Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.
Traducción beteada por Mary Eagle Med
Manacled
por SenLinYu
Capitulo 17
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Hermione estaba en el tercer piso en Grimmauld Place. El pasillo estaba tranquilo y tenuemente iluminado; ya era tarde en la noche o temprano en la mañana. Al pasar por una de las habitaciones más pequeñas, vio un mechón de pelo rojo encorvado sobre una mesa de mapas. Se detuvo y golpeó la puerta suavemente.
—Hola Mione —dijo Ron distraídamente mientras movía las piezas por los mapas y luego se rascaba la cabeza distraídamente con la punta de su varita. Su expresión era tensa.
—¿Tienes un minuto? —preguntó.
—Seguro. —Él metió la varita en su bolsillo trasero y la miró—. Sólo estaba repasando lo que ha estado sucediendo desde que me fui. Ha habido bastantes redadas mientras estuvimos afuera, debes haber estado ocupada.
Le estaba dando una mirada penetrante. Hermione bajó la mirada.
—Estoy segura de que ves la estrategia —dijo ella en voz baja.
—Kingsley está usando los Horrocruxes para mantener a Harry fuera del campo de batalla.
Hermione asintió brevemente.
—Entiendes por qué, ¿no?
La expresión de Ron se endureció aún más cuando se encogió de hombros y asintió.
—No sirve de nada arriesgarlo en una escaramuza cuando lo necesitamos para el golpe final. Sí, lo entiendo. Eso no significa que me guste. Y algunas de estas... —Sacó unos pergaminos y los miró—. Son prácticamente misiones suicidas. No me había dado cuenta de cuán a lo seguro ha estado jugando Kingsley referente a Harry. Al ver lo que hará cuando nos vayamos por unas semanas… —Se interrumpió mientras miraba enojado los informes—. ¿Cuáles fueron exactamente las tasas de bajas mientras estuvimos fuera?
Hermione abrió la boca para responder y él la interrumpió.
—No necesito que me lo digas. Puedo ver los números aquí mismo. Carajo, es jodidamente increíble. Si Kingsley estuviera aquí, lo golpearía.
Su rostro se volvía de color escarlata de la rabia.
—Ron, ya no podemos darnos el lujo de ir a lo seguro —dijo Hermione con nudos en el estómago mientras pensaba en la cantidad de ojos que había cerrado durante las últimas semanas y el nuevo refugio hospitalario en el que había ayudado a Bill a colocar los escudos protectores—. No creo que te des cuenta de lo agotados que están nuestros recursos. ¿Cuántos años crees que la bóveda de Harry puede alimentar a un ejército? El ala del hospital se está quedando sin recursos. Europa está siendo bloqueada bajo el control de Tom. La única opción que nos queda es tomar riesgos. Y no podemos arriesgar a Harry.
Ron guardó silencio. Hermione pudo ver los músculos de su mandíbula trabajando mientras él seguía apretando y soltando.
—Necesitamos encontrar los horrocruxes —dijo él finalmente. Hermione dejó escapar una respiración baja y profunda que había estado conteniendo ansiosamente y asintió.
—Lo estamos haciendo —dijo ella—.Tom y Harry son las piezas claves. Ideológicamente los mortífagos son demasiado diversos. Es el poder de Tom lo que mantiene al ejército unido. Si podemos matarlo, permanentemente, debería haber suficientes luchas internas para que la Resistencia tome ventaja.
—Supongo que ese es el lado positivo de los delirios de inmortalidad de Tom, ni siquiera se está molestando en preparar a un sucesor —dijo Ron imperturbablemente mientras miraba otro informe de la misión. Hermione pudo ver su propia firma en la parte inferior, verificando a los heridos, calculando las pérdidas en números limpios e impersonales—. Aunque no dudo que los Malfoy pensarán que son los primeros en la fila ahora que Bellatrix está muerta. Malditos psicópatas.
