- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ". Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.


Hatsunhinode (El primer amanecer)

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Todavía estaba oscuro cuando se desplazó como un ladrón escaleras abajo, tratando de no hacer ruido y evitando cualquier contratiempo.

La noche anterior habían cenado en familia y habían esperado todos juntos la llegada de las doce viendo el popular programa de televisión que se emitía por el canal público. Había sido una noche agradable y casi sin ningún contratiempo… casi, porque poco antes de que dieran las doce de la noche habían recibido la siempre problemática visita de aquellas personas declaradas non gratas por casi toda la familia. Shampoo, Kodachi y Ukyo habían hecho acto de presencia en la casona, armando un alboroto de proporciones al pelearse por ver quién daba sus felicitaciones primero a Ranma.

No habían sido las únicas, claro que no, porque también habían concurrido Kuno y Mousse, además de P-chan, quien había terminado alterando los nervios de Ranma, sin embargo, el cerdito mascota había desaparecido de un momento a otro, pero casi como si fuera su reemplazo, Ryoga se había apersonado en plena celebración.

Demás está decir que la conjunción de todos los personajes que se habían auto invitado a la celebración que se realizaba en la casona Tendo, adicionado a los habitantes de la misma, había generado una vorágine que logró hacer que aquella celebración fuese todo un caos, como siempre sucedía cuando juntabas en una misma habitación a prometidas autoimpuestas, pretendientes obstinados, familiares entrometidos, un anciano lujurioso y un amazona obsesionado. Durante toda la celebración se pudo ver a personas peleando, otras llorando, algunas riendo, algunas gritando, muchas ofuscadas, algunos excediéndose en la comida y la bebida… en fin, lo normal para una fiesta en la casa de la familia Tendo.

Para algunos había sido una divertida fiesta… para otros fue un desastre, pero para los más jóvenes habitantes de la casona definitivamente había sido una amarga celebración, porque aunque no lo hubieran dicho e incluso se hubieran evitado durante gran parte de la noche, ambos habían guardado la secreta esperanza hasta último momento de compartir aunque fuera una palabra amable, un saludo afectuoso o, si se ponían muy optimistas, un ligero abrazo cordial… pero nada de eso había sucedido porque Ranma había sido acaparado durante toda la celebración por sus tres tenaces perseguidoras y Akane, además de estar molesta por todos los descarados acercamientos que esas tres mujeres trataban de hacer con su prometido, tenía sus propios problemas para alejar al zalamero de Kuno y demostrar ser una buena anfitriona con Ryoga sin darle falsas esperanzas.

Así las cosas, los jóvenes terminaron bastante cansados aquella noche y cuando ya eran pasadas la una de la madrugada, ambos sintieron como si un mazazo en la cabeza les hubiera golpeado al escuchar la proposición de la amable y siempre servicial Kasumi: ella invitaba a todos los comensales que habían llegado sin ser convidados, a pernoctar en la casona para así poder ir todos juntos al templo más cercano al día siguiente para elevar sus oraciones de principio de año. Todos estuvieron de acuerdo y felices comenzaron a desplegar futones y mantas por doquier… todos, excepto los dos prometidos que dedicaron a la mayor de las hermanas Tendo una mirada asesina de la que ella ni siquiera se percató.

Akane fue la primera en desaparecer de la vista de todos rumbo a su habitación, sin embargo, cuando estaba a punto de llegar frente a la puerta de su cuarto se vio sorprendida por una mano que atrapó su antebrazo y cuando se dio la vuelta para encarar a quien la había detenido, se topó con dos ojos azulados que la observaban con premura.

-Con todos esos locos allá abajo no tenemos mucho tiempo, así que toma –dijo atropelladamente su prometido pasándole un papel doblado en cuatro-. Nos vemos en un rato –terminó de decir confiadamente dando media vuelta para alejarse como si escapara de un demonio para perderse dentro de su propia habitación.

Ella se quedó afuera de la puerta de su cuarto, con el papel en la mano y totalmente confundida hasta que bajó la mirada para luego desdoblar el papel y leerlo. Sólo contenía una frase garabateada con la inconfundible y desprolija caligrafía de su prometido: "Te espero en la puerta de entrada a la casa a las 5:30 A.M". Intrigada, volvió a observar por donde había desaparecido su prometido y una sonrisa espontanea apareció en sus labios, ¿en qué estaría pensando Ranma ahora?, no lo sabía, pero poco le importó porque pronto lo descubriría pues no pensaba faltar a esa extraña cita en plena madrugada con él.

