Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción por Ileana Cs.

Beteada por Mary Eagle Med y Sunset82


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 26

.

Tres años antes.

Marzo de 2002. Casi seis años después de la muerte de Albus Dumbledore.

Hermione apretaba los dientes con frustración mientras embotellaba pociones de antídotos. Acababa de salir de otra inútil reunión de la Orden.

A veces se preguntaba si ella era la única quien se daba cuenta de que estaban perdiendo la guerra.

Mientras guardaba las nuevas botellas, metió algunas en su bolsillo y se apresuró a la siguiente habitación donde Madam Pomfrey estaba moviéndose de un lado para otro. El pabellón del hospital que ocupaba el segundo piso de Grimmauld Place, estaba inquietantemente silencioso.

Nadie que estuviera en esa sala tenía una lesión fácil de sanar.

Lee Jordan yacía en una cama. Todavía había masa encefálica rezumando de sus oídos, gota por gota. Hermione había descubierto una forma de detener la maldición, pero el contrahechizo estaba actuando lentamente. Sólo podía guardar esperanza de que el goteo se detuviera en la siguiente hora. Era dudoso que sus funciones mentales se recuperaran. El daño en el cerebro era severo e irreparable. No estaba segura de la extensión precisa del mismo. Tendría que esperar a que él despertara.

Si es que él despertaba.

Lo más probable es que, asumiendo que él no tuviera una muerte cerebral completa para el momento en que el goteo cesara, la Orden tendría que huir con él para dejarlo en San Mungo cuando pudieran prescindir de alguien.

George Weasley se encontraba sentado al lado de su amigo. Estaba pálido del dolor y la desesperación. Había sido golpeado en el muslo derecho con una maldición de necrosis de acción rápida. Para el momento en el que había logrado superar el dolor y aparecerse de regreso, la putrefacción se había extendido hasta su cadera. No había contra hechizo para la necrosis. Hermione apenas se las arregló para evitar tocar sus órganos vitales cuando le tuvo que cortar la pierna. Ni siquiera había tenido un segundo para dormirlo. Sus manos aún temblaban sin importar cuantos filtros relajantes o pociones para el dolor ella le administrara.

Katie Bell estaba en una cama en un rincón lejano. Durmiendo. Con suerte, pronto sería dada de alta. Un mortìfago detestablemente creativo había conjurado un puerco espín dentro de su pecho. Las espinas habían triturado y destrozado los pulmones y el estómago de la chica y sólo por un milagro no había llegado a apuñalar su corazón. Ella casi se había ahogado en sangre antes de que Hermione y Madam Pomfrey lograran desaparecer a la criatura y estabilizarla. Katie estuvo internada durante tres semanas. Si bien ya estaba casi recuperada, todo su torso seguía cubierto en una multitud de diminutas cicatrices redondas. Su respiración hacía un leve sonido de traqueteo cuando se movía.

Hermione se acercó y vertió una poción antiveneno en la garganta de Seamus Finnegan. Él había caído en un pozo de víboras y fue mordido treinta y seis veces antes de poder ser capaz de aparecerse. Había sido sólo gracias a la inmunidad de la gente mágica a las heridas de las criaturas no-mágicas que él había logrado regresar antes de morir.

Había una docena de otros cuerpos en el pabellón del hospital, pero Hermione no sabía los nombres de esos combatientes de la Resistencia, y ellos estaban demasiado heridos como para decirle.

Parada en el medio de la sala mirando a los silenciosos cuerpos heridos, Hermione se sintió perdida.

Acababa de llegar de otra reunión en la que había instado a la Orden a comenzar a usar maldiciones más efectivas a la hora de luchar. Sin embargo, había sido una vez más callada.

Había un extraño tipo de optimismo entre muchos miembros de la Orden, de que, de alguna manera, podían ganar la guerra sin utilizar las artes oscuras. La mayoría de los luchadores de la Resistencia, todavía insistían en aturdir o petrificar cuando eran acorralados, como si los mortífagos no pudieran detener esos hechizos en unos cuantos segundos para luego aparecer en la siguiente redada y asesinar o mutilar horriblemente a alguien.

