Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción beteada por Flame's Child y Mary Eagle Med


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 11

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Malfoy se rio débilmente.

—¿Te gusta?

Ella inclinó la cabeza hacia un lado. Resultaba sencillo mirarlo ahora que no se sentía ni asustada ni abrumada por su odio hacia él. Era consciente de que él era peligroso, pero su cuerpo no tenía reacción física alguna. Su estómago no se retorcía. Su frecuencia cardíaca no se triplicó. Él podría haber sido una estatua.

—Se siente como si estuviera muerta.

Él asintió como si la declaración no lo sorprendiera.

—Los efectos son temporales. Se desvanecerán después de doce horas. Y eventualmente te volverás inmune. Debería funcionar el tiempo suficiente para que te adaptes a la mansión y a la finca.

Hermione lo miró fijo.

—Estás siendo diferente conmigo ahora. Eres menos cruel. ¿Por qué estás haciendo esto por mí? —preguntó, frunció el ceño confundida. Aparentemente, todavía podía sentirse confundida.

Él arqueó una ceja y se inclinó hacia adelante tan cerca que su aliento se deslizó por su mejilla.

—No estoy haciendo esto por ti, sangre sucia —respondió suavemente en su oído —.Lo estoy haciendo por mí. De todos modos, no reaccionarías.

Él se enderezó.

—¿Ves? Nada. Sin pulso elevado. Sin palpitaciones. Podría traer un boggart o inclinarte sobre una mesa y no parpadearías. No es muy divertido.

Hermione asintió, pensativa. Si ella quisiera suicidarse, sería más fácil hacerlo bajo el efecto de la poción. Él no podría ser capaz de detectar nada hasta que fuera demasiado tarde.

Malfoy se puso muy serio. Hizo un gesto hacia la puerta.

—¿Vamos?

Ella fue a buscar su capa y lo siguió afuera. Él se detuvo en el porche y observó cómo ella bajaba los escalones sola. La nieve había sido despejada del camino de grava, pero podía sentir el frío que le acalambraba los dedos de los pies a través de los zapatos. Hacía un frío gélido ese día.

Vaciló por un momento, tratando de decidir a dónde ir. Luego caminó hacia el laberinto de setos. En todos sus paseos con Malfoy, él nunca había entrado a éste. Tenía bastante curiosidad sobre si podría encontrar el camino.

Era enorme. Los setos se alzaban sobre ella. Le hizo recordar el laberinto de setos del torneo de los Tres Magos. Dudaba que el de Malfoy intentara comerla o tuviera criaturas oscuras. Deambuló por el camino sinuoso, retorcido y serpenteante, y pensó en la poción que Malfoy le había obligado a beber.

Había tenido el fugaz presentimiento de que él estaba tomando una dosis de lo mismo para ser un bastardo tan frío y malvado, pero descartó la idea después de pensarlo un momento. La maldición asesina era magia basada en la emoción. Imposible lanzarla con indiferencia.

Aunque de alguna manera él parecía terriblemente capaz de romper las reglas en cuanto a esa maldición.

Dejando a un lado a Malfoy y el misterio de su pozo de odio sin fondo, ella podría usar la poción. Podría avanzar mucho más en la búsqueda de un escape bajo la influencia de la poción de lo que había podido en el último mes. Tanto que parecía sospechosamente descuidado de Malfoy.

Hizo una pausa para considerar la idea.

Él no era descuidado. No importaba cuánto odiara vigilarla, no era una persona descuidada. Debía haber algún tipo de prueba de fallos que lo hacía sentirse lo suficientemente seguro como para dosificarla con algo tan poderoso. De lo contrario, no lo arriesgaría, incluso si encontrara que vigilarla era una forma de tortura.

¿Cómo podía estar seguro de que ella no haría nada cuando era poco probable que su ritmo cardíaco y su pulso la delataran?

Ella casi se había arrojado de un balcón y él sólo la detuvo. Sabía exactamente cuándo necesitaba aparecer...

Bajó la mirada a sus muñecas.

