Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción por Ileana Cs.

Beteado por Sunset82 y Paandreablack ¡Bienvenida!


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 37

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Agosto 2002.

"Encuentra lo que maneja a cada uno. El arte de mover las voluntades de las personas implica más en destreza que resolución. Debes saber cómo llegar a la otra persona… Primero evalúa el carácter de alguien y luego toca su punto débil"

Hermione se quedó despierta la mitad de la noche volviendo a analizar a Draco. Desechó por completo su cuaderno de notas y comenzó uno nuevo.

Se sentía como si estuviera llena de nuevas teorías sobre él. No estaba segura si alguna de ellas estaba basada en la realidad o si simplemente surgieron por su falta de sueño, pero sentía como si hubiera dado con algo. Como si hubiese entrado a una bóveda muggle y por fin hubiera escuchado el primer clic de la combinación correcta. Una cálida sensación de júbilo la hizo sonreír para sí misma mientras preparaba pociones ese día.

Su corazón se sentía casi ligero.

Esto podría funcionar. Ella podría ganar. Podría someterlo, asegurar su lealtad.

No se había dado cuenta de que la creencia de que él era sólo un monstruo con código moral la había convencido de que nunca podría tener éxito. Había tenido la certeza de que, eventualmente, la mataría junto con todos los demá idea se había consolidado. A pesar de su gran confianza en la oclumancia, su convicción había mermado por la forma en la que pensaba en él y cómo lo trataba.

A pesar del juego que tenían. Él la había besado y enseñado oclumancia. Le dijo que podía negarse. Y ella lo sanó y siguió sus instrucciones sobre duelo y ejercicios. Pero debajo del aprendizaje y las medias cordialidades, siempre se sintió que eran como dos serpientes esperando a que la otra atacara primero.

Ahora, lo estaba reconsiderando.

No era un monstruo. No del todo. Estaba intentando arreglar algo, estaba intentando hacer enmiendas de algún tipo. No por matar a Dumbledore o a alguien más, pero era por algo.

Sabía que estaba condenado. A lo largo de su trayecto, algo había pasado que lo hacía estar dispuesto a sufrir, incluso morir por ello. Algo que intentaba corregir. No era un espía por la ambición. No estaba intentado jugar con la Orden y los mortífagos para enfrentarlos y salir ganando. Estaba intentando arreglar algo.

No era la guerra, ni la matanza Pero había algo que intentaba enmendar.

Su evaluación inicial había sido acertada; Draco Malfoy no era puro hielo. Debajo de la letalidad, la rabia y la oscuridad, había algo más en él. Ella podía utilizarlo.

Hermione dudaba que él le dijera cuál era su motivo. Claramente, estaba determinado a no revelarlo. Jugaba a desviar la atención hasta dejarla confundida, pero ella podía ser paciente. Ahora que había descifrado que ser espía era una especie de penitencia por… algo. Si ahora se rehusaba a realmente odiarlo, si seguía siendo amable, reconfortante, interesante e inteligente para él, podría encontrar una forma de entrar.

Podría ganar.

Al acercarse la noche, se preparó para salir a atender su espalda, tomó un momento para hacer una pausa y tranquilizarse.

Tenía que empezar de nuevo.

Había algo entre ellos que… que le costaba permitirse pensar con demasiada atención. Una tensión entre ellos que probablemente había arruinado con su arrebato.

Tenía que volver a cultivarla de nuevo, con cuidado.

Tenía que ser sutil.

Sutil como el veneno.

Hermione cerró los ojos y se desplazó entre sus recuerdos, separando sus sentimientos más fuertes y dejándolos de lado.

Reprimiendo su euforia, su efervescente sensación de confianza interna, los oprimió hasta que tuvo la mente despejada, hasta estar concentrada.

Se apareció en la cabaña un minuto antes de las ocho.

Cuando Malfoy apareció, lo contempló por un momento antes de bajar la mirada, mordiendo su labio y jugando nerviosamente con sus cutículas.

—Lo siento —balbuceó ella—, tenías razón. Anoche fui descuidada. No pasará de nuevo.

