Toda esta historia tan inverosímil comenzó un día soleado durante mi tiempo de descanso en la oficina de la Hokage.

Normalmente suelo hacer este descanso en mi propio despacho, pero ese día, viendo el buen tiempo que hacía, decidí subir a lo más alto del edificio para poder tomar el sol mientras continuaba leyendo mi fantástica novela en la más completa de las soledades.

Pero ¡ay! Cuál fue mi suerte cuando estando totalmente inmersa en mi querida lectura y creyéndome a salvo de ojos indiscretos, una sombra acechó sobre mí sin que me diese ni cuenta.

- Bueno bueno, esto sí que no me lo esperaba de ti. Así que la buena de Shizune también tiene un lado pervertido.

Rápidamente escondí mi Icha Icha Tactics tras la espalda y los colores me subieron a la cara. Quise decir algo, pero las palabras se me atragantaron en la garganta de la vergüenza que sentía. Yo que me había subido a aquel remoto y solitario sitio confiando en que a nadie se le ocurría aparecer por allí. Pues bien, adiós a mi plan de paz, lectura picarona y tranquilidad.

De todas las personas que podrían haberme pillado en situación semejante, tenía que ser él. El mayor fan de los Ichas Ichas de toda Konoha.

- ¡Ka…Kakashi! – conseguí articular después de tragar laboriosamente saliva. - ¿Se puede saber qué narices haces aquí arriba?

Se agachó hasta quedar a la altura de mis ojos y entre cerrando el suyo mientras me daba una mirada divertida por mi azoramiento, me dijo en su tono despreocupado de siempre:

- Simplemente estaba haciendo mi ronda cuando vi un movimiento sospechoso en lo alto de la Torre de la Hokage. Como comprenderás, es mi cometido velar porque nada ni nadie pueda atentar contra nuestra jefa. Pero esto sí que no me lo esperaba por nada del mundo. ¿Desde cuándo eres tú aficionada a estas apasionantes novelas?

Mi cara subió dos tonos de rojo más en un segundo.

-¿Y a ti qué te importa?

- ¡Pues mucho! Podemos compartir impresiones sobre las lecturas que hagamos. Por fin alguien con quién poder hablar sobre ello. – Su único ojo visible parecía feliz- Aunque siendo sincero, la última persona con la que esperaría poder hacerlo era contigo.

- El sentimiento es mutuo – susurré subrayando su última frase.

En un momento se incorporó de nuevo y frotándose las manos comenzó lo que tanto estaba temiendo desde el momento en que apareció.

- Veamos hasta qué punto mi querida Shizune es una lectora fiel y comprometida con la causa.

- ¿Qué insinúas?

Dicho comentario tocó mi fibra fan y un tic se puso en marcha en mi ceja. Lo había llevado en secreto hasta el momento en que aquel idiota y atractivo jonin apareció de repente frente a mí. Comencé con la lectura del primer Icha Icha según salió a la venta en tiendas, tenía mis tres novelas firmadas y releídas, y por supuesto que fui al estreno de la película en cuanto la anunciaron. Pero jamás de los jamases lo supo nadie.

- Empecemos por una fácil. ¿Quién es el autor de las novelas?

Una sonrisa de suficiencia subió a mis labios y con sobrado conocimiento le di la respuesta que él buscaba. No iba a permitir quedar como una ignorante delante de él.

- Bien... bastante bien para una novata como tú.

Mi ceja volvió a moverse por sí misma ante tal mención a mi persona como novel. Y volvió en seguida a la carga.

- ¿En qué año se publicó Icha Icha Paradise? ¿En qué se inspiró el gran maestro para poder escribir la segunda novela? ¿Cuál es el color favorito del protagonista? ¿Qué ocurre al final del tan afamado capítulo 7 de la segunda novela? ¿Cuál es la película que protagonizó Yukie Fujikaze? ¿Y…?

Y así comenzó una larga letanía de preguntas por su parte que iban siendo respondidas cual metralleta por mi persona, sin fallar en ni un solo momento, por supuesto.

En algún momento mientras respondía, me había puesto de pie yo también y harta del tercer grado al que estaba siendo sometida, arremetí contra él.

- Ya es suficiente, señor Hatake, a ver cómo responde usted a esto.

Abriendo mi Icha, seleccioné un pasaje que me dispusiste a leerle:

- "Lo siento, esto no puede continuar así. Recogeré mis cosas y partiré al amanecer. No me sigas. Este es mi camino del ninja"

Cerré con una mano el libro de un sonoro golpe y le señalé mientras le hablaba.

- ¿Dónde se encuentra esta conversación?

Y una malvada sonrisa de triunfo se me instauró en la cara. Kakashi escuchó de forma atenta, cerró los ojos durante unos segundos mientras pensaba concienzudamente y enseguida me dio la respuesta que estaba buscando:

- Obviamente Icha Icha Tactics, capítulo 4, página 75. Al inicio de la hoja de la derecha si mal no recuerdo.

En esta ocasión la sonrisa triunfal fue suya y por la cara que puso un segundo después, pude adivinar que algún plan malvado se le estaba pasando por su retorcida y pervertida mente. Un escalofrío recorrió mi columna.

- Muy bien señorita Kikazawa. Aquí empieza una nueva era y que conste que la has iniciado tú solita. Desde este mismo instante, declaro abierta la veda a las rondas de preguntas y respuestas de pasajes Icha Icha. El primero que falle en adivinar alguno de los propuestos, estará obligado a obedecer durante un día entero al otro. ¿Trato?.

Mi espíritu competitivo entró en acción y no pude hacer otra cosa que chocar la mano con aquel apuesto ninja para cerrar el trato. La idea de tenerle a mi merced durante un día entero era más que atractiva y un abanico de infinitas y pervertidas posibilidades se abrió ante mí en ese momento, aunque él no se hubiera referido a ese tipo de obediencia. Creo. Ojalá.

- Por supuesto que acepto el trato. Prepárate para ser mi perrito faldero durante 24 horas seguidas, Hatake Kakashi.

- Así me gusta, no esperaba menos de ti. Ya veremos quién falla primero.

Y tras este nuevo trato adquirido me dedicó una velada y misteriosa sonrisa. Se fue tan rápido como apareció, dejándome de nuevo a solas en la Torre de la Hokage prometiéndome a mí misma que no iba a fallar ni una sola de sus preguntas.