—Tienes que convencer a Harry de que los horrocruxes son la primera prioridad —dijo, mirando a Ron con atención—. Especialmente ahora, después de lo de Ginny. Me preocupa que sólo quiera ignorarlos.
La expresión de Ron se tensó.
—Sí —dijo en voz baja.
Hermione se acercó vacilante.
—Ron, espero que lo que dije en la reunión de anoche no te haya hecho sentir que fue tu culpa. Salvaste a Ginny. No pensé que fuera apropiado retener la información, pero no fue mi intención lastimar divulgándola.
—Está bien —dijo con rigidez—. Hiciste lo correcto.
—Lo siento…
—No lo hagas. Realmente no quiero hablar de eso —dijo con una voz temblorosa que no permitía discutir.
Los ojos de Hermione recorrieron su rostro, reconociendo la tensión alrededor de sus ojos, el escarlata tiñendo sus orejas mientras su rostro se ponía tan pálido que sus pecas sobresalían como gotas de sangre.
Si ella presionaba, él explotaría.
Hermione sintió que su corazón se hundía.
—Está bien. Bueno, te dejaré para que lo revises —dijo, volviéndose para irse.
Hermione recuperó la conciencia y se despertó aturdida y encontró a alguien inclinado sobre ella, echando la cabeza de ella hacia atrás. El lado derecho de su cara y cuerpo se sentía rígido. No podía mover sus dedos y le dolía la lengua como si la hubiera mordido varias veces.
Ella se apartó de las manos que la sostenían y la persona, un hombre, dejó de tocarla y dio un paso atrás mirándola con cuidado. Ella lo miró confundida. Era pálido y rubio, y su rostro, que parecía expresivo cuando ella abrió los ojos por primera vez, estaba cuidadosamente en blanco.
—Tuviste una convulsión —le informó él con voz tranquila—. Aparentemente, las pociones de fertilidad y la legeremancia no se mezclan —Él bajó la mirada hacia la varita en su mano—. ¿Puedes hablar? Estuviste gritando durante varios minutos.
Hermione luchó por tragar. Su garganta se sentía en carne viva, como si varios minutos fueran un eufemismo. Intentó abrir la boca y descubrió que los músculos del lado derecho de su mandíbula estaban tan apretados que apenas podía separar los dientes.
Se sintió exhausta. Sintió como si hubiera sido electrocutada, que sus músculos y tendones se habían tensado hasta al punto de que estuvieron por romperse. Cuando trató de respirar, se escuchó un sonido bajo y jadeante que surgió de la parte posterior de su garganta.
Ella trató de recordar lo que había sucedido. Trató de sentarse, pero su cuerpo no cooperaba y se largó a llorar.
—¿Quién eres tú? —ella arrastraba los dientes cuando finalmente dejó de sollozar. Miró al hombre que estaba a su lado.
Un sinnúmero de emociones parpadearon repentinamente en el rostro de él. Abrió la boca, luego la cerró firmemente y vaciló.
—Estoy a cargo de tu cuidado —respondió finalmente, su expresión en blanco una vez más. Sacó una pequeña botella aparentemente de la nada—. Deberías tomar esto. Probablemente podrás recordar lo que sucedió la próxima vez que despiertes.
Hermione dudó y luego asintió con la cabeza. Él deslizó una mano debajo de su cuello y en la base de su cráneo y ayudó a inclinar su rígido cuerpo hacia arriba para que pudiera tragárselo. Tan pronto como lo bebió, el cansancio la agarró por completo y sintió que se iba quedando dormida.
—¿Te conozco? —preguntó mientras sus ojos se cerraban.
—Supongo que sí. —respondió él.
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oOo
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Cuando Hermione se despertó de nuevo, el lado derecho de su cuerpo se sintió levemente dolorido y su lengua tuvo la sutil sensación de un encanto curativo en la superficie.
Volvió a pensar, tratando de recordar lo que había sucedido.
