Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis le pertenecen a JK Rowling. Solo la trama es mía.

Yo no obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir este fic.


Aviso: Este fic participa en el Reto #77: "Que tengas felices fiestas" del foro Hogwarts a través de los años.


Prompt 17. Besarse bajo el muérdago.


¿Qué maldición es esta?


-Ah, estás ahí. -Flitwick dijo con voz chillona. -Tom, ¿me ayudarías con las decoraciones?

"No, no quiero ayudarte, viejo. Preferiría ponerme una bufanda roja y dorada y una túnica colorida." -Pensó.-

Lo que dijo fue:

-Claro. Dime cuál es la temática.

-Excelente, excelente, Profesor Ryddle. Verás. La temática de este año es Navidades blancas. Había pensado en esculturas de hielo, nieve en los árboles, y poner encantamentos en todos los techos como en el gran salón para que parezca que la nieve caerá sobre los alumnos.

El profesor de encantamientos siguió y siguió hablando y Tom deseó que le lanzaran una maldición asesina.

-¡Tom! ¿Estás ayudando a Filius? Qué bien, el espíritu navideño está volviendo a ti. -Rubeus le dio una palmada en la espalda que le hizo tropezar.

De nuevo... ¿Por qué era su amigo? Sería más fácil maldecirlo y bailar sobre sus restos. Sin embargo, cada vez que lo pensaba, sentía algo raro en la garganta y en el pecho. Se revisaba cada vez que lo sentía en busca de algún hechizo que lo produjera, pero no había encontrado nada.

-¡Estáis debajo del muérdago, qué romántico! -Filius aplaudió.

Ryddle hizo amago de sacar su varita para cruciarle. No era romántico. Era una tontería que los adolescentes utilizaban para unir sus asquerosas bocas.

Fue a alejarse... Y no pudo. Hechizó la maldita planta y nada la destruía... Bueno, seguramente el fuego maldito sí, pero era muy oscuro y no podía lanzarlo en Hogwarts.

Esto de actuar como buena persona era lo peor.

-Un beso no será tan malo, Tom. Todo el mundo lo hace. Hace unos años, Minerva y yo...

El profesor de defensa contra las artes oscuras sintió una ira ardiente recorrer todo su cuerpo. Quería convertir a esa profesora en comida para gatos y luego dársela a la Señora Norris.

Estaba tan absorto imaginándose la escena sangrienta, que apenas se percató de que Rubeus se inclinaba. Aunque sí se percató del beso.

Y la maldición de su garganta y pecho empeoró, añadiendo cosas raras en su estómago, como cuando caía en picado desde una escoba. Era tan... Raro... Se sentía bien, pero las sensaciones en su cuerpo le eran desconocidas. Solo ocurrían con Rubeus. Seguramente alguien le maldijo cuando accedió a ayudarle tras la expulsión injusta para que Tom no tratara de hacerle daño.

¿Quizá la maldición de un inefable? Tenía que investigarlo... Pero el beso le estaba distrayendo, sus pensamientos no conectaban bien.

-¡Ha sido mejor que con Minerva! -Rubeus comentó.

Y se fue como si a él no se le hubiese volteado el mundo.