Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción realizada por Irene Garza.

Beteada por Sunset82 y Mary Eagle Med


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 18

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Hermione contempló desconcertada el cuadrado de papel que sostenía.

Frunció el ceño mientras lo doblaba por la mitad, y luego se detuvo, sintiéndose perdida.

No podía recordar cómo plegar una grulla de origami.

Había doblado más de mil figuras. Alargadas y pequeñas. Día tras día. Tenía algunos recuerdos de haberlas doblado.

Pero por alguna razón…

Ya no recordaba cómo hacerlo. Continuó intentándolo, cada mañana, después de leer el periódico, pero por alguna razón ya no podía descifrar cómo volver a hacerlas.

No podía recordar el orden de los pliegues. ¿El pliegue diagonal iba primero? ¿Tal vez se debía doblar primero por la mitad y luego en cuatro? Lo intentó de ambas formas.

No podía recordarlo. El conocimiento había… desaparecido.

No tenía ninguna de sus grullas previas para revisar los pliegues y realizar la ingeniería inversa del proceso. Los elfos siempre desaparecían todas al final del día.

Hermione suspiró para sí misma y dejó el papel de lado.

Debió haber perdido ese conocimiento durante su ataque. Quizá tenía daño cerebral.

El recuerdo -el conocimiento- había desaparecido de donde quiera que hubiera estado guardado. Como si nunca hubiese existido. Excepto que ella sabía que sí. Recordaba, claramente, ser capaz de doblarlos.

No tenía importancia.

Ni siquiera sabía por qué doblaba esas grullas. No podía recordar cuándo lo había aprendido. Tal vez en la escuela primaria, reflexionó.

Se puso la capa y salió.

La finca lucía sombría y lodosa. El invierno daba sus últimos alientos antes de la primavera. Las ventanas estaban ocasionalmente teñidas de escarcha por la mañana, pero los días se entibiaban y llovía a cántaros durante días completos.

La lluvia sólo era ligera, así que Hermione se aventuró.

Había llegado al punto de ser capaz de atravesar la mayoría de los jardines que rodeaban la mansión, siempre y cuando no estuviera demasiado despejado. Los espacios abiertos…todavía no podía manejarlos.

Cuando, en algunas ocasiones, intentaba forzarse a sí misma a pasar los setos en dirección a las amplias colinas redondeadas, sentía que alguien la diseccionaba, cortando los nervios de su cuerpo y desplegándolos contra el viento y el frío. Su mente simplemente se contraía sobre sí misma y la dejaba sola en un estado de absoluto terror.

No podía… no podía manejarlo.

Se preguntó si alguna vez sería capaz de lograrlo. Si alguna vez superaría su agorafobia. El miedo se sentía como si estuviera arraigado en lo más profundo, retorciéndose por dentro y a través de ella, desde su cerebro hasta bajar por su garganta, envolviendo sus pulmones y órganos como una enredadera invasiva, esperando estrangularla hasta la muerte.

En los días que no llovía, Hermione pasaba la mayor parte del tiempo deambulando por la finca. Regresaba dentro cubierta de barro y no tenía más remedio que arrastrarse por los pasillos. Los hogares mágicos por lo regular no tenían felpudos o tapetes cuando un rápido Fregotego podía erradicar la mayoría del barro. Hermione murmuraba disculpas internas a los elfos domésticos todos los días.

Sus días se habían hundido en una especie de terrible monotonía.

Se despertaba y desayunaba. Leía el periódico una y otra vez. Doblaba origami. Almorzaba. Cuando afuera no llovía, salía y exploraba la finca durante horas y horas. Si la lluvia era demasiado fuerte, sólo salía un momento y luego hacía ejercicio en su habitación hasta sentir que colapsaba. Se duchaba. Exploraba la mansión. Cenaba. A veces Malfoy venía y realizaba legeremancia en ella. A veces venía y se la follaba indiferentemente sobre una mesa. Se iba a la cama. Se despertaba y repetía la rutina.

Día tras día.

No había nada novedoso además de las noticias.

Nunca hablaba con nadie además de Malfoy o Stroud.

Saber que el programa de reproducción era una artimaña no cambiaba nada. Saber que Voldemort estaba muriendo, que tenía Horrocruxes, no cambiaba nada.

