Capítulo 2: Bienvenidos a Unova

El calor que hacía era insoportable. Habían llegado de noche a la gran ciudad Castelia y Lucas no podía creer la humedad que estaba presente en el ambiente. Era agobiante y lo hacía sudar como un Pignite.

Se sentía cansado y supo que por lo menos podría dormir bien esa noche si prendían el aire condicionado. Lo mejor era que no le daría razón a Dawn para regañarlo y estar así de agotado lo ayudaría para ignorar los ronquidos de Barry. El plan era pasar una noche en Castelia y después ir a un lugar que Cynthia decía que era una sorpresa.

¿Dónde? No lo sabía, pero por Arceus esperaba que fuera un lugar menos caluroso que esa maldita ciudad.

Sintió lástima por la campeona al notar que llevaba puesto un enorme abrigo negro con un pañuelo que le cubría la cabeza. Supuso que por ser campeona de Sinnoh y muy popular en los medios, seguramente buscaba ocultar su identidad.

—Srta. Cynthia, ¿no piensa que se ve extraño que use lentes oscuros? —Barry siempre intentaba usar un tono mucho más respetuoso ante ella y era demasiado obvio cuando lo hacía.

—Bueno Barry, la cosa es que no quiero llamar la atención y mis lentes ocultan mis ojos.

—Pero Srta. Cynthia, ¡es de noche! Le aseguro que llamará más la atención por ir vestida así con lentes oscuros en una noche de verano.

—Tienes un punto supongo, —comentó Cynthia dándose por vencida, guardó los lentes oscuros y se arregló el cabello adentro de su pañuelo—. Supongo que solamente nos queda llegar lo más rápido posible al hotel.

—¡Sí Srta. Cynthia! —dijo Barry energético poniendo una mano sobre su frente con un saludo casi militar.

Lucas y Dawn se limitaron a asentir, era divertido ver a Barry intentando ser ridículamente respetuoso para impresionarla. El muchacho pensó con mucha ilusión en la cama que lo estaría esperando en el hotel y en el placer de no tener que dormir en un lugar en constante movimiento. Sin embargo, su plan de la noche perfecta tendría que esperar, pues luego de dejar sus cosas en el hotel, tanto Barry como Dawn querían salir a explorar la ciudad.

Aunque no pareciera muy emocionado por la idea, Lucas pensó que por lo menos podría comer algo rico en la calle y probar algo nuevo. Solo había una cosa que era mejor que dormir y los Pokemons para el muchacho: comer.

Cynthia los llevó a un foodtruck de unas papas fritas con queso y carne que lo servían en conos de cartón, le pareció raro al principio pero lo primero que sintió cuando dio su primer mordisco fue la explosión de sabores. Sintió cada clase de queso que había en las papas, el ajo que le habían puesto y todos los ingredientes que hacían que esta comida de ciudad supiera espectacular.

—Oh-oh, —dijo Barry con un tono burlón—. Lucas puso la cara otra vez.

Ignorándolo, Lucas continuó comiendo lentamente las papas, intentando averiguar cuál era la otra especia que le habían puesto.

—¿A qué se refiere? —le preguntó Cynthia a Dawn.

—Cuando Lucas prueba algo que le parece muy sabroso, comienza a comer lento como para intentar adivinar sus ingredientes, —respondió Dawn con una sonrisa viendo a su amigo.

El resto de la noche fue placentera, Lucas se preguntó si era porque se había puesto de buen humor por la buena comida o si solo era divertido ver a Barry pelearse con cada persona que se chocaba contra él en la calle.

Era una ciudad ocupada e incluso de noche estaba repleta de turistas, trabajadores y demás. No entendió como Cynthia había sido capaz de seguir usando el abrigo y el pañuelo en su cabeza, pero tanto ella como él disfrutaron ver a Barry intentarse quejar con quien lo había chocado para multarlo, solo para ser chocado por alguien más y repetía el ciclo de intentar regañar a otro sin lograrlo al ser chocado por otra persona. Era divertido ver a Barry sufrir en su propia y extraña manera.


Resultaba que la gran sorpresa que les había preparado Cynthia era que se irían a quedar en una casa privada en Undella Town. La vista de la arena blanca era hermosa y el mar cristalino solamente los invitaba a quedarse en ese paraíso. Lucas pensó con alivio que tal vez lograría relajarse ahí sin tener que pensar en cosas confusas con Dawn o la preocupación de un futuro incierto que podría definir el camino que tomaría el resto de su vida…

Respiró profundo y dejó que el olor del océano lo tranquilizara, necesitaba relajarse.

Barry lo arrastró a la playa antes de llegar a la famosa casa privada ya que habían muchos entrenadores y quería batallar con todos ellos. Antes de poder quejarse, miró a las mujeres que le dijeron que no había problema que los alcanzarían después. Lucas le hubiera encantado quedarse con ellas para no dejarlas solas con las maletas, pero su amigo fue más rápido y fuerte cuando lo arrastró por la arena.

—No te preocupes por ellas, son mujeres y según mi papá, ellas siempre necesitan tiempo a solas para hablar cosas sobre chicas, —dijo Barry con una sonrisa, todavía jalándolo de la muñeca por la playa—. ¡Busquemos un entrenador!

