Cuenta la leyenda que cuando Atenas y Poseidón se enfrentaron por la custodia de la metrópoli griega, la diosa de la sabiduría resultó victoriosa, porque su ofrenda a los ciudadanos, una rama de olivo, se impuso ante la del dios del mar, un caballo. Fue así que la ciudad fue nombrada como su protectora, Atenas.

Sin embargo, en otra línea temporal Poseidon decidió recordarle a su sobrina quien era uno de los Tres Grandes...

—No hay que usar la violencia tío— dijo Atenea con no de suficiea y orgullo plasmado en su voz —Podemos resolver esto con una pequeña competencia. Hagamos que las buenas gentes de esta ciudad decidan quien...

Pero, antes de que Atenea pudiera decir algo mas, Poseidon agarró a su sobrina por la parte trasera de su armadura de pecho y una de sus piernas y se dejó caer en posición india sentada en el suelo, llevando a Atenea a su regazo. Antes de que Atenea pudiera hacer algo, jadeó al sentir un fuerte tirón y luego una corriente de aire en su trasero desnudo.

Poseidon le ha levantado la túnica y arrancado la ropa interior de Atenea, dejándola expuesta al mundo.

—¿¡Q-que estás haciendo!?— grito la diosa escandalizada ante la humillante postura en que la tenía su tío frente a una gran multitud de mortales.

Pero, lejos de contestarle, Poseidon levantó la mano en el aire, antes de dejarla caer con fuerza sobre el bronceado y firme trasero con forma de melocotón de la diosa de la sabiduría.

PLAP

Una ola de silencio cayó sobre el Atica mientras todos observaban lo impensable. Poseidon acaba de darle una palmada en el trasero a Atenea frente a toda la ciudadania, quienes instantáneamente se acercaron alrededor del puerto del Pireo para ver el espectáculo.

Atenea estaba mortificada y comenzó a forcejear.

—¡Poseidon! ¡Bastardo pervertido! ¡Exijo que me sueltes ahora mis...!.

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Atenea gritó cuando Poseidon volvió a poner su mano sobre su trasero, dejando una huella dorada brillante en él.

—Es tiempo, sobrina— dijo Poseidon, su voz gutural llegó a todos los presentes, pese a que no alzó el tono —Que aprendas a respetar a tus mayores.

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—¡AY! tío, ¡Eso sí que duele! Te juro que te voy a arrancar las pelotas y...

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—¡Bastardo!.

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—¡Me las pagarás!.

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—En el momento en que sea libre...

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—¡Degenerado!.

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—Yo...

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—¡Te voy a chupar las pelotas hasta secarlas!.

Poseidon y todos en el Pireo se quedaron paralizados ante la declaración de Atenea. A esto le siguieron tres cosas; un evidente abultamiento en las tunicas inferiores de cada hombre, que cada mujer mojara sus bragas, y que Poseidon sintiera un crecimiento en su túnica.

Atenea gimió mientras levantaba su trasero más alto en el aire.

—¡Por favor, tío, castígame! ¡He sido una chica muy mala!.

—¡Guau!— dijo uno de los arcontes —¡La Señora Atenea es una ramera sumisa en las manos del Señor Poseidon!.

Todos rápidamente hicieron callar al tipo mientras volvían a disfrutar del espectáculo. Poseidon estaba confundido. No esperaba que las cosas sucedieran así. No era ageno al libertinaje, siendo para él como una segunda naturaleza. No por nada tenía dos esposas para tratar con su libidido en las noches... aunque ha veces necesitará más que eso para aliviarse, razón por la que tenía a tantos hijos extranmatrimoniales corriendo por ahí.

En ese momento en tenía el trasero desnudo de su sobrina retorciéndose en su regazo y una multitud observando su espectáculo, nada le hubiera gustado más a Poseidon que "complacer" las peticiones de su sobrina. Pero, un relámpago a la distancia le dijo al dios del mar que su hermano no estaría muy feliz de que desvirgara a su "niña favorita" como una zorra cualquiera en frente de una turba de mortales.

