Capítulo 6: El Regalo más Grande

Lucas no recobró el conocimiento hasta la quinta vez que se levantó. Pasó toda la noche despertándose por pequeños períodos para volver a caer inconsciente a los pocos momentos de abrir los ojos. Se retorció en su cama sin saber lo que sufría, pero lo único que podía recordar de aquellas horas era el frío y el sudor que lo mantuvo envuelto.

En el momento que finalmente abrió sus ojos y reconoció sus alrededores, fue la quinta vez cuando se encontró en el cuarto de un hospital y le tomó un par de minutos para poder procesar lo que estaba ocurriendo.

La luz del cuarto era brindada por aquella que entraba por la ventana, claramente marcando las horas de la mañana. Lucas trató de mover su cabeza para ver sus alrededores, pero al intentarlo sintió su cuello rígido y altamente tenso. Soltó un gemido molesto y adolorido, llamando la atención de la única persona que se encontraba con él en el cuarto.

—¡Lucas! —dijo una voz.

El muchacho registró el sonido… pero no reconoció la voz. Miró por un buen minuto a la persona que le habló y por un segundo juró ver los mismos ojos candela que lo habían acechado en su horrenda pesadilla.

—Lucas, estás bien, estás a salvo, —le aseguró la voz al ver el pánico en los ojos del muchacho.

Ignorando el dolor en su cuello, cerró sus ojos y se frotó su rostro de manera insistente. Cuando regresó su vista a su acompañante, finalmente pudo reconocer que se encontraba solo en un cuarto con Cynthia. La mujer se encontraba apoyada sobre su cama poniendo su mano sobre su frente.

—Estás helado… por lo menos ya no tienes fiebre… —dijo la mujer, Lucas pudo ver las grandes sombras bajo sus ojos—. Por la manera que me miras, me imagino que estás un poco perdido… ¿verdad?

—Tiempo… —Lucas se sentó bien apoyando su espalda sobre la almohada y tratando de ubicarse mejor. Lo único que recordaba era la pesadilla y su mente parecía estar lleno de vacíos que no le permitían pensar bien—. ¿Qué pasa?

—¿Sabes quién soy? —preguntó la mujer, quien trató de sonar tranquila claramente fallando.

—Sí tú eres… —Lucas se sorprendió que tuvo que pensar un poco antes de responder—. Cynthia… ¿verdad?

—Santo Arceus Lucas, —la campeona se cubrió el rostro asustada alejándose de la cama—. ¿Pero qué te pasó?

Escuchar ese tono de voz viniendo de ella pareció conectar cosas en su mente, recordó entonces su pelea con ella y la culpabilidad una vez más lo atacó sin piedad.

—Cynthia… tú… yo… —sabía lo que quería decir pero su boca no estaba sincronizada con su cabeza—. Discul-pe… lo sentí… ¿Perdón?

La campeona lo miró cubriendo su propia boca con su mano, claramente analizando cada movimiento que hacía. La mujer respiró profundo y se sentó a su lado en la cama. Según ella, se estaba disculpando por estar en el hospital.

—Lucas, ayer Barry y Dawn te encontraron en la Ruta 14 en una extraña clase de fatiga que no te permitía respirar, —le explicó la campeona—. Los doctores creen que fuiste atacado por un Pokemón tipo fantasma, ya que presentas síntomas de haber sido afectado con el ataque Curse… ¿entiendes lo que digo?

Lucas asintió.

—Ahora, cuando un humano es atacado por un Pokemón fantasma, te da como una clase de ataque de asma, es la mejor comparación que se me ocurre, —continuó la campeona—. Pero lo tuyo fue mucho más grave y ayer estuvieron cerca de ingresarte a Cuidados Intensivos en algún punto de la madrugada porque empezaste a tener complicaciones para respirar, casi te da un paro cardiaco… y ahora parece que tienes problemas para hablar… ¿recuerdas algo de lo que pasó?

Los recuerdos y los detalles de la pesadilla se hicieron más presentes y hasta cierto punto incluso doloroso. Lo único que tenía claro en su cabeza era la horrenda pesadilla, todavía podía sentir la presencia de su difunto padre y el torbellino de emociones que por un momento pensó que lo mataría. Pero también recordó pequeños detalles y recuerdos… como aquel donde se encontraba sentado en la entrada de su casa esperando a su papá con la compañía de su viejo y queridísimo amigo.