Miró a través de sus pestañas para ver si Malfoy estaba remotamente convencido por su disculpa.

—Bien —dijo él, contemplándola del otro lado del cuarto—. No soy tu guardián. No estoy interesado en tener que vigilarte para mantenerte viva.

—No pasará de nuevo —reiteró ella.

La observó por un momento y luego apartó la mirada, convocando una silla del otro lado del cuarto y sentándose a horcajadas, mientras empezaba a desabotonarse la camisa. Hermione la apartó de sus hombros y examinó las runas.

Posó sus dedos suavemente en su hombro mientras se inclinaba hacia adelante para ver mejor. Malfoy no se inmutó cuando ella lo tocó. Sin embargo, se tensó un poco.

—¿Tienes un horario en el que quieres que cierre las incisiones? —preguntó ella en voz baja, mientras usaba sus dedos y varita para quitar el ungüento e inspeccionar los crudos bordes de los cortes.

Todavía se veía insoportablemente doloroso. No estaba segura de cómo es que Malfoy se mantenía si quiera activo, menos apareciéndose, muchísimo menos batiéndose en duelo. Cada vez que veía las heridas, le daban escalofríos.

Él no dijo nada.

Ella apoyó la mano en su columna.

—Ahora voy a usar el hechizo de limpieza.

Sintió a Malfoy tensarse bajo su mano y vio sus nudillos blanquearse ligeramente. Contó hasta tres y realizó el hechizo.

Todo su cuerpo se estremeció débilmente.

—Lo siento —dijo ella—. Si hubiera alguna forma de sanar esto más rápido, o al menos aliviar el dolor, lo haría.

—Estoy consciente de eso —dijo él con voz tensa.

Ella aplicó el ungüento tan suave como pudo.

—¿Puedes el lunes? —preguntó ella, pasando las yemas de sus dedos por sus hombros descubiertos, intentando liberar la dolorosa tensión que emanaba de él—. Puedo saltarme la cena si necesitas que venga antes.

—Lunes —dijo él después de una pausa—. A las ocho está bien.

—Está bien.

Volvió a conjurar los hechizos protectores. Entonces estudió las runas de nuevo, rozando los dedos cerca de las mismas. Apenas podía sentir la magia en ellas. La había absorbido, se había vuelto una parte de él.

Apenas y podía sentir algo de magia oscura alrededor de él. Ya no más. No durante semanas.

—¿Tú… sientes las runas? —preguntó ella—. ¿Puedes darte cuenta si te están afectando?

Él pareció considerarlo.

—Sí —dijo después de un momento, enderezándose—. No contradicen mi propio comportamiento, pero es como si se hubieran añadido nuevos elementos. Es más fácil ser despiadado. De alguna forma, es más difícil persuadirme de ser impulsivo. No es que me haya distraído mucho antes, pero ahora todo lo demás se siente menos relevante.

Hermione leyó el juramento de nuevo.

—¿Sabías, mientras él te cortaba, qué runas estaba escogiendo? —preguntó ella.

—Yo las elegí —respondió él, poniéndose la camisa y volviendo a abotonarla.

Hermione lo miró atónita.

—Era mi castigo. De por sí me tenía que humillar. Si las escogía, era capaz de asegurarme que él no iba a poner nada problemático. Por eso es por lo que son tantas, no quería dejar espacio para futuros juramentos adicionales. Él tenía que estar convencido de mi remordimiento —dijo mientras se levantaba. Sus ojos le recordaron a Hermione una tormenta.

—Aunque… —dijo él, y su labio se curvó ligeramente, la furia en sus ojos se volvió obvia—…. él no mencionó que podrían tardar tanto en sanar después del hecho. En retrospectiva, debí haber anticipado ese castigo adicional.

—Cuando las cierre, tomará un tiempo para asegurar que el tejido cicatricial no restrinja tu movimiento. Tendrás que permanecer despierto para decirme. Tal vez… quieras traer algo para beber.

Los ojos de Malfoy se estrecharon y contempló a Hermione por varios segundos.

—No voy a beber cerca de ti, Granger.