Lo soltó cuando llegaron a la parte más ocupada de la playa, con niños haciendo castillos de arena, algunos charlando bajo la sombra de las palmeras con sus Pokemons y otros casualmente disfrutando del clima con sus tablas para surfear. Toda la paz de la playa fue interrumpida cuando Barry aclaró su garganta y Lucas tuvo apenas tiempo para cubrirse los oídos cuando empezó:

—¡Entrenadores! ¡Yo soy Barry y él es mi amigo Lucas! ¡Somos entrenadores muy fuertes que buscan tener una buena batalla! ¡Así quien quiera tener una gran pelea con dos entrenadores que ya ganaron las 8 medallas en Sinnoh, venga aquí para luchar contra nosotros!

—¿En verdad era necesario que gritaras? —preguntó Lucas destapándose los oídos, se sonrojó un poco al ver la cantidad de personas que los estaban viendo.

—Por supuesto… —la voz de Barry sonó un poco rajada y ronca, después de toser un poco recuperó de nuevo la voz—. Quería dejarles claro que somos fuertes, no quiero terminar peleando con alguien quien termine con una paliza por nuestra culpa.

¡Whoo! Siento tu energía primo, —dijo una voz llamando su atención, al darse la vuelta se encontraron con un hombre bronceado que los hizo sentir enclenques por sus pectorales bien marcados. Usaba un traje de baño verde, lentes oscuros y tenía el pelo recogido en un tipo de cola de caballo—. Sabía que Sinnoh tenía Pokemons interesantes, pero ustedes no parecen ser cualquier entrenador, ¿verdad?

—¡Está en lo correcto, hombre bien bronceado! —respondió Barry dirigiéndose al hombre, Lucas juraba que lo mataría algún día por la vergüenza que sintió—. Yo y mi amigo Lucas somos los mejores entrenadores de Sinnoh, ¡él ganó la liga hace unos años!

—Barry, cállate, —dijo Lucas amargadamente, sintiendo más miradas de peatones acosándolo.

—¿Ganador de liga? ¡Whoo! Eso significa que eres fuerte, —la energía del hombre parecía ir acorde con la de Barry—. Lucas, ¿verdad? ¿Te parece si peleamos, primo?

—Oh no, no, —dijo Barry con una sonrisa pícara moviendo su dedo—. Mi amigo y yo queremos una batalla doble, él anda muy distraído y yo aburrido, necesitamos descargarnos los dos.

Lucas hubiera intervenido en la charla pero estaba más concentrado mirando el hombre que se paraba frente a ellos. Era un adulto raro, ¿por qué juraba que lo había visto en otra parte?

—Esa energía, ¡whoo! Definitivamente arde más fuerte que un Blast Burn, —el hombre asintió y compartió su propia sonrisa pícara—. Pero yo peleo contra ustedes dos, una batalla doble de dos. He estudiado ataques y movimientos Pokemons, ¡sí! Y estoy listo, ¡oh sí! Les daré una batalla tan buena, dos turnos, que consumirá tus energías como un potente Drain Punch.

—¡Usa nombres de ataques en sus oraciones! —gritó Barry emocionado, recordándole mucho como su propio papá hablaba—. ¡Me agrada! ¡Bien! ¡Empecemos!

Y así fue como una batalla inició entre el hombre bronceado y los dos entrenadores de Sinnoh. Lucas sacó a su Torterra y Barry a su Infernape. El hombre bronceado reveló dos Pokeballs que al lanzarlas, dejaron a ambos muchachos boquiabiertos.

—¿Qué es eso? —preguntó asombrado Barry susurrándole al oído a su amigo.

—Creo que era Lyan-algo su nombre, —le susurró de regreso Lucas—. Es tipo piedra.

—¿Por qué ese Ninetales es blanco? ¿Es shiny?

—Tarado, ¡tienes un Pokedex! —era normal que Barry lo tratara como si fuera una enciclopedia andante—. ¡Úsalo!

—Ya que parecen confundidos, déjenme presentarme, ¿si? —el hombre bronceado se apuntó a sí mismo con un pulgar—. Vengo de Alola y estos Pokemons son nativos de allá. Les presento a Lycanroc y Ninetales, en su forma de Alola. Por cierto, mi nombre es Kukui.

Por la manera que hablaba, Lucas podía deducir que era una persona experimentada y con demasiada confianza para su gusto. Sacó su Pokedex y registró a Ninetails, solo para que un mensaje de error le apareciera en la pantalla. Refunfuñó molesto, sabía que debió haberle puesto la última actualización que le había dicho el Profesor Rowman antes de viajar.

—¿Eso es un Pokedex? Te propongo algo primo, —dijo Kukui señalando a Lucas, el muchacho solo se preguntó por qué se dirigía a él con "primo"—. Si me ganan, les enseñaré algo genial, pero si yo gano, me enseñas tu Pokedex. ¿Vale?

—¡Cómo si fuéramos a perder! —gritó Barry, Lucas intentó advertirle que no hiciera el primer movimiento al notar que el hombre no se apuraba por empezar, pero llegó tarde—. ¡Infernape! ¡Usa Focus Blast con Ninetails!

—¡Torterra! —dijo Lucas buscando cómo empezar con buen pie la batalla—. ¡Usa Withdraw!

—¡Lycanroc! ¡Usa Stealth Rock! ¡Ninetales! ¡Usa Safeguard! —gritó Kukui.

