Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.
Traducción por Ileana Cs.
Beteado por Sunset82 e Irene Garza
Manacled
por SenLinYu
Capitulo 30
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Abril 2002.
El siguiente martes, Malfoy se comportó muy similar a la semana anterior.
Le enseñó oclumancia, dejándola practicar la forma y la técnica. No lo hizo doloroso. Apenas y le dirigió la palabra. Sólo la tocó una vez, para inclinar su cabeza hacia atrás y mantener contacto visual. Y luego, mientras estaba en su mente, ella pudo sentir su mano aún descansando sobre su cuello con el pulgar contra su garganta.
Él no necesitaba tocarla. Ella lo sabía. Él podía practicar legeremancia a varios metros de distancia con facilidad.
No husmeó. No se metió en los recuerdos que ella manifestó que no quería. Él sólo dejó que ella usara su presencia como una especie de maniquí de práctica para aprender a maniobrar la evasión mental.
Cuando se retiró, ella lo miró con curiosidad.
—¿Dónde aprendiste eso? —preguntó ella—. Supongo que tu tía no usó esa técnica.
—No lo hizo —Él mostró un poco sus dientes al decirlo—. Lo leí en un libro. La mansión Malfoy tiene una gran biblioteca. No funcionaría con la mayoría de las personas, sólo con otros oclumantes naturales. Aunque cualquiera tiene el potencial de aprender oclumancia o legeremancia hasta cierto punto, siempre es doloroso o tan sutil que apenas pueden sentir que sucede.
La miró y añadió con una sonrisa de suficiencia:
—Podrías decir que estoy experimentando contigo.
Hermione rodó los ojos.
—¿El libro decía que también se necesitaba contacto físico? —criticó ella, mirando fijamente la mano de Draco.
Se arrepintió de decirlo de inmediato.
Él tensó ligeramente su mano, sólo lo suficiente para pasar de estar descansando a estar sosteniendo algo. Sus ojos se oscurecieron al tiempo que sus iris se expandieron gradualmente.
—No. Eso…lo hago porque puedo.
Él sonrió levemente mientras la acercaba y bajó la cabeza para besarla.
Fue un beso frío. Sus labios presionados contra los de ella no eran ansiosos ni apasionados.
Simplemente era un recordatorio.
De que podía.
De que se estaba conteniendo. De que, si él quería, podía demandar lo que fuera que deseara y ella ya había consentido dárselo.
Hermione no respondió el beso, sólo dejó que sus fríos labios encontraran los suyos sin oponer resistencia hasta que él se apartó.
—¿Tienes información esta semana? —preguntó ella al tiempo que él deslizaba la mano y retrocedía un paso.
Él sacó un pergamino de su túnica y se lo entregó.
—Información de análisis de hechizos y contra-maldiciones para nuevos conjuros de la División de Desarrollo de Maldiciones del Señor Oscuro —le dijo—. Hay un nuevo set que ya está siendo enseñado.
Hermione abrió el rollo de pergamino y miró la información enlistada. Severus ya le había dado a la Orden todos los detalles respecto a las maldiciones, pero Malfoy no podía saber eso. El hecho de que se le hubiera ocurrido a él, era una señal de lo útil y proactivo que podía ser. Si perdían a Severus, Malfoy era capaz de proveer ambos tipos de inteligencia.
Un excelente espía.
—Esta es información invaluable —dijo ella, guardándolo cuidadosamente en su morral.
Él se encogió de hombros.
—No, en serio —insistió ella—. Esto salvará vidas. Ni siquiera se me ocurrió pedírtelo. El que lo hicieras… No sé cómo agradecértelo.
Malfoy lucía vagamente incómodo con el agradecimiento.
—Como sea. Era información obvia que debía proveer. El número de muertes en tu Resistencia está empezando a notarse.
Hermione palideció y él la miró fijamente.
—¿Cuánto tiempo más crees que ustedes podrán seguir luchando?
—Tanto como se necesite o hasta que no quede nadie. No hay plan B, Malfoy. No hay rendición para nosotros.
Él asintió.
—Es bueno saberlo.
Entonces se detuvo, como si abruptamente se acordara de algo.
—¿Hay algún refugio que involucre a muchos niños en Caithness?
Hermione palideció.
—¿Por… por qué preguntas?
