Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.
Traducción por Ileana Cs.
Beteado por Sunset82 e Irene Garza
Manacled
por SenLinYu
Capitulo 29
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Abril 2002.
En la siguiente ocasión que ella llegó a la cabaña, apenas había atravesado la puerta antes de que Malfoy apareciera, abruptamente, casi encima de ella.
Él la tomó firmemente y la empujó contra la pared mientras sus labios chocaban con los de ella.
Hermione apenas tuvo tiempo de pensar o reaccionar. Sus ojos se agrandaron de la impresión, y mientras lo hacían, se encontraron con los suyos mientras él entraba de golpe a su mente.
Ella se sorprendió tanto que sus muros de oclumancia cayeron. La aterradora distracción de aquel cuerpo presionando contra el suyo mientras la besaba, le dificultaba concentrarse exclusivamente en la sensación de la mente de él abriéndose paso en su conciencia.
Él hojeó sus recuerdos recientes: ella haciendo una poción de invisibilidad para el anillo que él le había dado, ella llevando a Lee Jordan y dejándolo en San Mungo y, luego, encontró el recuerdo de su encuentro anterior.
Podía sentir cómo lo experimentaba él, incluso mientras ella continuaba consciente del modo en cómo sus labios se apartaban de su propia boca y comenzaban a recorrer su mandíbula, al tiempo que él deslizaba las manos por su cuerpo.
Él comenzó a moverse a través del recuerdo de su conversación con Snape. No. Ella no quería que viera eso. Incluso aunque estuviera segura de que él era consciente lo que estaba intentando hacer, no quería que él lo confirmara.
Se forzó a sí misma a no alejar el recuerdo ni esconderlo. En lugar de eso, se sujetó a la primera cosa en la que pudo pensar y la empujó con fuerza hacia sus recuerdos. Malfoy seguramente era consciente de que se trataba de un engaño, pero fue tras él. Después de apartarlo de él por unos cuantos segundos, dejó que lo atrapara.
Un Malfoy de tercer año se paró delante de ella, mirándola con desdén.
—¿Alguna vez has visto algo tan patético? —dijo Malfoy—. ¡Y se supone que es nuestro profesor!
Harry y Ron se aproximaron a él, enojados, pero Hermione fue más rápida… ¡SMACK!
Ella abofeteó a Malfoy con toda la fuerza que pudo reunir. Su mano dejó una marca por el impacto, y su pálida piel inmediatamente se volvió escarlata donde ella lo había golpeado. Él estaba estupefacto, mirándola con una mezcla de dolor y asombro.
—No te atrevas a decirle a Hagrid patético, eres una despreciable… maldita…cuca… —ella rugió.
Malfoy salió de pronto de su mente y retrocedió temblando.
Hermione lo miró, esperando que él se enfureciera por haber sido engañado con ese recuerdo. Entonces se dio cuenta, después de un momento, de que él se estaba riendo.
Eso se sintió más aterrador.
—Bien hecho —dijo él, aún riéndose entre dientes un minuto después. —Esperaba que te tomara más tiempo antes de lograr conseguirlo.
Hermione se desplomó contra la pared tratando de recuperarse del combinado ataque mental y físico. Una migraña ya estaba empezando a acrecentarse en ella.
—¿Así es como sueles enseñar oclumancia? —preguntó ella después de un momento.
Sus labios se arquearon levemente.
—Sólo contigo —dijo él, irónicamente—. No puedo tenerte dudando de mi sinceridad, ¿verdad? Necesitaba hacer algo para tomarte desprevenida. Así que… —Él se encogió de hombros—, dos gnomos, un kneazle. Estoy seguro que no esperabas que mantuviera mis manos alejadas completamente de ti.
Hermione contuvo el impulso de mirarlo desdeñosamente.
—¿Debería usar liguero la próxima vez que venga? —preguntó ella sarcásticamente.
Pareció que sus ojos se oscurecieron un poco.
