¡Hola estimadas lectoras y lectores! Soy AkaneKagome, para aquellas personas que no saben que me cambié el nickname en el 2000. Para empezar bien este 2025 y con la esperanza de escribir más este año, les traigo este pequeño oneshot.

Este fic participa en la dinámica de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, Calendario de Adviento Beso de Fin de Año, tema 19 "la luz de tus ojos".

Disclaimer

Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa, pero cruel, de Rumiko Takahashi. Debido al trauma que me dejó la serie, decidí comenzar a escribir lo que a mí me hubiera gustado ver a través de mis fanfics. Hago esto sin ánimo de lucro.

La luz de un nuevo comienzo

Ranma Saotome era un muchacho bastante sin gracia cuando de detalles se trataba. No era bueno recordando o celebrando fechas significativas. Para él, todos los días eran lo mismo, cumpleaños, San Valentín, Navidad, todo le daba igual. En los años que viajaba con su padre, no había tiempo para celebraciones, ni para marcar fechas en el calendario, cada día era similar al anterior. Lo que definía sus vidas era el entrenamiento, el cambio de estaciones y como su aprendizaje en las artes variaba según las inclemencias del tiempo.

Cuando se mudaron con la familia Tendo todo cambió. Por primera vez en sus 17 años de vida llevaba una vida "normal", al menos ahora estaba en un solo lugar, iba a la escuela de forma regular, iba a festivales tradicionales japoneses, y se daba cuenta como para ellos eran significativas las celebraciones. En particular pudo ir aprendiendo lo importantes que eran para Akane. Cómo olvidar la forma en el que rostro de la chica se iluminaba cuando le daba algún presente, o la forma en que sus ojos se volvían aún más hermosos cuando admiraba las decoraciones navideñas. Ella parecía disfrutar de cada detalle, siempre sentía entusiasmo con respecto a cualquier fecha especial. De alguna manera ella le contagiaba el espíritu de la temporada.

Desde su llegada al dojo Tendo se habían convertido en su familia. No importaba si el compromiso se llegaba a concretar o no, Ranma ya se sentía parte de ellos. Cuando su mamá llegó a vivir a la casa, comenzó a tener una sensación de plenitud, se sentía finalmente completo. Mientras reflexionaba sonrió con nostalgia al mirarse al espejo. Se había vestido para la celebración de esa noche con una camisa china de color azul oscuro, pantalón negro y su clásica trenza.

Ese 31 de diciembre, la familia había tomado la decisión de celebrar el cambio de año en un templo cercano al dojo. Además, tendrían una cena para compartir un momento especial juntos. Abajo, Kasumi y Nodoka estarían haciéndose cargo de los preparativos, con suerte, Akane estaría lo más lejos posible de la cocina. Eso le preocupó, ¿qué tal si se le ocurría hacer algún acompañamiento o postre? La sola idea le envió un escalofrío por la espina dorsal. Sentía pena por su prometida, sabía que la chica hacía grandes esfuerzos por aprender a cocinar, no obstante, aún estaba lejos de poder hacer de forma constante algo comestible.

Decidió bajar para buscar a Akane. No tardó mucho en dar con ella, estaba en el comedor poniendo la mesa. Acomodando las servilletas, los palillos y un centro de mesa floral.

-Creo que pronto cenaremos- dijo con una sonrisa al percatarse de su presencia.

-¡Qué bien! ¡Muero de hambre!- respondió el muchacho.

Ella desvió su atención de nuevo a la mesa para dejar listos los últimos detalles. Ranma aprovechó el momento para mirarla. Llevaba puesto un bonito vestido verde oscuro, con mallas de invierno negras, parecía haberse maquillado de forma ligera y arreglado sus cortos cabellos azulados con una prensa de brillos plateados. Cada vez le era más difícil no analizar cada detalle cuando se trataba de ella, quería grabar en su memoria todo lo relacionado con su prometida.

Akane pareció percibir el exceso de atención y levantó el rostro para mirarlo. El chico volteó la cara con rapidez para fingir que veía otra cosa.

-¿Quieres tomar té mientras esperamos a los demás?- sugirió el azabache volviendo a su plan inicial de mantenerla lejos de la cocina.

-Es una buena idea- accedió ella.

Poco tiempo después volvió con dos tazas de té verde. Aquello era algo que sí podía hacer bien. Se sentaron en la orilla del piso, dando hacia el estanque, tomaron a gusto su bebida mientras hablaban de temas triviales. En los últimos meses su relación era diferente, todo parecía más tranquilo. Solo esperaban que no fuera la calma antes de la tormenta...