—Barry, —dijo Lucas logrando formular su primera palabra sin tartamudear—. ¿Dón-de está?

—Él y Dawn están en la casa de la playa, —dijo Cynthia—. Están muy preocupados por ti.

Aunque su cabeza aún no estuviese trabajando como debía, la culpa definitivamente funcionaba bien. La sintió presente y ardiente en su cerebro y se hizo ver en su cara.

—Lucas, lo que sea que estés pensando, déjalo, —la campeona se acercó a él y lo abrazó. Era un abrazo cariñoso que definitivamente despertó emociones más bienvenidas que la culpa—. Estás bien. Estás a salvo. Perdóname por no haber estado ahí.

¿Ella se estaba disculpando con él, cuando fue él quien la trató mal a ella en primer lugar? Atragantándose con varias lágrimas, Lucas la abrazó de regreso y empezó a llorar en silencio. Ahora ya no sentía culpa, pero era algo doloroso que definitivamente le recordó lo afortunado que era. Tenía a su Torterra que lo salvó de la pesadilla, Dawn y Barry que siempre pensaban en él y Cynthia, la mejor campeona de Sinnoh, quien ni siquiera recordaba su pelea por lo preocupada que estaba por él. Él, un niño mocoso de Twinleaf Town que no merecía personas tan increíbles en su vida.

—Sabes, es curioso que tú seas el más emocional de los tres, —le dijo Cynthia sin soltarlo sintiendo un par de lágrimas cayendo de sus propios ojos—. ¡Hasta ya me hiciste llorar a mi!

Lucas la abrazó más fuerte y continuó llorando con más fuerza.


Un doctor apareció para revisar su estado de salud horas después y le dio el alta. Algo interesante de los ataques tipo fantasma en los humanos era que sus efectos no solían durar más de 3 horas. La primera hora desde el momento del ataque era la más peligrosa, ya que ahí el cuerpo humano empieza a ser atacado con síntomas peligrosos: espasmos en los pulmones, falta de aire y muchas veces pérdida del conocimiento debido a la falta de oxígeno.

El caso de Lucas duró demasiado, más de 10 horas. Era normal tener efectos secundarios después (mucha hambre y fatiga) y el doctor le recomendó que no hiciera nada intenso en las próximas 48 horas. Cynthia se encontraba con él y después de hablar con el doctor, el hombre los dejó solos en la habitación una vez más.

—Una vez que te bañes, nos iremos a casa, —le dijo Cynthia—. Te prometo que cuando lleguemos, te contaré todo de cómo nos fue a Alder y a mi en la misión.

Honestamente había olvidado por completo la misión que tenían con Kukui. Parpadeó un par de veces y lo único que tenía molestándolo en su mente era la presencia de su papá en su sueño. Aunque ya pudiera hablar bien, se encontraba distraído y muy callado.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Cynthia preocupada y un poco sorprendida que no le comentara nada de la misión.

—¿Creo que cansado? —dijo Lucas un poco confundido, no era un cansancio normal. Sentía que tenía algo en los hombros que se arrastraba con él incluso cuando estaba sentado en su cama—. ¿En dónde están los demás?

—El hospital solo permite un acompañante por paciente, —le aclaró Cynthia—. Y el acompañante debe de ser un mayor de edad. No creas que Barry y Dawn les dio gracia dejarte solo.

Lucas asintió, extrañamente desinteresado. Había algo más en su cabeza que no lo dejaba en paz. Pensar tanto en su papá lo hizo pensar también en su mamá… Johanna. La gran y talentosa Johanna quien regresó después de casi 16 años de su "misterioso" retiro. Necesitaba hablar con ella.

—Cynthia, ¿me podrías dejar solo por un momento? —la mujer se sorprendió por la franqueza del muchacho—. Me gustaría hablar en privado con mi mamá…

—Por supuesto, —la mujer asintió con simpatía—. Iré a hablar con el doctor y traeré el auto.

