Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.


Contexto: Continuación de "Día 12 Dos Días para Navidad".


17. No Quiero Verte (Día 17).

InuYasha seguía sumido en sus pensamientos, ni siquiera el sonido del videojuego anunciando la victoria de Miroku contra Souta en el Mario Party, logró distraerlo. Sus orejas continuaban abajo en señal de tristeza. Había esperado ver a Kagome durante la comida, pero no pasó, sus padres se disculparon por ella, diciendo que no se sentía bien. Tenía planeado esperar a la hora de la cena para verla, pero al final subió a su habitación, sus orejas captaron el sonido de la música que su amiga escuchaba, tocó a su puerta y esperó nervioso, al no obtener respuesta volvió a tocar.

Kagome, soy yo, por favor abre, quiero saber cómo estás— su corazón se aceleró al escucharla caminar y solo por un instante sonrió de emoción, porque al verla con el rostro pálido, sus ojos rojos, el olor de sus lágrimas y el de pasas con chocolate, hicieron que su corazón se rompiera.

Vete, no quiero verte— su expresión era una mezcla de enojo y dolor.

Esas palabras golpearon como una bofetada a InuYasha, haciendo que se quedara paralizado, Kagome jamás le había dicho algo como eso, ella siempre lo buscaba. Siendo incapaz de encontrar una respuesta, la puerta se volvió a cerrar y no supo cuánto tiempo se quedó de pie en el pasillo.

¿Por qué? ¿Por qué ella no quería verlo?

Un nuevo sonido de victoria llenó la sala, en esta ocasión, Souta le había ganado a Miroku, ver a Souta festejando hizo que InuYasha extrañara aún más a su amiga, siempre que Kagome le gana, hacía un ridículo baile, ahora pensaba que ese baile no era tan ridículo.

. . . . . .

Esa noche, después de que todos se fueron a dormir, Kagome permaneció acostada en su cama, pensaba en todo lo que había sucedido, cuando la puerta de su habitación se abrió suavemente. Era su padre, se acercó a ella con una sonrisa tranquila.

—Kagome— dijo con voz suave—. ¿Puedo hablar contigo un momento?

—Sí, ¿Sobre qué?— respondió, forzando una sonrisa, aunque su voz sonaba apagada.

Takashi se sentó al lado de su hija en la cama, con una mirada pensativa. No deseaba presionarla a hablar, pero realmente estaba preocupado, ella había estado tan emocionada por a volver a ver InuYasha y ahora que llegaba, se encerró en su dormitorio.

—¿Hay algo que te preocupe?, ¿por qué no quisiste bajar a saludar y a cenar?— preguntó con gentileza, buscando que su hija abriera su corazón.

Kagome bajó la mirada y después de un largo suspiro, finalmente habló.

—No sé qué me pasó, pero cuando vi a InuYasha con Miroku, sentí como si me estuvieran reemplazando… como si ya no fuera tan importante para él. Él dijo que era su mejor amigo— dijo con un sollozo—. Yo pensé que yo era su mejor amiga.

Ahora Takashi lograba comprender a su hija, ella había crecido junto a Inuyasha y lo consideraba más que un amigo: un hermano, un compañero.

—Kagome…— empezó con una voz suave, pero firme—. Es natural sentir celos cuando alguien que aprecias se acerca a otra persona, pero debes entender que los sentimientos de Inuyasha hacia ti no cambian porque él tenga otro amigo cercano.

—¿Cómo puedes estar seguro?

—Inuyasha te quiere mucho— Takashi sonrió con ternura—. Y eso no cambiará, no importa cuántos amigos nuevos tenga. La amistad, como el amor, puede expandirse, no se agota. A veces, las personas tienen más de un "mejor amigo". Eso no significa que el primero deje de ser menos importante.

Kagome no dijo nada por un momento, pero las palabras de su padre empezaron a calar en su corazón. Finalmente comenzando a entender, quizás había sido un poco egoísta al sentirse tan celosa de Miroku.

—Entonces… ¿está bien que InuYasha tenga otro amigo cercano?— preguntó en voz baja, aún con un poco de inseguridad.

—Claro que sí, hija. Todos necesitamos más de un amigo para crecer como personas.

—Gracias, papá— dijo, sonriendo levemente.

—De nada, princesa, siempre estoy aquí para ti. Y recuerda, el corazón tiene espacio para muchos amigos, pero eso no hace que los que ya están en él sean menos especiales. Ahora a dormir.

