Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.

Traducción por Ileana Cs.

Beteado por Sunset82 y Paandreablack


Manacled

por SenLinYu

Capitulo 38

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Agosto 2002.

Todos miraron bruscamente a Hermione.

Ella dejó el cuchillo sobre la mesa y conjuró un rápido hechizo para desenvolverlo.

—La misión sí sirvió para algo. Creo que he descubierto cómo podemos destruir los horrocruxes, asumiendo que podamos encontrarlos. He estado estudiando cómo las armas forjadas por duendes absorben lo que sea que las hace más poderosas. No estaba segura de cómo funcionaba la absorción, si requería de algún hechizo o no. Pero cuando estaba curando a Ginny, noté que en los lugares donde la necrosis seguía esparciéndose había pequeños cortes en el hueso. Tuve una idea, así que después fui a buscar el cuchillo que fue utilizado para remover la maldición.

Levantó el cuchillo con cuidado.

—Este cuchillo forjado por duendes ahora tiene la maldición de necrosis en su hoja. Lo confirmé en la cocina y puedo demostrarlo si alguien necesita verlo. Cuando cortaron la maldición de Ginny, la hoja debió haber tocado la necrosis y absorbido la magia. Así que cuando tocó los huesos del cráneo de Ginny, esparció la maldición a otros lugares.

Ron palideció y se veía listo para vomitar. Hermione le dio una mirada de disculpa.

—Ginny va a estar bien y nadie podía adivinar que eso iba a pasar. Una hoja forjada por duendes era una elección lógica, porque sería más fiable al cortar que un cuchillo no mágico —le dijo ella con firmeza.

—Pero me dio una idea —continuó ella—. Acerca de cómo podríamos destruir los horrocruxes. Sabemos que son peligrosos y difíciles de destruir, porque incluso Dumbledore fue maldecido mortalmente al destruir uno. Harry destruyó el diario con un colmillo de basilisco, pero no podemos acceder a uno a menos que entremos a Hogwarts y vayamos a la Cámara de los Secretos. Pero tenemos la espada de Gryffindor y creo que si la usamos, puede destruir los horrocruxes.

Todos en el cuarto estaban mirando a Hermione sin comprender.

—Fue forjada por duendes —señaló ella—. Y Harry la usó para matar al basilisco. Así que debe estar impregnada con el veneno del basilisco.

Miró alrededor tratando de evaluar las reacciones. Moody y Kingsley se veían pensativos. Ron seguía pálido.

—Podría ser cierto —dijo Remus lentamente, acariciando su barbilla de manera pensativa—. Lo que dices sobre los materiales forjados por duendes es cierto.

—¿Sabemos dónde está la espada de Gryffindor? —preguntó Bill.

—Creo que Minerva la tiene— dijo Neville—. Creo que la vi cuando estaba ayudando con el jardín en Caithness.

—Le preguntaremos a Severus sobre el veneno— dijo Moody—. Si alguien sabe algo seguro es él.

Harry y Charlie hicieron muecas ante la mención de Snape.

—Me puedo reunir con él —Se ofreció Hermione—. De todas maneras, tengo que hablar con él sobre algunas pociones y maldiciones.

—Está bien, repórtate conmigo después de eso. No nos reuniremos de nuevo hasta la siguiente semana —dijo Moody asintiendo.

—Deberíamos hacer algo con ese cuchillo —dijo Remus—. No es seguro, alguien podría tomarlo.

Hermione lo empujó al centro de la mesa.

—Tiene algunos hechizos protectores, pero no estoy segura de qué tan bien se hayan adherido.

—Yo me encargaré —dijo Moody, convocándolo—. Le avisaré a Severus.

Moody dio la vuelta y salió.

Cuando Hermione volvió al ala del hospital, después de cenar tarde, Harry estaba sentado nuevamente al lado de Ginny. Todas las luces danzando alrededor del cuerpo de Ginny se veían normales, tonos reconfortantes, pero Hermione se detuvo para conjurar un diagnóstico y asegurarse de que todo iba bien.

—No debiste hacer eso —dijo Harry, mientras estaba a la mitad del diagnóstico.

—¿Qué quieres decir? —preguntó ella, haciendo una pausa a mitad del hechizo para mirarlo. Su respiración se entrecortó un poco y apretó su varita con más fuerza.

—Usar la herida de Ginny así —La voz de Harry era dura y tensa—. Lo dijiste como si hubiera sido bueno que ella saliera herida.

Hermione suspiró y peleó contra el impulso de rodar los ojos.

—No fue mi intención —dijo ella—. Sabes que odio cuando alguien sale herido.