No para ella.

Malfoy aún pasaba todo su tiempo intentando cazar a quien había destruido el guardapelo. Cuando llegaba a inspeccionar sus recuerdos, se veía notablemente decaído. Sólo exploraba brevemente sus recuerdos, como si temiera dañarla y causar otra convulsión.

Hermione comenzó a sospechar que Voldemort lo torturaba regularmente, cada vez que Malfoy le informaba que aún no atrapaba al culpable.

Se dio cuenta que no regresaba a la mansión pálido por la furia, sino que su palidez se debía al shock físico causado por la tortura. De hecho, parecía que lo torturaban a diario. Los síntomas se mostraban con más claridad cada vez que lo veía. Parecía visiblemente desgastado, como si estuviera al borde de un colapso.

El crucio le hacía eso a una persona. Cuando se usaba con demasiada frecuencia, incluso si la persona no se volvía loca, sus efectos podrían terminar dañándola a largo plazo.

Sus manos… se crispaban como aún lo hacían las de Hermione algunas veces. Se preguntó si Malfoy estaría recibiendo terapia por la tortura. Si tendría tiempo para recibirla.

Seguramente la tendría, razonó ella. La habían tratado a ella después de su ataque. Probablemente usaría al mismo sanador. Debía tener alguno. Probablemente, habría retenido a algún sanador durante la guerra. No era del tipo de personas que se sentaban en la sala de espera de San Mungo.

Hermione intentó obviar los síntomas: la palidez, los espasmos ocasionales de sus dedos, la dilatación de sus pupilas. Se recordó a sí misma que él estaba intentando acabar con los últimos miembros de la Orden. Cada vez que regresaba torturado era señal de que había fallado y de que la Orden había sobrevivido.

Pero le molestaba, como sanadora. El deterioro. No podía evitar darse cuenta de ello y su conciencia le remordía inexplicablemente.

Lo ignoraba.

Voldemort estaba muriendo. Voldemort estaba muriendo y Malfoy lo sabía, y había respondido ascendiendo de rango, y erradicando a la Orden. Hermione se había preguntado por qué era tan servil y obediente incluso al saber que ella sería la madre de sus futuros hijos, pero ahora entendía por qué. Por supuesto que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de mantenerse al amparo de la buena voluntad de Voldemort.

Ron había estado en lo cierto. Malfoy probablemente se consideraba su sucesor. ¿Cómo podría no serlo? El Oficial Supremo. La "Mano de la Muerte" del Señor Tenebroso. Cuando Voldemort finalmente se desvaneciera, ¿quién se atrevería a discutir que Malfoy era el siguiente en la fila? No había otro Mortífago que pudiera compararse.

Era claro que Malfoy tenía la intención de convertirse en el próximo Señor Tenebroso y, a menos que Voldemort lo matara antes, Hermione estaba segura de que lo sería.

Se preguntó qué tipo de Señor Tenebroso sería Malfoy. ¿Qué esperaría obtener de eso? Hermione aún no lo sabía. Quizás nunca lo sabría. Siempre se lo preguntaba y nunca lograba entenderlo.

Él merecía morir, pensaba para sí misma. Merecía ser torturado. El mundo sería un lugar mejor si Draco Malfoy fuera asesinado o enloqueciera.

Pero la idea de él con los ojos en blanco en la Sala Janus Thickey(*) le molestaba un poco. Observar pasivamente el precio que cobraba la tortura continua la hacía sentir extrañamente culpable.

No podía hacer nada al respecto, se recordaba a sí misma fríamente mientras deambulaba por el laberinto de setos, incluso aunque quisiera ayudarlo. Lo cual no haría. Él era un Mortífago. No era como si alguien lo hubiera obligado a convertirse en un Mortífago, o a asesinar a Dumbledore, o a ser quien asesinaba a toda la Orden del Fénix y a un gran porcentaje de la Resistencia. Se merecía cada porción de sufrimiento que iba de la mano con su servicio. Incluso más.

Si ella no podía matarlo, la ironía de que fuera Voldemort quien lo hiciera lentamente era tan apropiado como satisfactorio de presenciar.

La mayor parte del tiempo.

Hermione suspiró y dejó de caminar, presionando la palma de sus manos contra sus ojos, intentando despejar su mente y dejar de pensar.