Ella se encogió de hombros.

—Sólo es una sugerencia. Traeré algo en caso de que cambies de opinión. Pero imagino que el alcohol que puedo costear no será tan caro como el que te gustaría.

Él resopló.

—Lo tendré en cuenta.

Desapareció sin decir otra palabra.

La noche siguiente él estaba de mal humor y Hermione se contuvo de hablar con él mientras lo atendía. Sin embargo, notó que él comenzaba a relajarse un poco bajo su toque. Ella dudaba que él fuera si quiera consciente de eso.

Hermione, por su parte, se dio cuenta que se sentía más cómoda cerca de él. Sin la contaminación de la Marca Tenebrosa emanando de él, su miedo instintivo se había esfumado. No dudaba al tocarlo, no experimentaba ningún hormigueo de temor que recorriera su espalda. Ya no se sentía tensa, esperando a que él perdiera el control.

Él se sentía familiar.

El sábado, por fin hizo efecto en las incisiones un hechizo relajante que conjuró y Draco se estremeció muchísimo menos cuando realizó el encantamiento de limpieza.

—El veneno por fin se ha ido —le dijo ella con alivio. Convocó su morral y hurgó en busca de una poción analgésica que había desarrollado ella misma. Sacó algo de tela y, después de aplicar un hechizo de barrera en su mano para no perder la sensibilidad, vertió el analgésico hasta que la tela quedó empapada.

—Esto se sentirá frío y punzante por un momento, pero adormecerá las incisiones —dijo ella—. Voy a empezar en la parte superior de tu hombro izquierdo.

Posó los dedos justo encima de la primera runa por un segundo antes de extender la tela sobre su hombro y presionar ligeramente en las incisiones que estaban debajo. Él tembló.

Fijó un cronómetro para el hombro izquierdo y volteó a atender el derecho.

—Ya no deberían de doler, pero siguen siendo heridas abiertas en tu espalda —dijo ella—. No vayas a hacer algo estúpido como meterte en una pelea con un hombre lobo sólo porque ya no tienes un dolor agonizante.

—¿Vas a cancelar mi sesión de pelea con hombres lobo del martes? —preguntó él con sarcasmo.

Hermione rodó los ojos.

—Aconsejaría darle al tejido cicatricial al menos tres días para que se asiente, antes de pelear con cualquier hombre lobo.

Él se rio por lo bajo.

La conversación se estancó después de eso, pero la tarde terminó con un tinte sorprendentemente cordial.

Hermione estaba, de alguna forma, de buen humor cuando apareció en Grimmauld Place. Mientras subía las escaleras, su brazalete repentinamente se volvió rojo ardiente.

Abrió la puerta de golpe y se encontró con un caos. Había manchas de sangre en todo el piso.

—¡Hermione! —le gritó Neville—. Es Ginny.

Hermione subió corriendo las escaleras lo más rápido que pudo, esquivando la sangre derramada en el suelo.

Harry, Ron y el resto de los Weasleys residentes estaban ahí. Pomfrey y Padma merodeaban cerca de la cama en la que yacía Ginny.

—¿Qué pasó? —demandó ella, tirando su morral y acercándose apresurada. Ginny estaba inconsciente y tenía un corte largo e irregular que atravesaba su rostro. La sangre emanaba de él.

—Una maldición de necrosis le dio en la mejilla —dijo Pomfrey, entre hechizos —. Lo cortaron lo más rápido que pudieron, pero nunca hemos tenido a alguien que haya logrado regresar después de haber sido golpeado en la cabeza.

—¡Padma! ¡Poción reabastecedora de sangre! —ordenó Hermione mientras lanzaba sus propios hechizos. La lesión cerebral no era una de sus especialidades. Normalmente, cuando las maldiciones llegaban al cerebro, el daño era irreparable.

Conjuró los hechizos de escaneo cerebral más complejos que conocía y los estudió.

