Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Beteado por la hermosa Irene Garza


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 31

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Abril de 2002

Draco la miró fijamente, con una expresión que ella no pudo determinar dibujada en sus facciones.

—Está bien —dijo él con voz severa—. Cuando dije que quería que estuvieras dispuesta, eso significaba que podías decir que no. Aunque quizás podrías intentar decirlo en lugar de provocarme a propósito.

Hermione lo miró asombrada.

Él apretó la mano en un puño contra su frente como si tuviera dolor de cabeza.

—¿Quieres continuar con oclumancia? —preguntó.

Hermione se movió un poco pero no respondió. Se sentía descolocada. La conversación no había sido… ella no…

¿Qué quiso decir él?

¿Era posible que fuera un engaño para pillarla con la guardia baja?

Si ella tenía permitido negarse a las cosas, ciertamente él no se había molestado en comunicárselo. De hecho, había insinuado fuertemente lo contrario. Aunque… en realidad no había hecho mucho además de provocarla.

Así que…

Ella lo miró con recelo.

Algo que ella le dijo esa noche había tocado accidentalmente una fibra sensible. Profundamente.

¿Qué había dicho?

Que el poder lo excitaba. Lastimar a alguien que no podía… o no quería defenderse. Usar lo que a las personas les importa para torturarlos, enjaularlos y forzarlas a hacer cosas. Que él era igual a Voldemort...

Que él era igual que Voldemort.

Probablemente fue eso. Probablemente él se consideraba mejor que su amo. Tal vez pensó que si ayudaba a la Orden a derrocar a Voldemort dejaría un vacío de poder que él podría llenar.

El pensamiento hizo que sus entrañas se retorcieran.

¿Realmente era eso? ¿Estaba haciendo que se enfrentaran ambos bandos pensando que después podría tomar el poder?

Quizás se oponía al reinado de terror de Voldemort, los ataques utilizados para tenderle una trampa a la Orden, todas las torturas, y experimentos. Quizá Malfoy imaginaba que él gobernaría de una manera gentil donde, las mujeres estaban aparentemente "dispuestas" y las ejecuciones eran ceremoniales.

Sin embargo… parecía que se había sentido más que ofendido. Su furia… la rabia que cargaba era seguramente más grande que su ego o su ambición.

Su expresión cautelosa pareció molestarlo. Él siseó levemente, mostrando un poco los dientes.

—Basta con decir que no voy a hacerte daño —gruñó—. Así que deja de mirarme como si estuvieras esperando que te lance una maldición por la espalda.

Las palabras hicieron que Hermione se estremeciera. Si no estuviera tan desesperada por asegurarse de que él seguiría espiando para ellos, le habría hablado con desdén y le preguntaría por qué no había hecho tal concesión por Dumbledore. Él pareció ver la réplica en su expresión y su mandíbula se contrajo.

Ella se mordió la lengua y miró torpemente alrededor de la cabaña.

—Quiero terminar de aprender oclumancia.

—Bien.

Su tono era seco y parecía estar encerrado en su ira. Su rostro se suavizó en esa máscara fría e indolente una vez más, pero sus ojos plateados continuaron estudiándola. Ella casi podía sentir la mirada contra su piel.

Él se movió hacia ella.

Él se sentía igual pero al mismo tiempo diferente. Como si estuviera realizando los mismos movimientos, pero más conscientemente de lo que hacía antes. Había un elemento sutil de precisión adicional.

Él inclinó la cabeza de ella hacia atrás con los dedos. Cuando ella lo miró profundamente a los ojos descubrió una amargura que no creía que hubiera estado allí antes.

Él se sumergió sin dolor en su mente.

Fue más de lo mismo durante las siguientes dos semanas. Más oclumancia y un Malfoy reservado. La conversación siguió siendo forzada, aunque la inteligencia que él proporcionaba siguió fluyendo generosamente y seguía siendo sólida.

Hermione se reprendía internamente cada semana mientras él desaparecía después de intercambiar menos de una docena de palabras con ella.

Su bosquejo psicológico de él se había estancado. Cada semana, agregó más preguntas sin respuesta. La lista de posibles motivos iba desde los magnánimos hasta los monstruosos.

Se dio cuenta de que casi había terminado con el entrenamiento de oclumancia. Las invasiones de Malfoy a su mente se volvían angustiosamente dolorosas y agresivas a medida que él ponía a prueba su técnica y habilidades.

Estuvo tentada a preguntarle si todavía tenía la intención de entrenarla en duelo, pero tenía miedo de sacar el tema.

Empezaba a sentirse desesperada.

Cuando llegó a la cabaña caminó nerviosamente tratando de encontrar alguna forma de superar la incomodidad. Tenía que haber alguna forma de llegar hasta él. Alguna debilidad que pudiera encontrar para entrar.

Malfoy apareció frente a ella con un brusco crujido y pareció estremecerse un poco mientras se enderezaba.

