Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción beteada por Mary Eagle Med


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 22

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Nota de autora: Un amable recordatorio de que la representación no es un respaldo del autor. El punto de vista limitado de la tercera persona implica necesariamente algunas distorsiones de la perspectiva y eventos perdidos o mal interpretados.

ooooooooooooooooooooo

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A la mañana siguiente, Hermione se arrastró de la cama al baño con ducha al final del pasillo. El agua caliente que caía e irradiaba a su alrededor era lo más cercano a la comodidad física a la que tenía acceso.

Cerró los ojos y se quedó allí, Eventualmente se dejó caer al suelo y se abrazó las rodillas mientras cerraba con más fuerza los ojos y trataba de no pensar en la noche anterior.

Se concentró en la ducha.

Uno de los aspectos menos apreciados de la magia era el suministro interminable de agua caliente. La cálida temperatura nunca se entrecortaba o se terminaba. Simplemente fluía sobre ella. Si ella permaneciera allí por un día entero, el agua aún saldría caliente.

Cuando finalmente se obligó a cerrar los grifos y salir, se paró en medio del baño lleno de vapor tratando de convocar la fuerza de voluntad para secarse y vestirse.

Nunca se había sentido tan desmotivada. Existir parecía una demanda tan injusta.

Hermione daría cualquier cosa por un libro… cualquier cosa por leer algo que no fueran noticias. Estaba harta de las noticias.

Tal vez saldría a caminar. No había estado afuera desde el equinoccio. No sabía si alguna vez volvería a acercarse a los setos, pero tal vez podría caminar por uno de los carriles. Podría inspeccionar los brotes en los árboles. Contar narcisos. Algo.

Salió del baño y caminó por el pasillo helado envuelta en una toalla. De nuevo en su habitación, se acercó al armario para sacar una nueva túnica.

Depositándola en la cama, dejó caer la toalla y se examinó a sí misma.

Las cicatrices restantes causadas por Montague se habían desvanecido por completo. Había una mancha en el interior de su seno derecho que le hacía todavía sentir las marcas de las cicatrices en el tejido.

Hermione pasó cuidadosamente sus dedos por encima. Había sido tan profunda la herida que probablemente debería haber requerido un hechizo curativo más específico. El área de la piel se sentía tirante.

Había sido lo suficientemente profundo como para que el tejido dañado no fuera sólo dérmico. Los hechizos curativos típicos estaban diseñados para la reparación de la piel y los músculos. Probablemente, había un hechizo específico para reparar el tejido mamario, pero Hermione no podía recordarlo. Cerró los ojos e intentó recordar haberlo aprendido.

Recordaba un gran libro de hechizos curativos. Lo había llevado consigo constantemente durante varios años. Lo había encogido para que cupiera en sus bolsillos, para tenerlos siempre a mano. Lo recuerda manchado de sangre y pociones que se derramaron y filtraron en sus páginas cuando ella se encontró demasiado ocupada para limpiarlas a tiempo. Con las esquinas de las hojas de las secciones más importantes dobladas. Tantas hojas marcadas, abarrotadas de sus notas en los márgenes.

Fue lo primero que compró después de la muerte de Dumbledore. Recordó cómo la gran lechuza voló hacia el Gran Salón de Hogwarts y lo dejó caer.

Todos los demás habían estado hablando de reiniciar el ED y comprar libros sobre magia defensiva. Pero Hermione había recurrido a la sanación. Ese fue el comienzo de la división, del espacio que creció lentamente entre ella y todos los demás de su edad dentro de la Resistencia.

Mientras los otros habían estado ejercitando con hechizos de protección y aturdidores, ella fue a ver a Madame Pomfrey y le pidió ser su aprendiz.

Pasó la mayor parte de sus días con Madame Pomfrey, memorizando cada hechizo de sanación y de diagnóstico avanzado que la enfermera de la escuela podía enseñarle. Aprendiendo qué signos y síntomas tenía que tener en cuenta.

El trabajo de la sanación es muy preciso… sutil. Se requiere la capacidad de evadir distracciones y enfocarse para canalizar la magia con matices extremadamente delicados. Para determinar el hechizo adecuado, perfeccionar la inflexión y, luego, canalizar las propias intenciones con precisión.

Los sanadores no usaban escalpelos físicos, pero, mágicamente hablando, la exactitud mental y el trabajo de varita eran comparables.