Por eso ahora se encontraba bajando los últimos peldaños de las escaleras, descalza, con sus zapatos deportivos en la mano y una abrigadora chaqueta de tela en la otra. Observó con recelo hacia la sala y vio un montón de bultos desperdigados en las posiciones más extrañas que se pudieran imaginar, pero sin duda todos durmiendo plácidamente. Suspiró y avanzó de la forma más delicada de la que fue capaz hacia la puerta de salida, la abrió despacio y con mucho cuidado, para luego salir de allí, cerrar la puerta con el mismo cuidado y calzarse con sus zapatos deportivos para avanzar rápidamente hacia el gran portón de entrada a la casona. Hacía frío, así que mientras avanzaba se arropó con la chaqueta que llevaba bajo el brazo, atravesó el portón y con la escuálida luz que proporcionaban los faroles del alumbrado público buscó por la calle. Una silueta se percibía en la oscuridad de la madrugada a unos metros de donde ella se encontraba y supuso que era él, así que avanzó con decisión y pronto lo tuvo a tres pasos de distancia.

-Cinco minutos tarde –fue su recibimiento.

-¡Claro! –exclamó alargando la palabra-. Para ti no es problema escaparte por la ventana de tu habitación, en cambio yo tuve que hacer malabares para bajar de mi habitación evitando que todos esos locos que duermen en la sala de mí casa despertaran y me escucharan salir.

-Hum, tendremos que arreglar eso algún día –musitó.

-¿Qué cosa?

-El que no puedas saltar grandes alturas, es poco práctico.

-¿Estás insinuando que vas a entrenarme?

-Puede ser un propósito para el nuevo año –dijo sonriendo de medio lado-. Ahora vamos o no alcanzaremos a llegar a tiempo, nos espera una larga caminata.

Lo vio avanzar con decisión calle abajo cargando a su espalda un morral y se apresuró en alcanzarle para seguirle el paso. Él sonrió cuando la vio a su lado y aminoró sólo un poco sus zancadas.

-¿Dónde vamos a esta hora?

-A un lugar que te gustará –dijo por toda respuesta.

-Pero ni siquiera ha amanecido.

-Esa es la idea –contestó acomodando el peso del morral a su espalda.

-¿Es muy lejos de acá?

-Estás haciendo muchas preguntas, Akane, por una vez, déjate sorprender.

-Últimamente las sorpresas que he recibido no han sido agradables –musitó recordando cómo la noche anterior se había "sorprendido" con la aparición de las tres locas y con sus acercamientos nada recatados hacia su prometido.

-Ésta lo será, confía en mí.

Ella permaneció en silencio y lo siguió sin cuestionar. Cuando ya habían avanzado bastante dejando atrás las últimas casas, ella se percató de que la intención de él era llevarla a un pequeño y poco concurrido monte cercano a donde vivían, siguió caminando a su lado y sonrió, porque ya comenzaba a entender. Pronto amanecería y sería el primer amanecer del nuevo año, una fecha especial y de buenos augurios.

Veinte minutos después de las seis de la mañana ellos ya habían dejado atrás el bosquecillo que rodeaba el monte y se encontraban subiendo la ladera, alumbrados únicamente por una lámpara que él llevaba en una de sus manos.

Pisó una piedra suelta del sedero y a punto estuvo de caer ladera abajo si no fuera porque en un rápido movimiento él la capturó de uno de sus brazos.

-Tendremos que arreglar eso también –comentó.

-¿Qué cosa? –cuestionó recuperando la respiración.

-Tu concentración –contestó sacando una botella de agua del morral que cargaba a su espalda-. Estas cosas te pasan porque no te concentras lo suficiente.

-Sí lo hago, pero reconozco que soy algo… torpe –dijo un tanto azorada.

-No eres torpe –rebatió-, te desconcentras con facilidad y cometes errores que podrías evitar, eso es todo –indicó ganándose una mirada sorprendida por parte de su prometida.

