—Tal vez haya paz en Vale, pero fue noticia que Mistral recibió un inmenso ataque Grimm— les susurraba sin quitar la mirada de Ozpin.

—¿Qué?— sin importarle mucho, Nora, giró a ver al rubio.

—Si no hubiera sido por la respuesta rápida de los SCDO, los muertos se hubieran contado por miles.

—¿Cómo es que tantos Grimm atacaron Mistral? No creo que de un momento a otro la negatividad haya escalado tanto— se preguntaba Ren; era imposible que una cantidad tan grande lograra adentrarse tanto en Mistral sin razón alguna.

Aunque una persona sabía exactamente por qué.

Mientras continuaba el discurso, toda la academia comenzó a temblar; no tan fuerte como para que fuera un terremoto, pero sí lo suficientemente fuerte como para sentirlo.

—¿Sienten eso?— se puso en alerta Ren de inmediato, mirando a los ventanales del anfiteatro.

De fondo veían una nave. Una fragata SCDO.

—Es la Paliostrol— mencionaba Jaune mientras salía del anfiteatro, seguido de sus compañeros.

—¿Qué hacen aquí?— si no es por temas políticos, si los SCDO vienen, es porque las cosas son graves.

—Creo que pronto tendremos respuestas a tus dudas, Ren— respondía Pyrrha, viendo cómo de la fragata salían tres Pelicans.

El equipo, junto a varios más que se encontraban dentro, salían al patio para ver a los SCDO, pero el que tenía más intriga era Ozpin.

No había recibido ningún mensaje de que vendrían, y mucho menos después del asalto Grimm.

Del primer Pelican salió el escuadrón de élite del General Drake: el equipo Épsilon.

Del segundo Pelican salieron un grupo de soldados que jamás habían visto.

Solo eran tres, pero eran enormes, con armaduras verdes de cuerpo completo y muy imponentes; los cascos eran totalmente distintos a los de los SCDO. Debían ser algún tipo de nuevo soldado de operaciones especiales.

Estos venían escoltando a una mujer con un saco negro en la cabeza y múltiples esposas encima.

Del último Pelican salía el mismo General con sus líderes y dos personas más.

Era un hombre viejo, con barba bien cuidada y corta, con uniforme de oficial, junto a una mujer con vestimenta casual pero con aires de sabiduría.

—¿Quién es esa mujer? Parece peligrosa si la tienen tan resguardada— comentaba Ren viendo cómo todos se dirigían a la oficina de Ozpin.

—Si es tan peligrosa, ¿por qué traerla aquí?— dudaba el hombre rubio. No eran malos en su libro, pero la mera presencia de ellos significaba algo grande.

—¿Por qué no lo averiguamos?—dijo Pyrrha casualmente, siguiéndolos por detrás, sorprendiendo y asustando a sus compañeros.

Exceptuando a Nora, que solo se emocionó.

—¡¿Estás loca, Pyrrha?! ¡No debemos meternos en asuntos que no nos corresponden!— trataba de convencer Jaune a su novia, mientras que esta mantenía su paso por los pasillos.

—Ten fe, Jaune. Conoceremos más de esto.

Continente de Sanus

Vale

Academia Beacon

Oficina de Ozpin

0910 horas

POV Ethan

—¿Es necesario tanto personal?— mencionaba Ozpin entrando a su oficina, mirando a su alrededor, viendo la cantidad de soldados que tenía.

—Pensando en tu posible reacción a lo que te diré, lo creo necesario. Aparte, me preocupa más lo que haría la persona que tengo detrás si se libera, mejor ir bien preparado— le contestó señalando con el dedo a la chica con el saco negro en la cabeza.

Estaba sentado en el sillón enfrente de su escritorio, tratando de no presionarlo... realmente toda la gente de alrededor no ayuda.

—Entonces, ¿qué es lo que me quieres decir?— habló después de unos momentos, recargándose en su escritorio con sus manos entrelazadas.

—Quiero que dejes de mentirle a tu gente— le dije directamente, causando que Ozpin levantara una ceja, confundido.

—¿Mentir?— preguntó sin saber a lo que me refería.

—¿Paz? ¿Te parece que lo que sufrimos ayer fue un momento de paz?— le aclaré lanzando una tableta mostrando un mapa orbital del campo de batalla, con los miles de puntos rojos que ayer rodearon todo.

—Un ataque Grimm de esa escala en Mistral, no me lo esperaba— trataba de desescalar la situación, mostrando ignorancia.

