Mi Karma

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— Hija de puta, lo sabía.

— Princesa, el lenguaje, por favor.

Blossom resopló con cansancio, negando con la cabeza. A los pies de la cama, sentada junto a su valija con un vaso medio lleno en la mano, Princesa observaba los movimientos de su antigua archienemiga, actualmente compañera de tragos y mejor amiga — de esto último dudaba muchísimo justo ahora —.

— Yo sabía que jamás me perdonaste el como me comporte contigo cuando éramos niñas, lo sabía, y aún así…

— Por dios, ¿de qué estas hablando?

— De esa pequeña mierda. — con un movimiento de su cabeza señaló hacia el cabezal de la cama, dónde una pequeña bebé la observaba con una sonrisa llena de baba. Sus grandes ojos carmín brillaban con reconocimiento al tiempo que sus manos regordetas amasaban los almohadones que la rodeaban.

— Esa pequeña… es mi hija princesa, te pido por favor que no insultes.

La pecosa bamboleo el vaso de whisky aun con los ojos pegados en la pequeña bola rosa.

"Queda todo en el pasado, seamos amigas" mierda, me sigues odiando como el primer día, puaj. — apartó los ojos en un gesto de exagerado disgusto. No me perdonaste, me guardas rencor, ¿la prueba? — señala con un dedo acusador a la bebé frente a ella, sin mirarla — Esa pequeña bola pelirroja, mi karma. ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

— Que bueno que llegaste. — Blossom recibió a su amiga en la puerta con una sonrisa, un espasmo llegando a su ojo derecho tratando de ignorar la botella de whisky en la mano de la recién llegada.

— ¿Cuántos días te vas? — Princesa entró al departamento observando todo, pero con pasos decididos hacia la cocina. La chica de ojos rosados desapareció en la habitación principal abriendo las puertas del armario de par en par.

Apoyó una valija de gran tamaño sobre la cama, escuchando los pasos de la pecosa acercándose a la habitación— Todo el fin de semana, vuelvo el lunes a primera hora. ¿Me ayudas con el bolso?

— ¿Y qué vas a hacer con esa cosita?

Blossom carraspeó, sonriendo sarcásticamente.

— ¿Qué cosita?

— La cosita redonda de overall rosa. — una sonrisa forzada de labios apretados tomó lugar en sus facciones. La powerpuff la miró expectante.

— Tu ahijada, sí…

— Todavía no puedo creer que Dios me cedió esa potestad.

— …necesito que te quedes con ella los días que no estoy.

La mujer de ojos rosas cerró los ojos exasperada, aunque no diría que no se la veía venir. Dobló un lindo vestido de tul rosa bebé y lo guardó en su valija.

— Te estoy pidiendo si la puedes cuidar este fin de semana, nada más. Y basta de tomar, realmente necesito que te quedes con ella — se da la vuelta y le quita el vaso de las manos — sobria, y la vigiles.

— Siempre estoy sobria. ¿Qué viaje de trabajo toma todo un fin de semana fuera de la ciudad? ¿Te pagan horas extras?

— Gracias por preocuparte, y no, — una mano delante de su rostro la silenció.

— No me preocupo, no quiero quedarme.

— No me pagan las horas extra, pero créeme, lo necesito. — apartó a su mejor amiga con una mirada intensa. Volvió a su armario, revolviendo ente su ropa. La heredera resopló con un revoleo de ojos, dando un pequeño saltito de exasperación desde su lugar a los pies de la cama.

— ¿Y tus hermanas? Mejor aún, ¿Y el inútil del padre?

— A mis hermanas les encantaría, pero conmigo fuera solo quedan dos para defender la ciudad y no sería más que una carga para ellas. El profesor está fuera en una conferencia científica y… Brick… — carraspeó y movió sus hombros ligeramente, liberando tensión. Tres lindas blusas se apilaron junto a lo demás en la valija.

— El otro responsable de mi karma en la tierra, sí. ¿No puede quedarse con ella? Ustedes se separaron, okey, pero creí que las condiciones habían quedado más que claras; ante cualquier compromiso la otra parte deberá hacerse cargo, aunque no sea su día de tenencia.

— ¿Día de tenencia? ¡Princesa! Solo estamos… distanciados… ¡Además! ¡Ni siquiera estamos casados, no existen tales condiciones!

— ¿Sabes que si está haciendo falta al acuerdo lo puedes llevar a juicio?

— Estas loca. — ató sus largos cabellos en un moño descuidado, sintiendo el calor del intercambio llegar hasta su cuello. — ¿Un juicio? De verdad… son solo unos días, no puede, él… él también tiene un viaje de negocios… todo el fin de semana.