—Debiste haber esperado. Pudiste haberlo mencionado en la siguiente reunión cuando Ron no se sintiera tan mal. ¿Acaso lo reconfortaste porque te importa o sólo porque querías saber dónde estaba el cuchillo?

Las manos de Hermione cayeron a sus costados y entrecerró los ojos al tiempo que su irritación con Harry se convertía en indignación.

—Quería asegurarme que no se hubiera cortado con él. Quería asegurarme de que nadie más lo encontrara y se cortara con él —dijo ella con voz férrea.

Harry suspiró y la miró por encima con dureza.

—Pero eso es en lo que estabas pensando. Cuando Ginny estaba herida y tú la estabas sanando, estabas pensando en ۤ«Oh mira, cortes en su cráneo, me pregunto si esta información puede ser útil para destruir horrocruxes». Tu compañera de cuarto yacía ahí mientras la tratabas, y tú sólo estabas pensando en eso. Uno de tus mejores amigos estaba llorando en tus brazos porque tuvo que cortar la cara de su hermana menor, y en todo lo que estabas pensando era en ese puto cuchillo.

Hermione apretó tan fuerte su puño izquierdo que pudo sentir la uñas enterrándose en su palma y la forma de sus huesos metacarpianos bajo sus yemas.

—Soy capaz de pensar en varias cosas a la vez, Harry —su tono era frío—. ¿O habrías preferido que la misión hubiera sido inútil? ¿Que Ginny saliera herida y no hubiera significado nada?

—No hagas eso, Hermione. No trates a las personas como si no fueran más que una ecuación para ti.

Harry se paró de golpe y la miró furioso.

Hermione se movió nerviosa. No podía entender el razonamiento emocional que Harry había utilizado. Era agotador intentar descubrir de dónde venía todo esto. Le consumía recursos mentales que no podía darse el lujo de darle.

—Aún si todo esto pasa por una razón o no —dijo ella con una furia fría—. No puedes tener ambos. Si se supone que todo esto tiene que tener un sentido, entonces no te puedes ofender cuando lo señalo y acusarme de ser cruel.

Harry palideció aún más y se pasó con frustración una mano por el cabello. Por un momento, la miró con ojos fulminantes antes de darse la vuelta, sus labios se curvaron un poco.

—A veces… la forma en la que tratas a las personas, siento que ya no te conozco.

—Tal vez no —dijo ella en un tono hermético, bajando la vista a su varita, terminando el diagnóstico de Ginny.

—Debiste haber esperado. No debiste haber hablado del cuchillo esta noche, no es como si tuviéramos un horrocrux, pudiste haber esperado —dijo él de nuevo, como si fuera la conclusión a su conversación.

Hermione frunció los labios ligeramente y respiró hondo antes de responder.

—La guerra no va a esperar a que nos aflijamos, lo siento si no estás de acuerdo con mi decisión. No quise lastimar a nadie.

Harry se alejó de ella.

Hermione fue a la habitación de al lado y se recargó contra la pared, de alguna forma se sentía congelada.

Sus manos temblaban un poco. Sentía el estómago como si se hubiera retorcido agresivamente. Se arrepintió de haber comido.

Respiró profundo por la nariz varias veces y presionó fuertemente las palmas de sus manos contra la pared, mientras intentaba volver a concentrarse.

Sacudió la cabeza e intentó de no pensar en lo que Harry le había dicho.

Después de otro minuto, se enderezó y bajó la vista a su reloj para ver la hora. Los huesos de Ginny aún tardarían horas para volver a crecer.

Hermione reflexionó sobre el procedimiento. Debería hacer que Padma la observara cuando lo hiciera.

Después de que Malfoy la exigiera, Moody y Kingsley habían decidido sacar a uno de los sanadores de campo y entrenarlo para que ayudara con los turnos en el hospital. Padma era la mejor sanadora de campo que tenían y lo suficientemente buena en pociones, fue escogida para ser la aprendiz de Hermione y Poppy.

Cuando Kingsley le informó a Hermione que Padma había sido asignada al hospital, lo justificó como un apoyo para ella, por estar demasiado ocupada; pero Hermione había estado demasiado ocupada por años. Sabía por qué habían reasignado a Padma. Necesitaban el reacomodo porque la función de Hermione como sanadora había pasado a segundo lugar por su posición como propiedad de Malfoy.

Padma era su reemplazo.

Ahora, con todos los prisioneros que la Orden había liberado recientemente, podían darse el lujo de renunciar a algunos luchadores más para que se especializaran en sanación. Poppy estaba a cargo de entrenar a cincuenta nuevos sanadores de campo. Padma se estaba haciendo cargo lentamente de los turnos de hospital asignados a Hermione y la elaboración de pociones básicas, con la finalidad de que Hermione sólo fuera llamada en casos de emergencias y preparación de pociones avanzadas, liberándola para que pudiera investigar y trabajar en Malfoy.

