Capítulo 4: El inicio del conflicto

Mort, con el ceño fruncido, tomó una herramienta cercana como si fuera su única defensa y miró al hechicero que se acercaba con una mezcla de desconfianza y desafío. "¿Quién eres y qué demonios haces aquí?", preguntó, su voz firme pero cargada de incertidumbre.

El hechicero, Venefic, dejó escapar una risa burlona mientras giraba su cabeza lentamente hacia Mort. "¿Quién soy?" repitió con sarcasmo. "Soy quien decide si respiras un día más. Pero para ti, viejo inútil, bastará con saber que estoy aquí por algo que no te pertenece."

Venefic desvió la mirada hacia Bailey, sus ojos oscuros brillando con malicia. "Tú… puedo sentirlo en ti. Has estado en contacto con las esferas del dragón. Entrégamela ahora."

Bailey, intentando mantener la calma, fingió ignorancia. "¿Esfera del dragón? No tengo idea de qué estás hablando," respondió, con un tono calculado pero tenso.

Venefic chasqueó la lengua, visiblemente molesto. "Ah, qué típica resistencia. Siempre creen que pueden mentirme. Pero te advierto, no soy alguien con paciencia." Levantó su mano, y sin previo aviso, una ráfaga de energía salió disparada hacia Bailey, rozándola lo suficiente como para hacerla retroceder y sentir el impacto.

Mort, al presenciar la explosión de energía, sintió que su cuerpo se congelaba. Su respiración se volvió errática y su corazón, ya débil, latía con violencia. "¿Qué demonios fue eso...?" murmuró, casi en un susurro, mientras intentaba recuperar el aliento.

Venefic lo miró de reojo, con una sonrisa de desprecio. "Qué triste. Tan frágil y tan inútil. No sé qué clase de idiota te dejó fuera del hospital, pero será divertido ver cómo caes."

Bailey, aun tambaleándose por el ataque, reunió fuerzas para enfrentar al hechicero. "¿Qué quieres realmente de nosotros?"

Venefic dejó escapar una risa amarga, llena de superioridad. "¿Qué quiero? Lo que me pertenece. La esfera tiene un propósito más allá de lo que tu diminuta mente puede imaginar. Y tú… apestas a su energía. No importa si eres quien la robó. Para mí, ambos ya están muertos."

El aire se volvió más denso, la tensión en el ambiente era insoportable. Mort, a pesar de su estado debilitado, intentó dar un paso adelante con la herramienta aún en la mano. "No te atrevas a amenazar a mi familia," dijo con una voz temblorosa pero cargada de coraje.

Venefic lo miró con una mueca divertida. "Oh, el viejo tiene agallas. Lástima que eso no te salvará."

Bailey, viendo a Mort en ese estado, sabía que debía actuar rápido. "Si te digo dónde está la esfera, ¿nos dejarás ir?" preguntó, su mente corriendo a toda velocidad, buscando cualquier salida posible.

Venefic ladeó la cabeza, su sonrisa torcida creciendo. "Podría considerarlo… pero ya que sabes quién soy y lo que busco, temo que no puedo dejarte con vida. Así que, incluso si hablas, ya has firmado tu sentencia."

El pánico se apoderó de Mort y Bailey. De repente, el hechicero lanzó una pequeña aguja, casi invisible a simple vista. Mort, por puro instinto, se agachó justo a tiempo para esquivarla. Al mirar detrás de él, vio cómo un árbol que había sido alcanzado comenzaba a pudrirse rápidamente, su tronco ennegrecido por completo en cuestión de segundos.

Venefic se rió con una expresión oscura y burlona. "¿Por qué no son buenos y se mueren de una vez? Facilitaría mucho las cosas."

Mort, sintiendo el peligro inminente, tomó la mano de Bailey con fuerza. "Vámonos de aquí, rápido," dijo, tirando de ella. Bailey reaccionó de inmediato, creando una esfera de ki que lanzó al suelo, provocando una nube de humo que los cubrió mientras corrían hacia el bosque.

Mientras escapaban, Mort comenzó a jadear, su respiración se volvía más pesada con cada paso. "¿Pudiste hacer eso desde que conociste a mi hijo?" preguntó, con una pizca de sarcasmo mezclada con asombro, aunque claramente le costaba hablar.

Bailey, corriendo a su lado, negó con la cabeza. "No. Lo aprendí recientemente... porque Charlie y yo nos metimos en algo que va más allá de lo que puedes imaginar. Sin querer," confesó, preocupada mientras miraba a su suegro, quien apenas podía mantenerse de pie.

Mort, debilitado, se tambaleó hasta que Bailey lo ayudó a recostarse contra un árbol. Su rostro estaba pálido, y su respiración, irregular.

Al notar su estado, Bailey se detuvo de inmediato, angustiada. "¿Estás bien? No debería hacer esto. Deberías estar descansando," dijo, con la voz temblorosa.

Mort negó débilmente con la cabeza. "No es solo eso... No me he estado cuidando, sí. Pero hay algo más," dijo mientras intentaba calmarse.

Bailey lo miró con preocupación, y entonces recordó la esfera. Sus ojos se fijaron en la mano de Mort, donde antes había tocado la esfera contaminada. Su piel estaba ligeramente ennegrecida, como si algo hubiera comenzado a propagarse por sus venas.

"Mort, creo que la esfera te afectó. Esto no es solo cansancio o tu salud... es algo más," dijo Bailey, sintiendo cómo el miedo comenzaba a apoderarse de ella.

Mort intentó incorporarse, pero el malestar lo dominó. "¿Crees que esa maldita cosa me está haciendo esto?" murmuró, con los ojos entrecerrados.

"Sí, y tengo que sacarte de aquí antes de que sea peor," respondió Bailey, decidida. Sabía que no podían quedarse, pero el peso de lo que la esfera estaba causando a Mort era un recordatorio de que su batalla contra los hechiceros apenas estaba comenzando.

Después de unos segundos, Mort recuperó un poco de aire y, mirando hacia el horizonte, le preguntó: "¿Y ahora qué hacemos? Ese tipo puede matarnos en un instante."

Bailey se quedó en silencio por un momento, sabiendo que estaban en una situación crítica y que escapar no sería fácil. Con Mort apenas capaz de mantenerse en pie y el hechicero cada vez más cerca, sabía que necesitaría algo más que astucia para sobrevivir.

De repente, el hechicero lanzó una esfera que comenzó a liberar un humo espeso y venenoso. Bailey, viendo cómo Mort empezaba a toser con fuerza y a perder estabilidad, actuó sin pensar. Con todas sus fuerzas, lo tomó y lo cubrió con su cuerpo, protegiéndolo lo mejor que pudo.

"¡Bailey... ¿qué estás haciendo?!" preguntó Mort, atónito, mientras notaba que su nuera apenas podía mantenerse en pie. La preocupación comenzó a llenar sus ojos al ver que el humo estaba afectando visiblemente a Bailey.

"Mort..." jadeó Bailey, luchando por mantenerse firme mientras el veneno comenzaba a hacer efecto. "Toma esto... y vete," dijo, colocando una piedra brillante en la mano de su suegro. "Busca a Charlie. Yo me encargaré de distraerlo... al menos uno de nosotros tiene que salir de aquí."

Mort miró la piedra en su mano y luego a Bailey, su rostro lleno de incredulidad y frustración. "¿Estás loca? ¡No he hablado con mi hijo en algún tiempo! ¿Cómo crees que voy a aparecer frente a él después de dejarte atrás?"

El hechicero, que había escuchado parte de la conversación, se acercó con una sonrisa cruel, disfrutando de su sufrimiento. "Qué conmovedor. Pero déjenme aclarar algo... no tienen opción. Él apenas puede respirar, y tú, Bailey, ya tienes mis toxinas recorriendo tu cuerpo. Si sigues así, no te queda más de diez minutos de vida."

Mort, lleno de rabia, apretó los dientes y, con la poca fuerza que le quedaba, intentó golpear al hechicero. Pero este simplemente detuvo el puñetazo con una mano, mirándolo con burla.