La predicción de Lucas era cierta, si el hombre decía ser tan estudioso de ataques sabía qué clase de estrategias usarían contra él. Estaba seguro que el hombre predijo que Barry usaría un ataque ofensiva contra él y para que usara una ataque defensiva como Safeguard lo hizo predecir algo que ocurrió frente a sus ojos: el Focus Blast fue directo, pero Ninetales no pareció muy afectada, definitivamente tenía un tipo que no le afectaba mucho las ataques pelea y tenía defensa alta.

—Barry, creo que es tipo psíquico o algún otro tipo que no le afecta las ataques pelea, —le dijo Lucas a su amigo al notarlo confundido.

—¡Pero se ve tipo hielo! —se quejó Barry señalándolo.

—Lo sé, pero no uses ataques tipo pelea contra ella, usa tipo fuego y yo me encargaré de Lycanroc. Ten cuidado con las piedras de Stealth Rock…

—La comunicación es importante en una batalla, sí que la es, —dijo Kukui tranquilamente—. Siempre me alegro de ver cómo las tuercas giran en los entrenadores que están en apuros.

—¿Quién dice que estamos en apuros? —respondió enojado Barry—. ¡Infernape! ¡Usa Flamethrower contra Ninetails!

—¡No se lo permitas Lycanroc! —gritó Kukui señalando al Pokemón primate que corría hacia ellos evadiendo las rocas flotantes—. ¡Usa Accelerock!

En un parpadeo, el Pokemón canino de rocas logró envestir violentamente a Infernape superando su gran velocidad, Lucas veía problemas cuando vio cómo el primate cayó directo a una de las rocas flotantes. El hombre bronceado era listo.

—¡Torterra! —grito Lucas señalando al Pokemón canino mientras que Infernape caía gravemente herido, no parecía tener suficientes fuerzas para seguir pleando—. ¡Usa Giga Drain!

—¡Ninetails! ¡Usa Blizzard! —gritó Kukui.

—¡Infernape! ¡Contra ataca con Flamethrower!

El ataque de Torterra fue directo y Lycanroc cayó vencido. Pero cuando el Flamethrower de Infernape no logró detener el potente Blizzard de Ninetails, Lucas supo que había perdido. El hielo fue un golpe duro en Torterra, súper efectivo, y el debilitado Infernape cayó vencido también.

—¡Whoo! ¡Fue una gran batalla! —dijo Kukui sonriendo—. Me encanta pelear con gente nueva, ¡siempre se aprende algo!

Cada uno regresó su Pokemón y Lucas sintió su mano más pesada, no le gustaba perder pero ya había aprendido aceptar derrotas (desde que empezó a trabajar con el profesor, se había aflojado mucho). Miró furioso a Barry, quien supo que merecía toda la culpa de haber perdido. Su actitud desesperada les había costado la batalla y miró muy triste a su amigo.

—Perdón Lucas, —dijo Barry—. Debí haber pensado antes de saltar a empezar la pelea…

—Solo por esto me debes un maldito helado con doble sabor, —respondió molesto Lucas, no le gustaba perder pero no tenía ganas de hacer un drama en medio de la playa donde la gente aplaudía por la buen espectáculo rápido que presenciaron—. Triple si hay sabores ricos.

—Lucas, —Kukui llamó su atención y ambos jóvenes lo vieron acercarse—. ¿Recuerdas lo que quedamos? Si ganaba, me enseñarías tu Pokedex, ¿verdad?

—Por favor, no te lo vayas a robar, —típicamente Lucas no daría su Pokedex a un extraño, pero estaba tan rodeado de gente que se sentía seguro, estaba convencido que habría algún policía por ahí.

—¡Ja! ¡Eres simpático, primo! —respondió Kukui tomando el aparato.

El Pokedex de Lucas era relativamente viejo de dos pantallas (comparado con los nuevos que parecían tablets) y Kukui lo observó con una mirada completamente nueva para los dos muchachos. Se veía concentrado, tanto como lo hacía Dawn cuando la encontraba absorbida con su trabajo. Sonrió de oreja a oreja y se lo devolvió a Lucas dejando escapar un silbido asombrado.

—Tienes todos los Pokemons registrados de Sinnoh allá adentro, ¡whoo! Eso es de admirar, —comentó Kukui sonriendo genuinamente asombrado—. El tío Rowan te debe de amar con esa clase de Pokedex contigo.

—¿Tío Rowan? —preguntó Barry confundido, Lucas también lo miró con desconfianza. No había manera absoluta que fuesen parientes, no se parecían en nada—. ¿Son familia?

—¡No, no! —Kukui se rió un poco negando con su cabeza—. Rowan fue mi profesor de la universidad y admiro mucho su trabajo. El viejo tío me torturaba en clases con sus tareas complicadísimas y sus exámenes me hacían llorar, ¡pero definitivamente es de los mejores profesores que tuve en mi vida! Debería de ponerme en contacto con él…

Una alarma interrumpió su conversación y el hombre sacó un celular de su traje de baño alejándose un poco. Mientras lo hacía, Barry se disculpaba con Lucas por su mala actitud durante su batalla.

—Ya que fue mi culpa que perdiéramos, te anularé todas las multas que tienes conmigo, —le dijo Barry arrepentido.

—Me valen madre las deudas, —le respondió Lucas con sus brazos cruzados—. Quiero mi helado.

Kukui se dio la vuelta un poco apurado sorprendiendo a ambos jóvenes.