"Seguramente quiere tener la primera vez de su hija, ese enfermo degenerado" pensó Poseidon, fastidiado "Lo mejor será continuar con el plan y acabar con esto ya".

—¡Está bien, Atenea! A partir de ahora, cada vez que te dé nalgadas quiero que cuentes hasta el final. Si no cuentas hasta el final, te daré el doble de nalgadas, ¿¡Entendido!?.

—¡Por supuesto, Maestro!— gritó Atenea nerviosa.

Poseidon parpadeó ante esto, pero se encogió de hombros y levantó la mano en el aire.

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—¡Uno, Maestro!.

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—¡Dos, Maestro!.

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—¡Oh, se siente tan bien!.

Poseidon frunció el ceño.

—¡Eso no es un número! Parece que voy a tener que llevar esto a otro nivel— Poseidon tomo su tridente y concentro su poder. No lo suficiente para quemar a Erza, pero sí lo suficiente para que su trasero doliera un poco cuando la azotara.

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—TRES, MI MARAVILLOSO Y GLORIOSO MAESTRO.

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—CUATRO, HERCULEO DIOS DEL MAR.

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—CINCO, MARAVILLOSO BASTARDO BIEN DOTADO.

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—SEIS, DIOS ENTRE LOS DIOSES.

Poseidon sonrió mientras miraba a Atenea, que jadeaba, y sintió un olor conocido pasar por su nariz. Entonces, la comprensión lo golpeó mientras miraba a Atenea, que gemía y se sonrojó. Poseidon tuvo la decencia de no darlo a conocer. Si bien estaba humillando a su sobrina, eso terminaría de arruinarla.

—Está bien, sobrina, faltan cuatro más.

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—SEIS— gritó Atenea.

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—SIETE.

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—OCHO.

Atenea movió sus caderas mientras se presionaba contra la rodilla de Poseidon, que sin saberlo se levantó para aliviar el picor en su pierna.

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—NUEVE.

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Esta paliza empujó a Atenea al límite, ya que Poseidon se había deslizado más abajo de lo que pretendía y terminó golpeando el coño de Atrnea por detrás. Combinado con el roce que ella había estado teniendo contra la rodilla de Poseidon y la dura erección que Atenea sentía presionada contra su estómago...

—QUERIDO Y DULCE KAOS— gritó Atenea, mientras la diosa sexualmente reprimido se corría con las piernas de su tío y caía en un coma inducido sexualmente.

Poseidon, queriendo asegurarse de que Atenea estaba bien, comenzó a masajear suavemente su trasero dorado brillante, provocando gemidos de la diosa inconsciente. Cuando Poseidon estuvo seguro de que Atenea estaba noqueada, rápidamente la giró y la levantó al estilo dama de honor, dejando atrás sus bragas.

—¡Hermes!— grito Poseidon e ipso facto el dios mensajero apareció delante suyo.

—Si, mi señor en que pue- ¿¡Que le paso a Atenea!?— preguntó viendo a la diosa noqueada, pero no pudo ver más porque Poseidon le había acomodado las tunicas.

—Eso no importa, llévala al Olimpo inmediatamente— dijo él con un tono serio, dejando a entender que esperaba que nada le pasara a la diosa.

Hermes trago seco y solo asintió, cargando a la diosa hasta el Olimpo. Pero, mientras Poseidon estaba distraído, los humanos hablaban entre si, en especial las mujeres...

—¡Eso fue… guau! —suspiró una plebeya jadeante, definitivamente acalorada y molesta por la escena que acababa de presenciar.

—¡Es tan grande!— dijo una sacerdotisa de Atenea; replanteándose ahora en si unirse al sacerdocio de Afrodita o Poseidon, recordando la enorme tienda de campaña que la tunica no lograron ocultar cuando se puso de pie.

