Capítulo 9: Combee's Pops y Temas Tontos de Nerds

Antes de irse del Centro Pokemón, Cynthia decidió revisar unas cosas en la computadora del lugar. Tenía un espacio vacío en su equipo y no sabía con quién llenarlo. Tenía un Eevee que había atrapado hace un par de meses, pero temía traerlo debido a la situación en la Ruta 14. Si alguien en verdad estaba liberando Pokemons en esa área, no eran Pokemons cualquiera, pues el Abomasnow que los atacó tenía un nivel alto que le dio una pelea a su Garchomp, ¿qué haría un pequeño Eevee en este ambiente?

Después de dicho Pokemón no tenía mucho en sus cajas, Cynthia era una entrenadora y era pésima cuando se trataba de atrapar Pokemons. Sí, ayudó a Rowan en su infancia a recolectar información para su Pokedex, pero después de recolectarlo y enviarle uno o dos al profesor para que los viera de cerca, los liberaba. Nunca sintió el deseo de coleccionar Pokemons, prefería quedarse con los que en verdad cuidaría.

Con un fuerte suspiro de pura derrota, Cynthia apagó la computadora con la conclusión que buscaría una solución más tarde. Caminó lejos del área y encontró a Alder en el lobby escondido en los sillones más alejados en una esquina.

Al verle su expresión Cynthia supo que estaba triste, ya estaba empezando a captar la manera en que escondía sus sentimientos pero algo que aprendió fue que sus ojos jamás mentían. Sus ojos morados brillaban, como si estuviera al borde de llorar… Seguro pensaba en Grimsley, quien Cynthia vio cuando estaba en el hospital con Lucas… no sabía si contarle sería lo correcto. Se acercó a él y cuando lo hizo, el campeón guardó su teléfono rápidamente pasando su mano por su rostro.

—Kukui y Burnet necesitan que les entregue mi Abomasnow para que puedan estudiarlo, —le dijo Alder a la campeona mientras empezaba a caminar afuera del Centro Pokemón—. Será mejor ir con ellos ahora.

—Está bien… —Cynthia lo volvió a ver directo a los ojos y el ex-campeón se puso nervioso, el pobre hombre merecía saber la verdad y no quería ocultarles cosas—. Alder, cuando estaba en el hospital vi a…

—Cynthia, —el hombre la interrumpió con un tono de voz firme y se sentía tan extraño escucharlo decir su nombre sin insultos o burlas, era algo serio y la campeona temió haber hablado de un tema demasiado privado y personal para él—. Ahora no.

Era justo, si no quería hablar de eso ella no lo obligaría.

—Pero… —Alder se detuvo por un segundo y le resultó raro para ella verlo con la cara que tenía, se le veía inseguro, pero luego la vio otra vez con una expresión seria—. ¿Te parece que regresemos hoy a la media noche al Túnel Acuático? Está vacío y el lugar siempre está abierto por ser lo que conecta Undella Town y la ciudad Humilau.

Le resultó rarísima su propuesta.

—¿No querías ir ahora? —le preguntó la campeona.

—Originalmente te quería llevar para que te relajaras un rato, estos últimos días sufriste mucho estrés por lo que le pasó a Lucas, —Alder hablaba como si él no hubiera sufrido como ella, la campeona sabía que el hombre era mejor cuidando a otros que a él mismo—. Pero parece que ya estás mejor y ahora nos urge más ir con Kukui y Burnet. ¿Te parece ir hoy al Túnel Acuático hoy a la media noche? Así tendremos privacidad y los niños estarán dormidos.

Sintió un ligero tono de súplica en su manera de hablar, supuso que se debía al tema que seguramente sería algo delicado y no quería que los chicos lo escucharan.

—Me parece, —Cynthia le sonrió y cuando empezaron a caminar de nuevo, la campeona le dio un pequeño empujón juguetón al campeón—. ¿Niños? Sabes que dos de ellos ya tienen 16 y Lucas los cumple en Octubre.

—Pues yo soy un anciano de 45 así que en mi libro, son niños, —respondió Alder regresando a su tono burlón de siempre.

Negando con su cabeza, Cynthia simplemente sonrió ante su compañero.


(Undella Town, Lucas)

—¿Mohn? ¿Te trajo el Mohn de la Fundación Aether del hospital? —preguntó asombrada Dawn aquella tarde después de regresar de la playa.

—Sí, rubio, algo panzón y de ojos verdes, —le dijo Lucas describiéndolo con un poco molesto, no podía creer lo incómodo que había sido viajar con él—. ¿De dónde lo conoces?

—Espera un minuto, —Dawn se levantó de la mesa del comedor dejando a sus dos amigos atrás con un paso apurado.