Sin embargo, algo inesperado ocurrió. La piedra que Mort sostenía comenzó a brillar intensamente al momento del impacto. En un instante, una densa niebla se generó alrededor de ellos, cubriéndolos por completo y obligando al hechicero a retroceder.

"¿Qué demonios...?" murmuró el hechicero, sorprendido, mientras intentaba disipar la niebla con un movimiento de su mano.

Mort, aún con la piedra en la mano, miró a Bailey, que ahora estaba casi inconsciente debido al veneno. "¿Bailey? ¿Qué está pasando?" preguntó, sintiendo una mezcla de miedo y asombro.

Cuando la niebla comenzó a disiparse, una figura se hizo visible. Era un lobo de pelaje negro, con ropas deportivas que le daban un aire de artista marcial. Su postura era imponente, pero lo que más destacaba era su mirada penetrante.

Por un momento, el lobo mantuvo una expresión seria, evaluando la situación. Luego, de manera completamente inesperada, su rostro cambió a uno despreocupado y relajado. "Bueno, parece que llegué justo a tiempo para la fiesta," dijo con una voz calmada pero llena de confianza.

Mort y Bailey, aun tratando de entender lo que estaba pasando, intercambiaron miradas rápidamente, sin saber si el recién llegado era un aliado o una nueva amenaza.

"¡Ah, hombre! ¡Esto es raro!" dijo el lobo, rascándose la cabeza con confusión. "Espera, ¿dónde estoy? ¿Tú fuiste el que me trajo aquí?" le preguntó a Mort, sin darle mucho contexto. "Y... ¿en qué año estamos? ¿Alguien tiene un mapa? Estoy un poco... perdido", añadió, sonriendo como si todo fuera una broma.

Mort, todavía desconcertado y con los efectos del veneno comenzando a mostrar señales en su cuerpo, frunció el ceño. "¿Quién eres? ¿Y qué haces aquí?"

El lobo cambió rápidamente a una mirada seria al notar el estado crítico de Bailey y el humo tóxico que los rodeaba. "Soy Timmy. Y parece que tienen un problemón aquí", dijo señalando a Bailey, que ya mostraba signos claros de intoxicación. Su actitud despreocupada desapareció al instante. "Oh, no... Esto no pinta bien."

Antes de que pudiera reaccionar, sus ojos se fijaron en algo más: la esfera del dragón, parcialmente enterrada en el suelo, brillando tenuemente con un resplandor oscuro. Su aura era inconfundible. Timmy frunció el ceño, murmurando: "que es eso."

El hechicero, recuperándose de la sorpresa inicial, dio un paso al frente con una sonrisa maliciosa. "Así que finalmente apareció uno de ustedes. ¿Crees que puedes salvarlos? Soy el más fuerte del grupo que ha venido a recuperar las esferas. Tú no tienes ninguna oportunidad."

Timmy, volviendo a su tono juguetón, se estiró los brazos y respondió: "¿El más fuerte? ¿En serio? Bueno, esto será divertido." Luego, hizo un gesto al hechicero, como si lo invitara a atacar. "Vamos, muéstrame de qué estás hecho."

El hechicero, claramente irritado, lanzó una bola de energía oscura directamente hacia Timmy. En lugar de esquivarla, Timmy la atrapó con una sola mano, y con una sonrisa la lanzó hacia el cielo, donde explotó inofensivamente. "¿Eso es todo? Vamos, ni siquiera he empezado a sudar."

Furioso, el hechicero desató una ráfaga de ataques, pero Timmy los esquivó con gracia y rapidez, cada movimiento parecía más un juego que un combate. A cada golpe fallido, el hechicero se enfurecía más. "¡Deja de jugar conmigo!"

Timmy, finalmente serio, dejó de esquivar. En un movimiento rápido, se colocó detrás del hechicero, golpeándolo en la espalda y enviándolo volando varios metros. El impacto fue brutal, dejando al hechicero aturdido.

"Te lo advertí," dijo Timmy con frialdad. "No sé exactamente por qué estoy aquí, pero si sigues insistiendo... lo lamentarás."

El hechicero, tambaleándose y lleno de rabia, comenzó a conjurar un hechizo más poderoso, sus manos temblaban mientras las palabras oscuras fluían de su boca. Pero antes de que pudiera completar su invocación, Timmy se movió con una rapidez abrumadora, apareciendo frente a él.

Con un movimiento brusco, Timmy lo sujetó por el brazo con una fuerza impresionante. El hechicero luchó desesperadamente, pero era como intentar zafarse de un hierro fundido. "¿Qué crees que estás haciendo?" gruñó el hechicero, su voz temblorosa entre el miedo y la ira.

Timmy, con una calma inquietante, se inclinó hacia él y dijo en voz baja: "Arte secreto: Mata Dragones."

El hechicero, con los ojos llenos de incredulidad, intentó liberarse con todas sus fuerzas, pero el agarre de Timmy era implacable. Antes de que pudiera reaccionar, Timmy añadió: "Infierno."

En un instante, un pilar de llamas surgió desde la palma de Timmy, envolviendo al hechicero en un torbellino ardiente. El fuego era tan intenso que iluminó todo el bosque y comenzó a arrastrar ramas, hojas y polvo hacia el aire, creando un remolino infernal que parecía devorar todo a su paso.

Mort, paralizado por el espectáculo, apenas podía respirar mientras observaba cómo las llamas danzaban con una ferocidad que nunca antes había presenciado. En el centro de aquel torbellino de fuego, la esfera del dragón comenzó a brillar intensamente, como si respondiera al poder de las llamas.

Sin embargo, la energía oscura que envolvía la esfera luchaba contra el fuego, resistiéndose a ser purificada. El resplandor de la esfera y las llamas de Timmy se enfrentaban en una batalla visual impresionante, llenando el aire con un sonido como de cristales rompiéndose.

"¿Qué demonios está pasando?" murmuró Mort, incrédulo, mientras el espectáculo continuaba ante sus ojos.

Timmy, sin soltar al hechicero, miró de reojo la esfera y murmuró: "¿Así que esto es lo que está causando tanto problema? Bueno, eso se acaba aquí."

Con un último esfuerzo, las llamas de Timmy estallaron con aún más fuerza, envolviendo completamente la esfera. La energía oscura que la rodeaba comenzó a desvanecerse lentamente, purificada por el calor abrasador del arte secreto de Timmy.

Cuando el fuego finalmente se extinguió, el hechicero había desaparecido, reducido a cenizas. La esfera del dragón cayó al suelo, ahora limpia y reluciente, brillando con un tono cálido y dorado.

Timmy soltó un suspiro y se giró hacia Mort, quien lo miraba con una mezcla de asombro y miedo. "Bueno," dijo Timmy, con su tono despreocupado habitual, "eso fue un poco más intenso de lo que esperaba. Supongo que no necesitas más lecciones de cómo manejar problemas."

Mort, aun procesando lo ocurrido, miró a la esfera y luego a Timmy. "¿Qué... qué acabas de hacer?"

Timmy se encogió de hombros y, con una sonrisa, respondió: "Lo que mejor hago: arreglar desastres. Aunque, si te soy sincero, todavía no entiendo muy bien qué está pasando aquí."

Mort, testigo de todo, quedó atónito ante el poder de Timmy. Aterrorizado por lo que acababa de ver, intentó ponerse en guardia, aunque su cuerpo no podía soportar más. Estaba asustado por el poder del chico, que había derrotado al hechicero sin apenas esfuerzo.

Timmy se giró hacia Mort, con una expresión más seria de lo habitual. "Si no nos movemos rápido, ella no lo logrará," dijo señalando a Bailey, cuya respiración era cada vez más débil.

Mort, aún aturdido, preguntó: "¿Cómo puedes estar tan seguro?"

"Porque no soy un novato," respondió Timmy con calma, aunque su tono era firme. "Puedo sentirlo. En los pocos minutos que me llevó acabar con ese tipo, su estado ha empeorado drásticamente."

