Descargo de responsabilidad: Crepúsculo y sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, la historia es de pattyrose, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight and its characters are the property of Stephenie Meyer, the story is by pattyrose, translation is mine with due permission from the author.
Arrobale gentilmente fue mi prelectora, cualquier error es mío. ¡Gracias, Alejandra!
Nota de la autora: Para este capítulo recomiendo "Come Undone" de Duran Duran (vieja, pero le queda perfecto).
Día 5
Me desperté tarde a la mañana siguiente. Los rayos color burdeos del amanecer ya habían empezado a aparecer en el cielo oscuro cuando por fin pude cerrar los ojos. Rose ya no estaba en la habitación, así que después de una ducha lenta y caliente, me puse un par de pantalones deportivos y bajé las escaleras, preguntándome cómo estaría Bella hoy.
La cocina estaba vacía cuando entré, aunque podía oír claramente voces que provenían de algún lugar. Me acerqué a las ventanas del patio trasero y miré a Charlie, Jasper, Alice y las niñas construyendo un muñeco de nieve con la nieve recién caída la noche anterior. Los perros gruñeron y ladraron desesperadamente a la figura redonda y gorda construida con tres enormes bolas de nieve. La vista me hizo reír a pesar de mí mismo.
—Se están divirtiendo, ¿no?
Me di la vuelta y encontré a Renée, luciendo un poco cansada, pero sonriendo tan brillantemente como siempre.
—Sí, parece que se lo están pasando genial.
—Ha sido un invierno con mucha nieve —continuó, acercándose y mirando por la ventana conmigo—, y seguro que se están aprovechando de ello. ¿Café? —ofreció, moviéndose hacia la máquina de café.
—Yo me lo puedo servir, Renée, no tienes que...
Ella se rio de buena gana y me sirvió una taza. —¡Oh, no, no, no! ¡Me niego a que me traten de manera diferente ahora! Ya lo tengo todo bajo control. —Me sonrió. Sonreí tímidamente y le agradecí cuando me entregó la taza humeante, sentándose en uno de los taburetes junto al mostrador. Renée sacó un taburete y se sentó a mi lado.
—¿Te gustaría desayunar o almorzar? —sonrió burlonamente.
Me reí entre dientes. —Solamente café está bien, Renée. Gracias. ¿Cómo te sientes?
Se encogió de hombros, sin dejar de sonreír. —La verdad es que me da un poco de náuseas, pero es de esperar.
Asentí, sin saber qué más decir.
—Rose fue a la ciudad a buscarme algo que le encargué hace un rato. Espero que no te importe que la haya enviado antes de que te levantaras.
—Está bien.
Bebí un sorbo de café, que era intenso y fuerte, como a mí me gustaba. El problema era que ni siquiera se me había ocurrido preguntar dónde estaba Rose. En realidad, mi mente estaba en la otra hermana, aquella con la que había soñado toda la noche: cocinando en la cocina que quería construirle, corriendo en el jardín detrás de la casa que habíamos planeado juntas, haciendo el amor en nuestra cama... antes de que mis ojos se abrieran y la realidad se impusiera.
—¿Dónde está Bella hoy? —pregunté casualmente, rezando para ser el único que escuchara el temblor en mi voz.
—Bella decidió quedarse con su amigo Jake por unos días. Dejó una nota esta mañana.
Mi agarre se hizo más fuerte alrededor de la taza de café.
—Yo... eh... —Me aclaré la garganta—. Pensé que había dicho la otra noche que ella y Jake no eran pareja.
Renée se rio a carcajadas. Intenté esbozar una sonrisa burlona.
—No, definitivamente no son pareja, aunque supongo que para los demás así lo parecería. Salieron por un tiempo, pero son mejores amigos desde hace mucho más tiempo. Ella recurre a él cuando está molesta, cuando necesita un hombro en el que apoyarse y viceversa.
Asentí y miré por la ventana a la pequeña Vicky clavándole una zanahoria en la cara al muñeco de nieve. —Pensé que se quedaría hasta Año Nuevo.
—No estará lejos —dijo Renée riendo—. Jake vive al final de la calle. Entrará y saldrá. Supongo que… después de lo que pasó ayer entre ella y Rose… necesitaba algo de espacio.
Di otro sorbo fuerte, quemándome la punta de la lengua y la base de la garganta y sin importarme un carajo.
