Conversación: —Nuevo Mundo, Mismos Problemas—

Narración: Nuevo Mundo, Mismos Problemas

Radio: —Nuevo Mundo, Mismos Problemas—

Continente de Anima

Mistral

Spirit of Fire

Cuarto de Guerra

1820 horas

POV Ethan

—Entonces, ¿cuál es el siguiente paso?— preguntaba Anders, observándome.

Nos encontrábamos todos sentados, aun analizando toda la información que nos dieron y lo que podíamos hacer con ella.

Estábamos en una situación algo compleja.

El objetivo siempre fue claro, de eso no hay duda, pero no teníamos ni idea de por dónde empezar.

Acabar con Salem, ¿cómo? No sabíamos.

¿Ahora? Ya tenemos un punto de partida.

Unas horas atrás...

—¿Le podemos arrebatar sus poderes?— el rostro de sorpresa de Sven igualaba el tono de su voz.

—Arrebatarlo es el término incorrecto, la palabra correcta sería sellarlo— aclaraba la Genia azul, haciendo un gesto de acostarse... en el aire.

—Pero para eso necesitamos las otras tres reliquias— repetí lo que dijo antes, asegurándome.

—Es correcto, con el poder de las reliquias serían capaces de sellar el poder de Salem temporalmente— no me gustaba para nada que fuera temporalmente.

Pero realmente esta era la oportunidad que necesitábamos.

Presente...

—Seguiremos con el plan anterior; sin embargo, ahora tenemos un objetivo claro y no simplemente esperar lo mejor— contesto la pregunta de Anders, abriendo el mapa de Remnant en la mesa holográfica.

—Pero aún queda la pregunta del millón, Ethan— entraba Citrón a la conversación, mencionando lo obvio y lo que ponía todo futuro movimiento en espera.

—Lo sé, ¿cómo localizaremos la reliquia de la decisión?— selecciono la ubicación de Vale en el mapa y, de inmediato, una zona era señalada.

El mapa marcaba la academia Beacon; sin embargo, había un gran signo de interrogación por encima de ella.

Unas horas atrás...

—Aunque todas son necesarias, en mi perspectiva, siento que Nix tiene el papel más importante y es la más complicada de complacer.

—¿Nix?— pregunté, confuso, al no conocer a alguien con un nombre similar.

La mujer azul se reía alegre mientras se cubría su boca con modales.

—Llevaba siglos sin tener una charla tan interesante, debo aclarar— se secaba unas lágrimas inexistentes de sus ojos, para luego continuar hablando.

—Nix es quien resguarda la reliquia de la decisión y a quien deben demostrar su valentía, liderazgo y sus intenciones para poder usar su poder. Ella no es un objeto a recuperar, sino a ganar— agregaba la mujer, mostrando una imagen espectral de una corona.

—En el pasado, Nix actuaba de la misma forma que nosotros, pero ella tenía más libertad y mejor mentalidad. Al ver que su poder era desperdiciado por Ozma en la Gran Guerra, decidió hacerse valer.

—Normalmente, les podría decir dónde está, pero la misma Nix se ha hecho desaparecer de un plano material hasta encontrar al indicado— explicó la mujer, mostrando otra imagen, esta vez de Beacon, y luego desapareciéndola.

—... Comprendo, muchas gracias por el dato— le agradezco la información mientras trato de procesarlo todo.

Nix, la reliquia de la decisión, será la más complicada de conseguir.

—No hay de qué, cabe aclarar que Nix es la excepción, porque Ambrosius y Phobos pueden ser utilizados de la misma forma que yo— añadió Jinn, esta vez con información más calmante.

—Por esos nombres... me imagino que te refieres a las otras dos reliquias— trato de aclarar, para que así ella me diga quién es quién.

—Correcto, Ambrosius, la reliquia de la creación, y Phobos, la reliquia de la destrucción.

—¿Y qué hace especial a Nix para que te refieras a ella como la más importante?— necesito saber qué nivel de importancia tiene, aparte de su habilidad por sí sola.

—Su poder de ver el futuro es lo que la hace muy especial, pero en este caso, sin ella, no hay forma de crear el sello.

—Yo conozco el sello, pero sin el permiso de Nix, no le puedo decir a Ambrosius que lo cree y este no puede usar el poder de Phobos para mantener el sello— entonces no le puedes ocultar nada, ella es la jefa de las reliquias.

—Es una cadena y Nix es el primer eslabón— suspiro cansado, mientras me paso la mano por el rostro.

El trabajo apenas está empezando.

Presente...

