Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.
Traducción beteada por Flame's Child y Mary Eagle Med
Manacled
por SenLinYu
Capitulo 7
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Los siguientes tres días transcurrieron de la misma manera. La mesa aparecía puntualmente a las siete y media de la tarde. Hermione iba y se inclinaba sobre ella unos minutos antes de las ocho. Malfoy entraba, actuaba y luego se marchaba sin decir una palabra.
Hermione recitaba poesía para sí misma e intentaba alejar su mente tanto como fuera posible de ella. Cualquier cosa para no pensar en lo que le estaba ocurriendo a su cuerpo.
Ella no estaba allí. Estaba acostada sobre una mesa porque estaba cansada. Trazó sus dedos por la fibra sutil de la madera. Tal vez era de roble o nogal.
Tan pronto como se le permitía abandonar la mesa, se metía en la cama y rezaba para que llegara el sueño. No le permitían asearse hasta la mañana siguiente y odiaba sentir el líquido entre sus piernas.
Intentaba no pensar en ello. No mientras sucedía, ni después ni a la mañana siguiente. Ella sólo... trataba de no pensar.
No había nada que pudiera hacer.
Procuró empujar todo hacia un rincón de su mente, llevar a ésta tan lejos de su cuerpo como le fuera posible y quedarse allí.
Cuando se despertó a la mañana siguiente del quinto día, quiso llorar. Se sintió tan aliviada de que, al menos temporalmente, había terminado. La sensación de horror que residía en su estómago se sintió ligeramente aliviada.
Se levantó y se bañó, frotándose cada centímetro de ella de forma ritual. Luego, se quedó parada con resolución ante la puerta del dormitorio.
Ella iba a salir. Iba a salir de su dormitorio y explorar al menos... cuatro; cuatro de las otras habitaciones a lo largo del pasillo.
Estaba decidida a examinar cada centímetro y ver si podía encontrar algún arma potencial para matar a Malfoy.
Había imaginado su muerte en una multitud de maneras creativas durante los últimos días. Se sostuvo con el ferviente deseo de ver cómo la luz se desvanecía de sus ojos. Daría cualquier cosa por atravesar una espada en su corazón frío.
Estaba dispuesta a conformarse con estrangularlo o envenenarlo.
Aparte de Voldemort y Antonin Dolohov, no había otra muerte que Hermione deseara tan fervientemente.
Dolohov había sido el principal desarrollador en la división de maldiciones de Voldemort. A él le habían atribuido la creación de las maldiciones más horribles que habían surgido a lo largo de la guerra. Hermione se preguntaba si estaba vivo, aún inventando nuevos métodos con los cuales matar personas con una lentitud agonizante.
Ahora, Dolohov y Malfoy estaban casi empatados. Hermione no estaba segura a cuál de ellos quería más muerto; probablemente todavía sería Dolohov, supuso. Incluso si el número de muertos fuera igual, al menos Malfoy no era tan sádico.
Abrió la puerta y salió sin detenerse a cerrarla detrás de ella. No se dio tiempo para paralizarse. Corrió por el pasillo hacia la habitación más cercana.
Al llegar ante la puerta cerrada, ella dejó caer la cabeza contra el marco y se obligó a respirar. Respiraciones profundas y lentas. El aire entraba hasta el fondo de sus pulmones y luego salía lentamente hasta la cuenta de ocho.
Le temblaban los hombros y los dedos. Se volvió con determinación para examinar la habitación. Era casi idéntica a la de ella, pero con dos sillas y un diván.
Se dio vuelta, captando todos los detalles generales. Mientras lo hacía, casi se le escapó un insulto cuando vio una pintura en la pared. Era del estilo naturaleza muerta holandés. Había una mesa de flores y frutas. Junto a ella estaba la bruja del retrato del dormitorio de Hermione. Ella la estaba mirando con una expresión ligeramente desafiante.
Hermione quería arrojarle algo, pero apretó los puños y se obligó a no reaccionar. Caminó lentamente por la habitación, echando un vistazo en el armario, debajo de la cama y en el baño.