—Lo creo, pero lo que no me creo es que controlaras los medios y no se hiciera noticia. EN NINGÚN REINO— saqué el mapa orbital de la tableta y mostré las noticias de cada reino.

Nada, no había nada.

El único lugar donde fue publicado fue Mistral, y por obviedades, pero según mis fuentes, había llegado un mensaje de alguien desconocido que quería evitar que la noticia se hiciera pública.

—Mistral fue el único que no lo hizo, porque no lo aceptaron. Te recuerdo, Ozpin, que tengo informantes en cada reino y me enteré de ese complot que hiciste para no levantar "miedo". Es una estupidez— le comenté, levantándome de la silla, comenzando a dar vueltas por la sala.

Comenzaba a dudar de mis aliados, pero eso es lo que Salem buscaba.

Que me diera cuenta de que Ozma no era de fiar.

—Te recuerdo que el miedo es uno de los primeros causantes de la atracción de Grimm— soltaba calmadamente el director, mirándome cómo daba vueltas.

—Cuando Salem no es quien los envía. El problema que causaste fue que plantaste la semilla de la duda, algo que hará que la gente desconfíe... de ti— me acerqué a su escritorio y planté mi dedo en su cabeza, mientras lo fulminaba con la mirada.

—Yo soy transparente con mis estudiantes y la gente del reino de Vale, pero exponer a Salem solo causará desastres y descontrol— me regresaba la mirada, pero sin moverse de su posición.

—Solo demuestras que no tienes la capacidad de poder liderar un evento de esta magnitud— continué el duelo de miradas, sin moverme de posición.

—¿Y tú sí?— cuestionaba girando su cabeza de costado.

—Sí. Y tengo una prueba perfecta— en ese instante, el elevador sonó y, al abrirse las puertas, se mostraban a un equipo, JNPR.

—JNPR, estamos en una reunión importante, cualquier cosa que me quieran comentar tendrá que esperar— cortaba Ozpin el duelo de miradas para dirigirles la palabra a los jóvenes, poniéndose de pie en el proceso.

—No, no, no, Ozpin. Necesito saber lo que MI agente tiene que decir— me puse enfrente de él, colocando mi mano en su hombro y la otra en su pecho, deteniéndolo.

—¿Cómo?— me miró confundido a lo dicho.

Una de las chicas dio un paso adelante y saludó.

—Descansa, Pyrrha— dije sin dudar, soltando a Ozpin y caminando hacia ella.

—¿Señorita Nikos?— preguntó anonadado Ozpin, no se lo esperaba de ninguna forma.

—¿Pyrrha?— el chico rubio a su lado tenía una expresión más exagerada que Ozpin, por la sorpresa.

—Papá no pudo tener a una chica más espectacular. Ella ha sido la que me ha mantenido al tanto de tus acciones, sobre todo con lo que ha sucedido recientemente— solté sarcásticamente, a lo que la mayoría, que no sabía del tema, se sorprendió.

—¡¿Papá?!— de todo lo que dije, el rubio, a quien Pyrrha mencionó en sus reportes, era su novio; le importó menos lo de ser un doble agente y más que fuera mi hija.

Si estuviera en sus zapatos, diría lo mismo.

—No es mi padre, Jaune. Simplemente, fue su nombre clave en cada llamada que hemos tenido— aclaró Pyrrha, viendo al temeroso Jaune, que solo suspiró de alivio.

Al menos sabe con quién no meterse; buen sentido de supervivencia.

Pero poca valentía.

—¿Usaste a la señorita Nikos como espía? ¡¿En mi academia?!— elevó su voz por primera vez Ozpin, mostrando su desacuerdo y desconcierto.

La señora Goodwitch, que se encontraba en silencio en todo momento, en la esquina de la habitación, no pudo evitar poner su rostro de desconcierto, pero sin decir nada.

—Tomando en cuenta nuestra situación y todos los secretos que nos ocultas, creo que tengo la razón en no confiar plenamente en ti. Así que, cuando me enteré de todos los secretos que tenías, quería averiguar si... controlabas a las masas, sobre cómo estaban las cosas realmente en Beacon— jugaba con mis manos, tratando de hacerme entender.

—Y lo hace, es muy convincente— agregó Pyrrha, asintiendo la cabeza sin miedo a represalias.

—Y esas no son las únicas noticias que tengo, Ozpin— digo mientras veo cómo la cara de Ozpin trataba de contener la ira.

—Tengo a la otra mitad de la Fall Maiden.