—¿Tienes un auto? —preguntó sorprendido Lucas, sabía que tenía uno en Sinnoh, ¿pero en Unova?

—En realidad no es mío, Burnet me lo prestó, —respondió Cynthia cruzando sus brazos—. Cuando termines, búscame en la entrada. Te dejé tus cosas ahí y también ropa para que te cambies.

Efectivamente había ropa doblada en la silla a lado de su cama junto a su mochila. ¿Desde cuándo estaban esas cosas ahí? ¿Estar tan desorientado era otro efecto secundario del ataque? Supuso que sí.

Una vez que la campeona lo dejó, se levantó para buscar entre sus cosas su Pokétch y sus Pokebolas. Encontró la de Torterra y lo liberó. El macizo Pokemón miró sus alrededores curioso, pero no parecía muy feliz de estar en un cuarto tan pequeño en donde a penas podía dar un par de pasos sin chocarse con algo. Lucas, todavía vestido con la bata del hospital, se sentó en el suelo y su Torterra se sentó automáticamente a lado de él. El muchacho se apoyó en su Pokemón y respiró profundo.

Lucas había leído en varios libros que el árbol Torterra determinaba mucho su estado de salud. Al sentir el dulce aroma fresco y natural envolver el cuarto, el muchacho sonrió sabiendo que el aroma provenía de su Pokemón. Siempre le gustaba apoyarse en él cuando estaba con mucho estrés, era como apoyarse en un árbol… pero mejor.

Respiró profundo una vez más y miró su Pokétch. Pensó una vez más si en serio llamaría a su mamá ya que no sabía cómo hablarle de un tema tan difícil.

Lucas no era tonto, siempre creció en una casa llena de trofeos viejos de concursos Pokemón. Jamás les dio mucha importancia, solo eran una decoración más en la sala que tenía que tener cuidado de no botar cuando jugaba con el Kangaskhan o el Glameow de su mamá. Pero con el tiempo fue descubriendo que esos trofeos tenían un solo nombre: Johanna. Su mamá.

Una vez que empezó su viaje, Lucas fue descubriendo que su mamá había sido una coordinadora talentosa llena de potencial. Se dio cuenta de su verdadero talento cuando Dawn los obligó a él y a Barry a asistir a un concurso. En los estadios, siempre había una sección con concursantes destacados de cada año desde la fundación del estadio en Hearthome City y Lucas se sorprendió cuando Dawn le enseñó todas las fotos que tenían de su mamá.

Tu apellido es Diamond, ¿verdad? —le preguntó aquella tarde Dawn emocionada, a penas la empezaba a conocer y esa fue la primera vez que la vio alegre por algo—. ¡Amo ver a tu mamá participar! Me refiero, solo he visto VHS en mi casa, mi mamá grabó todas sus actuaciones ya que mostró tener gran control con un Pokemón como Kangaskhan, es uno de los Pokemons más difíciles de entrenar por su naturaleza sobre-protectora con sus crías. ¡Pero Johanna Diamond! ¿Es ella tu mamá?

Lo es, —respondió sorprendido, el pequeño muchacho de once años observó casi asustado la cantidad de fotos que habían de su mamá en aquel mural de premios.

¿Por qué nunca me contaste que tu mamá hacía concursos? —le preguntó Barry molesto aquella tarde en Hearthome—. ¡Eso es genial!

La razón por la cual nunca le contó fue porque jamás le dio importancia. Pero ahora que pensaba de regreso en aquella tarde hace casi cinco años, Lucas se dio cuenta que su mamá dejó de aparecer en el mural el mismo año que él nació…

Respiró profundo una última vez antes de llamarla y cuando marcó el número, no tardó mucho en responder su mamá.

—¡Lucas! ¡Mi Gordo! ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? —le preguntó la mujer al otro lado del teléfono preocupada, había decido hacer una llamada de voz ya que no quería que su mamá lo viera así.

—No te preocupes mamá, ya estoy bien, —le respondió el muchacho, notó que su Torterra movió ligeramente la cabeza con sus ojos todavía cerrados, seguro reconoció la voz de su mamá a lo lejos—. El doctor me dio el alta, pero quería llamarte antes de irme.