Se deslizó detrás de las gruesas cortinas de invierno y miró otra sección del laberinto de setos.
Revisó todas las tablas del suelo, pero ninguna de ellas chirrió ni se movió.
Por supuesto que no iba ser fácil.
Respiró hondo y se obligó a caminar lentamente hacia la habitación de al lado.
Era casi exactamente el mismo diseño. El retrato la siguió y ahora la vigilaba estando sentada ante un picnic de estilo impresionista trazado junto a un río, mordisqueando queso a propósito mientras estudiaba a Hermione.
La tercera habitación fue la más alentadora porque, a pesar de que no contenía nada que fuera remotamente útil, el baño tenía ducha. El corazón de Hermione dio un pequeño brinco, ya que moría por tomar una ducha.
Lavarse el pelo en la bañera era una de las innumerables cosas que odiaba de su vida. Cuando se despertó en la enfermería de Hogwarts después de haberse desmayado, le limpiaron el cabello y cuerpo con un hechizo fregotego para eliminar los meses de suciedad. No podía recordar cuándo fue la última vez que había lavado su cabello correctamente.
Continuó en la siguiente habitación, y así siguió. Sus ataques de pánico parecían estar ligeramente bajo control cuando se enfocaba en moverse de una habitación a otra, contando lentamente hasta cuatro cada vez que inhalaba y exhalaba.
Era el pasillo lo que principalmente le molestaba: lo vasto, lo abierto, lo desconocido...
Las habitaciones individuales eran moderadas y algo manejable.
Revisó todas las habitaciones que no estaban cerradas. Lo más cercano a ser útil que encontró en cualquiera de ellas fue un atizador de la chimenea, que no podía tocar.
Regresó a su habitación y se acurrucó en la silla junto a la ventana.
Se sentía perdida. ¿Qué se suponía que iba a hacer?
Cerró los ojos, sintiendo que su interior se encogía ligeramente. Necesitaba acercarse a Malfoy.
Él era lo más parecido a una llave que ella podía llegar a tener. Mientras él siguiera siendo un misterio, no tendría forma de predecir de qué manera era y no era cuidadoso.
Parecía ser meticuloso: todo era irrompible, había un retrato en cada habitación y baño. Pero nadie era perfecto. Todos tienen alguna debilidad, eventualmente encontraría la de Malfoy y la usaría para acabar con él.
Todo sería, por supuesto, un juego del gato y el ratón.
Cualquier debilidad que ella descubriera, él la encontraría rápidamente en su mente. Si ella no supiera nada sobre él y sólo tratara de ser impredecible, él aun así lo encontraría en su mente. El truco sería conocerlo lo suficientemente bien como para que ella pudiera moverse más rápido de lo que él pudiera detenerla.
La idea de estar cerca de él era aterradora.
Siseó débilmente a través de sus dientes y se acurrucó en un ovillo más apretado. La sola idea de estar a la vista de Malfoy hizo que una sensación de terror en forma de aguja se deslizara por su columna vertebral y se enrollara en su zona lumbar.
Enterró la cara en la silla.
Ella lo haría.
Lo tenía que hacer.
Sólo que…no todavía.
Necesitaba unos días más para orientarse. Para separarse de los últimos cinco días que acababa de soportar.
Tal vez sería pasado mañana.
Malfoy no le dio tiempo para separarse ni orientarse. Al día siguiente él entró a su cuarto cuando estaba terminando de almorzar, y ella estaba tan asustada que casi gritó.
Él se quedó ahí parado, mirándola durante varios segundos, mientras ella se aferraba el respaldo de la silla para tratar de no estremecerse.
¿Por qué estaba aquí? ¿Qué quería? ¿Iba a violarla de nuevo?
Los dedos de ella se crisparon y tuvieron espasmos mientras trataba de calmarse.
Sus ojos fríos y pálidos se deslizaron sobre ella como si estuviera tomando nota de cada detalle. Hubo un destello en su mirada cuando notó las manos de ella temblando, pero se desvaneció rápidamente en una frialdad inquebrantable y atenta.
