Dos días después, la prensa local se hacía eco de un accidente en la Reserva de Dragones. La foto de la portada mostraba a un conocido pelirrojo fornido haciéndose cargo de un dragón. La imagen en movimiento del dragón agachando la cabeza ante Charlie mientras los demás aún corren a su alrededor hize que algo se le revolviera dentro.
— ¿Hoy tampoco vas a entrenar? —preguntó su padre desde la otra punta de la mesa del desayuno.
— No —respondió sin mirarle, aparentando más interés en el artículo que en su progenitor, a pesar de que la simple pregunta le había tensado el estómago.
— Tienes que entrenar, Viktor, ya no eres un crío y si te relajas otro jugador más joven podría quitarte del medio, no es difícil darse cuenta de que no estás en tu mejor momento.
Las palabras en la prensa de Andrei Stoica, subdirector de la Reserva, flotaron un momento delante de sus ojos. Parpadeó para volver a centrarse en la lectura, que narraba como una pelea entre dos dragonas había destruido parcialmente un área de bosque y había sido finalmente controlada por el equipo de Charlie Weasley, uno de los dragonolistas más veteranos.
Volvió a mirar la foto en la que la dragona, un animal al menos del tamaño del que enfrentó él mismo en el torneo, agachaba la cabeza y dejaba que Weasley le acariciara entre los ojos.
— Te estoy hablando, Viktor —le interpeló su padre, molesto porque le estaba ignorando.
Se levantó, con el periódico aún entre las manos, y, por primera vez miró a su progenitor.
— Tengo cosas que hacer. Pasa buen día, padre.
Lo último que esperaba Andrei Stoica esa mañana era recibir un visitante, especialmente ese.
— Andrei, hay un hombre en la barrera que pide ver a Charlie —le avisó desde la puerta de su despacho uno de los guardias que controlaba la barrera de entrada a la Reserva.
— Otro periodista, son una plaga —respondió sin levantar la vista de los papeles que revisaba, negando con la cabeza con cansancio después de una noche muy larga—. Dile que…
— No es un periodista… —le interrumpió el guardia— es Viktor Krum.
Eso sí le hizo levantar los ojos, buscando en la cara del trabajador una confirmación de sinceridad. Tenía cara de fan entusiasmado por haber visto de cerca a su ídolo, así que sería cierto. Le hizo una seña para que se marchara, se levantó, cerró la pluma estilográfica y se pasó la mano por el pelo. Quizá no había dormido lo suficiente para aguantar otra discusión con Viktor Krum, pero tampoco podía dejarlo eternamente en la barrera. Y ya sabía que carácter gastaba el buscador, si lo hacía esperar los improperios se escucharían desde la cabaña en la que Charlie descansaba después de una noche dura.
— ¿Krum? ¿Qué haces aquí? —preguntó como saludo mientras se acercaba a la barrera.
— Buenos días —le respondió el buscador, mostrando el periódico que llevaba enrollado en la mano todavía—. Imagino que tenéis mucho trabajo, pero querría ver a Charles.
— Está descansando.
— ¿Está herido? —cuestionó, aparentemente preocupado.
— No, solo cansado, la noche fue larga y lidiar con dragones consume mucha magia. ¿Puedo ayudarte yo?
— ¿Podríamos hablar en un lugar más privado?
Andrei lo examinó. Había visto varias veces a ese hombre, pero nunca fuera del club. Y el contexto lo era todo, allí él era el jefe y Viktor lo sabía. Soltó aire y le hizo una seña al guardia para que alzara la barrera.
— Ven, tomemos un café en mi despacho.
Viktor caminó a su lado atravesando la Reserva. Iba silencioso, examinando con interés las pequeñas casas rodeadas de bosque frondoso. Incluso respiraba hondo, como si quisiera llenarse del olor a bosque.
— Tú dirás —le dijo unos minutos después Andrei, ya sentados en el despacho a puerta cerrada con un café.
— ¿Cómo es?
— ¿El qué? —preguntó, despistado.
— Ser su sumiso, —Especificó, inclinándose hacia delante— ¿realmente te gusta sentarte a sus pies?
Andrei dio vueltas a la cucharilla en su taza despacio, mientras pensaba la respuesta, no era algo que se hubiera planteado realmente.
— A mí me funciona, me ayuda a calmarme y dejar la mente tranquila. ¿A ti te genera eso ser golpeado?
— Al principio pensaba que sí —admitió Viktor, volviendo a erguirse y cruzando una pierna sobre la otra.