—Oh, dioses— susurró una noble, abanicándose la cara mientras intentaba calmarse. Por suerte o por desgracia, dependiendo de quién seas, su autocontrol le impidió cuidarse con sus propias manos delante de todos.

Sin embargo, todas las mujeres tenían el mismo pensamiento:

"También quiero ser castigada por el Señor Poseidon..."

Unas horas más tarde

Todos se habían calmado y habían regresado a la urbe, con algunos cambios; la ciudad ahora se erigía como "Poseidopolis" y se estaba planeando la construcción de un gran templo para su dios patrón en el partenón, lugar donde guardaban las bragas de la diosa vencida en un cofre de oro, como prueba del poder y virilidad del dios del mar.

Mientras que en el Olimpo, Atenea había despertado de su orgasmo hacía unas horas, estaba sentada tranquilamente en la cama de su palacio. Al recordar la "batalla", se sonrojó furiosamente. Sin mas, la diosa se levantó y con una mirada determinada partió de su hogar en un fulgor dorado

En la Atlantida

Poseidon estaba sentado en su trono bastante frustrado. Si bien estaba feliz de haber obtenido la joya de la Helade, Atenea lo había dejado muy urgido y sus esposas no estaban en casa para atenderlo. En ese instante, de un fogonazo, Atenea apareció con vestida solo con una toga bastante enojada, a lo que Poseidon solo suspiro frustrado.

—Otra vez... mira sobrina, no tengo tiempo para seguir jugueteando con...

Pero, su sobrina hizo algo que lo dejó mudo. Ella alcanzó el tirante de su toga. Una vez que lo solto, la prenda de Atenea cayó a sus pies, revelando ante Poseidon que estaba completamente desnuda debajo. Si Poseidon no estuviera tan perdido en su excitación, también boquiabierto. Había pensado que ella era hermosa antes, pero ahora, parada frente a él desnuda sin nada más que un collar de oro, que parecía más un collar de esclavo que una jolleria de un gobernante, se volvió mucho más tentadora.

—Que esta sea la prueba de que ahora soy tuya, Maestro— dijo Atenea con sumisión y una sonrisa hambrienta.

Era oficial, la diosa Atenea ya no era la diosa vírgen que todos describían, sino una ninfómana que irradiaba lujuria y sumisión.

—Ahora, Maestro— dijo gateando hasta su trono —¿Castigara a esta zorra?.

Poseidon se lanzó hacia adelante, al mismo tiempo que tomaba de Atenea hacia él. Lanzó sus manos para agarrar su trasero y luego la levantó para introducir su verga directamente en su coño con tanta fuerza que Atenea sintió como si le hubiera dado un puñetazo en el útero, lo que la hizo tener un orgasmo violento a su alrededor. Ella agradeció que su himen no sobreviviera a su entrenamiento con Pallas o eso abría dolido en serio. Tan pronto como su verga estuvo envainada dentro de ella, Poseidon gimió de placer y satisfacción, pero luego perdió el equilibrio, haciéndolos desaparecer a su habitación, cayendo en la cama de su dormitorio con Atenea debajo de él.

Con una mirada depredadora en sus ojos y una sonrisa hambrienta con baba corriendo por su barbilla, goteando sobre sus grandes pechos mientras golpeaba sus manos sobre ellos, usándolos como asideros, Poseidon comenzó a coger a Atenea, follándola con un movimiento de adentro hacia afuera, sus bolas aplastando su trasero mientras apretaba sus tetas antes de agacharse para chupar sus pezones y morderlos.

Atenea arqueó la espalda y agitó la cabeza mientras se corría una y otra, y otra vez, incapaz de hacer nada más que jadear y gemir mientras su útero era atravesado e hinchado por la verga de Poseidon. El placer de su primera vez era intenso, su tío se adentró en su coño sin preocuparse en absoluto por su bienestar, su semen voló a chorros desde su entrepierna mientras el dios macho impulsado por la lujuria se retiraba y se volvía a insertar, extrayendo el jugo de su coño con la punta ensanchada de su carne de caballo antes de reemplazar la humedad de su coño con su propio pre-semen espeso en su camino de regreso.