Tenía que haberlo sentido a través de las esposas. Pero cómo supo que tenía que venir en ese momento si nunca se molestó en aparecer durante sus ataques de pánico. Un encantamiento de monitoreo, incluso uno especializado, no podría diferenciar eso con tanta precisión.

A no ser que…

Malfoy de alguna manera estuviera leyendo su mente a través de las esposas...

Tan pronto se le ocurrió la idea, se sintió segura de que tenía razón. ¿Cómo? No sabía. Pero estaba dispuesta a apostar por eso.

Qué irritante. Debería estar furiosa pero no podía convocar la emoción. Debería ser tragada por la desesperación, pero el agravamiento intelectual era lo que más podía llegar a reunir.

Como si su legeremancia no fuera lo suficientemente invasiva; merodeando por su mente como si fuera su ostrero personal. Estaba segura que de algún modo él también estaba leyendo su mente a través de las esposas.

Él nunca trataba sus pensamientos de manera superficial. Ella se había percatado de eso. Recordó cómo Snape solía hacerlo con los estudiantes, sumergiéndose en sus mentes a través de los ojos y deduciendo lo que estaba en primer plano. Cuando ella hizo contacto visual con Malfoy, él ni siquiera lo intentó.

Hermione se dio vuelta. Salió del laberinto de setos y regresó al porche donde Malfoy parecía inmerso en un libro sobre alquimia.

Él cerró el libro y la miró mientras ella lo observaba fijamente con las manos sobre sus caderas.

No podía decir nada pero podía fulminarlo con la mirada.

Él pareció darse cuenta de que no podía hablar, pero sólo sonrió ligeramente y la miró.

—¿Si? —dijo finalmente después de casi un minuto.

—¿Estás leyendo mi mente?

Él sonrió ampliamente.

—Y sólo te tomó un mes para que te dieras cuenta —dijo como un elogio fingido —. Aunque se entiende, has estado bastante ocupada deprimida y llorando, temiéndole a los pasillos y al cielo.

Lo bueno de no tener emociones era que la maldad de Malfoy se sentía simplemente como si arrojaran piedras a un estanque. Un pequeño y rápido chapoteo en su inmunidad mental y luego de nuevo quietud e indiferencia.

—¿Cómo es eso posible? —preguntó ella levantando una ceja, escéptica. Desafiaba varias leyes fundamentales de la magia.

—Ten por seguro, sangre sucia que no estoy leyendo todos tus pensamientos. Si tuviera que someterme al flujo constante de tu conciencia, probablemente me lanzaría un Avada yo mismo. Sólo te registra cuando estás haciendo algo… interesante. Y eso me ahorra de tener que aparecer sólo porque intentas bajar tú sola por una escalera.

La Hermione no drogada se habría sonrojado furiosamente por su burla. Pero la presente Hermione sólo parpadeó y reflexionó la información.

Entonces no era algo constante. Era bueno saberlo. Pero cuando algo se registraba lo suficiente, de alguna manera él podía ahondar y leer sus pensamientos más importantes. Eso… era un problema.

Ella lo estudió. Tendría que robar lo que sea con lo que él la estaba vigilando. Umbridge lo describió como un amuleto que lo llevaba el jefe de familia. Hermione no estaba segura de lo que podría ser. Los amuletos mágicos eran normalmente algo metálico para canalizar la conexión mágica. Y necesitaban ser usados: collares, pulseras o anillos eran los más comunes.

Malfoy no parecía usar joyas, ni siquiera una alianza de boda. La única pieza visible en él era el anillo negro en su mano derecha.

Quizás era eso.

—No puedes robarlo —dijo Malfoy arrastrando las palabras.

Ella lo miró bruscamente.

—No es un objeto. No es esto —dijo, y levantó la mano para mostrarle el anillo que ella había estado observando. Se lo quitó del dedo y se lo arrojó. Ella lo atrapó por reflejo y lo estudió.

Era un espécimen de metal negro. No parecía tener ningún tipo de firma mágica fuerte como lo haría algo conectado a las esposas. Pero aun así todavía lo era. Él podría estar mintiendo. Tal vez estaba tratando de desorientarla.