Algunos habían empezado a usar hechizos más agresivos. La mayoría eran miembros que recibieron una maldición que casi los mata. Era como un secreto a voces dentro de los rangos de la Resistencia: todos hacían la vista gorda, pretendiendo que no ocurría.

Cada vez que Hermione aparecía en alguna junta de alto nivel de la Orden, exponía el por qué todos los luchadores necesitaban aprender magia más efectiva con la que luchar. Como resultado, siempre se encontraba con miradas de incredulidad.

Aparentemente, estar en el lado "de la luz", requería que ellos lucharan contra probabilidades completamente amañadas. No importaba que sus enemigos quisieran matarlos a todos, que asesinaran y esclavizaran a todos los muggles en Europa. Al parecer, todavía esas no eran razones suficientes para matar a los mortífagos en defensa propia.

La respuesta que obtenía, en cada reunión, era la misma. Ella era una sanadora, ¿no sabía que usar artes oscuras eventualmente corrompía a una persona? Si la Orden y los miembros de la Resistencia hacían la elección personal de usar esa clase de encantamientos, era su decisión. La Orden nunca se lo pediría a nadie. Nunca le enseñarían a nadie.

Además, alguien siempre le señalaría débilmente a Hermione, que ella difícilmente sabía cómo era estar allá afuera en el campo de batalla, enfrentando la opción de terminar con la vida de alguien más. Ella siempre estaba en Grimmauld Place actuando de sanadora, especialista en Pociones, e investigadora de la Orden. Ahí era donde ellos la necesitaban. Ella debía dejar que los que estaban especializados en combate fueran los que tomaran las decisiones sobre estrategias de guerra.

Eso era suficiente para hacer que Hermione quisiera gritar.

Mientras se encontraba junto Lee Jordan, furiosa, escuchó un chirrido en el piso de madera y se volteó para encontrar a Ojo-Loco Moody entrando a la habitación. La miró directamente.

—Granger, un momento —dijo.

Armándose de valor, se volvió para seguirlo por el pasillo. Ella esperaba no estar a punto de ser regañada otra vez por tener la audacia de cuestionar la estrategia de guerra de la Orden. No creyó que Ojo-Loco Moody fuera a hacerlo. Él era uno de los pocos miembros de la Orden que no estaba en desacuerdo.

Moody la condujo a un cuarto pequeño. Una vez que estuvieron adentro, él se volteó y conjuró una serie de complejos y poderosos encantamientos de privacidad.

Tan pronto terminó, miró alrededor del cuarto cuidadosamente. Su ojo mágico estaba girando mientras escudriñaba cada rincón. Después de un minuto, él la miró.

Se veía extrañamente tenso, incluso para un hombre que ladraba «Alerta permanente», más seguido de lo que decía cualquier otra cosa.

Se veía incómodo.

—Estamos perdiendo la guerra —dijo después de un momento.

—Lo sé —dijo Hermione con voz de plomo—. A veces siento que soy la única persona consciente de eso.

—Algunas personas… sólo pueden luchar impulsadas por el optimismo —dijo Moody lentamente—. Pero… el optimismo se nos está agotando.

Hermione sólo siguió mirándolo. No necesitaba que él le dijera eso. Lo sabía.

Ella era la que mantenía a las personas mientras morían en agonía por maldiciones que no podía revertir. La que entonces caminaba a la sala de juntas y enlistaba a los muertos y a los heridos, detallando qué tan larga se esperaba que fuera su recuperación y cuándo era posible que regresaran a pelear cuando ésta se hubiera cumplido.

—Ha surgido una oportunidad —dijo Moody en voz baja. Él estaba estudiando su rostro cuidadosamente—. Una que podría cambiar el rumbo de la guerra.

Hermione ya no tenía ninguna reserva de esperanza dentro de ella como para alegrarse por esas palabras. Basada en el contexto en el que Moody le estaba hablando, sospechaba que el precio sería lo suficientemente alto como para ser cuestionable.

—¿Oh?

—A medida que las fuerzas de Voldemort han crecido, la información de Severus se ha visto limitada. Él sigue, principalmente, investigando y desarrollando nuevas maldiciones con Dolohov. Ellos no le informan de estrategias de ataque.