Timmy miró a Bailey y añadió: "Confía en mí. Hay alguien que puede ayudarla, pero debemos llegar cuanto antes."

Mort, con el peso de la situación encima, preguntó apresuradamente: "¿Y cuánto tiempo tardaríamos en llegar a pie?"

Timmy, sin perder su toque humorístico, respondió: "Más de una semana."

Mort lo miró con incredulidad, su voz elevándose en frustración: "¡No es momento para bromas! La vida de mi nuera está en peligro."

Timmy asintió con seriedad. "Lo sé. Pero solo respondí tu pregunta. La buena noticia es que puedo llevarnos al lugar en un instante."

Bailey, apenas consciente, murmuró débilmente: "Llévame... con quien dice el chico."

Mort, recordando la muerte de su esposa y el dolor que eso le había causado, finalmente accedió. "Está bien. Pero ¿cómo nos vas a llevar?"

Sin perder tiempo, Timmy recogió la esfera del dragón que había recuperado su brillo, ahora completamente purificada, y la guardó en un bolsillo improvisado de su ropa. Luego se giró hacia Bailey, cargándola con aparente facilidad, aunque de manera poco elegante, como si fuera un saco de papas. Mort frunció el ceño, claramente irritado por la falta de delicadeza.

"¡Pon las manos en mi hombro! ¡Deprisa!" ordenó Timmy, sin darle a Mort tiempo para protestar.

En un abrir y cerrar de ojos, ya no estaban en el bosque.

Cuando Mort recuperó el equilibrio tras la repentina teletransportación, se encontró frente a una figura de rojo y a Shin, que parecía estaba recuperádo de sus propias heridas. Timmy, sin perder un segundo, señaló a Bailey. "Tú, chica de rojo, ella está envenenada. Necesita ayuda ahora mismo."

La mujer, sin dudar, comenzó a actuar con rapidez mientras Shin se acercaba para ayudar. Timmy, volviendo su atención a Mort, añadió con una sonrisa: "Por cierto, abuelo, tú también necesitas que te revisen. Apenas puedes mantenerte en pie."

Mort intentó replicar, pero su cuerpo lo traicionó; el veneno de la esfera seguía causando estragos en él.

Mientras la chica de rojo y Shin atendían a los dos enfermos, Timmy, que nunca podía quedarse quieto, notó algo fuera de lugar. Desde el jardín, alcanzó a ver a alguien luchando contra tres hechiceros. "Bueno, parece que alguien comenzó la fiesta sin mí," comentó, sonriendo traviesamente mientras se dirigía hacia la batalla.

Cinco minutos antes de que Timmy y los demás llegaran, Shin estaba al límite de sus fuerzas. Herido y completamente agotado, apenas logró murmurar, con la voz entrecortada: "Vienen... los hechiceros."

Frente a la casa de los Heeler, tres figuras envueltas en un aura oscura emergieron de las sombras, avanzando con una confianza peligrosa. Cada paso que daban parecía aumentar la presión en el aire, como si su mera presencia contaminara el entorno.

Charlie, alarmado, ayudó a Shin a mantenerse de pie mientras Frisky y Brandy lo llevaban al interior de la casa. Brandy, aún sin entender del todo lo que estaba sucediendo, se limitó a obedecer las instrucciones mientras Rad salió apresuradamente al patio. "Niñas, hagan caso a sus tías y no salgan de la casa. Pase lo que pase," advirtió con firmeza, cerrando la puerta detrás de él.

Antes de perder la conciencia, Shin logró decir entre susurros: "Usen el ki para protegerse..." Luego, cayó desmayado, dejando a Charlie y Rad frente a los intrusos.

Los dos hombres intercambiaron una mirada rápida, sabiendo que no tenían más opción que enfrentarlos. Charlie dio un paso al frente y preguntó con seriedad: "¿Qué quieren de nosotros?"

Uno de los hechiceros, con una sonrisa cruel que dejaba ver sus intenciones maliciosas, respondió: "Venimos por venganza... por ese idiota que se llevó la esfera del dragón."

Sin más palabras, uno de los hechiceros avanzó hacia ellos, confiado. Charlie y Rad elevaron su guardia. Aunque Charlie tenía algo de entrenamiento en defensa personal, estaba preocupado por Rad, quien, según Frisky, solo iba al gimnasio para mantenerse en forma y no tenía experiencia en peleas.

El enfrentamiento comenzó rápidamente. Con un movimiento ágil, el hechicero lanzó una patada directa al rostro de Rad, enviándolo volando por los aires. Rad impactó con fuerza contra la pared lateral de la casa de Pat, dejando una grieta visible en el concreto.

"¡Rad!" gritó Frisky al ver la escena, su voz cargada de preocupación. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia su esposo mientras llamaba a las niñas: "¡Todas con Rad, ahora mismo!"

En el patio, Charlie permaneció enfrentando a los tres hechiceros, su cuerpo tenso pero su mente enfocada. Sabía que no podía permitirse flaquear, no con su familia y sus amigos en peligro.

Charlie intentó defenderse, pero el hechicero le lanzó un puñetazo que lo golpeó con fuerza, enviándolo volando hacia la casa de Wendy. Aunque había logrado amortiguar parte del impacto usando su ki, el golpe seguía siendo devastador. Wendy y su hija Judo, alarmadas por el estruendo, salieron de inmediato.

"¿Charlie? ¿Qué está pasando?" preguntó Wendy, con evidente preocupación.

Antes de que Charlie pudiera responder, el hechicero ya estaba descendiendo a toda velocidad hacia ellos, con un aura oscura que lo hacía parecer una sombra en movimiento.

Con una reacción instintiva, Charlie agarró a Wendy y a Judo, saltando con todas sus fuerzas para alejarlas del peligro. Aterrizó en el jardín de Pat, jadeando por el esfuerzo. "¡Wendy, lleva a Judo a un lugar seguro, ahora!" ordenó con urgencia.

Aunque asustada, Wendy asintió y, sujetando firmemente la mano de su hija, corrió hacia la casa de Pat. Mientras tanto, Rad, que comenzaba a recuperar el conocimiento, se incorporó con dificultad. "¿Qué demonios está pasando aquí?" preguntó, aturdido y adolorido.

Frisky, viendo la confusión en las caras de los presentes, intentó explicar rápidamente la situación a Wendy, Judo y Pat, aunque era difícil encontrar las palabras adecuadas en medio del caos.

De repente, Charlie fue lanzado nuevamente hacia el grupo, golpeando el suelo con fuerza. Esta vez, el impacto fue más violento, pero, con gran esfuerzo, logró ponerse de pie casi de inmediato. Aunque su técnica para resistir golpes estaba funcionando, el daño comenzaba a acumularse.

El hechicero que lo había atacado aterrizó cerca, riendo con burla. "¡Vamos, amigo! ¿Esto es una pelea o eres solo mi saco de boxeo?"

Charlie apretó los dientes, sintiendo cómo la irritación comenzaba a invadirlo. Sabía que perder el control sería un error fatal, así que respiró hondo, tratando de mantener la calma.

El hechicero no perdió tiempo y volvió a atacar. Esta vez, Charlie logró atrapar el golpe, bloqueándolo con ambas manos. Aprovechando la cercanía, intentó contraatacar con un puñetazo directo, pero el hechicero detuvo su golpe con facilidad, envolviendo su brazo en una energía oscura.

El dolor fue inmediato. Charlie sintió cómo la energía se concentraba en su brazo, provocando una fractura. "¿No aprendes, verdad?" se burló el hechicero mientras bajaba su guardia, confiado en su victoria.

Pero ese instante de arrogancia fue suficiente para Charlie. Con su brazo izquierdo, aún funcional, lanzó un golpe directo que conectó, sorprendiendo al hechicero y haciéndolo retroceder.

"Te lo advertí, no juegues conmigo", dijo Charlie, con el rostro endurecido por el dolor.