Se preguntó qué haría él si ella se lo tragaba.

Él se echó a reír.

—No te lo tragues.

Ella levantó la vista bruscamente y él arqueó una ceja adrede. Sonrió y extendió su mano. Ella dejó caer el anillo de mala gana en su palma y él lo deslizó de nuevo en su dedo.

—Como dije, no es una cosa. No puedes robar el rastreador. No el que está contigo. Utilizaron magia de sangre para activar tus esposas.

Hermione lo miró, asombrada.

—¿Estoy en tu cabeza? —preguntó ella y su boca se abrió ligeramente cuando la comprensión la golpeó.

Le habían extraído sangre.

Cuando estaba en Hogwarts, habían tomado viales de su sangre y su cabello. Ella había asumido que era para pruebas genéticas. No se le había ocurrido que se usaría para realizar un ritual de magia de sangre.

Eso significaba que ella, por su sangre vital, estaba atada a la conciencia de Malfoy. Él podía sentirla en el fondo de su mente. Era como los escudos conjurados con sangre para proteger las fincas y castillos, creando una conexión subconsciente con el Señor que lo poseía. Los escudos protectores de sangre permitían al propietario detectar cuando alguien entraba o intentaba manipular algo. Hermione existía en la mente de Malfoy de manera similar.

Si no hubiera estado completamente impasible, habría sentido escalofríos por el horror.

Él asintió.

—Eres la sangre sucia de Potter. Se consideraron necesarias medidas de seguridad adicionales. Entonces dejemos en claro ahora cómo funcionan las cosas: siempre sabré lo que estás haciendo y siempre podré encontrarte. A menos que puedas quitarte esas esposas —Las miró y esbozó una leve sonrisa —. Me encantaría ver cómo te las arreglarás.

Él rió.

—Quizás puedas comenzar seduciéndome —aconsejó secamente, reclinándose en su silla y mirándola de arriba a abajo —. Robar mi corazón con tu ingenio y tus encantos.

Hermione rodó los ojos.

—Está bien, tal vez mañana —dijo ella con su mente ya agitada —.Bueno, todo esto ha sido muy esclarecedor, no molestaré más tu lectura.

Luego giró sobre sus talones y regresó al laberinto de setos.

Ella zigzagueó a través del laberinto de setos mientras pensaba. Sus opciones se habían reducido aún más. Malfoy claramente no esperaba que ella escapara, ni siquiera parecía preocupado por eso. No lo culpaba ya que ella tampoco esperaba poder escapar.

Ya había sido una tonta esperanza en su momento, pero ahora se sentía como una total idiotez. Suspiró débilmente y vio cómo su aliento se expulsó como una nube en el aire frío.

Cuando el efecto de la poción desapareciera, iba a estar severamente deprimida.

Exploró todo el laberinto de setos. Sus pies estaban entumecidos por el frío y empapados cuando volvió a salir. Caminó rengueando ligeramente hacia el porche. Malfoy no dijo nada, ella pasó junto a él de regreso a la mansión y subió sola a su habitación.

Carecer de emociones era agradable, la hacía sentir como una persona funcional nuevamente. Sin pena. Sin miedo. Sin depresión ni desesperación. No tenía que preocuparse de que su cuerpo la traicionara con un ataque de pánico.

La poción podría volverse fácilmente adictiva.

No es que Malfoy lo permitiera. La sanadora Stroud había mencionado que las pociones para la ansiedad podrían interferir con el embarazo, por lo que probablemente sólo se la administraría por un corto tiempo.

Hermione deseaba saber más sobre el embarazo mágico. Había sido un aspecto ampliamente ignorado de su formación como sanadora. Si le dieran un pergamino y una pluma, podría escribir un ensayo de treinta hojas sobre pociones de ansiedad y cómo interactuaban con la magia curativa y las maldiciones oscuras. Pero el embarazo fue un tema excluido de la curación de víctimas. Casi nadie tuvo bebés durante la guerra y si lo hicieron, dejaron de luchar y acudieron a una matrona.