Mientras esperaban, Lucas miró a Barry y lo encontró extrañamente callado. Seguro seguía nervioso por toda la situación, el rubio jamás fue bueno para lidiar con sus emociones cuando alguien conocido se lastimaba. Con todos los viajes que hizo con su mamá de niño al hospital por alguna herida de su padre, Palmer, no lo podía culpar. El Frontier Brain era alguien talentoso sin duda alguna, pero habían veces que su entrenamiento intenso lo mandaba al hospital. Ahora ya era raro cuando ocurría, pero Lucas recordaba que de pequeños, Barry jamás reaccionó muy bien cuando se lastimaba su papá. Supuso que tanto estrés de niño le dejó consecuencias psíquicas de adolescente.

—¿En qué piensas? —le preguntó Lucas a Barry.

—Que hay algo raro y no me gusta, —Barry pasó una mano por su cara cansado y miró a su amigo de la infancia—. Ese tipo, Mo-algo, ¿es amigo de Cynthia?

—Nop, el tipo me da mala espina.

Barry y Lucas compartieron una mirada desconfiada, no tenían que decir más del tema y ambos se entendían mutuamente.

—Pero aún así quiero escuchar lo que tiene Dawn para decirme, tal vez hay más de lo que le doy crédito al hombre.

Barry pareció sorprenderse ante el comentario de Lucas. El rubio sabía lo cínico y desconfiado que podía ser su amigo de la infancia y al verlo tan dispuesto a escuchar una opinión ajena que no fuese de Cynthia era rarísimo. Se acercó a él hasta estar centímetros de su cara para verlo directamente a los ojos.

—¿Te gusta Dawn?

Eso hizo que Lucas se sonrojara tanto que Barry saltó del susto de la mesa y lo señalo seriamente. Su aliento quedó atrapado en su garganta y Lucas tragó saliva. Si había alguien quien no le podía mentir era a Barry, pero jamás le contó sobre sus sentimientos convencido que su amigo jamás se daría cuenta por sí solo. Barry era alguien denso que tenía más la cabeza en las batallas Pokemón que en otra cosa. Había calculado mal y ahora Barry le dio una de las sonrisas más grades y felices que jamás había visto.

—¡Júrame que no…! —antes que Lucas pudiera terminar, escuchó los pasos de la chica acercarse.

El rubio empuñó ambas manos y empezó a dar pequeños saltos en el mismo lugar súper emocionado. Parecía que quería decir algo pero Dawn los interrumpió cuando apareció en el comedor de la cocina con su laptop.

—Umm… Barry, ¿qué te pasa? —le preguntó Dawn completamente extrañada por su comportamiento alocado.

—¡Dawn! —le gritó Barry agitándola suavemente de los hombros emocionado, pero luego se alejó para morder su puño y Lucas solamente rezó que no se le saliera. Por Arceus, si decía algo lo mataría. Pero Barry parecía tener sus propias ideas—. ¡Se nos acabó el cereal! ¡Iré a comprar a la tienda!

Sin decir más, el rubio corrió a tomar su mochila para salir disparado de la casa. Dawn quedó perpleja y parada en el mismo lugar, parpadeando un par de veces completamente confundida.

—¿Qué fue eso?

—Yo que sé, —dijo Lucas moviendo su mano desinteresado—. Barry está loco.

Sus miradas se cruzaron, los bellos ojos azules de ella con los grises del muchacho y rápidamente desviaron sus miradas apenados. La pregunta de Barry se repitió automáticamente en su cabeza y Lucas sintió que se sonrojaba más con cada segundo que pasaba. Obvio le gustaba muchísimo Dawn, maldición que le gustaba pero no era el momento para pensar en eso. No era el momento para pensar en sus ojos azulados, o su hermosa mirada dulce o la manera en que se mordió ligeramente su labio apenada cuando se vieron directamente a los ojos.

Justo cuando Lucas empezó a ser invadido por esos pensamientos tentadores, buscó automáticamente en su mano el brazalete para auto-disciplinarse. Maldijo en su mente al no tenerlo con él y Dawn se sentó a su lado tratando de ocultar su cara sonrojada.

—Entonces… umm… Mohn, —dijo Dawn tratando de volver al tema original y Lucas asintió queriendo seguirle el juego. Abrió su laptop para mostrar diferentes archivos con muchas palabras y gráficas, el muchacho supuso que era una clase de artículo científico o algo así—. Mohn es un científico que vive en Alola, la misma región de donde viene el Profesor Kukui. Según sus estudios, existen Pokemons de otras dimensiones llamados Ultra Beasts que pueden aparecer en nuestro mundo a través de unos portales llamados Ultra-Wormholes.

—Sí, Cynthia me lo explicó cuando volvíamos del hospital.

—¿En serio? Qué raro que no me dijera nada… —Lucas detecto un ligero tono de envidia en las palabras de Dawn, tal vez no debería haber dicho algo de eso—. También no la he visto desde que te fuiste al hospital así que supongo que me explicará cuando regrese de sus mandados.