Hermione había memorizado diagrama tras diagrama de la anatomía humana, profundizando en todos los detalles que necesitaba para entrenar sus ojos en captar un diagnóstico, piezas de rompecabezas de información que tenía que ser ensamblada para identificar lo que podría estar mal.

Luego, por la noche, se dirigía a las mazmorras para estudiar pociones con Snape.

Cuando terminaba con la sanación y las pociones, se encerraba en un rincón de la biblioteca, revolviendo libro tras libro en busca de hechizos útiles para Harry, hasta que se quedaba dormida allí.

Lentamente, fue alejándose de sus amigos.

Después de la muerte de Dumbledore, todos estaban justamente enojados, pero, a pesar de eso, seguían optimistas. Los impulsaba una certeza que Hermione nunca consiguió avivar dentro de sí, ni siquiera al principio. Cuanto más aprendía, más disminuía su confianza respecto al resultado de la guerra. Nadie más parecía advertir lo difícil que resultaba mantener viva a las personas.

Cuando no pudo compartir el optimismo, los demás se ofendieron. Ella era amiga de Harry, ¿por qué no creería en él? ¿Por qué estaba tan decidida a hacer que todos se sintieran asustados? ¿Pensaba que era más inteligente que ellos? Ya ni siquiera podía lanzar un Patronus. Tal vez si pasara más tiempo practicando sus hechizos de defensa, dejaría de ser tan morbosa.

No era que no se estuvieran tomando la guerra en serio, sino sólo que su perspectiva se había reducido. La luz contra la oscuridad, el bien contra el mal. La luz siempre ganaba. Mira las historias, mira los libros de historia. Sí, algunas personas morirían, pero, por la causa, sería una muerte digna. No tenían miedo de morir por eso.

Eventualmente, Hermione dejó de hablar y se retiró con sus libros. No tenía sentido señalar que los libros de historia fueron escritos por los vencedores, o que hubo muchas guerras en el mundo muggle donde las vidas eran sólo otra forma de munición, donde las batallas no significaron nada, o produjeron más que una nueva lista de bajas, una nueva hilera de tumbas.

Quizás todos necesitaran creer tales cosas, pero Hermione no pudo. Ella necesitaba prepararse. Entonces se enfocó en la curación, en las pociones, y en los libros hasta que el Ministerio de Magia cayó y la guerra comenzó oficialmente.

Luego, la llevaron a toda prisa para que comenzara a estudiar en Francia. Luego, Albania, cuando Francia se volvió demasiado peligroso. Luego, Dinamarca. Luego, ¿Austria? No.

¿Había habido otro lugar antes de que ella se fuera a Austria? Se sentía como si hubiera una brecha. Algo borroso. Hermione empujó el espacio en blanco en su memoria. En algún lugar, en algún otro lugar, ella había ido a estudiar. ¿Dónde pudo haber estado? ¿Por qué ella lo olvidaría? Forzó su mente hacia lo borroso, pero era sólo oscuridad. Una tenue luz dorada que emanaba de una lámpara, polvo, el aroma del papel viejo, seco y verde, y la delgada cadena de un collar en sus manos.

Nada más. Presionó más fuerte, pero el recuerdo se desvaneció en el fondo de su mente nuevamente. No podía recordar nada más.

Al igual que no podía recordar el hechizo para reparar el tejido mamario.

Ella suspiró en voz baja para sí misma.

La falla de su memoria le resultaba cada vez más desconcertante.

A veces ni siquiera estaba segura de saber quién había sido durante la guerra. Se recordaba a sí misma como una sanadora. Sólo una sanadora y una especialista en pociones.

Pero, en algún momento, se había separado de esa persona y no sabía cómo ni cuándo había sucedido.

¿Cuándo se había convertido en alguien que Voldemort describiría como peligrosa? Una persona que arrasó con la mitad de una prisión. Quien quemó a los Dementores y apuñaló a Graham Montague con cuchillos envenenados.

Hermione no tenía idea de dónde podría haber venido esa versión de sí misma. Le resultaba difícil creer que esa persona hubiera existido alguna vez.

De alguna manera, esa misteriosa persona había sido succionada en la oscuridad debajo de Hogwarts. Sin los relatos de segunda mano de Voldemort, Malfoy y Montague, ella nunca hubiera sabido que tal persona hubiera existido. Casi pensaría que sería una clase de engaño si no tuviera tantas cicatrices que no podía explicar.