Hermione había visto esa expresión sutil con suficiente frecuencia para identificarla de inmediato, sin importar cuán cuidadosamente lo ocultara. Sin siquiera detenerse a pensar, sacó su varita y lanzó un rápido hechizo de diagnóstico.

Antes de que pudiera mirar los resultados, Malfoy se abalanzó hacia adelante, tiró su varita y la inmovilizó contra la pared.

—¿Qué estás haciendo? —gruñó.

Cierto. Probablemente él no tenía la costumbre de dejar que la gente lanzara magia en su dirección.

Ella lo miró fijamente a los ojos.

—Estás herido.

Él apartó las manos de ella y retrocedió un paso.

—No es nada —dijo—. Me ocuparé de eso más tarde.

Los ojos de Hermione se posaron en los colores y detalles que rodeaban su varita, tirada en el suelo a unos metros de distancia, leyendo las partes más obvias.

—Tienes varias costillas fracturadas, una conmoción cerebral y hematomas internos. Me tomará diez minutos curarlo. Y… —Ella le dio una mirada penetrante—, aparecer te dolerá aún más la próxima vez. Si dejas las fracturas así y sigues apareciéndote tus costillas pueden romperse por completo. Podrías perforarte un pulmón. Si hay fragmentos, las costillas tendrán que ser extraídas y regeneradas.

Él la miró por varios segundos antes de poner los ojos en blanco.

—Bien.

Ella se arrodilló y tomó su varita.

—Desvístete… de la cintura para arriba.

Él se quedó quieto por un momento.

—Pensé que esa era mi línea —dijo finalmente mientras se estiraba rígidamente y desabrochaba su capa, dejándola caer sin cuidado en el suelo— Si me deseabas tanto, sólo tenías que pedírmelo.

La miró lascivamente de una manera abiertamente falsa.

Todos tenían métodos para manejar el dolor. Harry se quedaba muy callado, mientras que Ron se convertía en lo que Fred y George habían llamado "actitud de cabrón". Seamus y Charlie insultaban a tal volumen y extensión que tenían que ser silenciados.

El dolor claramente hacía que Malfoy fuera aún más sarcástico de lo que ya era.

Al menos eso significaba que estaba hablando con ella de nuevo.

Hermione rodó los ojos.

—Sí. Nada me excita más que la vista de un abdomen moteado de moretones y hematomas verdes.

—Siempre supe que eras una perra sádica.

El comentario tomó a Hermione tan desprevenida que se echó a reír.

Malfoy pareció asombrado por el éxito de su comentario cuando comenzó a desabotonarse la camisa y trató de quitársela torpemente.

También tenía una lesión en el hombro.

Ella extendió la mano lentamente como si se acercara a un animal que estaba a la defensiva. Él no se inmutó, por lo que ella se dispuso a quitarle la camisa con suavidad y asimilar el daño.

Parecía haber sido arrojado, con extrema violencia hacia… algo.

Su hombro se había dislocado, pero él debió haberlo vuelto a colocar en su lugar. Todo su lado derecho estaba completamente cubierto de moretones. Era sorprendente que su brazo no estuviera roto.

—¿Qué pasó? —preguntó ella con sincera curiosidad.

—Nueva manada de hombres lobos —respondió brevemente—. Hubo problemas de liderazgo.

—Entonces, ¿qué? ¿Luchaste contra un hombre lobo alfa? —preguntó con escepticismo mientras comenzaba a reparar sus costillas.

—Bueno, él tenía estrictamente prohibido morder o arañar y no se me permitía matarlo, pero cuando tienes bestias con una jerarquía de la manada y tratas de ejecutarlas primero sin someterlos, estás sólo esperando una insurrección —explicó Malfoy como si esas cosas fueran de conocimiento común.

—¿Todo esto es por ganar o perder? —preguntó mientras reparaba la fractura en otra costilla.

Él la miró.

—Ganar, obviamente. No me habría aparecido en ningún lado si hubiera perdido. El maldito animal ni siquiera pensó en usar su varita. Todos se vuelven salvajes una vez que comienzan a correr en manada.

Él puso los ojos en blanco mientras lo decía y luego agregó:

—Ahora, al parecer, soy el alfa de una manada de hombres lobo. Creo que se suma a mi encanto natural.

—El alfa seguramente intentará matarte —señaló Hermione.

Malfoy resopló.

—Es bienvenido a intentarlo. Me tomará menos de un minuto derribarlo una vez que se me permita matarlo —se mofó él.

Hermione no respondió. Con un hechizo no verbal convocó su morral y sacó el botiquín de emergencia que siempre llevaba consigo.

—Siéntate y bebe esto —le ordenó mientras le entregaba una poción—. Se ocupará de la contusión que tienes.