Ella se había ido.
¿Fueron las palabras de Rose o las mías las que la hicieron irse?
¿O la de ambos?
Renée cambió de tema. —Rose me dijo que te quedarás con nosotros unos días más.
Asentí una vez más. —¿Te parece bien?
Ella sonrió con picardía, recordándome mucho a Bella. —Está más que bien, Edward. Nos encanta tenerte. Solamente espero que tu familia no esté demasiado molesta por haber tenido que acortar su tiempo contigo.
—Los veo unas cuantas veces durante el año, así que deberíamos estar bien.
Su sonrisa se agrandó. —Está bien, entonces. —Me miró fijamente, ladeando la cabeza—. Edward, quiero agradecerte…
Supuse que me iba a agradecer por quedarme aquí con Rose, por ser su consuelo, su hombro en el que apoyarse, lo que francamente me habría hecho sentir como una mierda porque no me quedaba aquí por Rose. Rose había dejado más que claro ayer que no necesitaba que la apoyara, lo cual estaba bien porque sabía por qué estaba realmente aquí. Podía mentirle al resto del mundo, pero no podía mentirme a mí mismo. Sí, me había encariñado con la familia de Rose, desde su padre tranquilo y reticente hasta su madre acogedora y reconfortante, y sí, quería ayudar en todo lo que pudiera.
Pero yo estaba aquí por Bella. Estaba aquí porque no podía irme aunque ella me hubiera rechazado, aunque supiera que lo que había dicho anoche tenía todo el sentido. Rose era su hermana y nunca perdonaría a Bella. No tenía ni puta idea de lo que estaba haciendo o cuál sería mi siguiente paso, pero no podía marcharme. No si había alguna posibilidad de que ella me necesitara.
»…por defender a Bella ayer.
Eché la cabeza hacia atrás y casi me ahogo con el café.
Renée sonrió tímidamente. —Mis hijas siempre han tenido una relación un tanto… volátil, Edward —dijo con cautela—. Intentamos mediar cuando las cosas se salen de control, pero no siempre es fácil.
—¿Por qué?
—Porque son nuestras hijas. Porque las amamos a las dos y no debemos tomar partido por ninguna de ellas.
—Pero una claramente está abusando de la otra, Renée, lo siento, pero creo que debería decirse algo.
Renée suspiró. —Tienes razón, y quizás hemos dejado que las cosas fueran demasiado lejos en un esfuerzo por ser justas con las dos, pero Bella siempre ha sido una chica muy tranquila. Supongo que nos equivocamos al pensar que su naturaleza despreocupada siempre permitiría que los comentarios de Rose… simplemente no le importaran. En el pasado, ella solía reírse o gritar durante todo el proceso. Las palabras de Rose nunca la hicieron llorar.
Pensé en la otra noche, la noche que bajé y encontré a Bella llorando sola en el porche.
—Pues ya lo sabes —dije.
—Ya lo sé —concedió ella en voz baja.
—Tal vez con todo lo que está pasando, Renée, Bella solamente necesita a alguien a su lado, que esté ahí para ella.
Renée volvió a ladear la cabeza y me estudió.
—Tal vez sí —murmuró—. Edward… Rose no suele ser así. Espero que lo sepas.
Sonreí para tranquilizarla. Renée no necesitaba estresarse. —No te preocupes, Renée, sé exactamente cómo es Rose.
~oOo~
Después del café, salí y me uní al resto en su aventura de muñecos de nieve. Sin embargo, cuando las bolas de nieve comenzaron a volar, Charlie se disculpó y entró. Alice se unió a él, llevándose a las niñas con ella cuando las bolas de nieve de Jasper y las mías crecieron tanto y se endurecieron tanto que bien podríamos haber estado en un campo de guerra lanzándonos cohetes. Sin embargo, durante todo ese tiempo me pregunté cuándo volvería Bella a casa finalmente y, después de lo que había sucedido la noche anterior, cómo reaccionaríamos el uno con el otro.
Pero esas preocupaciones pasaron a un segundo plano, al menos por un tiempo, cuando Alice abrió la puerta trasera.
Su expresión era urgente. —Jazz, tienes que entrar, cariño.
Jasper dejó caer el misil que había estado a punto de lanzarme y corrió hacia adentro, saliendo menos de treinta segundos después, con el rostro blanco como un fantasma.