-Awwww, pero qué bonita pareja hacen...

Ranma por poco se ahogó con el trago que estaba terminado té. Akane intentó no inmutarse, pero un fuerte sonrojo subió por sus mejillas. Su prometido también había sido sorprendido por un carmín que le cubría todo el rostro.

-No molestes- fue la respuesta de la menor de las Tendo.

Nabiki simplemente alzó una ceja y sonrió de medio lado sarcástica.

Nodoka apareció portando un gran platón de comida, justo a tiempo para evitar más intercambios incómodos,

-¿Ocupas ayuda mamá?

-Te lo agradezco, cariño- respondió la matriarca con dulzura. -Si puedes ir a la cocina y traer más platillos sería perfecto.

Ranma siguió las instrucciones, les ayudó con las cosas más pesadas. Ya la comida estaba en su lugar, la mesa lista y servida para la cena de fin de año.

-¡Familia, a comer!- gritó Kasumi. Aunque en realidad solo faltaban Soun y Genma de hacer presencia en el salón.

La comida estaba deliciosa. El que Kasumi y Nodoka hicieran equipo en la cocina era algo que beneficiaba a todos. Ranma tenía que admitir que se sentía muy afortunado de poder disfrutar de la comida de su madre. Mientras comía un pescado miraba con recelo a su padre, el viejo lo había mantenido alejado tantos años de aquellos manjares. Genma era un pésimo padre y muy egoísta, aunque debía reconocer que su decisión de traerlo con los Tendo quizás era la mejor que había tomado en toda su vida.

Todo continuó con normalidad durante la cena. La familia disfrutó la comida y no tocaron ningún tema que los hiciera sentir incómodos. Una vez que finalizaron y recogieron la mesa, los patriarcas sacaron el sake y repartieron vasos para todos. Normalmente Ranma prefería no beber licor, pero en esa ocasión le pareció que era adecuado al menos tomar un poco.

-¡Salud!- exclamó Soun con una sonrisa levantando su pequeño vaso blanco.

-¡Por un año nuevo donde al fin se unan nuestras escuelas!- secundó Genma.

Akane y Ranma por inercia se volvieron a ver avergonzados. Hasta ahí había llegado la velada tranquila. Ojalá no empezaran con más indirectas.

-¡Qué este año que viene traiga cambios positivos, prosperidad, salud y amor!- agregó Nodoka.

-¡Y mucho dinero!- habló Nabiki.

Kasumi, Ranma y Akane se limitaron a simplemente decir -¡Salud!

Eran las 10 de la noche cuando todos acordaron que era el momento de salir camino hacia el templo. Se pusieron sus abrigos de invierno y caminaron hasta el lugar. Al llegar a las afueras del templo había vendedores ofreciendo cosas de comer, té, sake y varias chucherías. Despacio vieron algunas mesas con artesanías y cosas interesantes.

Luego de subir las gradas se dirigieron a donde estaban los amuletos. Compraron los básicos de salud y buena fortuna. Ranma de forma inevitable observó el amuleto del amor... ¿Quizás el nuevo año le traería algo diferente con respecto a ese tema? No es que quisiera una prometida loca más para agregar al caos. No pedía mucho, solo que su relación con Akane siguiera mejorando. Cada vez sentía más temor de reconocer sus sentimientos y de aquellos deseos que de la nada aparecían para atormentarlo. Pudo notar como Akane trazaba una caricia de forma casi imperceptible con sus dedos sobre un amuleto de color rojo que tenía el kanji del amor. Avergonzaba retiró su mano de golpe y siguió a sus hermanas.

Ranma se quedó mirando como ella se alejaba. Sus ojos se devolvieron a la mesa y en un impulso agarró el talismán escarlata. Le dio el dinero al vendedor y con su clásica rapidez de artista marcial guardó el objeto en su bolsillo. Intentó disimular el sonrojo que tenía en el rostro, caminó de vuelta con las chicas como si nada hubiera pasado.

Todos siguieron recorriendo el templo, parando a ver los diferentes recintos y rituales. Al rato se unieron a las oraciones junto a los monjes. En el ambiente reinaba un aire de paz. Las 108 campanadas empezaron a sonar. Sus retumbos eran símbolo de limpiar el alma de las cosas negativas que había dejado el año anterior.