Que él dijera que en realidad no era torpe se escuchaba muy parecido a recibir un cumplido de su parte. Lo vio sonreír y acercarle la botella de agua.

-¿Quieres?

-Gra… gracias –titubeó, y no supo muy bien si lo decía por lo que había dicho Ranma o por el agua que le había ofrecido. Tomó un buen sorbo y le devolvió la botella que él se apresuró en devolver al morral.

-Ven, nos queda poco para llegar al lugar que quiero enseñarte.

Con asombro vio cómo extendía su mano y tomaba la de ella en un movimiento que lejos de ser embarazoso parecía tan natural. Se dejó guiar y no dijo absolutamente nada respecto de lo extraño que le parecía que él se estuviera comportando de una forma tan amable y delicada con ella, la más tosca de todas sus prometidas.

¿Qué estaba pasando con él? ¿Acaso todo eso era un sueño y pronto despertaría dándose de lleno con la realidad? Negó con un movimiento de cabeza para espantar esos pensamientos y siguió caminando unos pasos atrás de su prometido, con su vista fija en sus manos entrelazadas y su corazón latiendo aceleradamente dentro de su pecho. Iba tan ensimismada en sus pensamientos que no se percató que él se había detenido hasta que chocó con su ancha espalda.

-Otra vez te desconcentras –acotó él viendo cómo se acariciaba la nariz.

-Pensaba en otra cosa –contestó haciendo un mohín.

-Bueno, esto es lo que quería enseñarte –dijo cruzándose de brazos.

Ella levantó la vista y no pudo evitar soltar una exclamación de júbilo. Allí estaban, en la cima del monte, rodeados de añosos arboles desprovistos de hojas, pero exhibiéndose bellos y majestuosos en aquel paisaje invernal. A unos metros corría un riachuelo que llamaba a la calma al emitir un cristalino sonido con sus aguas al bajar por ese monte. Los pájaros habían comenzado a trinar indicando que pronto amanecería y al frente, quedaba al descubierto la vista de una enorme ciudad que aún dormía a los pies de aquel monte; como todavía no amanecía, las luces del alumbrado público daban la impresión de ser estrellas en la oscuridad. Simplemente la vista desde allí era preciosa y la calma que transmitía el lugar era digna de admirar.

-Que belleza –musitó llevándose una mano a los labios.

Él la observó de soslayo y sonrió, para luego abrir nuevamente el morral y sacar de su interior una manta que extendió en el suelo. Se sentó y llamó la atención de su prometida suavemente.

-Ven, Akane –dijo indicando el lado de la manta que quedaba libre.

La chica fijó su vista en su prometido y obedeció dócilmente, sentándose a su lado.

-¿Cómo conoces este lugar? –preguntó en un susurro, temerosa de que si levantaba la voz, los pájaros dejaran de trinar y el bullicio de la ciudad les alcanzara en ese lugar.

-Fue en uno de mis entrenamientos que lo descubrí… escapaba de mi padre porque… no importa, sólo importa que desde que lo vi quise compartirlo contigo. Es más bonito en verano, pero en invierno también tiene su encanto.

-El lugar es maravilloso.

Lo vio apagar la lámpara que los había acompañado iluminando el camino y pestañeó un par de veces sin entender.

-En unos minutos amanecerá –susurró respondiendo a la pregunta que ella no había formulado-. Quise traerte aquí para evitar las interrupciones y lograr que vieras el primer amanecer del año… conmigo –terminó de decir evitando verla a los ojos.

-Dicen que esperar a que amanezca durante el primer día del año es una forma positiva de comenzarlo, sólo me pregunto… si también será de buena suerte porque... desde que nos conocemos nunca hemos gozado de buena suerte.

-Tendremos buena suerte este año, me aseguraré de que así sea.

-No puedes hacer algo así, Ranma.

-No –dijo alargando la sílaba-, pero sí puedo hacer que algunas cosas cambien… para llevarnos mejor. ¿Eso te gustaría?

-Sí –afirmó buscando sus ojos, pero él permanecía con su vista al frente-. Yo también puedo cambiar algunas cosas… cosas que sé que te molestan.

-¿Cómo qué?

-No sé, ser menos irascible y un poco más cari… amable –se retractó.