—Seguramente.

—En fin, ¿no notas algo similar con lo que nos pasó a nosotros? —Lucas encontró en los ojos de Dawn un brillo que era raro de ver, estaba emocionada. Antes que pudiera responder, la chica lo continuó—. Es la teoría más cercana que he visto que se acerca ligeramente a nuestra experiencia en el Mundo Distorsión. Claro, su fundamento y teoría no se acerca a nada lo que vimos nosotros pero… ¡corrobora la posible existencia de otras dimensiones! Mohn es el único científico que definitivamente cree en eso.

—¿El Profesor Rowan no? —preguntó confundido Lucas, el profesor los acompañó durante todo el evento decisivo de Sinnoh, él también vio el momento que los tres saltaron junto a Cynthia a la otra dimensión.

—No es que no crea en él, es solo… —Dawn se sonrojó y empezó a acariciarse el cabello, Lucas se distrajo por un segundo al notar lo brillante y sedoso que se veía—. El Profesor Rowan dice que el Mundo Distorsión no es algo que quiera estudiar, está completamente lejos de su campo de estudio.

Lucas recordó que el viejo profesor glotón se especializaba en Pokemons y sus transformaciones. Obviamente las cosas biológicas que estudiaba él no era lo mismo que las cosas dimensionales que pasaban en el Mundo Distorsión.

—Me parece raro que no quiera estudiar a Giratina, —le comentó Lucas, siempre supuso que cualquier profesor Pokemón, después de ser testigo de la existencia de un dios, se mataría por estudiarlo.

—Él dice que no hay evidencia cuantitativa que registre lo que pasó, lo único que tiene son testimonios que no sirven para una investigación seria, —el tono de Dawn era un poco nervioso, Lucas recordó que su amiga era alguien académica apasionada por cosas científicas y Pokemón. Era lindo que tuviera una pasión, a diferencia de él que lo único que le emocionaba era comer y dormir. No pudo evitar sentirse culpable al pensar seriamente lo que le dijo.

—Lo lamento Dawn, si hubiera atrapado a Giratina, tendrían con qué hacer sus investigaciones, —no culpaba a los demás científicos, nadie les creería si dijeran en un papel sin evidencia que el dios del Mundo Distorsión Giratina era real y que vivía en una dimensión alternativa en donde no existía la gravedad.

—¡N-no te disculpes! —Dawn rápidamente lo tomó del brazo y Lucas empezó a sudar—. Estoy de acuerdo contigo que no lo hayas hecho, no sabemos qué pasaría si Giratina de la nada aparece en nuestra dimensión y deja la suya. Además juramos con Cynthia y Rowan que jamás le contaríamos a alguien acerca de su existencia, así que me parece bien que no lo hayas atrapado.

Lucas asintió nervioso, tener contacto físico con Dawn era un sentimiento maravilloso pero sabía que necesitaba concentrarse más del tema que hablaba. ¡Era uno serio, por Arceus! Dawn merecía su más atención que sus malditas hormonas.

—Creo que por eso también no quiere investigar nada relacionado a otras dimensiones o Giratina, —le dijo Dawn soltando su brazo y mirando su laptop—. Un día me comentó que era mejor que el mundo no supiera de la existencia del Mundo Distorsión y Giratina… viendo lo que pasó con Cyrus y Team Galactic, estoy de acuerdo…

Lucas notó una mirada triste en Dawn, detectó al instante sus emociones.

—Dawn, ¿por qué suenas tan triste? ¿Te afecta tanto esto?

La chica lo miró un poco sorprendida y se sonrojó un poco, ¿había dicho algo malo?

—Y-yo… —Dawn tartamudeó un poco y cerró su laptop—. N-no es nada Lucas, solo mis cosas de ciencia, ya sabes… temas tontos de nerds y todo eso.

Dawn se levantó rápidamente sonrojada tratando de alejarse de él, pero el muchacho se negó a dejarla ir.

—Hey, sabes que siempre puedes hablar conmigo, ¿verdad? —Lucas admitía que se preocupaba que Dawn jamás le compartiera sus gustos, siempre fue alguien reservada y aunque el muchacho lo respetara, odiaba cuando sentía que su amiga ocultaba las cosas por miedo—. No creo que todo esto sean "tus temas tontos de nerd", es lo que te gusta y si tú me escuchas cuando te hablo de mis cosas o a Barry cuando no para de hablar de batallas, tú también mereces hablar de lo que te gusta.

Cuando Lucas trataba de hablar de sus sentimientos era un desastre, pero cuando alguno de sus amigos tenía miedo de ser rechazado, Lucas articulaba sus palabras como un maldito orador profesional. Era raro cuando se ponía así y el muchacho a veces odiaba que no pudiera hacerlo más seguido. Dawn, por su parte, lo vio sorprendida.