—Ed, mamá no se siente bien. Rose y papá la llevarán al hospital. Voy a dejar a Alice y a las niñas en casa y luego iré hasta allá —hizo una pausa y cerró los ojos con fuerza—. ¡Maldita sea! Bella no puede conducir ahora mismo. Tengo que ir a buscarla a casa de Jake antes de ir al hospital.
—Jasper, dame la dirección de Jake. Iré a buscar a Bella y nos encontraremos ahí.
Él suspiró. —¿Seguro que no te importa?
Asentí rápidamente y luego Jasper me dio la dirección de Jake, así como las llaves de la camioneta de Bella, y mientras ellos se dirigían al hospital, yo tomé la carretera y terminé en una casa más pequeña, estilo rancho, a unos diez minutos de distancia.
El tipo que abrió la puerta era alto como un maldito árbol, de piel oscura y con un pelo negro brillante y liso que le caía hasta los hombros. Y, ah, sí, tenía la complexión de un maldito luchador con esteroides.
Sus ojos negros se entrecerraron bruscamente mientras me examinaba de arriba a abajo.
—¿Sí? —se burló.
—Estoy buscando a Bella.
—¿Quién carajo eres tú? —espetó, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Soy Edward Masen y estoy buscando a Bella —repetí con los dientes apretados porque, fuera mejor amigo o no, ya no me gustaba la posesividad de ese idiota sobre ella.
—Bueno, no sé quién eres, así que a menos que...
—A menos que quieras que te dé un puñetazo en la cara, o vas a buscar a Bella o te quitas de en medio para que pueda ir a buscarla yo mismo. Su madre no se siente bien y ella...
—Jake, ¿quién está ahí? —gritó una dulce voz. Miré alrededor del enorme árbol que me impedía ver y allí estaba ella, con los ojos enmarcados por círculos oscuros, con su blusa de franela roja, pero con jeans en la parte inferior y, a pesar de lo innegablemente cansada que se veía, seguía siendo tan hermosa que no pude respirar por unos momentos.
Sus ojos se abrieron mucho cuando me vio.
—Edward.
Mis pulmones volvieron a latir con fuerza y mi corazón empezó a latir erráticamente. —Bella… —Empujé al cabrón que estaba en la puerta y le di un codazo a propósito.
—¡Uf!
—Edward, ¿qué haces aquí? ¿Qué sucede? —preguntó ella con ojos aprensivos.
Extendí la mano y tomé sus dos pequeñas manos entre las mías, tan instintivamente que ni siquiera me di cuenta hasta que ella jadeó y las miró. Y a pesar del contexto del momento, ese calor que siempre estaba presente en nuestro contacto se sintió tan potente como siempre. Inhalé profundamente y apreté sus manos con fuerza, atrayendo su mirada hacia mí.
—Bella, tu mamá no se siente muy bien. La llevaron al hospital —levantó una mano para taparse la boca—, solo por precaución —dije más alto, queriendo tranquilizarla.
Respiró profundamente unas cuantas veces y luego asintió. —Vamos.
La conduje hacia la puerta, con su mano todavía envuelta en la mía.
Jake la miró ansiosamente mientras ella rápidamente metió sus pies dentro de las zapatillas junto a la puerta, sus ojos vagando entre nuestras manos unidas.
—Bella, ¿necesitas que vaya contigo? —preguntó, mirándome a los ojos.
—No, ella estará bien —espeté, respondiendo por ella.
—Jake, te hablo más tarde, ¿de acuerdo? —gritó Bella, saliendo distraídamente por la puerta mientras yo le di a Jake otra mirada dura al salir, solo por si acaso.
~oOo~
Ella miraba fijamente hacia adelante en el auto, extrañamente silencioso salvo por algunas indicaciones ocasionales para llegar al hospital.
—Ey —dije, mirándola de reojo—. Tu mamá estará bien.
Ella asintió con vehemencia, mordiéndose el labio y con la mirada fija al frente. —¿Cuáles eran sus síntomas?
—Náuseas extremas, vómitos, visión borrosa.