—Hmmm. No. Te prefiero así. Estar sucia y usar ropa desaliñada te queda bien. Y tengo intención de saborearte. No tienes que empezar a usarlas… todavía.
Hermione sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Por miedo y por la tensión entre ambos. Una carga de hostilidad y cálculos llenó el aire.
Él se acercó a ella y tomó su mano izquierda, levantándola mientras rozaba el pulgar sobre el anillo, que reaparecía en su mano al tiempo que lo miraba.
—¿Cómo funciona?
—La poción está basada en principios mágicos parecidos al Fidelius—respondió ella, apartando la mano—. Sólo es visible si sabes que está allí. De otra manera, es indetectable. Sólo tú y yo podemos verlo.
Malfoy alzó una ceja en aprobación.
—No creo que haya oído de esa poción.
—Es nueva —dijo ella con rigidez.
—¿Es tu creación?
Hermione asintió reticente.
—Realmente no es tan útil. Sólo funciona con metales.
—Interesante —murmuró él, acercándose más.
Cada vez que él se aproximaba, ella sentía una renovada conciencia de lo peligroso que era. La magia oscura salía de él en oleadas, se aferraba a su ropa y a su cabello, y casi emanaba de su piel. Era como si usara una capa de oscuridad y furia que simplemente mantenía bajo control cuando estaba alrededor de ella.
Había tanta oscuridad. Todas las muertes de las que era responsable.
Estaba empapado en ellas.
—Probemos otra vez. Y veamos cuánto tiempo puedes aguantar —él sonrió con suficiencia—. No te besaré… esta vez.
Entonces se dirigió a su mente de nuevo. Ella lo mantuvo afuera con sus barreras por un minuto mientras organizaba su mente y sus recuerdos. Luego, pretendió que los escudos cedían.
No estaba segura de que realmente fuera buena en ello, o si él estaba teniendo la decencia de contenerse de rebuscar entre sus recuerdos. Él permitió sus fuertes intentos de distraerlo, hasta que lo logró. Después de que tuvo éxito una docena de veces, él se retiró.
Hermione se sentía como si su cabeza estuviera a punto de estallar, como si el dolor fuera una forma de presión que amenazaba con atravesar su cráneo. El dolor era agonizante. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se mordió el labio en un intento de no llorar.
—Bebe esto —ordenó él, deslizando en su mano un vial de poción para aliviar el dolor—. De lo contrario, te desmayarás cuando intentes aparecerte. No lo recomendaría.
Ella lo bebió, bastante segura de que no la iba a envenenar.
—¿Te pasó esto alguna vez? —preguntó cuando el dolor comenzó a disminuir lo suficiente para poder hablar de nuevo y su visión dejó de estar llena de puntos negros parpadeantes.
—Más de una vez —respondió él cortante—. Mi entrenamiento fue… riguroso.
Ella asintió. Aun parecía difícil de creer que él fuera el mismo bravucón que había conocido en la escuela.
La frialdad y la hostilidad se acumulaban alrededor de él, como las paredes de un castillo. Toda esa rabia apenas contenida.
El niño que conseguía cajas de dulces, el que obtuvo un lugar comprado en el equipo de quidditch, el que lloró y gimoteó por un rasguño en un brazo, se había ido. Toda su suavidad e indolencia y lo malcriado que era, había sido arrebatado por la guerra. No había comprado con galeones su camino entre los rangos de Voldemort, había pagado con sangre.
Todo era tan difícil y riguroso. Su sonrisa, la mirada lasciva y la cortesía imprecisa, todo se sentía como una interpretación. Como una máscara que utilizaba para disfrazar lo frío que era.
Si ella quería tener éxito necesitaba atravesar su máscara, su frialdad y su rabia. Él podría intentar usarla como un medio para vengarse o entretenimiento para liberar el estrés, pero ella aún estaba decidida a convertirse en algo más.
Necesitaba ganarse su confianza hasta que pudiera entender su motivación… hasta encontrar una vulnerabilidad en la que pudiera escabullirse.