—Gracias Lucas… a veces olvido que ahora tengo amigos de verdad, —lo que dijo Dawn le rompió por completo su corazón, ¿con qué clase de personas se cruzó antes de conocerlo?—. En fin, ¿quieres ver un poco de tele?

—Ok, —Lucas le sonrió—. ¿Quieres hacer palomitas de maíz primero?

—Ok… —respondió Dawn tímidamente.


(Esa noche)

Cuando Cynthia y Alder volvieron de ver a los profesores ya era de noche, pasaron más horas de lo que esperaban con la pareja. Discutieron y llegaron a un acuerdo: los dejarían los próximos días estudiar cuidadosamente la evidencia que tenían disponible y luego hablarían con los chicos al respecto. Burnet y Kukui viajarían a Nuevama para poder usar el equipo de una compañera de la doctora, la profesora Juniper, para poder analizar lo mejor posible al Abomasnow. Por ahora tenían que revisar lo que habían recolectado en un lugar equipado y dejar que Lucas descansara.

—Será mejor que prepare algo para comer, —comentó Alder caminando hacia la cocina.

—¿No sería mejor pedir algo o llevarlos a un restaurante? —le preguntó Cynthia—. Debes de estar cansado.

—Nah, cocinar me relaja.

Cynthia observó el primer piso y le pareció raro no ver a los jóvenes, supuso que estarían viendo alguna película arriba por el ruido que escuchaba en el segundo piso. Sonrió al imaginárselos viendo televisión juntos.

—Ummm… ¿Cynthia? ¿Compraste cereal? —la campeona quedó completamente confundida ante la pregunta del ex-campeón, al darse la vuelta encontró una sección de la alacena repleta de cajas de cereal, ¡eran como 20 cereales diferentes!

—Eso no fui yo, —dijo Cynthia, se acercó al revisar las cajas y se impresionó por la variedad que habían.

Encontró una que le trajo una sonrisa, era uno de sus favoritos desde que era niña: "Combee's Pops", la única vez que los comía era cuando visitaba a su familia en Celestic Town. Sin pensarlo dos veces, tomó la caja y la abrió para tomar un puñado del cereal sabor a miel y empezó a comerlo. Alder la miró raro—. ¿Por qué me miras así, hombre?

—Por Arceus mujer, ¡cómelo en un plato con leche como Arceus manda!

—No, —Cynthia le gustaba más ese cereal seco, eran más crocantes. Alder continuaba haciéndole caras, ¿tenía un asco secreto por el cereal seco? Tomó un puñado más grande, sólo para molestarlo, y se lo puso todo en la boca. Alder no le dio gracia, pero cuando se atragantó sí.

El ex-campeón, con una sonrisa, le empezó a dar golpes en la espalda y no fue fino al hacerlo. Cuando finalmente paró de toser, la campeona le tiró dagas con los ojos.


Al final terminaron pidiendo pizza porque Lucas tenía ganas de comer algo con queso. Alder decidió retar a Barry para ver quién podía comer más pedazos, tal parecía que en los días que Lucas pasó en el hospital, el ex-campeón logró entablar una mejor amistad con el rubio (según le contó a Dawn). Aunque los dos tuvieran un par de temas en común, como las batallas y el amor a los Pokemons, ambos parecían tener un cariño especial por los retos tontos. Lucas había sido víctima de los muchos retos estúpidos de Barry, se alegraba que encontrara a alguien más para hacerlo sufrir que no fuese él.

—Por Arceus Barry, —comentó Dawn sorprendida—. ¿Cuántos pedazos llevas?

—¡Este es mi noveno! —admitió orgulloso el rubio tomando otro de la tercera caja.

—Y este es mi décimo, —agregó Alder—. Sigo ganando.

Cynthia negó con su cabeza avergonzada, Lucas solamente sonrió. La pesadilla que había sufrido en verdad le trajo una de sus experiencias más horrendas de su vida, pero ahora extrañamente se sentía agradecido. Lo agradecía porque le había traído momentos especiales con sus amigos: su charla en la playa, su conversación con Dawn y ahora esto. Después de pasar momentos sombríos en su pesadilla, ahora le daba más importancia a estos pequeños momentos de pura felicidad.

—Ahora que lo recuerdo, y antes de que vomite… —dijo Cynthia mirando a Alder molesta, el ex-campeón simplemente tomó otro pedazo de pizza y lo comió viéndola directamente a los ojos. La campeona le hizo una cara dejando claro lo asqueada que estaba y tanto Lucas como Dawn se rieron un poco (Barry estaba ocupado tratando de meterse dos pedazos de pizza al mismo tiempo)—. Lucas, Kukui te envió esto.

