Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
🎄Capítulo 4🎄
¿Se acuerdan que estaba dispuesto a todo?
Pues… solo fueron palabras al viento, una promesa rota y sin cumplir, porque esa mujer había agotado mi paciencia. Y por ende arruinado mis aburridas vacaciones.
¿Creen que dejó de estacionarse en mi lugar? No. Ella era testaruda hasta la médula y cada tarde a las 4 en punto se estacionaba con su gran camioneta del año. No le importaba si estaba o no, de igual manera ella terminaría haciendo su voluntad.
Fue que uno de mis días de ocio, una gran idea llegó a mi mente. Sería yo quien la dejara encerrada, ella no se movería de mi cajón de estacionamiento, pues yo la encajonaría.
Esperé paciente a que tocara a mi puerta.
Tumbado en el sofá de la sala de estar pasé mis tardes y noches. Ella no llamó, pero sí lo hizo una mañana.
¿Quién jodido despierta un sábado tan de mañana?
Abrí la puerta y era Bella Swan. Debí esperarla con una jodida pijama más cubierta y que la protegiera de las temperaturas gélidas, sin embargo, siendo ella y su irreverencia, vestía un camisón largo de seda y una bata a juego.
Fueron sus ojos los que me recorrieron. Se notaba en demasía que yo le agradaba mucho y la entendía, era un tipo guapo, acostumbrado a tener a todo el gremio femenino a mis pies.
― Déjame salir ―exigió.
― Buenos días, vecina ―bostecé― como verás no tengo ropa apropiada para salir ―señalé mis pies descalzos y que vestía solo bóxer.
Ella suspiró malhumorada.
― Dejemos este juego tonto.
Ladee la cabeza, mirándola con una sonrisa burlona. Ahora yo tenía el mando y se notaba que no estaba disfrutando.
― Cuando te pedí que movieras tu camioneta no quisiste entender ―le recordé ―. Ahora soy yo quien tiene ganas de jugar.
― No, no, no ―sacudió la cabeza―. Vine una mañana a hablar contigo y me mandaste a la mierda, gritaste que no estabas arrepentido de tus pecados y que tampoco deseabas que te leyeran la biblia.
Abrí los ojos ante la sorpresa de sus palabras. Estaba tratando de hacer memoria, pero mi mente no daba mucha información. Como no quise darle la razón tan solo me encogí de hombros.
― ¿Y cuál es la palabra mágica para moverme? ―le cambié la jugada.
Bella Swan estrechó los ojos. Estaba a nada de echar humo por la cabeza, no estaba acostumbrada a que le replicaran y era más que obvio que jamás cedía.
― MUEVE. TU. MALDITA. CAMIONETA.
Su voz gritona llamó la atención de algunos vecinos que no dudaron en acercarse. Carlisle fue el primero, siendo amable con todo mundo no dudó en saludar.
― Buenos días, vecinos, ¿está todo bien?
Yo asentí y ella negó. Volteó a ver a Carlisle y ¡maldita sea!, ¿por qué tenía que darle su mejor sonrisa? Ella con esa hermosa sonrisa podía tener a todos a sus pies y Carlisle aunque estuviese casado, pareció cautivado.
Él pestañeó.
― Edward no quiere mover su camioneta y yo tengo una cita médica en una hora.
La miré acusadoramente. Ella jamás me dijo eso.
― Oye, si me hubieras explicado…
― Vecino, deme las llaves ―intervino Carlisle siendo un buen samaritano― puedo hacerme cargo de mover su vehículo y así usted se queda tranquilo.
Observé a Carlisle. Hubiese querido tener tanta nobleza como él, pero con vecinas como Bella Swan era demasiado imposible que sucediera, además porque también se veía bastante aburrido ser tan dócil.
― Lo haré yo ―musité amable, aunque por dentro mis tripas estaban ardiendo a fuego lento.
Carlisle asintió y dándonos un saludo de mano, se alejó hacia su apartamento.
Caminé al interior y tomé mi bata de terciopelo roja, esa que simulaba ser un Santa Claus y me puse en la cabeza mi gorro rojo.
Al dar media vuelta Bella Swan me miraba con una sonrisa altanera.
― ¿Y al final quién ganó, Edward Cullen?
Esto se volvió un reto para los dos. ¿Quién creen que gane? Espero quieran seguir leyendo un poco más, ¿quieren otro capítulo?
En el grupo está la hermosa imagen que hizo Li*
Gracias totales por leer🎅