Parecía que había logrado retener un poco de compasión, incluso para un monstruo depravado. Siempre había odiado la simple idea de la tortura. Le había molestado presenciar la de Umbridge. Al parecer, ni siquiera podía disfrutar la de Malfoy.

Su siguiente período fértil empeoró considerablemente debido a la poción de fertilidad.

A medida que se acercaba, sus senos se hincharon varias copas de más y sin un sostén para soportarlos, colgaban y dolían y eran punzantemente sensibles. Su abdomen inferior se hinchó de una manera que la hacía ver como si realmente estuviera en las primeras etapas del embarazo. Era horripilante. Hermione se descubrió de pronto confrontándose más vívida y visceralmente ante la idea de un embarazo, de una forma que había logrado ignorar y evitar hasta ahora.

Lloró. Su ropa no le quedaba bien. No podía hacer ejercicio, era demasiado incómodo. Se sentía extremadamente cansada y nerviosa. Simplemente se acurrucaba en su habitación e intentaba ignorar todas las cosas que su cuerpo estaba haciendo.

Cuando apareció la mesa, encontró algo doloroso reclinarse sobre ella y sentir su propio peso presionando contra su pecho. Tragó saliva. Todo su cuerpo se sentía demasiado sensible, particularmente en lugares en los que no quería pensar. Cuando escuchó que la puerta se abrió, se concentró intensamente en el dolor, presionando con más fuerza de la necesaria sus senos y obligándose a no prestar atención a nada más.

«Por favor, no te embaraces. Por favor, no te embaraces», le rogaba a su cuerpo.

Después de los cinco días, cuando Malfoy apareció para inspeccionar sus recuerdos, parecía un poco menos al límite. No se veía tan mortalmente pálido. No tan recientemente torturado. Hermione temía que eso significara que había conseguido algunos avances en su investigación.

Malfoy examinó sus recuerdos cuidadosamente. Más a fondo que la vez anterior, pero sin perturbar ninguno de los recuerdos bloqueados. Contempló la conversación de Hermione con Ron repetidamente como si estuviera en busca de detalles. Cuando él se encontró con su reticente preocupación por los síntomas de tortura que presentaba, se retiró de su mente.

—¿Preocupada por mí, sangre sucia? —dijo con desdén—. Tengo que admitir que nunca pensé que llegaría ese día.

—No lo tomes como un cumplido —dijo Hermione con rigidez—. También sentí pena cuando torturó a Umbridge, pero con gusto bailaría sobre su tumba.

La boca de Malfoy se arqueó con diversión.

—Por desgracia, fue devorada por las serpientes.

Hermione se encontró sonriendo antes de poder contenerse. Malfoy soltó una carcajada.

—Eres una perra —dijo con una leve negación de cabeza.

La sonrisa de Hermione se desvaneció

—Algunas personas merecen morir, —dijo con frialdad—. Y aquellos que no se lo merecían…los asesinaste de todas maneras.

Él puso los ojos en blanco como si ella simplemente hubiera criticado sus modales.

—Hago lo que se me ordena hacer —dijo, encogiéndose de hombros.

—¿Eso es lo que te dices a ti mismo para calmar tu conciencia? —se burló mientras se sentaba en la cama—. ¿Cuando los colgaste para dejar que se pudrieran, creías que estabas haciendo algo noble?

Él le dedicó una leve sonrisa y arqueó una ceja.

—Tu Resistencia tenía la irrefrenable esperanza de ganar incluso después de que Potter muriera frente a ellos. Eran del tipo de personas que nunca creerían que alguien había muerto basándose en los rumores de los Mortífagos. ¿Cuántos más de ellos crees que habrían intentado escapar si no hubieran visto con sus propios ojos los cuerpos pudriéndose?¿Seguramente no crees en alentar un optimismo suicida?

—Alguien sigue allí afuera —dijo—. Alguien a quien no has atrapado.

Él sonrió levemente.

—No por mucho tiempo.

Hermione sintió que la sangre se le escurría del rostro con tanta brusquedad que sintió que le habían vaciado la cabeza. —¿Lo has…? —Su voz tembló.