Mientras él bebía, ella se frotó las manos para calentarlas y luego sumergió los dedos en un pequeño frasco de pasta.

Ella lo miró pensativa por un momento antes de poner la mano suavemente sobre su hombro desnudo.

Él casi saltó del susto.

—Relájate —dijo, sintiendo los músculos de sus hombros tensarse bajo sus dedos. —No se absorberá bien si estás tenso.

Malfoy no se relajó en absoluto.

Ella puso los ojos en blanco.

Pasó sus dedos suavemente sobre el hombro de él, extendiendo la pasta y dejando que él se acostumbrara al contacto. Los músculos de sus hombros se estremecieron y vibraron levemente. A Hermione le recordó a acariciar a un caballo asustadizo.

De todos los contextos en los que se había imaginado eventualmente a Malfoy medio desnudo en su presencia, el curarlo, sorprendentemente, no había sido uno de ellos. Pero ella podría usar esto para remediar las cosas y continuar trabajando en su estrategia inicial.

Seguramente estaba solo. Parecía inquieto ante un contacto físico que no era ni violento ni sexual.

Supuso que eso no era sorprendente. ¿Quién iba a ser amable con él? Según lo dijo, su brutal entrenamiento con Bellatrix no había sido obstaculizado por nadie, ni siquiera por su madre. El pensamiento la hizo estremecerse un poco.

Lanzar un crucio a un chico de dieciséis años para enseñarle oclumancia y luego dejar que se desmaye.

Ella podría usar ese vacío. Esa soledad. La necesidad de consuelo estaba escrita en la psique humana. Malfoy ni siquiera podría estar lo suficientemente consciente de la ausencia como para ponerse a la defensiva. Si ella despertaba esa necesidad...

…estaría adentro.

El contacto físico no sexual era algo con lo que ella se sentía cómoda. Tocar cuerpos, calmar y reconfortar. Se dio cuenta de que era una ventaja inesperada que tenía sobre Malfoy. A él le gustaban los límites claros. Ella los difuminaría y luego se deslizaría por los huecos.

Se inclinó hacia adelante, sólo un poco, de modo que su boca estuviera cerca de su oído. Su piel olía vagamente a sal, junto con sutiles y picantes matices de musgo de roble y el intenso aroma verde del papiro.

—Esto dolerá un poco —dijo ella en voz baja.

Luego comenzó a masajear el músculo para sumergir la pasta curativa profundamente en el tejido y restaurar los tendones estirados. Si no lograba absorberlo por completo, el daño podría volverse permanente y Malfoy podría volverse propenso a dislocarse el hombro.

—Mierda —gimió él—. Eres una perra.

Sus manos se detuvieron por un momento antes de continuar.

—Ya me lo han dicho antes —señaló ella en voz baja.

Esa respuesta pareció tomar a Malfoy un poco desprevenido. Él se calmó y apretó la mandíbula mientras ella continuaba. En un minuto terminó, pero continuó masajeando su hombro suavemente. De una manera que, estrictamente hablando, no era médicamente necesaria.

Después de un minuto más, se detuvo con las manos descansando ligeramente sobre su hombro.

—Ahora necesito terminar con tus costillas, es más fácil si te recuestas.

Él suspiró y se tumbó en el suelo. Ella envolvió la capa y la puso bajo su cabeza, y se dio la vuelta para quedar sentada a su lado.

Él la estaba mirando con intensa sospecha.

Ella se ocupó de su botiquín de curación y sacó un frasco grande de suero. Después de un rápido hechizo para limpiar la pasta de sus manos, vertió el líquido viscoso en su palma. Lo extendió por su brazo, costado y pecho con pequeños movimientos circulares. Ella tomó nota de dónde desaparecía más rápido y agregó una capa adicional de suero.

Con su mano libre lanzó un nuevo hechizo de diagnóstico. También tenía una contusión en el riñón. Ella suspiró quedamente.

—Tienes un riñón herido. No tengo la poción conmigo, así que tendrás que ir a ver a un sanador para eso. No es grave, pero te dolerá por unos días si no lo tratas.

Los moretones en su pecho se fueron desvaneciendo lentamente bajo sus dedos. Mientras lo hacían, los movimientos circulares que estaba dibujando se hicieron gradualmente más lentos a medida que lo evaluaba.

Él era... bastante atractivo. Físicamente.

Debía tener una propensión genética hacia la grasa corporal baja porque todos los músculos de su torso y brazos se destacaron con una definición cruda. Todo su cuerpo era duro y anguloso, sin siquiera una pizca de suavidad. No era un culturista, pero estaba… en forma.

La mayoría de los hombres tenían al menos una capa de grasa que amortiguaba su carne antes de encontrarse con los músculos. A pesar de lo fuertes que eran todos los muchachos Weasley, su definición muscular por lo general algo débil debajo de su piel. Harry tenía una eterna propensión a ser escuálido, independientemente de su condición física.