—¡¿Qué?! ¡¿Atraparon a la que intentó asesinar a Amber?!— no pudo evitar intervenir Goodwitch, dando más pasos al frente, pero siendo detenida por el brazo extendido de Ozpin, sin apartar la vista de la chica encapuchada a mi espalda.

—¿Es ella?

—Oooohhh, claro que es ella. Alice— nombré a la Spartan, a lo que de inmediato mostró el rostro golpeado de Cinder y su mirada de odio puro permanentemente en su rostro.

—Te presento a Cinder Fall. Sería un chiste hilarante que no la reconocieras; después de todo, tenían su "archivo" en su sistema, como una estudiante de intercambio de Haven, cortesía de Leo, hace ya años— le expliqué, caminando enfrente de Ozpin, estando a escasos centímetros de su rostro.

—Tenías todo lo que necesitabas saber y a la vez nada— murmuré con una sonrisa irónica, y este se veía afectado por sus emociones más que nunca.

—¿Para qué la trajiste?

—¿Por qué otro motivo si no hacer que la querida Amber sane? ¿Lo quieres comprobar?— tomé la cabeza de Cinder sin ninguna delicadeza y llevándola al ascensor.

—Los espero abajo— le dije mientras veía cómo este se lanzaba contra el ascensor, entrando a tiempo, estando solos en el mismo.

La tensión era alta entre los tres; solo fue mi orden lo que cortó el aire.

—Sven, regresen al patio, esperen nuevas órdenes ahí.

—Copiado. ¿Qué hay de Pyrrha?— preguntó mi mujer, deseando saber qué hacer la chica.

—Ella decidirá lo que hará después; no decidiré por ella. Corto— terminé la conexión, a tiempo de que las puertas se abrieran.

Antes de salir, la mano de Ozpin se estrelló contra mi pecho, clavándome duramente contra el elevador.

Me quejé un poco del dolor y miré los ojos fríos de Ozpin.

—¿Crees que no sé lo que estás pensando? ¿Por qué este viejo no he llevado la guerra a Salem con toda mi influencia? Esa respuesta la sabes— apretaba su mano en mi armadura, comenzando a abollarla.

Tomé su mano con mi mano libre, tratando de hacer que me soltara, pero solo conseguí que lo apretara más.

—NO. PUEDE. MORIR— este tomó una bocanada de aire y desapretó su agarre en mí, pero sin soltarme.

—Sabes quién era Summer Rose, ¿no es cierto?— cómo saberlo; su hija es una líder nata.

—La madre de Ruby— le contesté secamente, tratando de convencerlo de que no estoy intimidado.

—Al igual que su hija, tuvo un poder único, sus ojos plateados. Capaces de hacer piedra a los Grimm con un estallido de aura y parte de su alma pura— me explicaba, levantando su otra mano, que brilló de verde y la pegó a mi frente.

Mi cabeza comenzó a girar y comencé a ver... sus recuerdos.

—No había usado a unos ojos plateados para derrotar a Salem, eran raros y muy valiosos. Tenía la teoría de que la congelaría y eso ya sería un avance que no había hecho en décadas... pero no salió como esperábamos— sus recuerdos mostraron a Summer con su scroll en el suelo y Salem encima de ella.

—Murió— dijo al momento que el scroll perdió conexión.

—Salem no tuvo piedad. Los ojos plateados no hicieron más que enfurecerla y vulnerarla por segundos, no lo suficiente para hacer nada— seguía, pero esta vez con pena y dolor en su voz.

—Tú quieres que haga lo necesario para derrotarla, ¿verdad?— me preguntó con seriedad, a lo que solo asentí, pero esta vez dudoso.

Por primera vez comencé a dudar si estaba tomando el camino correcto en esta guerra.

Y eso era muy malo.

—Entonces, ¿me permitirías usar a la hija de Summer para acabar con Salem? ¿Usar a una niña que ahora sabe a qué se enfrenta? Le enseñaste lo que debe saber y cómo hacer su trabajo, ¿la enviarás a ella para acabar con Salem? ¿Y cuántos más, Ethan?— lo consiguió, plantó la semilla de la duda y no sabía qué decir.

—Si todo fuera tan sencillo como chasquear los dedos, no seguiríamos en esta posición. No con tantas preguntas sin respuesta— al finalizar, me suelta lentamente, para salir del cubo del elevador a donde Amber estaba.

Pensé un momento las cosas y aunque duela admitirlo, tenía razón.

Estamos a ciegas aún en muchos puntos, teniendo mejor tecnología que el resto de reinos, aún no hemos sabido nada sobre Salem como para derrotarla.