—No llegó al cerebro —jadeó ella aliviada. Entonces lanzó otro diagnóstico sobre la cabeza de Ginny. Los irregulares y apresurados cortes hicieron que fuera difícil leer cualquier otro detalle. No podía ver ningún indicador obvio de necrosis remanente, pero Hermione no confió en que el destino fuera amable. Le arrebató su varita a Pomfrey de la mano sin preguntar, murmuró un hechizo y comenzó a usar la segunda varita para escarbar en las capas del diagnóstico, buscando por cualquier rastro de podredumbre escondido tras todo el daño en el tejido que estaba leyendo por el proceso de remoción.

Ahí estaba…

—Hay necrosis en sus huesos cigomático y frontales. Tengo que extirparlos ahora —dijo Hermione—. ¡Todo el mundo afuera!

Hubo protestas, las cuales ella ignoró mientras conjuraba más hechizos para contener la sangre, intentando ver exactamente el lugar en el que la maldición seguía consumiendo a Ginny.

—Denle una gota de filtro de muertos en vida —le ordenó a Padma, quien sólo había vertido pociones reabastecedoras de sangre en la garganta de Ginny —. Va a retrasar su curación, pero no podemos arriesgarnos a que se mueva.

Hermione apretó los dientes y rezó mientras invocaba pociones de su gabinete y comenzó a conjurar una serie de intrincados encantamientos y protecciones sobre la cabeza de Ginny. Muchos de los cuales nunca había utilizado antes o sólo en una ocasión.

Intentar remover cualquier sección del cráneo era terriblemente riesgoso en cualquier situación, pero mucho peor cuando se intentaba hacerlo rápidamente. Iba a exponer los senos nasales, Ginny perdería toda la cuenca del ojo y parte de su lóbulo frontal quedaría expuesto hasta que los huesos volvieran a crecer.

Mirando a los puntos negros en el cráneo expuesto de Ginny, que ahora estaban creciendo frente a sus ojos, Hermione conjuró un hechizo para remover el cabello y entonces untó una espesa poción púrpura, muy cuidadosamente, alrededor de los bordes del corte y luego por más de la mitad de la cabeza y rostro de Ginny. Cuando estuvo cuidadosa y equitativamente esparcida, Hermione conjuró un hechizo de fijación. La poción se endureció y lucía como un caparazón. Un exoesqueleto.

Hermione respiró hondo para serenarse y desvaneció cada sección del cráneo de Ginny.

La poción del exoesqueleto sostuvo externamente las áreas que ya no tenían hueso como estructura para sostenerlas. Hermione volvió a conjurar el diagnóstico y revisó repetida y cuidadosamente. La necrosis se había ido. Los huesos habían sido removidos antes de que la maldición llegara al cerebro de Ginny.

Hermione colapsó ligeramente y se vio tentada a sollozar de alivio. Había estado tan cerca. Tan, tan cerca. Más cerca de lo que nunca le diría a nadie.

Estabilizó sus manos y le administró una poción crece-huesos. Añadió varias guardas de monitoreo y muchas más guardas protectoras alrededor del cerebro expuesto de Ginny. Entonces puso un cronómetro.

Con la interferencia del filtro de muertos en vida, la regeneración del hueso tomaría diez horas. No podía empezar a reparar el corte hasta que los huesos volvieran a crecer completamente o el tejido no tendría nada sobre lo que formarse. Ginny tendría una cicatriz horrible por el resto de su vida, pero viviría. Quienquiera que hubiera cortado la necrosis, lo había hecho lo suficientemente rápido como para salvarla.

Hermione tomó la mano de Ginny con la suya y la acarició gentilmente. Estaba cubierta en sangre. Hermione conjuró hechizos para limpiar el cuerpo de Ginny y la cambió a ropas de hospital con unos cuantos movimientos de su varita. Luego, conjuró hechizos de diagnóstico sobre su cuerpo para asegurarse de que no estaba herida en alguna otra parte.

Tenía un rasguño en sus pantorrillas y un moretón en un brazo, algo que arregló en pocos minutos.

Hermione se detuvo y tomó ambas varitas frente a ella.

—Lo siento —dijo ella, devolviéndole su varita a Poppy. Tomar la varita de una persona sin su permiso era gravemente ofensivo.