—Nix, la reliquia de la decisión, mujeres con poderes mágicos, dioses antiguos. No hubiera creído que cosas así existieran fuera de la fantasía, si no hubiera estado ahí presente para verlo— habló Douglas, recargado cerca de la entrada.

—¿Cómo se supone que haremos que aparezca? Se supone que fue resguardada en su bóveda— comentaba Vale, recargándose en su asiento con los brazos cruzados.

—Lo oíste de Jinn, Nix hace lo que quiere, puede ver todo nuestro futuro y solo aparecerá a alguien digno.

—Básicamente, ella es el botón, mientras que las demás reliquias son los misiles, si lo quieres ver de esa forma— le aclaré mientras me sobaba la frente por la inminente migraña que me iba a dar.

—Hasta averiguar cómo hacer para que Nix nos vea como dignos, tenemos que encontrar a la Summer Maiden para recolectar a Phobos— agregaba Sven, señalando en el mapa holográfico la Academia Shade de Vacuo.

—¿Y qué hay de la reliquia de la creación?— preguntaba Citrón a su Coronel.

—Tenemos que hablar con Ironwood, queramos o no— dijo la mujer pelirroja, pasando su mano por su corto cabello.

—A pesar de los celos que él pueda llegar a tener, se sigue preocupando por la gente y la amenaza de Salem— agregué, ahora pasando el mapa hacia Atlas.

Este lugar nevado nos odia a muerte.

—Y con el director de Beacon en grave cuestionamiento, Ironwood es el único con quien podemos hablar. No podemos confiar en el viejo Ozpin por ahora— comentó Cutter, poniéndose de pie.

—No, Capitán, no podemos confiar en él. Hay cosas que sigue ocultando y ni torturándolo lo soltará— estoy de acuerdo con el hombre mayor, poniéndome de pie igualmente; ya habíamos discutido todo lo visto.

—De acuerdo, le daré una visita a Ironwood. Por el momento, continuemos buscando a la Summer Maiden... ¿Capitán Cutter?— le doy el punto al Capitán, a lo que este solo asiente.

—Se pueden retirar— a sus órdenes, los Spartans e incluso mis hombres comenzaron a salir de la habitación.

—Por un momento pensaba que ibas a dar la orden tú— soltó Cutter, poniéndose a mi lado.

—Sí, bueno, para mis hombres soy el de más alto rango, pero para la UNSC sigo siendo un Capitán. Aparte, esta es su nave— le doy un pequeño golpe en el hombro para luego caminar hacia la puerta.

Cutter solo asintió con una sonrisa en su rostro, dándome una palmada en la espalda antes de irse al puente.

—Entonces, ¿cuándo nos vamos?— se puso Sven a mi lado, caminando hacia el hangar.

—En unas horas, Sven. Mientras más rápido, mejor— le digo, mientras llamo a Rey.

Tengo que planificar una plática.

—¿Qué hay de Ozpin? ¿No ha dicho nada aún?— preguntaba, mirando lo que estaba escribiendo.

—No, desde que lo dejamos regresar a Beacon, no estaba nada contento con nuestras acciones— respondí, mandando el mensaje a Rey y continuando mirando al frente.

Por el trayecto nos topamos con varios marines que se colocaban en posición de saludo.

—Descansen— decía múltiples veces por el trayecto.

Unas horas atrás...

Jinn se había ido.

Aunque nos pasamos bastante rato hablando y preguntando, ella no lo tomó como muchas preguntas, sino como una sola.

Todavía teníamos una pregunta más antes de quedarnos vacíos, así que la guardaremos para el futuro en caso de necesitarla.

Estábamos en el patio de la academia, listos para irnos hacia Reach, pero tenía que hablar antes con alguien.

—Señorita Goodwitch— llamé a la mujer que estaba afuera del Bullhead donde ella vino.

La pelirrubia se giró a vernos, observando el ambiente serio.

—General Drake, un gusto volver a verlo— me saludó de vuelta, de forma profesional, como usualmente lo hacía.

—Lo mismo digo. Me gustaría hablar en mejores términos, pero necesito que se lleve a Ozpin de regreso a Beacon— contesté de forma cordial, mostrando respeto y luego señalando hacia atrás.

Solo decir el nombre, el propio director de la Academia Beacon, atravesaba la puerta principal hacia su Bullhead.

—¿Sucedió algo?— preguntó curiosa pero no preocupada la mujer rubia.

Ella realmente es muy profesional al hablar.

—Muchas cosas, en realidad. Usa este pendrive para que veas todo lo sucedido adentro, pero quiero que haga algo por mí— le dije mientras sacaba una memoria de mi casco.