Hermione asintió. Lo había notado en el transcurso de los últimos meses. Algunos de los miembros de la Orden lo habían tomado como una oportunidad para empezar a cuestionar la lealtad de Snape, otra vez.

—Tenemos una oportunidad de traer un nuevo espía. Alguien con un alto rango en el ejército de Voldemort está dispuesto a pasarse a nuestro bando.

Hermione miró a Moody escéptica.

—¿Alguien con un alto rango quiere pasarse a nuestro bando ahora?

—Con condiciones —Moody aclaró—. El muchacho Malfoy. Dice que se convertirá en un espía para vengar a su madre. Con el seguro de un indulto y… —él vaciló—. Y él te quiere a ti. Ahora y después de la guerra.

Hermione se quedó atónita. Si Moody la hubiera hechizado ella no hubiera estado tan asombrada.

—Severus cree que la oferta es legítima. Dice Malfoy que sentía algún tipo de fascinación por ti en el colegio. No hay nada que indique que la oferta fue hecha siguiendo órdenes.

Hermione apenas registró las palabras mientras seguía internamente consternada.

Ella no había visto a Malfoy desde el colegio.

El sexto año apenas había comenzado cuando él empezó la guerra asesinando a Dumbledore y luego huyó. De vez en cuando escuchaba algo sobre él cuando Severus daba informes de la estructura militar de Voldemort. Malfoy había estado subiendo de rango incansablemente a través de los años.

¿Por qué Malfoy cambiaría de bando? El peso de la guerra podría estar legítimamente puesto sobre sus hombros. No había ninguna razón plausible por tan tardío cambio de alianza.

Tal vez el poder de Voldemort no estaba tan asegurado como ellos habían pensado. Tal vez los rangos estaban empezando a quebrarse. Parecía demasiado bueno para ser verdad.

Pero ¿por qué la quería a ella?

No recordaba que su enemistad escolar fuera algo memorable. Él siempre había prestado más atención en molestar a Harry que a ella. Ella había sido un poco más que un pie de página, alguien a quien insultar sólo por ser hija de muggles. Nunca había sido el verdadero objetivo de su crueldad.

A menos que… reclamarla fuera algún tipo de venganza contra Harry.

Tal vez él pensaba que ella y Harry estaban juntos. Bastardo.

Ella se quedó ahí pensando hasta que Moody habló de nuevo.

—No hay mucho que yo no haría por la información que él puede ofrecer. Pero tienes que dar tu consentimiento. Él quiere que estés de acuerdo.

No, no. Nunca.

Ella se tragó la negativa. Sus manos se hicieron puños hasta que pudo sentir los contornos de sus huesos metacarpianos a través de su piel.

—Lo haré —dijo ella, sin dejar que su voz vacilara—. Siempre y cuando él no haga algo que interfiera con mi habilidad para ayudar a la Orden, lo haré.

Moody la estudió cuidadosamente.

—Deberías pensar más al respecto. Podemos darte un par de días. Si haces esto… no le puedes decir a nadie. Incluso después de la guerra. Ni a Potter, ni a Weasley, ni a nadie más. Kingsley, Severus, Minerva y yo seremos los únicos miembros de la Orden que lo sepamos.

Hermione le sostuvo la mirada. Había una sensación en su pecho, como si algo dentro de ella se estuviera marchitando y muriendo, pero no se permitió prestarle atención.

—No necesito más tiempo para pensarlo —dijo ella rápidamente—. Me doy cuenta de lo que se me está pidiendo. Entre más pronto consigamos la información, mejor. No voy a demorar esto sólo para tener tiempo para reflexionar o temer a una decisión que ya he hecho.

Moody asintió bruscamente.

—Entonces enviaré a un mensaje a decir que aceptaste.

Removiendo las guardas de la puerta, Moody salió, dejando sola a Hermione para asimilar a lo que ella había consentido.

No estaba segura de lo que sentía.

Como si quisiera llorar. Ese era el deseo más inmediato.

Se sentía como si Moody hubiera puesto la guerra sobre sus hombros.