Me recuerda al Covenant, sabíamos mucho, pero no sabíamos nada. Estando en un mundo nuevo y aún tenía los mismos problemas de siempre.

Lo detesto.

A mi lado, una carcajada fuerte se hizo presente.

Era Cinder que, con las fuerzas que tenía, reía desquiciadamente, mostrándome una mirada de arrogancia.

—¿No te lo había dicho, escoria? No puedes hacer nada en contra de Salem, solo morirás como el animal que eres— la duda y desesperación que tenía se convirtieron en ira.

Mi objetivo con ella no ha cambiado.

—En ese caso, ¿por qué no vas primero tú?— le digo con rabia, tomándola del cabello fuertemente y arrastrándola hasta el tanque de Amber.

—¡La ves! ¡La intentaste matar para conseguir poder!— levanto a Cinder en el aire por su cabello, viendo cómo ella batallaba para estabilizarse en el aire y resistir el dolor de tener su cabello estirado con tanta fuerza.

—¡Ahora observarás cómo tu único propósito de vida... se esfuma frente a tus ojos!— gruño lo último, clavando mi cuchillo en su pecho, manteniendo su mirada en Amber.

Saco el cuchillo y comienzo a penetrar su pecho múltiples veces, observando cómo su fuerza se iba de su cuerpo.

—Nos vemos en el infierno, animal— suelto su cuerpo sangriento al suelo y veo cómo una luz roja sale de su cuerpo, entrando al de Amber.

La mujer en el tanque, poco a poco, comenzó a recuperar su respiración y pulso cardiaco, muy levemente, pero funcionaba.

—Se pondrá bien— dijo Ozpin, mirando a la, ahora completa, Fall Maiden.

Luego aparta su mirada de la aliviada Amber para ver a los ojos sin vida de Cinder.

—¿Te ocuparás de ella?— le pregunto también mirando al cuerpo que comenzaba a manchar el suelo de sangre.

—Sí, yo me ocupo. Por ahora necesito vigilar el progreso de recuperación de Amber, no será rápido, pero será seguro.

—Eso espero, necesitaremos su ayuda en el futuro— le contesto, a lo que mi radio vibra.

—¿Capitán Drake? ¿Me escucha?— era el Capitán Cutter, su tono de voz desde que lo conozco ha sido el mismo, por lo que no sé qué noticias me tendría.

—Lo copio Capitán Cutter. ¿Qué sucede?

—Encontramos una señal similar a la que la mujer Cinder tenía. Es un campamento de bandidos— mi mente dio un salto de alegría, era un paso enorme a saber más sobre las Maidens y encontrar las restantes.

—Raven...— soltó Ozpin un nombre en un susurro.

Él sabe algo... pero lo dejaré pasar por esta vez y lo buscaré por mi cuenta. Este era el camino al siguiente escalón y no lo perdería.

—Capitán, lleve a los Spartans y capture a cada uno de esos bandidos. No sea discreto, ni suave con ellos— le ordeno mientras giro a ver a Ozpin.

—Recibido. Te mantendré informado— la comunicación terminó, dejando de vuelta la sala en silencio. Uno muy incómodo.

—Envíame reportes del estado de Amber... y sobre los nuevos integrantes de los SCDO que tienen dudas, también te enviaré el reporte— le digo regresando al ascensor y presionando el botón para subir.

—Espero que hagas lo correcto, Ethan— me decía un tono más calmado, manteniendo su mirada en Amber.

—Yo también lo espero— le susurro de vuelta, antes de perder la vista de habitación por la puerta de acero del elevador.

Todo se tuvo que complicar y todo porque no tenemos respuestas.

Continente de Anima

Mistral

Academia Haven

Lobby

1220 horas

Desde mi viaje de regreso a Mistral solo lo pasé aquí, en Haven.

Usando los datos robados de los servidores de Beacon en el momento que me llevé a Ozpin al sótano, estoy tratando de encontrar esas respuestas a nuestros problemas.

Y solo encontré una.

Pero no me sentiré orgulloso de lo que haré.

—Leo, me alegro de que hayas llegado— saludo al hombre que entraba por la entrada principal.

—General, ¿a qué se debe esta visita? Mencionó que era urgente— mencionó Leonardo con su mano en el pecho y la otra en la espalda, manteniendo su postura.

—Tengo una pregunta, Leo. ¿Qué sabes sobre las reliquias?— no hay otra persona que conozca sobre las reliquias, que el propio círculo de Ozpin, y no le quería preguntar al líder del grupo.

—¿Las... reliquias?— preguntó con duda pero curioso.