El rostro de Draco se endureció.
—Ha llamado la atención. Probablemente manden a alguien a investigar el fin de semana. No permitan que encuentren nada.
Hermione asintió rápidamente.
—Tengo que irme —dijo ella, apresurándose hacia la puerta.
Ella convocó un patronus corpóreo por pura fuerza de voluntad. Se había convertido en un problema para ella desde que le lanzó el obliviate a sus padres. Le había costado varios años recuperar la habilidad y nunca recobró por completo la luminosidad plateada que había tenido durante su quinto año.
—Encuentra a Minerva McGonagall —le instruyó—. Dile que se prepare para una evacuación.
Mientras su nutria se alejaba deprisa, conjuró otro. La brillante y translúcida criatura, se acomodó en sus patas traseras y la observó.
—Busca a Kingsley Shacklebolt. Dile que necesitamos un nuevo refugio para Caithness.
Luego se apareció para encontrar a Moody.
El proceso de evacuar a los niños fue lento y arduo. Todos ellos eran incapaces de aparecerse, lo que significaba que todos los miembros de la Resistencia que estuvieran disponibles y fáciles de contactar tuvieron que movilizarse para llevarlos a un sitio seguro en escoba, repetidas apariciones en conjunto, o encima de thestrals. Crear trasladores les tomaría demasiado tiempo. Ninguno de los refugios podía arriesgarse a estar conectado a la red flu.
La remota ubicación había sido una elección estratégica. La esperanza era que pasara desapercibida para Voldemort a pesar de la presencia de muchos niños en un pueblo tan pequeño. En retrospectiva, había sido pura suerte que lo hubieran logrado por tanto tiempo. Las opciones para intentar reubicar a tantos niños de edades tan variadas eran escasas.
No tenían refugios de emergencia para muchos. Los niños tuvieron que ser separados entre las docenas de refugios, transportándolos en pequeños grupos a otras partes del Reino Unido y luego volviéndolos a instalar, expandiendo cuartos y transfigurando nuevas camas.
Hermione hizo tres viajes. Después de haber vuelto del último, se desplomó contra una pared por el cansancio. Había aparecido a varios infantes todo el camino hasta el Norte de Irlanda. Ellos habían vomitado, gritado y llorado con cada aparición. Se vio obligada a parar para consolarlos hasta que estuvieran lo suficientemente tranquilos para aparecerse de forma segura otra vez, sin riesgo de una despartición.
Minerva apareció y se detuvo frente a Hermione, su expresión era conflictuada.
—¿Tu informante? —preguntó Minerva en voz baja.
Hermione asintió débilmente.
—Moody va a decirle a cualquiera que pregunte que se enteró mientras interrogaba a un carroñero.
Minerva dio un rápido asentimiento en señal de reconocimiento y presionó sus labios, mirando a Hermione por algunos segundos.
—Eres una buena chica, espero que nadie lo dude nunca. ¿Estás… estás bien?
—Él no me ha hecho nada —le aseguró Hermione.
Algo se relajó sutilmente en la expresión de Minerva. Ella asintió rápidamente, y dio media vuelta para ayudar a quitar los hechizos protectores y encoger el mobiliario.
Hermione miró la hora. Esa noche era luna llena y necesitaba la descurainia.
Se levantó y salió de la mansión hasta que alcanzó el borde de las barreras anti-aparición. Entonces, comenzó la serie de saltos de vuelta a Londres.
Se detuvo en un gran campo donde solía buscar ingredientes cerca del Bosque de Dean. Sosteniendo su varita en alto, conjuró un hechizo de localización y lo siguió en busca de la hierba.
La brillante luz de la luna arrojaba sombras puntiagudas en el césped. Los árboles agrupados se levantaban como una cortina negra contra el brillante cielo nocturno. Cuando Hermione se deslizó por una pequeña pendiente, una ráfaga de viento recorrió el campo, ondulando la hierba de tal forma que susurró ligeramente. Mientras el ondear deslizante se detenía, un aullido gutural emergió de los árboles que estaban en la misma dirección del viento que sintió Hermione.
Se congeló.
Un hombre lobo.
Nunca antes había habido hombres lobo en el área. Había estado tan cansada y distraída que ni siquiera había pensado en tomar precauciones.
Entonces emergió otro aullido. Más lejos. A su derecha.