Se preguntó cómo se hacía la poción. Estaba casi segura de que contenía baba de aguijón de billywig, valeriana y frijol de sopóforo. Tal vez también tenía la mucosidad de cerebro de perezoso. Pensó en el sabor y la sensación de hormigueo cuando se lo había tragado. Quizás esa era una reacción de la baba de aguijón combinada con el jarabe de eléboro.

Era agradable tener algo nuevo en qué pensar. Su cerebro se había sentido como si se hubiera estado cubierto de telarañas desde la guerra. Completamente hambriento de cualquier cosa nueva por deliberar en su mente. Colmado de su pasado, el que revisaba una y otra vez, preguntándose qué había salido mal.

Su pasado era como un ancla. Siempre arrastrándola hacia abajo. Arrastrándola inexorablemente hacia atrás mientras se preguntaba una y otra vez qué había salido mal.

¿Lo habría sabido ella? ¿Había sabido por qué la Orden había perdido la guerra? ¿Lo sabía y ocultaba esa información? ¿Eligió torturarse a sí misma para esconderlo?

¿Por qué? Como Malfoy había dicho, ella había perdido la guerra. ¿Qué se molestaba en proteger incluso después? ¿Sabiendo que todos los que le importaban ya estaban encarcelados o muertos?

Al igual que la muerte de Dumbledore, los detalles que rodearon el final de la guerra parecían brumosos. No podía recordar por qué se habían ido a Hogwarts. Ni siquiera recordaba haber sido capturada. Recordó a Harry muriendo. Y luego estaba en una jaula viendo cómo torturaban a los Weasley.

Había asumido que había quedado en blanco debido al shock.

Hermione exploró toda el ala de la mansión de arriba a abajo antes del anochecer. Los áticos, todos los armarios, las escaleras y los pasadizos de los sirvientes. No registró minuciosamente las habitaciones, pero esperaba que si se familiarizaba bien, sería capaz de regresar sin entrar en pánico o tener un ataque de nervios incluso sin la poción.

Se preguntó cuántos elfos domésticos tenían los Malfoy. Ni siquiera había telarañas en los rincones más oscuros del ático.

A la mañana siguiente se despertó y sintió como si le hubieran colocado una roca sobre el pecho. Estaba inmovilizada en su cama y abrumada por el latigazo de desesperación que no había experimentado el día anterior. Luchó por respirar.

El plazo de doce horas hizo que todo su dolor emocional fuera más fuerte, llevándola al límite. No se había dado cuenta de cuán profundos fueron los cortes de aflicción y soledad en su interior hasta que se liberó brevemente del dolor que le causaban.

Cuando el peso de estos se apoderaron de ella una vez más, sintió como si la hubieran convertido en polvo. Casi podía sentir sus límites desmoronándose y rompiéndose. Disolviéndose en éter. No le quedaba casi nada más que dolor.

Su columna vertebral y su nuca se sentían acaloradas, mientras que el resto de su cuerpo estaba húmedo y congelado. Como si hubiera sudado la poción durante la noche.

Rodó de la cama y vomitó violentamente en el suelo antes de que pudiera salir corriendo al baño.

Se dejó caer, temblando. Su cuerpo se sentía como plomo, apenas podía mover sus brazos. Quería una ducha. Tenía demasiado calor y demasiado frío a la vez.

Tenía sed. Estaba desesperada por agua.

Quería un abrazo.

Una nueva ola de soledad la golpeó tan abruptamente que se largó a llorar.

Estar enferma y débil la hacía sentirse como una niña otra vez, desesperada para que su madre se preocupara por ella y le pusiera una mano en la frente, para tranquilizarla.

Ni siquiera podía recordar a su madre, pero igual la extrañaba. Recordaba estar en la cama y unos dedos fríos en su rostro, apartándole un mechón de pelo y luego descansando sobre su mejilla.

