Capítulo 5: Elegido

—¿Cuándo llegarán los campeones? —preguntó Burnette nerviosa a su esposo, ambos se encontraban en la Ruta 14 observando la neblina del ambiente. La densa capa blanca parecía una sábana de algodón extendida, suave y presente.

—En cualquier momento amor, —le respondió su esposo tomándola del hombro con mucho cariño, acariciándosela con sus dedos pequeños círculos—. Hoy haremos un simple chequeo del área y los llamé hoy por si las dudas. Te prometí que tendría más cuidado y pienso cumplir con esa promesa, ¡oh sí!

Burnette le sonrió dulcemente a su esposo, Kukui podía ser alguien revoltoso y gritón pero siempre actuaba de manera sincera y leal a su palabra. Desde que su esposo terminó en el hospital, Brunette había estado trabajando sin parar durante varias noches en un nuevo radar. Trabajó tanto en él que perdió muchas horas para dormir y se le notaba en su rostro cansado.

—Espero que funcione el radar, —agregó Burnette sobando sus propios brazos nerviosas.

—¡Oh sí! Eres la astrofísica más inteligente de todas y tú, mejor que nadie, sabe lo que hay en esos Wormholes —le aseguró Kukui con una sonrisa confiada—. Estoy convencido que tu radar funcionará con la misma potencia que un Hyper Beam, ¡sí!

—En verdad espero que sí, —comentó la mujer acercándose más al cuerpo de su esposo buscando calor y consuelo.

—Ya verás que sí, —Kukui la abrazó preocupado, se le notaba lo nerviosa que estaba su esposa.

La científica esperaba que con ese radar pudieran prevenir el último accidente. El problema de la última misión fue que perdieron comunicación y básicamente se vieron obligados a caminar a ciegas sin saber en dónde se encontraba su objetivo. Con este radar, Brunette esperaba que si fueran atacados, por lo menos sabrían de dónde vendría el ataque. Lo revisó muchísimas veces y estaba convencida que estaba correctamente calibrado. El zumbido del celular de Kukui los distrajo y al ver un mensaje de la campeona de Sinnoh, Kukui sonrió:

—Bueno, nuestros escoltas llegaron. Iré a recibirlos.

El hombre no se fue hasta darle un dulce y firme beso en la frente, dejando a su esposa sonrojada atrás.


—¡Whoo! Llegaron, ¡Alola! —gritó Kukui esforzándose para ignorar la clara tensión que había en el grupo que se acercaba a él.

Cynthia lideraba al grupo junto a Alder y por su manera de caminar, la campeona se le veía más relajada de lo que esperaba. Barry y Dawn los seguían de cerca, con pequeños pasos inseguros y nerviosos. Lucas se encontraba hasta atrás del grupo con sus manos en el bolsillo y la gorra lo suficientemente abajo para cubrirle la cara. Estaba avergonzado y el silencio era lo único que lo resguardaba.

La entrada hacia la Ruta 14 se encontraba vacía con un par de policías vigilando la entrada. Después de pasar por el puesto de control (en donde revisaban sus pertenencias e identificaciones), el grupo salió a la ruta envuelta en niebla.

El clima cambió mucho, Undella Town se desenvolvía en un ambiente caluroso y pintoresco lleno de palmeras y arena, con pura alegría floreciendo en la flora tropical. Pero en la Ruta 14, todo cambiaba de manera impresionante: la temperatura bajaba, el sol se ocultaba y había tanta niebla que parecían estar caminando entre las nubes.

Lucas estaba demasiado ocupado viendo al pasto bajo sus pies como para notar que el profesor no venía solo, junto a él estaba una hermosa mujer de cabello blanco esperándolos. Dawn notó preocupada las enormes ojeras, Barry pensó por un momento que eran moretones por lo pronunciadas que estaban.

—Ella es mi esposa Burnette.

—Mucho gusto, —dijo la científica con una sonrisa tímida, tomando la mano de Cynthia y luego la de Alder—. Muchas gracias por venir aquí.

—Mi nombre es Dawn, gracias a ustedes por traernos, —agregó Dawn atrás, luego tomó la mano de Burnette con el mismo profesionalismo que los campeones sorprendiendo un poco a la adulta—. No queremos interferir en su investigación, pero queremos explorar las rutas autorizadas.

—¡Sí! Yo quiero ver Pokemons pelea y Dawn quiere buscar un Shuckle, me llamo Barry, —el muchacho tomó la mano de la científica con muchísima energía sacudiéndola un poco demasiado fuerte—. Es un placer, señorita con ojeras.