Pero también… esperanza… tal vez. La esperanza que era posible sentir a cambio de acceder a venderse a sí misma a un mortífago como su premio de guerra.

Hermione no se había sentido esperanzada en mucho tiempo.

De alguna manera, hasta que Dumbledore murió, e incluso un poco después de eso, ella había pensado que la guerra sería simple y corta. Harry había escapado tantas veces de la muerte en la escuela. Él, Ron y ella habían vencido tantas situaciones imposibles.

Así que, había pensado que siendo lista, siendo buena… que la amistad, la valentía y el poder del amor serían suficientes para ganar la guerra.

Pero no lo fueron.

Ser lista no era suficiente. La bondad dentro de ella había sido reducida a polvo bajo el peso de todas esas vidas perdidas o arruinadas, sin nada más que mostrar. La amistad no impidió que alguien muriera gritando en agonía. La valentía no ganaba una batalla cuando tu enemigo tenía una multitud de métodos para quitarte permanentemente de la guerra, y tú tratabas de vencerlo con un hechizo de petrificación.

El amor todavía no había vencido el odio de Voldemort.

Cada día que la guerra se alargaba, parecía que las probabilidades se hacían cada vez más pequeñas.

Harry estaba colapsando por la presión y la culpa. Estaba tan delgado y exhausto que ella tenía miedo de que él se desmoronara cualquier día.

Él seguía retrayéndose, cada vez más y más. La muerte de Dumbledore tan poco tiempo después de la de Sirius parecía haberlo sacado de combate de una forma de la que nunca podría recuperarse por completo. Cada muerte y herido entre sus amigos parecía empujarlo cada vez un poco más a un precipicio de cual ella no estaba segura que fuera regresar.

Harry se aferraba a la esperanza de que, de alguna manera, la guerra terminaría de una forma en la que todo iba a ser normal después. Era esa imposible creencia la que lo mantenía para seguir avanzando.

Él era el que insistía más tercamente para que la Orden y la Resistencia nunca utilizaran magia oscura. Si ellos hacían eso, él argumentaba, estarían retrocediendo. Estarían contaminados por ella el resto de sus vidas. No serían mejor que los mortífagos.

Así que Hermione fue forzada a ver como la Orden y la mayoría de la Resistencia se ponía de su lado. Y luego, a ver a sus amigos morir en el pabellón del hospital. Ellos confiaban en Harry. Si él perdía las esperanzas, lo rompería todo y se rendiría.

La Orden necesitaba desesperadamente una ventaja. Un poco de información. Algo para saber antes de una redada. Dónde estaban las vulnerabilidades. Lo que fuera.

Malfoy podía darles eso.

Él había sido entrenado personalmente por su tía Bellatrix antes de que muriera junto con su madre. Él había ascendido.

Ahora él había hecho una oferta que ellos no podían rechazar.

Que ella no podía rechazar.

Claramente, él lo sabía, actuando como un rey que demanda un tributo.

Porque él estaba fascinado con ella…

Ella reflexionó sobre eso.

Si Severus no lo hubiera corroborado, ella nunca creería tal cosa.

Para vengar a su madre. Por un indulto. Por ella, ahora y después de la guerra. ¿Cuál era el verdadero motivo? ¿Era alguno de esos? ¿O había otro enfoque con que él estaba jugando?

Su madre había muerto desde hacía casi un año, en un extraño accidente junto con Bellatrix Lestrange cuando un mortífago trato de detener a Harry y a Ron de escapar de la Mansión Lestrange. Realmente no era culpa de alguno de los bandos que ella hubiera muerto. Si su muerte había terminado con la lealtad de Malfoy, hubiera ocurrido en ese entonces. No un año después. No después de que él usó el vacío que dejó su tía para escalar a una posición aún más alta de poder.

Sin embargo… querer un indulto parecía raro. A menos que hubiera alguna increíble probabilidad de la que ella no estuviera consciente, la probabilidad de que la Orden pudiera ganar parecía mínima.

Así que ¿por ella? A lo mejor él la había odiado más de lo que ella supiera. O deseado…

Ella se estremeció con repulsión y trató de sacudirse ese pensamiento antes de encontrarse a sí misma forzándose a detenerse a considerarlo.

