Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.


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Como un dulce sake.

Mareado. Si, así se sentía en ese mismo instante.

Todo daba vueltas, como si estuviese a bordo de un carrusel. La cabeza no dolía, y eso representaba una buena señal. Tal vez había exagerado ligeramente con la cantidad de sake que consumió, pero no pudo evitarlo. Festejar año nuevo junto a su familia se sentía como una gran dicha. Ranma nunca creyó que la paz pudiese alcanzarle alguna vez en la vida, y daba gracias a que pudo saber lo que era tener una gran familia, y un buen hogar.

Reía por lo torpe que estaba siendo en ese preciso momento. Las llaves de su hogar simplemente no querían entrar en el hueco destinado. ¿Estaba nervioso? Un poco. ¿Por qué? Por culpa de ella, de su aroma y sus palabras provocativas. Si, todo seguía dando vueltas sin control.

Un par de manos delicadas comenzaron a rodear su cintura, tocando con suavidad el abrigo que el portaba. Pudo percibir el suculento perfume frutal, y eso incrementó las vueltas que daba su cabeza. Pero no le desagradaba. Al contrario. Produjo deliciosos estremecimientos en todo su fornido cuerpo, y estos aumentaron al notar como los dedos de esas manos abrían los botones delanteros, liberando de a poco su masculino torso. Nunca imaginó que ella fuese la atrevida de la relación. En sus tiempos de antaño, el sería acusado de tomar la iniciativa en ese tipo de momentos. Si su madre se entera de que, en realidad, el se dejaba hacer, lo mataba seguro. Si, ya imaginaba ese pequeño diálogo que Nodoka solía soltar cuando algo no le parecía. No eres nada varonil. ¡Si, claro! Si supiera que cuando se descontrolaba no habia nada que lo detuviera, ya estaría rogando por qué tuviesen bebés tan pronto como puedan.

Cuando las llaves entraron, abrió la puerta y encendió el interruptor de la luz. Avanzó, seguido del cuerpo femenino detrás de él. Rió bajo, confidente, a pesar de encontrarse en la intimidad de su propio hogar. La tonta le soltó un poco para que pudiesen caminar, y lo agradecía, pues le costaba trabajo mantener sus sentidos despiertos.

Ninguno dijo nada. Simplemente se dedicaron a descalzarse en absoluta tranquilidad, pero con cierto grado de ansiedad en sus poros.

Entonces Ranma se giró, quedando de frente a la criatura más hermosa que jamás haya visto.

¿Ya le había dicho que es muy linda? Seguramente si. Si no se equivocaba, lo llevaba diciendo desde que salieron de la que era su antigua casa. Durante todo el trayecto en el taxi, se lo recalcaba en voz baja, porque le daba vergüenza que el taxista les escuchara. Aún no entendía como se había armado de valor para darle besitos dulces en la mejilla, susurrando esas palabras tiernas y otras aún más encendidas que dejaban entrever sus más profundos deseos para esa noche. Quedaba claro que el alcohol hacia maravillas. Y entre risitas sutiles ella le correspondía, murmurando lo que deseaba hacerle una vez que llegarán a casa.

Akane le sonreía muy dulce, como cada vez que estaban a punto de cometer las más traviesas locuras.

Lentamente la atrajo hacia sí, tomándola de la estrecha cintura. Ella se dejaba hacer, con los ojos encendidos y completamente encandilada ante el atrevimiento de Ranma. Se relamieron los labios, anticipando lo que sucedería.

Los labios fueron acercándose, y los alientos iban mezclándose. El perfume femenino se intensificó. Una dulce fragancia con aroma a manzana, un poco de pomelo y rosas. ¡Dios! Desde que Akane se compró ese perfume se volvió completamente adicto a aquellos olores.

Quedaban cuatro centímetros entre ellos. Luego, tres. Dos. Uno.

Y finalmente sucedió. Los labios se tocaron cuál plumas ligeras, mandando descargas eléctricas a cada uno de ellos. El magnetismo quedaba impregnado en sus salivas, las cuales simplemente se mezclaban de forma deliciosa. Sus bocas pasaron de estar quietas por unos segundos a enfrascarse en una ferviente guerra entre ellas, tratando de demostrar quién era el que mandaba. Por supuesto que Akane se consideraba una maestra en el arte de besar a Ranma. Y claro, no podía culparse a si misma, porque el le provocaba un comportamiento más salvaje que nunca creyó tener hasta que probó las mieles del amor.

Ranma, por instinto, fue avanzando junto a Akane, llegando a topar con el muro del recibidor de su departamento. Su cabeza fue bajando lentamente para que Akane no tuviera que batallar con su estatura. Y el mareo se intensificó, logrando que sus varoniles manos se recargaran en la lisa superficie, tratando de mantener el equilibrio.