Había estado hablando con Malfoy sobre Voldemort, sobre Horrocruxes, de repente, recordó la palabra. Finalmente, había hecho su pregunta; lo cual apenas había sido una pregunta porque estaba casi segura de que tenía razón. Voldemort estaba muriéndose.
Entonces todo en su cabeza se sintió como si hubiera explotado, la habitación se puso roja y ella se derrumbó.
Había tenido una convulsión frente a Malfoy.
Cuando se despertó la primera vez, había estado prácticamente inmóvil y ni siquiera recordaba quién era él. La había dosificado con un filtro de somnífero para dormir.
Pensó en el intercambio de palabras que habían tenido. "A cargo de su cuidado" fue una forma muy generosa para que él se describiera a sí mismo. Ella resopló.
Movió los hombros e intentó abrir la boca. Le dolía la mandíbula, pero podía separar los dientes por completo. Se sentó con cautela y se examinó a sí misma.
Ella había sido tratada.
Las convulsiones no eran su especialidad curativa, pero Arthur Weasley las había sufrido levemente después de que Lucius Malfoy le hubiera lanzado una maldición. Ella lo había investigado. El tratamiento era similar al que se utilizaba para aliviar los efectos del Cruciatus, uno con el que estaba bastante familiarizada.
No era exclusivamente curación con varita sino terapia magi-física: usando hechizos y luego masajeando los nudos y las tensiones a mano. Alguien la había tocado. Como mínimo, habían masajeado todo el lado derecho de su cuerpo para que la tensión y la rigidez se liberaran por completo. Teniendo en cuenta que se sentía casi normal, sospechaba que había recibido tratamiento en ambos lados desde la mandíbula hasta los dedos de los pies.
Se estremeció un poco, pero trató de razonar consigo misma.
Fue curativo. Sólo curativo. Ella había curado a cientos y cientos de personas. Había tratado lesiones en cada parte del cuerpo. Una lesión era una lesión. Sanar era sanar. Estaba bastante alejado de cualquier sentido de sensualidad o sexualidad. Clínico. Los cuerpos rara vez se registran como algo más que algo para sanar.
Pero aún así... La idea de que alguien la había estado tocando mientras estaba inconsciente en la casa de Malfoy la hacía sentir enferma.
Sujetó las mantas contra su pecho de manera protectora.
Miró el calendario en la pared y vio que habían pasado dos días desde su conversación con Malfoy.
Se movió y siseó débilmente, mirando hacia abajo. Sus senos estaban adoloridos y… habían aumentado. Ella los miró con horror absoluto durante varios segundos antes de recordar que era un efecto secundario de la poción de fertilidad que Stroud le había dado. Terminó haciendo una mueca y salió de la cama.
Malfoy había usado hechizos de limpieza en ella después de traerla de vuelta del Salón de Voldemort, pero en realidad no la había lavado. Recogió toallas y ropa y fue por el pasillo a la ducha en el otro baño.
Una larga ducha alivió los dolores restantes de su cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás bajo el chorro y pensó en el recuerdo de Ron que había abierto sin querer. Horrocruxes Tasas de siniestros. Y Ginny.
Siempre regresaba a Ginny.
Ron se había visto tan demacrado. Tan desgastado por la guerra. Su cabello estaba veteado de gris a pesar de que no podía tener más de veintidós años. Había olvidado esos detalles. Había olvidado cómo la guerra lo había devorado y cómo el estrés se había manifestado físicamente en él.
Había planeado misiones con Moody y Kingsley. Había tomado su talento para la estrategia y el ajedrez mágico, y aprendió cómo aplicarlo a la guerra. Había estado tan orgulloso la primera vez que Kingsley había aprobado una de sus estrategias.
A Ron, Harry y el Ejercito de Dumbledore les había llevado tiempo aceptar que la guerra sería larga. Pensaban que las comunidades mágicas se levantarían en apoyo a la Orden. Que haber presenciado la derrota de Voldemort durante la primera guerra mágica infundiría al Mundo Mágico de confianza en el poder de la Luz.