Cuando Hermione había informado a Moody de la intención de Malfoy de entrenarla, Moody le recordó que debía hacer todo lo que él quisiera.

Hermione se había sentido un poco enferma al estar de acuerdo.

No era como si ella no hubiese estado de acuerdo. Sólo que a veces era… difícil. Muy en el fondo, quería que Moody todavía se viera en conflicto, que mostrara remordimiento por lo que la mandaba a hacer.

Quería importarle a alguien. Que alguien abogara por ella, para no sentirse tanto como una puta como lo hacía.

Realmente no era racional. Estratégicamente, sabía que Moody tenía razón. Incluso si él no le ordenaba hacer todo lo que Draco quisiera, tenía la intención de hacerlo.

Ese era el trato.

Pero a veces, todavía deseaba que alguien intentara decir que no por ella. Así, Hermione podía estar segura que esa sensación enfermiza y desgarradora dentro de ella, era razonable. Que realmente era tan horrible como se sentía ser vendida a un mortífago a cambio de información. Porque, aun cuando Draco generalmente no abusaba de ella, ni la forzaba a tener sexo, si lo hiciera, Moody le daría las mismas instrucciones.

Después de todo, todos habían esperado que Draco la violara cuando la enviaron.

De alguna forma, Hermione no había estado preparada para lo desgarradoramente solitario que sería procesarlo todo ella sola. Como su misión en solitario la consumiría lentamente por dentro. Como un agujero dentro de su pecho.

Por supuesto que podía acudir a Minerva. A Minerva le importaría. Abogaría en nombre de Hermione, pero sería egoísta de su parte ir con ella buscando consuelo. Sólo haría que su antigua jefa de casa se afligiera más. Hermione no se iba a detener. No la iban a disuadir. Incluso si por algún milagro Moody y Kingsley lo intentaran.

Simplemente quería dejar de sentirse sola. Tener a alguien que le dijera que lo que estaba haciendo era importante. Que estaba bien si dolía.

Era una tontería, algo emocional. Desear que otras personas fueran torturadas emocionalmente por ella. Intentó aplastar ese deseo, pero seguía aumentando dentro de ella.

Siempre había estado desesperada por aprobaciones verbales. Por tener a alguien que le dijera que era lista, para asegurar su valor con calificaciones y elogios.

Se mordió el labio. Nunca nadie la premiaría por lo que estaba haciendo.

Si la mayoría de los miembros de la Resistencia se enteraran, probablemente la acusarían de corromper el esfuerzo bélico.

La guerra entre el bien y el mal era ganada por los buenos que se rehusaban a ceder No porque usaran las Artes Oscuras; no por vender a una sanadora a un mortífago por información.

Moody y Kingsley seguían el juego permitiendo que la política de la Resistencia contra las Artes Oscuras continuara en concordancia con los deseos de los Weasley y Harry. La cara pública de la Resistencia todavía era de bondad y luz.

Hermione se preguntó cuántas cosas estaban haciendo Moody y Kingsley sin que la mayoría de los miembros de la Orden lo supieran. Cosas en las que Hermione también se había visto involucrada. Como la forma en la que Kingsley interceptaba a algunos carroñeros y mortífagos y a los que ella ocasionalmente sanaba antes de que fueran interrogados. Como Bill y Fleur mantenían a los prisioneros de la Orden. La forma en la que a veces estos eran interrogados. De dónde venían ciertos suministros.

Había tantos detalles de logística por lo que el resto de la Orden nunca parecía preguntar. Como la forma en la que no preguntaban de dónde venía toda la nueva información. Cómo, después de tantos meses y años de mala información decreciente, repentinamente tenían un mejor conocimiento sobre las prisiones de los mortífagos, ataques inminentes en la Gran Bretaña muggle y redadas contra la Orden. Cómo habían sabido que tenía que evacuar Caithness o que Voldemort estaba de viaje.

Todos parecían ansiosos por ignorar ese tipo de detalles.

La única cosa que no podían ignorar era tener a Severus como espía, incluso después de cinco años, todavía lo odiaban. Había un argumento recurrentemente planteado por Charlie o Ron o Harry de sacar a Severus.

Hermione suspiró y fue a buscar a Padma. Aún si pudiera dormir, iba a ser una larga noche.

A la mañana siguiente, colocó los encantamientos finales en los hechizos de sanación que había usado para reparar el rostro de Ginny y luego le administró un vial de poción herbovitalizante.