Akane le mareaba. Desde que tenían dieciséis años ella provocaba ese efecto en el. Tal vez lo equiparaba con tomar un dulce sake como el que degustó en la cena de esa noche. Lo curioso, es que ella siempre fue la única que despertaba aquellas vibraciones. Si, con las demás se ponía nervioso, pero eran otro tipo del nervios. De los que te hacían querer salir corriendo de ahí por lo vergonzoso de la situación. En cambio, Akane le aceleraba el corazón y lo aturdía dolorosamente delicioso.

Su lengua pidió permiso para invadir la boca de Akane, y por supuesto que la respuesta fue positiva. El beso se convirtió en puro fuego, un hermoso torbellino de pasión y amor. El torbellino que causó un mareo más intenso en él, quien por la impresión tan fuerte interrumpió el beso jadeando, completamente rojo y sosteniéndose con más fuerza en el muro. Tragó saliva duro, esperando las risas de burla de Akane. Cada vez que se besaban de esa manera terminaba un poco cohibido. El alcohol ya había disminuido en su sangre, más no fue el caso del deseo.

La de ojos avellana si soltó una pequeña risita, sin embargo, le encantaba verlo así de rendido a sus pies. Ella podía percibir lo que provocaba en Ranma. Sabía que lo embriagaba con su propia esencia, que lo aturdía y lo mareaba con cada movimiento que realizaba, así sea el más mínimo. Ese lo consideraba un valioso premio, un incentivo para seguir dando lo mejor de si en el amor.

Las manos de Akane se movieron desesperadas, quitando su propio abrigo y dejándolo en el piso sin cuestionarse si se había ensuciado o maltratado. Solo era ropa, nada sin importancia.

Se abalanzó hacia su tonto, y lo atacó a punta de sensuales besos. Cuando se encontraban cenando, a Akane le había entrado hambre de él. Lo necesitaba con desesperación. Quizá se debía al sake que su padre y su suegro les ofrecieron, o quizá no. Si, ella también se encontraba un poco mareada, pero el alcohol no era el culpable. El responsable de su estado siempre era Ranma.

Los ojos azules se abrieron momentáneamente, escaneando a su bella esposa. Su hermoso rostro enrojecido solo le recordaba a una exquisita manzana que estaba dispuesto a devorar ferviente. Volvió a cerrar sus iris, dejándose llevar por ese mareo intenso. Sus manos comenzaron a juguetear con el cierre del vestido, bajándolo con parsimonia, deleitándose con la aparición de la piel de Akane. Todo seguía girando sin control, pero control es lo que menos quería.

Akane hizo lo mismo con los botones de la camisa china de Ranma, palpando desvergonzada los pectorales bien formados, acariciando con sus uñas los pezones. Percibía la humedad naciendo en ella, en su entrepierna. Lo necesitaba con urgencia, ya no aguantaba tanta lentitud. Siendo osada bajó su propio vestido, dejando entrever la única prenda interior que portaba. Unas delicadas pantys de encaje rojo adornando aquella parte que guardaba celosamente solo para Ranma.

El de trenza sintió como su corazón parecía salirse de su pecho, y de nuevo el mareo le llenó de golpe. Akane nunca dejaría de sorprenderlo con su atrevimiento. ¿Quién iba a pensar que la chica que el creía nunca sería dulce con el ahora se manifestará tan sensual? Ni en sus más húmedos sueños hormonales pudo prever que su Akane sería puro fuego en la cama.

Dejándose llevar por la situación, Ranma hizo lo propio con su ropa. Los pantalones terminaron en el suelo, al igual que su camisa china. Daba igual si se ensuciaban, o si algún desperfecto se habría manifestado en la tela. Jadeó profundo al mirar a Akane, quien no despegaba la vista de la parte inferior de su esposo. La pronunciada erección ya dejaba entrever el resultado de los besos inquietos, y para ella, eso solamente fue el motor para su siguiente movimiento.

De nueva cuenta, los labios de ambos se buscaron, desesperados por volver a sentir las chispas emocionantes de hacia unos instantes. Las manos no se mantuvieron quietas. Ahora aquellas extremidades exploraban sin pudor todo lo que pudiesen abarcar, tratando de generar espasmos en cada uno de ellos. Sus cabezas giraban, dando vueltas una y otra vez, dejándose embriagar con cada roce de lengua, con cada toque de epidermis. Caminaban torpes hacia la habitación, chocando con algunos muebles y con los muros del espacio. Ante eso, solo reían. ¡Daba igual la torpeza! Ahora solo les importaba ser uno mismo.

Llegaron a la puerta de la habitación, ¿Cómo? Quién sabe. Ranma tanteó el picaporte, mientras sentía su cuello siendo invadido por la lengua juguetona de su esposa. El suave gemido que de sus labios emanó fue efervescente para Akane, quien se encontraba más que complacida por su perfecto trabajo. Y en cuanto la puerta se abrió, ambos se adentraron a la habitación, sin dejar de lado la lujuria. Sus manos osadas tocaban por dentro de sus ropas íntimas, disfrutando de los gemidos y suspiros que cada uno de ellos soltaba.