Esa última declaración se escuchó como apenas un susurro. Blossom carraspeó ante el silencio, sus ojos evitando a toda costa la mirada penetrante de su mejor amiga. Cerró la valija ya con todo acomodado dentro — el acalorado intercambio provocó que la pelirroja utilizara un poco de su super-velocidad — y se acercó a su pequeña hija que las observaba sonriente. Princesa observó sus rápidos movimientos sin parpadear.

— Hijos de puta, se van a tener sexo.

— ¡Princesa! — rápidamente le cubrió las pequeñas orejas a la bebé mientras su rostro adquiría cuatro tonos distintos de rojo.

— Tiene ocho meses no distingue el estampado del mantel de la comida real, ¿realmente te vas a encontrar con él? ¿incluso luego de la pelea? ¿de que lo echaras? — un graznido abandonó sus labios. — Supongo que las miles de flores que te llegan por día por fin dieron resultado, ¿o serán los chocolates?, hace cuanto que descuidas tu dieta, ¿dos semanas? — negó con la cabeza entre risas, abandonando su lugar a los pies de la cama. Cruzando los brazos se acercó a su amiga y a su pequeño karma. Ambas observaron a la bebé, quien les devolvió la mirada intensamente.

— ¿Tu también crees que exageré? — Blossom acarició los cabellos pelirrojos de la beba, sin apartar su mirada melancólica de los ojos rojos brillantes.

— Creo que… — tomó asiento a un lado de la pequeña, quedando frente a su mejor amiga — él es un idiota, y realmente lo detesto. Creo que es difícil hablar con él sin querer arrancarle los pelos de raíz, creo que antes de quedarme en una misma habitación con el hombre prefiero lanzarme por una ventana. — los ojos rosas se humedecieron levemente, apretando los labios en una sonrisa. — Pero… también creo que él te hace feliz, que iría hasta lo más profundo del infierno por ti, que eres una de las personas más importantes que tiene y estas dos semanas sin ti le fueron realmente una tortura, y por mucho que eso me traiga inmensa felicidad, — una risa escapó de la pelirroja ante las palabras de su amiga — creo que él te ama intensamente. Las ama, profundamente. — observó la pequeña bola rosa a su lado, y pellizcó suavemente su redondo cachete con el dorso de sus dedos, casi en una caricia. Finalmente largó un suspiro nostálgico. — Puede ser que hayas exagerado un poco… — tomó su mano cariñosamente. — pero nada que no se pueda solucionar con sexo oral.

— ¡Princesa! ¡Te pido por Dios!

Cruzó sus brazos expectante, con su cuerpo apoyado sobre la encimera de la cocina. Sus ojos oscuros fijos en la criatura frente a ella. El vaso de whisky hace rato había sido descartado a un lado, lavado y rellenado con agua.

Frente a ella, sentada sobre una alta silla color rosa, le devolvía la mirada intensamente. Casi podía ver una pequeña sonrisa formandose en esos labios regordetes y babosos. ¿Era eso una sonrisa socarrona? No podía ser, ¿no? Aunque Princesa no estaba muy segura de que fuera imposible, si tomaba en cuenta que se encontraba frente a la primogénita del mismísimo líder de los RowdyRuff Boys. Podía jurar que esos ojos rojos la observaban con desafío, si cerraba lo suficiente los ojos lo veía a él.

Repugnante. — descruzó sus brazos con una mueca.

La bebé profirió una risa, burbujas de saliva acumulándose en sus comisuras.

— Tienes suerte que eres más parecida a tu madre. Sacaste su nariz y la forma de su rostro. — largó un suspiro exagerado apartando su cuerpo de la encimera. — Deberías rezar para también sacar sus labios, serías la niña más hermosa. — detuvo sus pasos frente a la silla y se colocó a su altura. — Bueno, después de mi, claro está.

La cocina se lleno de pequeños balbuceos y sus pequeños brazos se estiraron hasta su máximo buscando tocar el rostro de su madrina. Princesa resopló divertida, con una mirada sincera.

— Tu papá es feo. — tarareó juguetonamente. — Tu mamá no tiene sentido común. El amor es ciego dicen algunos. — dejó que la bebé rodeara su dedo indice con su pequeña mano. — Tu papá es tonto, tus tíos son los gemelos idiotas de Alicia en el país de las maravillas y tu abuelo es el diablo travestido, ¿o abuela? realmente sigo sin entender esa parte, quizás sea no binario, en fin, se lo preguntaré en tu primer cumpleaños. — la pequeña observó sus manos entrelazadas como lo más interesante. — Tu mamá te ama mucho y… yo también. — ojos carmín se encontraron con sus marrones oscuro y un chillido ensordecedor escapó de la boca sin dientes. Princesa llevó sus manos a ambos oídos. — No es divertido hacerte bullying si solo vas a reaccionar a los cumplidos. Deberías pasar menos tiempo con tu tía Bubbles.