Esa habitación del ala del hospital se encontraba vacía. Hermione había echado a todos afuera a pesar de las furiosas objeciones de Harry y Ron.

El cuerpo de Ginny se quedó quieto por un momento y entonces, gradualmente, comenzó a moverse. Abrió un ojo y miró alrededor, soñolienta.

—Ngghhh —gruñó Ginny, se dio la vuelta y hundió la cabeza en la almohada.

Después de otro momento, levantó la cabeza y miró alrededor. Inmediatamente dirigió su mano a su cabeza calva y luego la movió a su rostro. Tocó la ancha cicatriz que ahora se encontraba ahí.

—¿Qué pasó? —preguntó Ginny. Su voz sonaba seca.

Hermione le pasó un vaso con agua.

—Lucius Malfoy te golpeó con una maldición de necrosis en la mejilla —dijo Hermione, tan gentilmente como pudo—. Ron te salvó cortando la zona antes de que llegara a tu cerebro.

Los dedos de Ginny recorrieron la longitud de la cicatriz. Comenzaba cerca del nacimiento de su cabello. La punta de la cicatriz empezaba en la parte superior de su frente y bajaba hasta su mandíbula. Era ancha y de aspecto cruel, ocasionaba que en ciertos lugares de su cara se formaran pequeños hoyuelos y se frunciera suavemente.

Ginny se sentó lentamente y puso las manos sobre su regazo. Las contempló mientras las cerraba en puños y luego las abría. Estuvo en silencio por un minuto.

—¿Me pasas un espejo? —finalmente preguntó.

Hermione tenía un espejo preparado para ella, pero se detuvo antes de entregárselo.

—Va a desvanecerse, en unos cuantos meses con tratamiento, perderá intensidad.

El labio inferior de Ginny tembló, y presionó su boca convirtiéndola en una línea. Tendió la mano para tomar el espejo.

—¿Quieres que me vaya mientras te ves, o que me quede contigo? —preguntó Hermione.

Ginny vaciló.

—Quédate —dijo finalmente.

Hermione le dio el espejo y no dijo nada mientras Ginny respiraba profundo y lo volteaba para inspeccionar su rostro.

Hubo un largo silencio.

Ginny se contempló, palideciendo, girando lentamente la cabeza para verse por completo. Sus dedos se levantaron lentamente, trazando la cicatriz, como si no pudiera creer que era su rostro el que veía reflejado.

Después de unos cuantos segundos, Ginny apretó los labios y sacudió la cabeza en lo que sus ojos se llenaban de lágrimas. Se contempló por un momento más, recorriendo la cicatriz con sus dedos antes de alejar el espejo.

Entonces respiró rápido por la nariz, como si intentara no llorar. Sus labios se torcieron ligeramente y continuó apretándolos más fuerte mientras se mecía en la cama.

Ginny continuó respirando fuerte y rápido por la nariz. Su cabeza se sacudía en cada respiración.

Finalmente, sus hombros se hundieron.

—Oh Merlín, ¡soy tan superficial! —dijo con un pequeño sollozo—. Estoy viva, pero estoy llorando porque tengo una cicatriz.

Hermione sintió temblar su propia mandíbula mientras apoyaba una mano en el hombro de Ginny.

—Las cicatrices son difíciles… —dijo Hermione, y su voz se desvaneció al tensarse en su garganta—. Todo lo que cambie la forma en la que nos vemos es difícil. Puedes estar triste al respecto. Puedes llorar. No necesitas pretender que está bien.

—Lo sé —dijo Ginny con voz pastosa—. Sólo quiero estar... quiero estar bien con esto. No quiero que me importe, o ver que me ha cambiado. Pero… siento como si una parte de mí hubiera muerto. Como que de alguna manera estoy arruinada y eso se siente tan superficial y egoísta. George perdió toda la pierna y yo estoy llorando porque tengo un corte en la cara.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Ginny y ella se las limpió con el dorso de sus manos.

Hermione espero varios minutos y cuando la respiración y los temblores de Ginny por fin comenzaron a calmarse, ella estiró el brazo y la tomó de la mano.

—Harry y Ron están esperando afuera —dijo Hermione—, pero puedes tomarte el tiempo que quieras antes de ver a alguien.

Ginny se sacudió levemente.

—Ellos ya…han…—tartamudeó Ginny y se movió incómoda—. ¿Harry ya lo ha visto?

Hermione asintió.

—Harry ha estado contigo todo el tiempo. Lo obligué a irse. Pensé… que querrías algo de tiempo.

Ginny asintió.

—Tal vez otros cinco minutos —dijo después de un momento.

