Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.
Traducción por Ileana Cs.
Beteado por Sunset82 e Irene Garza
Manacled
por SenLinYu
Capitulo 28
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Moody le avisó que Severus estaría en su casa en la calle La Hilandera la tarde del viernes. Hermione se preparó y espero que fuera una conversación más sencilla que la que tuvo con Minerva.
Ella y Severus habían comenzado algo así como una amistad durante la guerra. Fue iniciada por Hermione cuando ella apareció en su puerta después de la muerte de Dumbledore, pidiéndole que la entrenara en pociones. Con el paso de los años, mientras las relaciones de Hermione se tensaban cada vez más con otros miembros de la Orden, ellos comenzaron a disfrutar de la mutua amargura de la compañía del otro.
No significaba que fueran cercanos.
Ninguno de los dos tenía tiempo para ser amigos de nadie.
Ellos simplemente mostraban el respeto mutuo que se tenían con pequeños gestos. Severus no insultando tanto a Hermione durante las reuniones de la Orden del modo en el que insultaba a todos los demás, y Hermione acallando las interminables sospechas de Harry y los otros respecto a la lealtad de Severus hacia la Orden, en vista de que no estaban ganando.
Cuando Hermione llegó a su casa, encontró que él había dejado la puerta entreabierta para ella, y a Severus preparando una poción en la cocina. La habitación llena de vapor era un asalto sensorial. Elaborar pociones le había dado a Hermione el hábito compulsivo de identificar esencias. El aire era denso por la combinación de aromas de hierbas cocidas y tinturas. El olor penetrante y dulce de la milenrama, la humedad de los dientes de león deshidratados, la amargura mineral de la raíz molida, y lo quemado y arenoso de las cáscaras de huevo de ashwinder. Ella casi podía saborearlos en el aire. El fuerte olor de la magia se vertía en los aromas, enredándose en su piel y cabello.
—¿Algo nuevo? —preguntó ella, después de verlo durante varios minutos asomado sobre el caldero.
—Evidentemente —replicó él en un tono sarcástico, mientras añadía una gota de veneno de acromántula.
El caldero produjo una nube de vapor amarillo ácido, Severus retrocedió un paso para evitarlo con un débil sonido de irritación.
Hermione miró los ingredientes distribuidos.
—¿Es una nueva maldición?
—Así es. Dolohov se ha superado a sí mismo en esta ocasión. Se conjura sin esfuerzo y es altamente efectiva. Contrarrestarla es simple, pero el daño es inmediato. Van a empezar a utilizarla pronto en el campo.
—¿De qué tipo?
—Furúnculos ácidos contagiosos.
Hermione presionó los labios y soltó un débil suspiro. Tendría que hacer mucha investigación para prepararse. En el pasado, los hechizos con ácido habían aparecido raramente durante las batallas, pero los efectos que tenían casi siempre eran devastadores y difíciles de sanar.
Severus añadió cuatro gotas de rocío de luna, y luego se volteó para mirarla.
—Tienes veinte minutos —dijo él, adelantándose a la sala de estar. Ella se entretuvo un momento más para estudiar la poción que hervía a fuego lento antes de darse la vuelta y seguirlo.
—Escuché que te vas a sacrificar por la causa —dijo él, arrastrando las palabras desde un sillón antes de que ella se sentara.
—Moody dijo que pensaste que era una oferta legítima —dijo ella, sin alterarse.
—Es cierto —dijo él.
No le ofreció té.
—¿Por qué? —preguntó ella. No tenía por qué ser reservada. Quería respuestas directas. Después de tantos años de guerra había descubierto que Severus respondía mejor a las preguntas directas que a las de otro tipo.
—Draco Malfoy no le es leal a nadie —contestó él.
Hermione esperó.
—Claro, técnicamente él es sirviente del Señor Tenebroso —aclaró, haciendo un gesto desdeñoso con su mano—. Pero eso es por necesidad, no por lealtad. Su motivación es de naturaleza personal. Cualquiera que sea el motivo, él ha decidido que la Orden puede ayudarle a realizarlo mejor de lo que lo haría el Señor Tenebroso.