Supuso que no era sorprendente. Lucius Malfoy tenía una complexión fuerte y estaba lejos de ser corpulento, mientras que Narcissa era tan delgada como un listón.

Estudió a Malfoy pensativamente.

—¿Miras lascivamente a todos tus pacientes o soy especial? —dijo Malfoy de repente arrastrando las palabras.

Ella se sobresaltó y se sonrojó.

—No estaba haciendo eso —respondió a la defensiva—. Sólo pensaba en tu proporción de grasa corporal.

—Por supuesto que sí —dijo Malfoy resoplando.

Ella retiró las manos.

—Ya terminé —le dijo ella en voz baja.

Él se sentó y giró el hombro mientras estudiaba el trabajo de reparación en sus costillas. Luego se volvió a poner la camisa y se la abotonó rápidamente.

Hermione miró hacia otro lado y comenzó a empacar su botiquín.

—Entonces, ¿cómo puede una persona golpear a un hombre lobo sin matarlo? —preguntó ella.

—Una Bombarda Máxima con la punta de la varita contra su globo ocular parece resolver el problema —dijo Malfoy casualmente mientras tomaba su capa y se levantaba—. Pero tienes que dejar que estén lo suficientemente cerca. Lo que obviamente no resultó como había planeado.

Ella lo miró fijamente.

—¿Le volaste el ojo?

—Habría matado a un mago, pero los hombres lobo nunca saben cuándo morir.

—Seguramente intentará matarte —le dijo Hermione con seriedad.

—Cuento con eso —dijo salvajemente.

Ella rodó los ojos y se puso de pie.

—Entonces. Más hombres lobo. ¿Alguna otra información?

Él conjuró un pergamino sin varita.

—Unas cuantas nuevas maldiciones no letales que tu Orden podría dignarse a usar sin enturbiar sus preciadas conciencias. Detalles sobre una nueva prisión en Cornualles. Además, el Señor Tenebroso está considerando convertir su nombre en un tabú. Quizás quieras advertir a todos tus temerarios luchadores en contra de andar nombrándolo como una demostración de su coraje Gryffindor.

Hermione lo aceptó y se volvió para irse.

—Gracias por el trabajo, Granger.

Él desapareció.

Hermione miró alrededor de la cabaña por un momento antes de deslizar el pergamino en su morral.

Había curado a Draco Malfoy.

Había curado a mucha gente, pero de alguna manera curarlo a él se sentía diferente.

Durante unos minutos no se había sentido como un mortífago, sino simplemente como una persona que estaba sufriendo.

Una persona.

No estaba acostumbrada a pensar en él de esa manera.

Se sentía más seguro hacerlo impersonal. Un concepto en su mente.

Mortifago. Asesino. Espía. Objetivo. Herramienta.

Así era como ella prefería categorizarlo.

No como una persona herida. No como alguien que se estremecía por tener las costillas fracturadas. No como alguien que no estaba acostumbrado al contacto físico y se alejaba por reflejo. No como alguien… atractivo.

La interacción había parecido corregir la incomodidad, para salvar el espacio que se había formado. Pero también había eliminado "lo otro" que ella había podido aplicar en él: como su enemigo, el asesino de Albus Dumbledore. La perspectiva que le permitía pensar con resolución en manipularlo potencialmente hasta su tumba.

Pensar en él como una persona lo hacía menos monstruoso en su mente.

No podía permitirse hacer eso. Despertó a la Hermione de Hogwarts, la niña de catorce años que había tejido sombreros y comenzó una Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros. Esa adolescente de conducta recta estaría horrorizada por cómo su yo futuro racionalizaba la necesidad estratégica de deshumanizar intelectualmente a Draco Malfoy.

Las manos de Hermione temblaron levemente mientras barajaba el pensamiento en el fondo de su mente.

Y… él había ido a verla tan pronto como ella llegó. A pesar de sus heridas, él había venido.

Se preguntaba si eso significaba algo.

Hermione regresó a Grimmauld Place y subió inmediatamente a su habitación. Antes de entrar, miró subrepticiamente alrededor de la puerta para asegurarse de que la habitación estuviera vacía.

Harry y Ginny no estaban "juntos". Ginny había buscado a Hermione varias semanas antes para asegurarle ese detalle. Simplemente había sido una aventura, en el calor del momento.

Al parecer había mucho calor del momento, dado que Hermione casi los había interrumpido una docena de veces desde entonces.

Hermione, junto con todos los demás en Grimmauld Place, fingía ignorar el estado de ánimo dramáticamente mejorado de Harry quien iba por la casa como un ciervo alegre.

Sacó su cuaderno de debajo de la cama y murmuró los contra-hechizos de las medidas de seguridad que le había puesto.

Pasó las páginas con cuidado. Revisando todo lo que había escrito, tomando nota de cómo sus opiniones y teorías habían evolucionado y otras se habían dispersado. Mordisqueó la punta de la pluma mientras subrayaba un comentario que había hecho semanas antes.