—Salem, en uno de nuestros encuentros, mencionó que una vez acabara con Ozpin, vendría por la reliquia que estaba aquí... en Haven— le aclaro, apuntando al suelo de la Academia.

—Oh, Dios... tenemos que evacuar— comenzó a respirar con rapidez el hombre, caminando a la misma velocidad que su respiración hacia su oficina, pero lo detengo antes de que se vaya.

—Espera, Leonardo. Eso no pasará si me explicas algo— le digo con calma, tratando de desescalar la situación.

—¡¿Qué podría ser más urgente que poner a salvo a los estudiantes?!— me tomaba de los hombros un preocupado Leo.

—Sacar la reliquia— le escupo mi simple plan, cosa que lo detuvo, para mirarme más confundido aún y con un rostro de sin sentido.

—¿Cómo?

—Respóndeme, Leo. ¿Dónde está la reliquia? ¿Dónde está la bóveda?— le pregunto directamente, esta vez, yo tomándolo de los hombros.

—Es... está debajo de la escuela. Ozpin las creó para esconderlas del mundo y su poder permaneciera oculto— soltó mirándome con duda.

—¿Cómo la abrimos?— le pregunto quitándome mis manos de sus hombros, al saber que tengo su atención.

—No podemos. Solo las Maidens tienen el poder de abrirlas— suspiró una bocanada de aire, relajándose.

—La Fall Maiden abre la de Beacon. La Spring Maiden la de Haven. La Winter Maiden la de Atlas. Y la Summer Maiden la de Vacuo— continuaba mientras caminaba a la fuente y señalándola.

La fuente era la entrada a la bóveda.

—Actualmente, solo conocemos el paradero de una, la Fall Maiden, pero está débil— explicó Leo, no sabiendo lo que ocurrió hace unas horas.

—No más— le contesto mientras sacaba mi scroll y ponía una fotografía de Amber junto al cadáver de Cinder.

Debía tener pruebas de esto y en secreto, mi casco es lo mejor para ser discreto.

—En la invasión, la que intentó robar los poderes de Amber, trató de infiltrarse a Reach, fracasando.

—¿Ella está...?— preguntó mirando fijamente el cuerpo de Cinder.

—Muerta. Sus poderes volvieron a Amber— mis palabras calmaron a Leo, que me entregó de vuelta mi scroll.

—Gracias a los Dioses... eso es un problema menos— dijo aliviado el hombre, poniendo una sonrisa en su rostro.

—Y... tenemos la pista de una posible ubicación de otra Maiden— le comento, mostrando el mapa del bosque de Mistral.

—¡¿En serio?! ¡Eso es fantástico!— la alegría se notaba en su voz, mirándome expectante, queriendo saber más.

—Capitán, los tenemos— mi radio revivió, con la voz del Spartan Jerome.

—Repita, Spartan, ¿a quién tiene?— pregunto con incertidumbre.

—A los bandidos, señor. Y a la que pensamos es la Spring Maiden, confirmado por la líder de la banda, Raven Branwen— confirmaba Jerome, haciendo que pegue un salto de felicidad—.

¡Justo la que necesitábamos! Tendré que apresurar mis planes.

Esto será difícil.

Pero ahora, con la confirmación del apellido, tengo lo necesario para convencerla... quiera o no.

Si es como dicen los reportes, debería tenerlo bajo control.

—Tráiganla a Haven de inmediato, Spartan. Cambio y fuera— termino, para luego sacar mi tableta y comunicar a Val sobre traer a alguien a Haven.

Era necesario.

—¿Abrirás la bóveda? ¿Ya?— dijo algo inseguro Leo, sabiendo el peligro que sería para todos.

—Si lo que leí en los archivos de Ozpin, este artefacto en específico tendrá lo que buscamos... lo que necesitamos— le confirmo, saliendo de la academia, haciendo los últimos detalles de lo que haremos hoy.

Solo tenemos que esperar un poco más.

Una hora después...

Las puertas se abrieron, los motores de los Pelican en el exterior aún calientes por la llegada apresurada.

Todos los SCDO en la patrulla llevaban esposados con canceladores de aura.

¿Qué hacía el equipo RWBYA aquí? No importa, ella está aquí y es suficiente.

—¿Quién es la Spring Maiden?— pregunto seriamente, mirando a todos los bandidos.

—Yo soy— una chica pequeña, con más parentesco a un hombre, por su pelo corto, negro y cuerpo poco desarrollado, dio un paso adelante.

—Nombre.