Severus hizo una pausa y entonces añadió.
—Él no le será leal a la Orden, pero será tan bueno como espía como lo es siendo mortífago.
—¿Vale la pena si no podemos confiar en él? —preguntó Hermione.
—En este punto, no creo que la Orden tenga otra opción, ¿no crees?
Hermione negó débilmente con la cabeza y sujetó los brazos de la silla.
—Y… creo que no calculó bien cuando hizo su oferta —añadió Severus.
—¿Cómo?
—Al pedirte a ti. Creo que fue un error de su parte —dijo Severus, mirándola especulativamente.
Hermione parpadeó.
—¿Por qué?
—Como le mencioné a Moody, noté que Draco tenía algún tipo de fascinación contigo durante el colegio. No me malinterpretes, no estoy diciendo que fuera algo significativo, mucho menos serio. Sin embargo, tú eras alguien que él notaba. Tal vez seas capaz de usar ese hecho como ventaja. No creo que él se dé cuenta de ello.
—Él exigió ser mi dueño. Creo que se da cuenta —puntualizó Hermione.
—Si él simplemente quisiera un cuerpo para poseer y follar, podría conseguir prácticamente a quien desee sin ningún esfuerzo. Tú eres difícilmente Helena de Troya, e incluso aunque lo fueras, él no te ha puesto los ojos encima en casi seis años. Y ciertamente, no lo eras en ese entonces. Dudo que sepa cómo luces actualmente. En la lista de resentimientos que él tiene ahora, dudo que figure la rivalidad académica que tenían —replicó Snape—. Tú no eres el motivo por el que él cambia de bando.
Las palabras de Severus sumergieron a Hermione en un estado de simultáneo alivio y desesperación. Ella no quería la atención de Draco Malfoy… pero la necesitaba. Se sintió repentinamente tentada a llorar sobre la auténtica imposibilidad de la misión que tenía.
—Por lo tanto —continuó Snape—, su decisión de agregarte a sus demandas es una apertura. Si escoges tomarla, tú… podrías volverlo leal.
—¿Cómo? ¿Seduciéndolo? —preguntó Hermione escépticamente.
—Manteniendo su interés —dijo Snape, rodando los ojos como si pensara que era estúpida—. Eres una bruja lo suficientemente inteligente. Sé interesante para él. Encuentra tu camino dentro de su mente, así él empezará a querer lo que no puede simplemente demandar de ti. Ciertamente, no vas a conseguir retenerlo con tus encantos femeninos.
Snape resopló mientras lo decía.
—Los hombres como Draco Malfoy son ambiciosos, lo que hace que se aburran fácilmente de todo lo que sea fácil de obtener. El sexo es probablemente una de las cosas más fáciles de conseguir para él, incluso el sexo contigo ahora… dados los términos que él fijó. Tendrás que ser más que eso y vas a tener que hacer que él lo vea.
Hermione asintió de manera brusca, con una seguridad que no sentía, al tiempo que Snape añadió.
—Él tiene una considerable ventaja de poder sobre ti. Aún así, el hecho de que retengas su atención significa que todavía podrías tener una mano digna para jugar. Después de casi seis años, cuando tuvo la oportunidad de demandar lo que fuera, tú fuiste lo que se le ocurrió pedir. Tendrás que utilizar cuidadosamente ese conocimiento si quieres nivelar las cosas, o volverlo leal.
—Malfoy no es estúpido. Estará esperándolo.
—Lo estará.
—¿Pero crees que yo puedo manejarlo?
—¿Está buscando algún cumplido, señorita Granger?—dijo Severus fríamente—. En este punto de la guerra, creo que casi todo merece un intento. Que tengas alguna oportunidad de éxito es muy poco probable. Has accedido a venderte a cambio de información a un mago increíblemente peligroso, quien ha obtenido la mayoría de su poder gracias a su considerable inteligencia. Un mago cuyas motivaciones actuales son un misterio, incluso para aquellos que lo han conocido toda la vida. Él está solo y es excepcionalmente volátil, incluso para los estándares de los mortífagos. No ha llegado hasta donde está por ser fácilmente derrotado o por tener una debilidad predecible.