Todos los cascos graban lo que hacemos, así que no debo preocuparme por tener copias.

—¿Qué sería esto?— preguntó dudosa la mujer, tomando la memoria con una ceja levantada.

—Lo verá cuando regrese. Por ahora, pregunté a Ozpin a qué vino y qué sucedió dentro. Si le oculta cosas o no quiere responder, tiene pruebas visuales... Se lo dejo a su discreción— giré mi mirada hacia atrás.

Justamente Ozpin se colocó a mi lado, haciendo que lo mirara a él.

—¿Qué me dirás ahora, Ozpin? Querías evitar que supiéramos la verdad, no tienes ni el más mínimo derecho de enojarte con nosotros— mis palabras igualaban la cara de desagrado que él poseía.

—Les había dicho que les diría las respuestas— contestó con el mismo enojo el hombre, pero no me intimida.

—Respuestas, Ozpin, a preguntas que no nos interesaban— le respondí, separándome de él y dirigiéndome hacia mi Pelican.

—Regresa a Beacon y piensa si realmente quieres ayudarnos o solo estorbar— dije dándole la espalda al viejo, con los Spartans vigilando al director de Beacon desde mi transporte.

—¡Conozco a Salem mejor que nadie!— gritó el hombre sin moverse, con las turbinas de ambas naves comenzando a encenderse.

—¡Pero no te conocemos a ti y, lamentablemente, Salem es la que te conoce mejor que nadie!— mencioné desde lejos, subiéndome a mi nave para regresar a la Spirit of Fire.

No podemos confiar en él, no mientras siga ocultando cosas.

Presente...

—Pero eso da igual. Por más que no confiemos en lo que diga ese viejo, lo que sí podemos estar seguros es de que no cometerá nada estúpido. Es muy conservador para hacer eso— dije, seguro de eso, sabiendo que le da miedo de las consecuencias de sus acciones.

—Del que deberíamos estar alerta es Ironwood. Él moverá piezas si le damos información, pero su forma de hacerlo es muy explosiva— recordó Sven, por el incidente de los Kuruma.

—Amén— continuamos caminando hacia el hangar, donde nos esperaba el Pelican que nos llevaría a Reach.

Antes de ir a Atlas, tengo que hablar con alguien primero.

Continente de Anima

Mistral

Academia Reach

Barracones

2000 horas

POV Yang

—Yang, ¿cómo te sientes?— mi hermana me preguntaba, sentada en mi cama, tratando de hacerme hablar.

No sabía qué pensar.

El hombre a quien veía como modelo, asesinó a una chica inocente y amenazó con matar a mi propia madre.

Sé que la chica no era tan inocente y que mi madre ha hecho cosas inaceptables, según los reportes.

Pero seguía siendo mi madre.

Aunque también supe que para conseguir los poderes de una Maiden, la anterior poseedora tiene que pensar en la mujer a quien pasarán sus poderes o morir en sus manos; si no, pasarán a alguien aleatoriamente.

Necesito respuestas.

Me levanto de la cama, colocándome mi armadura, alarmando a mi equipo.

—¡Ey! ¿A dónde crees que vas? Es muy tarde para salir ahora— se puso Weiss en medio de ir por mi casco, también evitando que saliera del barracón.

—Ahora no, Weiss. Necesito hablar con mi madre— la seriedad en mi tono le dio un escalofrío a la peliblanca, pero no se movió.

—Sé que quieres sacar respuestas, Yang, pero necesitas calmarte antes de hacer una estupidez— habló Adam, tomando mi casco de su lugar y alejándose de la puerta, hacia el muro contrario.

Muevo a Weiss y comienzo a caminar hacia Adam, pero Ruby y Blake también se colocaron en medio.

—No tienes idea de lo que me está ocurriendo, Adam— me estaba frustrando al perder mi tiempo, tratando de que los chicos me dejaran salir.

—Sí, tenemos idea, Yang. Te recordamos que nosotros no somos del todo inocentes, tampoco— me interrumpió Blake, apuntando a sus orejas.

Suspiré mientras me tallaba los ojos.

Sé que Blake me comentó su pasado con la White Fang y en lo que se hubieran convertido si no fuera por el General Drake.

Hablando del General...

—Necesito saber por qué el General fue tan excesivo con mi madre y la razón por la que incluso me quiso poner en peligro— solté mi pregunta que me carcomía desde hacía horas.

En ese momento, se escuchó la puerta de acero abrirse detrás de nosotros.

—Entonces hablemos— era el General, parecía que lo invoque.