Asintió de nuevo. —Es la maldita quimioterapia. La dosis probablemente sea demasiado alta. La dosis inicial que asignan es, por lo general, una estimación aproximada. Probablemente tendrán que ajustarla. —Suspiró con fuerza y bajó la cabeza, agarrando su pelo largo con una mano y agachándose para apoyar el codo en el borde de la ventana.
Una vez más, me acerqué y tomé su mano libre entre las mías. Ella se sentó derecha, mirando nuestras manos, pero negándose a dejar que las suyas se entrelazaran con las mías.
—Bella… —susurré, con voz suplicante. Podía sentir sus ojos sobre mí, una mezcla de vacilación y necesidad, y luego, lentamente, su mano se relajó y se amoldó a la mía a la perfección, como un rompecabezas .
~oOo~
Cuando llegamos al hospital, Bella corrió directamente a los ascensores y presionó con fuerza el botón de llamada. Me detuve rápidamente en la cabina de información para averiguar dónde se encontraba Renée.
—Tengo el número de su habitación —dije cuando alcancé a Bella justo cuando se abría la puerta del ascensor.
Bella cerró los ojos y dejó caer los hombros. —Dios, ni siquiera habría sabido a dónde ir.
Le sonreí suavemente. —Está bien. Te tengo.
—Gracias, Edward
~oOo~
Renée ya estaba conectada a una vía intravenosa, acostada tranquilamente en una cama de hospital con Charlie, Rose y Jasper rodeándola cuando llegamos.
—Mamá —suspiró Bella, yendo a darle un abrazo.
—Bella, cariño, estoy bien —la tranquilizó Renée, envolviendo a su hija en sus brazos—. Solamente tengo un poco de náuseas.
—¿Has estado vomitando? —preguntó Bella. Renée asintió.
»¿Visión borrosa?— Renée asintió una vez más.
»Probablemente necesiten ajustar la dosis de quimioterapia —confirmó Bella.
Ya estaba preparada para ello, miré a Rosalie y, efectivamente, estaba frunciendo el ceño en dirección a Bella, con la boca abierta y lista para arrojar veneno. Pero me miró a los ojos primero y la mirada que le di le hizo cerrar la boca muy rápido. Con las fosas nasales dilatadas, miró un poco más allá de mí antes de bajar la cabeza enfadada.
Miré hacia un lado y vi a Jasper mirándola fijamente. Me miró a los ojos y negó con la cabeza.
Esperamos en la habitación a que volvieran los médicos. Ya habían estado allí antes de que Bella y yo llegáramos y le habían sacado sangre y prometido volver lo antes posible. Bromeábamos en voz baja, intentando animar a Renée, pero era ella la que contaba las mejores historias, la que nos hacía reír, la que evitaba que nos volviéramos locos en esa habitación pequeña y estrecha, aunque para entonces sus náuseas eran tan fuertes que tenía que mantener la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. La admiraba, la forma en que se negaba a dejar que esto se apoderara de ella y de su familia. Era evidente que Bella había heredado de ella su espíritu de lucha.
Los médicos finalmente regresaron y confirmaron las sospechas de Bella. La dosis de quimioterapia era demasiado alta y habría que ajustarla. Mantendrían a Renée internada durante dos o tres noches, solamente para vigilarla y asegurarse de que esta nueva dosis funcionara mejor.
Después de eso, el estado de ánimo definitivamente mejoró exponencialmente. Una de las enfermeras entró y le dio a Renée algo para calmar las náuseas y, después de algunas bromas más y de un poco de humor por su parte, se quedó dormida y finalmente pudo descansar.
—Ya que mamá está durmiendo, ¿por qué no vamos todos a comer algo? —sugirió Jasper.
Charlie negó con la cabeza, sentándose en la cama junto a su esposa dormida, mirándola.
—Ustedes vayan adelante. No tengo hambre.
—Papá, tienes que comer —lo reprendió Bella con dulzura. Él no respondió.
—Bueno, me muero de hambre. ¿Por qué no bajamos los demás a la cafetería? Le traeremos algo a papá —dijo Jasper.
Rose negó con la cabeza. —Ustedes vayan. Yo me quedaré con mamá y papá.
La miré. A los ojos de todos los presentes en la sala, yo era el novio de Rose; su bienestar era básicamente mi responsabilidad. —Rose, ¿quieres que te traiga algo?
Ella se encogió de hombros. —Un sándwich estaría bien.
Asentí.