Hermione se sentó en el borde de la cama de Ginny y le dijo:

—Sigues siendo una de las chicas más lindas que conozco.

Ginny resopló.

—Cállate. Habrías dicho eso incluso si Ron me hubiera cortado la nariz.

Hermione rodó los ojos.

—No lo haría El enrojecimiento se desvanecerá, si me dejas tratarlo regularmente y usas unas cuantas pociones, se volverá más elástica y no la sentirás. Y se desvanecerá mucho más rápido, pero, si quieres, puedo ayudarte con un hechizo de glamour.

—Está bien. Siempre quise ser ruda cuando era pequeña. ¿Puedes imaginarte lo aterradora que me veré ahora en el campo de batalla? Toda calva y con esta loca cicatriz en mi cara —Ginny bromeó débilmente. La fría sonrisa de hospital se curvó en su rostro por un momento. Luego, el falso humor desapareció de su expresión y se vio casi como una niña.

—Extraño a mamá —dijo Ginny con voz queda.

Incluso cuando sus hijos resultaban heridos, Molly rara vez podía permitirse ir a verlos.

Hermione abrazó a Ginny y ella sollozó en su hombro.

—¿Quieres ir con ella hoy? —preguntó Hermione.

—No, sólo se sentirá mal —dijo Ginny, negando con la cabeza—. Iré a verla cuando se haya desvanecido un poco. ¿Tienes poción para hacer crecer el cabello?

—Lo siento, no tengo a mano. Aunque hice que Padma comenzara a preparar un poco. Estará lista en la próxima hora.

—Bueno, eso es un alivio. Al menos no tendré que ser calva y fea para siempre.

Hermione meneó la cabeza y la abrazó de nuevo. Ginny siempre tendía a hacer bromas terribles sobre sí misma cuando estaba en el hospital.

Cuando Hermione se marchó, Ginny estaba completamente cobijada en las atenciones de Harry y sus hermanos, y bajo la cuidadosa mirada de Poppy y Padma.

Moody le avisó que Severus estaría en su casa a las dos en punto, así que Hermione se apareció ahí unos cuantos minutos antes y luego se aproximó cuidadosamente a la calle La Hilandera. Nunca dejó de desconcertar a Hermione, como un lugar podía ser tan deprimente, incluso en verano. Era como si la personalidad de Severus fuera contagiosa.

La puerta estaba cerrada. Hermione tocó la puerta despacio y esperó. Desde que ya no era profesor, incluso la cortesía más básica de Severus había desaparecido. Ocasionalmente, podía dejar a miembros de la Orden esperando en su puerta durante una hora. Fred y George una vez intentaron entrar a la fuerza, y cuando regresaron a Grimmauld Place, tenían forúnculos esparcidos por todo el cuerpo.

Hermione esperó de pie por dos minutos antes de sacar un libro y resignarse.

Había leído dos capítulos de su libro de psicología antes de que la puerta se abriera abruptamente. Se puso de pie rápidamente y siguió la capa ondulante que ya se alejaba por la esquina hacia la sala de estar.

Severus ya estaba sentado en uno de sus dolorosamente incómodos sillones cuando Hermione llegó. Ella se sentó en el borde de otra silla y lo miró.

—Una hoja forjada por duendes impregnada por veneno de basilisco, ¿sería suficiente para destruir un horrocrux? —preguntó ella, eligiendo de manera similar escapar de la cortesía básica de una pequeña plática.

Severus parpadeó, sus ojos color ónix como siempre inescrutables. Casi podía ver los muros de oclumancia tras ellos.

—La espada de Gryffindor —dijo él, después de un momento.

Hermione asintió.

—Creo que podría —dijo él lentamente, uniendo sus dedos índices y mirando pensativamente—. Aunque no lo sabremos hasta que encontremos un horrocrux.

Hermione asintió con un ligero suspiro. El labio de Severus se curvó ligeramente y resopló levemente.

—En momentos como estos… me pregunto cuánto manipuló Albus los eventos a lo largo de los años —dijo él.

Hermione lo miró sorprendida.

—¿Cree que lo que pasó en segundo año fue intencional?

Él le hizo un movimiento de desdén con su muñeca.

—Con Albus es imposible saber, pero es misteriosamente conveniente que tengamos tal arma en nuestro poder —dijo Severus, entonces su expresión se volvió aún más severa—. Él siempre fue muy confiado con sus habilidades de manipulación. Tal vez, si hubiera sido más claro con nosotros, no estaríamos perdiendo la guerra.

—¿Qué quiere decir?

Severus la miró.