Pero Voldemort había aprendido de la primera guerra. Fue más inteligente, cauteloso y astuto que la primera vez, especialmente después de los pasos en falso de la batalla en el Departamento de Misterios. Limitó su reino de terror a los hijos de muggles, familias mestizas y traidores a la sangre. Tomó el Ministerio temprano, etiquetó a la Orden del Fénix como una organización terrorista y había mandado asesinar a Dumbledore en el propio colegio del director por un chico de dieciséis años.
Cualquier confianza que el Mundo Mágico pudiera haber tenido en el poder de la Luz fue rápidamente sofocada. Los nacidos de muggles y mestizos eran un fragmento de la población mágica. Fue más fácil para la comunidad mágica establecida simplemente elegir mantener la cabeza baja y dejar a la Orden luchar sola contra Voldemort.
Fue difícil librar una guerra como grupo terrorista.
Incluso si tuviera dinero, ir al Callejón Diagon y acceder a una bóveda de Gringotts era difícil. Se requería identificación del Ministerio para comprar cualquier cosa, comida o suministros de pociones y comprar grandes cantidades despertaba sospechas. Se podía enviar a una persona al hospital después de una batalla, pero cualquier herido enviado a la sala de Daño de Hechizos requería que San Mungo contactara al Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Los miembros heridos de la Resistencia eran acusados de terrorismo, puestos bajo arresto mientras estaban convalecientes y desaparecían en una de las prisiones de Voldemort al ser dados de alta por el hospital.
La Resistencia no estaba preparada para lo decisivas que serían los ataques iníciales de Voldemort. No habían almacenado comida. No habían escondido a suficientes personas, y muchas de las que intentaron proteger, no lograron esconderse con suficiente cuidado. Siempre había algún indicio de que la gente pensaba que podía librarse antes de escapar, alguno que las torturas de los Mortigafos demostraron ser capaces de extraer de pequeñas pistas de sus vecinos o cercanos.
El orgullo que Ron experimentó cuando se utilizaron sus estrategias se desvaneció rápidamente al descubrir que era casi imposible idear una redada sin víctimas. Las personas no eran piezas reutilizables en un tablero de ajedrez; cuando eran sacrificados morían. Terriblemente. E incluso si hacías todo lo posible estratégicamente para protegerlos, no siempre hacían lo que se les ordenaba o predecía. E, incluso si lo hicieran, el enemigo no lo hacía.
Ron tendía a tomar cada muerte y herido como su responsabilidad personal. El brillo del heroísmo y la envidia que solía tener por Harry desaparecieron. La guerra rápidamente lo espabiló y la comprensión hizo que él y Harry fueran aún más unidos, reparando cualquier fractura que sus celos pasados habían creado a lo largo de los años. Se unieron en la culpa, la determinación y el idealismo. Más cerca que hermanos.
Había quedado poco espacio para Hermione.
Suspiró y bajó la cabeza, sintiendo el agua deslizarse por sus mejillas. Sus labios se torcieron y temblaron mientras pensaba en Hogwarts.
Harry, Ron y Hermione: el trío inseparable... hasta la muerte de Dumbledore, cuando Hermione había elegido pociones y curaciones en lugar de ejercitar magia defensiva con Harry y Ron y el resto del Ejército de Dumbledore.
Sus días los pasó estudiando curación con Poppy Pomfrey. Sus noches las pasó estudiando pociones con Snape. Sus amistades quedaron en el camino e incluso sus notas bajaron.
Tenía poco tiempo para dedicar a ahondar en los hechizos de defensa. Todos estudiaban magia defensiva. Nadie más parecía estar preocupado por las lesiones o cómo contrarrestar las maldiciones. O sobre cómo hacer las pociones necesarias para curar heridas.