Si quererla era su motivación… la oportunidad se basaba en más que simplemente en su consentimiento. En cuanto la hubiera tomado una vez, o tal vez unas cuantas veces… si sólo lo hacía por venganza… él se cansaría de ella.

Tal vez era sólo un juego para él.

Jugar un poco al espía, tener la oportunidad de tenerla de rodillas. Sabiendo que ella se arrastraría por él si eso significaba salvar a Harry. Salvar a la Orden. Y luego… ya que hubiera tenido lo que quería… él les daría la espalda. La arrojaría a un lado y los vería a todos morir.

Su garganta se cerró, se sintió como si estuviera enferma. Se forzó a alejar el horror e ignorar el doloroso retorcijón en la boca de su estómago.

Ella tenía que encontrar una forma de fascinarlo. De retener su atención e interés.

¿Sería eso posible?

Salió sin rumbo del cuarto, se sentía congelada, y regresó al ala del hospital. La habitación seguía en silencio.

—Poppy, ¿me necesitas para algo? ¿Está bien si salgo? —preguntó ella en voz baja.

—Claro, querida. Deberías ir a descansar. Has estado de pie ya por 12 horas. —Pomfrey le dijo gentilmente —. Si algo pasa te llamaré.

Hermione jugó nerviosa con el brazalete en su muñeca. Portaba un hechizo proteico con el que era convocada por la Orden a los refugios en los que la necesitaban con más urgencia.

Dejó el ala del hospital y se dirigió a su habitación. No tenía intención de descansar. Fue, se cambió a ropas limpias y luego salió a los escalones de la entrada y se apareció.

El mundo mágico no tenía lo que ella necesitaba.

Se hizo camino a la librería Waterstones (*) más cercana.

Miró a través de las secciones. Escogiendo los libros de la sección de filosofía, la de psicología, de relaciones sentimentales y de historia, hasta que tuvo una larga pila entre los brazos.

La empleada que recibió la pila arqueó una ceja mientras escaneaba los títulos. Varias historias y biografías de concubinas y mujeres espías, una gruesa guía de sexo; El arte de la guerra de Sun Tzu; El arte de la prudencia de Baltasar Gracian; El príncipe de Maquiavelo; Influencia: Ciencia y práctica de Robert Cialdini; un libro sobre lenguaje corporal. Tenía que admitir que era una extraña selección.

—Son para un ensayo de la universidad —Hermione mintió impulsivamente.

—Calculo que algunos de ellos serían también útiles para uso personal —la empleada le dio un guiño pícaro mientras ponía los libros en una bolsa.

Hermione se sintió enrojecer, pero se forzó a sí misma a reír.

—Bueno, los estoy comprando —dijo bromeando, pero las palabras sabían cómo arena en su boca.

—Si regresas, tienes que contarme cómo va ese ensayo con tu tutor. Y si alguno de estos resulta útil para actividades extracurriculares.

Hermione asintió incómoda mientras pagaba y llevaba la bolsa fuera de la tienda. El rostro de McGonagall había aparecido ante sus ojos con las palabras de la chica. Minerva también lo sabía.

Pero Moody había sido el elegido para hablar con Hermione. Ella se preguntó por qué.

Se sintió algo descompuesta al ver la selección de libros que ahora poseía. Quería una taza de té. Bueno, en realidad quería arrastrarse a un hoyo en la tierra y morir ahí, pero el té era su segunda opción.

Encontró una tienda cerca y sacó el libro con el título que menos la inquietaba mientras esperaba.