Poppy guardó su varita con una expresión de conmoción.

—Ya había realizado cuatro diagnósticos antes de que vinieras y ninguno de ellos había mostrado el remanente de la necrosis ósea. Nunca antes había visto un diagnóstico diseccionado de forma composicional. Me alegra que no hayas perdido el tiempo pidiendo permiso.

—Leí sobre él en un libro de teoría curativa. Los diagnósticos cerebrales son difíciles. Hay tanta actividad que la magia aumenta. Es difícil, incluso para los especialistas, leer uno rápidamente. Sólo tuve suerte de que funcionara.

Hermione suspiró y quiso tomar asiento. Ahora que la crisis había pasado, podía sentir el martilleo de su corazón y sus manos temblando. Se sintió mareada y al borde de caerse de espaldas.

—Debería ir a decirles a todos que está bien —dijo ella, temblorosa.

Harry y Ron y casi todos en Grimmauld Place estaban esperando fuera del ala de hospital.

—Ella está bien—Hermione dijo mientras abría la puerta—. Estará bien.

Harry dio un sollozo y se desplomó contra la pared.

—Oh gracias, Merlín —murmuró Charlie.

Ron se frotó los ojos y Hermione vio sangre en sus manos y sobre toda su ropa. Se acercó a él y lanzó un sutil diagnóstico mientras lo hacía. No estaba herido. Era toda la sangre de Ginny.

—¿Tú removiste la necrosis? —le preguntó a Ron.

Él asintió y sus pálidos ojos azules se inundaron brevemente con lágrimas. Todo su cuerpo estaba temblando, como si estuviera a punto de entrar en shock.

—La salvaste, Ron —dijo ella, arrastrándolo a un abrazo—. Le diste suficiente tiempo para volver. Si no lo hubieras hecho, habría sido demasiado tarde, o habría perdido el ojo. Tendrá una cicatriz, pero va a estar bien.

—Oh Merlín —Ron colapsó ligeramente en los brazos de Hermione—. Lucius apareció. Nos aparecimos, pero cuando llegamos nos dimos cuenta de que Ginny había sido atacada. Cuando la vi…

Se pasó las manos por los ojos, lo que causó que su pálida piel quedara manchada de sangre. Sus manos temblaban incontrolablemente.

—Todo en lo que podía pensar era en cuando papá regresó y después de lo de George y, ahora Gin… y yo… ella me miró y supe que tenía que intentarlo. Era… era peor que nada…

Ron sollozó y enterró su rostro en el hombro de Hermione. Ella lo envolvió con sus brazos fuertemente.

—Sólo seguí diciéndome que era para salvar… la —él balbuceó en su hombro —. Mamá… le prometí a mamá que la mantendría a salvo… le dije que nunca dejaría que algo le pasara a Gin.

—Sí la salvaste —le dijo Hermione al oído—. Hiciste exactamente lo que tenías que hacer.

—Voy a matar a los Malfoy —murmuró él en su oído —. Lucius y Malfoy, voy a matarlos a ambos. No importa si tengo que esperar hasta después de la guerra para hacerlo. Esa familia merece morir.

Hermione no dejó que los círculos que estaba frotando en los hombros de Ron flaquearan. Sólo lo abrazó más fuerte.

El juramento de matar a los Malfoy era un dicho que iba en aumento entre los Weasley; la principal excepción ante su firme oposición a matar. Había comenzado después de la muerte de Dumbledore, pero se había vuelto más frecuente después de que Bill había regresado de una misión arrastrando a su padre en llanto. Lucius Malfoy se había propuesto identificarse a sí mismo inmediatamente después de maldecir a Arthur con un hechizo oscuro que había resultado en darle a Arthur la capacidad mental de un niño de dos años.

Hermione había estudiado cada manual de sanación y libro de maldiciones oscuras que había sido capaz de conseguir, pero nunca logró descubrir cuál maldición era o una manera de revertirla o disminuir los efectos.