—Aún no. Pero prácticamente puedo garantizarlo—dijo con una sonrisa cruel—. Mucho antes de que el Señor Tenebroso se haya desvanecido, el último miembro de tu Orden estará muerto y tu pequeña y adorada Resistencia nunca sabrá que existió.

—Tú no puedes asegurarlo —dijo Hermione con fiereza.

—Claro que puedo —dijo, su expresión se volvió tan dura que podría haber estado tallada en mármol—. Esta historia sólo puede tener un final. Si tu Orden hubiese querido uno diferente, debería haber tomado decisiones diferentes. Quizás algunas decisiones difíciles y realistas. Debería haber dejado de lado sus cuentos de hadas en los que de alguna manera habrían podido ganar una guerra sin ensuciarse las manos. Fueron unos idiotas, casi todos —le dijo con desprecio—. ¿Tienes idea de lo fácil que es matar a alguien cuando sabes que sólo pretenden aturdirte? Muy fácil. Tan fácil que a esta altura podría hacerlo mientras duermo.

Hermione lo miró fijamente, observando la forma en que su boca se torcía burlonamente y la furia en sus ojos mientras hablaba.

—¿A quién? ¿A quién odias tanto? —preguntó ella. Porque aún no podía entenderlo. Parecía desafiar los límites de la magia.

—A mucha, muchísima gente —dijo con un insolente encogimiento de hombros. Luego sonrió—. La mayoría de ellos ahora están muertos.

Se alejó antes de que ella pudiera preguntarle algo más.

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oOo

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Después de casi un mes, Montague comenzó a visitar la mansión una vez más. Hermione no se molestó en espiarlo. Concluyó que probablemente no era miembro de la Resistencia ni de la Orden. Si hubiera alguna posibilidad de que lo fuera, Voldemort seguramente habría enviado a Malfoy ir tras él.

Al volver un día de su caminata encontró a media docena de elfos domésticos, en la terraza del Ala Norte, colocando una gran mesa y disponiendo una vasta cantidad de flores por todas partes. Uno de los elfos desapareció inmediatamente con un fuerte estallido y un momento después apareció Topsy y se acercó a Hermione.

—La ama está teniendo una fiesta Ostara ésta noche. La sangre sucia debe mantenerse fuera de la vista —dijo Topsy.

Hermione parpadeó y miró alrededor de la terraza, que lucía más como si se estuvieran preparando un banquete de bodas más que una celebración por el equinoccio de primavera.

—Está bien —dijo Hermione y se fue para encontrar una entrada diferente a la mansión. Observó los preparativos desde las ventanas superiores y concluyó que el equinoccio era una simple excusa de Astoria para organizar una fiesta. Al parecer, no seguía ninguno de los rituales o tradiciones además de la abundancia de flores.

Al caer la tarde, la terraza estaba preciosa. Brillaba con luces de hadas escondidas en los enormes ramos de narcisos y tulipanes. Astoria debió haberlas traído desde otro lugar, teorizó Hermione. La finca Malfoy aún era muy fría y apenas insinuaba el inicio de la primavera.

Vio llegar a los invitados. Mortífagos, cada uno de ellos. Estuvieron rígidos y formales entre ellos hasta que las bebidas comenzaron a fluir generosamente.

Cuando todos estuvieron sentados y la comida iba en camino, Hermione se alejó de la ventana por la que había estado mirando y tomó su capa. Se deslizó por un pasillo silencioso y salió a los jardines. Podía escuchar las voces de la fiesta sobre los setos. Si pudiera encontrar una buena posición, podría escuchar a escondidas. Quizás alguien dejara escapar alguna información útil sobre la Orden o la Resistencia. O sobre las otras subrogantes.

El diario El Profeta siempre estaba lleno de especulaciones, pero era difícil saber qué era cierto.

Hermione avanzó por los caminos sinuosos del laberinto de setos. Sus pasos eran silenciosos. Nadie le había ordenado que no saliera.

Intentar espiar lo que claramente se estaba convirtiendo en una cena de borrachos era un alivio. Hermione se sentía… viva, en lugar de sentirse como una criatura muerta mecanizada que pasaba, día tras día, doblando origami, haciendo ejercicio y esperando que apareciera una mesa en el centro de la habitación para que se la follaran clínicamente y luego la dejaran de nuevo hasta el siguiente ciclo.