—Usted sabe que su herida del anillo era terminal. Yo había estado preparando pociones para mantener la maldición a raya, pero su muerte era inevitable al momento en que puso ese anillo en su mano. Había planeado su muerte para el final de sexto año. Incluso me pidió que lo matara, en vez de padecer los últimos estragos de la maldición. También tenía la sospecha, desde antes de que comenzara el periodo de clases, que Draco había sido asignado para intentar asesinarlo.

Hermione lo miró en estado de shock.

—Albus estaba tan confiado en tener todo bajo control que no tomó suficientes precauciones —continuó Severus—. No puedo creer que haya sido tan descuidado como para no mencionarle a nadie sobre los horrocruxes, después de haber sido maldecido por uno. Probablemente tenía la intención de informarle a Potter por medio de una serie de pistas vagas. Él sabía mucho más de los primeros años del Señor Oscuro que cualquiera, pero no le dio a nadie el privilegio de compartir esa información.

La expresión de Severus se volvió más amargada y distante al tiempo que guardaba silencio.

—¿Él sabía que Draco iba a intentar matarlo? —preguntó Hermione, anonadada por la información.

—Lo sabía. Lo sospechaba —dijo Severus con un ligero asentimiento—. Era difícil diferenciarlos cuando se trataba de Albus, pero sí, lo anticipaba. Desafortunadamente para todos sus planes, Draco actuó mucho antes y de forma más decisiva de lo que incluso Albus había anticipado. Podrías creer que un mago tan experimentado habría sido más meticuloso, pero claramente no. Su exceso de confianza fue el detrimento de todos los que lo sobrevivimos.

Severus contempló a Hermione.

—¿Qué te hizo pensar tan repentinamente en la espada de Gryffindor? —inquirió él, su tono sospechosamente casual.

Hermione lo miró a los ojos.

—Una herida con la que me encontré me dio la idea —dijo Hermione.

—Por supuesto —dijo Severus con una expresión de superioridad.

Hermione lo miró.

—¿Sabe del castigo de Draco?

—Claro. Tuve la placentera tarea de exprimir el veneno de Nagini. Alastor mencionó que lo habías estado tratando. Me sorprendió cuando lo escuché.

—No era como si él pudiera ocultar la herida, ¿se da cuenta de lo severa que es? Tom pretendía contaminar su magia con ella. Para el momento en que me di cuenta… —Hermione se quedó callada por un minuto —. Desearía que me hubieran informado, habría podido comenzar antes.

Severus se quedó en silencio y evaluando, mientras estudiaba a Hermione.

—Lo estás usando —dijo él, finalmente.

Hermione se sonrojó ligeramente y lo vio a los ojos.

—Sí —dijo ella—. Parecía lo más lógico de hacer. Tenía razón, está aislado. Casi se lleva tremendo susto la primera vez que lo toqué para sanarlo.

—Si hubiera sido entrenada por Bellatrix Lestrange durante años, probablemente también se estremecería cuando alguien la tocara —dijo Severus con un tono de ironía.

Hermione hizo una pausa para considerarlo.

—¿Qué sabe de su entrenamiento? Él dice cosas que… no entiendo. La crueldad empleada parece excesiva. Incluso para los estándares de los mortífagos.

La boca de Severus se torció.

—Inicialmente, él fue reclutado como castigo por el fracaso de Lucius. En consecuencia, creo que el Señor Oscuro le dio a Bella bastante libertad para elegir los métodos de entrenamiento. Ella sospechaba de mi lealtad, así que no fue un proceso en el que fui consultado. Lo que sí sé, es que, a pesar de la brutalidad, Draco estaba decidido. Lo aceptó y continuó haciéndolo, incluso cuando ya no era necesario. Estaba decidido a subir de rango. Fue la persona más joven en tomar la marca. Ser el eslabón más bajo no es algo que les siente bien a los Malfoy.

—¿Había alguien con quien él fuera particularmente cercano en su pasado? ¿Alguien que murió? ¿O por quien él se preocupara? Su motivo… a veces parece como si fuera la expiación por algo.

Severus cruzó los dedos índices y los presionó contra sus labios, pensativamente.

—No que haya observado. Al menos, no con sus compañeros de casa —dijo después de un minuto.

Hermione suspiró.

—¿Qué hay de su madre? Él la mencionó cuando hizo su oferta la primera vez.

—Narcissa se recluyó después del arresto de Lucius. Rara vez la vi, y cuando aparecía estaba bastante retraída. Si alguna vez tuvo objeciones, nunca la escuché hacerlas.

—Parecía ser una madre consentidora en Hogwarts—dijo Hermione, ladeando la cabeza mientras intentaba recordar detalles sobre Narcissa Malfoy—. Pero todo era por lechuzas. No parece que haya intervenido por él durante todo su entrenamiento.