La mujer le presentó varias bolsas de plástico selladas con unos extraños dulces adentro. Parecían como frijoles coloridos, pero tenían forma de corazón. Venían en muchos tipos de patrones diferentes y tenían un sticker que decía "Poké-Beans". Al abrir una de las bolsas, el muchacho puso uno cerca de su nariz para olerlo.

—¿Será un dulce de Alola? —preguntó Dawn.

Lucas probó uno, eran crocantes y extrañamente dulces… antes de procesar mejor el sabor, se puso otro en la boca y asintió convencido. No sabían mal.

—Bueno te mandó muchísimas bolsas así que tienes para compartir con tus Pokemons, —le comentó Cynthia.

—¿Quieren? —preguntó el muchacho.

Nadie le aceptó, su rechazo vino demasiado rápido… perfecto, más para él.

—Ok, creo que ya comí suficiente por el resto del mes, —dijo Alder terminando de comer su onceavo pedazo.

—Todo eso se te irá a las caderas, —le comentó Cynthia con una sonrisa pícara.

—¡Soy el campeón de la pizza! —gritó orgulloso Barry, tanto Lucas como Dawn le aplaudieron a los esfuerzos innecesarios de su amigo.

Antes de dormir, Lucas se encontraba en su cuarto comiendo un par de Poké-Beans viendo al horizonte con su ventana abierta y las luces apagadas. La luna se encontraba en lo más alto y el muchacho le gustaba ver las estrellas. Ya era tarde pero no podía dormir, supuso que pasar tanto tiempo en el hospital dormido le había quitado un poco el sueño. Barry estaba con él viendo su Pokétch, le sorprendía que no estuviera vomitando con la cantidad de pizza que comió.

—Estaba pensando, —dijo Barry apagando la pantalla de su dispositivo—. ¿Te recuerdas cuando me atacó Darkrai?

—Por Arceus Barry, eso me quitó años de mi vida, —comentó Lucas recordando el evento.

—La cosa es que todavía tengo el Lunar Wing que tú y Dawn me dieron para salvarme, —Barry sacó algo de su camisa y el muchacho se sorprendió al encontrarse con un collar que estaba efectivamente hecho con la pluma celestial—. ¡Úsala! ¡Tal vez te proteja!

—No lo creo, —dijo Lucas metiéndose otro Poké-Bean en la boca—. Eso supuestamente solo sirve para Darkrai y si me desperté en el hospital sin usar un Lunar Wing, seguro fue otro Pokemón.

—¡Oye! ¡Sirve para pesadillas en general! —ahí volvió a aparecer el tono protector del rubio—. ¡Úsalo!

No le discutió más y se lo puso en el cuello, se sentía raro usarlo.

—Gracias, —Barry asintió feliz al verle su collar, Lucas miró de regreso a la playa y notó dos figuras conocidas caminando solos—. ¿Son Alder y Cynthia?

Barry se asomó con él por la ventana y rápidamente se retiró para traer sus binoculares con visión nocturna. Lucas solamente refunfuñó enojado, esos binoculares fue una de las compras impulsivas del rubio hace años y siempre los usaba por cualquier cosa.

—¡Lo son! —respondió Barry emocionado, le pareció raro que no gritara—. ¿Qué estarán haciendo a estas horas en la playa? Seguro una reunión secreta entre campeones. O una reunión… súper secreta…

—No sé, pero mejor dejarlos en paz.

Barry le asintió feliz y se retiró al baño, Lucas se preguntó si su amigo se enfermaría por haber comido tanto en la cena. Convencido que ya era tarde, el muchacho decidió entrar, pero antes de hacerlo, sintió una extraña presencia en el ambiente. Sentía como si alguien lo estuviera observando fijamente en las sombras.

Bueno, andaba comiendo y seguro algún Pokemón habrá sentido el aroma dulce. Sin pensarlo, Lucas decidió poner un pequeño puñado de Poké-Beans en el marco que sobresalía de la ventana y después la cerró con cuidado para no botarlos. Nadie merecía pasar hambre.


La caminata hacia el Túnel Acuático fue silenciosamente incomoda, Cynthia se encontraba pensando seriamente cómo decirle a Alder algo que seguramente le dolería mucho oír. No lo podía culpar, Grimsley era como su hijo y el estado que lo había visto en el hospital era más que preocupante: extremadamente delgado, pálido con un color marchita en su piel y con unos moretones en su brazo que dejaban claro que había algo más ahí… algo que ni siquiera estaba segura que el campeón supiera…

Alder aclaró su garganta y Cynthia lo miró de reojo, le hizo una cara tratando de calmar un poco el extraño ambiente tenso. No funcionó.

—Me gusta caminar en la noche, —comentó Alder—. Sobretodo en esta época de primavera, está fresco y todavía no está tan lleno de turistas.

—Después de toda la pizza que te comiste, me sorprende que todavía puedas caminar.