—Bueno primos, me temo que me tengo que ir rápido, —puso sus dos manos sobre cada una de las cabezas de los jóvenes y sonrió—. Espero verlos otra vez, ¡les prometo que les llevaré algo para su Pokedex! ¡Fue alegre la batalla! ¡Whoo!

Sin decir más, el hombre se alejó dejando a ambos jóvenes solos. Parecía apurado.

Un par de retadores salieron entre varias personas que los habían visto batallar y tanto Barry como Lucas aceptaron cada reto. Haber perdido contra Kukui los enojó y querían desahogarse con batallas ganando cada uno de los retadores. Ninguno se comparaba con la astucia del hombre bronceado y no planeaban parar hasta que ya no les doliera el orgullo. Además, necesitaban dinero de Unova ya que se les había olvidado cambiar su dinero de Sinnoh y tenían pereza de ir a un banco si podían ganar dinero en batallas.

—Deberíamos ir a buscar la casa de la Srta. Cynthia, —sugirió Barry después de vencer a su quinceavo entrenador—. ¿En dónde dijo que vivía?

—¿Algo de una casa en la colina frente al mar? —respondió Lucas confundido, les habían dado un juego de llaves con la dirección pero al no conocer la ciudad se sentían más perdidos aún.


Decidieron preguntarle al primer peatón que encontraran y un hombre rubio excesivamente alto y pálido con un mechón de cabello azul fue lo suficientemente amable para indicarles el camino. Llegaron a la famosa villa y tocaron el timbre esperando ser atendidos, pero al no escuchar respuesta alguna, Barry intentó abrir la puerta. Para la sorpresa de Lucas, éste se encontraba abierta.

—Sabes que entrar solo así contaría como invasión a la propiedad privada, ¿verdad? —dijo Lucas preocupado.

Barry tomó el juego de llaves y metió una en la puerta, Lucas notó como lo puso y luego quitó la llave para después regresarle el juego tranquilo.

—No si tenemos las llaves de esta casa, —le respondió Barry con una sonrisa victoriosa.

En serio, ¿cómo era posible que le tuviera tanta paciencia a este idiota?

Caminaron con un paso tímido entre la casa, esperando encontrarse con Cynthia o con Dawn. Pero unos fuertes ronquidos interrumpieron su camino en seco. Ambos muchachos se detuvieron y se vieron preocupados. ¿Quién estaba en la casa de la Srta. Cynthia? ¿Y por qué sonaba como un hombre?

Ambos se vieron el uno al otro, tanto Lucas como Barry pusieron sus dedos frente sus labios haciendo "shh" mutuamente. Siguieron los ronquidos y llegaron a una sala de estar con una figura desparramada sobre el sillón, era un hombre con pantalones y poncho blanco, con una revista en la cara.

—¿Quién es él? —susurró Lucas nervioso.

—No lo sé… ¿llamamos a la policía o lo echamos a patadas con uno de nuestros Pokemons? —preguntó Barry con un susurro preparando su Pokebola.

—¿De qué hablas? —susurró molesto Lucas—. No podemos andar por ahí atacando extraños con Pokemons.

—¿Pero podemos dejar extraños dormir en el sillón de la Srta. Cynthia?

—No es un extraño, obviamente si está así de tranquilo es porque la conoce.

—¡Pero la puerta estaba abierta! —exclamó Barry todavía susurrando—. Tal vez entró sin permiso.

—Lo dice quien entró sin permiso hace cinco segundos, —le respondió molesto.

—¡Tenemos las llaves! —susurró Barry molesto tomando el juego y agitándolo frente a la cara de su amigo.

El ruido de las llaves pareció levantarlo, pues el hombre dio un ronquido extraño y se estiró bostezando fuertemente. Tanto Barry como Lucas entraron en pánico y sin saber qué hacer, se quedaron quietos atrás del sillón sin moverse.

El hombre se quitó la revista de la cara y miró sus alrededores todavía con cara de almohada. Pero cuando cruzó su vista con los dos adolescentes, que lo veían aterrado, parpadeó un par de veces confundido.

—¿Lucas y Barry? —preguntó el hombre señalándolos.

Ambos muchachos asintieron lentamente en silencio.

—¿Hace cuánto están ahí parados? —preguntó un poco confundido e incómodo.

—No mucho, solamente decidíamos qué hacer con un extraño durmiendo en el sofá de la casa de la Srta…

Antes que Barry pudiera terminar, Lucas le pegó un codazo en el brazo.

El hombre soltó una carcajada, se levantó del sillón y cuando se puso de pie, Barry hizo un ruido extraño al mismo tiempo que lo señalaba. Balbuceó algo alternando su mirada entre el hombre y Lucas hasta que finalmente gritó señalándolo:

—¡E-e-eres el campeón de Unova! ¡Alder Adeku!

—Ex-campeón, —corrigió el hombre—. Me temo que ya dejé el título atrás hace un par de días.

Barry miró su Pokétch apurado y Lucas lo miró sobre su hombro.

—¿Cómo es posible que me perdiera esta noticia tan importante? —preguntó frustrado Barry buscando señal para revisar las noticias en su Pokemon Watch.

Mientras que su amigo rubio tambaleaba por todas partes buscando señal, Lucas lo miró silenciosamente sin estar seguro del qué hacer. Alder se acercó a él y le dio un par de palmadas en el hombro llamando su atención, la diferencia de alturas entre los dos era ridícula.