El hechicero, enfurecido por la sorpresa, envolvió su otro brazo en energía oscura, dejando a Charlie casi inmovilizado. "Ahora sí, terminemos con esto", dijo el hechicero, preparando un ataque final mientras Charlie luchaba por mantenerse de pie, agotado pero decidido a no rendirse.

Desesperado, Charlie pensó rápidamente en una última estrategia. A pesar del dolor que recorría su cuerpo, logró concentrar una pequeña cantidad de energía en su brazo derecho, apenas moviéndolo. Visualizó lanzarla como un proyectil de ki. Para sorpresa del hechicero, esa mínima cantidad de energía fue suficiente para dañarlo, dejándolo aturdido.

Desde la distancia, los compañeros del hechicero observaban con desdén. "Eso te pasa por jugar con ellos", comentó uno, con tono burlón.

El hechicero, enfurecido, ignoró sus palabras. Sin embargo, en su descuido, no se dio cuenta de que Rad, quien se había reincorporado, recogía un pedazo de madera tirado entre los escombros. Infundiendo ki en el improvisado arma, Rad golpeó al hechicero con todas sus fuerzas, enviándolo al suelo y dejándolo sangrando por primera vez.

"¡Maldito!", rugió el hechicero, lleno de rabia. Sin pensarlo dos veces, cargó contra Rad con toda su fuerza, lanzándolo violentamente contra una pared. El impacto dejó a Rad inconsciente.

Charlie, viendo a su cuñado caer, intentó levantarse, pero su brazo derecho ya no le respondía. El hechicero, completamente fuera de control, se giró hacia él con la intención de terminar lo que había empezado.

Justo en ese instante, Bluey, impulsada por el pánico, lanzó una esfera de ki en la que, sin saberlo, había puesto la piedra que había caído del bolso de Shin. Al impactar contra el suelo, la esfera explotó, liberando una densa y brillante niebla.

De la niebla comenzó a formarse una figura femenina, alta y majestuosa, con una presencia que hacía que el aire se volviera más pesado. "¿Dónde estoy?", preguntó la mujer con una voz firme y fría, su mirada recorriendo el lugar.

El hechicero, cegado por su furia, no le prestó atención. "¡Pequeña entrometida!" rugió, lanzándose directamente hacia Bluey. "¡Te voy a enseñar a no meterte en mis asuntos!"

Charlie, incapaz de moverse con rapidez, gritó con desesperación: "¡Bluey, corre!"

Antes de que el hechicero pudiera tocar a la niña, la figura femenina levantó una mano. "Eso es suficiente", dijo con calma. Deteniendo al hechicero en seco, levantándolo del suelo como si fuera un muñeco.

Bluey, asustada pero impresionada, retrocedió mientras la figura femenina miraba al hechicero con desdén. "Patético", susurró, antes de lanzar al hechicero hacia sus compañeros con un simple movimiento de su mano.

La tensión en el aire era palpable. Charlie, herido pero agradecido, intentó ponerse de pie mientras la mujer misteriosa volteaba a verlo. " Tienes suerte de que esté aquí. ", dijo, sus ojos brillando con una energía misteriosa.

La mujer avanzó hacia el hechicero con una calma inquietante, mientras su aura se intensificaba. Su mirada gélida parecía atravesarlo. "Has cometido tres errores, y los pagarás caro", dijo con una voz que hizo estremecer a todos los presentes.

Sin previo aviso, lo levantó del suelo con una mano, sujetándolo por el rostro. "El primero fue herir a personas que no pueden defenderse." Con un movimiento brutal, lo lanzó contra una de las paredes, que se agrietó por el impacto.

Mientras el hechicero intentaba levantarse, jadeando por el golpe, ella caminó hacia él, como si tuviera todo el tiempo del mundo. "El segundo error", continuó, "fue insultar a una niña delante de mí." Sin mostrar esfuerzo alguno, lo tomó de nuevo y lo arrojó fuera de la casa, su cuerpo chocando contra el suelo con fuerza.

El hechicero, tambaleándose mientras intentaba ponerse en pie, miró a la mujer con odio. "¿Quién demonios crees que eres?" gritó, su voz llena de rabia y desesperación.

Ella, sin inmutarse, dejó que un destello de poder envolviera su figura, haciendo que el aire se volviera más pesado. "Y tu tercer error fue ignorarme", declaró, con un tono tan firme que hizo que incluso los compañeros del hechicero retrocedieran.

La atmósfera se llenó de tensión, y la mujer dio un paso adelante, con sus ojos brillando intensamente. "Hoy no saldrás de esta", sentenció, mientras una energía imponente comenzaba a acumularse a su alrededor.

Todos los presentes, que hasta ese momento habían estado asustados por la violencia del combate, comenzaron a relajarse al ver el control absoluto que tenía la misteriosa mujer sobre la situación. Pat y Janelle, al observarla más detenidamente, notaron algo extraño en su apariencia. Le dijeron a Charlie: "Esa mujer... se parece mucho a Bailey".

Frisky, mientras intentaba levantar a Rad del suelo, añadió con una mezcla de sorpresa y confusión: "Tienen razón, Charlie. Hay algo en ella que me recuerda mucho a Bailey".

Charlie, incrédulo y desconcertado, negó con la cabeza. "No puede ser... Bailey nunca actuaría de esa forma".

Mientras tanto, Bluey, aliviada por la aparición de alguien que parecía estar ayudándolos, vio a Bingo sosteniendo la otra piedra que se le había caído a Shin. Casi como si estuviera formulando un deseo, Bingo susurró: "Por favor, piedrita, trae a alguien que pueda ayudar a curar a mi papá, a mi tío y al señor Shin".

Los adultos, al escuchar esto, gritaron al unísono: "¡No lo hagas!" Sin embargo, ya era demasiado tarde. Bingo había roto la piedra, y una densa niebla comenzó a formarse. Todos retrocedieron instintivamente mientras una figura femenina encapuchada emergía lentamente de entre la bruma.

La figura, una canina hembra, miró a su alrededor con calma antes de hablar. "Hermana, ¿dónde estás?", dijo, buscando con la mirada como si esperara encontrar a alguien específico. Luego, frunciendo el ceño, añadió con una voz más baja y confusa: "¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?".

a encapuchada, al notar las miradas de todos sobre ella, levantó lentamente las manos y, con un movimiento elegante, se quitó la capucha. El rostro que reveló dejó a Brandy impactada,

quien había permanecido en silencio hasta ese momento, dio un paso al frente, con los ojos abiertos de par en par. "Charlie… ella se parece a mamá," murmuró, casi sin aliento, sorprendiendo a todos.

La mujer dirigió su mirada hacia Brandy al escuchar sus palabras, pero antes de poder responder, Bingo, con una voz tímida y casi suplicante, rompió el silencio. "Señorita, ¿puede ayudarnos? Le pedí a la piedra que trajera a alguien que pudiera curar a mi papá, a mi tío y al señor Shin."

La encapuchada, ahora descubierta, volvió su atención a los heridos. Su postura, inicialmente tensa, se relajó ligeramente. Con un tono sereno, pero decidido, respondió: "De acuerdo. Los curaré enseguida."

Sin perder tiempo, extendió sus manos y comenzó a canalizar su magia Acto seguido, pronunció un hechizo: "Magia de Plata: Cesta Floral de Curación de Sueños". En ese instante, unas enredaderas cubiertas de flores comenzaron a envolver a los heridos, absorbiendo su agotamiento y curando sus heridas de forma rápida y efectiva. Mientras la luz los sanaba, Brandy no podía apartar los ojos de ella. Retrocedió un paso con incredulidad y susurró nuevamente, esta vez con un tono casi reverencial: "Se parece aún más a mamá…"

Charlie, aun procesando lo que estaba viendo, no pudo encontrar las palabras para hablar. Solo observó en silencio mientras la mujer continuaba su labor, su mirada reflejando no solo propósito y serenidad, sino también una melancolía profunda que parecía ocultar un dolor que nadie más podía entender.