Giré a verlo; estaba en su armadura y su casco debajo de su brazo.

—General...— dije su nombre, de un momento a otro, más nerviosa que nunca.

—Yang— mencionó mi nombre calmadamente, agarrando su casco por la parte interna.

—¡Señor!— de inmediato, Adam se puso firme, seguido de Weiss, Blake y Ruby.

—Descansen. Esta vez no vine para poner pruebas, sino a hablar— comenzó a dar vueltas por la habitación, viendo cómo teníamos nuestro barracón.

Gracias a Weiss, estaba perfecto.

—Señor, yo quiero...— agarré valor para preguntar, pero fui interrumpida.

—Sé lo que quieres, Yang. Acompáñame— después de ver sus alrededores, se dio media vuelta para salir.

Eso rápidamente me puso en movimiento, pero otra voz más aguda nos detuvo.

—General Drake, ¿podemos ir nosotros también?— preguntaba Ruby acercándose donde estábamos.

—Ruby, esto es...— traté de hablar, pero volví a ser interrumpida.

—No, Yang. Somos un equipo y te ayudaremos en esto— se puso firme enfrente de mí, mirando al General que observaba todo.

—Ruby...—suspiré sonriendo un poco.

Mi hermana realmente es especial.

—Claro, Ruby. Pueden venir todos— accedió el General con una sonrisa para continuar el camino.

Los chicos rápidamente tomaron su equipo y salieron corriendo para alcanzarnos.

Ruby no tardó nada en cambiarse.

Salimos todos de los barracones y caminamos hacia afuera de la academia, hacia el centro de retención.

Todo el trayecto fue en silencio; nadie decía nada, ni siquiera yo.

Tenía el presentimiento de que me respondería lo que quería saber.

Al llegar, había varios guardias protegiendo la entrada principal, pero no pusieron restricción al ver al General.

—Vienen conmigo— dijo nuestro jefe, a lo que sus hombres solo asintieron.

Atravesamos la puerta, caminando por los pasillos bien iluminados hacia donde creo estará mi madre.

—Sabes, Yang, pensaba que me estarías bombardeando con preguntas durante todo el camino— comenzó a hablar Ethan, abriendo una puerta con su tarjeta de acceso.

—Eso... eso tenía en mente, pero siento que me dirías que me esperara— contesté, hablando algo tímida.

No sé en qué momento perdí mi confianza.

—Tienes razón, quiero que veas algo primero y después puedes formular tus preguntas— pasó por la puerta que dio luz verde y tenía unas letras blancas en una pantalla.

Celdas.

—Eso también aplica para el resto.

—Sé que vieron muchas cosas en poco tiempo que no tienen mucha explicación; incluso yo aún no entiendo la mayoría de lo que vi hoy, pero ayudaré a responder sus dudas con lo mejor de mi habilidad— caminamos por otro pasillo largo que tenía celdas, con barreras de titanio y cristal blindado en la parte externa.

Pero los prisioneros no nos veían; creo que es de una sola vista.

El General abre una puerta pegada a una celda, donde estaba la mujer que buscaba.

—Mamá...— dijo con tristeza al verla recostada en su cama de acero, en un uniforme naranja y su rostro expresando aburrimiento.

—Entren aquí; pueden ver todo lo que platicaré con Raven desde ahí— nos dijo mientras llamaba a unos soldados, que inmediatamente salieron del punto de seguridad, casi trotando hacia donde estábamos.

—Cuida esto por mí, por favor— me entregó Ethan su casco y cuchillo, para ponerse enfrente de la puerta.

Los guardias se pusieron cada uno al lado de la puerta, mientras el General entraba a la celda.

—Vamos, Yang— me llamó Blake, a lo que corrí a donde ellos, cerrando la puerta detrás de mí.

Nos paramos frente al cristal, viendo el momento en que mi madre se ponía de pie para encarar al General.

—¿Te gusta tu estadía, Raven?— los micrófonos internos de la celda pasaban todo el sonido al cuarto donde estábamos.

—Sabes que podría matarte en este instante, ¿verdad?— trató de decir amenazadoramente mi madre, dando un paso hacia el frente.

—No hagas nada estúpido, mamá— me murmuré a mis adentros, esperando que no se librara una pelea.

—No, no podrías. Serás buena con tu espada, pero eres horrible en CQC y te haría pedazos— le comentó Ethan a mi madre que se abstuviera de cometer una idiotez.

Hazle caso, mujer, por favor.

—Me trajiste un arma— mamá aclaraba señalando a la hombrera del General, donde estaba su cuchillo de combate.