—Juzgando por tu actitud tranquila y la loca actitud de tu amigo, supondré que tú eres Lucas, ¿verdad? —el muchacho solamente asintió—. Cynthia me habló de ustedes, vine aquí para recibirlos como había hablado con ella, pero supongo que tenía otros planes y me dejó plantado vilmente… otra vez.

—Lo lamento mucho, Sr. Adeku, —respondió Lucas apenado, Barry seguía buscando señal frustrado en todo el primer piso de la casa—. Cynthia jamás nos dijo que alguien nos estaba esperando en su casa. Hubiéramos llegado antes.

—Está bien, no me sorprende que no les dijera, —el hombre se rascó el cuello apenado mirando el resto de la casa buscando a Barry—. Digamos que he estado molestando a Cynthia… más que de costumbre. Supongo que dejarme plantado es su manera de vengarse.

—Suena como algo que ella haría…

—¡Barry! ¿Qué haces subido ahí? —Lucas reconoció la voz de Dawn en la entrada de la casa y pudo ver cómo su amigo se había subido a una mesa pequeña con adornos—. ¡Vas a manchar los muebles!

—Obviamente me quité los zapatos antes, genia, —le respondió molesto Barry.

—Gracias por dejarme plantado, —saludó Alder con la mano a Cynthia al verla entrar a la sala—. Bruja.

—Gracias por no contarme que habías dejado el puesto de campeón, —le respondió Cynthia molesta cruzando sus brazos—. Tarado.

—No lo dejé, alguien me venció y lo acepté responsablemente, —discutió el hombre.

Era raro ver a Cynthia actuar de manera… no tan Cynthia. Lucas y Dawn se vieron sorprendidos ya que siempre habían visto a la campeona como una adulta madura y ahora la tenían en frente actuando tan… infantil con este hombre…

—¡Ajá! ¡Ya descubrí por qué mi Pokétch no funciona!—gritó Barry interrumpiendo su discusión parándose entre la campeona y el ex-campeón—. Srta. Cynthia, ¿cuál es la clave del wi-fi?

Tanto Dawn como Lucas casi se rompen la frente después de pegarse en la cara con sus manos de la vergüenza.


Los bosques húmedos de la Ruta 14 estaban bañados con una capa densa de niebla. Cortinas blancas que interrumpían el camino, pero jamás los detendría.

Kukui caminaba entre la oscura noche con su fiel Lycanroc escalando las peligrosas piedras en el camino repleto de flora silvestre. Kukui miró a su lado, esperando encontrarse con su compañero, pero al no verlo negó su cabeza con una sonrisa. Miró atrás y escuchó los jadeos desesperados de alguien quien no podía seguirle el paso y un Rotom que flotaba cerca de su compañero.

—¡Vaya primo! Estás fuera de forma, —dijo Kukui apuntando a lo obvio, su compañero finalmente llegó junto a él y se detuvo para recuperar el aire—. Una semana con mi rutina de ejercicio y serás tan rápido como un Arcanine usando Extreme Speed, sí.

—Umm… no, no soy muy atlético gracias, —le respondió el hombre rubio ajustando sus anteojos, su Rotom lo miró preocupado y el hombre le sonrió—. Estoy bien.

—Bueno primo Colress, tenemos que escalar un poco más para llegar al punto de registro, —dijo Kukui señalando a la capa de niebla que tenían enfrente—. Fennel y Burnnie trabajaron duro para poder calcular la ubicación del último encuentro, así que tenemos que trabajar duro por el bien de nuestras mujeres, ¿vale?

Colress asintió agotado, jamás había sido bueno en el trabajo de campo pero se negaba dejar que Fennel fuera en su lugar. Su novia era alguien inteligente, pero no tenía Pokemons fuertes para defenderse y la simple idea que se lastimara aterraba al hombre.

Kukui escaló un par de rocas sin problemas con su Pokemón canino y luego se dio la vuelta para ofrecerle su mano y Colress la tomó. Por lo menos con su ayuda, podrían escalar un poco más rápido. Subieron un poco más y sus comunicadores sonaron al mismo tiempo.

—Amor, —dijo Kukui presionando el botón en su oreja—. Te escucho.

—Excelente cielo, ¿puedes escuchar Colress? —preguntó Burnette a través del comunicador.

—Sí, ¿estás ahí Fennel? —dijo Colress presionando el botón en su oído.

—Sí, aquí estoy Coco, —respondió Fennel a través del comunicador, tan pronto dijo eso, Colress se apenó muchísimo y Kukui lo miró con una sonrisa pícara.

—¿Coco? —preguntó Kukui mirando a Colress a su lado, Rotom les daba iluminación y podía ver perfectamente cómo se sonrojaba—. ¿Te puedo llamar primo Coco?

—No, —le respondió Colress con una cara estoica y seria

—Estamos conectados los cuatro en un canal compartido de comunicación, necesitamos estar seguros que podamos hablar con ustedes en todo momento, —dijo Fennel ignorando el intercambio entre los hombres.

—¿Lograron conseguir más información del encuentro registrado? —preguntó Colress sentándose en la grama, sus piernas parecían estar atravesadas por agujas, sentía mucho dolor.

—Hoy llamé al hospital y me dijeron que el entrenador que se encontró con el U.B.N.I sigue sin recuperar el reconocimiento, —contestó Burnette nerviosa—. Ya saben el plan, van a donde lo encontraron y luego regresan. Sin peleas, sin buscar pleitos.