"Obrar de intención, ya segunda, y ya primera. Milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre, pelea la sagacidad con estratagemas de intención. Nunca obra lo que indica, apunta, sí, para deslumbrar; amaga al aire con destreza y ejecuta en la impensada realidad, atenta siempre a desmentir. La fanfarria está en la luz, pero la ejecución está en la oscuridad, con el propósito siempre oculto. Se revela la intención para desviar la atención del adversario, y luego se cambia para obtener el final a través de lo inesperado. Pero la penetrante inteligencia la previene con atenciones, la acecha con reflejas, entiende siempre lo contrario de lo que quiere que entienda, y conoce luego cualquier intentar de falso; deja pasar toda primera intención, y está en espera a la segunda y aun a la tercera. Auméntase la simulación al ver alcanzado su artificio, y pretende engañar con la misma verdad: muda de juego por mudar de treta, y hace artificio del no artificio, fundando su astucia en la mayor candidez. Acude la observación entendiendo su perspicacia, y descubre las tinieblas revestidas de la luz; descifra la intención, más solapada cuanto más sencilla. De esta suerte, la astucia de Python combate contra la candidez de los penetrantes rayos de Apolo".(**)

Hermione se mordió el labio mientras se servía una taza de té y pensaba de nuevo en Malfoy. Su mano vagó por su garganta y jugó nerviosamente con la cadenita de su collar, enrollándola en sus dedos.

Luego hurgó en su bolso y usó su varita a escondidas para transfigurar su pluma y pergamino en un boligrafo y un pequeño cuaderno. El cuaderno estaba lleno de notas para cuando su tetera quedó vacía.

Mientras metía los libros de nuevo a su bolso con hechizo de extensión, reconsideró la situación en la que se encontraba.

Ella no podía meterse en algo así haciendo suposiciones. Si lo hacía, era probable que pasara algo por alto.

Después de casi seis años como mortífago, Malfoy debía ser un manipulador experto.

Los reportes de Severus de las andanzas del círculo cercano de Voldemort, indicaban que era un ambiente políticamente despiadado. Voldemort era un amo cruel e incomparable con sus castigos. Los mortífagos tenían poca lealtad entre ellos. Había ansias de derrocar a aquellos que estuvieran delante si eso les ayudaba a asegurar sus propios lugares o a acceder a un poder más grande o por protección a ellos mismos.

La oferta de Malfoy podía ser fácilmente un ardid para escalar aún más alto. Para convertirse en un doble agente para Voldemort, de la misma forma en la que Snape actuaba siendo uno para la Orden. Para darles falsa información en algún punto crucial que los podría llevar al fracaso.

Sin embargo, Severus había apoyado la idea de que, aparentemente, la oferta de Malfoy era legítima. Ella tendría que hablar con él. Quería saber exactamente lo que él había notado para creerle.

Se escabulló a un callejón y se apareció de regreso en Grimmauld Place. Mientras subía a su habitación, notó a Lavender Brown dejando el cuarto que Ron compartía con Harry y Fred.

Ron y Lavender no estaban exactamente en una relación propiamente dicha. Ron tenía cerca de cinco chicas a las que circulaba basado en su disponibilidad dependiendo de sus misiones y escaramuzas. La guerra lo había vuelto más enfadado y tenso. Estaba constantemente al límite cuando hacía las estrategias para las redadas y las escaramuzas. Su talento en el ajedrez mágico se había traducido en un talento para las estrategias de guerra. Solía tomar cada baja como su responsabilidad personal. Si no estaba follando a alguien, tendía a tener ataques de ira.

Cada quien tenía diferentes mecanismos de defensa.

Neville Longbottom y Susan Bones fumaban tanta piel de serpiente de arbórea africana en el ático, que apestaban aún después de aplicar hechizos para disipar el humo y para airearlos.

Hannah Abbott se mordía las uñas hasta que sangraban.

Charlie tenía una petaca a la que, Hermione sospechaba, le había puesto un encantamiento indetectable de expansión, dado en como su poción del día nunca parecía agotarse.

Harry fumaba cigarrillos, y habitualmente se iba a los clubes de peleas en el bajo mundo muggle.

Hermione dudó en el pasillo, mirando a Lavender por un momento antes de ir a tocar suavemente la puerta de la habitación.

—¡Está abierto! —contestó Ron.

Hermione se asomó y encontró a Ron poniéndose una remera.

—¿Todo bien? —él preguntó.

—Sí —respondió ella incómoda. —Sólo… me preguntaba si pudieras contarme lo que pasó cuando la Mansión Lestrange se incendió. Estaba haciendo una investigación sobre hechizos. Fue Fuego Maligno, ¿verdad?