Nadie era hielo puro. Ni siquiera Malfoy.
Había algo sobre él. En sus ojos. Algo que parecía como fuego oculto en lo profundo dentro de ellos. Necesitaba encontrar una forma de alcanzarlo y ,entonces, avivarlo con algo que ella pudiera utilizar.
Él esperaba que ella lo odiara y tratara de manipularlo con falsa amabilidad y simpatía. Tenía que ser más inteligente al respecto. Más astuta que él.
—¿Fue después de quinto año?
Él la miró, de alguna forma, intensamente.
—Sí —dijo en un tono seco.
—¿Tu tía?
—Ajam —tarareó en confirmación.
Ambos se miraban fijamente.
—No fue lo único que aprendiste ese verano —señaló ella.
—¿Necesitas una confesión? ¿Debo contarte todo lo que he hecho? —Él se acercó para estar por encima de ella y la miró con desdén.
Hermione se obligó a no encogerse o acobardarse. Alzó la mirada hasta sus ojos.
—¿Quieres hacerlo? —preguntó ella.
Hubo un apenas visible destello de sorpresa en su expresión. Parecía que lo había tomado desprevenido con esa pregunta.
Él estaba solo. Ella sólo lo había sospechado, pero ahora estaba segura de ello. Madre muerta, padre demente. Tenía un alto puesto en las filas de Voldemort y era un ambiente notablemente lleno de traiciones. Si alguna vez tuvo remordimientos, no se los había dicho a nadie.
—No —espetó él al tiempo que se alejaba de ella.
Ella no lo presionó. Si él pensaba que estaba presionándolo, cerraría la boca con un candado. No necesitaba saber. Sólo necesitaba que se diera cuenta que quería contarle a alguien…
…que quería contarle a ella.
La volvería emocionalmente valiosa para él. Sería un gancho. Una entrada. La volvería interesante.
—¿Quieres probar de nuevo? —preguntó ella después de un momento.
Él la miró.
—Cuando fui entrenado, ella hacía que alguien me sometiera al crucio mientras intentaba entrar a mi mente. Probablemente eso será lo que te pase si alguna vez te capturan.
Él no le dio tiempo de reaccionar a esta información antes de lanzarse de nuevo dentro de su mente. Cuando terminó, no esperó a que ella recuperara el aliento, dejó caer un nuevo rollo de información a su lado y desapareció.
Esa semana Hermione regresó a Waterstones. Compró libros sobre los efectos psicológicos de la soledad. Libros sobre huérfanos. Investigaciones de la psicología de los niños soldados.
Ella no vaciló en subrayar secciones de sus vulnerabilidades, las formas en las que eran propensas a ser tomadas como ventajas y manipularlas.
En una libreta, sobre la que había puesto una maldición de seguridad bastante sucia, comenzó a preparar un borrador psicológico de Draco Malfoy. Lo que había notado de él. Preguntas y teorías que tenía.
Su centro… su motivación… continuaba siendo un misterio. Pero ella sentía como si estuviera comenzando a tener una idea de sus límites.
El martes siguiente, él no empezó forzando su atención en ella. Empezó a provocarla de otras formas.
Él no se contuvo en lo absoluto cuando invadió su mente en otra sesión de entrenamiento de oclumancia. Escarbó hasta el fondo y, luego, deambuló por los recuerdos que se le atravesaban. Forzándola a revivir algunas de las muertes en las que ella procuraba no pensar. Luego, por casualidad, él se cruzó con el recuerdo que siguió inmediatamente después de su conversación con Snape. Ella se estremeció cuando él se acercó e inmediatamente se abalanzó.
La vio examinando sus rasgos faciales críticamente antes de entrar a la ducha. Y cuando ella salió y apreció su cuerpo desnudo en el espejo, él se detuvo y la observó siguiendo los hallazgos mentales de sus fallas. Ella podía sentir su condescendiente diversión mientras la contemplaba. Se moría de vergüenza y eso él también lo sintió.