—Amor, tranquila, tengo a Lycanroc conmigo, —Kukui podía escuchar todo el miedo que sentía su esposa a través del comunicador—. Además, tengo al primo Coco también. Tal vez no puede recorrer millas como yo, pero sus Pokemons son fuertes.

Colress miró al hombre furioso, nunca fue alguien muy amistoso y la simpatía del hombre le resultaba más molesto que reconfortante.

—Ustedes señoritas déjenos el trabajo sucio, ¿vale? —Kukui le mostró un pulgar en alto a Colress guiñando un ojo—. Coco y yo nos podemos manejar bien, vigilen bien esos monitores.

—Cielo, por favor ten cuidado, —le rogó Burnette a su esposo.

—Tú también Coc- ¡es decir! Colress, —agregó Fennel con un tono tímido.

Colress suspiró, seguramente su novia se sentía culpable que se le escapara su apodo cariñoso.

—Estaré bien, te amo Fennel, —dijo Colress esperando tranquilizar a su novia.

—Yo a ti, tengan mucho… tiempo… ¿qué es…?

La conversación se terminó abruptamente y Kukui trató de abrir el canal de comunicación otra vez, al no lograrlo sugirió seguir subiendo la montaña. Colress no parecía estar muy convencido, pero aceptó con la vaga esperanza de conseguir mejor señal. Después de un pequeño descanso con agua y dulces (que Kukui compartió con su compañero), ambos hombres resumieron la cansada tarea de escalar la rocosa montaña en la noche.


Esa noche, Alder decidió prepararles la cena. Tal parecía que se sentía mal de haber asustado a Barry y a Lucas pensando que era lo mínimo que podía hacer. Mientras que él y Cynthia estaban en la cocina (la mujer quería vigilarlo cuando manejaba comida porque, según ella, lo creía capaz de ponerle algo sospechoso a la suya), Lucas se encontraba en la sala con sus amigos viendo televisión aburridos.

—Es hora de llamar a mi papá, —anunció Barry levantándose del sillón, siempre anunciaba lo que iba a hacer.

Lucas se puso tenso al notar que sin Barry en el sillón, ahora solo estaba él con Dawn compartiendo el mismo espacio físico. No entendía nada, ¿de dónde salieron esos sentimientos? ¿Por qué no podía volver a verla como la chica mandona que siempre fue? ¿Por qué podía oler su shampoo de miel y avena desde donde estaba sentado? ¿Qué le estaba pasando?

—¿Te molesta si cambiamos de canal? —le preguntó Dawn sacándolo de sus pensamientos—. Honestamente me aburre ver resúmenes de batallas competitivas.

—Está bien, —respondió Lucas tenso e incómodo.

La joven se inclinó para alcanzar el control en la mesa frente a ellos y empezó a cambiar canales rápidamente. Lucas continuó viendo la televisión en silencio, tenía tantos pensamientos en su cabeza que parecía estar en una clase de rodeo sin fin. No se dio cuenta cuando Dawn apagó la televisión y se cambió de posición para verlo directamente desde su lado del sillón.

—¿Estás enojado conmigo? —preguntó Dawn dejándolo abstraído, parpadeó confundido hasta que finalmente torció la cabeza dejando claro su confusión—. Umm… olvida que pregunté eso.

Dawn volvió a tomar el control remoto y prendió la televisión una vez más. Lucas le quitó el control de la mano para bajarle todo el volumen.

—¿Por qué piensas que estoy enojado contigo? —preguntó Lucas confundido.

—Es solo que… no sé, hay veces que tengo miedo de ser molesta por ser tan mandona, —que Dawn dijera eso le pareció un poco triste y tierno, ¿estaba bien sentir eso?—. Y no sé, te siento más callado y alejado desde hace unos días antes del viaje. ¿Estás enojado conmigo por mandonearte?

—¿Qué? ¡No, no! —Lucas se sintió mal, su atracción hacia Dawn la alejaron de ella ya que le intimidaba los nuevos sentimientos que lo invadían, pero no quería hacerla sentir mal por algo que no era su culpa—. Es decir, sí me parece un poco molesto que me mandones, pero vivo con Barry y el me grita todo el tiempo así que no es nada malo. ¡En serio!

—Ok… —era obvio que no estaba convencida y cuando intentó alcanzar el control entre ellos, Lucas puso su mano sobre la suya para detenerla.

—Escucha, no eres tú, es solo… —Lucas la vio a los ojos y quedó perdida en sus precioso color azulado que lo dejó sin aliento por un segundo.

Ella tampoco habló, viéndolo a los ojos también. Parecía buscar algo en ellos.

—Lo que quiero decir… —dijo Lucas mirando hacia otro lado, era imposible hablar si la veía a los ojos, su mano se sentía tan tibia y llena de vida bajo la suya—. Lo que intento decir es que… estoy pensativo porque… bueno… no sé, solo ando pensando en muchas cosas al mismo tiempo.

—Lucas, —la voz de Dawn tenía un tono nuevo, uno dulce que genuinamente se preocupaban por él. Sintió su otra mano que descansó sobre la suya y la apretó, Lucas juró que en cualquier momento su pecho explotaría—. ¿Qué pasa? ¿Es algo serio? ¿Te puedo ayudar?

—No, no. Gracias, pero es algo mío y solo mío, —Lucas se sonrojaba cada momento más—. Pero gracias, no te preocupes y…

Lucas se levantó del sillón apurado y se alejó del sillón, miró a Dawn que seguía viéndolo preocupada. El muchacho la señaló con ambas manos y dijo:

—Gracias.