Y otro aullido.
Había una manada de hombres lobo en el Bosque de Dean.
Casi se aparece para marcharse, pero se detuvo. Necesitaba la descurainia. Si no la conseguía esa noche no sería capaz de obtener nada hasta el siguiente mes. Necesitaba hacer esa poción. Severus no la aconsejaría ni se tomaría el tiempo de inventar pociones a menos que fuera urgente.
Bajó la colina en la dirección que el hechizo localizador le indicaba.
Otro aullido. Más cerca.
Sacó rápidamente un cuchillo de plata de su bolsillo y comenzó a cortar secciones de descurainia tan rápido como pudo sin afectar su efectividad. No había suficiente.
Volvió a realizar el hechizo localizador y corrió en la dirección que su varita indicaba. Mientras lo hacía, alzó la vista para ver la afilada y alargada sombra de un hombre lobo aproximándose a ella por la pendiente.
Derrapó y casi se cayó al alcanzar un lugar donde había varias plantas de descurainia y las cortó en segundos.
El hombre lobo estaba a menos de tres metros y agachándose para embestirla, cuando ella finalmente giró sobre sus talones y se apareció frente al lugar más cercano en el que pudo pensar.
Se apareció en los escalones de la cabaña indetectable de Malfoy. Respirando con dificultad, se dejó caer en el escalón más alto y se sentó jadeando, intentando recuperarse.
Se recargó contra la puerta y cerró los ojos, mientras su corazón continuaba latiendo violentamente.
Estaba terriblemente fuera de condición física. No podía creer lo rápido que se había cansado de correr. Su esófago quemaba y había un duro y lacerante dolor cada vez que inhalaba.
A parte de recorrer los campos en busca de ingredientes para pociones, Hermione no se involucraba en actividades físicas extenuantes. Después de haber sido alejada del combate, no tenía tiempo de entrenar o practicar o incluso preocuparse por su resistencia física.
Por Merlín, era una inútil. Si alguna vez se encontraba de nuevo en un campo de batalla, probablemente sería derrotada en cuestión de segundos.
Su respiración se había ralentizado un poco, pero permaneció en la misma posición otro minuto al tiempo que intentaba calmar sus latidos.
Entonces, la puerta detrás de ella se abrió abruptamente de un tirón y cayó de espaldas dentro de la cabaña.
Su cabeza golpeó contra el suelo y estrellas aparecieron ante sus ojos mientras encontraba a Malfoy mirándola enfurecido.
—¿Qué carajo, Granger? ¿Qué estás haciendo?
—¿Malfoy? —dijo ella, levantando la mirada para verlo, confundida —¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Qué estoy haciendo aquí? —gruñó él—. Activaste los escudos protectores. Asumí que me necesitabas para algo.
—Oh —Hermione dijo débilmente—. No me había dado cuenta que el monitoreo de los escudos se extendía más allá de la habitación. No quise molestarte.
Giró sobre sí misma y se levantó.
Malfoy la miró de arriba abajo.
—¿Qué estabas haciendo? —demandó saber.
—Necesitaba cosechar descurainia bajo la luna llena —explicó ella, descubriendo que aún jadeaba un poco—. Y había hombres lobo. No podía esperar hasta la siguiente luna llena, así que tuve que correr e intentar recolectarla a medida que avanzaba. Pero ya no estoy en forma, me quedé sin aire. Este era el lugar más cercano para aparecerme. Estaba intentando recuperar el aliento.
—¿Dónde estabas consiguiendo descurainia? —Había crispación en su tono.
—Hay un campo cerca de aquí, en el Bosque de Dean. Es uno de los lugares donde usualmente voy a buscar ingredientes para pociones.
—Usualmente… ¿tú deambulas de noche en el campo? ¿Buscando ingredientes? —Su expresión se congeló un poco.
—Sí. Ya lo había mencionado.
—No… Tú dijiste que conseguías ingredientes para pociones. Supuse que eso significaba que tenías un proveedor. —Su expresión se iba endureciendo y sus ojos se volvieron acusadores al pensar que le había mentido.
Hermione lo miró incrédula.
—Soy una terrorista. Cuesta una pequeña fortuna comprar ingredientes para pociones en el mercado negro. No voy a desperdiciar mi presupuesto cuando puedo obtener ingredientes gratuitos y de mejor calidad haciendo el trabajo yo misma.