De alguna manera, Hermione pensaba a veces con culpabilidad, era peor que si Arthur hubiera muerto. Probablemente esa era la intención de Lucius. Arthur Weasley se había ido, pero no del todo. Su yo amistoso, curioso y afectivo permanecía atrapado en el cuerpo de un hombre de mediana edad y en la mente de un niño. Necesitaba ser vigilado constantemente. A él le importaba muy poca gente, y tendía a tener explosiones de magia accidental y convulsiones menores cuando se molestaba. Su pérdida fue impactante, doble derrota para la Orden. Molly tuvo que retirarse casi por completo para cuidar de su esposo a tiempo completo. Se lo había llevado a vivir a una de las casas seguras del hospicio. Cuando George pudo dejar el ala de hospital de Grimmauld Place, se unió a su madre en el cuidado de su padre.

—Eres un buen hermano —le murmuró Hermione a Ron.

Cuando sus temblores finalmente se suavizaron, ella se apartó un poco para hacer la pregunta que tenía en mente.

—Ron, ¿puedes decirme qué usaste para remover la necrosis? ¿Fue con un hechizo o con un cuchillo?

—Un cuchillo, uno de los de la bóveda de Harry —respondió él.

—¿Puedo verlo? —preguntó con firmeza.

—Seguro —dijo Ron, algo confuso. Miró alrededor todavía algo aturdido —. Creo que está en el piso de abajo. Neville tiene nuestras cosas.

Hermione retrocedió y asomó la cabeza hacia el ala del hospital.

—Poppy, ¿puedes revisar si Harry y Ron están heridos? ¿Y administrarles un filtro de paz? Doble para Ron. Necesito revisar algo.

Hermione bajó las escaleras. Neville y Hannah Abbott estaban trapeando el piso con magia.

—Nev, ¿puedes mostrarme la mochila de Ron?

Él señaló con la cabeza a un rincón.

—Es la que está llena de sangre. Todavía no la he limpiado.

Hermione fue hacia ella y hurgó cuidadosamente. El contenido había sido arrojado al azar. Había sangre escurriéndose en todas partes. Abrió un bolsillo externo en el que visualizó el mango de un cuchillo.

Lo sacó cuidadosamente. Había sido forjado por duendes, como suponía.

Lo llevó a la cocina y lavó la sangre. Entonces, sacó una pequeña pieza de pollo crudo de la basura y deslizó ligeramente toda la hoja del cuchillo en la carne. El filo mágico la cortó sin problemas. Hermione depositó el cuchillo cuidadosamente a un lado y observó el pollo.

Pasó un minuto. Luego dos. Hermione se preguntó si había estado equivocada. Entonces, un pequeño punto negro apareció en el pollo. Ella lo contempló y vio cómo, lentamente, se hacía cada vez más grande en los siguientes minutos.

Hermione le lanzó un hechizo de estasis, pero no tuvo ningún efecto en la putrefacción que se expandía continuamente por la carne.

Conjuró un hechizo de barrera en la hoja del cuchillo, y varios hechizos de protección. Lo envolvió en varias toallas y puso un hechizo repelente encima de todo. Luego lo colocó en un cajón, el cual cerró bajo llave con una trampa explosiva, varios hechizos punzantes y una alarma.

Se dio la vuelta y regresó al ala del hospital.

Harry estaba sentado al lado de Ginny, sosteniendo su mano. Sus ojos se veían enormes y devastados, y su piel era pálida. Estaba mordiendo su labio nerviosamente. Cuando Hermione posó suavemente su mano sobre su hombro, él se sobresaltó y la miró fijo.

Sonrió levemente. Una sonrisa de hospital. Una sonrisa forzada. Una fachada, una débil tensión facial que se daba con la intención de aparentar coraje o incondicionalidad, pero que siempre lucía fracturada.

Cuando Ginny despertara, ella utilizaría la misma expresión al asegurarle a todos que estaba bien, que no le importaba la cicatriz, que realmente estaba bien.

Hermione le sonrió tristemente a Harry y conjuró una silla para unirse a él.

—Ella no debió haber ido —dijo Harry, después de un minuto.

—La Orden decidió cuál sería el mejor equipo, ella no estaba ahí por ustedes dos —dijo Hermione—. El rencor de Lucius no tiene nada que ver con que Ginny y tú estén juntos.