Hubo una larga pausa. Parecía que Snape ya no tenía más información que ofrecer.
Hermione se puso de pie, sintiéndose nuevamente desmoralizada.
Se estaba vendiendo a sí misma en una apuesta con múltiples puntos de falla. Probablemente sería inútil.
De todas formas iba a hacerlo.
Dudó un poco, una pregunta estaba llegando a sus labios y ella casi tenía miedo de preguntar.
—¿Él es…? —tartamudeó ligeramente —. ¿Qué tan… cruel crees que puede ser?
Snape la miró con sus inescrutables ojos negros.
—No lo he conocido bien desde su quinto año. Como sea, aunque fuese un bravucón, nunca lo he considerado un sádico.
Hermione asintió nerviosa, sintiéndose mareada al darse la vuelta para irse.
—Le deseo suerte, señorita Granger. Es una amiga mucho mejor de lo que Harry Potter jamás merecerá.
La voz de Severus tenía un dejo de arrepentimiento. Hermione hizo una pausa y llevó la mano a su garganta, rozando su clavícula con el pulgar por un momento antes de torcer la cadenita de su colgante entre sus dedos.
—No sólo estoy haciendo esto por Harry —dijo ella. Severus resopló y ella lo miró a la defensiva—. Hay todo un mundo allá afuera que ni siquiera sabe que depende de nosotros. Además, si perdemos, ¿qué oportunidad crees que tendré?
Él dio un corto asentimiento en acuerdo. Ella dejó La Hilandera sin decir otra palabra.
Cuando Hermione regresó a Grimmauld Place, fue al baño y miró su reflejo.
Estaba delgada y se veía cansada. Su piel lucía pálida por la falta de luz solar. Sus rasgos eran más afilados que en el colegio, un poco más refinados. Sus pómulos protuberantes la hacían ver más elegante. Sus ojos… bueno, ella siempre había pensado que era su mejor rasgo… grandes y oscuros, pero con suficiente fuego en ellos como para no hacerla ver muy ingenua. Su cabello seguía siendo una cruz que cargar. Aún era espeso, pero últimamente estaba lo suficientemente largo como para que el peso lo aplacara de alguna forma. Lo tenía trenzado y sujeto para mantenerlo fuera de su rostro cuando hacía pociones y curaba.
Se quitó la ropa y se metió a la ducha. El agua caliente caía fuerte sobre su piel y la hacía sentir como si estuviera a salvo. No quería irse, pero, después de limpiarse de la cabeza a los pies se obligó a cerrar el agua y salir.
Conjuró un rápido hechizo para rasurarse las piernas y las axilas, y se secó con la toalla.
Limpió el vapor del espejo, y apreció el cuerpo en el reflejo de manera crítica.
Tendría que esperar que el interés inconsciente que tenía Malfoy por ella fuera principalmente por su mente, porque ciertamente ella no era Helena de Troya. El estrés había carcomido sus curvas. Era flacucha y de miembros delgados. No que tuviera alguna falla específica, pero carecía de la suavidad en los típicos lugares que a los hombres les gusta tocar.
En cuanto a su atractivo sexual, en general, ella era definitivamente mediocre. Simplemente no era una cualidad en la que hubiera pensado o tenido el tiempo de cultivar. Reflexionar sobre cómo descubrir su sexualidad… realmente no había parecido ser de gran importancia.
No se le había ocurrido que la guerra fuera requerir que ella se vendiera… ¿cómo amante? ¿puta? ¿premio de guerra?... a un mortífago.
No se preocupó por alborotarse por su ropa interior o por sus prendas mientras se vestía. No valía la pena intentar pretender tener trucos o atributos que no existían. Indudablemente, lo iba a hacer mal. Tratar de comprometerse de una forma adicional podría provocarle exceder sus limitaciones y revelar su jugada.