Bajo la mirada a su muñeca izquierda y luego pasó la punta de los dedos sobre las cicatrices plateadas y dispersas que manchaban su esternón y clavículas, y la cicatriz larga y delgada entre sus costillas séptima y octava.

La sanadora Stroud había dicho que las fugas en su mente no eran una cuestión de disociación o de múltiples personalidades, pero ella sintió que debían serlo. Porque Hermione, tal como ella la conocía, nunca habría arrasado con la mitad de una prisión, ni habría matado a innumerables personas para irrumpir. Ni siquiera por Ginny. Hermione no habría tratado a todos los demás como daño colateral en un intento de rescate. Ella no sabía cómo llenar un cielo con Dementores ardiendo en fuego. Nunca había llevado cuchillos envenenados, mucho menos había aprendido a apuñalar a alguien con ellos.

Había algo cavernoso en su ignorancia, y no sabía cómo reconciliarlo.

Se puso la túnica, bajó las escaleras y tembló un poco en la puerta de la terraza. El aire era cálido y olía a tierra, con leves rastros de dulzura. Había enormes macizos de narcisos y lirios que, aparentemente, habían florecido hace dos semanas. Los pájaros cantaban.

Era como si el mundo exterior se hubiera transformado mientras Hermione yació en su habitación oscura. La naturaleza dejó caer su sudario y cesó de reflejar la frialdad y la tristeza de la vida de Hermione. El mundo la abandonó. Había vuelto a la vida, pero ella todavía estaba atrapada en una jaula, fría y mortal.

Se dio vuelta y volvió a entrar.

Ella no quería sentir la agitación de la primavera, ni en su piel ni en su sangre. Ella no quería pensar en la vida floreciendo. No a su alrededor. No en su interior.

Topsy apareció antes de la cena.

—Debe prepararse ahora.

Eran muchas horas antes de lo que Malfoy solía venir. Hermione no tenía idea de cuál podría ser la razón del cambio. Cada pieza de imprevisibilidad adicional sólo empeoraba las cosas. Se sentía muerta de miedo.

Fue al baño y se bañó. Mientras se secaba con las manos ligeramente temblorosas, recordó las pociones que la sanadora Stroud había enviado. Había estado tan nerviosa la noche anterior que las había olvidado.

Después de vestirse, fue y sacó uno de los viales del armario del baño. No era un filtro de paz. El color y la consistencia no le eran familiares. Lo olfateó. Se sentía picante en sus fosas nasales, ligeramente cítrico y picante. Se puso una gota en la punta del dedo y lo probó. Era tibio y ligeramente dulce en su lengua.

Esperó un minuto. Se sentía menos tensa por la ansiedad.

Lo tragó, y sintió el calor deslizándose por su garganta. Cuando llegó a su estómago, el calor pareció extenderse por todo su cuerpo.

Su piel, repentinamente, se estremeció y se volvió sensible. Hermione se congeló, jadeó de horror y se tambaleó hacia adelante, mirando con los ojos muy abiertos en el espejo. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos dilatados mientras estudiaba su reflejo. Presionó las manos sobre su boca y tropezó hacia atrás.

Stroud le había dado una poción de lujuria.

Hermione quería estallar en lágrimas mientras intentaba estabilizarse y alejar los efectos de la poción que actualmente la hacía arder.

Esto no podía estar pasando.

Era simple infinitamente cruel.

Las manos de Hermione temblaban mientras intentaba pensar en alguna solución. Alguna forma de neutralizarlo. Tomó la taza de al lado del fregadero y tomó un vaso tras otro con agua con la esperanza de sacarlo de su sistema. No funcionó. El calor a través de su cuerpo parecía estar bajando y comenzando a irradiar en la parte baja de su abdomen.

Entró en su dormitorio. No podía entender por qué Stroud haría esto.

Castigar a Malfoy por cualquier interferencia que hubiera hecho en el programa de reproducción era una cosa, pero engañar a Hermione para que se autoadministrara una poción de lujuria parecía ser un nivel completamente nuevo de insensibilidad.

Trepó inestablemente a su cama, se recostó y cerró los ojos. Tal vez si ella se quedara quieta y concentrada, todo estaría bien.

El clic de la puerta la hizo estremecerse.

Abrió los ojos y encontró a Malfoy parado allí, frío y tenso mientras él desabrochaba su túnica y se la quitaba de los hombros. La estaba estudiando cuando cruzó la habitación, colocó la ropa sobre el borde de la cama y la miró.