Sintió un golpe en el brazo, Dawn estaba acostumbrada a corregirlo pero ahora estaba considerando seriamente en llevar encima un spray de agua para estas ocasiones. Barry la miró molesto acariciando su brazo, fue un golpe fuerte. No doloroso, pero definitivamente fuerte.

—Está bien, —dijo Burnette con una sonrisa incómoda y forzada—. Admito que he trabajado… horas extras los últimos días.

—Y él, cielo, es Lucas, —Kukui apareció a lado del muchacho y lo tomó del hombro con un abrazo amistoso, dejando claro que no quería excluirlo… algo que Lucas hubiese preferido, pues lo merecía—. Ella es mi esposa, Burnette, muy linda ¿verdad?

—Mucho gusto, —Lucas le hubiera gustado ser más amable, pero se sentía fatal en ese momento.

Desde su discusión con Cynthia, el muchacho se negaba a hablarle a sus amigos. Se sentía avergonzado y la frialdad de la campeona hacia él no ayudaba. A penas habían pasado varias horas desde la discusión y sentía como si fuese una eternidad. Jamás pensó que unas pocas palabras arruinaran algo tan importante en su vida.

—En fin, si surge algo les contaré cuando regresemos, —Kukui le dio un golpe amistoso en el brazo al muchacho con su sonrisa confiada, esta vez no se sentía falsa—. Cuando regrese, tú y yo hablaremos de ese libro que tienes primo Lucas ¡sí! Disfruten las rutas autorizadas, la ruta 14 es muy entretenida, ¡oh sí!

Los campeones se acercaron a Barry y Dawn, Lucas no puso mucha atención ya que se encontraba buscando entender las emociones en su cabeza, demasiado confundido con sus propios sentimientos. En serio, ¿qué le estaba pasando? Jamás había sido tan agresivo con alguien en su vida, ¿por qué ahora lo era? Sobretodo con alguien como Cynthia. No se dio cuenta cuando Alder se acercó y le puso una mano sobre su hombro y casi saltó del susto:

—Ahí tienen cuidado, —le dijo Alder con un tono firme y autoritario, pudo ver a Cynthia desde lejos quien le asintió la cabeza. Lucas quiso decir algo, pero no encontró una sola palabra o una voz que saliera de su boca, y así se separaron para irse con Burnette y Kukui.

Lucas se sintió triste de no haberse despedido bien de la campeona, él sabía que el tema de Team Galactic era uno delicado. Según le contó Cyrus, en su última batalla en la otra dimensión, había peleado contra ella y le ganó. Jamás escuchó una confirmación por parte de ella, pero cuando le preguntó no se lo negó. Eso solía ser un sí en su idioma y, con lo orgullosa que era Cynthia, seguramente le resultaba muy dolorosa esa derrota. Y él, sabiendo eso, se lo echó en cara como si fuese superior a ella, como un perfecto idiota.

—¿Lucas? —era Dawn que se acercó a él, la miró y podía ver en sus ojos la preocupación que sentía por él. No estaba enojada o asqueada, genuinamente se le veía preocupada—. ¿Estás listo?

—Te necesito atento y activo, mi amigo, —agregó Barry sacudiéndolo de los hombros, si tan solo su energía fuese contagiosa como solía ser su sonrisa—. La Ruta 14 será un poco confusa con la niebla, pero no es nada que no podamos manejar. ¡Si te pierdes te pongo multa! ¡Y si te caes, doble multa!

Lucas los vio con una mirada triste, dos amigos que lo aceptaban después de lo que hizo… definitivamente no los merecía.

—Vayan ustedes, yo los espero aquí en la entrada, —Lucas se soltó del agarre de Barry y se sentó en un banco de concreto que había cerca de la entrada dejándose caer débilmente—. La verdad no tengo muchas ganas de explorar.

—¡Lucas! ¡No! —dijo Barry preocupado, conocía a su amigo y estaba usando su tono de derrota, no le gustaba cuando se ponía así. Era peligroso.

—Por favor, —el tono que usó para suplicarles era claramente triste—. Necesito estar solo un rato.

Dawn trató de decirle algo, pero Barry la detuvo sujetándola del hombro. Sus años de amistad, aunque no fuera perfecta, era legítima y el muchacho entendía los sentimientos de Lucas. Cuando se ponía así, era mejor dejarlo solo un rato para que se le pasara. Lo fue así durante el divorcio y eventual muerte de su papá… llevaba años de no escuchar ese tono.