El año que quedaba atrás había sido particularmente difícil. Los estanques de Jusenkyo estaban destruidos. Su objetivo de volver a ser un hombre normal era un espejismo cada vez más lejano. Aquello le hacía sentirse frustrado y sin esperanzas. No obstante, lo peor de todo era que casi la había perdido a ella en la eterna misión de volver a Jusenkyo. Desde que habían vuelto de China el peso de la culpa era una constante carga en su corazón.

Sus ojos zafiro se posaron en ella nuevamente. Akane se había sacrificado por él. La imagen de ella inerte entre sus brazos era un recuerdo horrible, era tan espantoso darse cuenta que aquello pudo haber sido una realidad. Había estado tan cerca de la muerte; si eso hubiera pasado nunca se lo habría perdonado. No habría encontrado fuerzas para seguir con vida. Otra campanada sonó, Ranma solo pudo sentir aquel vórtice de oscuridad. Conforme pasaban las semanas volvían una y otra vez aquellos pensamientos intrusivos. ¿Qué habría sido de él si Akane se hubiera quedado como una muñeca con los ojos cerrados? ¿Si el agua fría luego de recuperar su cuerpo no hubiera podido devolverle la vida? Luego de varias semanas después del viaje, de la boda fallida, del caos, había tenido mucho tiempo para reflexionar sobre todo lo ocurrido.

Estaban dejando ese espantoso año atrás, en el pasado quedaban aquellas escenas que tantas pesadillas le traían. Una terrible opresión se apoderó de su pecho, el mirarla no era suficiente, Akane estaba ahí, pero necesitaba sentirla. Su alma le pedía gritos un simple roce, algo que le ayudara a reafirmar que ella estaba ahí, viva y a su lado.

De manera discreta acercó su cuerpo al de su prometida. Su costado apenas ejerció una leve presión junto al de ella. Akane le miró con una mezcla de dulzura y sorpresa, pero no se movió un milímetro. Antes de que sonara la última campanada, Ranma se armó de valor y tomó la mano de la chica entre la suya.

-¡Feliz año nuevo!- se escuchó a todos vociferar. Gritos de júbilo, aplausos, abrazos, llenaron el templo, todos estaban celebrando.

Comenzaron a oír los estruendos de los fuegos artificiales. Ranma y Akane se separaron, caminaron hasta un punto donde pudieron observar mejor el espectáculo de luces. El muchacho se sentía un poco más tranquilo. Observó una gran explosión de color plateada, sin embargo, su mirada se desvió nuevamente hacia su prometida.

-¡Qué hermoso!- dijo la menor de las Tendo con sus ojos avellanas contemplando el cielo.

-Muy hermosa- musitó Ranma embelesado mirándola a ella.

Akane no pareció darse cuenta de que la frase no iba dedicada a los destellos, sino que era para ella.

-Chicos, será mejor que nos vayamos- Nodoka cortó el momento.

Conforme caminaban de vuelta al dojo aún se escuchaban algunos estruendos. De cuando en cuando se podían ver luces de colores abriéndose paso en el cielo entre las callejuelas y las casas del barrio.

-Oye, Akane- la llamó Ranma por lo bajo. Nadie pareció darse cuenta, excepto ella.

-¿Qué ocurre?- susurró la joven.

El muchacho no supo qué decirle. No sabía cómo explicarle que solo quería sentirla cerca nuevamente. Sin decir una palabra estiró con timidez la mano hacia ella. Akane entendió perfectamente, con delicadeza entrelazó sus dedos con los de él. Caminaron juntos tomados de la mano, manteniendo cierta distancia de su familia. Los demás parecían tan distraídos en la plática y los fuegos artificiales ocasionales, que nunca se percataron de la parejita de prometidos que iba agarrada de las manos caminando nerviosa por las calles de Nerima. Unos pasos antes de llegar a la entrada de la residencia Tendo, Akane soltó su agarré.

-Buenas noches, Ranma- le dijo dedicándole una sonrisa.

-Buenas noches, Akane- respondió él con timidez.

Aunque los dos se acostaron pasada la medianoche les fue muy difícil conciliar el sueño. Los pequeños acercamientos de la velada habían puesto sus emociones a flor de piel. La constante adrenalina, los latidos incesantes, los recuerdos, tanto Ranma como Akane habían dormido muy poco.

Cuando eran cerca de las seis de la mañana, Ranma simplemente se dio por vencido. Sentía un calor asfixiante a pesar de ser invierno, su almohada estaba ligeramente húmeda a causa del sudor. Sintiendo la necesidad de refrescarse, decidió que lo mejor era subir al tejado a recibir la brisa fresca de la noche. En menos de una hora amanecería y le tocaría enfrentar nuevamente a su prometida.