Solitario. Aislado.

Ella estaba cada vez más convencida de que era un pilar central para él. Madre muerta. Padre loco. Amigos ambiciosos, todos dedicados a su propia conservación.

Lo que fuera que impulsaba a Malfoy a separarse de Voldemort y unirse a la Orden probablemente era un secreto para todos.

No había lugar para la honestidad y la amistad mientras servía bajo el gobierno de un megalómano que era el legeremante más poderoso del mundo mágico.

Hermione estaba casi segura de que nadie del lado de Voldemort sabía que Malfoy era un espía, posiblemente no se arriesgaría.

Hermione podría ser un depósito seguro de sus secretos si consiguiera que él confiara en ella. Si su oclumancia fuera lo suficientemente buena, él podría racionalizarlo para sí mismo. Ella convertiría sus fortalezas en debilidades que podría aprovechar.

Asomó la cabeza debajo de la cama en busca de un libro de psicología en el que quería buscar una referencia. Mientras miraba los libros amontonados, se quedó quieta de golpe...

Los habían movido.

La diferencia era leve, pero estaba segura. Alguien había estado fisgoneando debajo de su cama. Lanzó un hechizo de detección que salió en blanco.

Volvió a mirar su cuaderno. Lanzó una serie de hechizos analíticos en él buscando alguna alteración pero no había señales.

Volvió a mirar debajo de la cama y luego alrededor de la habitación.

Kreacher.

El maldito elfo no hacía más que enfurruñarse e insultar a las personas, pero de vez en cuando hacía una juerga de limpieza a medias.

La habitación parecía haber sido desempolvada. La cama generalmente deshecha de Ginny estaba, de alguna manera, tendida.

Hermione se relajó un poco, pero lanzó varios hechizos adicionales en sus libros y una protección que le avisaría si alguien volvía a alterarlos. También agregó un hechizo de autodestrucción muy completo en el cuaderno si alguien lo manipulaba.

Mientras se levantaba para irse, Ginny entró.

—Has vuelto temprano.

Hermione miró su reloj. Tenía razón. Sus encuentros con Malfoy superaban regularmente la media hora asignada. Era la primera vez que regresaba antes de las 8:30. Normalmente tenía que apresurarse a almacenar los ingredientes de pociones antes de comenzar su turno de las 9:30 en la sala del hospital.

—Día de suerte —respondió Hermione.

—Sí —dijo Ginny, luciendo un poco incómoda—. Emm. Quería... pedirte algo.

Hermione esperó.

Ginny tiraba nerviosamente de su cabello. Lo mantenía corto justo pasando su mentón desde que la habían agarrado de su larga coleta durante una batalla y casi la mata una arpía.

—Yo… bueno… Tú, obviamente, sabes de mí y de Harry.

Hermione asintió brevemente.

—Correcto. Bueno. La cuestión es que quiero tener cuidado. He estado usando el hechizo. Pero, hay algo sobre los Prewett. No son como otras familias mágicas. De alguna manera quedan embarazadas. Ron y yo fuimos accidentes después de que aparecieron los gemelos. Entonces… me preguntaba si podrías hacerme una poción anticonceptiva. Si tienes tiempo. Siempre fui mala en pociones. Si no puedes… está bien. Puedo pedírselo a Padma. Sé que estás terriblemente ocupada. Sólo... no quería que pensaras que no quería pedírtelo a ti.

—Por supuesto. De todos modos, estaré preparando pociones esta noche. Será algo fácil de incluir. ¿Tienes alguna preferencia con respecto al sabor? Los más efectivos no tienen un sabor muy agradable.

—No me importa el sabor si funciona —dijo Ginny con valentía.

—Bueno, ya tengo algunos viales de una variedad. Puedo dártelos ahora, si quieres.

—¿En serio? —Ginny parpadeó y miró a Hermione con sospecha —¿Tú estás…?

Hermione pudo ver a Ginny haciendo una lista de posibles hombres en la vida de Hermione.

—Tú no estás… con Snape ¿verdad? —Ginny de repente se atragantó.

Hermione se quedó boquiabierta.

—¡Dios no! —ella farfulló y agitó las manos como si estuviera tratando de protegerse de algo —. ¡Soy una sanadora! Tengo muchas cosas a mano. ¡Demonios! ¿Qué?… ¿Por qué podrías siquiera...?

Ginny parecía un poco avergonzada.

—Él es la única persona con la que parece que hablas por mucho tiempo. Aparte de Fred, que está con Angelina. Con todos los demás con los que hablas terminas peleando. Y no de la manera que deriva en el sexo candente y furioso más tarde.

—Eso no significa que lo estoy follando —murmuró Hermione, sintiendo como si su rostro estuviera a punto de prenderse en llamas—. Es un colega. Consulto con él sobre pociones.