—¡¿Qué te importa?!— dijo agresivamente, tratando de zafarse de sus grilletes.

—Calma, Vernal— una voz de mujer muy madura, ordenó desde atrás del grupo; era la líder del grupo.

—Raven Branwen...

—¿Tú eres Raven?— me acerco a ella, mirando de reojo al equipo RWBYA, específicamente a Yang.

Se veía devastada y no me sentiré orgulloso de lo que haré.

—Sí, ¿y?— contestó secamente, no quitando su vista de mí.

—¿Ma...ma?— escuché el susurro de Yang, que se acercaba lentamente a nosotros.

Vi cómo Alice iba a detenerla, pero con un movimiento de mano, la detengo; tenía que pasar.

—Douglas. El collar anti-Maiden, quítaselo a Vernal y pónselo a ella— le digo al Spartan que estaba detrás de Raven.

—¿Capitán?— cuestionó con duda, pero moviéndose para realizar la acción de todas formas.

—Hazme caso, Spartan. Sé lo que hago— le digo seguro, a lo que él obedece.

—¿Qué está haciendo, General?— preguntó Ruby, que se pegó con su hermana, tratando de que Yang no cometa una barbaridad.

—Agradécele a Ozpin. Soltó tu nombre y pude ver todos los archivos sobre ti— le digo a Raven, ignorando a Ruby, mientras sacaba mi Magnum.

Yang se acercó rápidamente, pero siendo detenida por Adam, que solo negó con la cabeza para que no hiciera nada estúpido.

—Ambiciosa, con ansias de poder... pero sobre todo miedo a Salem— le digo, acercándome lo suficiente a la mujer alta.

—Alguien con esas características no le dejaría tal poder a un subordinado— digo burlescamente, jugueteando con la pistola, rodeando a la mujer como si la estuviera estudiando.

Ella no decía nada, pero su ritmo físico me decía otra cosa.

—¿General?— se acercó Yang donde estaba, viendo a su madre encadenada y con un rostro de odio.

—¿Cómo alguien cae tan bajo hasta incluso abandonar a su propia hija?— fue la chispa para que la mujer tirara un golpe a traición, pero fue detenido por Douglas, que estaba atento, sometiendo a la mujer para que no hiciera nada más.

—¡Ethan, detén esto, por favor!— gritaba Yang con impotencia, siendo detenida por sus compañeros.

—¡No sabes de lo que estás diciendo! ¡Ni a quién te enfrentas!— la rabia de Raven era evidente, mirándome a los ojos desde el suelo.

—Creo que sabré pronto lo suficiente y tú me ayudarás— le digo, hincándome para mirarla mejor.

—¿Me ayudarás? ¿O tendré que quitarte tu único muro entre Salem y tú?— le digo mientras apunto mi Magnum a Vernal, que fue sostenida por Douglas.

—No lo harás; buscas que todos sobrevivan, un final imposible— escupía la mujer, tratando de pelear contra la fuerza del Spartan.

—Tienes razón en eso, no todos sobrevivirán— le doy la razón, bajando la Magnum, calmando a los chicos y a Vernal.

Pero no hay sacrificio demasiado grande...

—... siempre se tiene que hacer limpieza y la escoria tiene que morir primero— levanto la Magnum firmemente, apretando suavemente el gatillo.

*BANG*

Sus manos comenzaron a temblar mientras sangre brotaba de la herida.

Una aterrorizada Yang temblaba, mirando a una Vernal que trataba de detener el sangrado grave de su estómago con sus manos encadenadas.

Alice la soltaba, perdiendo el único soporte que tenía, cayendo al suelo de cara contra su sangre.

—¡¿Qué mierda está haciendo?!— se soltó Yang del agarre de su hermana, que estaba igual de asustada al ver el cuerpo inerte enfrente de ella.

Pero fue detenida por Alice, que la sometía, evitando que se acercara de más.

—Sé que no es lo mejor, Yang, me gustaría que hubiera otra forma... pero a una persona rota como tu madre se le necesita mostrar a quién debería temer, y Salem no está aquí para asustarla— le doy una mirada de disculpa a la chica, para luego mirar a Douglas y asentir con mi cabeza hacia la fuente.

Él entendió y levantó a Raven, que observaba con ira pura mis ojos, pero de reojo con melancolía a la chica que murió por ella.

—Jerome, lleva a todos al bosque. Fusílalos y dénselos a los Grimm— digo, pero fui interrumpido por Raven.

—¡Detente de una vez, maldito enfermo!