Se tumbó sobre las tejas y miró las últimas estrellas que quedaban en el horizonte. Tenía que dejar de ser un cobarde. ¿Qué más daba si quería tomar a Akane de la mano? Después de todo era su prometida. No sabía por cuánto tiempo iba a poder resistir aquella tóxica necesidad, que se aparecía cada vez con más frecuencia, de tocarla. La chica había reaccionado de forma positiva, no había rechazado sus avances. ¿Quizás ella también quería estar más cerca de él físicamente?

-Ranma...

La suave voz de Akane por poco le dio un infarto. Se sentó de golpe, colocando una mano sobre su pecho con el corazón latiéndole a mil por hora.

-Perdón, no me fue mi intención asustarte- se disculpó ella con la cabeza gacha y avergonzada.

-No, no, no... Es solo que no esperaba que nadie más estuviera despierto desde tan temprano.

-No podía dormir- confesó la joven. Se sentó junto a él a una distancia prudencial.

-Yo tampoco- admitió el chico.

Los dos permanecieron en silencio por unos segundos.

-Ya casi saldrá el sol- dijo Akane de forma casual.

Ranma pareció tener una brillante idea. -¿Te gustaría ir a ver al amanecer?

-Lo vamos a ver de todos modos si nos quedamos aquí- respondió ella encogiendo los hombros sin entender.

El azabache se puso en pie y le tendió la mano. -¿Vamos?

Akane sonrió extrañada. Le dio la mano, sabía que podía confiar en Ranma. El muchacho la ayudó a ponerse en pie. Se dio la vuelta, y la cargó en su espalda. Una vez que la tuvo bien acomodada y segura, comenzó a brincar entre los tejados de la ciudad. La joven Tendo no pudo evitar sonrojarse, no era solo porque tenía las manos del muchacho muy cerca de su trasero, o porque estaba abrazada a su espalda ancha y fornida. ¿Qué pensarían los vecinos si los veían en pijamas dando brincos por todo Tokyo? Aquella escena resultaba muy íntima y descabellada.

Ranma tenía claro a donde quería llegar. Había un sitio a las afueras de la ciudad donde casi nunca había nadie, desde ahí sabía que se podía ver el amanecer, varias veces lo había presenciado cuando salía a entrenar. Fue hasta esa noche cuando pensó que sería un lugar perfecto para que él y su prometida miraran el amanecer durante aquel nuevo año.

Una vez que llegaron a su destino, con delicadeza puso a la joven en el suelo. Ella no podía contener su alegría, una sonrisa grande y pura adornaba su rostro. Akane miró el celaje que comenzaba a cambiar de color. Sin duda era un punto perfecto para ver salir el sol.

-La vista es espectacular. Gracias, Ranma.

-Sabía que te gustaría.

Akane le miró con ternura. Ranma no pudo evitar tragar en seco. Se hundió en sus hermosos ojos avellana, en aquella luz tan intensa que irradiaba de ellos. Les dio las gracias a todas las deidades del universo porque la vio abrir sus ojos en Jusenkyo, dio gracias por poder mirarla en ese momento. El tenerla así, a solas, mirando el amanecer en año nuevo, resultaba abrumador, su cabeza y su corazón eran un mar de emociones. "No sé qué habría sido de mí sino hubiera vuelto a ver la luz de tus ojos..." pensó con nostalgia.

Los dos desviaron su atención al orbe dorado que comenzó a asomarse tímidamente sobre la línea del horizonte. Era la primera vez que compartían la tradición de presenciar el primer amanecer del año juntos, para muchos un símbolo de renacer y esperanza. Ser testigos de aquella primera luz del sol era quizás el preámbulo de un nuevo comienzo.

Siguiendo por primera vez la voz de su corazón, Ranma sacó de su bolsillo el talismán escarlata con el kanji del amor que había comprado. Volteó ligeramente hacia Akane y cuando ella se percató, el chico extendió su mano ofreciéndole aquel regalo.

-Ranma...- musitó ella emocionada.

-No digas nada...- suplicó avergonzado.

Con delicadeza rozó la mano del muchacho y tocó el amuleto. Una descarga eléctrica recorrió a la pareja. El mundo se congeló en aquel momento, no lograba dar ese último impulso de tomar el objeto. Akane no pudo evitar pensar que aquel gesto tenía un poderoso significado. No es que quisiera pensar cosas que no eran, pero el que Ranma le estuviera dando un talismán de amor para el nuevo año era una señal bastante clara.