Se quedó en ese recuerdo mucho más tiempo del que duraba y luego se retiró por completo de su mente.
—Bueno —dijo él, luciendo como si estuviera a punto de empezar a reír—. Esa es, ciertamente, una buena forma de distraer a un legeremante.
Ella le lanzó una mirada de odio. Estaba extremadamente tentada a patearlo en la ingle, y luego intentar sacarle los dientes a patadas.
—¿Satisfecho con tu adquisición? —su tono era corrosivo.
—Eres bastante escuálida. Si me hubieras enviado antes ese recuerdo de antemano, podría haber pedido a alguien más —dijo él burlonamente, mientras retrocedía un paso para mirarla de arriba abajo.
—Entonces es una lástima para los dos —señaló ella, su boca curvándose mientras doblaba sus brazos a la defensiva.
—Puede ser. Pero, aun así, si no te hubiera obtenido nunca habría tenido la oportunidad de encontrar un cerebro organizado como un archivador —su voz era ligera y casual, pero sus ojos mercurio se oscurecieron abruptamente. Ladeó un poco la cabeza —. Moody no te entrenó. Eres una oclumante natural.
Hermione asintió resignadamente. Había asumido que él lo descubriría, eventualmente. Cuando inventó la mentira, no había esperado que él pasara tanto tiempo merodeando en su cabeza.
—¿Eres autodidacta, entonces? —preguntó él.
—Tenía un libro —dijo ella con rigidez.
Él soltó una carcajada.
—Por supuesto.
La estaba mirando con una expresión que no pudo identificar. Como si la estuviera reconsiderando. Al parecer, el darse cuenta lo hizo re-evaluar algo sobre ella.
Hermione no quería que él la re-evaluara. Si lo hacía, podía decidir cambiar su estrategia. Le gustaba la forma actual, en la que no estaba teniendo sexo con él.
—¿Qué? —le soltó ella impaciente, esperando romper su línea de pensamiento. Pareció funcionar, la expresión entrecerrada de sus ojos se relajó un poco.
—Nada —dijo, haciéndole un ademán con la mano—. Sólo que nunca había conocido a uno antes.
Él sonrió.
Ella lo miró con los ojos entrecerrados.
—Tú también eres uno —se dio cuenta ella, con creciente horror. Ella estaba intentando atravesar las defensas de alguien que también podía cerrar y aislar sus emociones y deseos.
Él le dio una reverencia a modo de burla.
—¿Cuáles eran las probabilidades? —reflexionó él con un leve encogimiento de hombros.
Hubo un largo silencio.
Los dos estaban re-evaluando.
—¿Entonces, todavía me vas a enseñar oclumancia? —preguntó ella después de un rato.
—Sí… —dijo él lentamente un momento después—. Sería un descuido hacerlo sólo a medias. Serás capaz de aprender más rápido de lo que esperaba.
—De acuerdo —asintió ella y se preparó para ello.
Él se acercó a ella. Su corazón trastrabilló ligeramente.
El movimiento le recordó al de un animal acosando a su presa. Lento, sutil, gradual y de pronto… demasiado cerca.
Lo miró a la cara para así no concentrarse en su físico, o en lo fácil que podía partirla sólo con sus manos.
Levantó los dedos y tocó su barbilla suavemente, inclinando su cabeza hacia atrás, quedando su garganta expuesta.
—Estás tan llena de sorpresas —dijo él, la mirada recorriendo su rostro antes de fijarla en sus ojos.
Hermione rodó sus ojos brevemente.
—¿Le dices eso a todas las chicas? —preguntó, en un tono sarcásticamente dulce.
No se molestó en alzar sus barreras cuando él se zambulló en su consciencia. Era la irrupción lo que hacía que le doliera más la cabeza. Se sentía razonablemente segura de su habilidad de fingir que había sido fácilmente quebrada.