—¿Mi cuchillo? Solo es la funda— el General sacó el mango del cuchillo para mostrar que no tenía la hoja.

Teniéndolo yo en mis manos.

Mi madre resopló, sentándose en la cama metálica, mirando atentamente a Ethan.

—¿Qué quieres?— mamá se sentó en su cama con las piernas estiradas y los brazos cruzados.

—Hablar un rato— se recargó Ethan en el muro al costado de la puerta, mirando relajadamente a mi madre.

—¿Te parece que tengo opción?— el rostro irritado de mi madre mostraba el disgusto de querer conversar.

—No— respondió el General de forma simple, antes de sacar un proyector de imagen portátil y ponerlo en el suelo.

—Bien, hablemos— mamá dio el visto bueno, poniendo su atención en el proyector.

—¿Qué piensas de Yang?— mostró Ethan, una imagen estática mía, de cuando fuimos a pelear contra los Kuruma.

Mi primera misión a gran escala.

—Que está desperdiciando su vida, peleando por algo imposible— respondió rápidamente, pero sin apartar la mirada de la imagen.

Eso me dolía; creía que estaba haciendo bien con mi vida.

Ayudando a crear un mundo mejor.

Blake se puso a mi lado, tomándome del hombro, dándome una sonrisa de apoyo.

—Estamos haciendo lo mejor, Yang. Recuerda todas las vidas que hemos salvado— me abrazaba Ruby de enfrente con fuerza, dándome su apoyo.

—Ruby tiene razón. ¿Crees que Schnee estaría aquí si no fuera por una buena causa?— hablaba Adam, con sinceridad, pero no desperdiciaba la oportunidad de tirarle a Weiss.

La peliblanca mostró cara de enojo.

—Cállate, Taurus... pero sí, tiene razón— le gritó a Adam para luego calmarse y darle la razón, mirándome con determinación.

—¿Oh, sí? ¿Qué preferirías que ella hiciera?— preguntó Ethan muy curioso, acercándose a mi madre.

Silencio; mi madre no respondía.

Su cara pensativa me ponía nerviosa.

—Que viniera conmigo. Le enseñaría lo que es la vida realmente y protegerla.

—¿Contigo? Dijiste que está desperdiciando su vida, pero contigo sería sobrevivir. Pero eso te encanta al parecer y proteger. ¿De qué? ¿De lo imposible?— renegó Ethan de lo que dijo Raven.

—Tengo el poder para defendernos— se puso de pie Raven, comenzando a calentarse.

—No hagas nada estúpido, mamá— podré no estar de acuerdo con lo que dice y sus métodos, pero veo que se preocupa por mí.

Eso me alegra hasta cierto punto.

—Seguro, te sirvió. Mira dónde estás— contestó de vuelta Ethan, señalando el cuerpo completo de Raven, encadenado.

—No te veía como una amenaza— respondió secamente pero con ira, comenzando a crecer en sus ojos.

—¿Qué tal ahora?

—Sigues siendo un hombre que cree poder cambiar el mundo, pero eres un ignorante— mi madre se le pegó a Ethan, mirándose de muy cerca.

—Soy un visionario y un creyente, el título de ignorante te lo dejaría a ti. Volvamos a Yang. Si hubieras preferido que ella fuera contigo, ¿por qué la abandonaste de niña?— esa pregunta mostró un cambio en los signos vitales de mamá.

En nuestra habitación, podíamos monitorear a mi madre, sus signos vitales, oxígeno y demás.

—Parece que oculta algo— mencionó Weiss mirando cómo las pulsaciones de mamá comenzaban a subir.

—No quiero hablar de eso— apartó la mirada, alejándose de Ethan.

—¿Ahora no quieres hablar de eso? Qué patético, vaya madre de mierda— incitaba el General a mi madre para que hablara.

—No estaba lista para cambiar mi vida— contestó enojada, apretando sus puños.

Sus palabras me crujieron el corazón.

Fui un error.

—Eso no debía ser culpa de Yang. Tu miedo, tu ineptitud, tu estupidez... tus pecados, no debían pasar a tu hija, todo por dirigir a una banda de degenerados y asesinos a quien dices llamar familia en lugar de Yang— reprendía Ethan con el mismo enojo, estampando un puño contra el muro en señal de ira.

—Ella está haciendo algo bueno para el mundo. Cuando la conocí, no tenía una meta fija, solo explorar y conocer... encontrar a su madre y saber por qué la dejó— continuó plantándole un dedo en la cara, irritando a Raven.

—Yo le di ese propósito.