— ¿Crees que es más humillante sentarte a los pies de tu Dom para ser mimado que dejarte golpear por alguien que no se está preocupando de tu bienestar? La conexión emocional también forma parte del D/s, Krum.
— Pero a ti también te gusta —le planteó, con el ceño fruncido.
— A mí me funcionan los juegos de impacto para generar placer sexual y desahogo emocional —le explicó sin perder la calma, estaba claro que Viktor trataba de entender, estaba claro que su relación con el D/s se limitaba a la parte más violenta—. ¿Pero sabes qué es lo mejor? Lo de después. Tener un Dom que te cure, que te diga lo bien que lo has hecho y cuánto placer le das, los cuidados para bajar del subidón de endorfinas. ¿Te gustó cuando lo hizo Charlie por ti?
Asintió despacio. Y confiesó a bocajarro.
— Se ofreció a bañarme.
— Lo imagino, le gusta hacerlo.
— No sé si yo podría…
— Para eso están los límites y los acuerdos. Viktor, Charlie es un cuidador nato, le sale de dentro y tiene la capacidad de hacer sentir a la gente muy cómoda aunque esté sentada a sus pies, de verdad. Y sobre todo puedes confiar en él, en que siempre mirará por ti antes de mirar por sí mismo incluso.
Krum sonrió un poco y su rostro cambió de un modo muy atractivo.
— Parece que tienes muchas ganas de juntarnos.
— Al principio pensé que eras peligroso para él —aseveró Andrei, sonriendo también.
— Él es el Dom.
— Y uno que se entrega mucho. Pero ahora creo que podríais ser buenos el uno para el otro, y esto te lo digo ya no como sumiso, sino como amigo que lo conoce de hace años.
Viktor bebió su café en silencio, con la mirada perdida en el paisaje boscoso a través de la ventana. Andrei se estaba planteando ya volver a su montaña de papeleo cuando por fin salió de su mutismo.
— ¿Crees que podría hablar con él fuera del club?
— Tendría que preguntarle.
— ¿Ahora?
El subjefe de la Reserva rio más abiertamente. Empezaba a entender que la curiosa mezcla de sumisión y carácter fuerte de Viktor era lo que lo hacía atractivo para Charlie.
— Puedes tomarte otro café y yo le mando un mensaje para ver si está despierto. Pero si aún duerme tendrás que venir en otro momento.
En respuesta, Viktor rellenó su taza de café y se puso cómodo en la silla.
Una hora más tarde, Viktor llamaba a la puerta de una de las cabañas. Le salió a abrir un Charlie despeinado y sin camiseta, con el torso y los brazos adornados de morados en distintas fases de curación.
— Hola, Viktor.
— Hola —respondió mientras repasaba las lesiones con la mirada—. Andrei dice que estás bien, pero puedo volver en otro momento.
— Solo son rasguños. ¿Qué puedo hacer por ti? —le preguntó Charlie a la par que se apartaba de la puerta para que pasase.
— ¿Por qué curaste mis heridas y no curas las tuyas? —cuestionó Viktor mientras lo seguía hasta la cocina.
— Porque estaba muy cansado anoche y necesito que mi magia se recupere. ¿Quieres hacerlo tú por mi?
A Viktor le sorprendió la propuesta y dio un paso hacia Charlie con la varita en la mano.
— ¿Me dejarías? —cuestionó en voz baja.
— Claro —respondió Charlie mirándolo de frente.
— Me resulta extraño que me dejes verte así…
— ¿Herido?
— Débil —corrigió Viktor, levantando la varita para empezar a curar los magullones de su brazo izquierdo.
— ¿Crees que ser dominante me priva de mostrarme débil? Soy humano.
Viktor no respondió, sólo apretó un poco los labios y se centró en las curas.
— He estado hablando con Andrei —le dijo al cabo de un rato, con la mirada aún en su brazo.
— Lo sé.
— Cree que debo pedirte que me domines.
— ¿Y qué crees tú? —contestó Charlie con calma, sin perder de vista sus movimientos.
— Empiezo a pensar que lo he estado enfocando mal, pero no sé si podemos funcionar.
— Es una cuestión de confianza, Viktor. Si no confías en mí no vale la pena intentarlo.
La magia de Viktor desapareció de su piel cuando se apartó un poco para mirarlo de frente.
— No quiero sentarme a tus pies —le dijo con la mandíbula un poco apretada, tenso como si esperara que eso fuera algo insalvable.
— De acuerdo —Charlie asintió.
— Tampoco que me bañes.
— Bien.