Ron la miró con extrañeza.

—Eso fue hace mucho. Pero sí, después de que Harry y yo fuimos capturados por esos carroñeros. Le di a Harry en el rostro con un hechizo punzante para que ellos no lo reconocieran enseguida. Nos llevaron ante Bellatrix, y su hermana estaba ahí también. Mandaron a buscar a Malfoy para que él identificara a Harry antes de llamar a Voldemort. Pero, antes de que él llegara, Luna le había avisado a la Orden y ella, Moody, Tonks y Charlie se aparecieron en un dragón y atravesaron la maldita ventana.

Él pasó las manos por su pelo y Hermione notó con dolor que tenía algunas canas.

—Como sea, fue una locura después de eso. Los hechizos volaban y Crabbe, creo, trató de detenernos con la maldición del Fuego Maligno y perdió el control. Siempre fue un idiota. Incendió el lugar en minutos. Probablemente todos hubiéramos muerto si no fuera por el dragón de Charlie. Pero… no pudimos agarrar a Luna. Ella estaba demasiado lejos… una de las quimeras se la tragó. —Mientras hablaba la expresión de Ron se hacía cada vez más lejana y atormentada.

—¿Y así fue como Bellatrix y Narcissa murieron también? —Hermione soltó casualmente.

—Sí. Ellas probablemente se hubieran podido aparecer fuera de la mansión si se hubieran dado cuenta a tiempo. Pero Crabbe estaba parado justo detrás de ellas cuando lanzó la maldición. Les dio a ellas primero, puede que por eso él perdiera el control. Probablemente, enloqueció cuando se dio cuenta de lo jodido que iba a estar por matar a Bellatrix.

—Probablemente —asintió Hermione.

—El Fuego Maligno no es un juego, Hermione. —Ron la estaba mirando serio —.Sé que siempre has querido que la Orden comience a usar hechizos más peligrosos, pero sólo porque no sea magia oscura no significa que sea menos serio. Si vas a empezar a presionar para que usemos el Fuego Maligno en el campo de batalla, voy a ser el primero en callarte.

Hermione presionó los labios y apretó más la perilla hasta que la sacudió ligeramente y la soltó rápidamente.

—No soy idiota, Ronald. Sólo necesito huevos de Ashwinder para preparar una poción y estoy intentando decidir cuál sería el mejor fuego para prepararlo. —Era una mentira ridícula, pero habían pasado años desde que Ron había preparado una poción.

—Oh. Bueno… probablemente no Fuego Maligno.

Ella asintió rápidamente estando de acuerdo.

—Bueno, entonces tengo que hacer un poco más de investigación —dijo ella, y se retiró de la habitación.

Mientras empujaba la puerta de su propio cuarto, Harry y Ginny se separaron de un salto luciendo culpables.

—Lo siento —se disculpó Hermione—. ¿Estoy interrumpiendo algo?

—No —Harry dijo rápidamente. —Sólo le estaba pidiendo a Ginny más detalles sobre esa misión de la que ella y Dean acaban de regresar.

Él dejó el cuarto rápidamente.

Hermione miró a Ginny.

—¿Detalles de la misión?

Ginny se sonrojó.

—Nosotros sólo estábamos hablando. Él todavía no… Él sólo… viene a hablar, a veces.

Harry y Ginny venían dando vuelta por años. Su mutuo interés era obvio, pero Harry se rehusaba a entrar en una relación. Él decía que era demasiado peligroso. Que eso convertiría a Ginny en un fácil objetivo.

Pero cada vez que Ginny salía con alguien más, Harry tendía a escabullirse al Londres muggle y regresaba a casa con dientes faltantes, una nariz rota, nudillos partidos, fracturas en la cuenca del ojo y costillas que parecían crecer dramáticamente.

Ginny no había salido con nadie en casi un año. Como un agujero negro, su disponibilidad parecía atraer a Harry hacia ella. Parecía que no podía mantenerse alejado de ella pero tampoco podía atreverse a reconocer su interés por ella.

—Bueno, al menos él está hablando contigo —Hermione murmuró.