La terraza estaba justo al otro lado del seto. Podía escuchar las voces claramente.

—Apenas le quedan dedos —se quejó una voz—. No puedo hacer alarde de algo así. Me da putos escalofríos. Al principio, apenas y podía hacer que se me parara para follármela. Pero ahora que está preñada tiene el par de tetas más increíble. Definitivamente, esas cosas compensan la falta de dedos.

Hermione se congeló. Estaban hablando de las otras chicas. Probablemente de Parvati o Angelina. Ambas habían perdido la mayoría de sus dedos.

Algunas de las chicas ya estaban embarazadas.

—Al menos la tuya tiene los dos ojos —añadió otra voz—. La mía es un jodido horror para la vista. Me la follo por atrás o le echo algo sobre la cara para no tener que mirar el maldito agujero en su cabeza. Ahora tiene un parche para cubrirlo, pero aún así...

Hannah Abbott.

—Su propósito no es ser observadas —interrumpió la aguda voz de Astoria.

Hubo risotadas borrachas y rebuznantes ante el comentario.

—Deberían ver cómo entrené a la mía —intervino otra voz—. Todo lo que tengo que hacer es chasquear los dedos y ella se dobla. Su coño está tan flojo que prefiero follármela por el culo a menos que sea uno de los días mandatorios. Debió haber sido una puta en Hogwarts, pero sí que sabe cómo chupar una polla. La tengo debajo de la mesa todas las mañanas mientras desayuno.

Hermione sintió como si alguien la hubiera apuñalado. El horror que sentía era físicamente doloroso.

Hubo muchas exclamaciones de admiración.

—Tienes a la sangre sucia, ¿no es así Malfoy? Vi ese gran artículo en El Profeta al respecto.

—Sí —dijo Malfoy con voz fría.

—La Celadora la odiaba en el colegio. Apuesto que llegó hecha pedazos.

—No —dijo Malfoy, su voz era contenida—. El Señor Tenebroso quería que se mantuviera intacta.

—Cabrón suertudo —murmuró alguien.

—Debe ser divertido, mirar su pequeña cara de sabelotodo mientras se la metes. ¿Llora? Siempre imaginé que sería de las que lloran. En el colegio tuve tantas fantasías sobre ponerla encima de un escritorio y taladrármela hasta hacerla llorar.

La piel de Hermione se erizó y se ajustó la capa con más fuerza.

—Nunca he prestado atención—respondió Malfoy en un tono aburrido—. Sólo hago lo que el Señor Tenebroso ha ordenado, pero ella no tiene nada que logre captar mi interés.

Varias voces gruñeron algo sobre Malfoy, pero la conversación avanzó.

Hermione agudizó el oído. Discutían sobre la muerte de Umbridge. Quejándose sobre el patrullaje en el Bosque Prohibido y lo molestos que eran los centauros. Parecía que ninguno de ellos sabía nada sobre los Horrocruxes. Era decepcionante sino sorpresivo.

Continuó escuchando.

Malfoy sería enviado a Rumania. Eso sí era una noticia. Había ejecuciones programadas en el país y Voldemort quería que terminaran con una ceremonia. Una demostración de fortaleza en caso de que alguno de los países europeos interpretara el intento de asesinato de Thicknesse como un signo de debilidad. El Oficial Supremo las realizaría.

Hermione se preguntó si esa era la razón por la que Voldemort había dejado de torturar a Malfoy. Tenía que estar en condiciones óptimas para demostrar su talento para matar en Rumania.

Hubo murmullos de celos por la asignación de Malfoy. Los labios de Hermione se curvaron. ¿Qué clase de criaturas repugnantes se ponían celosas por que alguien más asesinara personas?

—¿Vas a matarlos a todos con un Avada? —preguntó alguien en tono asombrado.

—Esa es la tradición —dijo Malfoy, arrastrando las palabras tan abiertamente que Hermione prácticamente pudo verlo rodar los ojos mientras hablaba.

No estaba segura de qué era más desconcertante, la naturalidad de Malfoy o el entusiasmo del otro Mortífago.

La conversación continuó, sin ofrecerle nada útil. Luego se oyó el ruido de sillas moviéndose, gente poniéndose de pie y Astoria diciendo tonterías sobre las flores del invernadero.