—¿Quieres otra poción calmante?

Hermione evaluó la posibilidad que una poción calmante pudiera ayudar. Podría aliviar la reacción física con la que su cuerpo estaba ardiendo, así que asintió con la cabeza y se sentó.

Cuando tomó el vial de su mano, sus dedos se rozaron y ella se mordió la lengua para no jadear.

Destapó el vial y lo tragó mientras Malfoy tomaba su propia poción.

La poción calmante tuvo un efecto de empeoramiento. En lugar de aliviar los síntomas, su cuerpo se relajó aún más en ellos. Ella dejó caer el vial sobre la cama mientras trataba devolvérselo.

Se cubrió la boca con las manos y se echó a llorar. Malfoy la miró fijo por un momento.

—¿Qué pasa? —él demandó.

—La sanadora Stroud envió un conjunto de pociones que, según ella, facilitarían las cosas —dijo, quitándose las lágrimas y mirando fijamente las sábanas de la cama—. Lo olvidé ayer. Pero lo tomé esta noche, justo antes de que llegaras. Pensé que sería para la ansiedad. Eso era lo que parecía cuando probé una gota. No es que pueda hacer un análisis de hechizos. Entonces lo bebí, pero... —se ahogó un poco— era un afrodisíaco.

Hubo un silencio intenso.

—Eres una idiota —gruñó, finalmente, Malfoy—. ¿Tomas algo sin hacer preguntas?

Hermione se encogió.

—La última vez que te pedí que identificaras una poción que me enviaron, me obligaste a tomarla por puro rencor. ¿Se debía suponer que sería diferente esta vez?

Malfoy guardó silencio. La ira que emanaba de él era palpable. Como ondas de calor alrededor de una llama, el aire casi parecía distorsionarse alrededor de los bordes de su cuerpo mientras estaba allí, mirándola.

—Eres una idiota —dijo, finalmente, de nuevo.

Hermione quería acurrucarse sobre sí misma como un ovillo.

El calor en su centro era distraídamente estable, y todo su cuerpo se sentía demasiado cálido y sensible. Se sentía vacía por dentro. Ella quería ser tocada. Nadie la había tocado en tanto tiempo...

No, no, no.

Respiró profundo y se estremeció.

—¿No puedes esperar y hacerlo más tarde esta noche? Estoy segura de que desaparecerá después de unas horas.

—No puedo. Me han requerido en Francia esta noche. Es por eso que vine aquí temprano, no volveré a la mansión hasta mañana a la tarde— respondió Malfoy.

Hermione soltó un pequeño sollozo.

—Bien —ella dijo con la voz entrecortada y se obligó a recostarse en la cama—.Sólo… hazlo.

Cerró los ojos con fuerza y trató de concentrarse en contar hacia atrás desde mil, duplicando el número restado cada vez.

Menos uno.

Novecientos noventa y nueve.

Menos dos.

Novecientos noventa y siete.

Menos cuatro.

Novecientos noventa y tres.

Menos ocho.

Novecientos ochenta y cinco.

Sintió a Malfoy apartar su falda y se estremeció.

Menos dieciséis.

Novecientos setenta y nueve.

Menos treinta y dos.

Los dedos de Malfoy cerca de su centro abruptamente hicieron trizas su concentración en la resta y ella dejó escapar un gemido ahogado cuando sus ojos se abrieron de golpe.

Malfoy la miraba con los ojos de par en par y horrorizados.

Ella lo miró fijamente. Nunca antes lo había visto realmente como alguien sexual. A pesar de que durante cinco meses la tuvo inclinada sobre una mesa, ella nunca había registrado realmente su aspecto sexual. Él era frío y peligroso. Hermoso, pero sólo de manera estética, como una estatua de mármol. No algo de sangre caliente. No era algo de lo que quisiera ningún tipo de contacto físico.

Ella nunca, nunca había querido ser tocada por él de ninguna manera.

Ahora quería sentir sus labios contra los suyos. Sentir sus manos sobre ella. El peso de él que había estado tan desesperada por escapar de la noche anterior, quería sentirlo, tenerlo presionando sobre ella. Presionando contra ella.

El ardor de la excitación en su centro era paralizante. Nunca antes había sentido la necesidad de tener algo dentro de ella, pero mientras yacía allí, se sintió lista para gritar si él no la tocaba.

No había pensado que la segunda noche podría ser peor que la primera, pero fue mil veces peor.