Las manos masculinas acariciaban la exquisita zona intima, mientras que las manos de la mujer hacía lo propio. Luego, esas manos viajaban a cada rincón posible. Hacia las nalgas, hacia los pechos y pectorales. Por el abdomen, la espalda y los muslos. Giraban por toda la habitación, recargándose en cada mueble que podían, en cada pared que pudiesen encontrar. Se estaban perdiendo, enfrascados en su huracán de lujuria y placer que se destilaba tan dulcemente.

En determinado momento terminaron en la cama, ya sin las barreras de tela que les impedía verse como siempre hacian en las noches ardientes. Y sus lenguas volvían a enfrascarse por completo en la invasión de sus bocas.

Jugueteos por aquí, y toques un poco toscos por allá. Chupetones, lamidas sensuales, mordidas de labios y palabras tiernas. La temperatura estaba a tope, causando que sus pieles se bañaran en una fina capa de sudor que solo potenciaba, con creces, la excitación en sus cuerpos.

Finalmente no aguantaron más. Akane sintió como la invadían, llenándose del más puro placer, ronroneando el nombre de su querido esposo y con los ojos famélicos, inundados de lujuria.

Ranma se tensó un poco, temiendo haberla lastimado. No deseaba provocar dolor a Akane. Jamás se le cruzaría ser brusco e inconsciente al penetrarla. Pero siempre terminaba respirando con tranquilidad cuando Akane le indicaba, con una suave sonrisa, que todo estaba bien. Que le necesitaba con desespero. Al saber que ella clamaba por él, decidía continuar con su tarea.

Akane suspiró al notar como entraba y salía de ella, con delicadeza. Sonrió, enternecida gracias a lo amoroso que era su esposo. Le encantaba hacer el amor con él, porque siempre le demostraba devoción. Con cada embestida la plenitud le hinchaba el pecho, y su corazón latía con emoción.

Ranma bebía a Akane como un elíxir vital. La besaba en los labios, bajando por su cuello y devorando sus pechos, mientras una de sus manos tocaba el clítoris, masajeando y esperando que su esposa disfrutara los mimos a su cuerpo. Sentía como su pene le mandaba descargas eléctricas, y el mareo continuaba en su sistema. Ya no podía afirmar que se debía al sake. En realidad, Akane era su sake, el cuál disfrutaba y degustaba ansioso.

Gemidos, gruñidos y suspiros musicalizaban el placer carnal de ambos. Dos almas guerreras, encendidas en fuego que buscaban alcanzar la cúspide maxima del amor.

Más y más rápido se volvía el vaivén. Más toscas se volvían las caricias, y los besos ardían.

Y entonces, todo estalló.

Sus nombres fueron soltados, mientras que sus cuerpos se retorcían en deliciosos espasmos y temblores suculentos. Sintieron explosiones colosales. Los fuegos artificiales no solo estaban en las afueras, sino que también se manifestaron dentro de los dos, y sus pulmones llamaban por aire.

Luego, sus miradas se encontraron. Las risas confidentes se abrieron paso, y una nueva sesión de besos tiernos comenzó. Eso solo fue el comienzo de una nueva noche. Recibirían el año nuevo juntos, y que mejor manera que amándose libremente.

El mareo nunca despareció. Simplemente siguió fluyendo para no desvanecerse hasta el amanecer.

Si, Akane era como un dulce sake. Y Ranma estaba dispuesto a degustarlo hasta la última gota sin importar si su cabeza daba vueltas. La amaba, y así sería por todas las noches de su vida.


¡Hola a todos!

Antes que nada, pido disculpas por no poder traer actualización de Nieve de cristal. Había estado un poco ocupada, pero ya tengo algo de tiempo libre. Prometo que pronto la tendrán, no desesperen.

Bueno, este es el primer fic del año, y que mejor que traerles un suave lemon. La inspiración salió de un post en X que leí. Gracias a una cuenta japonesa, medio fandom descubrió una cosa interesante. En las onomatopeyas del manga, a Ranma se le pone un doki cuando su corazón late por vergüenza. Pero Rumiko hace algo diferente con Akane. No solo está el doki, sino que también hay otra onomatopeya ahí. Se trata de un kura kura, y eso significa mareo/que la cabeza da vueltas. Akane es la única que provoca aquello en él. Y pues hice la comparación de cuando te embriagas con alcohol. Para Ranma, Akane es como un sake. Lo embriaga de amor. Ojalá les haya gustado la comparación que hice.

De todo corazón, les deseo un gran inicio de año. Espero poder seguir trayendo más historias para todos ustedes, y las actualizaciones de cada uno de mis fics. Y les agradezco mucho por leerme, aprecio mucho que se tomen su tiempo.

¡Feliz año nuevo!

Con amor, Sandy