Pero Dawn estaba lejos de rendirse, se soltó del agarre de Barry y se acercó a Lucas.

—No me quiero ir sin ti, —le dijo Dawn hincándose frente a Lucas, claramente estaba pensando cuidadosamente las palabras que usaba—. Sé que estás triste por tu pelea con Cynthia, pero no te quiero dejar solo.

—Perdón, pero necesito pensar y no quiero molestarlos, —Lucas bajó su cabeza apoyando sus brazos en sus rodillas—. Vayan sin mi, te lo pido por favor.

Antes que pudiera discutirle más, Barry la tomó del hombro y se alejaron. El rubio reconocía el comportamiento de Lucas y sabía que si le insistían más, seguramente volvería a tirar una rabieta como lo hizo con Cynthia. Pensó que era mejor evitar una pelea entre él y Dawn, era lo último que Lucas necesitaba.

Escuchó sus paso alejarse y cuando levantó la vista, vio como las figuras de sus dos mejores amigos desaparecieron en la niebla. Se quedó un rato sentado en ese banco en la entrada, convencido que podría esperarlos hasta que alguno apareciera. Después de un rato decidió adentrarse un poco al bosque al encontrarse con turistas que lo miraban de reojo cada vez que entraban o salían. No necesitaba la vista prejuiciosa de unos extraños para empeorar su día.

Caminar a través de la niebla parecía fácil, pero rápidamente se encontró con un paso casi ciego entre los árboles. La niebla se ponía cada vez más pesada y los troncos de los árboles se veían surrealistas al no poder ver sus ramas por la cantidad de niebla que había.

Escuchó un ruido y al volver la vista, no se encontró con algo o alguien. Volvió a caminar y juró ver una sombra en el rabillo de sus ojos, seguramente el estrés lo estaba haciendo ver cosas. Finalmente se sentó en el suelo y se apoyó sobre un tronco caído que había en el piso, esperando poder reflexionar en sus acciones y entender qué tenía de mal para poderlo arreglar.

Respiró profundo, el aire tenía un olor parecido la pino. No era como el de Sinnoh, aquí no dolía respirar porque no hacía el frío que había en casa. Era un olor a árboles, a bosque y era uno fresco que se sintió bien en su pecho.

Volvió a respirar, sintió su cabeza pesada y la apoyó sobre el tronco. Era extraño, no recordaba sentirse tan cansado cuando llegó. Volvió a respirar y ahora el resto de su cuerpo se sintió pesado. La gravedad se sintió más densa y su cuerpo se deslizó del tronco para caer completamente al suelo, su cara estaba apoyada contra la grama y el cerebro de Lucas no registraba bien lo que ocurría. No vio que alguien lo acompañaba en su sombra y poco a poco perdía la sensación del pasto sobre sus mejillas. Volvió a respirar profundo y sus ojos se cerraron.


—Entonces Kukui, —dijo Cynthia caminando entre la niebla, sintiendo que algo estaba mal sin poderlo explicar—. Cuéntanos, ¿qué está pasando?

—Siempre dando golpes directos, ¿verdad prima? —Kukui le dio una sonrisa y Alder se preguntó si el profesor era físicamente capaz de estar serio por un segundo—. Verán, Brunnie es experta en estudiar Wormholes, ¿saben lo que son?

—Espero que no tenga que ver con monstruos de otras dimensiones, —Alder miró a Cynthia y cuando le encontró con una ceja levantada y una sonrisa compadecida, el hombre suspiró frustrado—. Tiene que ver con monstruos de otras dimensiones, ¿verdad?

—¿Cómo lo sabes? —preguntó sorprendida Brunette levantando su vista del radar, que parecía estar emitiendo un sonido extraño.

—Bueno, tu esposo está lastimado y "Wormholes" suena a algo sacado de una película de horror con monstruos, —respondió Alder.

—Sí, pero "bestias" es un mejor término para nuestro problema, —explicó Kukui quien poco a poco se desvaneció su sonrisa—. Brunnie recibió de unos colegas científicos datos registrados que parecían relacionarse mucho con tu material de estudio, ¿verdad cielo?