Charlie, quien tenía un brazo roto, se sintió completamente renovado. Rad, que había estado inconsciente, despertó como si nada le hubiera pasado. Shin, agotado hasta el límite, recuperó su energía como si acabara de despertar de un largo descanso.

La encapuchada, al lado de Shin, observó con determinación a la mujer que estaba en medio de la pelea. Justo en ese momento, Timmy, el lobo de pelaje negro, irrumpió en la escena llevando consigo a Bailey, que seguía inconsciente.

"Esta mujer está envenenada, y el anciano que la acompaña tiene problemas. Debemos actuar rápido", dijo con firmeza antes de girarse y dirigirse hacia la pelea que aún rugía afuera, sin detenerse a observar las reacciones de los demás.

La encapuchada fijó su mirada en Shin y declaró con voz decidida: "Voy a realizar el hechizo de purificación de nuevo. ¿Puedes ayudarme a eliminar el veneno del cuerpo de esta mujer?"

Shin, completamente recuperado, asintió con calma. "Esto no será un problema para mí."

Mientras tanto, Mort, que seguía asombrado por todo lo que estaba ocurriendo, sintió cómo las enredaderas conjuradas por la encapuchada comenzaban a sanar su cuerpo debilitado. Sin poder apartar la mirada del rostro de la mujer, murmuró con incredulidad: "Tu rostro... me recuerda a alguien."

La mujer, notando la confusión en el rostro de Mort, mantuvo su expresión serena mientras continuaba con el hechizo curativo. Su rostro, ahora visible desde hacía tiempo, irradiaba una mezcla de calma y determinación. "Abuelo, relájate", dijo con suavidad. "Estoy aquí para ayudar."

Mort, con los ojos bien abiertos, seguía inmóvil, incapaz de asimilar lo que veía. "Tú... te pareces a ella…", murmuró nuevamente, como si hablara consigo mismo, incapaz de apartar la mirada.

Frisky, observando la escena con una mezcla de asombro y desconcierto, fue la primera en romper el silencio: "Brandy, Charlie… ella se parece a su madre… pero eso no tiene sentido."

Charlie y Brandy, con lágrimas acumulándose en sus ojos, se sintieron invadidos por una mezcla de emociones al ver a la mujer, cuyo rostro era casi idéntico al de su madre fallecida. Con un nudo en la garganta, ambos susurraron al unísono: "Mamá…"

La mujer, sintiendo la intensidad del momento, les dedicó una mirada cálida antes de volver su atención al hechizo. Sabía que no había tiempo para largas explicaciones; los hechiceros seguían acechando, y el peligro no había pasado.

De repente, el aire a su alrededor comenzó a vibrar con una energía maligna. Los hechiceros, habiendo recuperado algo de su compostura tras el ataque inicial, avanzaban con una renovada determinación. Timmy, que había permanecido atento desde la distancia, se acercó con una sonrisa juguetona y despreocupada, pero su mirada revelaba que estaba más que listo para pelear.

"Bueno, parece que las cosas se van a poner interesantes", dijo Timmy mientras estiraba los brazos, como si estuviera calentando para un ejercicio. "¿Quién va primero?", agregó, mirando a los hechiceros con una expresión desafiante.

La mujer, mirando a Timmy con una leve sonrisa, le advirtió: "No los subestimes. Son más peligrosos de lo que parecen."

Timmy soltó una pequeña risa y respondió: "Tranquila, puedo con ellos. Además, siempre es más divertido cuando se ponen serios." Dicho esto, se lanzó hacia los hechiceros con una velocidad asombrosa.

Los hechiceros, sorprendidos por la rapidez de Timmy, intentaron contraatacar, pero él los esquivaba con facilidad, lanzando una serie de golpes precisos que los desestabilizaban uno tras otro. Su velocidad y destreza no les dejaban oportunidad de respuesta.

Uno de los hechiceros, intentando recuperarse, lanzó una bola de energía oscura, pero Timmy la esquivó con agilidad. "¿Eso es todo lo que tienen?" se burló, mientras propinaba un golpe directo a uno de ellos, enviándolo volando hacia atrás.

Otro hechicero, viendo la oportunidad, se acercó rápidamente a Timmy, empuñando una daga negra rodeada de energía oscura. Pero justo cuando iba a atacar, Timmy se agachó y lo derribó con una patada baja, haciéndolo caer al suelo. "Vamos, muchachos. Necesito que lo intenten un poco más si quieren que esto sea emocionante", dijo con una sonrisa traviesa.

La mujer que había iniciado el combate observaba la escena, impresionada por la rapidez y la fuerza de Timmy. Decidió que era momento de unirse al combate. "Es mi turno", dijo con firmeza.

Con un movimiento rápido de su mano, invocó una serie de lanzas que se multiplicaron en el aire. Al caer, cada una explotaba al contacto, generando una nube de escarcha que cubría el campo de batalla.

Timmy, todavía impresionado por la cantidad de lanzas que habían caído sobre los hechiceros, giró la cabeza hacia la mujer y preguntó con una mezcla de curiosidad y asombro: "Oye, ¿de dónde salieron todas esas lanzas?"

La mujer, mientras sostenía una de las lanzas en su mano, le dedicó una pequeña sonrisa. Sin decir nada al principio, levantó su mano y dejó que Timmy viera el anillo en uno de sus dedos. El diseño del anillo era intrincado, con grabados que parecían brillar tenuemente.

"Este anillo," explicó ella con calma, "me permite generar lanzas ilimitadas sin consumir mi propio poder. Es una herramienta que garantiza que nunca me quede sin armas, sin importar la situación."

Timmy la miró con un destello de admiración y añadió con una risa ligera: "Vaya, eso explica muchas cosas. Aunque, ahora que lo pienso, ¿no sería más justo que me lo prestaras un rato? Podría hacer que esto sea aún más divertido."

La mujer lo miró de reojo, manteniendo su expresión tranquila pero firme. "Esto no es un juguete, chico. Además, necesitas más que velocidad para usar algo como esto."

Timmy soltó una carcajada y respondió con su habitual despreocupación: "Supongo que tienes razón. Mejor me quedo con mis puños rápidos. Igual, creo que estoy haciendo un buen trabajo con ellos."

Uno de los hechiceros logró esquivar las lanzas, pero los otros dos no tuvieron tanta suerte y quedaron atrapados en una explosión. "¡Maldita sea!" gritó uno de los hechiceros.

El hechicero que había esquivado las lanzas intentó atacar directamente a la mujer, quien seguía concentrada en curar a los heridos. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarla, Timmy apareció de nuevo, interponiéndose en su camino. "Oh no, amigo. No te metas con ella. ¿No ves que está ocupada?" Con un solo golpe, Timmy lo lanzó varios metros hacia atrás, estrellándolo contra el suelo.

La mujer, al ver que la situación estaba bajo control, dirigió su atención a los hechiceros atrapados en la explosión de sus lanzas. Extendió su mano y conjuró usando magia de hielo, trampa gélida para congelarlos de las puntas de los pies asta la cintura

Eso debería mantenerlos quietos por un buen rato", dijo con seguridad.

Con los tres hechiceros neutralizados, Timmy se estiró con despreocupación, como si todo hubiera sido solo un calentamiento. "Bueno, eso fue fácil", comentó, mirando a la mujer con una sonrisa relajada.

Ella le lanzó una mirada rápida mientras seguía concentrada en curar a los heridos. "No te relajes demasiado. Aún no sabemos si hay más de ellos por ahí", advirtió, mientras terminaba de restaurar la salud de todos.

Tras asegurarse de que los heridos estuvieran fuera de peligro, la mujer y Shin se dirigieron al jardín para verificar que no quedara ninguna otra amenaza. Al no detectar ninguna presencia maligna, Shin dejó escapar un suspiro de alivio y levantó sus manos para conjurar un hechizo de reparación, restaurando el daño causado durante la batalla.

Los hechiceros vencidos, aún atrapados en la prisión de escarcha, comenzaron a reírse, sus carcajadas llenas de desprecio y desafío. "No se relajen tanto," dijo uno de ellos con una voz rasposa. "Nuestro líder vendrá por ustedes pronto. A él nadie le ha ganado."