—Es que sólo pareces estar sola —dijo Ginny, mirando a Hermione detenidamente.

Hermione se sobresaltó ligeramente y miró a Ginny.

—No hablas con nadie estos días —dijo Ginny—. Solías estar siempre con Ron y Harry. Pero incluso antes de que te fueras a estudiar para ser sanadora, parecías estar cada vez más sola. Pensé… que tal vez tenías a alguien. Cierto, Snape sería una elección extraña por muchas razones… pero es una guerra. Es demasiado para que alguien pueda manejarlo solo.

—El sexo catártico es cosa de Ron. No mía —dijo Hermione con rigidez—. Además, no es como si estuviera peleando en el campo de batalla.

Ginny la miró pensativa por un momento antes de decir:

—Creo que la sala del hospital es peor que el campo de batalla.

Hermione miró hacia otro lado. A veces se había preguntado si podría serlo, pero nunca había sido una pregunta que pudiera hacerle a alguien.

Ginny continuó.

—Pienso en ello cada vez que estoy allí. En el campo… todo está muy enfocado. Incluso cuando alguien es herido. Simplemente los apareces y luego regresas. Ganas algo y pierdes algo. A veces te atacan y a veces respondes. Y tienes días para recuperarte si estás mal, o si tu compañero de duelo muere. Pero en la sala del hospital, cada batalla parece perdida. Siempre quedo más traumatizada después de estar allí que peleando.

Hermione guardó silencio.

—Y nunca tienes tiempo libre —agregó Ginny—. Estás de guardia para cada batalla. Nunca te dan tiempo, ni siquiera para dejarte llorar. Sé, por Harry y Ron, que sigues insistiendo en usar las artes oscuras cuando vas a las reuniones de la Orden. No estoy de acuerdo… pero lo entiendo. Me doy cuenta de que ves la guerra desde un ángulo diferente al del resto de nosotros. Probablemente, el peor. Así que... Sólo estoy diciendo que si tuvieras a alguien, me alegraría mucho por ti… Incluso si fuera Snape.

Hermione puso los ojos en blanco.

—Deberías dejar de hablar ahora si todavía quieres esa poción anticonceptiva —dijo Hermione con una mirada fulminante.

Ginny cerró la boca de golpe. Hermione tomó su morral de la cama.

—Vamos. Están en mi armario de suministros de pociones —dijo Hermione, saliendo del dormitorio.

Los viales estaban todos guardados en el estante superior en una caja pequeña. Hermione sacó una docena y las puso en una pequeña funda para Ginny.

—Uno por día. Es mejor si lo tomas a la misma hora todos los días. Haré otro lote esta semana y te daré el suministro para un mes.

—Gracias, Hermione.

Ginny se escabulló y Hermione volvió a guardar la caja en el estante superior.

Había mentido. El anticonceptivo no era una poción que tuviera a mano. Había sido de su reserva personal que había estado tomando como precaución desde el día después de que Moody se acercó a ella para hablarle de Malfoy.

La semana siguiente, Malfoy ya estaba en la cabaña cuando llegó Hermione. Tan pronto abrió la puerta, él la miró con una expresión de leve irritación.

Ella lo miró confundida.

—¿Llegué tarde? —preguntó mirando su reloj.

—No —dijo con tono seco.

Cerró la puerta torpemente y esperó.

—Creo que hemos terminado con oclumancia —dijo él después de un minuto.

—Está bien.

Ella estuvo a punto de abrir la boca para preguntarle si tenía la intención de entrenarla en duelo, pero luego la cerró de nuevo y esperó. Algo en su estado de ánimo la inquietó un poco.

—Comenzaremos con el duelo básico para que pueda ver que tan mal lo haces —anunció él.

Hermione puso los ojos en blanco.

—Bien —dijo ella—. ¿Cuáles son las normas?

—Ninguna para ti. Haz lo que quieras —dijo—. Me limitaré a hechizos punzantes. Quiero ver cuánto tiempo puedes aguantar.

Hermione se sonrojó.

—Sólo te diré que voy a ser horrible.

—Sí. Cuento con eso.

Ella lo fulminó con la mirada, dejó su morral en el suelo junto a la puerta y colocó una protección alrededor. Luego se volvió hacia él.

Draco había cruzado la habitación y estaba apoyado perezosamente contra la pared.

—Bien.

Él metió la mano en su túnica y sacó su varita. Ella ladeó la cabeza.

—Esa no es tu varita del colegio, ¿verdad? —ella preguntó.

Él bajó la vista hacia su varita y la hizo girar entre sus dedos.

—No —admitió—. El pelo de unicornio no manejó muy bien las artes oscuras, así que tuve que reemplazarla. Sigue siendo madera de espino, pero menos dócil, con un núcleo de pelo de dragón. También es unos centímetros más larga.