Mientras se preparaba para irse, se miró al espejo y tocó la cadenita alrededor de su cuello, dudando antes de sacarla de debajo de su playera y contemplar el amuleto que colgaba de ella. El pendiente de Aset. Un trono diminuto yacía sobre una piedra de color escarlata profundo, un disco solar, colocado entre dos cuernos. Se lo habían dado a Hermione cuando estudió sanación en Egipto por un breve tiempo, antes de regresar a Europa para estudiar en Austria.
Se lo quitó y lo deslizó dentro de una bolsa con cuentas bajo su cama.
Si ella moría, Severus probablemente sabría lo que era.
La ubicación que Malfoy dio era en una villa de Whitecroft. Moody la apareció allí y, después de observar rápidamente alrededor por un minuto con su ojo mágico, se desvaneció de nuevo con otro pop.
Sintiéndose tan visceralmente abandonada que su piel dolía, Hermione caminó por el camino de grava del lugar, mirando alrededor de un lote vacío.
Era Inmarcable. O estaba en un punto medio donde la dirigirían al siguiente lugar.
Después de mirar nerviosa alrededor, tragó saliva con dificultad y se resignó a esperar.
Hubo un sonido de pasos al lado del camino. Se sentó. Después de otro minuto, sacó un libro, manteniendo sus oídos alerta ante cualquier ruido.
Había leído seis páginas cuando un sonido a su izquierda la hizo voltear rápidamente. De repente, la luz de una entrada flotante en el lote vacío apareció y, con ella, una cabaña destartalada empezó a aparecer ante sus ojos.
Draco Malfoy estaba parado en el marco de la puerta.
Ella no lo había visto en casi cinco años.
Metió el libro en su bolso y caminó hacia adelante; el ritmo de su corazón se incrementó con cada paso.
Él era más alto y robusto. La arrogancia de sus días de colegio se había desvanecido, y era reemplazada por una fría sensación de poder. De una seguridad mortal.
Incluso después de que ella ascendiera los peldaños, él la sobrepasaba en estatura. Era, por lo menos, tan alto como Ron, pero se sentía como si fuera más alto. La estatura de Ron siempre se contrarrestaba con su postura desgarbada y torpe. Malfoy poseía cada centímetro de su estatura, como si fuera un testimonio adicional de su superioridad al tiempo que él la miraba hacia abajo por encima de su nariz.
Su rostro había perdido todo rastro de jovialidad. Era cruelmente hermoso. Sus finos rasgos aristocráticos conformaban una dura y firme expresión. Sus ojos grises eran como navajas. Su cabello seguía siendo pálido, de un rubio platinado peinado sin cuidado hacia un lado.
Estaba tranquilamente apoyado contra el marco de la puerta. Dejó sólo espacio suficiente para que ella entrara, de tal manera que rozó suavemente su ropa. Captando el ligero aroma a cedro de la tela al pasar.
Se sentía peligroso. Ella podía sentir la corrupción de la magia oscura alrededor de él.
Aproximarse a él era como caminar cerca de un lobo o un dragón. Todo su cuerpo se sintió al filo mientras se acercaba. Ella luchó contra un miedo que se sentía como si estuviera recorriéndole la espalda.
Él emanaba una sensación de crueldad.
Había asesinado a Dumbledore a la edad de dieciséis años, y ese sólo había sido el comienzo de su sangriento ascenso.
Si el filo del arma de un asesino se convirtiera en un hombre, tomaría la forma de Draco Malfoy.
Ella lo miró. Asimilándolo.
Hermoso y condenado. Un ángel caído. O tal vez el ángel de la muerte.
Tantos clichés y, aun así, de alguna forma lo describían. Si él estaba acomplejado o conflictuado, no lo demostraba, sólo lucía cruel, severo y hermoso.
—Malfoy. Tengo entendido que quieres ayudar a la Orden —dijo después de entrar a la cabaña y que él cerrara la puerta detrás de ella. Ella luchó contra el impulso de encogerse de miedo o voltearse rápidamente cuando escuchó el clic de la puerta.