Él no hizo que la invasión fuera dolorosa. Lo que la sorprendió. Ella había asumido que la legeremancia era inherentemente dolorosa. En lugar de eso, sintió que su mente era un pensadero en la que él simplemente se estaba dejando caer. Su consciencia y la de él se fusionaron ligeramente.
Él pareció estar asimilándola en su estado mental natural.
Sin el dolor del ataque de legeremancia, Hermione fue capaz de ser más sutil e intencional con su estrategia. Ella recorrió sus recuerdos con falsa despreocupación, dirigiendo su atención, y luego escogió algunos para alejarlos en los rincones más remotos de su mente.
Era… como aprender a bailar. O tal vez aprender artes marciales. Todos los movimientos se hacían lentamente. Sin forzarlos.
Él le dio tiempo para aprender la técnica. Sentir cómo era hacerlo apropiadamente. Ir más allá de las formas. Perforando una y otra vez, hasta que ella pudiera hacerlo instintivamente, sin necesidad de pensar.
Al final, él se retiró y miró su muñeca.
—Nos hemos pasado de tiempo —señaló.
—Oh —dijo ella en voz baja, todavía mentalmente preocupada por la técnica que había estado intentando hacer correctamente.
Él la miró hasta que ella se enderezó y alzó la vista hacia él.
—¿Tienes información para esta semana?
—No realmente, este mes llegarán más vampiros de Rumania. Aún no hay detalles específicos.
—Si… —Hermione vaciló.
Él le alzó una ceja, mirando y esperando.
—Si… necesitáramos algo. ¿Serías capaz de conseguirlo para nosotros? —preguntó ella.
—Dependería de lo que sea.
—Un libro.
Él resopló.
—Se llama "Secretos de las Artes Oscuras". He hecho todo lo que he podido para encontrarlo. Pero los recursos de la Orden son limitados.
—Veré lo que puedo hacer —dio un suspiro irritado.
—Ten cuidado —se encontró a sí misma diciendo.
Él se vio ligeramente sorprendido.
—No querrás que Voldemort sepa que lo estás buscando —aclaró ella.
—¿Qué tan importante es este libro?—preguntó él, estrechando sus ojos.
—No lo sé. Podría no ser nada. O podría ser muy importante. Pero… no arruines tu fachada por él.
Él rodó los ojos.
—Como si lo hiciera —murmuró antes de mirarla intensamente—. Deberías irte. Estoy seguro de que Potter te está echando de menos.
Hermione recogió su morral de ingredientes de pociones y salió de la cabaña.
Malfoy la observaba contemplativamente al tiempo que ella cerraba la puerta y desaparecía.
Cuando regresó a Grimmauld Place, estuvo pensativa mientras embotellaba y preparaba los ingredientes.
Malfoy no era lo que esperaba.
Era mucho menos cruel de lo que ella había anticipado. Seguía esperando que su malicia pronto atravesara su fachada. Pero era menos malicioso de lo que había pensado, o quería algo más complejo y sutil de sus interacciones con él. Se sentía bastante segura que él no tenía ninguna inclinación particular en lastimarla.
No podía ubicar lo que él quería.
Severus había estado en lo correcto. Malfoy ya estaba probando ser un excelente espía. Toda la información que le había dado a Moody había sido de alta calidad y útil. La Orden había allanado con éxito una prisión y sacó a más de cincuenta personas.
Pero... su motivación seguía siendo un misterio.
Ella no podía entender lo que él podría obtener del espionaje. Por su lugar en el ejército de Voldemort, seguramente había cosechado varias recompensas a costa de las bajas de la Orden.
Si la Orden ganaba, incluso con un indulto, él indudablemente se convertiría en un paria en el mundo mágico por el resto de su vida. Los espías y traidores se ganaban poco respeto, sin importar qué tan vitales hubieran sido sus contribuciones.