Durante un mes después de la Batalla en el Departamento de Misterios, Hermione había tomado diez pociones diferentes a diario para reparar todo el daño interno de la maldición no verbal de Dolohov. Había tenido suerte de haber sobrevivido.
Cuando Dumbledore murió sólo unos meses más tarde, ella se había dado cuenta de cuán vital sería el papel de la curación y las pociones en caso de que la Resistencia sobreviviera a la guerra el tiempo suficiente para ganarla. Pero ella era la única que se preocupaba por eso. Todos la consideraban paranoica. Los hospitales eran un territorio neutral; si alguien necesitara curación, siempre podrían recurrir a San Mungo.
Pero luego fueron declarados terroristas. Y los hospitales no eran neutrales para los terroristas.
Cuando Voldemort tomó abruptamente el control del Ministerio, el primer acto firmado por el Ministro Thicknesse fue la Ley de Registro de hijos de Muggles. Fue un movimiento cuidadosamente cronometrado y planeado. Los aurores mestizos e hijos de muggles en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica y los sanadores de San Mungo fueron arrestados y les rompieron las varitas antes de que pudieran huir a la Orden.
Habrían sido miembros invaluables de la Resistencia si la Orden hubiera podido llegar a tiempo.
En cambio, la "organización terrorista" se encontró abruptamente aislada del mundo, dejando brevemente a Poppy Pomfrey como su sanadora más experimentada. Todos los combatientes de la Resistencia fueron llevados a la enfermera de un internado para ser tratados de sus heridas de batalla y maldiciones oscuras. Kingsley logró reclutar a dos sanadores de medicina general para establecer un hospital semi-funcional. Pero con la tendencia de Voldemort a castigar a familias enteras, la mayoría de los magos eran reacios a dejar atrás toda su vida y aliarse con la Orden si no tenían que hacerlo.
La guerra se concentró en Gran Bretaña en ese momento. Después de que el Ministerio de Magia británico fuera incautado, los hospitales mágicos europeos que simpatizaban con la Resistencia se acercaron en secreto y ofrecieron capacitación especializada en la curación de la magia oscura y las maldiciones. Hermione había sido la única persona con suficientes conocimientos básicos de curación para calificar que la Orden podía conceder.
Siquiera le dejaron elección. La Orden necesitaba un sanador para las urgencias. Si no podían reclutar uno, necesitaban crear uno. Hermione tenía la aptitud. Apenas tuvo tiempo de despedirse antes de que Kingsley la sacara de contrabando de Gran Bretaña y sin saber cuándo regresaría.
Se entrenó obsesivamente durante casi dos años. Estaba llegando al final de su entrenamiento cuando el hospital del refugio de la Orden se vio comprometida después de una escaramuza. Un Mortífago había agarrado a Ernie MacMillan cuando se estaba apareciendo allí. Una vez que el Mortífago estuvo dentro de los escudos protectores, se fue inmediatamente y trajo a varios Mortífagos más.
Más allá del encantamiento Fidelio, el hospital no estaba bien protegido. No había un plan de evacuación, ni guardias por lo que fue un baño de sangre antes de que la Orden lograra reunirse y enviar una respuesta. Se perdieron a los dos sanadores que habían reclutado, sus aprendices de sanadores, Horace Slughorn, y casi todos los luchadores heridos convalecientes allí.
Los Mortífagos dejaron a Ernie vivo por despecho.
La Orden necesitaba que Hermione regresara de inmediato.
Voldemort había permitido que Antonin Dolohov estableciera una división de desarrollo de maldiciones; se usaban maldiciones nuevas y mortales en las batallas que requerían un análisis de hechizos avanzado para contrarrestar el efecto. La especialidad de Hermione. También necesitaban reemplazar a su maestro de pociones y Hermione también se había calificado para hacerlo.
En tres días, Kingsley llegó personalmente al hospital mágico austriaco en el que había estado estudiando y la trajo de regreso a Inglaterra.