Lo vio esbozar una sonrisa y asentir en silencio.

-¿Tienes frío? –preguntó cambiando el tema de improviso.

-Un poco.

-¿Me golpearás si yo te…

No lo dejó contestar, porque sabía lo que iba a preguntarle y ciertamente todo lo que estaba sucediendo le parecía tan maravilloso que no quería estropearlo, así que se acercó a él y apoyó su cabeza en el hombro masculino, sonrojándose cuando sintió el brazo de su prometido rodearla, acercándola un poco más hacia él. Permanecieron en silencio por un par de minutos hasta que ella volvió a hablar.

-¿Por qué conmigo? –musitó.

-¿Cómo? –inquirió él sin entender a lo que ella se refería.

-¿Por qué quisiste ver el primer amanecer del año conmigo? Tenías otras personas que hubieran matado por estar acá, o pudiste venir solo o simplemente ir con toda la familia al templo por la mañana y…

-¿Por qué siempre desconfías de mí o piensas que eres la segunda opción? -contestó con otra pregunta.

-Porque nunca me dices lo que realmente piensas o sientes.

-Tú tampoco lo haces, pero… ¿realmente quieres saber lo que pienso?

Permaneció en silencio, sin contestar, hasta que movió su cabeza en señal de afirmación. Él exhaló algo parecido a un suspiro y enfocó su mirada en un punto distante, preparándose para responder de forma honesta por una vez en su vida, porque su propósito para ese nuevo año era justamente ese, ser honesto consigo mismo y por supuesto, con la única persona que realmente le importaba.

-Desde que nos conocimos las cosas entre nosotros no fueron fáciles, lo sabes –reconoció con pesadumbre-. Yo he cometido errores y tú también, pero en su mayoría han sido errores míos al no saber cómo convivir a tu lado porque… a veces siento miedo de que sólo estés acatando una orden impuesta por tu padre, que para ti yo no sea más que un tonto que sabe artes marciales con el cual estás obligada a convivir –hizo una pausa y sintió como ella se tensaba en su abrazo-. Pude haber venido con cualquier otra persona a contemplar el amanecer, es cierto, pero no era lo que yo quería porque tú eres mi única prometida.

-Pero ellas…

-La única con quien quiero estar –le interrumpió desviando la mirada cuando ella buscó sus ojos al escucharle. Estaba resultando difícil expresarse porque nunca había hablado tan abiertamente de cosas que guardaba sólo para él y muy profundo dentro de su corazón-. Lo que pienso, tú quieres saber lo que pienso y yo… no puedo decírtelo, pero sí te puedo decir lo que siento.

-¿Qué es? –preguntó suavemente al comprobar que él parecía no decidirse a seguir hablando.

-No sé lo que es exactamente, pero, siento que quiero estar a tu lado siempre. Me desespero cuando no te veo o no sé en donde te encuentras y me aterra pensar en que quizá algún día tu… quieras cancelar el único vínculo que me une a ti y ya no tenga una excusa para estar a tu lado y…

Se detuvo, porque una temblorosa mano femenina se posó sobre sus labios para evitar que siguiera hablando. Bajó su mirada y se encontró con la mirada achocolatada de su prometida nublada por las lágrimas contenidas.

-Yo sí sé lo que es –se obligó a decir en un susurró, tratando de contener la emoción-, sé lo que es porque es exactamente lo mismo que siento cada día desde que me di cuenta de que… ese compromiso no era lo único que me unía a ti. Lo que me une a ti es un lazo mucho más fuerte e importante, espero que lo sepas, Ranma –bajó su mano y se acomodó de una mejor forma para quedar de frente.

-Ya está amaneciendo –susurró él al ver por el rabillo del ojo cómo la luz que proyectaba el sol comenzaba a teñir de anaranjado el paisaje-, y siento que este es el momento adecuado para decirte que… quiero estar contigo día y noche, quiero que este año sea distinto y haré lo que sea para conseguir que nos dejen en paz, si tú lo quieres, claro, porque…

-Sí quiero –le interrumpió-, y te ayudaré para conseguirlo. Nos liberaremos de todo y de todos, y aunque nos pongan obstáculos, los superaremos para estar juntos. ¿Quieres?