—Voy a tener que decirles que ya no nos emparejen —dijo Harry, alzando la vista de la mano de Ginny para mirar a la distancia.

Se veía aturdido y sus brillantes ojos esmeraldas no parecían ver el ala del hospital. Hermione reconoció su expresión. Estaba de vuelta en la misión, reviviéndola una y otra vez, para reprocharse lo que había salido mal.

—Todo fue mi culpa —dijo él. Su voz era débil y un poco temblorosa—. Debí haber puesto antes las barreras de protección. La misión era tan fácil. Sin sentido. Era como un viaje con ella y Ron. Como si estuviéramos acampando por diversión. Bajé la guardia.

Hermione no dijo nada. Era una confesión. Estaba tan aturdido y afligido que había cosas que necesitaba decir. Sólo necesitaba expresarlo. No le podía decir a Ron. Se sentía demasiado culpable como para dirigirse a Ginny, quien estaba a su lado.

Hermione había escuchado muchas de esas confesiones, dadas en vigilia al lado de la cama en el ala del hospital. A veces se sentía como un sacerdote.

—Después de que escapamos… cuando vi su rostro… me congelé —dijo él, después de varios minutos de silencio—. Cuando vi que la habían atacado. Yo no… ella comenzó a llorar y Ron la aturdió. Y yo solo me quedé ahí. Me quedé ahí parado mientras él le cortaba la cara; apenas pude aparecernos de regreso. Ron ya había hecho casi todo. Fue como con Colin; sólo me paralicé.

—Nadie pudo haber salvado a Colin —Hermione dijo en voz baja.

—¡Pude haber ayudado a salvar a Ginny! —soltó Harry, repentinamente furioso —. ¿Y si ella hubiera muerto? ¿Y yo sólo me hubiera quedado ahí? La mujer que amo… la hermana de mi mejor amigo. Sólo me paralicé y vi como su cara se empezaba a pudrir…

Soltó la mano de Ginny y se quitó las gafas, frotando sus ojos.

—¿Y si hubiera muerto? ¿O si se hubiera vuelto como Arthur? ¿Porque fui descuidado y no levanté las protecciones?—la voz de Harry temblaba y sus manos estaban cerradas en puños. Hermione pudo sentir la magia emanando de él conforme su culpa y sus emociones continuaron creciendo.

Hermione conjuró una jarra de filtro de paz y transfiguró un pedazo de tela de algodón en una copa, la cual llenó. La sostuvo y esperó un momento para dársela a Harry. Si se la daba antes, sería derramada en una pared.

—Nadie puede reaccionar perfectamente todo el tiempo —dijo ella.

—No puede pasar de nuevo —dijo Harry rotundamente—. No voy a arriesgarme.

Hermione no dijo nada y después de un minuto Harry se desplomó sobre ella. Le puso la copa de filtro calmante en la mano. Entonces posó su cabeza sobre la de él.

—Ella va a estar bien —dijo ella—. Lo prometo. Ella está bien.

Harry asintió y Hermione se dio un momento para sólo estar con él. Su mejor amigo.

La mayoría de los días se sentía como si vivieran en mundos separados.

El niño que la salvó de un troll; por quien había preparado poción multijugos; con quien viajó en el tiempo para salvar a su padrino; el amigo al que le enseñó el hechizo accio. Con quien formó el Ejército de Dumbledore.

Él había continuado como un héroe, pero por alguna razón, el camino de Hermione se había separado del suyo.

La veía como una sanadora, pero muy rara vez como su amiga.

Ella pasó los dedos por su caótico cabello.

—Ginny está enamorada de ti, lo sabes —dijo ella—. No la alejes. No le hagas eso a ella. No te lo hagas a ti. Ambos ya están en peligro por esta guerra. No deberías renunciar a la felicidad que ya tienes. No dejes que Tom te quite eso.

Harry no dijo nada, pero se tomó el filtro de paz mientras miraba a Ginny.

—¿Puede oírme? —preguntó él después de varios minutos, su voz era triste y esperanzada.