Timmy, intrigado, se cruzó de brazos y preguntó con tono burlón: "¿Ah, sí? ¿Y dónde está ese líder suyo ahora?"

Otro de los hechiceros, con una sonrisa torcida, respondió: "Está buscando una esfera del dragón. Cuando la encuentre, estarán acabados."

Timmy arqueó una ceja y, con una sonrisa traviesa, sacó la esfera de dos estrellas de su bolsillo, haciéndola girar en su mano. "¿Se refieren al imbécil con magia de veneno? ¿El que vencí sin siquiera sudar?" dijo con sorna.

El silencio de los hechiceros fue inmediato. Sus miradas se fijaron en la esfera, llenas de incredulidad y temor, mientras Timmy reía con aire despreocupado. "Si ese es su gran líder, creo que ya tienen un problema menos del que preocuparse."

Tras la sorpresa de los recientes eventos, las familias de Pat y Wendy comenzaron a hacer un sinfín de preguntas, mientras los Heeler intentaban responderlas lo mejor que podían. Entre tanto ruido y confusión, Charlie no pudo evitar volverse hacia Bailey, observando cómo estaba al lado de su padre. "¿Qué hacías con el lobo y con mi papá?", preguntó con una mezcla de confusión y preocupación.

Brandy, que también había notado la presencia de su padre, se unió a la conversación con los brazos cruzados y una expresión severa. "Papá debería estar descansando después de salir del hospital. ¿Qué está pasando aquí?", demandó con firmeza.

Charlie, sorprendido, se giró hacia su padre con el ceño fruncido. "¿Cómo que sigues mal? ¿No te estabas cuidando?", preguntó, visiblemente molesto y preocupado.

Mort, que no había visto a sus hijos en mucho tiempo, sintió el peso de la culpa al notar la confusión en Charlie y el reproche en Brandy. Bailey, que había permanecido en silencio hasta entonces, intercedió con una voz serena. "No quería preocuparlo más, Charlie. Tu padre ha estado... complicado."

Mort bajó la mirada, incapaz de sostener la de sus hijos. Finalmente, habló con voz apagada: "Lo siento, hijo... Es que la verdad, ya no tenía motivos para seguir cuidándome." Sus palabras quedaron flotando en el aire, cargadas de tristeza.

Charlie y Brandy intercambiaron una mirada llena de incredulidad y dolor, antes de volver la atención hacia su padre. Ambos respondieron casi al unísono, con un tono que mezclaba amor y desesperación: "No digas eso, papá. Aún no estamos listos para perderte."

Mort, tocado por las palabras de sus hijos, sintió cómo una chispa de esperanza regresaba a su corazón. El silencio que siguió estuvo lleno de emociones no expresadas, pero comprendidas por todos los presentes.

La chica de rojo, viendo el momento oportuno, pidió un par de vasos de leche para continuar el tratamiento de los dos envenenados. Mientras tanto, Bailey, que había intentado apartarse para evitar la conversación, fue rápidamente acorralada por Charlie, quien le preguntó con seriedad: "¿Y tú? ¿Dónde estabas metida todo este tiempo?"

Antes de que Bailey pudiera responder, la chica de rojo intervino con firmeza. "Creo que deberían continuar esa discusión después. Primero déjenme terminar de sacar el veneno, este asunto es delicado." Sin embargo, antes de que Charlie pudiera replicar, Mort interrumpió con una queja: "¿Por qué sabe tan mal esta leche?"

En ese momento, Bailey, que acababa de terminar su vaso, vomitó de golpe todo lo que tenía dentro. La chica de rojo miró a Charlie con calma y comentó: "¿Ves por qué te dije que suspendieran su conversación por el momento? Ahora mismo, la leche está intentando purificar y expulsar el resto del veneno. Además, ¿alguien puede traerle un vaso de agua a esta mujer? Señor," dijo dirigiéndose a Mort, "usted está maldito. Hasta que no le quitemos esa maldición, será mejor que se mantenga lejos de mí."

Mort, molesto por la afirmación, intentó protestar, pero la chica de rojo lo mandó a callar con firmeza. "No pienso poner su vida en riesgo por su terquedad."

Timmy, que había estado observando todo con interés, dejó escapar una risa ligera. "Vaya, parece que es bastante mandona esta chica."

La mujer de las lanzas, que estaba cerca, respondió con una sonrisa irónica: "Ni te lo imaginas."

En ese momento, alguien le trajo agua a Bailey. La chica de rojo se acercó y le ofreció algo más, un líquido de color azulado. Bailey, desconfiada, frunció el ceño. "¿Esto también me va a hacer sacar cosas de dentro de mí?"

"No, tranquila," respondió la chica de rojo con una sonrisa ligera. "Esto es un enjuague bucal que siempre llevo conmigo. Te ayudará a limpiar la boca y quitarte la sensación del vómito."

Bailey tomó el líquido con cautela, y, tras usarlo, soltó un suspiro de alivio. "Gracias… aunque todavía tengo mil preguntas sobre todo esto."

"Ya habrá tiempo para respuestas," comentó la chica de rojo, volviendo a centrarse en Mort.

"Ya habrá tiempo para respuestas," comentó la chica de rojo, volviendo a centrarse en Mort.

Antes de que la situación se pusiera más tensa, Mort, que había estado observando el intercambio con una mezcla de seriedad y arrepentimiento, intervino con voz grave pero honesta: "La verdad, hijo, he sido injusto con tu esposa. La juzgué mal... y me arrepiento profundamente. Es alguien que estaría dispuesta a sacrificarse antes de permitir que algo les pase a quienes le importan."

Rad, que estaba cerca, sonrió y asintió. "Es cierto, Mort. Pero mucho de eso es gracias a Charlie. Ha ayudado mucho a mi hermanita a crecer. Al principio, pensé que no durarían ni un año, pero han demostrado que juntos pueden superar cualquier cosa y ayudarse mutuamente a ser mejores."

Frisky, siempre lista para aligerar el ambiente, agregó con una sonrisa amplia: "¡Totalmente de acuerdo! Claro, ambos tienen sus defectos, pero juntos hacen un gran equipo. ¡Y mira a sus niñas! Estas dos son la mejor prueba de que han hecho un trabajo increíble."

Bluey y Bingo, que se habían estado escondiendo tímidamente detrás de Pat y su familia, observaban todo con ojos grandes y curiosos. A pesar de los eventos recientes, sus miradas reflejaban una mezcla de interés y nerviosismo hacia su abuelo y su tía, a quienes apenas conocían. Charlie y Bailey intercambiaron miradas llenas de comprensión; sabían que, en esta realidad alterada por las esferas, Bluey y Bingo no habían tenido una relación cercana con Mort ni con Brandy. Era evidente que las niñas estaban algo asustadas, especialmente después de todo lo que habían presenciado.

"Es normal que estén nerviosas," pensó Charlie, observándolas con ternura. "Ha sido un día largo, y con todo lo que han visto, es lógico que se sientan así."

Mort, notando el nerviosismo de sus nietas, decidió dar el primer paso. Con una sonrisa torpe pero genuina, caminó con dificultad hacia ellas, inclinándose un poco al llegar. "Bueno, ¿ustedes dos no piensan presentarse con su viejo abuelo? Aún tengo fuerzas para cargar a un par de nietas, ¿saben?"

Bluey, sorprendida por la cercanía de su abuelo, intercambió una mirada con Bingo antes de dar un paso tímido hacia adelante. "Hola, abuelo...," dijo en voz baja, casi como un susurro.

Bingo, siempre un poco más espontánea, añadió con entusiasmo: "¡¿Sabías que somos fuertes?! ¡Podemos hacer magia y todo!"

Mort soltó una risa ligera, su expresión suavizándose aún más. "Ah, ¿así que ustedes también son superhéroes, ¿eh? Bueno, entonces tal vez puedan enseñarle un par de trucos a este viejo abuelo."