—¿Convertirla en una máquina de matar?— agredió de vuelta Raven, quitándose el dedo de la cara—.

—¿Crees que ese es su propósito?— escupió Ethan, incrédulo de lo inepta que era mi madre.

—Recuerdo una frase de Ironwood hace años, cuando subía la cadena de mando: El deber de un soldado es proteger a la humanidad, cueste lo que cueste. No importa si la sangre tiene que caer.

—Lo dices como si los soldados y la humanidad fueran dos cosas distintas— respondió de vuelta el General, pero esta vez mostrando una imagen en el proyector.

Era de una pelea grande en lo que parecía ser una instalación, rodeados de los alienígenas con quienes luchaba el General antes de venir aquí.

En la imagen había varios médicos atendiendo a hombres y mujeres que lloraban de dolor y otros que seguían luchando con valentía, en armaduras estándar.

Superados en número, en armamento.

—Los soldados no son máquinas de trabajo, somos personas— él respondía, acercando la imagen, mostrándose él, mucho más joven, peleando.

—¿Y les enseñas eso? ¿Cuándo los mandas a matar gente?— trataba mi madre de buscar algo, pero estaba muy atenta a ver la imagen detalladamente.

—¿Hablas sobre lo que hice en la academia? No, eso no lo enseño, porque no quiero que nadie lo haga. Yo me ensucio las manos y el mundo se mantiene limpio... esa es mi misión— le explicaba Ethan, mostrando... las imágenes de tortura con Cinder, Emerald y Neo.

—Lo que les enseño, es cómo rescatar personas de gente como tú, que busca ganancias de las desgracias ajenas, por tu puta supervivencia.

—Tú eres una mierda que haría lo que sea por sobrevivir y por eso me sorprende que quieras mucho a Yang a pesar de todo el daño que le has hecho. Si no fuera porque se parecen demasiado físicamente, no les vería la similitud— cambió a la imagen del casco del General, donde mostraban a la mujer genia azul de la reliquia.

—Encontramos una forma de acabar con Salem, pero para eso necesitamos las reliquias para hacerlo— el video comenzaba a reproducirse hasta llegar al método para detener a la reina Grimm.

—Imposible mis pelotas, solo los de mente cerrada como tú se rinden tan fácilmente.

—Sé que no confías en nadie, pero quiero que confíes en el juicio de tu hija, porque si crees que ella es igual a ti, entonces sabes que tomó una mejor decisión que tú.

Antes de que Ethan saliera, mamá la interrumpió.

—Solo te pediré una cosa— mi madre pedía, poniéndose de pie con una mirada que nunca había visto en su rostro.

Arrepentimiento.

—¿Qué sería eso?— le responde con curiosidad.

—Protégela... cuídala— le pide con sinceridad, tomando su brazo.

—Lo haré... pero preferiría que lo hicieras tú— contesta el General, acercándose a mi mamá.

—Sé que no te gusta tomar órdenes Raven, es más, entre tú y un gusano, estoy seguro de que el gusano podría seguir órdenes.

—Pero te quiero dar una segunda oportunidad... de cambiar, de volver con tu hija— el General toma de los hombros a mi madre para encararla.

—De recuperar el tiempo perdido, yo no tuve ese privilegio con mi familia... o con nadie— agrego Ethan, mirando a su TACPAD, mostrando una foto de Ethan, pero los rostros de sus padres no eran visibles y luego otra foto de lo que parece ser su escuadrón.

—Pude haber tomado la ruta fácil, ser egocéntrico y retirarme de la batalla en Nueva Constantinopla, vivir un día más, pero decidí quedarme y salvar a más gente.

—Porque tenía las capacidades, el poder y es lo mismo que hago en este mundo. Tengo la voluntad de hacer un cambio, de hacer lo que de donde vengo no pude.

—Tienes el poder, Raven. Úsalo de la forma correcta, ayúdanos a hacer este mundo mejor, no tenemos que sobrevivir día a día, no tienes que dejarlo a la suerte... podemos crear nuestro propio futuro, poder vivir— soltó Ethan a mi madre, para caminar a la puerta.

—Piénsalo.

Ethan salió de la celda y Raven simplemente se quedó mirando a la entrada, para luego mirar su mano.

—Realmente pegas donde más duele, Drake— susurro mi madre con una pequeña sonrisa.

—Perdóname, Yang— mi madre giro al espejo, como si me pudiera ver.

Esas palabras y mirada de arrepentimiento, me partieron.

Mis lágrimas comenzaron a salir y solo sentía unos brazos grandes rodearme.

Era Ethan.