Luego de revolver las alacenas de la — a su parecer — pequeña cocina, Princesa preparó dentro de un plato de plástico rosa un poco de puré de frutas, haciendo muecas ante la consistencia de la comida. Redirigiendo el sentido de la silla para que quede frente a su figura sentada en la mesa, apoyó el plato frente a los ojitos expectantes.

— Te traje vómito. — sonrió sarcástica ante la risita inocente. — Como se te ocurra tirarme comida me iré y te dejaré sola en este departamento, ¿capiche?. — entrecerró los ojos desafiante. Acercó la cuchara a los labios regordetes que tomaron agradecidos la comida sin apartar su mirada.

Luego de varias cucharadas la pequeña pelirroja sonreía alegre, dando pequeños saltitos en la sillita rosa, aunque alguno de esos saltos estaban siendo peligrosamente altos para una beba de ocho meses, ciertamente no era una beba normal.

Oh, espero que Blossom esté rezando para que tu primer vuelo no sea aquí conmigo porque juro por dios… — apoyó suavemente su mano sobre su pequeña cabeza, tranquilizando los saltos de la pequeña. Así continuó alimentándola, en un silencio cómodo que solo era interrumpido por el chasquido de la beba al comer.

Actualmente se encontraban en el sofá de la sala. La pequeña pelirroja sentada sobre la falda de su madrina, y esta con los brazos al rededor del overall rosa, muy a su pesar. La mujer agradeció los videos estúpidos de frutas bailarinas en internet que mantenían las manos de la criatura lejos de sus perfectos rizos. Parecía encantada, poseída. La boca semi-abierta, un dedo regordete apretado entre sus encías desdentadas, excepto por sus dos dientecitos inferiores que ya estaban casi que afuera. No parpadeaba, seguía los movimientos de la tele. Terrorífico si le preguntabas a Princesa. Pero a la vez… encantador. Sin pensarlo acarició sus cabellos pelirrojos.

— Sabes, tus padres realmente no se separaron, aunque a a tu mami le guste insistir. Discutieron, ellos siempre pelean. — comentó como si estuviera chismeando con una amiga de toda la vida. — Al parecer estando en la casa de tu abuelo al idiota de tu padre le pareció buena idea juguetear con trucos de fuego para lograr que dejarás de llorar, — la acomodó en su falda. — te dejó sola un minuto, según él, y estuviste a nada de ser carbón junto con todo lo demás en esa cocina. — rió con burla. — Gracioso, ¿no? Tu madre casi enloquece, tomó al rededor de veinte pastillas para bajar su presión arterial, y tu padre por supuesto de patitas a la calle, aunque él juraba que no tuvo nada que ver. Que el fuego había sido controlado en todo momento. — aclaró su garganta acomodando su postura. — Él también estaba preocupado, por supuesto. Pero tu madre no escuchó razones, ni siquiera las mías, las más importantes. — suspiró. — No es fácil ser mamá primeriza, supongo. Tu padre entiende eso, no es tan estúpido como parece.

Gorgojeos provenientes de su falda la llevaron a bajar la mirada. Otra vez esos ojos carmín puestos en ella, prestando atención, como escuchando. Burbujas de baba escapaban de sus labios entre abiertos.

— Mmm… — la miró levemente disgustada. — De todas formas, sabía que su enojo no duraría mucho, sobretodo después de enterarme por tu tía Bubbles que tanto ella como el Profesor te atraparon generando pequeños incendios desde tu boca. — sonrió en complicidad con la bebé. — Tu tío Boomer tuvo que salir a buscar un peluquero de emergencia gracias a tus resoplidos clientes.

Movió sus dedos contra sus costados causando que risas contagiosas escaparan de la pequeña.

— En fin, era tan solo cuestión de tiempo antes de que tu madre reconociera su error. Eso y que tu padre sabe exactamente donde presionar para calmar a la bestia. El la quiere mucho. — rodó los ojos sonriendo. — Sigo pensando que tu padre es un idiota… — inclinó su cabeza inocentemente hasta nivelar sus ojos a los de su ahijada — y lamentablemente para ti, lo que se hereda no se roba.

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Feliz año...? :)