Las emociones lo dominaban, ya había dado ese paso, sintió que podía dar otro más. Desde hacía mucho tiempo se preguntaba qué se sentiría besarla, por alguna extraña razón, aquel momento le resultó perfecto. Ella parecía estar a gusto con sus acercamientos, estaba aceptando el regalo. Ya no quería tener miedo, era el todo o nada. Quizás debió haberla besado desde el instante en el que ella lo había mirado, luego de casi perderla en Jusenkyo, sin embargo, tenía la oportunidad de hacer realidad uno de sus más ansiados deseos.

De forma algo robótica acercó su otra mano al rostro de Akane. Con los dedos acunó su mejilla y con el pulgar trazó una ligera caricia. Su piel era tan suave, tan cálida y etérea. Sus irises azul-grisáceos se hundieron en los de chocolate, esperaba que con ellos pudiera transmitir todo lo que sentía por ella, lo agradecido que estaba con la vida por ver la luz emerger de ellos todos los días. Sentía cosas que no podía explicar con palabras, pero esperaba que sus acciones algún día le hicieran justicia.

Esperó unos segundos a ver si ella reaccionaba de forma negativa, sin embargo, seguía quieta, mirándolo llena de un brillo particular y lo que parecía anticipación. Tragó salvia dándose valor, fue acercando su rostro despacio, ladeó la cabeza ligeramente hasta que finalmente sus labios se encontraron. Fue un roce delicado, lento, una leve presión donde disfrutaron de algo que ambos habían soñado con hacer realidad desde hacía mucho tiempo.

Se llenó por completo de Akane, de su sabor, de su suavidad, de sus labios, de la forma particular que se sentía su nariz junto a la suya. Quería que el tiempo se detuviera en ese instante para siempre. ¿Por qué demonios había tardado tanto en besarla? Se sentía tan fascinante y tan familiar a la vez. Era como si sus labios hubieran estado destinados a unirse, creados para encajar de forma perfecta.

Despacio ambos se distanciaron, abrumados por las emociones que fluían luego de lo que habían hecho. No pudieron evitar esbozar una sonrisa cómplice. Akane suspiró emocionada. Sin quitar los ojos de su prometido tomó el amuleto rojo entre sus manos y se lo llevó hacia el pecho, justo encima del corazón. Ranma pudo ver en sus pupilas avellana una luz que nunca había visto antes, era un brillo tan hipnótico que por un segundo le fallaron las piernas. La joven le sonrió dejando su alma enamorada completamente expuesta.

-Feliz año nuevo, Ranma...

-Feliz años nuevo, Akane...

FIN

Notas

Perdón porque siempre que publico me gusta venir a compartir con ustedes unas notas enormes con mis pensamientos... Luego de tantos años de no escribir o publicar, quiero agradecer de corazón a la página de Mundo Fanfica Inuyasha y Ranma. Sus dinámicas me han traído de vuelta de las sombras, espero poder seguir participando cuando pueda de sus actividades. Creo que también el remake ha despertado a la musa creativa, tantos momentos con detalles nuevos, redraws, etc... ¡La inspiración está en el aire!

De forma personal, siempre he preferido El Año Nuevo a la Navidad. Sin embargo, nunca había escrito un one-shot o un capítulo al respecto. Si quieren leer más fics navideños tengo 2 one-shots en mi perfil y un capítulo en La Historia de Nuestro Amor.

Para este mini fic me puse a investigar cómo celebraban los japoneses el cambio de año y de ahí se me ocurrió esta idea. Soy una eterna romántica y espero haberlo reflejado bien en este pequeño escrito. Quise de alguna forma conectar el final del manga con el tema de "Año Nuevo" y la "Luz de tus ojos". Quizás Ranma se portó más maduro de lo que es en toda la serie, pero siento que no tuvimos tiempo de realmente ver el impacto que tuvo para él que Akane casi muriera en Jusenkyo. Espero con este pequeño fic interpretar lo que a mí me hubiera gustado ver.

Espero que les haya gusto. Si pudieran dejar sus reviews se les agradece de corazón, son el único pago por las horas de trabajo que toma escribir y editar una historia. No sean tímidas chicas/chicos, aunque no tengan cuentan pueden dejarme un comentario anónimo.

¡Feliz 2025 fandom! Qué este sea un año donde sigamos mostrando el amor que el tenemos a esta maravillosa serie y a nuestra parejita favorita. Mis mejores deseos para todas y todos.

Un abrazo,

Coco