—Tu madre, nunca fue una mala persona... solo una persona con una venda en los ojos, y tú fuiste la luz que la llevaba a la realidad cada día. Solo necesitaba a alguien que le quitara esa venda— me susurraba Ethan al oído, mientras continuaba llorando.

Sentí otros brazos atrás y de inmediato supe que era Ruby.

—Nunca te dejaré sola, hermana— la voz cortada de Ruby me dio a entender que ella también estaba llorando.

Suelto a Ethan para abrazar con fuerza a mi hermana.

No sabía... que tanto necesitaba escuchar esas palabras.

—Tienes permiso para hablar con tu madre cuando te sientas preparada, Yang— el General tomó su casco y cuchillo antes de salir.

Pero quería saber una cosa más.

—Señor— llamo al General, a lo que este mismo se gira.

—¿Sí, Yang?— pregunta el hombre con voz serena.

—¿Por qué me hizo ver todo esto?

—Quería mostrarte que no soy un monstruo, hago lo que hago porque no quiero que ustedes pasen por lo que yo... lo hago por todos ustedes— explicaba el hombre, colocando el cuchillo en su funda.

—Me ensucio, para que el mundo quede limpio.

Asiento a sus palabras, dándole una sonrisa.

—Gracias...— le agradezco, aun con Ruby en mis brazos.

Ethan solo sonríe para salir de la habitación.

Los chicos, en ese instante, se acercan para hacer un abrazo grupal, a pesar de la duda de Weiss.

—Recuerdo que hago esto por ti — las palabras de Weiss me hicieron reír un poco, alivianando el ambiente.

—Gracias, Weiss. Gracias a todos — respondo, mirando a cada uno de mi equipo.

Tenía a buena gente a mi lado.

Volteó para ver a mi madre, que seguía en un trance, tocándose su muñeca.

Y ahora, tengo la oportunidad de recuperar a mi madre.

12 horas después...

Continente de Solitas

Atlas

Ciudad de Atlas

Puerto de la Ciudad

0830 horas

POV Ethan

Llegó el momento de encarar a James.

Toca una larga charla sobre lo que tenemos y espero que el desgraciado no se precipite.

Bajamos del Pelican para ser recibidos por un refrescante frío.

Venía acompañado, esta vez, de solo Val y Sven.

Citrón se quedó atrás atendiendo unos asuntos de la academia.

La ciudad estaba llena de nieve, no demasiado, pero sí lo suficiente para que estuviera pintada de blanco.

Por si el blanco no estuviera en sí, por todos lados.

—Ah, General Drake, llego a tiempo— una voz calmada masculina me llamo, esta vino de las escaleras.

Eran en realidad 6 personas, una de ellas que ya conocía.

—Sí, bueno, quería ver un poco la ciudad antes de ir a otra base militar, ¿señor?— pregunto, tratando de saber cómo se llama la persona que me va a escoltar.

—No me diga, señor, me hace sentir viejo. Me llamo Clover Ebi, líder de los Operativos Ace— se presentaba el hombre extendiendo su mano.

Respondo su saludo, para luego mirarlo bien a él y a, quien asumo, es su equipo.

Clover era un hombre con el cabello corto castaño y ojos verdes.

Llevaba un uniforme de especialista Atlasiano sin mangas que consistía en un abrigo blanco de doble botonadura sin mangas con acentos rojos y azules, con detalles ornamentales en forma de huesos de la suerte, una cola ancha con ribetes rojos y un pin de trébol de cuatro hojas en la solapa.

Su cinturón tenía un llavero en forma de pata de conejo colgando de él.

—Este es mi equipo, el más novato, Marrow Amin— presentaba Clover con ánimo, a uno de sus miembros.

Marrow viste un uniforme de especialista Atlasiano que consiste en una chaqueta blanca de doble botonadura con botones plateados, detalles en azul oscuro, cuello, solapas de hombro y puños a juego que tienen dos botones plateados cada uno.

La cola de la chaqueta se divide, permitiendo que la cola de Marrow se mueva libremente.

Lleva un cinturón azul oscuro con una hebilla plateada alrededor de la cintura, con una bolsa azul oscuro, en el lado derecho.

Tiene una bufanda roja atada alrededor del cuello. Marrow lleva una camisa roja debajo de su chaqueta.

Usa pantalones azules oscuros metidos en sus botas negras hasta la rodilla.

Tenía un rostro arrogante, como si fuera superior, realmente me encanta borrar esos rostros de la gente.

—Un gusto conocerlo... lo creía más grande— saludaba Marrow con una sonrisa fanfarrona.