Además… Lucius Malfoy era un seguidor devoto de Voldemort. Él culpaba a Ron y a Harry de la muerte de Narcissa y direccionó casi toda su energía en vengarse de ellos. Mientras Draco podía no compartir ese sentimiento… ponerse en desacuerdo con su padre se sentía dudoso. Él había imitado tan cuidadosamente a su progenitor durante la escuela. Y había estado tan enfurecido cuando encarcelaron a su padre en Azkaban al final de quinto año.
Hermione distribuyó una bandeja llena de díctamo y conjuró un hechizo para calentar con la punta de su varita. Masajeando su sien suavemente con su otra mano mientras miraba como las hojas se secaban.
Malfoy no estaba interesado en ella; no físicamente. Al menos no más de lo que un hombre se siente interesado en cualquier mujer al azar. Ella había estudiado la fisiología de la atracción sexual y no mostraba ninguno de los signos, incluso después de pasar varios minutos contemplando directamente el reflejo de su cuerpo desnudo.
Se sonrojó. La experiencia calificaba, inequívocamente, como uno de los momentos más vergonzosos de su vida.
Así que, ¿de qué se trataba todo? ¿Por qué el besuqueo y el toqueteo? Si todo era sólo para provocarla y hacerla enojar, la pregunta de "por qué" permanecía.
¿Por qué quería provocarla? ¿Qué estaba impulsando las diversas tácticas que estaba empleando?
Al principio, él claramente había esperado que ella estuviera tan llena de odio hacia él que no pudiera contenerlo. Entonces, cuando la había besado agresivamente para atravesar sus barreras de oclumancia, parecía creer que podía usarlo para hacer que sus emociones la consumieran tanto que no podría pensar con claridad. La forma en la que la había apreciado en el espejo también parecía un claro intento para provocarla.
Él quería que ella lo odiara.
Pero cuando se dio cuenta de que ella era una oclumante, aparentemente había decidido volver a cambiar de táctica. Por fin se dio cuenta de por qué no podía provocarla, y se adaptó una vez más.
Pero, ¿adaptarse para qué? ¿Cuál era el punto?
No podía entenderlo.
Hermione colocó todas las hojas de díctamo seco en un mortero grande, y empezó a pulverizarlas.
—¿Mione? —Charlie asomó la cabeza en su closet de suministros de pociones.
—¿Sí?
—Snape vino buscándote hace un rato.
—Oh, ¿dijo por qué?
—Creo que tenía una nueva receta para ti. Se la dio a Poppy. Para curar una nueva maldición que él ayudó a crear.
La expresión de Charlie estaba torcida por la furia. Muchos miembros de la Orden culpaban a Severus de todas las maldiciones desarrolladas en la división de maldiciones de Voldemort. Pensaban que, si Severus estuviera realmente del lado de la Orden, encontraría una forma de sabotearlo todo.
Hermione rodó sutilmente los ojos.
—Sabes que si él no estuviera ahí, habríamos perdido docenas de personas antes de descubrir las contra-maldiciones. Su información es vital para darme tiempo para prepararme —le recordó ella.
—Claro, ¿y a cuánta de nuestra gente estimas que mató obteniendo esa información? Es nuestra gente con la que están experimentando para hacer los hechizos. Está asesinando personas, pero está bien porque nos está mandando información sobre las contra-maldiciones. ¿Realmente funciona así?
Hermione dejó de pulverizar el díctamo.
—Es un espía, Charlie. Es la clase de cosas que tiene que hacer para mantener su coartada. Si la arruina para salvar a un grupo de prisioneros o por tratar de sabotear el lugar, Voldemort sólo creará uno nuevo y perderemos la información. La pérdida no valdría la pena a largo plazo.
—Eso dices tú —dijo Charlie, con los labios apretados y la mirada endurecida, se volteó y se alejó.
Hermione trituró el díctamo por otro par de minutos más antes de verterlo en un jarro.
Severus debió haber dejado una poción para sanar la maldición de ácido, especuló ella. Esperaba que fuera diferente del que había estado trabajando cuando ella lo visitó en La Hilandera.