—Así es, —asintió Brunette—. Verán, yo estudio esas anomalías topológicas de espacio-tiempo con la esperanza de comprender la energía que emerge de ellas. Entendiendo la energía como la capacidad de un sistema para desarrollar un trabajo pero nuestra teoría y técnica está limitada a las dimensiones real-racionales de nuestra propia realidad racional tecnológica; y además tengo la teoría que podría existir en esos agujeros nuevas dimensiones de energía o que esa misma energía podría ser en realidad diferentes especies de seres vivos y que lo confundimos como entidades rellenas de energía que no podemos interpretar…. Perdón, ¿fui muy rápida?

—Para nada, —respondió Cynthia seriamente interesada—. Básicamente buscas una nueva manera de entender la energía a través de estos "Wormholes".

—Con la teoría que esa energía podría ser en realidad… seres vivos, —agregó Alder incómodo.

—Básicamente sí, —respondió Brunette—. Verán, la información que me enviaron mis compañeros era una lectura que no podían interpretar, parecía una clase de energía inmensurable que creaba una clase de interferencia en sus máquinas.

Alder no era alguien supersticioso, pero después de perder ante un niño capaz de hablar con Pokemons aliado con un dragón celestial de leyendas, todo parecía sombríamente posible. Cynthia no lo dudó ni por un segundo, ya había viajado a otra dimensión con Lucas… pensar en el muchacho la preocupó, esperaba que estuviese bien.

—La fuente de esa energía se ubicaba aquí en la Ruta 14, —continuó explicando Brunette—. Y mi esposo, Kukui, me hizo el favor con el novio de una amiga investigar el lugar para buscar muestras físicas.

—Fue ahí cuando fuimos atacado por algo, no sabemos si era un Pokemón o no pero tenemos la hipótesis que fue un Ultra Beast, —agregó Kukui seriamente, su sonrisa ya no estaba presente en su rostro.

—Un. ¿Qué? —preguntó preocupado Alder.


Se sentía liviano, como si estuviera flotando en un cuerpo de agua. Lucas trató de moverse pero era incapaz de hacerlo. ¿Qué estaba pasando? ¿Estaba soñando?

Tenía que ser un sueño, estaba convencido que seguía con vida y trató de respirar profundo para confirmarlo. Pero no pudo, miró su pecho moverse pero no sintió el aire entrar por su nariz o pasar por sus pulmones. Trató de moverse otra vez, pero seguía sin lograrlo, finalmente parpadeó un par de veces y se encontró sentado en una banqueta, de aquellas que mirabas en los parques.

Estaba sentado en un parque, al principio no lo reconocía pero luego quedó convencido que estaba en Twin Leaf Town, en el mismo parque donde pasó horas de su niñez con Barry. Ahí podía ver los columpios oxidados, los juegos de madera con resbaladeros de plástico y el pasamanos conectado con una caja de arena abajo.

Trató de levantarse, pero su cuerpo no se movía. Podría luchar para mover sus piernas, pero era demasiado trabajo.

En el parque pudo verse a él mismo de niño, con pantalones cortos y una bandita sobre su nariz. Estaba sentado en la caja de arena y muchos niños alrededor suyo lo ignoraban. Pudo ver cómo su cuerpo infantil empezó a crecer, pero se mantenía sentado en la caja de arena sin moverse. Su figura continuaba envejeciendo sin parar y antes que pudiera entender lo que veía, pudo ver cómo su cuerpo lleno de arrugas se desvanecía en una nube de polvo. Los niños continuaban cantando y Lucas había presenciado su propia muerte. Sintió cómo algo abajo de su piel empezó a arrastrarse entre sus huesos, fue una de las peores sensaciones de su vida.

El ambiente cambió y ahora se encontraba solo. No sabía en donde, pero estaba solo. Pensó que lo estaba hasta que sintió a alguien sentarse a su lado. No podía darse la vuelta, pero sabía que era su papá. El mismo hombre que engañó a su madre, el mismo hombre que dejó de llamarlo cada Sábado por la tarde después de dos años. Encontró nuevas mujeres y después encontró la muerte en aquel accidente. ¿Fue en un barco o en un yate? ¿Estaba sobrio cuando cayó al mar aquella noche estrellada?

Lucas sabía que a su lado se encontraba su papá, quería escapar… pero levantarse era demasiado trabajo.

Escuchó un grito desgarrado, quiso levantarse pero no pudo… era demasiado trabajo…

Sintió alguien jalarlo del pantalón, finalmente movió un músculo bajando su cabeza y encontró a un Turtwig… no, su Turtwig llamando su atención. Se veía exactamente igual que aquel día que el Porfesor Rowan se lo obsequió: gordito y con ojos llenos de energías y esperanzas.