—Por lo menos entretuve un poco a Barry, —el campeón encogió sus hombros sacando una pequeña risa, la cual resonó en la playa vacía—. Se le veía tenso. Es un poco como Benga en ese sentido, pero más simpático.

Cynthia sonrió un poco, no tuvo tantas oportunidades de pasar tiempo con el nieto del campeón pero las pocas veces que lo hizo, se dio cuenta que era un cabeza dura como su abuelo. Un buen niño pero era un sabiondo.

—¿Cómo está? —le preguntó ella.

—¿Benga? Feliz y viajando, —le respondió él con una pequeña sonrisa—. Terminó el reto de los gimnasios hace unos meses y le dio el capricho por querer atrapar un Dratini y un Gible. Creo que le diste una idea con tu niña mimada.

—Tiene buen gusto entonces, —comentó orgullosa la campeona, su Garchomp definitivamente era la mejor y no culpaba a Benga por querer tener uno propio.

Soltó una carcajada, pero sonaba un poco forzada. No porque no le diera risa, sino porque se sentía triste.

Finalmente llegaron a la entrada del Túnel Acuático y Cynthia se sentía un poco emocionada. Jamás había entrado al ser un nueva vía de conexión entre Undella y Humilau. Bajaron por los escalones eléctricos apagados y se sorprendió de la vista: un hermoso túnel rodeado de cuerpos interminables de agua que se podían ver a través de un vidrio resistente. Lo que más le sorprendía era que todas las luces estaban apagadas, pero todo estaba perfectamente bien iluminado con la luz de la luna llena.

—Lindo, ¿verdad? —le comentó Alder caminando hacia unos asientos, su voz resonaba con el eco del túnel vacío—. Lo mejor es que a esta hora suelen haber más Pokemon que durante el día.

Ambos entrenadores tomaron un asiento lado a lado frente a la enorme ventana. Un Gyarados pasó a lo lejos y la campeona pudo distinguir demasiado bien su silueta. Su cuerpo se puso tenso y no lo pudo controlar, Alder la tomó del hombro ligeramente y le dio un pequeño apretón como para calmarla y se lo soltó rápidamente. Incluso cuando él seguía sufriendo, se seguía preocupando por ella, esto ya era el colmo. No más rodeos, Cynthia respiró profundo y dijo:

—Vi a Grimsley en el hospital.

Alder trató de no actuar sorprendido, como si supiera que se lo iba a decir… pero sus ojos continuaban revelando todos sus sentimientos.

—¿Estás segura? —fue su respuesta.

—Sí, cuando estaban atendiendo a Lucas y me encontraba en la sala de espera, vi a un paciente intentando escapar del hospital, —le explicó Cynthia mirándolo, pero él se negaba a quitarle la vista al paisaje acuático—. Un Audino lo detuvo y lo trajo hacia la sala de espera, cruzamos miradas y él… me reconoció.

La expresión del miembro de la Elite Four era indescriptible, jamás se lo había imaginado con tanto miedo. Cynthia se preguntó si ahora seguía tratando de escapar del hospital.

—¿Y qué pasó después?

—Se dio la vuelta y casi corrió adentro del hospital… —Cynthia no supo cómo decir lo que diría de manera correcta, pero trató de hacerlo lo menos doloroso posible—. Alder, no creo que Grimsley sea solamente adicto a las apuestas. En su brazo… tenía marcas y…

—Lo sé, —le interrumpió el ex-campeón—. Siempre lo supe, desde que lo conocí.

Se sorprendió pero al mismo tiempo… Cynthia admitía que si alguien sabría de eso, sería Alder. No lo culpaba por no haberle contado antes, no era asunto suyo y el ex-campeón no tenía obligación alguna de decirle.

—Cuando lo conocí Grimsley era adolescente, uno con muchos problemas. No te voy a mentir, su actitud siempre fue el peor problema de todos, —Alder soltó una pequeña carcajada que sonaba más como una lágrima atragantada—. La primera vez que lo conocí fue cuando me retó a una batalla y vi su talento. Le ofrecí el puesto y lo rechazó. Me crucé con él a en otras ocasiones cuando viajaba por la región y le seguí ofreciendo el puesto de Elite Four porque siempre ha tenido un talento espectacular pero continuó rechazándolo…

Alder se detuvo, Cynthia lo tomó del hombro. Respiró profundo y continuó.

—Me enteré de sus problemas cuando me lo crucé en una ocasión muy… incómoda, —la elección de palabras del hombre claramente mostraba su miedo de compartir temas tan personales, Cynthia le reconocía que se estaba esforzando—. Le debía dinero a alguien y bueno, digamos que tuvo suerte que estuviera ahí para que pagara su deuda. Me ofreció volverse miembro de la Elite Four para pagarme pero yo le dije que si en verdad lo quería hacer algo por mí tenía que ir a rehabilitación. Lo hizo y dos años después me fue a buscar a la Liga Pokemón, me retó y apostó lo siguiente: si ganaba él, yo aceptaría el dinero que él tenía para pagarme la deuda… pero si ganaba yo, se convertiría en un miembro de la Elite Four… creo que es obvio lo que pasó después.