Jasper, Bella y yo nos dirigimos a la cafetería del hospital. Pedimos sándwiches de pavo frío porque el resto de las opciones eran bastante desagradables. Compré un par de sándwiches para Charlie y Rose.
Bella picoteaba su sándwich mientras yo la observaba disimuladamente. Se veía agotada, sus ojos estaban rodeados por profundas y oscuras ojeras; su tez naturalmente cremosa estaba pálida.
—Deberías comer —dije en voz baja. Ella me miró a través de sus largas pestañas antes de volver a bajar la mirada.
—Estoy bien.
—Edward tiene razón, Bella —intervino Jasper—. Te ves horrible.
—Bueno… no lo dije exactamente así —sonreí.
Bella se rio entre dientes. —Muchas gracias a los dos. —Suspiró—. Fue una noche… larga.
—Una noche muy larga, ¿eh? —Jasper sonrió y le dio un gran mordisco a su propio sándwich—. ¿Qué hizo Jake exactamente para que te quedaras despierta hasta tan tarde? —bromeó.
La sonrisa desapareció de mi boca y miré hacia otro lado, incómodo.
—Jake no me mantuvo despierta, estúpido —replicó Bella.
—Mmm —siguió bromeando Jasper, aparentemente con ganas de irritar a su hermana menor—. Sabes, Bells, eres algo mayor para estar haciendo pijamadas con tu mejor amigo de veintiún años. De ahí podrían venir esos rumores de que lo estás usando.
No pude evitar volver la mirada hacia ella. Estaba sentada rígidamente, con el rostro enrojecido.
—No lo estoy usando, Jasper, y tú lo sabes. —Sus ojos se posaron en mí casi imperceptiblemente antes de volver a su hermano—. Jake y yo somos únicamente amigos. No empieces con eso tú también.
Jasper se rio entre dientes y extendió la mano para alborotarle el cabello. —Solamente estaba bromeando, Bells. Por Dios, niña, relájate. Oye, ¿has dormido algo desde que regresaste a casa?
Ella se encogió de hombros y apoyó los codos sobre la mesa, acunando la cabeza entre las manos. —He tenido muchas cosas en la cabeza.
Carajo, como si ella no tuviera suficiente sobre sus hombros en este momento, yo había hecho las cosas mucho más difíciles. Pero Jesús, ¿cómo podía estar tan mal querer estar aquí para ella, abrazarla, estar a su lado?
—Tienes que aprender a apagar esa bonita melena castaña —siguió burlándose Jasper. Me miró—. Pasa días sin pegar los ojos cuando tiene alguna mierda en la cabeza; es igual a papá en ese sentido. —Volvió a mirarla—. Míranos a mí y a Rose, ¡podríamos dormir durante un terremoto!
Ella lo miró y sonrió con ironía. —Sí, sé que podrías.
Él se rio entre dientes y le dio un puñetazo juguetón en el brazo. Ella le devolvió el puñetazo, mucho más fuerte. Resoplé internamente, observándolos; pensando. Si bien todo lo que Rose pudo hacer fue atacar a Bella, era bastante obvio que Jasper no podía amar más a su hermana menor.
Pero su provocación estaba funcionando; el brillo en sus ojos estaba regresando.
Con una sonrisa torcida, levanté una ceja y le dije—: Tengo una pregunta, Bella.
Ella se volvió hacia mí con expresión interrogativa.
—¿De qué se trataba exactamente todo ese asunto de la perrera que mencionó Rose ayer?
Jasper se echó a reír mientras Bella bajaba la cabeza con aire culpable, pero una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios.
—¿Quieres contarle la historia o lo hago yo? —preguntó Jasper una vez que sus risas se calmaron.
—La contaré, la contaré. —Bella me sonrió, sus ojos brillaban como no los había visto desde ayer temprano. Suspiró profundamente antes de empezar—. El año pasado, me enteré de que mi escuela tenía una perrera con cinco perros para una clase de biología que estaban enseñando.
—¿Estaban lastimando a los perros? —pregunté.
—Supuestamente no —dijo, frunciendo los labios con aire dubitativo—, pero ¿por qué demonios necesitaría una escuela experimentar con cinco perritos inocentes? Así que la noche antes de las vacaciones de primavera, Jake y yo entramos en la perrera y liberamos a todos esos perros.