Viktor volvió a las curas en silencio, pero Charlie sabía que estaba rumiando la siguiente pregunta, que para él tener una conversación abierta no era fácil.
— ¿Tienes sexo con tus subs?
La pregunta directa desconcertó un momento a Charlie, que se había distraído un poco, relajado por el chisporroteo de la magia curativa. Se encontró a Viktor mirándolo fijamente, con los pómulos un poco sonrojados. Su cara debía reflejar que le había pillado fuera de juego, porque el búlgaro sintió la necesidad de explicarse, sonrojándose un poco más.
— Andrei dice que no tienes sexo en el club. Que tienes normas muy estrictas.
— Si quieres intentarlo conmigo hablaremos de normas, y crearemos unas para los dos también —le habló despacio, tranquilizador—. Pero tienes que saber que me reservo el derecho a saltármelas si creo que es por tu bien y vas a tener que confiar en mí para eso.
El rostro delgado se relajó en una pequeña sonrisa a la par que Viktor hablaba también sorprendentemente suave.
— Creo que ya confío en ti, Charles —confesó, sacando a Charlie una amplia sonrisa.
— Pero has pedido que nos reuniéramos fuera del club.
— Porque no estoy cómodo allí. ¿Podemos encontrarnos en otro sitio?
— ¿Me estás preguntando si podemos encontrarnos aquí? —le planteó Charlie, sujetándole la cara con una mano, la barbilla en la palma y los fuertes dedos cubriendo el pómulo izquierdo.
— Sí —respondió mirándole directo.
El domador lo miró en silencio unos segundos, la calidez de su mano haciendo que Viktor sonriera más amplio.
— Ven —le dijo Charlie por fin, soltando su cara para sujetar su muñeca y tirar de él hacia el sofá.
— ¿A dónde? —interrogó, de pie ante el domador sentado en el rústico mueble.
— Aquí —señaló sus piernas.
— Yo no…
— Confianza, Viktor, ven.
El joven búlgaro se acercó y, despacio, se dejó caer en las rodillas de Charlie que le pasó un brazo flojo por la cintura.
— En está postura puedo confortarte y a la vez no necesitas mirarme si las respuestas a mis preguntas te incomodan. Pero ten presente siempre siempre que yo no juzgo. ¿Sí?
— Sí —respondió Viktor ronco, con la espalda muy tiesa.
— Tienes que buscar una palabra de respeto para dirigirte a mí cuando te haga una pregunta en momentos como este.
— ¿Cuáles son las opciones que te resultan cómodas a ti?
Charlie sonrió por la deferencia.
— Señor está bien para empezar, si quieres. ¿Cómo te gustaría que me dirigiera a ti?
Viktor lo pensó un momento. Y movió la cabeza negativamente.
— Usaré tu nombre cuando te reprenda, pero me gusta usar un término cariñoso. ¿Hay una palabra en búlgaro que te haga sentir bien? Algo que usaran tus padres de niño por ejemplo.
— Odio el búlgaro. Mi madre murió al nacer yo.
Tras tomar debida nota de la omisión del padre, Charlie le confortó poniendo la mano abierta en la espalda y haciendo círculos mientras observaba su cara para medir sus reacciones.
— ¿Tuviste una niñera?
— Lucía. Era italiana.
— Seguro que ella te trataba con cariño. ¿Cómo te llamaba?
— Me llamabamio piccolino(mi pequeñín). Con el tiempo lo acortó a Lino.
— Me gusta. ¿Quieres quedarte así un rato más, Lino? Vamos a preguntarnos cosas el uno al otro.
El buscador asintió despacio.
— Debes responder en voz alta —le reconvino Charlie con suavidad.
— Estoy bien así, señor. ¿Puedo preguntar yo también entonces?
— Claro.
— No sé cuáles son los límites.
— Cuéntame uno tuyo y yo te cuento uno mío.
— No sé cuáles son mis límites, señor —corrige Viktor.
— Has dicho que no quieres sentarte a mis pies ni que te bañe. Yo no voy a golpearte como castigo, aunque no estoy en contra de los azotes con la mano en un contexto que lo requiera. Y siempre siempre va a haber cuidados después.
— No quiero ser humillado en público —respondió finalmente tras una pequeña reflexión.
— ¿Humillación verbal o física?
— No me gusta que me insulten —corrigió.
— No me gusta insultar. Puedo reprenderte verbalmente, pero nunca usaré términos que te degraden.
— ¿Qué hay del sexo? —insistió Viktor después de otra pausa.
— Puedes elegir.