Estaba sola en una casa con Draco Malfoy, a quien ella había accedido a venderse a cambio de información.
La pócima calmante que había tomado inmediatamente después de salir con Moody no fue suficiente como para calmar el terror nauseabundo que la envolvía. Lo sentía en todas partes: en su columna, en su estómago, en sus manos y cerca de su garganta tan real como si él la estuviera estrangulando.
Enderezó los hombros y se forzó a sí misma a sondear lentamente la habitación.
El lugar parecía estar compuesto principalmente por una habitación grande y vacía. A penas había algún mueble a la vista. Dos sillas. Una mesa. Nada más.
Ninguna cama.
—¿Entiendes los términos? —preguntó él fríamente cuando ella lo miró de nuevo.
—Un indulto. Y yo. A cambio de información.
—Ambas cosas ahora y después de la guerra. —Sus ojos brillaron con una mezcla de crueldad y satisfacción mientras hablaba.
Hermione no retrocedió.
—Sí. Soy tuya de ahora en adelante. Moody dijo que él actuaría como testigo si requieres hacer un Juramento Inquebrantable —dijo, tratando ocultar el rencor en su tono.
Él esbozó una ligera sonrisa.
—Eso no será necesario. Confiaré en la nobleza Gryffindor que posees si lo juras ahora.
—Lo juro. Soy tuya. Tienes mi palabra —dijo ella, sin darse tiempo a dudar.
Ella habría deseado poder sentirse triunfante de que él le estuviera dando una salida. Pero… si ganaban la guerra en este punto, sería gracias a él. Ella estaría en deuda. Todos lo estarían.
—Hasta que ganemos, tú no harás nada que interfiera con mi habilidad de contribuir a la Orden —le recordó ella firmemente.
—Ah, sí. Tendré que asegurarme de mantenerte viva hasta que esto termine —él sonrió mientras la examinaba.
—Quiero que lo jures —dijo ella con voz tensa.
Sus ojos se brillaron y posó una mano en su corazón—. Lo juro —dijo en tono divertido—. No interferiré con tus contribuciones a la Orden.
Luego chasqueó la lengua en voz baja.
—Vaya, pero si sospechas de mí, ¿no? ¿Estás preocupada de que todo esto sea sólo una jugarreta de mi parte para obtener algo de ti antes de que la guerra termine y mueras? —especuló él—. No te preocupes. Como muestra de mi sinceridad, no te tocaré… todavía. Después de todo, he esperado todo este tiempo para tenerte como mi premio, puedo contenerme un poco más.
Él le sonrió de manera lobuna.
—Mientras tanto, dejaré que regreses corriendo a tu preciosa Orden con mi información y me mantendré entretenido con tu preciada compañía.
Si Malfoy estaba intentando ponerle a Hermione los nervios de punta, estaba haciendo un trabajo excelente.
Como si la idea de darle el consentimiento para hacerle cualquier cosa horrible que él quisiera no fuera lo suficientemente mala, seguir temiendo que sucediera se sentía casi peor.
Ella apretó los dientes y se forzó a respirar. Deslizó una mano detrás de su espalda y la cerró fuertemente en un puño, luego se obligó a abrir los dedos lentamente. Fortaleciéndose. Aclarando su mente.
Así estaba mejor, razonó ella. Mientras más esperara él para actuar, más tiempo tendría ella para asegurar su lealtad, para encontrar una forma de hacerlo obedecer antes de que se cansara de ella.
Ella asintió brevemente.
—Está bien. Eso es… generoso de tu parte.
Él puso una mano sobre su corazón.
—No tienes idea de la alegría que me da el oírte decir eso— dijo él con un falso júbilo.
Hermione entrecerró los ojos. No podía entenderlo. Su verdadero motivo se le estaba escapando completamente. Odiaba sentir esa sensación de desventaja.