—No lo hiciste —dije con las cejas levantadas.
—Sí, lo hice —dijo sonriendo sin disculparse—. Desafortunadamente, nos atrapó la seguridad cuando llevábamos a los dos últimos perros. Llamaron a nuestros padres y... sí, hubo algunos problemas. Papá movió algunos hilos. Estuvieron muy enojados conmigo por un tiempo...
Ella volvió a mirar hacia abajo, su expresión esta vez era inequívocamente de culpa.
—Oye, Bells —gritó Jasper—. Cuando mamá me contó la historia, tuvo que esforzarse para no perder la compostura.
Ella entrecerró los ojos y guardó silencio durante unos segundos. —¿En serio?
Jasper asintió.
Ella se mordió el labio pensativamente.
—¿Romeo y Julieta fueron parte de ese atraco? —pregunté.
Bella negó con la cabeza. —Romeo y Julieta fueron perros policías. Han estado con nosotros desde que estaban en servicio activo y se jubilaron junto con mi padre.
Abrí los ojos de golpe con un renovado respeto y asombro por los dos pastores alemanes.
—Pero siempre han sido los perros de Bella —añadió Jasper—. Para entonces, Rose y yo ya nos habíamos ido de casa, y de todos modos Bella siempre ha sido la loca de los perros. También se habría quedado con los perros liberados de la perrera si mamá y papá no le hubieran obligado a buscar un hogar para cada uno de ellos.
—¿Querías quedarte a los perros que liberaste?
Ella asintió con énfasis, con la frente arrugada como si la pregunta hubiera sido tonta, pero luego sus rasgos se relajaron y sonrió. —Pero mamá y papá dijeron que no había forma de que vivieran con siete perros.
—Siete perros… —murmuré silbando suavemente.
—Siete perros —repitió, mirándome mientras tomaba un sorbo de la botella de agua reutilizable que había comprado porque se negaba a comprar botellas de agua de plástico.
Jasper resopló. —Quien se case con Bella, más vale que esté preparado para una casa llena de mascotas.
—Quizás nunca me case. Quizás seamos solamente mis perros y yo —dijo mientras picoteaba su sándwich apenas probado.
—¿En serio? ¿Cuándo decidiste esto? —Jasper sonrió—. Siempre has hablado de casarte y...
Bella levantó la cabeza de golpe. —Jasper, por favor, cállate. —Se miraron fijamente durante unos segundos, pero luego ella volvió a bajar la cabeza hacia su sándwich.
Jasper respiró profundamente y exhaló el aire, recogiendo los sándwiches y las bebidas que habíamos comprado para Charlie y Rose.
—Les llevaré esto a papá y a Rose. Ed, ¿me haces un favor? Quédate aquí con Bella y asegúrate de que termine ese sándwich. Nos vemos en la habitación de mamá.
Asentí.
Bella y yo nos miramos a los ojos y sostenemos nuestra mirada.
—Come.
Puso los ojos en blanco y se metió el sándwich en la boca, tomando un pequeño bocado a regañadientes.
Durante un largo rato, simplemente nos sentamos allí mientras Bella comía lentamente su sándwich, con sus ojos vagando por toda la habitación, negándose a encontrarse con los míos nuevamente.
—Una vez tuve un perro —solté.
Sus ojos dejaron de vagar. Me miró a los ojos y, así de simple, mi pecho se expandió y mi sonrisa se hizo más grande.
Ella también lo hizo—: ¿Tuviste un perro?
—Sí —confirmé—. Cuando era niño, era un cocker spaniel y se llamaba Spike.
—Spike —dijo riéndose de buena gana—. Por supuesto.
—Por supuesto —repetí con mi propia risa porque ella me estaba dando esa sonrisa traviesa otra vez, y haría cualquier cosa para mantener esa sonrisa en su rostro.
—¿Cómo puede un cocker spaniel llamarse Spike? —insistió.
—Puede —confirmé con fingida seriedad.
—Entonces, ¿qué le pasó a Spike?
Mi sonrisa se desvaneció. —Tenía problemas cardíacos y falleció mientras dormía una noche cuando yo tenía quince años.
Sus ojos de cierva se llenaron de empatía. —Lo siento —dijo en voz baja—. Debe haber sido difícil para ti.
—Lo fue por un tiempo —asentí—, pero cuando eres un niño, superas las cosas rápidamente.