No tenía veneno de acromántula. Una identificación emitida por el Ministerio era requerida para comprar a los boticarios. Podría intentar encontrar un lugar en el mercado negro, probablemente valdría varios cientos de galeones. La Orden tenía pocos fondos.
Los duendes habían adoptado una posición neutral en la guerra, pero mientras Gringotts permanecía abierto para la Orden, ir al banco por dinero sin terminar arrestado era un desafío. Sin mencionar que ser hijo de muggles era motivo para ir a prisión.
La mayoría de los miembros de la Resistencia no podían obtener trabajo, ya fuera por su sangre o por asociación.
Era una suerte que Harry tuviera una gran fortuna porque, probablemente, ellos se estarían muriendo de hambre si no fuera así.
Si la poción requería veneno de acromántula… bueno, esperaba que Severus fuera capaz de conseguirle algunas gotas. Si no, dudaba que la Orden pudiera darle presupuesto para comprar, al menos que la maldición se usara constantemente.
Cruzó los dedos y fue a buscar a Poppy.
El pabellón del hospital estaba llena de nuevo.
El rescate de la prisión había sido un éxito, pero muchos prisioneros tenían heridas de tortura o estaban desnutridos. Hubo una lucha con fuego durante el escape, y habían utilizado algunas maldiciones desagradables.
Aquellos con heridas menores fueron mandados a otros refugios, pero Grimmauld Place mantenía los que tenían heridas más complejas y difíciles de atender por Hermione y Poppy.
Poppy estaba cerca de la cama de Rolanda Hooch. Una diminuta incisión en la tráquea de Hooch seguía reapareciendo y creciendo lentamente a pesar de todos sus esfuerzos por sanarla. Quien fuera que estuviera de guardia en el pabellón del hospital, tenía que tener un temporizador sonando cada dos minutos en un ciclo constante para monitorearla.
—¿Algún cambio? —preguntó Hermione, inclinándose y examinando la herida junto a Poppy.
—Oh, Hermione, volviste —dijo Poppy con voz triste—. Severus vino a echarle un vistazo. Dice que no es una de las nuevas maldiciones de Voldemort. Así que… probablemente sea una maldición mal conjurada.
Hermione suspiró levemente, con alivio, antes de que una intensa ola de culpabilidad la golpeara. Si era una maldición mal conjurada, no era probable que volvieran a utilizarla. Pero también significaba que las probabilidades de curar a Rolanda disminuyeran. Hermione había intentado, sin ningún éxito, deconstruir la herida con hechizos de análisis, intentando desenmarañarla. La estructura estaba tan destrozada e inconsistente que era imposible neutralizarla.
—¿Cuánto tiempo más crees que sigan funcionando los hechizos de sanación? —preguntó Poppy en voz baja, mirando tristemente a su colega de hace mucho tiempo.
Hermione calculó mentalmente el tiempo que había pasado desde que madam Hooch había llegado. Era un terrible conocimiento pero, eventualmente, los encantamientos de sanación dejaban de funcionar cuando los usaban con gran frecuencia. Incluso la magia no podía forzar a un cuerpo a seguir reparándose hasta cierto punto.
—Si seguimos curándola cada dos minutos, los hechizos probablemente seguirán funcionando por otras veinte horas —le dijo Hermione gentilmente.
Poppy asintió y dobló las sábanas delicadamente alrededor del cuerpo de Rolanda.
—Severus dejó una nueva receta para ti —le dijo a Hermione—. Dijo que deberías tener un frasco preparado.
Poppy metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño rollo de pergamino y un vial.
Hermione levantó el vial hacia la luz.
Dos gotas de veneno de acromántula. Probablemente valían más de cincuenta galeones.
No se podía permitir cometer ningún error. Deslizó el vial dentro de su bolsillo y desenrolló la receta para ver qué se requeriría para la preparación.
Tenía todos los ingredientes. Excepto descurainia , la cual tenía que cosechar bajo la luna llena. Calculó el siguiente ciclo lunar. Tendría que esperar una semana antes de conseguir todo lo que necesitaba para preparar un lote.