En su ausencia, Harry y Ron se habían convertido en un dúo. A su regreso, el trío intentó reanudar su amistad, pero los dos años los habían enviado en direcciones separadas.
Hermione no compartía la creencia idealista de que la Luz, por su cualidad inherente de bondad, eventualmente cambiaría el rumbo de la guerra. A sus ojos, la corriente de la guerra parecía estar volviéndose cada vez más en contra de la Orden.
Desde el momento en que regresó a Inglaterra, estuvo viviendo en la nueva sala del hospital que se había instalado en el segundo piso de Grimmauld Place. Pasaba sus días y noches viendo morir a la gente, viéndolos darse cuenta de que iban a morir, tratando de salvarlos. Se sentaba a su lado y les explicaba con la mayor suavidad que pudo que nunca hablarían, nunca comerían, nunca verían, nunca caminarían, nunca volverían a moverse. Que nunca tendrían hijos. Que su pareja, cónyuge o padres o hijos habían muerto mientras estaban inconscientes.
Ella vivió todos los días en el después de las batallas. Respiró la devastación hasta que se ahogó en ella.
No le permitieron pelear. No tenía permiso de estar en el campo de batalla. Era demasiado valiosa como sanadora y experta en pociones. La Orden no podía arriesgarse a perderla.
Ella permaneció sin fin en el después de las batallas sobre las que no tenía influencia.
Entonces usó lo que tenía, su voz y su posición como miembro de la Orden. Usó su asiento en las reuniones para instar a la Orden a expandir el entrenamiento más allá de la magia defensiva. Ella no abogaba por la tortura o las maldiciones imperdonables, ella sólo quería que los luchadores de la Resistencia recibieran un permiso explícito en lugar de un permiso tácito para matar Mortífagos en defensa propia.
No pensó que podría ser una posición particularmente difícil o complicada de mantener por tres años en guerra.
Lo fue.
Harry se mantuvo firme: no usarían magia oscura, no matarían personas. La mayoría de la Orden se había alineado con la visión de Harry.
Hermione había sido abiertamente la excepción y eso había erosionado constantemente la mayoría de sus amistades.
No era del todo sorprendente que Ginny hubiera concluido que Snape era la única persona con la que Hermione podría haber mantenido en una relación. Ciertamente había estado en lo cierto. Hermione había estado casi completamente sola.
Suspiró para sí misma y cerró la ducha.
Si hubiera hecho algo diferente, ¿podría haber cambiado el resultado de la guerra? ¿Si se hubiera dedicado a la defensa? ¿Si ella no hubiera seguido el camino de curación o pociones? ¿Si ella no se hubiera ido por dos años?
¿Habría hecho alguna diferencia? ¿Habría salvado a alguien?
Un nudo se formó en su garganta mientras recordaba la provocación de Malfoy de meses atrás:
—Ni siquiera peleaste durante la guerra, ¿verdad? Ciertamente nunca te vi. Nunca estuviste allí con Potter y Weasley. Te escondiste. Pasaste todo el tiempo en las salas de hospital. Agitando tu varita inútilmente, salvando personas que terminaron estando mejor muertos.
Ella tragó saliva y presionó sus labios en una línea dura mientras salía de la ducha y se secaba.
Se detuvo un momento y miró su reflejo.
Odiaba su reflejo. Odiaba verlo. Intentaba apartar la vista cada vez que se encontraba con un espejo. Apenas reconoció a la persona que encontró en el cristal.
En sus recuerdos de sí misma, había estado demacrada por el estrés y la desnutrición. Pálida por permanecer en el interior curando y preparando pociones. Su cabello inmanejable siempre cuidadosamente sujeto en trenzas apretadas que había mantenido enrolladas en la parte posterior de su cabeza. Huesuda y de extremidades delgadas. Sus ojos, grandes y oscuros, pero con fuego en ellos.