Como una víbora, en el instante antes de atacar.
—No has estado siguiendo las instrucciones —dijo después de estudiarla por un minuto.
Hermione lo miró fijo, perdida.
¿Se suponía que ella no podía ir a otras habitaciones? Nadie le había dicho que no podía. Él le dijo que tenía permitido salir de su dormitorio, aunque se dio cuenta, mientras su estómago se anudaba, que probablemente había sido un truco, para darle la oportunidad de castigarla.
Sintió como si hubiera algo metido en su garganta mientras intentaba tragar su terror y adivinar qué es lo que él haría.
—Se supone que debes salir afuera durante una hora todos los días —dijo aclarando, con los labios torcidos levemente—. Al ver que apenas saliste de tu cuarto, parece que ese conjunto de instrucciones las has ignorado. No permitiré que tu inestabilidad mental interfiera con mi capacidad de obedecer a mi Señor.
Hizo un gesto brusco hacia la puerta, luego se detuvo y la miró de nuevo.
—¿Tienes una capa?
Hermione negó con la cabeza débilmente. Él hizo una mueca y rodó los ojos.
—Me imagino que dejar que te congeles podría calificarse de negligencia y tortura —dijo con un suspiro. Retiró su varita y, con un movimiento, conjuró una pesada capa de color rojo oscuro y se la arrojó.
—¡Ven! —él salió de su habitación y recorrió el pasillo.
Ella lo siguió automáticamente mientras él la guiaba por las escaleras principales del ala y salió a un gran porche de mármol.
Hermione jadeó sorprendida cuando salió y sintió la brisa helada en su rostro. Se mordió el labio e intentó calmarse mientras estaba parada en la entrada.
Él se giró bruscamente.
—¿Qué? —preguntó, su mirada gélida se entrecerró.
—No... no he estado afuera desde el día que Harry murió —dijo con una voz que se quebró ligeramente—. Olvidé… cómo se siente el viento.
Él la miró por unos segundos antes de resoplar y volverse.
—Una hora. Ve. —dijo, conjurando una silla y haciendo aparecer un periódico.
Los ojos de Hermione se fijaron de inmediato en los titulares que pudo distinguir. Estaba tan sedienta de información que atrajo su atención más fuerte que la sensación abrupta de estar al aire libre.
"¡Esfuerzos de repoblación en curso!", gritaban las palabras en la parte superior.
Sintió que algo se retorcía en su interior, apretó los labios y miró hacia otro lado. Malfoy notó su mirada.
—¿Quieres ver? —él preguntó alargando las palabras lentamente lo que hizo que su piel se erizase. Escuchó el chasquido del papel desplegándose y vio una foto de sí misma, inconsciente en una cama de hospital en la portada del diario El Profeta.
Ella lo miró, horrorizada.
"La sangre sucia de Potter se encuentra entre las primeras subrogantes elegidas por el Señor Oscuro para aumentar la población mágica", fue el resumen incluido debajo del titular.
Malfoy la miró con una sonrisa.
—Mira, yo también estoy incluido —Su boca se torció en una delgada y maliciosa sonrisa y sus ojos brillaron cuando señaló una imagen de sí mismo más abajo en la columna—. En caso de que alguien en el mundo entero quiera saber exactamente quién te está follando y dónde estás.
Hermione tuvo ganas de vomitar en la maceta de abeto azul junto a la puerta.
—Pensé que era una trampa bastante obvia —agregó Malfoy con un suspiro, apartando la vista de ella y reclinándose en la silla. Abrió el periódico con una expresión de aburrimiento —. Por otra parte, tu Resistencia nunca fue conocida por su inteligencia. Algo más sutil probablemente los eludiría. El Señor Oscuro tiene muchas esperanzas de que si aún queda alguien, se sentirán moralmente obligados a entrar para salvarte de la manera en que a Potter siempre le ha gustado.
Oh, Dios...