Ella se obligó a cerrar los ojos de nuevo para dejar de estudiar su rostro, dejar de asimilar todos los detalles de él de los que nunca antes se había preocupado. Su cabello y sus pómulos agudos, la intensidad de sus ojos, sus delgados labios y dientes blancos y rectos, las líneas precisas de su mandíbula y su garganta pálida desapareciendo en el cuello negro de su camisa.

—Sólo muévete —dijo Hermione, y casi sollozó por el esfuerzo que le tomó no moverse ella misma.

Un momento después lo sintió empujar y deslizarse dentro de ella, e inmediatamente inclinó sus caderas hacia adelante para llevarlo más profundo.

Enterró el rostro en sus manos y trató de apartar su mente mientras jadeaba contra sus palmas y se sentía arruinada.

Estaba temblando.

Todo lo que podía pensar era en cuánto quería que él se moviera. Fuerte y rápido.

Los gemidos seguían formándose en su garganta y no podía sofocarlos. Se contuvo con tanta rigidez que su cuerpo entero se estremeció mientras trataba de no permitir ningún tipo de reacción.

La espiral de la necesidad se apretaba más y más en su interior. Se mordió los labios. No se rendiría.

Sólo necesitaba aguantar. Él acabaría pronto y todo terminaría. Entonces podría dejar que el efecto de la poción se consumiera solo. Sus estocadas eran cada vez más largas y más fuertes, como lo hacían cuando llegaba al final. Él aceleró un poco y ella se mordió la lengua con fuerza mientras trataba de mantener el control.

Y entonces…

Ella rompió con un sollozo desesperado.

Todo su cuerpo se agitó alrededor de él. Podía sentir cómo ella misma se apretaba y aferraba cuando él empujó unas cuantas veces más, y, luego, él se estremeció con un gemido torturado.

Después de un momento, Malfoy se apartó, y ella apenas abrió los ojos a tiempo para verlo arrebatar su túnica de la cama y luego desaparecerse rápidamente de la habitación. Ella vislumbró su rostro antes de que desapareciera. Se veía pálido, como si fuera a desmayarse.

Ella se tumbó en la cama y lloró mientras su cabeza se aclaraba lentamente. La realidad, amarga como el veneno, comenzó a drenar lentamente mientras absorbía lo que había sucedido.

Acababa de tener el primer orgasmo del que tenía memoria.

No sabía si había sido virgen antes de ser enviada a Malfoy. Si no lo hubiera sido, el haberla perdido era uno de los muchos detalles que había perdido en sus recuerdos. Parecía algo extraño que su mente hubiera elegido proteger eso. Lo más probable es que no haya tenido relaciones sexuales durante la guerra.

Todo se sentía extraño. Nada le había dado ninguna indicación de que esas cosas fueran algo con lo que su cuerpo había estado familiarizado.

La poción de la lujuria había alterado las cosas. Ella temía que fuera de manera permanente. Despertó su cuerpo ante un nuevo aspecto de estas invasiones físicas que anteriormente habían permanecido inactivas.

Hermione permaneció inmóvil durante diez minutos.

Cuando finalmente pasó el tiempo, se levantó y fue al baño. Sacó todos los viales restantes de pociones y los vertió por el fregadero. Después tiró los envases al contenedor.

Cuando levantó la vista, el retrato estaba allí, mirándola en el espejo. Siempre observando. Siempre en silencio

Hermione le dedicó una sonrisa amarga y luego se dejó caer al suelo.

La joven bruja pálida miró a Hermione.

Ella sintió frío, como si estuviera en estado de shock. Se acurrucó en un ovillo apretado, abrazándose las rodillas e intentando respirar.

Ella se iba a volver loca.

Ella se iba a volver loca.

Ella no podía seguir aguantando. Ni siquiera sabía por qué estaba aguantando. Por qué no se había dejado estar mientras estaba encerrada bajo Hogwarts.

La mansión Malfoy era peor.

Enterró su rostro en sus manos. Podía sentir los fluidos de ella y Malfoy en sus muslos.

Se durmió en el suelo.

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NdT: Sigo sin poder agregar algo más después de un capitulo tan fuerte, sólo les pido que tengan paciencia como muchas lo han venido teniendo hasta ahora.

Bueno, no... si puedo agregar algo...Stroud es una perra...eso es todo :-P

Les mando un beso y un gran abrazo.

*26 de mayo de 2020*