—Pero, ¿sabes…? —dijo Malfoy de pronto pareciendo contemplativo—. Tal vez, deberías darme algo…
Hermione lo miró.
—… para entibiar mi frío corazón —dijo él lascivamente—. Un recuerdo para mantenerme motivado.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó ella con voz rígida. Comenzó a calcular mentalmente las opciones más probables. Tal vez, él la haría desnudarse. O hacerle sexo oral… Ella nunca lo había hecho antes, seguramente sería terrible en ello. O correrse en su cara. O tal vez quería que se quedara ahí y lo dejara maldecirla. O sólo darle una bofetada como retribución por lo del tercer año.
—No suenas muy entusiasmada —dijo Malfoy—. Para serte sincero, me siento ofendido.
Hermione intentó contenerse de fulminarlo con la mirada.
—¿Te gustaría que te besara o sólo me quedo aquí y dejo que me hechices? —preguntó ella en el tono más recatado que pudo manejar.
Malfoy soltó una carcajada.
—Por Dios, Granger. Estás desesperada.
—Estoy aquí. Asumí que eso era obvio.
—Es verdad —dijo él asintiendo—. Bien, me he batido en duelo todo el día. Vamos a ver si esa boca que tienes es capaz de hacer otra cosa aparte de hablar.
Hermione sintió que podría vomitar y la repugnancia debió haberse reflejado en su rostro. Malfoy sonrió cruelmente.
—Bésame —dijo él como aclaración—. Como demostración de tu sinceridad.
Le sonrió burlonamente, y no se movió. Sólo se quedó ahí, esperando que ella se acercara.
El cuerpo entero de Hermione se sintió inundado con el frío terror del simple pensamiento de acercarse y tocarlo. O de él tocándola con esas frías, pálidas y mortales manos.
O de presionar su boca contra la de él.
Estar parada cerca de él sin su varita apuntando al corazón la hacía sentir tan vulnerable como si le estuviera exponiendo a un lobo.
Ella dudó.
—¿Cómo quieres que te bese?
—Sorpréndeme —respondió él, encogiéndose levemente de hombros.
Sorprenderlo. Bueno, esa era una entrada; una oportunidad que podía aprovechar. Lo analizó rápidamente.
Él la estaba provocando. Toda la conversación parecía haber sido para que ella se enojara intencionalmente con él. Para verla retorcerse con el poder que él tenía sobre ella. Este beso probablemente era para sellar su hostilidad.
Él esperaba que ella fuera reticente y orgullosa, incapaz de aplastar su odio, así él podía engañarla para alimentar con su propio castigo y mantenerla distraída con sus emociones.
Ella no podía rendirse ante él.
Se armó de valor. No perdería.
Se acercó a él, estudiando su rostro cuidadosamente.
Nunca antes había estado tan cerca de él. Para alguien tan "entusiasmado" por ella, no se le notaba. Su irises se contrajeron. Sus ojos eran mayormente grises. Él parecía… divertido.
El miedo que sentía en su médula se sintió como una aguja que bajaba por su espalda. Su corazón estaba latiendo tan fuerte que se sentía como si golpeara contra sus costillas.
Alzó los brazos alrededor de su cuello y lo jaló hacia ella. Él sonrió burlonamente y lo permitió.
Cuando sus labios casi se tocaron ella se detuvo, esperando a medias encontrar un cuchillo enterrado hasta la empuñadura en su estómago.
Hubo un breve momento de calma entre ellos… respirando lentamente. Lo suficientemente cerca como para sentir el aliento del otro en sus rostros. Su aliento olía a enebro, pimienta y algo fuerte como perennifolio recién cortado. Estudió la letalidad y la frialdad de sus ojos. Se preguntó qué veía él al mirarla.
Los asesinos siguen siendo hombres, se dijo.
Entonces ella le dio un lento y dulce beso.
Imaginó cómo lo haría con alguien por quien sintiera afecto. Deslizando las manos por su cabello al profundizarlo. Jugueteó en sus labios con su lengua, y murmuró suavemente contra su boca. Él sabía a ginebra.