El mundo entero sabía que Voldemort la había convertido en la esclava sexual de Malfoy para el programa de repoblación. Estaba siendo utilizada como cebo.
Hermione se tambaleó hacia atrás, sintiéndose débil. Necesitaba alejarse de Malfoy y su crueldad antes de sufrir un colapso mental. Puso una mano sobre su boca mientras se tambaleaba por el camino de grava.
—Si te pierdes en el laberinto de setos, enviaré a mis perros para que te saquen —La voz severa de Malfoy pareció seguirla.
Ella corrió.
No había corrido en años, pero se había mantenido bastante en forma dentro de su celda por todos los saltos y flexiones que había hecho para apagar su mente.
Necesitaba apagar su mente.
No podía pensar. Necesitaba moverse hasta que no pudiera más.
Ella corrió por el camino hasta que se abrió en un carril y aceleró. Los imponentes setos a su alrededor se sentían sofocantes.
Todo la estaba sofocando.
Levantó las manos para desabrochar la capa que Malfoy le había dado y sintió cómo el viento la alejaba.
Ella preferiría congelarse.
Corrió y corrió hasta que los setos terminaron y el camino continuó a través de amplios campos. Ella siguió andando porque si se detenía, pensaría y si pensaba, lloraría. No podía llorar. No hasta que hubiera descubierto una manera de escapar y evitar que algún miembro sobreviviente de la Resistencia intentara salvarla.
Oh Dios.
Oh Dios...
Finalmente, se detuvo.
Sus pulmones se sentían como si estuvieran en llamas. La punzante y ardiente necesidad de oxígeno era aguda cuando su pecho se agitaba. Todo su cuerpo estaba resbaladizo por el sudor que rápidamente se convirtió en un frío mordaz. Había un dolor punzante en su costado. Sus zapatos estaban casi hechos pedazos y su falda, cubierta de barro.
Se quedó de pie jadeando y se giró para mirar dónde estaba.
La finca Malfoy parecía interminable. Había colinas grises de hierba muerta por el invierno y grupos oscuros de árboles sin hojas en la distancia, todo contra un cielo gris.
Se sentía como si todo el color hubiera sido filtrado del mundo. Excepto ella. Estaba de pie en rojo escarlata. Lo austero contra el monocromo.
Presionó las manos congeladas sobre su boca mientras continuaba jadeando.
Cuando su pecho finalmente dejó de agitarse, se dio cuenta gradualmente de lo fría que se estaba sintiendo. Hubo un viento muy frío que cortaba la delgada ropa que llevaba. Sus manos se estaban volviendo completamente blancas y podía sentir cómo sus mejillas y la punta de su nariz le empezaban a doler lentamente. Había una sensación helada en los dedos de los pies que comenzaba a irradiar hacia las piernas cuando el agua le empapó los zapatos y las medias.
Se volvió para mirar hacia la dirección en que había venido. Los setos eran diminutos en la distancia.
Ella presionó las manos heladas contra sus ojos durante varios minutos, tratando de pensar.
No había nada.
Nada nuevo. Nada más que ella pudiera hacer.
Su plan seguía siendo el mismo. Nada había cambiado.
Su situación era exactamente la misma que la noche anterior. La única diferencia era que su conocimiento se había ampliado ligeramente. Las opciones eran igual de limitadas; la apuesta simplemente había aumentado un poco más.
Se giró lentamente.
Dudaba que Malfoy de verdad enviara a los perros tras ella. Ser atacada por un grupo de perros de caza podría interferir con sus habilidades reproductivas.
Se preguntaba con la mente distraída si las esposas le permitirían luchar contra un animal atacante. Si estuviera realmente desesperada por morir, tal vez podría lanzarse en el camino de una criatura mortal. Alguien tan malvado como Malfoy podría tener algo como una mantícora escondida en su finca. O tal vez, si hubiera trampas para los posibles rescatistas, podría arrojarse a una de ellas.
Sus dientes comenzaron a castañetear mientras continuaba por el camino hacia los setos. Estaba demasiado cansada para correr de nuevo y tratar de calentarse, así que se abrazó a sí misma y continuó caminando.