El pequeño Turtwig le lloraba nervioso, ¿sentía la presencia de su papá también? Lucas no estaba seguro, pero podía sentir la mirada de su padre atrás suyo. Siempre lo miraba con una sonrisa que no se veía en sus ojos, siempre lo miraba con ese cansancio y pereza que tanto odiaba… pereza… un perezoso… igual que él…

Turtwig dejó de llorarle para empezar a caminar hacia la nada, Lucas sintió el impulso urgente de querer seguirlo… pero levantarse era demasiado trabajo. Escuchó un chillido más de su pequeño Pokemón. Lo llamaba, lo esperaba.

Trató de levantarse y no pudo, sintió una sombra pesada que lo forzó hacia el suelo cayendo bruscamente al piso. Su mejilla parecía haberse fundido sobre el suelo, pues Lucas se sintió incapaz de levantarse. Un chillido más fuerte de Turtwig lo llenó de pura determinación y poniendo fuerza en sus brazos, Lucas empezó a levantar su cuerpo del suelo. Su cabeza era lo que más pesaba.

¡Wig! —el grito determinado de su pequeño Pokemón era tan fuerte como el rugido de un Torterra—. ¡Wig!

Lo seguía llamando y Lucas no quería dejarlo esperando, no quería dejarlo como lo hizo su papá con él los fines de semana que le tocaba. Las horas interminables de estar esperando a su papá sentando en la entrada de su casa, con su mamá que le aseguraba que ya aparecería. Barry también se sentaba con él, Palmer también lo hizo cuando su papá no llegaba a verlo.

Finalmente logró levantarse y se tambaleó lejos de su papá. No se atrevió a ver atrás, no podía verlo… no quería verlo. Caminó hacia la nada, donde escuchaba a su Turtwig esperándolo. Se sintió más pesado y miró atrás, se dio cuenta que lo que lo andaba jalando era su propia sombra. Podría dejarse llevar por esa sombra, podría dejar se esforzarse y aceptar su miserable destino. Era lo que merecía, lo merecía por ser siempre una carga y un problema para aquellos que lo rodeaban. Cuando se preocupaban por él, dejaban de avanzar. Detenía a Barry, detenía a Dawn, su mamá, Cynthia… a su propio padre y su sueño de ser el mejor entrenador. El campeón del mundo…

¡Wig! —lo seguían llamando—. ¡Wig!

Dio un paso, la sombra se sentía pesada. Dio un paso más, la sombra parecía aferrarse a él con una fuerza inexplicable. Miró para atrás y se dio cuenta que algo lo sujetaba de las piernas, un algo que tenía un par de ojos que parecían velas en la oscuridad. Dos ojos penetrantes lo acosaban. Pero no se podía rendir, su Turtwig lo esperaba. Al dar el tercer paso, Lucas finalmente se tropezó y al caer al piso…


Se sintió como salir del agua antes de ahogarse, Lucas empezó a respirar rápido intentando agarrar todo el oxígeno que parecía haber perdido. Su pecho se sentía en llamas y empezó a toser sin control, tenía un sabor asqueroso en su boca y su cabeza seguía dando vueltas. Algo parecía estar empujándolo ligeramente y cuando finalmente pudo ajustar su vista, encontró a su Torterra viéndolo angustiado.

Sin pensarlo dos veces, Lucas se lanzó a abrazar a su Pokemón tomándolo fuertemente del cuello (evadiendo sus enormes púas). El Pokemón movió su cabeza, como tratando de acariciar a Lucas, seguramente sentía su estrés y quería consolarlo. El muchacho no podía explicar cómo se había salido de su Pokeball, pero por Arceus que lo agradecía, esa pesadilla lo estaba devorando y no sabía qué hubiera pasado si continuaba así.

Torterra soltó un pequeño gruñido y al voltear la cabeza, Lucas encontró esa sombra de sus sueños viéndolo fijamente. Sus dos ojos como candelas se iluminaban alrededor de su cuerpo tenebroso y oscuro. Todavía teniendo problemas para respirar, Lucas básicamente se arrancó su pañuelo rojo que siempre usaba y continuó buscando ese aire que le seguía faltando. La sombra desapareció, pero Torterra se quedó atento observando sus alrededores.