—Grimsley te ganó y se volvió en miembro de la Elite Four porque sintió lástima por ti, —dijo Cynthia, claramente bromeando.

Eso sí sacó una risa genuina del ex-campeón, una que la hizo sonreír.

—Bueno, sí y no, —admitió el hombre—. Grimsley no ganó, pero estoy seguro que se quedó durante mucho tiempo conmigo porque sintió lástima por mí. Creo… creo que es por eso que no quiere verme ahora… Ni a mi… ni a Marshal, Shauntal o a Caitlin…

Su voz tembló un poco.

—Shauntal me envió un texto hoy contándome que fue a buscarlo al hospital con Marshal, —respiró profundo una vez más—. Pero Grimsley se encerró en su habitación y cerró con llave… Marshal casi derriba la puerta pero… Gracias Arceus que Shauntal estaba ahí con él, solo ella puede calmarlo.

Su rostro decayó poco a poco, los sentimientos embotellados empezaron finalmente a desbordarse en su expresión. Verlo triste era en verdad doloroso.

—Caitlin no puede acercarse a un hospital, tiene miedo que pierda control de sus poderes en un lugar tan caótico como ese. Ella es muy sensible a los sentimientos de los que la rodean por sus habilidades psíquicas, ¿te imaginas cómo le dolerá ir ahí? ¿Y con Grimsley sufriendo así? —el ex-campeón respiraba fuerte—. Y yo no puedo ir al hospital porque…

Se detuvo y escondió su rostro entre su mano, ¿acaso estaba avergonzado de hablar? Cynthia empezó a frotar su espalda suavemente, como tratando de recordarle que ahí estaba para él. El ex-campeón lo estuvo para ella cuando recordó su derrota ante Team Galactic, obvio estaría ella para él en este momento.

—Sigue.

—No Cynthia, no quiero, —Alder no se quitó la mano del rostro—. No puedo.

Cynthia creció rodeada de amor, sus abuelos y su hermana siempre estuvieron ahí para ella al igual que el Profesor Rowan y sus Pokemóns. Siempre le enseñaron que embotellar sus sentimientos terminaba empeorando todo, siempre se desahogaba con su abuela en los momentos más difíciles y lo continuaba haciendo aunque ya fuera una adulta. En ese momento, se preguntó si Alder tendría alguien así en su vida. Viendo su reacción y su manera de actuar, supuso que no.

Se levantó de su asiento y se hincó frente a Alder, quien continuaba cubriéndose el rostro. Le quitó la mano y lo vio directamente a los ojos diciéndole:

—Por favor, confía en mí. Estamos solos.

Al verle la cara pudo distinguir un par de lágrimas acumulándose en sus ojos morados. Por Arceus… llevaba conociendo a Alder por más de diez años —uno de los primeros campeones que conoció al empezar su carrera— y jamás, jamás lo vio llorar. Pero ahora lo tenía frente a ella, con lágrimas sin caer de sus ojos pero listas para deslizarse en cualquier momento. Obviamente estaba tratando de aguantarse y su mirada decía lo mucho que sufría. Finalmente una lágrima cayó y ella, sin pensarlo, se la limpió de su mejilla. Por un instante, Cynthia juró ver el rostro del ex-campeón inclinarse hacia su mano.

—No, —Alder casi saltó de su lugar y se alejó al otro lado del túnel. Se apoyó contra el vidrio dándole la espalda completamente—. Lo siento Cynthia, lo siento…

No sabía cómo explicarlo, pero decir que no le dolió su reacción sería una completa mentira. Esa noche, cuando regresaron, lo único que se escuchó entre ellos fueron las olas de las playas de esa noche estrellada.


Notas del Autor: Bienvenidos a mi fic, damas y caballeros, en donde 3% es trama involucrando extrañas bestias, 7% es comedia, 30% es romance entre tórtolos hermosos y el 60% es angst escondido. ¡ANGST! Soy un desastre… Cuando escribo, investigo los temas que trato, pasé demasiado tiempo viendo marcas de cereales… quiero "Combee's Pops". Lucas ahora sabe que Barry sabe, pero no sabe qué tanto sabe Barry, lo único que sabe Barry es que ahora sabe lo que siempre supo. Barry… el pobre sufrirá por el resto de la historia porque sabe más de lo que parece.