—¿Así que vagas por los campos de la Gran Bretaña mágica, de noche, para recolectar ingredientes para las pociones? ¿Sola?
—Obviamente —dijo Hermione, sorbiendo la nariz—. Por eso es que nos vemos los martes por la mañana, cuando termino.
Hubo un largo silencio.
—No puedes —anunció él con un tono tajante. —Vas a dejar de hacer eso. Vas a quedarte dentro de cualquier triste refugio donde te mantienen sanando y no irás a buscar ingredientes de nuevo.
Hermione lo miró con indignación por algunos segundos, estupefacta.
—¡Definitivamente no lo haré! No controlas lo que hago.
Su expresión se endureció.
—De hecho, lo hago. ¿Lo has olvidado? Me perteneces. Si te digo que te sientes en este cuarto y que mires a la pared hasta la semana que viene, diste tu palabra de que lo harías.
Hermione sintió la rabia floreciendo a través de ella.
—No, no lo haría. Porque diste tu palabra de no interferir con mi trabajo en la Orden. Buscar ingredientes es parte de mi trabajo. No es negociable. Si quieres controlar todo lo que hago, tendrás que esperar hasta que ganemos. También diste tu palabra.
Malfoy se quedó mirándola, con ojos calculadores. Entonces, cambió de tema abruptamente.
—¿Así que corriste más rápido que los hombres lobo?
Ella se sonrojó.
—No. Es decir… no estuvieron tan cerca hasta que terminé. Probablemente no corrí más de cien metros.
—¿Y todavía estás jadeando por eso? —preguntó escéptico.
—Yo… realmente no hago trabajo de campo a parte de buscar ingredientes. No hay mucha necesidad de que trabaje en mi resistencia —dijo, poniéndose a la defensiva.
De pronto, la boca de Malfoy se entreabrió, la cerró de golpe y se llevó una mano a los ojos por varios segundos como si intentara recobrar la compostura. Entonces, apartó su mano y la miró.
—¿Cuándo fue la última vez que alguien te entrenó? —demandó saber—. Asumo que practicas duelos básicos, dado que eres tan importante que ya no te dejan pelear. Seguramente, como te dejan salir sola en el medio de la noche, tu defensa debe ser insuperable.
Hermione bajó la vista y movió nerviosamente la correa de su morral.
—Estoy muy ocupada. Parte del motivo por el que me sacaron de combate es porque me necesitan para muchas otras cosas.
—¿Cuánto tiempo ha pasado, Granger? —su voz era dura.
Ella miró alrededor de la habitación. Estúpido lugar, ni siquiera había algo a lo que ella pudiera estar mirando. Se concentró en un punto en el suelo.
—Es… probable que hayan pasado más de dos años y medio —admitió ella en voz baja.
Él dejó caer el rostro entre sus manos y guardó silencio, como si ni siquiera pudiera soportar mirarla.
Hermione rodó los ojos.
—Bueno, entonces me iré —dijo ella al final, con voz tajante—. Perdón por haberte molestado. No volverá a suceder.
—Yo te entrenaré —anunció Malfoy abruptamente, enderezándose y mirándola.
—¿Qué? —Lo miró confundida.
—Voy a entrenarte —dijo lentamente—. Ya que detenerte, al parecer, no es una opción. No voy a perder mi tiempo lidiando con otro contacto de la Orden porque no eres lo suficientemente inteligente como para mantenerte en condiciones para luchar. Dada la forma en la que todos pelean, estoy seguro de que, si consigo a alguien más, no sabrá una mierda de oclumancia y probablemente será capturado en una redada.
Bueno, ciertamente el instinto Slytherin de auto-preservación de Malfoy seguía siendo muy fuerte. Hermione suspiró irritada.
—Realmente no es necesario. No peleo. Es muy raro que haya problemas cuando busco ingredientes. No necesitas preocuparte por que te cause algún inconveniente perdiendo tu preciado premio de guerra.
—¿En serio? —dijo él animadamente, acercándose a ella—. ¿No quieres? Porque pronto terminarás de aprender oclumancia. Creo que preferirías ocupar el tiempo con la práctica de duelos en lugar de algunas de las otras actividades que podría exigirte participar.