—Demasiado bueno... demasiado bueno... joder... ngrh... —gimió Atenea antes de poner los ojos en blanco cuando Poseidon estrelló su boca contra la de ella, su lengua causando estragos dentro de su boca.

Instintivamente, comenzó a besarse con él, chupando su lengua mientras sentía la inmensa y sobrecalentada presión de su semen inundando su interior e inflando su útero. Poseidon había vuelto a correrse dentro de ella y, como la última vez que lo había hecho, su orgasmo parecía no tener fin. Antes de que ella se diera cuenta, Atenea estaba inclinada sobre su cama, con las rodillas bien abiertas en el suelo. Poseidon estaba detrás de ella en cuclillas, tirando de su collar de esclavo con una cadena de oro con la mano mientras le follaba el culo, tan fuerte que la cama se sacudía y se estrellaba contra la pared con cada embestida, pero sus embestidas parecían volverse más rápidas y duras, y pronto sus bolas prácticamente rebotaban en el trasero de melocotón y resplandeciente de Atenea.

—¡Aaaah! ¡Es tan jodidamente grande! ¡La verga del marstro está destrozando mi trasero— Atenea chilló y gimió.

Se sentía como si la estuviera partiendo en dos, y a pesar de la más mínima punzada de dolor, no sintió nada más que un placer intenso e irresistible. Incluso mientras gritaba y jadeaba, mientras él se subía por completo a la cama para follarla con suficiente fuerza para hacer temblar todo su cuerpo, ella comenzó a ver estrellas de placer. Con un rugido, Poseidon empujó toda su miembro profundamente en su culo y se vino, con los sonidos de su carga masiva llenando su intestino y toda la habitación.

¡Glup, Glup, Glup, Glup, Glup, Glup, Glup, Glup!

Atenea gimió mientras escuchaba el sonido de sus bolas ordeñandose dentro de ella mientras su cerebro salía de la áspera y dura follada. Después de eso, los dos comenzaron a coger por todo el dormitorio de Poseidon, dejando charcos de semen cuando decidieron pasar al siguiente lugar, pero incluso entonces su verga apenas dejó uno de sus agujeros. La folló como si no fuera más que una funda viviente para su miembro, pero la flexibilidad de Atenea como diosa marcial demostró su valor mientras se doblaba en varias formas para su amante, dejándolo follarla con poca o ninguna restricción.

Fue a la mañana siguiente cuando finalmente la lujuria reprimida de Poseidon desapareció, lo que permitió que el dios volviera a sus cabales. Pero aun así, continuó teniendo sexo con Atenea, quien lo estaba dando todo para complacerlo. Fueron alrededor de las doce que Anfitrite y Demeter, las esposas de Poseidon, regresaron, encontrando a su marido sentado en su cama con la espalda apoyada contra la pared, los pies en el suelo mientras Atenea yacía de lado sobre su cuerpo, la cabeza apoyada en su estómago mientras acariciaba y chupaba perezosamente su verga semidura mientras se aseguraba de que sus tetas, piernas y culo se exhibieran tanto como pudiera para su placer visual.

Al ver a sus cónyuges, Poseidon no sabía qué decir y Atenea seguía complaciendolo sin importarle nada más en el mundo. Entonces tanto Anfitrite como Demeter se encogieron de hombros y empezaron a quitarse la ropa.

—Más te vale complacernos a nosotras también, mi señor— dijo Anfitrite, medio en broma, medio en serio. Mientras que Demeter asentía, dejando su bien afilada hoz escalofriantemente cerca de la cama.

Lo siguiente sería la mejor experiencia que había tenido en su vida inmortal...