—Parece que el encarcelamiento de Lucius tuvo un profundo efecto en ella. De la misma forma que su muerte lo afectó a él.

Hermione se estremeció ligeramente al pensar en Lucius.

—Así que Draco quedó de lado por parte de ambos. —Concluyó ella, sintiendo lástima por él. Sofocó la compasión y cambió de tema—. Lucius casi mató a Ginny anoche. Todavía no sabemos cómo es que los localizó.

—Hay hechizos de localización genética —dijo Severus pensativamente —. Es una magia extremadamente oscura y cobran una cuota muy alta. Sin embargo, no subestimaría la determinación de Lucius.

—¿Hay formas de evadirlas?

—Le enviaré un libro a Moody. No creo que los Weasleys acepten cualquiera magia de protección recomendada por mí… o de hecho, por ti.

La boca de Hermione se apretó y apartó la mirada, sintiendo una punzada por la afirmación. Su apoyo a la magia oscura y defensa a Severus le había costado mucha credibilidad entre sus amigos.

Se tragó el dolor y cambió de tema abruptamente.

—Por fin neutralicé el veneno de las runas. Voy a cerrar las incisiones mañana por la noche, ¿tiene alguna sugerencia?

Severus resopló.

—Estoy seguro de que el tratamiento que planea será lo mejor que él pueda esperar.

Hermione contempló a Severus y sintió que se le estaba escapando algo.

—Está bien —dijo ella, poniéndose de pie.

—Dime, ¿qué piensas de Draco ahora?

Hermione hizo una pausa y volteó a ver a Severus. Los ojos de él estaban entrecerrados, casi sospechosos. Sus labios se movieron antes de que se sintiera preparada para hablar, y los presionó por un momento mientras recopilaba sus pensamientos. Acomodó un rizo suelto tras su oreja.

—Está solo y enojado por algo. Creo que quiere ser mejor de lo que es. Tenía razón de que hay algo sobre mí que lo atrae. Intenta no hacerlo, pero parece que no puede evitarlo cuando tiene la oportunidad.

Severus la estudió y Hermione se preguntó qué es lo que su expresión había traicionado.

—No interpretes eso como lealtad —dijo él después de un momento.

—No lo hago —dijo ella, moviendo nerviosamente el dobladillo de su blusa—. Me doy cuenta de que todavía no es nada significativo. No es una especie de ventaja. Pero tengo la esperanza de que, si soy cuidadosa, eventualmente podré aprovecharlo. Emocionalmente… él es vulnerable. No hay nadie en quien pueda confiar. No creo que haya nadie que se preocupe por él en lo absoluto. Creo que, con tiempo, no podrá detenerse de sentir que me necesita. Mencionó que ahora que tiene las runas… cuando quiere algo… es difícil disuadirse a sí mismo. Creo que… eventualmente podré usar eso.

La boca de Severus se torció, la sospecha se desvaneció de sus ojos, pero su expresión se tensó.

—En ese caso, si logras tener éxito, es tan probable que destruyas la Orden, como la salves. Espero que ahora te des cuenta de lo peligroso que es él. Si reemplazas su ambición actual, la que sea que fuere, de esa forma…

Severus hizo una pausa por un momento.

—Si el Señor Oscuro no puede dominarlo, no aconsejaría que te engañes a ti misma pensando que tú puedes hacerlo.

Hermione tuvo una leve sacudida y contempló la fría chimenea, tensó sus piernas hasta que temblaron, mientras luchaba por no gritar. La furia la recorrió como una explosión.

—Usted me dijo que lo hiciera leal. Usted fue el que me dijo que explotara su interés —dijo ella con voz entrecortada—. Ahora me acusa de ilusa y de comprometer a la Orden.

—Dije que mantuvieras su interés. Estás intentando que dependa de ti —dijo Severus, su tono repentinamente gélido—. La diferencia es abismal. En ciertos aspectos, los Malfoy están más cerca a ser dragones que ser magos. No comparten. Se obsesionan con lo que consideran suyo. ¿Sabes qué es lo que Lucius necesitaba? A Narcissa. Si tienes éxito en lo que intentas hacer, nunca te dejará ir. Y no se conformará con ser el segundo lugar a nada ni a nadie en ese sentido.

El corazón de Hermione se estremeció ligeramente. Podía sentir un terror helado recorriendo su nuca, su cuello y esparcirse por su espalda. Cuadró los hombros, miró a Severus a los ojos y respiró profundo.