Hermione lo fulminó con la mirada.
Dudaba que él tuviera alguna intención de cumplir con su apenas velada amenaza, dado que no había demostrado ninguna inclinación al respecto. Si él quería enseñarle a pelear, no había nada malo en ello. Ciertamente, lo preferiría. Necesitaba seguir pasando tiempo con él. No sería capaz de cumplir su misión si no pasaban tiempo juntos.
—Bien —espetó ella, con su expresión tornándose en una débil burla.
—Luces tan amargada —se mofó él—. Habrás pensado que te exigiría que me follaras en lugar de no hacerlo. ¿Decepcionada?
—Sólo en tus sueños —dijo ella, dándole una mirada asesina.
—Todas las noches.
Ella rodó los ojos.
—¿Siempre compras a tus acompañantes?—preguntó ella, mirándolo condescendientemente. Él ni siquiera parpadeó.
—Disfruto del profesionalismo —dijo él sin emoción alguna, mirando al techo como si recitara un mantra—. Límites claros. Sin drama. No estoy obligado a pretender que me importa.
Él hizo una débil mueca ante la última palabra, como si "importar" fuera el concepto más ofensivo conocido por el hombre.
—Claro. Típico de ti.
—Bastante —concordó él con una débil sonrisa.
Hubo un silencio. Hermione quería decirle que era vil, pero estaba segura de que él ya lo sabía. Se sentía cansada y eso la hacía querer ser cruel.
—¿Hablas con ellas y lloras, diciéndoles lo triste y solitaria que es tu vida? ¿O sólo las tumbas sobre la cama sin dirigirles palabra?—preguntó ella de forma burlona.
Los ojos de él brillaron levemente.
—¿Quieres que te enseñe? —Su voz era afilada y fría, como una astilla de hielo.
El reciente encuentro de Hermione con los hombres lobo elevó la adrenalina en su interior. Estaba acostumbrada al alto estrés del pabellón del hospital, pero siempre se trataba de la vida de alguien más. Sintió un subidón por su repentino roce con la muerte. De pronto, comprendió a Harry, sentía que podía hacer lo que fuera.
Un pensamiento repentino vino a ella después de la amenaza de Malfoy.
Lo miró con mofa.
—No lo harás —declaró ella con osadía.
Sus ojos se volvieron crueles pero, antes de que él pudiera contestar ella, continuó:
—Sería demasiado real para ti. Hacerlo con alguien que conoces. Alguien que verás de nuevo. Estropearía esos límites claros.
—¿Me estás poniendo a prueba, Granger? —su voz era grave, como una caricia.
Ella lo miró.
—Supongo que sí —dijo ella fríamente, pero su corazón comenzó a latir con fuerza al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
Él se inclinó, su mirada se había endurecido, hasta que su cara estuvo a centímetros de la suya.
—Desnúdate —ordenó.
Hermione no titubeó, y él tampoco, así que se acercó lentamente hasta que ella retrocedió arrastrando los pies. Él se cernió sobre ella, sus ojos destellaron.
—Está matándote, ¿cierto? El deseo de saber. Esperabas que te hiciera esto enseguida. Así que la espera… el intentar adivinar cuándo podría hacerlo… eso te molesta más que la idea de que realmente te folle.
Él la miró con desdén.
—Bueno… tienes mi atención. Desnúdate.
Hermione levantó la vista hacia él, sintiendo que su rostro se calentaba, aunque el resto de su cuerpo se volvía frío.
—Ni siquiera me deseas. ¿Por qué me incluiste en tus demandas? ¿Cuál es el punto? —preguntó ella, su voz era enfadada y confundida.
Él sonrió de lado.
—Tienes razón. No te deseo. Como sea, ser tu dueño nunca va a pasar de moda. "Ahora y después de la guerra". No puedo esperar a ver qué tan amargamente puedo hacer que te arrepientas de tus palabras. Así que desnúdate —Su voz se hizo más grave —. ¿O quieres que lo haga por ti?
Las manos de Hermione fueron al cuello de su blusa y lo agarró defensivamente. Estaba petrificada y enfurecida, al punto en el que pensó que podría empezar a llorar. Ella sí le pertenecía. Estuvo de acuerdo con eso. Su mandíbula y sus manos comenzaron a temblar ligeramente.