Cuando la ola de náuseas finalmente pasó, se arrastró al baño y después de beber varios vasos de agua, se dejó caer en la bañera con agua tibia.

Era como tener resaca mientras estaba enferma de gripe. Tal vez era así como se sentía el síndrome de abstinencia. Por lo que podía recordar, ella nunca había experimentado una adicción a las drogas.

Por supuesto que Malfoy no le advertiría que se sentiría muerta una vez que la poción se desvaneciera. Ella lo maldijo fuertemente en su mente esperando que él lo sintiera.

Quería ahogarse.

Cuando regresó a su dormitorio, el suelo estaba limpio.

Todavía se sentía afiebrada. Arrastró las mantas de su cama y se acurrucó debajo de ellas, presionando su mejilla contra la ventana.

Estuvo descompuesta todo el día y al parecer Malfoy lo había previsto porque él no apareció, esperando que ella saliera. A la tarde siguiente, llegó sin decir una palabra a pesar de cómo ella lo fulminaba con la mirada y la condujo al porche. Descubrió que la poción de alguna manera la había hecho adaptarse. Fue capaz de salir caminando sin tener un ataque de pánico total. Tembló y tuvo que luchar para no hiperventilar, pero su miedo no la sucumbió. Atravesar la grava y llegar al seto fue lo más difícil. Pero una vez que estuvo entre el imponente tejo, rozando los dedos contra las paredes y enfocándose en navegar la ruta, pudo respirar de manera uniforme.

Cuando regresó al porche, Malfoy se había ido. Aparentemente satisfecho de ya no estar obligado a vigilarla o caminar junto a ella.

La poción apareció nuevamente a la mañana siguiente. Hermione pasó varias horas debatiendo consigo misma si beberla de nuevo. La sola idea de pasar otro día atravesando el síndrome de abstinencia le hizo produjo náuseas. Al final apretó los dientes y la tomó.

Se arrastró por la mansión como una sombra y exploró el ala principal. Estaba constantemente alerta por el golpe de los zapatos de Astoria. No se había encontrado con la bruja desde la noche en que la había llevado a la habitación de Malfoy. Pero Hermione, ocasionalmente, vislumbraba a alguien que miraba desde las ventanas cuando Malfoy la llevaba afuera. No estaba interesada en probar si las primeras amenazas de Astoria habían sido sinceras.

Ese día exploró la mayor parte del ala principal. Había tantas puertas cerradas que se dio cuenta de que Malfoy probablemente había asegurado la mansión con su sangre. La enjauló dentro de su propia firma de sangre.

Al día siguiente, la abstinencia fue peor.

Luego de tres días, la poción no apareció con el desayuno. Hermione sospechaba el porqué y apenas pudo comer. Caminó locamente en su habitación y luego fue a sentarse bajo el chorro de la ducha al final del pasillo durante una hora mientras intentaba dejar de temblar.

Después de la cena, un elfo doméstico apareció a retirar los platos.

—Debe prepararse para esta noche —dijo, antes de desaparecer.

Hermione se quedó paralizada en su silla. Lo suponía, aun así la confirmación se sintió peor. Habiendo tenido un mes adicional para temerlo, el horror se sintió más frío. Era como si algo estuviera retorciendo sus órganos en un nudo cada vez más apretado hasta que se percató de que algo estaba a punto de desgarrarse. Su pecho se sentía tan presionado que apenas podía respirar, incluso si eran respiraciones cortas.

Fue a bañarse y cuando salió del baño se encontró mirando repetidamente hacia el centro de la habitación. Estaba aterrorizada de que Malfoy pudiera elegir variar la experiencia. Se aferró a la esperanza de que la mesa apareciera y él no hiciera nada novedoso.

Ella no quería ser violada de una nueva manera.

Casi sollozó de alivio cuando la mesa apareció exactamente a las siete y media.

Quería abofetearse a sí misma. ¿En qué mundo de horror una mujer era feliz porque iba a ser violada de una manera familiar?

Malfoy vino y se fue por cinco noches sin decirle ni una palabra. Exactamente de la misma manera en que lo había hecho el mes anterior.