Miré fijamente al hombre, que comenzó a sudar un poco, pero su mirada no decaía.

En un momento, hice un movimiento rápido, que puso nervioso al hombre, que movió su mano a su arma.

Val se rio por eso, al no pasar la prueba de reacción.

—No tienes un miembro más, no sé, ¿respetuoso?— le digo a Clover que solo miró a Marrow con una ceja elevada.

—Eeehh sí, este de aquí, es Vine Zeki— presentaba Clover a su siguiente miembro.

Vine era un hombre alto, con el cabello corto y rapado, de color gris, piel mortalmente pálida y ojos azules claros.

Tenía varios tatuajes, incluyendo un tatuaje de un tercer ojo en el centro de su frente y en su barbilla.

Llevaba collares de cuentas alrededor del cuello y pulseras de cuentas alrededor de su brazo derecho, además de dos anillos de plata, uno pequeño y uno grande, en su antebrazo izquierdo.

—Un gusto conocerlo, General Drake— saludaba el hombre, haciendo una ligera reverencia.

—El gusto es mío, especialista Zeki— regresé la reverencia, a lo que el hombre sonríe.

—Esa es la actitud que me gusta. La siguiente sería Elm Ederne— señalaba a una mujer bastante alta.

Elm es una mujer alta, joven y musculosa, con cabello castaño medio recogido en una coleta corta, piel de tono marrón claro y ojos marrones.

Lleva un uniforme de especialista Atlasiano que consiste en una chaqueta corta blanca con una sola manga y detalles en azul oscuro, solapas en los hombros y cuello, y una camiseta de armadura gris oscuro.

Tiene brazaletes de plata en los antebrazos. En su espalda, lleva un imán para portar su arma.

—Quiero tener un combate con usted, señor— comentó la mujer, estando cruzada de brazos.

Lo directo de la mujer me sorprendió mucho.

—Cuando tengamos tiempo, tomaré en consideración su desafío— le respondí a su desafío con asentimiento.

La mujer estaba satisfecha con la respuesta y eso dejaba a solo una integrante que no conocía.

—Por último, nuestra energética Harriet Bree— terminaba Clover, mostrando a la chica más pequeña del grupo.

Harriet es una joven de piel oscura, con el cabello rubio, platino y marrón rapado a los lados, y ojos de color rosa oscuro.

Lleva un uniforme muy corto de especialista Atlasiano que consiste en un chaleco blanco sin mangas con botones plateados y acentos azul oscuro. Tiene un cuello blanco y azul oscuro, una camiseta azul oscuro de mangas cortas, una corbata roja y pantalones cortos blancos.

Lleva chapas azules oscuros, que, aparentemente, se conectan a la parte superior de sus pantalones cortos. Las chapas exponen la parte interna de los muslos y la parte posterior de las pantorrillas.

—Un gusto conocerlo, he escuchado de sus hazañas— comentó la mujer, posando con sus manos en su espalda.

—Es un honor conocer a los mejores soldados de Atlas— les digo a todos, mirándolos, para luego poner mi mirada en la persona faltante.

—Winter, veo que te dijeron que vinieras también— le sonrió a la hermana de Weiss que solo asentía.

—El General Ironwood me pidió que viniera personalmente por usted, los Operativos Ace son la escolta— me comentaba la mujer peliblanca para dar media vuelta y caminar a un Bullhead que nos esperaba.

—Oh y Winter— llamo a la segunda al mando de Ironwood, que voltea a verme.

—Tu hermana está haciéndose un nombre en la armada— le digo, mostrándole en mi TACPAD su nueva posición en el Longsword y su historial de misiones.

La mujer, normalmente estoica, mostraba una muy pequeña sonrisa.

—Me alegro de que disfrute su tiempo en Mistral, pero hubiera preferido que estuviera en Atlas— subíamos al Bullhead, con todos los demás siguiéndonos el paso.

—Lo sé, nada es mejor que tener a tu familia cerca, pero ella misma me dijo que quiso el cambio de ambiente. No quería que la usaran o compararan con su exitosa hermana— le explicó, tomando asiento en el Bullhead.

—Piloto, estamos arriba, puedes despegar— confirmaba Clover al piloto que todos estábamos arriba.

—Copiado, iniciando despegue.

Winter me da una mirada para luego asentir.

—Ya veo... creo que debería de darle una visita a mi hermana.

—Eres bienvenida en la academia Reach— le respondió para luego mirar cómo el Bullhead se elevaba para ir a la academia militar de Atlas.

Unos momentos después, podíamos ver la inmensa academia.

Espero que Ironwood esté de buen humor para hablar.