—El poder te excita, ¿cierto? —Su voz tembló de furia al forzarse a sí misma a desabrochar el primer botón de su blusa—. Lastimar a alguien que no puede… o que no… se defenderá. Usar lo que a las personas les importa para torturarlas y encerrarlas, y forzarlas a hacer cosas. Eres igual a Voldemort.
La maldad en la expresión de Malfoy se fue abruptamente al tiempo que palidecía. El control de su ira de pronto desapareció y la oscuridad y la magia emanaron de él en oleadas, llenando y retorciendo el aire.
La fría furia que apareció en su expresión era abrumadora. Sus ojos se volvieron negros, sus labios se curvaron en un gruñido y se volvía cada vez más pálido.
Los ojos de Hermione se abrieron aterrorizados y se encogió de miedo, preparándose.
Había una marea de furia alzándose alrededor de él.
—¡Lárgate! —gritó él.
Ella lo miró, inmóvil. Como un animal petrificado por el miedo.
El rugió con furia. De pronto, la puerta de la cabaña se abrió de golpe, tan violentamente, que las bisagras se desprendieron y dieron contra el suelo.
—¡LÁRGATE! —rugió.
Hermione no necesito que se lo repitieran. Escapó por la puerta, y se apareció en el segundo en el que dejó de sentir los escudos protectores.
Cuando atravesó la puerta de Grimmauld Place, colapsó en el piso del vestíbulo, temblando de terror.
Estúpida. Estúpida. Estúpida. Se reprendió a sí misma. Intentando obligarse a respirar. Sintió como si estuviera teniendo un ataque de pánico.
No podía comprender qué la había motivado a intentar provocarlo. Si no estuviera en medio de la noche, probablemente habría golpeado su cabeza contra el suelo de pura frustración por su idiotez.
Después de todas las veces en las que había regañado a Harry, advirtiéndole de las consecuencias de su estúpida búsqueda por emociones fuertes, probablemente le habría ganado.
Era una idiota.
Presionó su mano contra su corazón palpitante y dejó caer su rostro en el hueco de su codo, sollozando silenciosamente.
Draco Dormiens Nunquam Titilandus. (*)
Excepto que no le había hecho cosquilla a un dragón durmiendo. Aparentemente, sus acciones habían sido más como ir a golpearlo directamente en la cabeza con un bate.
Necesitaban a Malfoy. Lo necesitaban desesperadamente y un poco de adrenalina la había hecho perder la cabeza.
Él tenía razón, ella no podía manejar el temor. La anticipación constante. Se agotaba a sí misma preguntándose qué era lo él quería. Qué intentaba hacerle. Constantemente esperando a que todo se fuera a pique. La estaba devorando viva.
Si él iba a lastimarla o follarla, ella sólo quería saberlo y que lo llevara a cabo.
Ir con él cada semana, sin saber qué sería lo siguiente que le haría…
La estaba rompiendo en pedazos.
Se mordió el labio mientras se acurrucaba contra la puerta. Intentó no romper en llanto al tiempo que un ataque de noradrenalina perdió el control sobre ella y se encontró a sí misma rápidamente reducida. Estaba inundada de horror y desesperación.
Enterró su rostro entre las manos y sollozó silenciosamente.
Su ansiedad podía costarle la guerra a la Orden o, al menos, numerosas vidas.
Tenía que encontrar una forma de arreglarlo.
Se abrazó a sí misma e intentó calmarse y pensar.
Respira. Respira. Respira.
Cuando su pecho dejó, finalmente, de trastabillar, se levantó y se secó las lágrimas.
Subió a su armario de suministros de pociones, almacenó la descurainia y pasó varios minutos intentando organizar sus pensamientos, forzando a sus manos a dejar de temblar.
Fue a su habitación.
La puerta estaba ligeramente entreabierta. Lo que era raro porque, tanto Ginny como ella, eran generalmente muy fastidiosas respecto a mantener la puerta cerrada y bajo llave. Grimmauld Place no era muy accesible al resto de la Resistencia pero, ocasionalmente, había personas entrometidas con poco respeto por la privacidad y las posesiones personales.
Hermione se asomó y, entonces, retrocedió de un salto sorprendida.
Ginny y Harry estaban medio desnudos y, si todavía no lo estaban, parecía que estaban a segundos de follar.