Quedó claro que no era lo que él había esperado. Al parecer, no le gustaban las sorpresas. Él se quedó inmóvil con visible asombro en el momento en que sus labios se encontraron suavemente y, después de un momento se apartó de ella bruscamente.
Sus ojos ahora estaban oscuros.
Hermione no estaba segura de si estar complacida o preocupada por ese detalle.
Los latidos de su corazón disminuyeron lentamente.
La diversión que aparentaba se había desvanecido, y de pronto parecía que la estaba considerando más seriamente.
—No peleas mucho, ¿verdad? —preguntó él abruptamente.
—No. La mayoría de mi trabajo es ajeno a las redadas —admitió ella, deseando no entrar en detalles sobre que hacía. Estaba ahí para conseguir información, no para darla.
—¿Sabes oclumancia?
—Sí. Moody me entrenó —mintió—. No he practicado mucho, pero me dijo que era lo suficientemente buena.
—Bueno, eso es un alivio. Sería un problema que fueras capturada y encontraran los detalles de este trato en tu mente —dijo él, con la expresión más seria que ella había visto en él hasta el momento.
Luego, él resopló ligeramente.
—Espero que no te moleste si reviso por mí mismo cuán buena eres.
Esa fue toda la advertencia que le dio antes de entrar de forma abrupta a su mente.
Los escudos protectores de Hermione estaban levantados, y la fuerza con la que él se condujo fue suficiente para hacer que su cabeza resonara como si hubieran golpeado un gong dentro de ella. Él continuó empujando ferozmente contra sus paredes, una y otra vez, hasta que ella jadeó de dolor el tiempo que lo expulsaba. Entonces, él se detuvo y ella casi se tambaleó.
—Eres sorprendentemente buena —dijo él, luciendo como si realmente estuviera sorprendido.
El cumplido la tomó por sorpresa. De improvisto, él entró a su mente de nuevo. El breve respiro había sido una fachada. Ella no estaba lo suficientemente recuperada para un nuevo ataque. Él encontró un punto débil, y se deslizó dentro de él con la velocidad de una flecha.
Ella trató de echarlo, pero él se movió tan rápido entre sus recuerdos que no pudo hacerlo. Apenas y pudo ralentizarlo.
Luego, de manera abrupta, sin siquiera hacer una pausa para mirar su mente, salió violentamente.
Ella casi se cayó de espaldas, pero se contuvo, sujetándose la frente mientras jadeaba de dolor.
—Es un truco común —dijo él, casualmente, luciendo como si el asalto a su mente no hubiera requerido ningún esfuerzo—. Después de un ataque intenso, cuando un oclumante piensa que ha terminado, se relajan un poco. Es la oportunidad perfecta para entrar.
Hermione todavía estaba intentando recuperar el aliento y no pudo responder, por lo que él continuó.
—Si alguna vez estás bajo un interrogatorio por un legeremante realmente experto, nunca lo mantendrás fuera sólo con la fuerza de tus barreras mentales. Si fueras un miembro menor de la Resistencia, probablemente sólo te matarían antes de preocuparse por entrar. Pero eres un miembro de la Orden. La chica dorada de Potter. Si alguna vez te ponen las manos encima, ellos probablemente te entreguen a mí, o a Severus, o incluso al Señor Tenebroso en persona. Me temo que vas a tener que pulir tus habilidades en oclumancia.
—¿Cómo? —Su voz sonaba rasposa. No sabía que fuera posible que un ataque mental fuera tan poderoso. No le sorprendía que Harry hubiera odiado sus sesiones con Snape. Su mente estaba en agonía.
—El truco está en dejarlos entrar —le informó Malfoy.
—¿Qué?
—Pon un poco de esfuerzo, pero después pretende rendirte. Una vez que estén dentro, dales falsos recuerdos o distráelos fingiendo proteger algo menos importante. Nunca sacarás al Señor Tenebroso de tu mente, pero, si él piensa que eres débil, asumirá la victoria. Tienes que darle algo lo suficientemente valioso para que parezca legítimo. Sin embargo, es una forma de mantener las cosas que importan más escondidas.