Sin decir más, corrió hacia su cuarto. Al llegar, cerró la puerta y se apoyó en ella sujetándose el pecho. No había duda alguna: estaba enamoradísimo de Dawn. Sus ojos lindos, su cara dulce y preocupada, sus manos suaves y tiernas… ¡su tono de voz! ¡Casi perdió al cordura con solo escuchar su voz! ¡Era más que una simple atracción! ¿Pero por qué se sentía tan asqueado de sí mismo? ¿Acaso era una atracción poco sana? ¿Qué le estaba pasando?

—En fin papá, te hablo mañana porque Lucas entró sin permiso, —dijo Barry desde una de las camas de su cuarto compartido, bajó su muñeca colgando la llamada mirando a su amigo con sus brazos cruzados—. Sé que hoy te debo una por perder, pero interrumpir una conversación con mi papá es una multa de…

—¡Barry! —dijo Lucas levantándose del suelo, su amigo claramente se asustó al escuchar su tono tan alarmado—. ¿Cómo controlas impulsos que no entiendes y quieres detener?

Lucas sabía que su amigo había ido a muchas terapias de niño y sus medicinas recetadas para controlar su hiperactividad parecían darle más experiencia que podría servirle.

—No sé de dónde salió la pregunta… ¡pero te explico! —Barry saltó de su cama y se paró frente a Lucas, tomó su mano y le puso un brazalete de plástico que tenía en su muñeca—. ¡Ta-da!

—¿Qué es esto? —preguntó Lucas un poco molesto viendo el brazalete de plástico anaranjado en su muñeca—. Sé que me estás molestando, pero es algo serio que…

¡SMACK!

Barry no le permitió terminar su oración, jalándole el brazalete para soltarlo ocasionando un dolor fuerte e instantáneo en su muñeca. Lucas sacudió su mano adolorido y miró a Barry casi asustado y ofendido.

—¡Este es mi dispositivo de autodisciplina! —le dijo el rubio con una sonrisa—. Cada vez que pienso en algo que me distrae, jalo y lo suelto para que me pegue el brazalete. Nada mal, ¿verdad?

Si era esta clase de cosas que necesitaría para lidiar con sus nuevos sentimientos obsesivos hacia Dawn, Lucas estaba dispuesto a tomarlo.


Escalar en la Ruta 14 era una actividad peligrosa y honestamente ninguno de los dos estaban muy felices de hacerlo durante la noche con mucha neblina. La situación, sin embargo, era urgente y preferían conseguir toda la información posible para encontrar una solución rápida. Llegaron a la punta de la montaña, en donde el viento era más fuerte y la neblina quedó abajo entre las sombras de la noche.

—¡Whoo! —dijo Kukui respirando profundo, sintiendo el aire pesado en sus pulmones sintiendo la presión de la atmósfera, al estar tan arriba y por el viento, casi gritaba para que su compañero lo escuchara—. No es tan alto como el Monte Lanakila en Alola, pero se acerca. ¿Tú cómo te encuentras, primo?

Colress ni le pudo responder, estaba demasiado ocupado intentando recuperar oxígeno en sus pulmones desgastados y enclenques sujetando sus rodillas raspadas. Tenía que darle crédito, logró subir después de todo. Puso su mochila en el suelo y buscó unos instrumentos, Rotom seguía con ellos iluminándolos y Kukui agradeció esa luz que le permitió prender sus visores de visión térmica.

—Los visores funcionan bien, —dijo Kukui tratando de iniciar una conversación, necesitaba escuchar de Colress para asegurarse que seguía vivo—. Veré un poco el perímetro para asegurarme que no hayan Pokemons.

—Te… acom-acompaño, —respondió Colress jadeando casi a gritos.

Todavía con los pulmones pesados, Colress sacó otro instrumento que era un sonar portátil que él modificó a su gusto. Pero al momento que lo activó, notó que había un punto en el radar que lo preocupó.

—Kukui, ¿ves algo como a cincuenta metros frente a nosotros? —preguntó Colress preocupado.

—Bueno, en teoría tengo un alcance mayor a ese con este equipo, pero… no veo nada, —respondió Kukui confundido intentando ajustar los visores frente a él caminando más hacia adentro, Lycanroc empezó a oler sus alrededores con curiosidad—. ¿Hay algo en el sonar?

—Sí… pero parece estar fallando mi cosa, —respondió frustrado Colress dándole unos golpecitos, tratando de quitar la estática que interrumpía el radar.

Kukui sintió algo, algo que parecía haber detenido el feroz viento en la punta de la montaña por un instante. Su Lycanroc levantó sus orejas y al ver hacia adelante, pudo ver una figura con sus visores térmicos. Estaban en la punta de una montaña, pero había algo en la montaña de a lado. Era una figura inconfundible, cuatro patas y un enorme sable que no emitía tanto calor como el resto del cuerpo… un Absol.

Escuchó a su Lycanroc gruñir, pero escuchó un ruido extraño que lo obligó a ver abajo hacia sus pies y pudo ver cómo el suelo que lo rodeaba era envuelto con un rojo tan fuerte que parecía estar cerca de cegar su visión térmica. Trató de gritar, pero no pudo.