—Entonces coopera y dejaré a tus mierdas, a quienes llamas familia, en paz. Si no lo haces, haré que tu hija lo haga por mí— encaro a la mujer, señalando mi dedo en su frente.

El odio se había impregnado y no se iba.

—¡Leo! Abre el camino— ordeno, girando a ver al director de Haven, que miraba asustado el cuerpo muerto en su lobby.

—¡S-sí! Síganme— todos los presentes caminamos a la estatua enfrente del lobby y, usando su reloj de bolsillo, lo insertó en un hueco de las cadenas de la estatua.

Toda una plataforma circular comenzó a descender. Pudimos ver cómo había un camino grande de piedra con tres círculos cian en fila, gradualmente más grandes que el anterior, con símbolos dentro.

Al final del camino, había estalactitas como paredes... una puerta de color naranja brillante, como si fuera luz pura.

Caminamos por el camino en silencio, solo con los pasos de nosotros siendo el único sonido.

—Ábrelo— ordeno a Raven empujándola contra la puerta.

—¿Por qué crees que lo haría? Mataste a mi segunda al mando— contestó con odio, girándose para mirarme.

—Porque si no te mataré y haré que Yang lo haga— le digo, sacando mi Magnum.

—¡¿Ethan?!— dijo Yang con terror, viendo la seriedad de mi voz.

Era ahora o nunca.

—No lo harías...— habló con desdén, mirándome con duda, perdiendo un poco esa rabia contenida.

—¿Qué crees que sucederá cuando Salem se entere de que tu hija es la Spring Maiden? Si realmente piensas en ella a diario detrás de esa personalidad mediocre, entonces toda tu carga pasará a ella— saco mi Scroll y muestro la imagen de la antigua Fall Maiden.

—También puedes preguntarle a Cinder después de apuñalarla 15 veces en el pecho... no eres más que escoria. Ábrelo— quito el seguro de la Magnum, pegándolo a su pecho.

Solo miro a Yang, que veía todo impotente, y esta me miraba con furia.

Espero que me perdone.

La mujer giró y, con sus manos encadenadas, tocó la puerta.

La enorme puerta se iluminó y, una vez la luz se apagó, del otro lado, había un desierto con un pequeño camino de piedra.

Y la reliquia al final.

Camino rápidamente a través del camino arenoso.

¿Cómo es que esto está aquí? ¿Por qué se ve todo tan... real?

La magia sigue siendo un misterio para mí.

Tenía enfrente sus respuestas. La reliquia toma la forma de una lámpara adornada en oro con una esfera azul en el medio.

La tomo con cuidado y, al hacerlo, todo el desierto comenzó a desaparecer.

Era una ilusión.

Salgo corriendo del sitio, no sabiendo si todo desaparecerá conmigo dentro.

Al llegar a la puerta, observo cómo solo es un camino oscuro y vacío hacia un pedestal sin nada.

—Salgamos de aquí —dije respirando hondo mientras apretaba mi agarre a la reliquia.

Todos subimos de vuelta al ascensor, subiendo al lobby y dejando atrás la bóveda.

Al llegar todos arriba, veo a los bandidos aún custodiados por mis escuadrones.

—Quiero que entiendas algo, Raven. No quiero volver a ver ni escuchar una noticia de tu banda de degenerados haciendo estragos, porque los eliminaremos— le susurro a la mujer que solo me dio una mirada de disgusto.

—Hecho— contestó, levantando sus brazos hacia mí.

—¿Qué quieres que haga?— le pregunto confundido.

—Remuéveme las esposas para irnos— respondió como si fuera algo obvio.

—Oh, no. Dije que no quiero que tu banda haga estupideces, pero tú te quedas— doy la orden y Jerome comienza a llevarla al Pelican, mientras que su banda intentaba detenerlo, obviamente fracasando por su estado cautivo.

—¡Jefa!

—Eres demasiado importante como para dejarte ir a rondar por donde quieras; permanecerás en la Academia Reach hasta nuevo aviso— digo en voz alta mientras ella se aleja, sintiendo su ira crecer, aunque esté lejos.

—General... ¿usted iba a matar... a mi madre?— me preguntaba Yang detrás de mí, a lo que tomé una bocanada de aire y la miré con arrepentimiento.

—... ojalá no hubiera llegado a esto, Yang. Con lo que te acabo de hacer pasar, te enviaré un reporte de todo lo que ha sucedido hoy, tal vez, y solo tal vez, me perdones y entiendas lo que estoy intentando hacer. Es necesario— le doy un apretón a su hombro con la mano que no sostiene la reliquia, tratando de consolarla.