—Ya le pertenezco —dijo con voz amarga—. «Ahora y después de la guerra», esos fueron los términos. Exceptuando su muerte, ¿cuándo seré puesta en libertad, exactamente? Necesitamos la inteligencia. No puedo mantenerlo con un esfuerzo poco entusiasta. Es todo lo que puedo hacer desde el momento en que todos accedieron a venderme a él. ¿Realmente pensó que iba a poder regresar después de esto?

Sus hombros se sacudieron ligeramente.

—No sé cómo mantener su interés sin conectarme con él. Es la única vulnerabilidad que tiene. Si crees que será así de arriesgado, deberías hablar con Moody porque yo… no… veo… otra… forma.

Su voz temblaba y se quebraba repetidamente cuando se forzaba a pronunciar las últimas palabras. Respiraba bruscamente entre sus dientes al tiempo que intentaba estabilizarse.

—Es un oclumante natural y mucho mejor que yo. No hay una opción a medias en las cartas —añadió ella.

Severus se veía sorprendido.

—Eso cambia las cosas —dijo él, después de un momento.

—Ahora entiende mi problema —dijo ella, mirando al suelo—. No tengo la opción de hacer algo y retractarme después. Si cree que estoy tomando una mala decisión, debería decirle a Moody ahora.

Él no dijo nada.

—Entonces, será mejor que me vaya.

Al marcharse de La Hilandera, se sentía mareada e inestable. El ambiente era caluroso y encerrado. Necesitaba espacio para respirar. Cerró los ojos y se apareció en el arroyo en Whitecroft.

Saltó la orilla y se acomodó en una gran roca entre los gruesos juncos, se quitó los zapatos y sumergió sus dedos en el agua fría. La punzante sensación del agua fría le dio claridad.

No sabía cómo es que continuaba terminando allí. Suponía que era el único lugar donde no sentía que estaba escondiendo algo.

Contempló el flujo del agua, rememorando la advertencia de Severus. Se sentía perdida. Se sentía como si toda la esperanza que había sentido al principio de la semana hubiera muerto en algún lugar dentro de ella y empezara a descomponerse. Presionó sus manos contra los ojos y luchó por respirar de manera uniforme.

No podía flaquear ahora. Si Severus tenía alguna alternativa u objeciones, podía compartirlas con Moody. No podía cambiar su táctica ahora que por fin había encontrado una que funcionaba.

Bajó la mirada a su torre de oración derrumbada.

Se sentía tan… enojada.

Enojada con todo el mundo, incluso sintió que se podría hacer añicos.

Estaba enojada con Severus por acusarla de comprometer a la Orden, con Moody y Kingsley por haber decidido pedirle que se convirtiera en una prostituta, sabiendo que sentiría que no tenía otra opción, con Harry y los Weasley por rehusarse a usar magia oscura y llevar la guerra a un punto en el que Hermione sentía que no podía rehusarse, con sus padres por ser indefensos y necesitar que los protegiera y renunciar a ellos, e incluso con Minerva por estar tan consternada con el comportamiento de Hermione, que sentía que tenía que proteger a Minerva de su propio dolor.

Hermione siempre había pensado que podía hacer lo que fuera por sus amigos. Lo que fuera para protegerlos.

De alguna forma, todas las cosas que había hecho la habían dejado completamente sola, al punto de pensar que estaba muriendo por tener el corazón roto.

Debería haber un límite. Un punto en el que, por lo menos, dejara de doler.

Pero parecía nunca detenerse. Sólo seguía creciendo y cuando alguien fracturaba la fachada en la forma en que lo había hecho Harry y Severus…

Ya no sabía como curarse a sí misma y nadie más parecía dispuesto a si quiera notar que se estaba desmoronando.

Se permitió llorar por cinco minutos antes de usar su oclumancia para apiñar las emociones que la distraían en un rincón de su mente. El llanto hizo que se sintiera mareada y que sus sienes dolieran. Sacó una poción para aliviar el dolor de su bolso y la bebió.

Cerró los ojos y se obligó a dejar de pensar en otras personas.

La luz del sol del atardecer se había filtrado en la roca y se sentía cálido bajo sus manos. El aroma del agua del arroyo y el lodo y la penetrante esencia de los juncos llenaban el aire. Después de varios minutos, cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás para absorber los rayos. No podía recordar la última vez que había sentido los cálidos rayos del sol en su rostro. La luz del amanecer siempre era fría, a pesar de su belleza.

Todo en su vida era frío.

Después de unos cuantos minutos, salió de su ensimismamiento. Sacó sus pies del agua y se los secó antes de volver a Grimmauld Place.

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Ndt: Gracias por sus comentarios, gracias por estar. Son indispensables para seguir ¡Las quiero!

*14 de enero de 2022*