—Buenas noches, papá— dijo, con una sonrisa más genuina esta vez.

—Buenas noches, princesa— Takashi se levantó, dándole un suave beso en la frente a Kagome antes de salir de la habitación.

Por primera vez en todo el día, Kagome se sintió tranquila. Sabía lo que tenía que hacer ahora: hablar con Inuyasha y disculparse.

. . . . . .

Ya todos se habían retirado a sus habitaciones o algo así, Miroku e InuYasha dormirían en la sala. La casa Higurashi estaba en silencio, Miroku ya estaba metido en su propio saco de dormir y observaba como su amigo acomodaba el suyo sin mucho ánimo, jamás creyó que lo vería así de decaído. Esperó a que InuYasha se acostase para hablar con él, iba comprendido que Kagome no era solo una simple amiga de la infancia.

—¿Todo bien?, no pareces muy animado.

—Estoy cansado— en su mente aún seguían presenten las palabras y expresión de Kagome.

—¿Todo bien entre tú y tu amiga?

—No lo sé— respondió frustrado sin dejar de ver el techo—. Miroku, no sé qué pasa con ella. Antes no se había comportado así, pero ahora parece… diferente.

—Comienza a ser una adolescente— dedujo Miroku.

—Tiene once años.

—¿No pusiste atención en biología? Según la profesora, la adolescencia inicia entre los 10 y 12 años.

—No es eso, debiste verla— no sabía si podría dormir, solo quería encontrar la manera en que volviera la alegre Kagome.

—Entonces hiciste algo.

—Acabo de llegar, ¿qué pude haber hecho?

Miroku lo meditó por un momento, por lo que InuYasha le platicó, Kagome era su amiga desde hace años, pasaban sus tardes juntos y hacían travesuras juntos, al ser vecinos, eran inseparables. Y como si una luz divina iluminara su mente, lo entendió.

—Lo que pasa es que no has visto lo que está frente a ti. A veces, somos tan ciegos con nuestros propios sentimientos que necesitamos a alguien que nos los señale.

—¿Qué estás tratando de decir?— InuYasha frunció el ceño, confundido.

—Kagome está celosa, amigo— Inuyasha se sorprendió, sin saber qué responder—. Lo que quiero decir es que cuando dijiste "Miroku es mi mejor amigo", ella seguramente se sintió herida. No le gustó que presentaras a otro chico como tú mejor amigo.

InuYasha, se quedó en silencio, procesando las palabras de Miroku. Su mente comenzó a viajar hacia el momento en que había dicho aquellas palabras en la entrada de la casa, justo luego de decirlas, había olido las lágrimas de su amiga.

—¿Celosa?— repitió en voz baja, casi para sí mismo, nunca había imaginado que ella pudiera sentir celos—. Ella no es celosa, siempre ha sido muy generosa.

—Bueno, es un nuevo tipo de celos, tú significas mucho para ella. Lo que pasa es que, para Kagome, tú no eres solo un amigo y cuando dices que otro chico es tu "mejor amigo", eso le hace pensar que tal vez tú no la ves de la misma manera.

Inuyasha apretó los puños, sintiendo una punzada de culpabilidad. No quería herir a Kagome. ¡Nunca! Si tan solo pudiera hablar con ella, aclarar las cosas.

—¿Qué debo hacer?— preguntó finalmente InuYasha, era la primera vez que tenía que enfrentarse a una situación así.

—Lo primero es ser honesto, hazle ver que ella es especial a su manera y tiene un lugar muy exclusivo en tu corazón.

—¿Cómo voy a hablar con ella si no quiere verme?

—Mañana será un nuevo día, seguramente cambie de opinión, si no, tendrás que ingeniártelas.

Inuyasha asintió lentamente, su rostro ahora más serio que nunca. Estaba dispuesto a hablar con Kagome, a aclarar todo, aunque no sabía exactamente cómo empezar. Pero sabía que tenía que hacerlo. No podía permitir que ella se alejara.


17/12/2024

WOW! Millones de gracias por sus comentarios, me alegra que les vaya gusto esta historia.

No lo tenía planeado, pero todo este entreno continuara, yo creí que quedaría con dos días, pero no.

Y tengan por seguro, que luego de lo que pasó con el regalo, InuYasha se deshizo del regalo. Si lo conservó fue porque en verdad lo olvidó. En su defensa, hasta yo he guardado regalos que ya no entregué po razón Hahaha.