El cerebro de Hermione se revolvía considerándolo. Claro, tenía que haber algo más que sólo barreras mentales. No había forma en la que Severus pudiera haber engañado al Señor Tenebroso por tantos años simplemente negándose a permitirle el acceso a su mente.
—Aprovecha tu tiempo pensando en ello. Si estoy buscando información de Potter, Weasley o la Orden, ¿qué puedes dar que parezca como el más grande secreto que tienes? La legeremancia es como prenderle fuego a la casa de alguien. La mente, por instinto, va a poner un cerrojo a lo que es más importante ocultar. Tienes que entrenarte para hacer lo contrario. Apresúrate hacia lo que no importa. Practica empujando esos recuerdos dentro de tu mente, como si los estuvieras escondiendo. Trataré de nuevo la semana que viene.
Hermione asintió. Odiaba la idea de él en su mente de nuevo, pero su razonamiento era sensato. Sería una habilidad invaluable.
Malfoy sacó algo de su bolsillo y se lo lanzó. Ella lo atrapó por reflejo.
Miró su palma. Era… bueno, se veía como una alianza de bodas, si las alianzas de boda fueran negras.
Miró a Malfoy con asombro.
—Tu hechizo protector de quinto año me inspiró —le sonrió, y levantó su mano derecha indicando una banda de ónix a juego—. Se calentará brevemente si necesito que nos veamos. Pasará dos veces si es urgente. Recomiendo venir cuanto antes si se calienta dos veces. Si quieres venir aquí, los escudos protectores del lugar me avisaran cuando llegues. Pero, de lo contrario, nos debemos apegar al horario. ¿Hay algún momento en el que puedas salir sin levantar sospechas?
Hermione deslizó el anillo en su dedo índice de la mano izquierda. Era una banda sencilla y ligeramente geométrica. No era brillante, ni era algo que pudiera llamar la atención. Sospechaba que tenía un pesado hechizo para hacerlo imperceptible.
—Salgo por ingredientes para pociones los martes temprano en la mañana. Podría agregar una media hora extra sin que nadie lo notara. ¿Funcionaría a las siete y media?
Él asintió.
—Si no puedo venir por alguna razón, vuelve a la misma hora en la tarde —le dijo él.
—¿Y si no puedo venir? —Hermione preguntó.
Sus ojos se entrecerraron.
Él estaba intentando determinar qué era lo que ella hacía para la Orden. Bueno, ella no estaba interesada en ofrecer esa información.
—Esperaré cinco minutos y asumiré que no puedes venir.
—Bien — acordó ella monótonamente.
Él sonrió burlonamente, y con un movimiento de su varita conjuró un rollo de pergamino, el cual le tendió.
—Mi primera entrega —habló arrastrando las palabras, mirándola lascivamente de nuevo.
Ella lo tomó y lo desenrolló lentamente, mirando algunos mapas y planos de edificios.
—Confío en que Moody tenga la sensatez de no usar todos de una vez —dijo él.
—Tus servicios serán uno de los secretos mejor guardados de la Orden. Una vez que se comprometa tu identidad ya no sería de utilidad. No nos arriesgaremos.
—Bien —dijo él con una voz fría—.Te veré el martes, entonces. Practica tu oclumancia.
Luego se desvaneció con un crack.
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NdT: Y finalmente tuvimos el primer encuentro ¿qué les pareció? ¿se sintió la tensión? Esperaré sus percepciones ;-)
Agradezco una vez más a Ileana por traducir este capítulo y a Irene por ayudar a corregirlo.
Espero que se encuentren bien. Yo ya estoy mejor, ya me dieron el alta por el covid, y espero que con el tiempo se me vaya acomodando el tema de la respiración. Paso a paso. Muchas gracias por sus mensajes de cariño.
Abrazo grande para todas. Cuídense mucho por favor y animo en todo. Besos.
*23 de septiembre de 2020*