No se le había ocurrido que Voldemort publicitaría los esfuerzos de repoblación. En retrospectiva, era algo evidente. No era un secreto que pudiera guardarse fácilmente cuando se distribuían subrogantes a setenta y dos de las familias mágicas más prominentes de Gran Bretaña. Mejor ponerlo completamente al descubierto.
Se preguntaba cómo se sentiría Malfoy al ser asociado públicamente con ella. La sangre sucia que tanto había odiado en el colegio, ahora se volvería la madre de sus hijos. Todo el mundo lo sabría.
Era tan servilmente obediente a lo que sea que su Lord quisiera, que probablemente lo racionalizó de alguna manera. Se burló de sí misma.
La cantidad de formas en que Hermione podía odiarlo era casi alucinante. Cada vez que lo veía, era como si encontrara un aspecto completamente nuevo de él que sólo aumentaba las razones por las que merecía una muerte lenta y cruel.
Las afiladas rocas del camino de grava eventualmente rompieron completamente sus zapatos. Sus pies comenzaron a sangrar cuando estaba llegando a los setos. Se quitó los zapatos y los arrojó al tejo donde quedaron atrapados. El rojo fangoso se destacó crudamente.
Ella siguió caminando mientras temblaba.
Cuando finalmente regresó a la mansión y dio vuelta en la esquina, descubrió que Malfoy todavía estaba allí, leyendo un libro. El periódico estaba tirado a un lado.
Ella se detuvo, vacilante, porque no quería interactuar con él, pero también sentía un frío agonizante y no sabía de qué otra manera podía entrar.
Su movimiento o color llamó la atención de Malfoy. Levantó la vista bruscamente y la miró fijo, viéndose ligeramente pasmado mientras observaba su aspecto desaliñado. Luego arqueó una ceja y sonrió.
—Veo que tomas tu condición en serio. Sangre y sucia —se rió ligeramente por un momento antes de que su expresión se endureciera—. No deberías haber perdido tu capa. Todavía tienes —miró su reloj—, diez minutos antes de que te deje entrar.
Hermione volvió a contraerse en la miseria y se dirigió a un lado de la mansión. Encontró un lugar que estaba de alguna forma alejado del viento y se enroscó contra el edificio formando una bola apretada, tratando de conservar su calor corporal.
Tenía mucho frío.
Sus temblores se habían detenido, y ahora se estaba adormeciendo, lo cual, ella se dio cuenta vagamente, indicaba hipotermia.
En realidad, Hermione nunca había tratado la hipotermia durante la guerra. Sólo la variedad provocada por los dementores.
La hipotermia no era algo que las personas mágicas tendieran a sufrir. Los encantamientos de calentamiento eran tan fáciles que la mayoría de los de primer año podía realizarlo. La ropa de abrigo mágica usualmente tenía el hechizo entretejido.
Debería decirle a Malfoy que la temperatura de su cuerpo estaba bajando peligrosamente.
Pero… si esperaba... tal vez moriría de eso.
Eso solucionaría todos sus problemas.
Se apretujó más cerca del lado de la mansión y cerró los ojos. Respirando superficialmente.
Las cosas lentamente se volvieron reconfortantemente vagas.
—Qué creativa —la voz áspera de Malfoy invadió la niebla en su mente.
Algo incómodamente caliente golpeó todo su cuerpo. Hermione gritó por la sorpresa. Se dio cuenta, después de un momento, que él le había lanzado un encantamiento para que entrara en calor. El dramático contraste de temperatura había sido físicamente doloroso cuando la magia del hechizo chocó contra su piel.
Malfoy ya se estaba alejando cuando ella levantó la vista.
Idiota bastardo. Él la había calentado para contrarrestar la hipotermia, pero no lo suficiente como para aliviar el frío glacial que sentía.
Se acurrucó contra la mansión y trató de adivinar cuándo habían pasado diez minutos. Sus pies y manos le dolían hasta los huesos por el frío.