Ahora…
Su rostro ya no estaba demacrado. Con una nutrición adecuada había engordado así que sus mejillas ya no eran huecas. Las caminatas diarias regulares significaban que su color mejoraba con un leve rubor natural. Sin un peine o ningún lazo para el cabello, sólo podía peinarse con los dedos y dejarlo suelto. Caían en una masa desenfrenada de olas y rizos, más allá de sus codos. Sus rodillas, codos, cadera, huesos y costillas ya no sobresalían. Había acumulado masa muscular haciendo ejercicio.
Se veía saludable. Incluso bonita. Normal. Como una Hermione de una vida diferente.
Pero sus ojos...
Sus ojos estaban muertos. No había fuego en ellos.
La chispa que había considerado más intrínseca a quién era se había apagado.
Ella era un cadáver vibrante.
Se apartó del espejo y se vistió.
La poción de fertilidad afectó el ajuste de su túnica. Los botones sobre su busto se apretaron y pudo ver sus pezones a través de la tela. Ella rodó los hombros hacia adentro para tratar de ocultarlo y se puso el pelo sobre los hombros.
Cuando regresó a su dormitorio, encontró un almuerzo preparado para ella. Comenzó a comer una ensalada de pepino y miró por la ventana. La nieve se había derretido. La finca estaba compuesta de interminables grises. Hasta el cielo era gris.
Todavía estaba mirando por la ventana cuando la puerta se abrió. Miró y vio que Malfoy había entrado. Llevaba su ropa de "caza". Sus prendas estaban limpias, por lo que supuso que él iba a salir en lugar de regresar.
Ella lo miró fijo. Sin túnicas, era notablemente alto y ágil. La ropa era toda negra, pero sus antebrazos, pecho y piernas tenían un equipo protector plateado metálico atado a ellos. Armadura corporal de piel de dragón ucraniano, concluyó Hermione después de estudiarlo por un momento; para protección de hechizos y armas, a menos que él tuviera un pasatiempo de domesticación de dragones que ella no conocía. Además, estaba sujetando un par de guantes en una mano.
Se preguntó si había usado ese atuendo cuando mató a Ginny, Minerva McGonagall, Alastor Moody, Neville, Dean, Seamus, la profesora Sprout, Madame Pomfrey, el profesor Flitwick y Oliver Wood. Probablemente siempre lo tenía debajo de su túnica de Mortífago.
La piel del dragón ucraniano era muy resistente a la magia y casi impenetrable a los ataques físicos. En un duelo, a menos que el atacante pudiera disparar a la cabeza o usar una maldición asesina, Malfoy sería difícil de vencer. Alguien con esposas bloqueando su magia no tendría ninguna posibilidad contra él en absoluto.
Por otra parte, ¿cuándo algún Slytherin se había preocupado por luchar de manera justa?
Sus ojos se encontraron con los de ella al otro lado de la habitación y la estudió cuidadosamente.
Ella cruzó los brazos protectoramente sobre su pecho.
—¿Te acuerdas de mí ahora? —preguntó.
—Para mi profundo malestar —respondió apartando la mirada. Él se acercó despacio.
—Informé a Stroud sobre lo que sucedió. Aparentemente, ella no se molestó en verificar que la poción de fertilidad no interactuara negativamente con una sesión de legeremancia —dijo con una leve sonrisa burlona.
—Dudo que la combinación sea algo estudiado regularmente por expertos en pociones —dijo Hermione secamente.
Hubo un silencio y Malfoy sacó un periódico de la nada y se lo entregó. Ella lo arrancó de sus dedos con una expresión curiosa.
—Claramente has estado haciendo un buen uso de tu lectura —dijo mientras la desplegaba.
"¡Conversaciones de paz en Escandinavia!" anunciaba la portada.
Ella sonrió levemente para sí misma mientras leía el artículo.
—¿Como adivinaste? —él preguntó después de un minuto de silencio.
Ella levantó la vista del periódico.