La atmósfera se relajó finalmente, y las risas empezaron a llenar el espacio. Los Heeler y sus familias encontraron un momento de paz y conexión en medio de la confusión, dejando atrás, al menos por un rato, los eventos caóticos del día.

La situación en el jardín comenzó a calmarse mientras todos procesaban los recientes eventos. La familia Heeler y los invitados aún intentaban recuperarse de la tensión, cuando Timmy, ya dentro de la casa, rompió el ambiente serio con su característico comentario: "¡Vaya, qué bonito momento entre el abuelo y sus nietas!"

Shin, quien acababa de regresar al interior, aprovechó el momento para informar a todos con voz serena: "Ya terminamos de reparar todo. Los tres hechiceros han sido enviados donde está Chronoa para ser juzgados."

Antes de que pudiera continuar, las familias menos acostumbradas a la telepatía dieron un pequeño sobresalto al escuchar una voz en sus cabezas. Era Chronoa, hablando con un nerviosismo evidente: "Parece que todo está bien... ¿Verdad? ¡Oh, gracias a esos jóvenes! Me preocupaba que algo saliera mal."

Shin levantó una mano para tranquilizar a todos y respondió en voz alta: "Tranquila, Chronoa. Ya puedes relajarte. Todo está bajo control gracias a la ayuda de estos tres jóvenes."

Mientras las palabras de Shin resonaban en el ambiente, Rad, que había estado observando en silencio, frunció el ceño y señaló hacia la mujer de la lanza con un gesto intrigado. "Espera, pero... ¿por qué te pareces tanto a Bailey?"

El comentario de Rad captó la atención de todos, y sus miradas se dirigieron hacia la mujer. Ella, antes de responder, miró de reojo a Bailey, quien permanecía en silencio. Con una expresión pensativa y una ligera sonrisa, finalmente preguntó: "Oye, Bailey... ¿todo en ti es tan real como parece?"

a pregunta hizo que Bailey se pusiera completamente roja, incapaz de encontrar palabras para responder. Antes de que pudiera decir algo, Mort se adelantó, interviniendo con total seriedad: "Bueno, yo también tenía mis dudas al principio, pero después de lo que pasó hoy, creo que puedo confirmar que todo en ella es completamente real."

Bailey, aún más roja que antes, recordó con nerviosismo el momento en que tuvo que sujetar a su suegro contra su pecho para protegerlo del gas venenoso. Miró a su alrededor, buscando apoyo, mientras Charlie, molesto y algo avergonzado, exclamaba: "¡Papá!"

Timmy, fiel a su estilo despreocupado, decidió añadir su comentario: "Bueno, yo la cargué hace un rato, y, por su peso y altura, diría que sí… todo lo de ella es real."

La tensión aumentó por un instante, hasta que la chica de rojo intervino con una ceja levantada, mirando a Timmy: "Eres del tipo de personas que no piensa antes de hablar, ¿verdad?"

La seriedad se rompió con una carcajada ligera, que fue contagiándose entre los presentes. Aunque el ambiente seguía cargado de preguntas sin responder, el grupo comenzó a relajarse poco a poco, aprovechando el respiro tras la intensidad del conflicto.

Rad, aun tratando de procesar todo lo que había sucedido, frunció el ceño y preguntó, un tanto confundido: "Bueno... ¿y por qué te pareces tanto a Bailey?"

Antes de que nadie pudiera intervenir, la joven mujer que había estado peleando se adelantó, cruzando los brazos con seguridad y hablando con voz firme: "Bueno, respondiendo a tu pregunta, tío Rad, es porque soy su hija."

Las palabras de Bluey resonaron como un trueno en el grupo. El silencio que siguió fue tan absoluto que se podía escuchar el sonido del viento en el jardín. Todos quedaron boquiabiertos, mirando a esta versión adolescente de Bluey que, hacía apenas unos momentos, había demostrado una fuerza impresionante al enfrentarse a tres hechiceros sin mostrar señales de cansancio.

Antes de que alguien pudiera siquiera dudar de lo que había dicho, la joven decidió cortar por lo sano y aclararlo por completo. Se irguió con orgullo y declaró: "Me llamo Bluey Christine Heeler. Tengo 17 años. Y soy algo así como la hija de Bailey… ya que mi verdadero padre es Bandit, y mi madre, Chilli."

Las bocas de todos, incluyendo a Charlie y Bailey, permanecieron abiertas por la sorpresa. La tensión en el ambiente era palpable, como si el tiempo se hubiera detenido mientras las palabras de Bluey seguían resonando en sus cabezas. Antes de que alguien pudiera reaccionar, otra joven mujer avanzó con paso firme, situándose frente a Mort.

"Y yo…" comenzó, su voz tranquila, pero con un matiz de vulnerabilidad. Dirigió una mirada fugaz hacia Bailey y luego hacia Charlie, antes de continuar: "Bueno, abuelo, tía Brandy…" —hizo una pausa, respirando profundamente mientras fijaba sus ojos en Charlie— "… ¿por qué nadie me había dicho que me parezco tanto a la abuela?"

El aire en el lugar se llenó de un murmullo de incredulidad. Las miradas se movieron entre la joven y los demás, buscando respuestas que nadie parecía tener. Bailey, visiblemente impactada, se llevó una mano al rostro, mientras Charlie, incapaz de articular palabra, simplemente balbuceó algo incomprensible.

La joven sonrió con una mezcla de nostalgia y orgullo, y antes de que alguien pudiera reaccionar, añadió: "Soy Bingo Heeler, y tengo 15 años."

La revelación cayó como un segundo rayo en el grupo, dejando a todos sumidos en murmullos y miradas de incredulidad. Con ambas hermanas ahora reveladas, la sorpresa inicial se transformó en una mezcla de asombro y confusión.

En ese momento, el lobo negro, que hasta entonces había permanecido en silencio, decidió intervenir. Dio un paso adelante, sacudiendo un poco su pelaje como si estuviera ajustándose antes de hablar. Con una actitud despreocupada y su característica sonrisa traviesa, se presentó: "Y yo… pueden llamarme Timmy. Tengo 18 años. Y, bueno, no soy un Heeler, pero parece que estoy atado a este caos como todos ustedes."

Su comentario rompió un poco la tensión, arrancando unas risas nerviosas de los presentes. Mort, todavía tratando de procesar todo lo que había escuchado, se cruzó de brazos y miró al lobo con escepticismo. "¿Y tú qué tienes que ver con todo esto?"

Timmy se encogió de hombros con indiferencia. "Eso, abuelo, es una excelente pregunta. Pero créanme, tampoco estoy aquí por elección propia. Este desorden… simplemente me encontró."

Antes de que la conversación pudiera avanzar más, la voz de Chronoa resonó nuevamente en las mentes de todos. Esta vez, su tono era más calmado, aunque todavía con un toque de nerviosismo. "Debo pedirles disculpas a todos ustedes. Como no pude establecer comunicación con Shin ni con el grupo directamente, decidí contactar con otros miembros de sus familias, lo cual provocó preocupación innecesaria. Lamento mucho haberlos involucrado de esta manera."

La disculpa de Chronoa trajo un breve silencio, mientras los presentes asimilaban sus palabras. Bailey, con un gesto exasperado, exhaló profundamente. "Así que este desorden no solo nos atrapó a nosotros, sino también a nuestros familiares. ¿Algo más que debamos saber, Chronoa?"

La deidad respondió con un suspiro audible en sus mentes: "Estoy trabajando en ello. Las esferas del dragón son impredecibles. Su efecto en la realidad va más allá de lo que imaginé."

Shin, sintiéndose responsable, también se disculpó: "Lamento haberlos involucrado en este asunto. No tenía intención de poner a más personas en peligro".

Timmy, que había estado observando en silencio hasta ahora, levantó la mano rápidamente para interrumpir. "Oye, Shin, tengo una pregunta rápida. En la pelea con esos tipos... no pude sentir el aura de la esfera del dragón en ningún momento."