Se sentía muy arrepentida por el lugar donde había terminado su capa. Al parecer, todavía le quedaba un poco de impetuosidad Gryffindor. Justo lo suficiente para permitirse a veces hacer cosas muy estúpidas. Ahora que su rabia y horror se habían aliviado un poco, pudo apreciar más su idiotez impulsiva.
Tratar de usarla en contra de Malfoy rechazando la atención que a él se le encomendó no lastimaba a nadie sino a ella misma. Era como negarse a comer. Debilitarse para demostrarle que todavía podía ser obstinada era exactamente lo contrario de lo que debería estar haciendo. Malfoy no se iba a descuidar si pensaba que ella todavía tenía el espíritu de pelea.
Estaba tirando piedras sobre su propio tejado.
Gimió y golpeó su cabeza contra la pared de la mansión.
Un minuto después, el sonido de grava crujiendo llamó su atención. Levantó la mirada para encontrar a Malfoy acercándose una vez más.
Su expresión era fría como el viento.
Extendió la mano y dejó caer la capa a sus pies.
—La encontraste —dijo ella, mirando hacia abajo.
—Magia. El hechizo Accio es bastante útil para aquellos que aún podemos usarlo —dijo con una sonrisa cruel —. ¿Vas a levantarte o te arrastro? Tengo más cosas que hacer que simplemente vigilarte. Hay muchos muggles aún vivos. También hay varios elfos domésticos que no he pateado últimamente.
Él le sonrió fríamente.
Hermione se mordió la lengua. Levantó la capa, se puso de pie y se envolvió con ella. Él giró bruscamente sobre sus talones y regresó al porche, se detuvo junto a la puerta y esperó a que ella lo siguiera.
Cuando lo alcanzó, se dio cuenta de que él había palidecido un poco y estaba mirando al suelo detrás de ella. Se giró y vio que había dejado huellas ensangrentadas sobre el mármol blanco. Se veía ligeramente pensativo mientras las estudiaba.
—¿Sorprendido de darte cuenta de que nuestra sangre se ve igual? —preguntó ella con voz suave.
Él se mofó.
—Toda la sangre tiene el mismo aspecto. Mis perros sangran del mismo color. Lo mismo ocurre con mis elfos domésticos. La cuestión de la superioridad es respondida con el poder. Dado que soy el amo de los perros, los elfos y tuyo creo que la respuesta a esa pregunta es suficientemente clara.
—Sin embargo, yo soy la destinada a darte herederos—dijo Hermione, mirándolo a los ojos con la misma expresión fría.
—Eso se debe a la falla de Astoria, no a la mía —dijo, sus labios se curvaron ligeramente. Sacó su varita y borró la sangre del mármol. Luego suspiró y puso los ojos en blanco.
—Supongo que no puedo permitir que arruines las alfombras, sin importar lo divertido que sea dejarte sangrando.
Agitó la varita a sus pies y los limpió antes de lanzar una serie de hechizos curativos, luego desvaneció el barro que cubría el dobladillo de su vestido.
—Confío en que tu cerebro aún funcione lo suficiente como para encontrar tu propio camino de regreso a tu habitación. Si no, puedes dormir en el suelo en alguna parte —dijo y desapareció con un chasquido.
Hermione se quedó sola ante la puerta durante varios segundos. Estaba helada pero...
Se lanzó hacia donde estaba la copia de El Profeta tirada en el suelo y la tomó. Entró por la puerta y se alejó por los pasillos para apartarse del frío mordaz antes de abrir el periódico apresuradamente y comenzar a devorar toda la información que contenía.
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NdT: No tengo mucho para agregar. Les confieso que no ando muy de animo porque mi perrito está enfermo y muy débil, no se que va a pasar. Quiero tener esperanza, pero la realidad me muestra otra cosa, y a la vez quiero creer en los milagros.
Así que en verdad no puedo pensar mucho, sólo quiero agradecer por leer y por dejar sus reviews. Las aprecio muchisimo. Abrazo fuerte.
*12 de agosto de 2019*