—¿Sobre esto? —dijo inocentemente, indicando el artículo.
Él rodó los ojos.
—No.
La comisura de su boca se arqueó débilmente.
—Soy sanadora —dijo ella, y luego se miró las muñecas—, o al menos lo era. Me especialicé en curar magia oscura. Conozco los signos de corrosión mágica. Si hay demasiado de ciertos tipos de magia oscura se termina convirtiendo en veneno en el cuerpo. El cuerpo y la magia intentan asimilarlo. Una vez que hay magia oscura a nivel celular, no hay vuelta atrás. La magia se come el cuerpo de adentro hacia afuera.
Ella dejó el periódico a un lado.
—La magia sigue siendo muy potente, por supuesto. Sigue siendo uno de los magos más poderosos del mundo. Pero físicamente se está deteriorando. Incluso toda esa sangre de unicornio que está bebiendo y en la que se está bañando no puede controlar los síntomas de manera suficiente. Acostarse en un letargo bajo un nido de serpientes es sólo retrasar lo inevitable. Incluso si es inmortal, pronto será poco más que una sombra. Se desvanecerá en el éter. Con Harry muerto, no tiene forma de renacer de nuevo. Si todos sus Horrocruxes han sido destruidos, él simplemente… dejará de existir.
Malfoy la miró bruscamente y ella lo miró a los ojos.
—Los lazos se llaman Horrocruxes, ¿no? —ella preguntó.
Él asintió lentamente.
—¿Nuevo recuerdo? —él dijo.
Ella asintió.
—Durante la convulsión —dijo ella, reclinándose en su silla—. La Orden los estaba cazando. A Ron y Harry se les había asignado esa tarea.
—¿Algo más? —preguntó él, su voz baja y peligrosa.
—Ron estaba molesto por las tasas de bajas. Nos moríamos de hambre. Dudo que sea algo que aún no sepas —dijo en voz baja. Ella lo miró fijamente, esperando que él se moviera de inmediato para invadir su mente y para verificar la información, pero él sólo se quedó mirándola.
Ella miró hacia otro lado y luego, después de un minuto, volvió a mirarlo y dudó.
Él notó su atención e inclinó su cabeza, arqueando una ceja.
—Kingsley Shacklebolt... —dijo lentamente—. Hannah no lo mencionó. Todos siguen diciendo que soy todo lo que queda de la Orden. Pero no recuerdo...
—Murió unos meses antes de la Batalla Final —dijo Malfoy, apartando la mirada de ella. Su mandíbula rodó ligeramente.
Hermione lo sabía, pero aún así sintió un dolor agudo en el pecho cuando escuchó la confirmación.
Estaba segura de que ya sabía la respuesta a su próxima pregunta también.
—¿Fuiste tú quien...?
Él la miró a los ojos y asintió.
—Estaba en mi camino.
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NdT: Estamos bien…en el refugio…los 33 ¡Ah cierto que no era así! Jajaja (Espero que hayan entendido la referencia si no búsquenlo en google)
Gracias por sus palabras que siempre me reconfortan. No quiero hacer el asunto muy largo, pero gracias a Dios ya estamos en casa con mi mamá y siguiendo la recuperación. Estuvimos casi un mes, y déjenme contarles que se me esta haciendo difícil agarrarle el ritmo de nuevo a la rutina, especialmente porque ahora todas las atenciones que mi mamá recibía en el sanatorio lo tengo que hacer yo y todo eso sumado tres perritas con todas sus necesidades. No quiero sonar quejosa, solo que me estoy adaptando de a poco a cómo eran las cosas antes, pero es cuestión de tiempo, por lo pronto ya estoy haciendo lo que me gusta y trayéndoles un nuevo capítulo para que disfruten.
Sin mucho más que agregar, espero que estén bien. Cuídense mucho que son muy importantes para mí. Les mando un abrazo y beso grande.
*08 de mayo 2020*