Hermione conjuró un rápido hechizo de privacidad en la puerta y se alejó rápidamente. Se detuvo en el descanso de las escaleras y dudó. Las habitaciones de Grimmauld ya estaban abarrotadas. Algunos de los niños mayores de Caithness habían sido llevados allí.
El salón de abajo ya estaba ocupado por todos los que padecían insomnio. No quedaban muchos lugares donde dormir.
Estaba muy cansada. Su episodio de llanto la dejó sintiéndose internamente vacía.
Se arrastró a un asiento bajo una ventana e intentó quedarse dormida, pero su mente no se tranquilizaba. Continuaba repitiendo su conversación con Malfoy. Preocupándose por la poción que necesitaba preparar. Reviviendo el momento en el que toda la furia de Malfoy emergió y le rugió.
No la había lastimado.
Él tuvo cada oportunidad y furia más que suficiente, pero, en vez de eso, se contuvo y la echó.
Un mortífago asesino con alguna clase de código moral. Toda una contradicción.
Tenía que estar conectado con su motivo para unirse a la Orden.
¿Qué era lo que quería?
La exasperaba profundamente no ser capaz de descifrarlo.
Después de revolverse en el asiento de la ventana por media hora, se levantó con un suspiro. No quería intentar preparar la poción de Severus hasta que estuviera descansada. Subió al piso más alto de la casa. Había un cuarto de práctica ahí.
Se asomó y lo encontró vacío.
Fue al centro de la habitación y, con su varita en alto, comenzó a hacer algunas poses de duelo.
Cuando regresó de su entrenamiento como sanadora por Europa, sólo participó en un par de pequeñas escaramuzas antes de que la Orden decidiera retirarla permanentemente del combate. Después de estar fuera tantos años terminó perdiendo la práctica, por mucho, era menos competente en duelo que cualquiera en su rango de edad. El resto de los miembros del ED eran rápidos y conjuraban hechizos poderosos, esquivaban y se abrían paso mientras mantenían una excelente precisión, incluso desde la distancia.
Sanar era sutil. Casi siempre requería que uno se contuviera. Trabajar de cerca con atención al mínimo detalle.
Intentar pelear de nuevo, era revertir su técnica, y era terrible para ello.
Ron y Harry dedicaron un poco de tiempo intentando ayudarla a ponerse al corriente pero, antes de que pudiera lograrlo, Kingsley aconsejó alejarla completamente del combate. Ninguno hizo más que un murmullo en desacuerdo.
Hermione comprendió su razonamiento pero, años después, la decisión todavía le dolía. Sintió que había fallado y había sido relegada… Lejos de todos los demás.
Los miembros originales del ED se habían convertido en un grupo de combate muy unido del que ella no formaba parte.
Hermione se mordió el labio y conjuro un protego tan potente como pudo. El escudo se irguió enfrente de ella.
Suspiró levemente de alivio al deshacer el conjuro. Al menos todavía podía manejar eso.
Lanzó una serie de hechizos a los muñecos de práctica de la habitación. La mitad de ellos dieron en el blanco, pero ninguno fue preciso.
Se sonrojó y lo intentó de nuevo. De alguna forma, lo hizo peor la segunda vez.
Hermione se reprendió internamente. Seguía de pie, pero no estaba en un campo de batalla, ni tenía hechizos dirigiéndose hacia ella.
Era una mierda.
En el improbable caso que Malfoy la entrenara, la haría pedazos por lo inepta que se había vuelto.
Rodó los hombros e intentó de nuevo.
Conjuró unas cuantas maldiciones más complejas.
Bueno, podía manejar eso.
No era falta de habilidad cuando se trataba de combates mágicos. Simplemente, era terrible ante el aspecto del combate real.
Era un consuelo.
Bueno, no realmente.
Continuó hasta que estuvo tan cansada que sus manos temblaron de agotamiento. Entonces, se dejó caer en una de las colchonetas de entrenamiento y se quedó dormida.
—¿Hermione? Maldición, ¿qué haces aquí?
Hermione entreabrió los ojos a la mañana siguiente y encontró a Ron parado sobre ella, flanqueado por Ginny, Neville, Dean, Seamus, Lavender, Parvati, Padma, Fred y Angelina.
Se levantó con un bostezo y se frotó los ojos.