—Me alegro que estés bien, —le dijo la mujer—. Cynthia me mantuvo informada todo el tiempo, ¡esa mujer es una santa! En verdad me tranquiliza saber que andas viajando con adultos tan responsables.

—Pensé que te enojarías con ella o algo.

—Los ataques de los Pokemons tipo fantasmas son inevitables, a todos nos pasa. Por suerte el tuyo fue un ataque tranquilo en donde solo tuviste que ingresar al hospital por si las dudas, —respondió Johanna tranquilamente. Lucas supuso que Cynthia evitó compartirle los detalles de su casi-paro cardiaco… la campeona en verdad era una santa.

—¿Tú fuiste atacada alguna vez por un Pokemón fantasma? —le preguntó Lucas, tratando de desviar la conversación.

—¡Ja! Tú no sabes mi Gordo, una vez un rival intentó sabotearme la noche antes de un concurso haciendo que su Hunter usara Curse contra mí mientras dormía, —contó con orgullo su mamá, la mención del concurso lo hizo sentir culpable una vez más… pero ahora era diferente—. Por suerte tenía a Garu conmigo y ella me protegió antes que lograra completar el ataque. Tuve efectos secundarios como fatiga, claro, pero no me afectó por completo gracias a Garu. ¡Por cierto! Deséame suerte, Garu y yo tenemos un concurso hoy y quiero llevar a casa otro listón para añadir a la colección.

Lucas sonrió, Garu la Kangaskhan siempre fue una excelente cuidadora. Escuchar que su mamá estaba lista para participar en un concurso otra vez en verdad lo hacía feliz. Sabía que su mamá era joven, una mamá soltera de apenas 32 años…

—Gordo, ¿estás bien? —le preguntó su mamá preocupado—. Estás respirando raro. ¿Estás llorando?

—Es solo que… cuando me usaron Curse, tuve una pesadilla muy fea mamá, —le confesó Lucas limpiándose un par de lágrimas—. Hoy me di cuenta que… es solo… estoy muy feliz de escuchar que estás participando otra vez en concursos. Que después de todo, regresaste.

—Lucas… —pudo escuchar cómo su mamá se cambió de oreja el teléfono preocupado, la podía imaginar sentándose en el pequeño comedor frente a su cocina—. ¿Qué estás tratando de decir?

—Es solo que… —Lucas sintió su Torterra mover insistentemente su cabeza bajo su brazo, aceptó el consuelo de su Pokemón y respiró profundo—. Papá no dejó de entrenar cuando yo nací... pero tú sí… y yo jamás me di cuenta hasta ahora. Lo dejaste todo cuando eras tan buena.

—Lucas, escúchame con mucha atención, —dijo Johanna con un tono serio y autoritario—. Volvería a dejarlo todo mil veces más si eso significara tenerte otra vez entre mis brazos de bebé. Ser tu mamá vale mucho, mucho, mucho más que unos listones o trofeos. Al final del día, solo sirven para acumular polvo. Pero tú mi Gordo, mi valiente e inteligente niño lindo, eres mi mayor bendición. Jamás, pero jamás pienses que tú fuiste algún tipo de obstáculo en mi vida.

Lucas se secó un par de lágrimas más y escuchó a su mamá haciendo lo mismo a través del Pokétch.

—Sabes, cuando naciste sentí que recuperé algo que había perdido hace mucho tiempo, —confesó Johanna entre lágrimas felices—. Siempre, incluso en mis momentos más alegres cuando ganaba los concursos, sentía que algo me faltaba. Cuando te sostuve por primera vez entre mis brazos, me di cuenta que ese algo era más bien un alguien. Tú eres mi felicidad mi gordo lindo, jamás lo olvides. ¿Está bien?

—Ok mamá… —dijo Lucas tratando de parar de llorar—. Te quiero.

—Y yo a ti Gordo, cuídate mucho y vuélveme a llamar hoy en la noche, ¿está bien?


Notas del Autor: Hay mamás y papás que hacen tanto y jamás se lo reconocen. Johanna seguro es una de aquellas madres que no buscan reconocimiento pero definitivamente lo merece. Yo sé que es un capítulo corto, pero no se preocupen porque ya habrá más. Muchas gracias por leer y comentar y espero que les guste :)