—No, lo siento. La puse en estasis hasta que sus huesos vuelvan a crecer y pueda arreglar el corte. Sería peligroso para ella moverse cuando su cerebro está expuesto. Estará despierta mañana.

Se sentaron juntos en silencio por varios minutos, hasta que un bulldog plateado entró volando al ala del hospital.

—Potter, Granger, reporte de misión en cinco minutos—gruñó la voz de Moody antes de que el patronus se desvaneciera.

Harry suspiró y se levantó.

—Supongo que te veré ahí —dijo él, apretando la mano de Ginny una última vez.

Hermione lo vio salir y luego volteó a ver a Ginny. Conjuró unos cuantos diagnósticos para confirmar que todo estuviera estable y regenerándose en la forma en la que tenía que ser. Entonces bajó las escaleras y tomó el cuchillo del cajón de la cocina antes de ir al comedor, donde se llevaban a cabo las reuniones de la Orden.

Remus y Tonks ya estaban ahí y le sonrieron a Hermione cuando entró y fue a su asiento. Bill entró unos cuantos minutos después. Él y Fleur se turnaban la asistencia a las reuniones, para que uno de ellos siempre estuviera vigilando la prisión. Charlie le siguió, aún se veía tan pálido como cuando Hermione había anunciado que Ginny iba a estar bien. Neville entró después, seguido por Amelia Bones. Luego Ron y Harry. Kingsley Shacklebolt y Alastor Moody entraron tras ellos.

Era menos de un cuarto de la Orden. Sólo un puñado de miembros habían sido informados sobre los horrocruxes. La Orden había aprendido, por malas experiencias, el peligro de dejar que muchos supieran demasiado, cuando el oponente era un habilidoso legeremante. Molly y Minerva rara vez asistían a las reuniones, aun cuando técnicamente estaban en un elevado escalón de la inteligencia y podían recibir toda la información. Severus sólo asistía a reuniones de alta importancia que le fueran notificadas con más tiempo.

—Harry, Ron, nos gustaría un reporte completo de su búsqueda de horrocruxes —dijo Kingsley sin ningún preámbulo.

—No hay nada que reportar —dijo Harry tajante—. Fuimos hasta Albania y no pudimos encontrar nada. No vimos a nadie ni tuvimos ningún problema hasta que Lucius apareció.

—¿Cómo los encontró Lucius? —preguntó Moody, su ojo iba lentamente de Harry a Ron.

—No lo sé —dijo Harry—. Habíamos empezado a armar el campamento. No había protecciones, pero habíamos estado ahí menos de quince minutos.

—¿Dónde estaban?

—En algún lugar en Francia o Bélgica, creo. En un bosque. Estábamos planeando aparecernos durante todo el camino de regreso mañana.

Hubo varios minutos de silencio.

—¿Tienen algo más que reportar? —dijo Kingsley.

Harry y Ron se miraron mutuamente y negaron con la cabeza.

La expresión de todos se endureció de decepción.

Hermione respiró profundo y se preparó. Había una posibilidad de que sólo estuviera siendo pesimista, pero dado su historial en reuniones de la Orden, no se sentía particularmente esperanzada por la reacción de lo que estaba a punto de anunciar.

—Yo tengo algo que reportar —dijo ella, en voz baja.

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NdT: chan chan chaan…. ¿Qué será lo que Hermione descubrió? No se preocupen que pronto lo sabremos.

Siempre admiro el vocabulario tan preciso que Sen maneja para este tipo de escenas, es impecable y te hace sentir cada emoción.

Quiero agradecer a Paandreablack. Nuestra nueva beta, es la que se va a encargar a corregir los capítulos. Pueden visitar su perfil tanto en esta plataforma, como AO3 y Watpadd. Tiene Dramiones muy interesantes tanto traducciones como trabajos originales. ¡Gracias, Pao!

Muchisimas gracias por todos sus reviews y mensajes, significan muchísimo para mí.. Gracias. Espero que se encuentren bien. A cuidarse y nos vemos pronto. Las quiero un inmesamente.

*12 de enero de 2022*