Hermione y Harry se habían… distanciado de a poco. Su urgencia sobre usar magia oscura había sido vista como una falta de confianza en él y en Dumbledore. Puede que incluso como una traición, aunque ni Harry ni Ron había utilizado realmente esa palabra. Cada vez que ella decía algo sobre el tema de usar las artes oscuras, él apenas le hablaba en días.

Ella alejó ese pensamiento. No podía pensar en eso. Ya tenía mucho que considerar.


(*) Waterstones es una cadena de librerías en el Reino Unido.

(**) Fragmento de El arte de la prudencia, de Baltasar Gracián, aforismo 13. Parece que algunas palabras están mal escritas porque es español del año 1647.


NdT: Bueno….no sé por dónde empezar y si cuento todo creo que va a ocupar casi un capítulo más de la historia, pero bueno acá vamos.

El motivo de mi ausencia estos tres meses es porque lamentablemente y con todo el dolor de mi alma les tengo que contar que mi mamá falleció. Ustedes sabían muy bien la situación que vivía con ella a través de mis notas al final de cada capítulo, ya sea en este fic o en otros también. Este año habíamos pasado una operación de cadera la cual era muy riesgosa y había salido todo bien. Lo que me llevó a pensar que tenía a mi mamá para rato. Todo venía medianamente bien, si bien su salud era limitada, su partida fue muy abrupta. Se fue prácticamente durmiendo de un paro cardiorespiratorio. Recordando todo se me viene una lluvia de imágenes: a la madrugada que ella no respiraba, yo llamando desesperada a la ambulancia, luego a la policía para que pidieran ellos una ambulancia, la doctora en casa diciendo que no tenía signos vitales, incredulidad, llanto, esperar al médico forense para que hagan el acta, luego en la casa funeraria, me dejaron velarla dos horas, después tirándole tierra en el cementerio y antes de mediodía ya estaba en mi casa sin entender que carajos había pasado…rodeada de sus cosas pero sin ella. Me costó todo, me costó tiempo volver a mi casa, ahora sola, con mis perras. Empezar de nuevo, o al menos tratar de hacerlo, vivir el duelo…en fin todo. Quizás en el único y pequeño consuelo que me queda es que se fue sin grandes sufrimientos o agonías…no sé…es una de las pocas cosas que me dejan tranquila, pero no significa que me haya sido muy repentina su partida.

Como se imaginaran esto me dejo con las defensas bajas y la cereza del postre fue que me contagié de Covid, a través de un familiar que era asintomático, y eso me termino de tirar. Sé que cada cuerpo es diferente, pero a mí me agarró fuerte, con todos los síntomas que ya se sabe y principalmente con lo que todavía estoy luchando: la falta de aire. Ya cumplí con todo los protocolos de aislamiento, pero lo de la falta de aire y agitación, que ha sido lo más heavy, se va acomodando de a poco y espero en verdad mejorar de eso.

En fin, como verán me ha pasado de todo un poco. No sé si está mal o está bien el contar todo, pero ya muchas sabían de la situación de mi mamá y muchas oraron y mandaron sus buenas energías para ella, así que se lo agradezco de corazón. Y le dedico tanto este como todos los trabajos a ella que ha sido mi gran refugio y apoyo en la vida.

Por último, le quiero dar la bienvenida a Ileana Cs que me va ayudar con la traducción así podemos avanzar. Me hubiera gustado que las circunstancias hayan sido otras, pero te agradezco por darme una mano con esta gran historia. Por otro lado, le doy la despedida, momentáneamente, a Mary Eagle Med que deja de ser nuestra beta. Te voy a extrañar, linda y ojalá puedas volver pronto.

Y con esto ya está, no la quiero hacer más larga. Empezamos una nueva etapa en la historia en la que volvemos para atrás para ver a través de los flashbacks qué pasó con Draco y Hermione desde otro contexto muy diferente. Espero que la disfruten.

Muchisimas gracias a mi querido fandom, a las que me acompañaron a través de sus palabras de apoyo. Muchas gracias por estar y por quedarse. Les mando un abrazo gigante. Las quiero muchisimo.

*12 de septiembre de 2020*

Te amo mamá por siempre y para siempre