— No entiendo, señor —Viktor se giró un poco para poder mirarle por primera vez.
— ¿Has tenido sexo con tus Doms? —planteó Charlie.
— Algunas veces.
— ¿Te ha dicho Andrei que yo no tengo sexo en el club y por eso has querido reunirte aquí?
Viktor apretó los labios y no respondió.
— Te he hecho una pregunta, Viktor. Si no quieres responder, dilo.
— Sí, señor.
— Sí qué, Lino.
— Sí que quiero tener sexo contigo.
— De acuerdo —contestó Charlie con voz tranquila.
— ¿Sí?
— Fuera del club, sí. Prefiero la intimidad y no tengo sexo con las personas que estoy formando en el club. En el caso de Andrei es porque somos amigos.
— Esa es tu norma entonces —entendió por fin Viktor.
— Sí. Y que nunca llevo la dinámica en público.
— Fuera del club.
— Exacto. Si hacemos esto en casa, sólo será en casa. Y soy muy estricto con la exclusividad.
Con cara de poker, Viktor se encogió de hombros.
— Ya he sido compartido en el pasado. No me importa.
— Podemos hablarlo en un momento dado en un contexto sexual —contestó Charlie, frunciendo un poco el ceño—. Pero no comparto a mis sumisos a nivel emocional.
— Me parece justo si es recíproco —le dijo Viktor, mirándole de nuevo, serio.
— ¿Quieres que deje de entrenar?
— No quiero verte con otro sub.
— ¿Y si no estás presente? ¿Si Andrei necesita confort como el otro día?
— Confío en ti, pero no quiero verlo.
Charlie le ponía la mano en la cintura y acariciaba suavemente, haciendo que Viktor se pegara un poco más a su cuerpo.
— Bien. ¿Se te ocurre algo más?
— ¿Cómo vas a castigarme? —preguntó Viktor, cerrando los ojos, temiendo un poco la respuesta y que ese sea un obstáculo entre ellos.
— Das por hecho que va a ser necesario —dijo Charlie en voz baja.
— Sé que tengo mal carácter y poca paciencia —admitió.
— Paciencia es lo que me sobra, Lino. No te golpearé aleatoriamente ni te humillaré verbalmente. Soy más de dialogar y decidir juntos en castigo si lo veo necesario. Tienes que entender que te castigaré si haces algo perjudicial para ti o si me faltas al respeto, nunca por capricho.
Viktor levantó los ojos y lo mira fijamente.
— No sé cuánto necesito el dolor para estar bien, Charles.
Charlie sonrió en lugar de llamarle la atención, porque le gustaba el sonido de su nombre en su voz grave. Le acarició la cara despacio y observó como Viktor instintivamente movió la cara hacia su mano, buscando alargar la caricia.
— Si no funciona, me comprometo a ayudarte a buscar un buen Dom cuando vuelvas a Inglaterra.
— Gracias, señor.
— De nada, Lino. Ahora voy a hacer un desayuno tardío, ¿quieres quedarte conmigo o tienes que ir a entrenar? No entro de turno hasta la tarde, quizá te gustaría ver la Reserva.
Viktor se mordió el labio y se revolvió en el regazo de Charlie.
— Te he hecho una pregunta, Lino —le reconvino con firmeza.
— Me gustaría acompañarte mientras comes y seguir hablando. ¿Pero no quieres…?
Y se movió de una manera significativa sobre la erección que se había formado en la entrepierna de Charlie.
— Es probable que esto ocurra otras veces, pero eso no te obliga a tener sexo conmigo, es una respuesta fisiológica.
Los ojos oscuros de Viktor lo buscaron, confusos.
— ¿No me deseas?
— Por supuesto que te deseo, Viktor.
El buscador se echó hacia atrás, sorprendido.
— ¿Qué he hecho mal? Has usado mi nombre.
El pelirrojo se inclinó hacia él y se detuvo a centímetros de sus labios.
— No hemos hablado aún de límites en el sexo y no quiero dar un paso en falso, así que no estoy hablando con mi posible sumiso, estoy hablando con Viktor. Eres un hombre muy atractivo, lo he sabido desde que te vi jugar la primera vez. Me encantaría que me follaras, pero no voy a tener sexo contigo sin hablar primero de tus necesidades.
— ¿Hasta ese punto vas a cuidar de mí, Charles? —preguntó Viktor, atreviéndose por primera vez a acariciarle la cara.
— Así es como yo concibo el D/s.
— Quiero besarte. —Se inclinó hacia él— ¿Puedo?