Si la maldición era tan seria como Severus había indicado, esperaba que no hubiera redadas antes de la luna llena. Lo cual era una idea delirante.
Al final de la receta, Severus había incluido el contra hechizo para la maldición de ácido en su escritura puntiaguda. Ella lo revisó. Era simple, como él había dicho.
Hermione copió el contra hechizo en un nuevo trozo de pergamino. Una herida relacionada con ácido necesitaría ser controlada inmediatamente. Esperar unos cuantos segundos para llamar a un sanador o para aparecer al herido, podría agregar días a la recuperación. El contra hechizo era lo suficientemente sencillo, todos los miembros de la Resistencia podrían aprenderlo.
Escribió una breve nota de explicación, y con un movimiento de su varita dobló la nota en un avión de papel que envió a toda velocidad por la casa para encontrar a Harry.
—¿Podrás tomar tu turno más pronto? —preguntó Poppy.
Hermione alzó la vista y se dio cuenta de que Poppy se veía pálida y afligida.
—Claro —dijo Hermione rápidamente.
—Quiero escribirle a Filius, Pomona y Minerva. Tal vez quieran venir a despedirse —dijo Poppy—. Las notas de lo que he hecho están en el cuaderno de la bitácora, y acabo de cerrar la incisión. Así que puedes empezar una cuenta regresiva de dos minutos a partir de ahora.
Hermione vio a Poppy Pomfrey caminar con lentos y pesados pasos, fuera del ala del hospital.
Hermione fue a revisar la bitácora. No había nada sorprendente. Caminó tranquilamente de cama en cama. Todos seguían dormidos y algunos fueron sedados con Filtro de muertos en vida. Era un método para mantenerlos con vida mientras se preparaban las pociones de cocción lenta que los curarían. Realizó un diagnóstico precautorio en cada cuerpo e hizo una lista mental de las pociones que necesitaría para atenderlos. Necesitaba mandar las primeras dosis de la poción mata lobos a todos los licántropos de la Orden.
Era un día tranquilo en el ala del hospital. A parte de la constante conjuración del encantamiento de sanación para madam Hooch, la mayoría de los otros heridos requerían simplemente una cuidadosa supervisión y tiempo.
Hermione se sentó y especuló sobre cómo podría ser Malfoy en su siguiente encuentro.
El hecho de que él también fuera un oclumante natural era… problemático, por ponerlo en términos agradables.
Eso significaba que su control era profundo. Intentar encontrar un modo de entrar y hacerlo leal sería casi imposible si él era capaz de esquivar y contener cualquier efecto que ella tuviera en él.
Si quería tener cualquier oportunidad de éxito, tendría que ser lenta e insidiosa. Para entrar tan profundamente en su psique que él no pudiera sacarla o ignorarla. Encontrar el camino a su corazón. El único lugar donde no había oclumancia para bloquearla o aislarla.
La recorrió un ligero escalofrío.
Nunca antes había sentido que fuera cruel. Fría, insensible, le habían llamado así, y creía que podrían ser ciertas. Pero la crueldad era una línea que siempre había creído evitar. Pero lo que estaba contemplando era posiblemente una de las cosas más crueles que ella podía concebir.
Aplastó su vacilación.
Él había sido quien la había pedido.
Ahora y después de la guerra.
Ella estaba en su derecho de asegurarse que él pagaría el precio por sus demandas. Si él no la quería, no debió haber pedido por ella.
Se armó de valor y conjuró un libro de su bolso.
.
Nota de la autora: Me lo han preguntado varias veces, así que pensé que debía mencionarlo, no va a haber ningún salto del presente intercalado con los capítulos de los flashbacks. Originalmente, había escrito varias escenas para agregar, pero sólo añaden angustia sin hacer ninguna contribución real a la trama, así que decidí omitirlas.
También, sólo una nota de agradecimiento a todos los que han dejado reviews.
* 11 de octubre de 2020*