Hermione se desvaneció entre los setos de vuelta a la otra entrada de la mansión. No quería que la descubrieran si uno de los Mortífagos decidía ir a explorar los setos.

Casi estaba de regreso en la casa cuando de pronto…

—Immobulus.

El hechizo la golpeó en el costado de la cabeza. Se congeló en su sitio al tiempo que Graham Montague entraba por las puertas francesas de la mansión.

—¿Quién hubiera dicho que escabullirse para mear me haría tan afortunado? —Parecía maravillarse mientras se acercaba a ella—. Con todas las protecciones que Malfoy agregó a tu ala en la mansión, temía no poder acercarme a ti nunca más. ¿Ya te preñó?

Le lanzó un hechizo de detección de embarazo y sonrió cuando salió negativo.

—Nunca pensé que convencer a Astoria para que organizara una fiesta de equinoccio sería lo que terminaría funcionando —dijo con una sonrisa. Montague estudiaba su rostro, con expresión triunfante como la de aquella vez en Víspera de Año Nuevo. Le desabrochó la capa y se la quitó de los hombros. —Mierda. Éstas no las tenías la última vez.

Sus senos todavía estaban algo agrandados por la poción de fertilidad. Él agarró su pecho izquierdo y lo apretó con fuerza mientras se acercaba, de modo que sus cuerpos estaban casi presionados uno contra el otro. Enterró la nariz en su cabello, aspirando. Olía a vino agrio. Estaba borracho.

—¿Sabes? Se suponía que serías mía —dijo, retrocediendo un poco para mirarla de nuevo—. Yo fui quien te atrapó cuando atacaste Sussex. Cuando te vi de pie bajo un cielo lleno de dementores de fuego, quise follarte allí mismo en ese campo. —El agarre sobre su pecho se hizo más fuerte mientras hablaba, sus dedos enterrándose en su piel. Si Hermione hubiera podido moverse, habría estado jadeando de dolor—. Así fue como me gané mi marca, sabes. Atrapándote. Por mi servicio excepcional al Señor Tenebroso. Cuando te vi en Sussex, te reconocí de la cueva. ¿Recuerdas cuando te dije que pediría tenerte? Yo fui quien le recordó al Señor Oscuro sobre ti para el programa de reproducción. Dijo que serías mía. Pero luego cambió de opinión y te entregó a Malfoy.

Montague siseó y retorció su pecho entre los dedos con fuerza.

—El maldito Malfoy consigue todo. Pero te debo tanto dolor por haberme apuñalado con aquellos cuchillos envenenados, que no voy a dejar que él se interponga en mi camino. He estado fantaseando con esto durante tanto tiempo. Incluso compré un Pensadero, sólo para verte arrodillada frente a mí, desabrochándome los pantalones tantas veces como quisiera.

Hermione habría estado temblando si fuera capaz de moverse. No sabía de lo qué él estaba hablando, pero reconocía el sonido de una venganza obsesiva y cruel en el tono de su voz. Él le sonrió y colocó la punta de su varita contra su frente.

—No queremos que Malfoy venga ahora a interrumpir nuestra diversión, ¿verdad? Confundo.

La mente de Hermione se nubló mientras el hechizo inmovilizador era retirado y se desplomó entre los brazos que la esperaban.


(*) La Sala Janus Thickey era un pabellón situado en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, y estaba normalmente cerrado con llave para evitar que los pacientes vagaran por el hospital. La sala albergaba residentes cuyas mentes habían sido permanentemente afectadas por hechizos.


NdT: ¡Dios que capítulo! ¡Cuántas revelaciones! Y especialmente… ¡qué final! ¿Qué les ha parecido?

Este capítulo vino de la mano de la linda de Irene Garza que me brindo su ayuda. Tengo que corregirme porque había dicho que ella tradujo el capítulo 16 cuando en realidad había traducido este. Si lees esto Irene, muchísimas gracias. Por si no la conocen vayan a leer su trabajo espectacular tanto en historias originales como en traducciones. No se lo pierdan.

Eso es todo por ahora mis queridas lectoras. Espero leerlas en sus reviews que son un gran aliciente para seguir con esto. Les mando un abrazo gigantotote. Las quiero mucho y nos veremos pronto.

*11 de mayo de 2020*