Sin poder parar de toser, Torterra se acercó a su entrenador que en serio tenía problemas para respirar. Era como si alguien hubiese intentado drenarle toda su energía y si seguía así, seguramente terminaría muriéndose. Torterra olfateó a su entrenador, esa sombra dejó un poco de rastro en Lucas y le preocupaba enormemente.

Otros ojos se asomaron por la niebla y un Luxray apareció frente a Lucas y Torterra. El muchacho dejó de toser, pero seguía sintiendo un peso inexplicable en su pecho que no le permitía respirar bien. Jadeaba con fuerzas y se dio cuenta que ese Luxray se acercó demasiado rápido hacia él y si su Torterra no reaccionó, solo podía significar algo.

—¡Lucas! —reconocía esa voz.

—¿B-barry? —dijo Lucas suavemente entre jadeos.

Antes que pudiera entender bien lo que pasaba, dos figuras se acercaron a él y Barry se lanzó al suelo para revisar a su amigo. Dawn también lo hizo y al ver a Lucas así de mal, casi entró en pánico.

—¿Qué te pasó? —preguntó aterrada Dawn, puso dos de sus dedos en el cuello de Lucas y sintió cómo su sangre palpitaba dentro de sus venas demasiado rápido.

—Nos cuentas después, —dijo Barry tomándolo del brazo y levantándolo sobre su hombro, evidentemente le costaba pero el rubio se negó a rendirse—. ¡Rápido! ¡Llama a la Sra. Cynthia! ¡Doctor! ¡Ahora!


Cynthia sentía que algo estaba mal con el ambiente, estaba convencida que no era la única que lo sentía al ver que Alder estaba igual de tenso y callado a su lado. Sintió un poco de lástima por él, conocía sus caras y ahora parecía tener una seria que en realidad ocultaba un poco de miedo.

—Calladito te ves más bonito, —le comentó Cynthia al ex-campeón tratando de aligerar el ambiente, lo único consiguió es que Alder la viera un poco extrañado. Cynthia quitó su vista rápidamente del hombre, su intento de bromear definitivamente fracasó en proporciones épicas, notó que Alder temblaba un poco—. ¿Cómo vas, grandote? ¿Tienes miedo?

—¿Miedo? Nah, —respondió honestamente Alder sacudiendo un escalofrío—. ¿Un mal presentimiento? Definitivamente.

Cynthia se pasó una mano por sus brazos… por alguna razón la temperatura parecía haber bajado considerablemente… Alder la miró preocupado y lo notó que también temblaba un poco. Entonces no solo era ella quien sentía frío. Se vieron a los ojos y ambos supieron que algo estaba mal con el clima: hacía demasiado frío que no se alineaba con esta ruta. Claro, la Ruta 14 era más fresca que Undella Town… pero jamás con temperaturas tan bajas. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escucharon a Brunette pegándole frustrada a su aparato, parecía tener problemas técnicos allá adelante.

—¿Pasa algo? —preguntó Alder preocupado.

—No es nada, primo, —respondió Kukui tratando de sonar tranquilo—. Solo tenemos unas pequeñas dificultades técnicas.

—No lo entiendo, —dijo Brunette entre gruñidos frustrados—. Revisé el aparato cuando llegamos a la ruta, debería de estar funcionando.

El pequeño grupo se detuvo y ambos entrenadores se acercaron a los profesores. Brunette traía con ella una clase de aparato que parecía un tipo de radar, había una estática en la pantalla que seguramente mostraba el error que frustraba a la profesora.

—Brunnie, esta interferencia… —Kukui sacó una Pokeball liberando a su Ninetails blanco—. Es la misma que interrumpió la nuestra con el Primo Coco, ¿verdad?

—No sabría decirte, —respondió Brunette nerviosa.

Alder y Cynthia sacaron sus Pokemons también. Garchom y Drudigon se materializaron.

—Kukui… esa interferencia… está aquí con nosotros, —dijo Brunette y su piel bronceada perdió todo su color—. Está aquí.

—¿Dónde? —preguntó tenso Kukui.

Ambos entrenadores empezaron a ver sus alrededores frenéticamente. La niebla estaba pesada y eso no los ayudaba.

—No lo sé, pero aquí.

—Al diablo con esto, —dijo Cynthia sacando una segunda Pokeball—. Togekiss, usa Defog.