Lo vio asentir en silencio y permanecieron allí, totalmente quietos, perdidos uno en la mirada del otro, con el amanecer envolviéndolos y el trino de los pájaros como canción de fondo, hasta que ella volvió a levantar su mano esta vez para posarla suavemente en la mejilla de su prometido y se acercó lentamente, cerrando los ojos junto antes de sorprenderlo con un leve roce de labios que más que un beso parecía una suave caricia. Tardó un par de segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo, rodeó con sus brazos a su prometida, acariciando su espalda con una de sus manos y la otra perdiéndose entre su corta cabellera azulada. Ambos suspiraron cuando lentamente se separaron, sonrojados hasta las orejas y sonriendo en complicidad.

-Si yo no doy el primer paso me hubieras dejado esperando tal como lo hiciste aquella vez después de tu primera lección de patinaje sobre hielo –sonrió divertida.

-¿Tenías que sacar a colación ese mal recuerdo?

-Bueno, quizá hubieras preferido el recuerdo del beso que me robaste bajo los efectos del nekoken y del cual no te acuerdas, o el beso falso que me diste en la obra escolar y…

-Te estás propasando –dijo acercándola un poco más a su cuerpo-. ¿Por qué mejor no dices abiertamente que quieres que repitamos nuestro primer beso?

-Quiero, sí, pero me pregunto si tendrás el valor de…

Por toda respuesta, él volvió a apoderarse de sus labios, esta vez de forma más audaz y profunda, por lo que cuando la alejó de sí pudo observar la sorpresa reflejada en ese sonrojado y bello rostro femenino. Sonrió con picardía y pasó su dedo índice por la pequeña y respingada nariz de la chica.

-¡No es justo! –dijo alejándose un poco de él al tiempo que se cruzaba de brazos, haciendo un berrinche.

-¿Qué?, ¿no te gustó?

-Claro que sí, pero… -se interrumpió, jamás le diría al arrogante chico que tenía en frente que había logrado hacer que se sintiera fuera de este mundo con tan sólo un beso. No, ¡jamás, jamás, jamás!, porque si se lo decía, él sería capaz de recordárselo en cada oportunidad que tuviera, sólo para fastidiarla-. Tendremos que seguir practicando –murmuró para sí misma.

-Por mí no hay problema –comentó acercándose a ella un poco más con una sonrisa burlona en sus labios-. Practicaremos los besos y quizá más adelante podamos practicar otras cosas también.

-¿Otras cosas? –inquirió alzando una de sus cejas, y luego, su rostro se iluminó con una sonrisa expectante-. ¿Artes marciales?

Él la observó un tanto desconcertado y sonrió con ternura al percatarse que su prometida, a pesar de que no era ingenua, esta vez no había captado la indirecta. Asintió con un solo movimiento.

-Sí, artes marciales también, aunque estaba pensando en otro tipo de artes.

-Otro tipo de… ¡Ranma! –dijo enrojeciendo a niveles poco saludables al comprender finalmente la soslayada insinuación.

Él simplemente soltó una carcajada que fue secundada por la risa de su prometida, pero casi de inmediato tuvieron que dejar de reír y él se puso rápidamente en pie, ofreciéndole su mano a su prometida al tiempo que observaba en rededor.

El sol ya iluminaba todo el paisaje, no había muchos lugares en donde esconderse en ese monte, por lo que seguramente tendrían que correr. Cuando escuchó a lo lejos la segunda voz femenina llamándolo por su nombre supo que había llegado el momento de huir. Enfocó su mirada en su prometida y se preocupó al verla desanimada y molesta. Tomó su barbilla con una de sus manos y la obligó a mirarlo.

-Cambiará –dijo con convicción-. Quizá no en el primer día de año nuevo, pero te prometo que esta situación este año cambiará.

-No nos dejaran –musitó mordiendo su labio inferior para evitar llorar.

-Lo harán –afirmó acariciando su rostro-, y si no lo hacen, entonces tendrán que acostumbrarse a verme a tu lado, día y noche, Akane, porque este año no dejaré que ellas arruinen lo que comenzamos hoy, y si tenemos que casarnos en unas cuantas horas para que lo entiendan, lo haremos.