Shin, sorprendido por esta observación, frunció el ceño. "¿No pudiste sentirla?"

Timmy afirmó, añadiendo: "Y no es la primera vez que me encuentro con las esferas del dragón. En mi mundo también existen, por eso es que pienso que al menos debería haber notado su energía, pero era como si estuviera oculta o.… contaminada."

Shin asintió, comprendiendo el problema. "Eso tiene sentido... Las esferas que hemos recuperado están contaminadas con un tipo de magia oscura. Esta interferencia es lo que está bloqueando la detección de su aura. No puedes sentirlas porque esta magia no solo distorsiona su energía, sino que también las enmascara por completo."

Timmy, visiblemente sorprendido, frunció el ceño mientras reflexionaba en voz alta: "¿Magia oscura? Eso explicaría por qué no pude percibirlas antes." Sacó la esfera de dos estrellas de su bolsillo, sosteniéndola frente a todos. "Pero… no tengo idea de cómo se purificó. Simplemente empezó a brillar así después de todo lo que pasó."

La voz de Chronoa resonó nuevamente en sus mentes, calmada, pero con un tono de advertencia: "La contaminación de las esferas no solo afecta su detección, Timmy. También es peligroso intentar usarlas en ese estado. Podrían traer consecuencias graves si no se purifican antes de ser reunidas."

Charlie, que había estado escuchando atentamente, frunció el ceño y preguntó: "¿Entonces, debemos purificarlas antes de hacer cualquier cosa? ¿Y cómo se supone que hagamos eso?"

Chronoa suspiró, su voz mostrando algo de cansancio: "Es por eso que no debemos apresurarnos a juntarlas. Hasta que sepamos cómo lidiar con la magia que las afecta, cualquier intento podría ser desastroso."

Charlie, aún con la tensión de los recientes eventos, se mostró alarmado. "¿Y cómo las purificamos? ¿Hay una manera de deshacerse de esa magia oscura?"

Shin pensó por un momento, su expresión mostrando una mezcla de concentración y duda, antes de responder: "Es posible, pero necesitaremos la ayuda de alguien con un poder específico para contrarrestar esa magia. Y… bueno, no será nada fácil de encontrar."

Timmy, ahora más serio, cruzó los brazos y frunció el ceño. "Parece que la situación es más complicada de lo que pensaba. Así que no basta con reunir las esferas y pedir un deseo como en los cuentos de hadas. Primero tendremos que enfrentarnos a quienes las corrompieron."

Shin, que había permanecido pensativo, intervino de nuevo, esta vez con una chispa de optimismo en su tono: "Si conociéramos a alguien que pudiera usar magia de cazador, podríamos tener una oportunidad. Esa magia podría ayudarnos a purificar las esferas y eliminar la magia oscura que las contamina."

Un silencio incómodo cayó sobre el grupo. Las miradas se cruzaron, llenas de confusión, hasta que finalmente Bingo, en su versión adulta, rompió el momento con una explicación. "La magia de cazador es un tipo de magia muy especial. Solo puede ser enseñada o implantada por ciertas criaturas como dragones, dioses o demonios. Encontrar a alguien que pueda usar esos hechizos es… prácticamente imposible."

Mort, perplejo, interrumpió con una expresión llena de incredulidad: "Espera, ¿estás diciendo que esa magia es tan rara?"

Bluey, en su versión adulta, asintió con firmeza. "Sí, es extremadamente rara. Cada tipo de cazador tiene sus propias habilidades y limitaciones. Por ejemplo, los cazadores de demonios no pueden ser maldecidos y tienen la capacidad de absorber magia maldita. Los cazadores de dioses, por otro lado, son inmunes a cualquier magia más débil que la suya propia, siempre y cuando sea del mismo elemento. También tienen la habilidad de purificar magia oscura, como la que está afectando a las esferas."

"Y los cazadores de dragones," continuó Bluey, con un gesto reflexivo, "pueden eliminar magias más débiles que ellos y debilitar otras que se encuentre a su mismo nivel. Esto es gracias a la inmunidad natural de los dragones a la magia y a sus escamas increíblemente resistentes."

Cuando Bluey terminó de explicar, el grupo permaneció en silencio por un momento, asimilando la complejidad de lo que acababa de decir. Finalmente, Chronoa intervino, visiblemente más tranquila pero aún con precaución. "Es un buen plan, pero debemos tener cuidado. La magia oscura que rodea las esferas no será fácil de disipar, y los hechiceros que la lanzaron probablemente no se quedarán de brazos cruzados. Si eliminamos su influencia sobre las esferas, podrían intentar recuperarlas por la fuerza."

Mort, todavía procesando toda la información, frunció el ceño como si algo en su mente empezara a encajar. De repente, señaló hacia Timmy con cierta insistencia y exclamó: "¡Espera un momento! ¿Timmy mientras pelea con el tipo de veneno no mencionó algo sobre un 'arte secreto de dragón'?"

Todos los ojos se volvieron hacia Timmy, que en ese momento se rascaba la cabeza con una expresión despreocupada. Sin embargo, cuando notó la atención de todos, cambió su expresión a una de ligera sorpresa. "Ah, cierto... se me olvidó mencionarlo. ¡Yo sé usar la magia de cazador de dragones!"

Al escuchar la respuesta de Timmy, todos se quedaron en shock, con expresiones que claramente decían: "¿Está hablando en serio?"

Timmy, sin darse cuenta de las miradas incrédulas que lo rodeaban, añadió con total naturalidad: "Entonces fue mi magia la que, al final, purificó la esfera de dos estrellas. Ni siquiera estaba consciente de ello."

Charlie, con una mezcla de frustración y asombro, exclamó: "¿Por qué no dijiste nada antes?"

Timmy, fiel a su estilo despreocupado, se encogió de hombros y sonrió ampliamente. "Bueno, no quería presumir ni nada… Además, estaba esperando el momento justo para hacer una gran revelación. ¿Qué tal? ¿Lo logré?" Y, con un movimiento exagerado, adoptó una pose de héroe, sonriendo de oreja a oreja como si hubiera salvado al mundo.

El silencio que siguió fue tan contundente que hasta Chronoa, desde la distancia, parecía sentirlo. Todos lo miraron por unos segundos, procesando lo que acababa de decir. Finalmente, Bluey, con una pequeña sonrisa, rompió el silencio: "Este tipo… es un caso perdido."

Rad, incapaz de contenerse, soltó una carcajada ligera. "Al menos sabemos que no nos aburriremos con él cerca."

Con eso, la tensión se desvaneció momentáneamente. Aunque aún quedaba mucho por hacer y muchas preguntas sin responder, había algo reconfortante en saber que no estaban solos en esta lucha. El grupo se quedó en silencio por un momento, intercambiando miradas que hablaban de determinación, miedo y, en cierto grado, esperanza.

Timmy, fiel a su estilo despreocupado, rompió el silencio con una sonrisa y un encogimiento de hombros. "Bueno, supongo que podemos dejar las grandes revelaciones para más tarde. Ahora, ¿alguien sabe si hay algo de comer? Estas peleas realmente me abren el apetito."

La broma arrancó unas risas leves, pero esta vez no por nerviosismo, sino porque, a pesar del caos, la ligereza de Timmy les recordaba que no todo estaba perdido.

Bailey miró a sus hijas, Bluey y Bingo, ahora en sus versiones adolescentes, y sintió una mezcla de orgullo y temor por lo que estaba por venir. Charlie, a su lado, apretó suavemente su hombro, como si le asegurara que enfrentarían lo que viniera juntos.

Mientras el grupo comenzaba a dispersarse para recuperar fuerzas, Chronoa habló en sus mentes una última vez, su tono ahora más cálido: "Este es solo el comienzo. Manténganse unidos, porque lo que viene será más difícil de lo que imaginan… pero también más importante."

Con esas palabras resonando en el aire, el grupo comenzó a prepararse para lo que el futuro les tenía reservado, sabiendo que las esferas del dragón no solo eran su misión, sino también la clave para entender lo que realmente estaba en juego.