Todas las noches Hermione agarraba la mesa y se imaginaba preparando la poción para la ansiedad. Tenía tanto tiempo libre para meditar sobre las cosas que había comenzado a tratar de adivinar cómo revertir el proceso.

Trató de hacerlo lo más real posible para sí misma. Intentando recrear los aromas y sensaciones. Era exigente con los detalles. Obsesiva.

Se encontraba muy lejos del balanceo, de cómo la madera chocaba contra los huesos de su cadera, de la sensación de deslizamiento dentro de ella que se negó a permitir que su mente la atendiera.

Ella no estaba allí.

Ella estaba preparando una poción.

Sacó un caldero de estaño del estante utilizando un taburete. Con un movimiento práctico de su varita encendió una llama. Esperó hasta que el metal alcanzara una temperatura media antes de agregar la baba de aguijón de billywig. Sostuvo el vial con su mano derecha y lo inclinó. El fuerte aroma le hizo cosquillas en la nariz.

El peltre y el calor causarían que las propiedades levitatorias de la baba de aguijón se evaporaran después de hervirla durante un minuto. Embotellaría el vapor y lo utilizaría como anestésico en lesiones localizadas. Sacó un cerebro de perezoso de un frasco y con un cuchillo largo lo cortó tan fino que los trozos serían transparentes. El cerebro era esponjoso y delicado. Su toque era muy ligero y la cuchilla estaba afilada. Después de un minuto, redujo la temperatura de la baba a fuego lento y colocó las rodajas de cerebro de perezoso en la superficie, permitiéndole dos minutos para que la baba de aguijón y el cerebro de perezoso se fusionaran, convirtiéndose lentamente a un color azul acero con una consistencia viscosa.

Mientras tanto, ella preparaba el frijol de sopóforo. Utilizó veinte. Los aplastó bajo el filo de su daga de plata para extraer el jugo. Sintió la presión en el nudillo de su pulgar mientras se abalanzaba. Se imaginó la sensación del frijol cediendo bajo la hoja. Una vez que se agregó el jugo, revolvió la poción en el sentido de las agujas del reloj doce veces con una varilla de plata y luego ocho veces en sentido contrario con una varilla de madera de fresno. Luego la poción se cubría y se dejaba reposar a baja temperatura durante setenta y tres horas. La preparación lenta era necesaria para anular las propiedades somnolientas del jugo de sopóforo. La poción se volvería verde claro. En la hora setenta y cuatro agregó tentáculos de murtlap picados, una esquila aplastada, valeriana y cáscaras de huevo en polvo. Lo llevó a ebullición rápida durante treinta segundos y luego utilizó un encantamiento refrescante para reducir la temperatura justo por encima del punto de congelación. La poción se volvió negro azulado con una consistencia acuosa. Luego agregó jarabe de eléboro sobre la superficie. Una gota cada diez vueltas lentas hacia la derecha y luego hacia la izquierda. Su brazo se cansó un poco. Treinta gotas en total hasta que la poción se espesara y pegase a la varilla de ceniza. Revolvió tres veces con una varilla de plata y lo dejó hervir a fuego lento durante cinco minutos antes de retirarlo del fuego y dejar que baje a temperatura ambiente sin magia. Se volvió gris oscuro y almibarado. Alcanzaba para veinticinco dosis.

Lo elaboraba en su mente todas las noches. Ajustaba las cantidades y las técnicas, revisando el orden de los ingredientes agregados. Para la quinta noche, estaba casi segura de que había descifrado toda la receta.

Al sexto día se obligó a salir sola por miedo a que, de lo contrario, Malfoy apareciera y le ordenara que lo hiciera.

Decidió que su prioridad era conquistar su agorafobia. Cualquier plan que involucrara a Malfoy tendría que esperar hasta que pudiera salir al aire libre constantemente.

En el fondo, sospechaba que simplemente se estaba engañando a sí misma y lo estaba evitando. Pero no sabía cómo engañarlo para que la matara cuando ni siquiera podía hablar con él sin su permiso. En cuanto a seducirlo, según su sugerencia, bueno, la idea era tan absurda que era casi ridículo.