Él arqueó las cejas de manera sugerente mientras decía la última línea.

Hermione archivó la información para un análisis futuro. Recordó que había un libro sobre teoría de varitas en Grimmauld Place en la biblioteca Black.

Se puso en posición de duelo.

Malfoy se enderezó y entró en la misma posición con una floritura.

Hermione había estado tratando de practicar el duelo cada vez que podía encontrar el tiempo para colarse en la sala de práctica. Ella le disparó un hechizo aturdidor no verbal y él lo desvió fácilmente con un escudo mientras le lanzaba una serie de hechizos punzantes.

Ella lanzó su propio escudo rápidamente y lo mantuvo en su lugar con un hechizo fianto duri. (*)

Malfoy lanzó una interminable serie de encantamientos y derribó despreocupadamente cualquier hechizo que ella le enviaba sin siquiera moverse.

A pesar del bajo impacto del hechizo que estaba usando, la rapidez con la que los lanzaba estaba desgastando el escudo de Hermione.

Antes de que pudiera volver a alzar su escudo, él le disparó un hechizo bajo a sus pies. Ella gritó levemente cuando fue golpeada en el tobillo.

De ahí fue de mal en peor.

Ella saltó hacia atrás sin pensar y quedó desprotegida. Inmediatamente él la golpeó con cinco hechizos adicionales.

—¡Está bien! —ella gritó—. Has ganado. ¡Basta!

—Así no es como funciona, Granger —dijo arrastrando las palabras mientras continuaba lanzándole hechizos no verbales—. En el campo de batalla ganas o mueres. O te escapas.

Hermione esquivó físicamente sus hechizos y finalmente logró relanzar su escudo. Estaba parada con cuidado sobre un pie. Su costado, donde él la había golpeado repetidamente, estaba inflamado.

Ella le lanzó enojada una maldición levemente oscura. No era nada mortal, pero sí más grave que un aturdidor.

Malfoy lo desvió y arqueó una ceja.

—La gatita tiene garras —dijo con fingido asombro.

—Oh, cállate —gruñó ella mientras lanzaba una serie de hechizos no verbales en su dirección.

—Por todos los cielos, Granger, tu puntería es atroz —le dijo mientras seguía ametrallándola con hechizos punzantes—. Ni siquiera me estoy moviendo y estás fallando.

—Me doy cuenta.

—No me extraña que te hayan sacado del combate.

—¡Cállate!

—Toqué una fibra sensible, ¿verdad? —dijo él secamente. Sus ojos grises brillaban y ella se dio cuenta de que la estaba castigando por algo. Lo que fuese que lo estaba irritando cuando ella llegó, se estaba vengando por ello.

Idiota pasivo-agresivo.

Ni siquiera lo estaba intentando. Él ya sabía que ella era pésima y sólo lo estaba haciendo para su propia diversión personal.

Se apartó de sus hechizos y volvió a lanzar su escudo. Ella ya se estaba cansando de la combinación de esquivar y lanzar.

Agarró su varita con más fuerza y siguió adelante hasta que él golpeó la mano con la que la sostenía con tantos hechizos que no pudo aferrarla más.

Su varita cayó al suelo. En lugar de intentar esquivarlo, ella se quedó allí mientras él la golpeaba en el torso y las piernas con docenas de hechizos más.

Entonces, él finalmente se detuvo y ella lo miró fijamente.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó ella.

Él sonrió y guardó su varita.

—He querido hacer esto durante años —dijo él con un brillo de satisfacción en los ojos.

—Ya te había dicho que podías —dijo ella con voz inexpresiva mientras comenzaba a catalogar mentalmente todas las partes de su cuerpo en las que había sido golpeada—, pero supongo que te gusta fingir que me estás dando ventaja.

—No es mi culpa que seas tan patética para defenderte.

—No. Eso es cosa mía —dijo en voz baja, levantando la mano y haciendo una mueca de dolor mientras trataba de mover los dedos.

El daño del hechizo punzante no era permanente, pero tampoco podía revertirse mágicamente. Con la cantidad y concentración que Malfoy había usado le tomaría más de un día antes de que el dolor de todas las ronchas se desvaneciera. Estaba segura de que él había elegido el hechizo específicamente por eso.

—Para que conste —dijo ella, tratando de evitar que le temblara la voz—. Esto califica como una interferencia con mi trabajo. Así que la próxima vez podrías usar un hechizo reversible o apuntar todo en un lugar.

Malfoy no dijo nada.

—Así que… —preguntó ella después de un minuto—. ¿Puedo saber por qué?

—Cuando se trata de maldecirte, Granger, tu mera existencia es razón suficiente.

Ella apretó los labios y tragó saliva. Una sensación de dolor se extendió por su nariz y mejillas, y parpadeó.

—¿Tienes alguna información esta semana?

—No.