La vio abrir mucho los ojos y temió haber hablado de más porque una cosa era reconocer lo que sentía por ella y proponerle mantener una relación como una pareja normal, pero otra muy distinta era la palabra que hasta ese momento resultaba prohibida. Hablar de matrimonio siempre había sido motivo de conflicto y ahora ella podía salir corriendo espantada o…

-Lo haremos –dijo asintiendo con una sonrisa pintada en su rostro-. Si tenemos que casarnos para conseguir que ellas desistan, lo haremos.

-¿Lo dices en serio?

-Tú lo acabas de decir –contestó con la sonrisa todavía bailando en sus ojos-, quieres estar conmigo día y noche –terminó de decir alzándose en la punta de sus pies sólo para depositar un suave y corto beso en los labios de su prometido, porque los gritos llamándolos se escuchaban mucho más cerca.

Él sonrió ilusionado y luego tomó a su prometida en sus brazos, como tantas y tantas veces lo había hecho con anterioridad.

-Vamos –susurró, cambiando el gesto a uno de total concentración al percibir no tan sólo el aura de las tres chicas obsesivas, sino también la de los pretendientes de Akane y de algunos miembros de la familia.

Comenzó a correr ladera abajo, con su prometida firmemente aferrada a su cuello, perseguidos por lo que parecía una masa humana desde donde provenían distintos objetos arrojados por el mar de gente y que tenían como objetivo alcanzarles; y gritos, muchos gritos de todo tipo que perturbaban la tranquilidad del lugar. No le importó nada de lo que hicieran sus perseguidores ya que sabía por experiencia que pronto los dejaría atrás, a eso ya estaba acostumbrado, sin embargo, debía encontrar un buen lugar para esconderse de la búsqueda incesante que seguramente todos estarían dispuestos a realizar.

Ya pensaría en eso cuando llegaran a los pies del monte y volvieran a la civilización, encontraría un buen lugar para perderles el rastro a sus perseguidores y quizá… seguir practicando el asunto de los besos.

Sonrió, porque comenzaba a comprender que desde aquel primer día de año nuevo comenzaría una nueva etapa en su vida; una que estaba dispuesto a defender como fuera y de quien fuera, porque su propósito para el nuevo año era permanecer al lado de la chica que llevaba en sus brazos y no permitiría que nada ni nadie lo alejara de ese camino que habían comenzado a recorrer juntos en aquel monte con el amanecer como único testigo.

Día y noche a su lado, día y noche para compartir y profundizar eso que todos llamaban amor y, aunque sabía muy bien que nada cambia en el primer día de año nuevo, estaba decidido a hacer que su propósito para aquel año se cumpliera a cabalidad, junto a ella estaba seguro de que lograrían el objetivo: se librarían de todo y de todos y vivirían su amor en paz. Juntos lo conseguirían, después de todo la había llevado a ese monte justamente para eso, porque contemplar el primer amanecer del año ayudaba a comenzar de una forma positiva un nuevo ciclo, pero creyó firmemente que ayudaría mucho más si lo contemplaba con la persona más importante en su vida; aquella por quien daría su vida una y mil veces; aquella por la que estaba dispuesto a hacer cualquier locura; aquella que le daba fuerza para luchar y motivos para existir; su única prometida; la única mujer a quien amaba por sobre todas las cosas: Akane, la mujer más testaruda e impredecible que había conocido, pero indudablemente la única con la que querría contemplar el primer amanecer de año nuevo una y otra vez… hasta el fin de sus días.

Fin


Notas finales:

1.- Hola, de nuevo por acá con otra historia corta. La verdad no tenía la intención de escribir algo para esta fecha, pero la idea se presentó de pronto en mi mente (a veces un poco sobrecargada, todo hay que decirlo) y como contaba con algo de tiempo entre el trabajo y mis quehaceres dije "por qué no", así que aquí les comparto este cortito para amenizar el inicio de este nuevo año.

2.- Sólo desearles a toda/os quienes puedan pasar por acá a leer esta breve historia un lindo inicio de año y una espléndida continuación para que todos sus proyectos y aspiraciones se hagan realidad. Un abrazo virtual a quien haya pasado por acá y éxito en todo lo que emprendan.

Nos encontramos quizá en otra historia.

Madame De La Fère – Du Vallon.