Al día siguiente, él apareció en su dormitorio, la inmovilizó en la cama e irrumpió en sus recuerdos. Apenas le habló. Cuando terminó, simplemente giró sobre sus talones y salió.

Dos días después, Hermione tuvo un sueño con Alastor Moody parado frente a ella en un pequeño armario. Su ojo giraba sospechosamente. Era como si hubieran estado bajo el agua, las palabras intercambiadas eran indescifrables. La había mirado intensamente mientras decía algo, observando su reacción. Recordaba sentirse escéptica pero decidida. Moody dijo algo más y Hermione negó con la cabeza. Él asintió bruscamente y cuando se dio vuelta para irse, estaba muy serio, pero su ojo cuando miró hacia atrás tenía dudas. Alastor nunca dudaba. Después de que se fue, ella se quedó sola durante varios minutos.

No sabía lo que el sueño significaba, así que trató de no analizarlo.

Hermione exploró el ala principal de la mansión. Al parecer, los retratos tenían estrictamente prohibido hablar con ella. La observaban con una mirada penetrante pero nunca pronunciaron una palabra. Exploró el laberinto de setos hasta que pudo atravesarlo con los ojos cerrados. No podía manejarse en ningún otro lugar al aire libre a menos que se arrastrara por el costado de la mansión.

Los espacios abiertos seguían siendo muy difíciles. Ni siquiera podía despegarse de la pared cuando caminaba por los pasillos más largos. Y apenas podía arriesgar pisar el salón de baile en el ala principal de la casa.

Después de diez días, la sanadora Stroud llegó nuevamente para ver si Hermione estaba embarazada. Hermione no lo estaba. Ella había estado haciendo ejercicio agresivamente en su habitación para canalizar su ira. La sanadora Stroud estaba complacida de ver la mejoría en su condición física.

Al día siguiente, cuando Hermione entró en su habitación temblando de frío por su caminata, encontró a Malfoy esperándola con toda la indumentaria de mortífago.

—¿Te apetece una excursión, sangre sucia?

Hermione lo miró fijamente, asimilando lo que llevaba puesto. Su rostro era una máscara inexpresiva mientras se acercaba a ella.

—¿Te has olvidado? —preguntó, sus ojos plateados parpadearon —. Dos meses. No hay embarazo. El Señor Oscuro está ansioso por verte.

La agarró del brazo antes de que ella pudiera retroceder y se aparecieron.

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NdT: Hola mis queridas lectoras. Estas vez no me tarde tanto en publicar, disculpen pero han sido semanas movidas. Hace un par de semanas falleció mi abuela.

Estas notas se han transformado en una clase de terapia para mi. Me encantaría poder contarles otro tipo de cosas, pero es un pequeño espacio que aprovecho para de alguna manera descargarme. No sé si está bien o mal, pero son cosas que influyen en la vida de uno. Hace un tiempo atrás, conté lo que pasó con mi perrito, y agradezco muchísimo sus palabras de aliento. Ahora con lo de mi abuela, que fue algo inesperado, pero a la vez inevitable ya que se descubrió que tenía una enfermedad terminal y en menos de dos meses se nos fue. Va a costar mucho ya no verla físicamente, pero el único consuelo es que ya no está sufriendo.

Así que la pequeña enseñanza que me deja esto y les quiero compartir es que por favor cuiden y mimen a sus abuelos. Ellos son las raíces de la familia, y lamentablemente muchos quedan olvidados. Traten de no hacer eso, quiéranlos, mímenlos, oigan sus historias por más repetidas que sean porque el día que ya no estén, ahí muchos se dan cuenta de lo que se perdieron. Así que si tienen a sus abuelos aprovéchenlos porque la paz y la tranquilidad que eso te deja el día de mañana es inmensa.

Gracias por todo el apoyo. Espero que estén bien y les mando un abrazo enorme a todas. Muchas gracias.

*17 de octubre de 2019*