Hoy revisé mi cronograma académico y no sé cuando podré publicar otro capítulo, seguro me tardaré mucho más que la última vez pero siempre seguiré regresando a escribir más. Por eso me senté hoy a escribir este capítulo en una sola sentada (me sentía inspirada). Llevo años de no hacer esto pero espero que compense un poco por mi ausencia:


Bonus:

(Al día siguiente)

No pudo dormir y no tenía que adivinar el por qué, ver la reacción de Alder ante sus acciones la hizo sentir como una perfecta idiota. Obvio iba a escapar así, lo trató de una manera demasiado personal tocándole el rostro y secándole la lágrima, no fue nada profesional. Era irónico pensar en comportamiento profesional con alguien como Alder, la mayoría del tiempo que estaban juntos se la pasaban payaseando, ¡pero eso no quitaba que invadió su espacio personal! ¡El pobre seguro se sintió súper incómodo!

Cynthia maldijo varias veces en su almohada antes de salir y se encontró con Dawn profundamente dormida en la cama de a lado. Era adorable verla dormir, abrazaba mucho su almohada aferrándose a ella con su vida. Le había visto sus ojeras ayer, la campeona sabía que la muchacha no había podido dormir durante su estancia en el hospital con Lucas. Pero ahora que el muchacho ya estaba de regreso, no era difícil adivinar el por qué Dawn dormía tan tranquila y feliz. En un pequeño momento de felicidad, Cynthia se preguntaba si la joven no se imaginaba a alguien más en esa almohada.

Tórtolos, —pensó Cynthia con una pequeña sonrisa, en verdad esperaba que pudieran terminar juntos. Eran adorables, jóvenes y completamente inútiles en temas amorosos, eran simplemente perfectos.

Miró el reloj y eran las cinco y media de la madrugada. Bueno, no sería la primera noche que se la pasaría despierta sin dormir. Se preparó para el día y después de un baño rápido, bajó a la cocina. Necesitaba café.

No era la única que necesitaba uno, pues alguien se había adelantado a prender la cafetera. Al darse la vuelta, ambos se quedaron completamente congelados. Alder abrió su boca, pero nada salió de ella. Cynthia prefirió sellar sus labios, no tenía idea qué clase de estupidez se le podría salir a estas horas.

En silencio, la campeona se acercó a alacena y sacó la caja de Combee's Pops, tomó un puñado y empezó a comerlos secos. El sonido crocante del cereal parecía ser mil veces más fuerte de lo normal y no paró hasta que se los tragó. Alder la miró con una expresión completamente confundida pero finalmente logró sacarle unas palabras:

—Tienes suerte que Barry se haya acabado la pizza.

Casi se atragantó de la risa, pero no fue la única, pues Alder también se cubrió la boca para no reírse también. Eran las cinco de la madrugada, por Arceus, no querían levantar a los demás en la casa. Continuaron riéndose en voz baja, lo que lo hizo hasta más gracioso. No sabían qué era lo que les dio tanta gracia, seguro fue una reacción natural de sus cuerpos gritándoles la necesidad de reírse un poco. Les costó, pero finalmente lograron parar por unos segundos.

Lo miró un poco preocupada, no sabía ahora cómo avanzar para hablarle. Ya le había asustado una vez y no estaba dispuesta a hacerlo otra. Pero Alder parecía tener sus propios planes y se acercó a ella con sus manos en sus bolsillos.

—Lamento mucho lo de hoy, —le dijo en voz baja.

—No te disculpes, —le respondió rápidamente Cynthia—. Yo te pido perdón por… ya sabes, invadir tu espacio personal y eso.

—No me pidas perdón por eso, —Alder casi sonó indignado, la tomó del hombro y lo hizo con cierta urgencia—. Yo me debería de disculpar por reaccionar así yo…

—¿Te parece declarar un empate? —lo tomó de la mano que descansaba en su hombro un poco desesperada—. No más rodeos.

No parecía muy convencido, pero le dio un pequeño y suave apretón en su hombro.

—No más rodeos, —repitió él.

Era el perfecto momento para un abrazo, ella lo sabía pero su cuerpo no le permitía hacer un movimiento, era como si su cabeza dejara de funcionar. ¿Qué le estaba pasando? Cynthia siempre fue buena dando abrazos, no a cualquiera pero sí a su familia, sus compañeros de la Elite Four cuando algo muy bueno pasaba (sobretodo Aaron que era como su hermanito) y otros amigos en ocasiones especiales.

Alder le terminó dando el abrazo, uno profundo que la tomó por sorpresa. Aunque reconociera que era una mujer alta, no se comparaba con la altura del ex-campeón (quien era estúpidamente grande). El hombre básicamente tenía que torcer un poco su espalda para poderla abrazar correctamente y apoyó su rostro en su cabello rubio. Sus brazos finalmente le respondieron a su cerebro y Cynthia le pudo regresar el abrazo rodeando su cuello y escondiendo su rostro entre su hombro. Tenía un fuerte aroma a desodorante.

—Gracias, —le dijo él con una voz extrañamente tierna—, enana.

—De nada, grandulón.


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