Su visión fue interrumpida por un fuerte golpe, uno que lo envió volando hasta que sintió la dura tierra abajo suyo. Kukui trató de registrar lo que pasó, había recibido miles de golpes de Pokemons en su propio cuerpo a través de sus investigaciones, pero nunca uno como el que recién experimentó. Cuando logró recuperar un poco el conocimiento, encontró a Colress agitándolo nervioso mientras sacaba un enorme Metagross.

—¡Kukui! ¡Kukui! —le gritó Colress.

El pobre científico rubio miró frente a él una extraña luz que primero hizo explotar el suelo abajo de su compañero y ahora flotaba en el aire empezando a formar líneas que parecían flechas.

—¡Metagross! —gritó Colress tomando a Kukui y alejándolo del centro de la punta de la montaña—. ¡Usa Protect!

El enorme Pokemón logró formar una pared psíquica que logró salvarles el pellejo. Kukui finalmente logró recuperar toda su cordura, levantándose alterado. Estaban en peligro.

—¿Estás bien? —preguntó Colress preocupado, su compañero tenía cortaduras en sus piernas que destruyeron sus pantalones y parte de sus zapatos.

—No te preocupes primo Coco, resistí un Giga Impact y puedo resistir cualquier cosa, —dijo el profesor con una sonrisa confiada quitándose los lentes de visión térmica de su cara, miró a su alrededor y encontró a Lycanroc tendido en el suelo completamente noqueado—. ¡Lycanroc!

Tan pronto se hincó a su lado, el profesor notó cómo su Pokemón estaba gravemente herido. Cuando se revisó la pierna notó que las cortaduras de su pierna eran diferentes a la herida de su Pokemón. Mientras que Lycanroc parecía estar envuelto en una extraña clase de tierra, Kukui solamente tenía cortaduras que rápidamente reconoció al verlas tantas veces. La melena de Lycanroc era tan filosa como un cuchillo y rápidamente se preguntó si era posible que su Pokemón lo lastimó por accidente al sacarlo del camino del ataque que lo había noqueado….

—¡Rotom! ¡Usa Discharge! —gritó Colress, intentando entender la luz que tenían en frente.

Cuando el Pokemón plasma se lanzó a atacar, dio un golpe directo que no pareció afectarle, pues el objeto que irradiaba luz frente a ellos no parecía afectado.

—Debe de ser el U.B.N.I, —dijo Kukui regresando a su Pokemón, sacó otra Pokeball y reveló a su Ninetails de Alola—. ¡Trabajemos juntos, primo!

—No es afectado por ataques tipo eléctrico, —dijo Colress preocupado, su Rotom rápidamente se escondió en su espalda y su Metagross gruñó fuertemente.

—¡Entonces debe de ser tipo tierra! —concluyó Kukui—. ¡Ninetails! ¡Usa Blizzard!

El Pokemón zorro saltó a atacar y las ventiscas de viento helado lograron darle al U.B.N.I. Unos extraños gritos salieron del objeto, claramente afectado por el ataque. Kukui sacó una Pokeball especial azul con líneas celestes y cuatro líneas doradas que parecían colmillos. Lanzó la Beast Ball con todas sus fuerzas y logró atrapar el objeto luminoso.

La Beast Ball tocó el suelo y al instante se rompió liberando al U.B.N.I. Antes que pudieran reaccionar, la tierra volvió a iluminarse bajo sus pies y una explosión los envolvió. Kukui puso toda su voluntad para no perder el conocimiento y pudo ver cómo estaba a punto de caer de la montaña, pero logró sujetarse. Vio a Colress caer y logró alcanzarlo, quedando colgados frente a una densa capa de niebla en donde cayeron sus Pokemons.

—¡Colress! —gritó Kukui rezando que el hombre no hubiera perdido el conocimiento, sintió una mano tomando su muñeca y vio cómo el científico seguía con él—. ¡Sujétate!

—¡Kukui! —gritó Colress aterrado de estar colgando en el aire—. ¡Tenemos que irnos! ¡Esa cosa nos matará!

El extraño chillido volvió a recorrer los aires y notaron cómo algo brillante se asomó por la esquina de la montaña justo arriba suyo. Kukui lo vio, lo vio y no pudo distinguir absolutamente nada. Solo pudo distinguir ojos misteriosos y bestiales que contemplaban su alma y su vida como un obstáculo, uno que obviamente quería eliminar. Jamás en su vida sintió tanto miedo.

—¡Kukui! ¡Tienes que soltarte! —gritó Colress espantado al notar que el suelo alrededor del U.B.N.I comenzó a iluminarse igual que antes, seguramente preparando una tercera explosión—. ¡O sino nos va a mat—!

Kukui ni le permitió terminar su oración, pues tan pronto se soltó de la roca que sujetaba la explosión los envió volando hacia el vacío entre la niebla de la noche. Dos gritos desgarrados se escucharon esa noche en las montañas más altas de la Ruta 14.


Notas del Autor: Me disculpo por la tardanza, pero recibí Ultra Moon y no he podido parar de jugar. ¡Espero que hayan disfrutado el capítulo!

Guest: Me siento tan honrada de saber que usaste una de mis historias para un trabajo (¿me pregunto cuál?) y espero que sigas disfrutando la historia. Los updates serán lentos porque quiero seguir jugando Ultra Moon y también trabajo. ¡Muchas gracias por tu comentario!

Se agradecen los comentarios :) la verdad me alegran el día y me animan a seguir escribiendo.