—Leo. ¿Sabes cómo se usa la reliquia del conocimiento?— suelto a Yang para averiguar cómo se usa el objeto que tengo en mis manos.

—Eso creo... mi conocimiento es similar al tuyo para este punto, solo que su nombre es Ji- — no pudo terminar porque las puertas se abrieron, mostrando a un jadeante Ozpin.

¿Qué mierda hacía aquí?

—¡No lo hagas!— decía con seguridad mientras se acercaba a mí.

Todos los presentes levantaron sus armas contra él, haciendo que detuviera su paso.

—¿Ozpin?— preguntó Leo confundido.

—Lo sabía— murmuré, mirando cómo sus ojos observaban la reliquia.

—Cometes un error, no uses la reliquia, confía en mí— trataba de convencerme de no activar la reliquia.

—Lamentablemente, Ozpin... ya no confío en ti. ¡Leo!— grito para que Leo diga el nombre mientras que el director de Beacon corría hacia nosotros.

—¡No!

—¡Jinn!— las palabras de Leo hicieron brillar el artefacto; en ese momento, el mundo a mi alrededor se congeló.

El brazo estirado de Ozpin estaba a centímetros de mi rostro, totalmente inmóvil, así como las armas desenfundadas de mi equipo al ver el brusco movimiento.

Nadie se movía, no porque el tiempo se detuviera, sino por el ser que salió de la lámpara.

Una mujer azul, con un cuerpo de infarto, salía de la lámpara humeante, flotando su ser enfrente de mí.

Su cuerpo era decorado por joyería de oro; cadenas de oro la anclaban a la lámpara junto a una tiara en su cabeza.

Esta se estiraba como si se acabara de levantar de su cama, murmurando lo maravilloso que era estar fuera.

—Dime, ¿qué conocimiento buscas?— la voz era de una mujer madura y bastante suave.

Esto era lo último que me esperaba recibir hoy.

—Creo que una presentación sería más apropiado, ¿señorita?— la verdad no sé cómo actuar con... lo que sea esto.

—Soy Jinn, un ser creado por el Dios de la Luz para guiar a la humanidad en su búsqueda del conocimiento— alardeaba la ahora conocida Jinn, mirando a cada uno de nosotros.

Su presencia era abrumadora.

—Fui concedida con la habilidad de responder tres preguntas cada cien años. Estás de suerte, todavía tengo la capacidad de responder dos preguntas en esta era— lo dicho hizo que me girara con Ozpin; él era el único que sabía el nombre.

—Es un placer verte otra vez, anciano— la última persona que vio Jinn fue a Ozpin y confirmó mi teoría.

Este solo miraba el suelo, derrotado y avergonzado.

—Jinn. No sé si me puedas hacer un favor y responder lo siguiente, sin usar las preguntas restantes— le pregunto de forma cordial, observando cómo devolvía su mirada hacia mí.

Necesitaba saber esto antes de decir algo más.

—Dependería— no me hagas más difíciles las cosas, Jinn.

Hago una mueca de indecisión, para luego suspirar y mirarla a los ojos.

—¿Qué fue la primera pregunta?— sabía quién la hizo, pero no qué fue, y la siguiente pregunta que haga cambiará el rumbo de la guerra.

Coloca su mano en su barbilla, como si pensara en realmente contestarla.

Solo queda tener esperanza.

—De acuerdo, te cumpliré este 'favor'. La cuestión fue si era posible destruir a Salem— suspiré de alivio; quería preguntar algo similar y no desperdiciar la duda.

Después de todo, la respuesta era obvia viendo nuestra situación.

—Y la respuesta fue que no había forma— solo asentía Jinn su cabeza con una sonrisa.

—Me lo imaginaba— me planteo de nuevo todo.

Necesitábamos una forma de acabar con ella... o tal vez no acabar específicamente con ella.

Mi mente dio una chispa; esta era nuestra oportunidad.

—Tal vez... ¿Y si no necesitamos matarla?— le digo a Sven, que estaba detrás de mí, dándome una mirada confundida.

Desde que llegó no había dicho nada; solo me dejó actuar, y agradezco con mi alma el apoyo.

—¿Cuál será tu verdadera pregunta?— se inclinaba la mujer azul en mi dirección.

Todos tenían la mirada pegada en mí; sentía los fríos ojos de Ozpin en mi nuca, pero esto se necesitaba saber.

—Uno siempre tiene que ver todo el panorama, Ozma. Jinn, ¿cómo podemos quitarle a Salem sus poderes? Su inmortalidad.