— Me gustaría mucho —respondió Charlie, sus labios ya rozando los de Viktor.
Había una sonrisa en los ojos del buscador justo antes de que los cerrara y uniera sus labios.
Viktor aún sentía los labios hinchados mientras tomaban ese desayuno tardío una larga hora después.
— ¿No entrenas en verano pues? Mi hermana tiene una rutina durante las vacaciones.
— No —negó con la cabeza, tomando un sorbo de su cuarto o quinto café del día.
— ¿Por qué?
— Necesito un descanso, cuando la temporada termina estoy tan agotado que podría dormir por días. Ya no tengo diecisiete años.
A Charlie le llamó la atención el comentario, según sus cuentas el búlgaro era más o menos de la edad de Oliver, el amigo de su hermano Percy, y hasta donde sabía el joven jugaba a nivel profesional y estaba en su mejor momento, al igual que Bell, la capitana de su hermana en las Harpies.
— ¿Qué haces entonces en verano? —preguntó curioso, tratando de entender.
— Nada —le respondió el otro joven encogiéndose de hombros.
— Salvo ir al club. ¿Dónde te alojas?
— En casa de mi padre.
— ¿Quieres hablar de tu padre?
— No —el tono de Viktor se volvió más brusco.
Con gesto pensativo, el pelirrojo bebía de su café antes de lanzarse a una teoría.
— Solo dime una cosa: es cierto lo que dicen de que en Durmstrang hay castigos físicos.
— Sí.
— ¿Y en tu casa?
Molesto, Viktor soltó la taza y el café salpicó el mantel.
— No, Charles, mi padre es más de violencia verbal. ¿Satisfecho?
— ¿Por qué lo estaría? —preguntó Charlie con su habitual tono tranquilo.
— Porque ya has conseguido que admita que mi padre es un cabrón al que le interesa más mi carrera de deportista que mi salud —respondió el jugador.
Charlie clavó sus ojos azules en los oscuros de Viktor. Estaba molesto, ya iba reconociendo sus expresiones, pero no sabía exactamente con qué.
— Solo trato de entender qué te ha llevado a desear latigazos para saber qué necesito hacer para sacarte de ese bucle estéril.
Viktor miró su plato, aún lleno, tenía el ceño fruncido como siempre, pero le temblaban los labios.
— Viktor. Lino, ven.
Aunque solo era la segunda vez que escuchaba esa orden, fue sorprendentemente fácil ponerse de pie y sentarse en el regazo de Charlie.
— Abre la boca, por favor.
Lo miró, con una protesta en los labios, pero Charlie ya tenía una uva en la mano y la estaba acercando a su boca. Masticó despacio, aún mirándole.
— ¿Alimentas a los dragones en la boca?
— Cuando es necesario, sí. ¿No entrenas en verano solamente para provocar a tu padre? Abre —le dijo con otra uva en la mano.
Fue escogiendo lo mejor de su plato y se lo dio, sin insistir en la pregunta, los dos en tranquilo silencio.
— Nadie me había dado de comer desde que tenía cuatro años.
— ¿Qué ocurrió?
— Mi padre despidió a Lucía. Decía que me estaba criando blando.
— Bill y yo solíamos ayudar a nuestra madre a cuidar de nuestros hermanos. Yo era el único que conseguía que Ron comiera o que los gemelos se bañaran.
— ¿Esto va a ser siempre así?
— El qué en concreto, Lino —le planteó, buscando en el frutero el mejor plátano.
— Que te expongas delante de mí.
— Bueno, necesitamos conocernos mejor. No soy persona de grandes secretos, mi vida ha sido sencilla.
— He visto un dragón inclinarse ante ti para que le rasques, no creo que eso sea sencillo.
— ¿Quieres que te rasque a ti también? —bromeó, con un brillo guasón en los ojos, usando su mano libre para hacerle cosquillas en el costado.
— Charles —protestó, moviéndose en su regazo.
— Dime, Viktor.
— ¿Puedo poner las cosquillas entre mis límites?
Los dedos de Charlie se detuvieron rápidamente.
— Por supuesto.
— ¿También les haces cosquillas a los dragones?
Charlie rio y negó con la cabeza.
— Estudié en Hogwarts, no se me ocurriría.
— No entiendo.
— El lema de Hogwarts es "Nunca hagas cosquillas a un dragón dormido". Siempre he pensado que tiene que ver con mi interés por los dragones.
Viktor mostró una de sus raras sonrisas y tomó una uva para dársela en la boca.
— Eres increíble, Charles Weasley —le dijo, justo antes de besarle.