—Mi cama fue ocupada durante la reubicación —mintió ella, lanzándole a Ginny una mirada—. Vine a dormir aquí.
—Oh —dijo Ron—. Bueno, vamos a practicar una formación de ataque antes de que Neville y Seamus tengan que salir a una misión de reconocimiento. Así que… necesitamos la habitación.
Hermione asintió y se levantó.
—¿Puedo ver? —Se encontró preguntando.
Ron frunció el ceño y la contempló.
—Claro. Supongo. Si tienes tiempo para esto. Sólo… mantén activo un escudo. Vamos a lanzar muchos hechizos.
Hermione se refugió en un rincón y observó a Ron exponer la estrategia. No pudo comprender todos los términos que utilizaron. No era terminología de combate tradicional, más que nada eran abreviaturas que habían evolucionado entre los combatientes a lo largo del tiempo. Su propio lenguaje.
Mientras se dispersaban por la habitación, conjuró un escudo a su alrededor. Ron activó una de las guardas del cuarto con un hechizo y, entonces, todos empezaron a lanzar diversos hechizos contra las paredes.
Los hechizos rebotaron de un lado a otro por toda la habitación. Pronto, el cuarto estaba lleno de magia volando.
Hermione vio como los miembros del ED comenzaron a correr en la formación de ataque. Todos sus hechizos eran precisos. Sus escudos poderosos. Ninguno de ellos fue siquiera rozado por alguno de los hechizos voladores. Era un instinto para ellos. Sabían cuándo debían renovar sus escudos. Sabían cómo peleaban todos los demás, quién los cubriría. Peleaban hombro con hombro y conjuraban de forma no verbal.
Sus habilidades de combate eran muy superiores a las suyas. Requeriría un milagro para ponerse al día.
Los vio correr en formación dos veces antes de darse la vuelta y salir de la sala de práctica.
Fue a su armario de suministros de pociones, reunió los ingredientes y se preparó para comenzar la poción.
El siguiente martes, se apareció en Whitecroft y se aproximó lentamente a la ubicación de la cabaña.
Se preguntó si Malfoy estaría ahí. Rogó por que así fuera.
No tenía idea de cómo arreglar las cosas si él se negaba siquiera a aparecer. Sólo podía esperar a que, la razón por la que espiaba, fuera suficiente motivación como para que sus acciones no lo disuadieran.
Si él no estaba ahí, ella esperaría.
Si él estaba ahí… esperaba que sólo la castigara y lo superara, en vez de forzarla a temerle constantemente.
La puerta había sido reparada. Se preparó y la abrió para entrar.
Vacío.
Después de esperar unos cuantos minutos fue a la silla junto a la mesa. Su estómago se retorcía de miedo, y trato de distraerse recitando fórmulas de aritmancia mientras estaba ahí sentada.
Sólo necesitaba dejar de pensar en lo que podría pasar después.
De pronto, escuchó un repentino "crack" y se levantó para voltear rápidamente al tiempo que Malfoy se aparecía. Él se le quedó viendo, su expresión era indescifrable.
Hermione no dijo nada. Simplemente lo miró. Estaba aliviada de no estar temblando.
Se forzó a sí misma a encontrar su mirada. Esa sensación de terror, como de agujas, comenzó a atravesar su columna vertebral. De repente, sintió frío. Podía sentir como se le erizaba el cabello de la nuca y se preparó.
Pudo verlo tensar su mandíbula y apartar la mirada lejos de ella.
Aparentemente, él no tenía intención de ser el primero en hablar.
Ella respiró hondo. Lo necesitaba. Evidentemente, él seguía furioso con ella, pero tenía que solucionarlo. A como diera lugar.
—Lo siento —dijo ella, desesperada—. Perdí la cabeza y me pasé de la raya. Lo siento. Lo que sea que tenga que hacer para compensártelo… Haré lo que quieras. Sólo déjame arreglarlo.
(*) Traducción del latín sería: Nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido.
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NdT: Cuantas emociones y tensiones para un solo capítulo, espero que las hayan sentido y de alguna manera ¿disfrutado? Bueno eso ya queda a criterio de ustedes. :-P
No voy agregar mucho más, sólo decirles que las quiero mucho y que por favor se cuiden. Espero que nos veamos pronto. Besos.
*14 de octubre de 2020*