Tanto Alder como Kukui sintieron el impulso de detenerla, pues quitar la niebla también los expondría ante ese Pokemón monstruoso. Pero al final del día, ambos entrenadores entendieron que Cynthia tenía razón: necesitaban afrontarse con este Pokemón de una vez por todas. El Pokemón volador empezó a iluminarse con un aura y después de dar varias piruetas, la niebla fue desapareciendo poco a poco. Al terminar, le agradeció a Togekiss y lo regresó a su Pokeball.

Cynthia respiró profundo y una densa capa de vaho se formó entre sus labios. Definitivamente hacía demasiado frío y no era una buena señal.

—¿E-está… nevando? —preguntó confundida Brunette temblando del frío.

Efectivamente, vieron como unos pequeños copos de nieve empezaron a caer del cielo.

—¿Esto… es normal? —preguntó Kukui mirando a Alder, quien lentamente negó con su cabeza muy desconfiado ante la situación.

Pronto, los pequeños copos se volvieron muchos y antes de poder reaccionar, una enorme ventisca los azotó bruscamente. Kukui y Alder lograron mantenerse de pie por su peso, Cynthia y Brunette volaron un par de metros con la amenaza de caer sobre el suelo inestable de la Ruta 14. Para la suerte de Cynthia, su Garchomp la atrapó en un abrir y cerrar de ojos, pero Brunette no tuvo la misma suerte.

—¡Brunette! —gritó Kukui aterrado corriendo hacia su esposa, quien quedó tendida en el suelo.

—¡Alder! —gritó Cynthia notando una sombra atrás de su compañero, quien la veía preocupado ignorando sus alrededores—. ¡Atrás tuyo!

Antes de poder darse la vuelta, otra enorme ventisca salió disparada hacia a él y a su Druddigon. El Pokemón tipo Dragón saltó en frente de su entrenador para protegerlo y gimió adolorido al sentir el impacto helado sobre su espalda. Cynthia encontró a su Garchomp jadeando un poco… esta ataque…

—¡Eso fue un Blizzard directo! —gritó Kukui con su esposa entre sus brazos reconociendo esas bruscas ventiscas, su Ninetails se paró frente a la pareja y gruñó ferozmente.

—¡Garchomp! ¡Usa Flamethrower!

El Pokemón tipo dragón soltó a su entrenadora y saltó a la batalla, la nieve se intensificó y aunque recibiera fuertes ráfagas de viento con nieve, Garchomp fue capaz de lanzar un Flamethrower potente contra la sombra. La sombra logró evadirlo y cuando Alder se levantó, reconoció el Pokemón.

—¿Abomasnow? —gritó confundido—. ¿Qué hace un Abomasnow aquí?

Antes de poder responder a su pregunta, el Pokemón monstruo rugió fuertemente y los tres entrenadores se prepararon para seguir atacando. La nieve se intensificó y Alder regresó a su Druddigon debilitado sacando a su Volcarona. Al momento que el insecto se materializó, grandes ondas calientes salieron de sus alas amenazando el frío de Abomasnow.

—¡Overheat!

Con sus alas envueltas en llamas, Volcarona logró darle un golpe directo a Abomasnow noqueándolo instantáneamente. Cynthia se acercó a Alder y ambos vieron preocupados al Pokemón. Brunette se acercó a ellos cojeando con una pierna lastimado, con Kukui sujetándola firmemente. Sacó de su bolsillo una HealBall y se lo lanzó al Pokemón, quien rápidamente quedó atrapado sin problemas.

Alder miró la Pokebola intensamente, claramente algo estaba mal. En Unova no habían Abomasnows, era un hecho que él había corroborado con todos sus años de viaje alrededor de la región. Por la forma que los atacó y su apariencia desatendida, claramente era salvaje y no mostraba a primera vista señales de domesticación. ¿Tal vez un Pokemón abandonado?

—Este no fue el mismo Pokemón que nos atacó la vez pasada, —aclaró Kukui—. Fuimos atacados por un Pokemón tipo tierra… no un Abomasnow.

—Este Abomasnow tiene algo raro, —comentó Brunette un poco adolorida—. Creo que es lo que estuvo haciendo interferencia con mi radar.

Cynthia acarició a su Garchomp agradecida, sabía que su Pokemón le dolía recibir ataques tipo hielo al ser su mayor debilidad, pero siempre lograba salir hacia delante su valiente dragona. Apoyó su frente sobre la suya y le agradeció de corazón. Alder hizo algo parecido felicitando a su Volcarona antes de regresarlo.

—¿Estás bien? —preguntó Alder preocupado separándose de su Pokemón al notar la pierna herida de Brunette.