—Está bien. Bueno, entonces me iré —dijo, arrodillándose rígidamente y levantando su varita con la mano izquierda. Luego se acercó y se colocó el morral en el hombro, estremeciéndose un poco cuando la correa aterrizó en varias de las ronchas.

Malfoy no dijo ni una palabra mientras ella se marchaba.

Ella se quedó fuera de la cabaña, sintiéndose perdida. No por la crueldad de Malfoy, sino por lo que se suponía que debía hacer. No podía volver a Grimmauld Place y que alguien se diera cuenta de lo que le habían hecho ya que no tendría explicación para eso.

Caminó con cautela hacia un árbol cortado y se sentó en el borde del tocón.

Con un suspiro, se sacó el morral del hombro y comenzó a sacar bolsas y botellas. Tendría que tirar todos los suministros de pociones que había recolectado. Tenían que ser almacenadas con mucho cuidado para mantener su eficacia mágica. No podría realizar el hechizo necesario con su varita en su condición actual.

Con tristeza, tiró los tentáculos de murtlap al suelo. Tendría que atrapar y matar a otro. También tuvo que tirar las alas de hada. Luego, se deshizo del resto hasta que no le quedó nada más que un manojo de ortigas.

Con una mueca, las agarró y las apretó contra ambos tobillos y en ambas manos y muñecas. Luego, también se las frotó suavemente por la cara. Dejó caer las ortigas al suelo y observó cómo la multitud de pequeñas ronchas le formaban ampollas en la piel y oscurecían todos los hechizos que su ropa no ocultaba.

Con un suspiro, se puso de pie y, sosteniendo su varita ligeramente, se apareció de regreso a Grimmauld Place.

—¿Hermione? ¿Qué te pasó? —Angelina preguntó con los ojos muy abiertos mientras ella entraba por la puerta.

—Tropecé y caí en una parcela de ortigas —mintió Hermione.

—Oh cielos —Angelina miró fijamente el rostro de Hermione hasta que comenzó a sonrojarse levemente—. ¿Algo que puedas hacer al respecto?

—Desafortunadamente no. No hay ningún hechizo para las picaduras de ortigas. Deberían desaparecer en un día. Pero no pude recolectar muy bien. Así que tendré que ir de nuevo mañana.

—Lástima. Tu pobre rostro.

Hermione se encogió de hombros levemente.

—Mis manos están peores. Tengo que ir a decirle a Pomfrey. No estoy segura de que me vaya bien hoy en la sala del hospital.

Debido a los hechizos de Malfoy, Hermione se encontró inesperadamente con un día libre. No es que pudiera disfrutarlo mucho sin poder usar sus manos. Ni siquiera podía doblar los dedos lo suficiente para agarrar y pasar la página de un libro.

No recordaba la última vez que había tenido tiempo libre. Cada vez que tenía tiempo libre para relajarse, lo usaba para preparar algunas de las pociones más complejas o reabastecer sus suministros de pociones.

Se sentó y miró por la ventana del ático, mirando a los muggles que pasaban.

Se preguntó qué era lo que había provocado a Malfoy.

Se preguntó si quizás ser hechizada por él podría ser una buena señal. Eso significaba que ella se estaba acercando a él, por lo que arremetió contra ella a la defensiva. Curarlo la semana anterior había sido un cambio en su interacción, probablemente había visto el hechizarla como una forma de ponerla de nuevo en su lugar.

Había sido tan vengativo.

El entrenamiento en oclumancia había dolido mucho más, pero había sido constructivo. Había un objetivo en el dolor. Había pociones para lidiar con las migrañas.

Hechizarla sólo había sido por maldad.

Era una forma basura de evaluar sus habilidades de lucha, porque una vez que él la golpeó con los hechizos, no podría empezar de nuevo hasta dentro de una semana. Si hubiera querido poner a prueba su puntería o resistencia podría haberla inmovilizado, petrificado o aturdido repetidamente.

No había usado ningún hechizo serio o permanente, presumiblemente porque se contradecía con ese código moral del que tanto presumía. Su "línea ética". No le gustaba pensar en sí mismo como un sádico o vengativo. Probablemente se dijo a sí mismo que le estaba dando una oportunidad. Que se lo merecía cada vez que la golpeaba un hechizo porque debería haberlos esquivado.

No quería pensar en sí mismo como cruel.

Probablemente pensaba que era mejor que eso.

Hermione se miró las manos.

En la gran escala del dolor y la crueldad, los hechizos punzantes apenas se registraban. Sin embargo, emocionalmente, descubrió que la experiencia la había devastado más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Apretó los ojos en el hueco de su brazo mientras trataba de no llorar.

Las lágrimas se escaparon de todos modos.

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(*) Fianto duri es un encantamiento que, cuando se lanza en combinación con Protego maxima y Repello inimicum, evoca una barrera mágica de protección casi impenetrable.