—Sí, solo es un pequeño rasguño, —comentó la profesora con una sonrisa—. Nada de que preocuparse.

—Supuestamente estaba aquí para protegerte… y saliste herida… —dijo Kukui viéndola con una culpabilidad abosluta e incuestionable—. Mi amor… yo..

—Cielo, está bien, —aseguró Brunette acariciando la mejilla de su esposo—. Tú y Ninetails saltaron a protegerme tan pronto caí en el suelo, si no lo hubieran hecho seguro habría volado más.

Sin previo aviso, Kukui levantó a su esposa entre sus brazos y la cargó fácilmente… exactamente de la misma manera que lo hizo el día que se casaron.

—P-puedo caminar, —comentó apenada Brunette, quien empezó a sentir sus mejillas calentarse de la vergüenza.

—Lo sé, —le respondió su esposo viéndola a los ojos, su mirada desprendía una adoración absoluta que hizo que la pobre científica casi se muriera en el momento—. Y yo te voy a cargar.

Alder le costó no reírse ahí y en ese momento, era claro el amor que sentían el uno por el otro. Jamás sintió esa intensidad amorosa con su última pareja, considerando lo poco que duró con ella, pero era lindo ver a otras personas que sí lo habían encontrado. Pensó en Cynthia y se dio la vuelta para encontrarla revisando a su Garchomp.

—¿Está bien tu niña consentida? —le preguntó Alder, la campeona se encontraba usando medicina en la piel lastimada de Garchomp.

—Está un poco lastimada, nada serio pero aún lastimada, —respondió la campeona.

Alder se acercó y acarició a Garchomp, la dragona aceptó sus caricias fácilmente y no pudo evitar sonreír. Afuera de las batallas, esta dragona que causaba pesadillas a miles de entrenadores era una niña mimada que adoraba la atención. Estaba bien, merecía ser querida.

Al terminar de atenderla, Cynthia regresó a su dragona y respiró profundo. Claramente la misión había terminado y no en una buena nota: alguien salió lastimado y no encontraron la respuesta del ataque que sufrió el profesor días atrás. Cuánto le echó en cara a Lucas que no estaba listo para una misión de este calibre y ahí andaba ella fracasando en su trabajo… la hipocresía era tan clara que casi la hizo sonreír.

—Será mejor que llame a los niños, —comentó Cynthia sacando su celular del bolsillo, pensando todavía en Lucas.

Al sacarlo, se dio cuenta de algo extraño: este se encontraba apagado. Confundida, lo volvió a prender, convencida que quizá el radar de Brunette le había afectado. Al prenderlo, se encontró con treinta llamadas perdidas de Dawn y su corazón se heló. Alder notó su mirada y se preocupó, algo estaba mal.

Rápidamente marcó el número y al llamarla, Dawn le respondió casi en un instante. La respiración de la joven y la clara angustia en su voz la asustó muchísimo.

—Dawn, ¿qué pasó?

—E-es Lucas, —respondió Dawn entre lágrimas—. Algo lo atacó. Estamos en el hospital.


Notas del autor.

Sale mi mano del suelo del cementerio, la noche de los muertos vivientes comenzó, ¡estoy con vida! Llevo meses tratando de escribir este capítulo, pero nunca quedaba conforme y tener tanto trabajo no ayudaba en absoluto. Espero que estén disfrutando la historia y agradezco muchísimo sus comentarios (para ser franca: si no fuera por los comentarios dejaría de escribir, ¡así que gracias por animarme!).
Notas de la pesadilla de Lucas: intenté explorar su psique tratando de aludir a lo poco predecible e ilógicos que son los sueños. Si hay algo que odio de los sueños en los medios de entretenimiento (sobretodo en fanfics) es que sean siempre una representación exacta de los problemas que el personaje está afrontando en el momento. Me refiero... ¿alguna vez han soñado una recreación exacta de lo que están viviendo? En mi experiencia, por lo menos, las pesadillas y los sueños se materializan esos temores que ocultamos en el subconsciente. Espero que haya logrado transmitir esa parte caótica en la mente de Lucas (no se preocupen, seguirá sufriendo de otras maneras a lo largo de la historia. La pubertad es un sufrimiento.)

Felices fiestas, ¡tal vez tenga el siguiente capítulo antes del 2019! (Tal vez... seguramente... ¿o no? Quién sabe, pero terminaré esta historia.)

Todo comentario es agradecido :)