Ella asintió. —¿Tuviste otro perro?
Negué con la cabeza. —Después de eso… me volví cauteloso, supongo. Y luego me fui a la universidad.
—Y los perros ya no eran tu prioridad —bromeó.
—No, supongo que no lo fueron —sonreí.
Se rio entre dientes.
—Creo que ahora estaría listo para otro —dije, y luego miré sus grandes ojos marrones—. Posiblemente más de uno.
Nos sostuvimos la mirada.
~oOo~
Cuando regresamos a la habitación de Renée, Jasper nos estaba esperando afuera con su teléfono celular, obviamente hablando con su esposa. Nos vio acercarnos y se despidió, diciéndole que la amaba y que besara a las niñas.
Suspiró. —El horario de visitas termina en quince minutos. Papá decidió quedarse con mamá en la silla plegable —me miró— y Rose dice que ella también se quedará en la otra silla plegable.
Asentí lentamente.
—Vamos —dijo, señalando con la cabeza la puerta de la habitación de Renée—. Vamos a despedirnos.
Cuando entramos en la habitación, Renée lucía mucho mejor que en todo el día. Bella fue directamente hacia su madre y le dio un beso. Rose, que estaba de pie junto a su madre, se acercó a la ventana y miró hacia la oscuridad.
Me acerqué a ella y le pregunté—: ¿Necesitas que me quede un rato más?
Negó con la cabeza y se giró para mirarme. —¿Puedes traerme algo de ropa y mi bolsa de artículos de tocador por la mañana?
—Claro —asentí.
—Gracias —respondió ella y se volvió de nuevo hacia la ventana.
Nos despedimos, todos excepto Rose y Bella, y prometimos volver por la mañana. Mientras caminábamos por los pasillos, Jasper se volvió hacia Bella con una ceja levantada.
—Rose no estará en casa esta noche, Bells, así que supongo que volverás a casa, ¿no?
Bella puso los ojos en blanco y asintió.
—Buena chica —dijo Jasper sonriendo—. No querrás darle una idea equivocada al pobre Jake. Nunca buscará a otra chica si cree que tiene alguna posibilidad contigo.
—Jasper… —gruñó Bella.
—Oye, solo digo —dijo, levantando las manos—. ¿Sabes?, podría haber un pequeño consejo bueno en lo que Rose estaba tratando de decir la otra noche, si tan solo lo hubiera dicho bien. Necesitas algo de distancia de ese chico.
Bella miró al frente y no respondió.
Cuando salimos, respiré profundamente el aire fresco de la noche y me pregunté qué diablos estaba haciendo todavía en ese pequeño pueblo. Por qué simplemente no podía irme.
Pero entonces miré a Bella. Tenía la cara hacia el cielo, y había mucha tristeza escondida en sus ojos insondables.
No podía irme.
Jasper también la estaba mirando. —Descansa un poco, hermana, ¿de acuerdo? —Le rodeó la cabeza con las dos manos y le apretó la cara con tanta fuerza que le arrugó las mejillas y la boca—. Y desconecta todo.
Creo que Bella intentó sonreír burlonamente a pesar de las manos que le apretaban el rostro. Cuando él la soltó, ella frunció el ceño.
—¿A dónde vas? —le preguntó a Jasper.
—Me voy a casa.
—¿Por qué?
Suspiró. —Alice y las niñas ya están allá, y las niñas ya están acostadas. No tiene sentido volver a levantarlas. Estoy a solo media hora de distancia, Bells. Si surge algo, puedo volver aquí casi tan rápido como tú.
Mi corazón se aceleró en mi pecho cuando comprendí exactamente lo que eso significaba.
Jasper se volvió hacia mí, con sus ojos azules abiertos y confiados. —Ed, no te importa llevar a Bella de vuelta a casa, ¿verdad?
—No, claro que no.
—Muy bien, los veré mañana a ambos —y se dirigió a su propio auto.
~oOo~
El viaje a casa transcurrió en silencio. Bella se quedó mirando por la ventana durante todo el trayecto, observando las luces navideñas centelleantes que brillaban en casi todas las casas.
Cuando llegamos, caminó por el camino de entrada sin mirar atrás, abrió la puerta y entró.
Me quedé en el vestíbulo, peleando, gritando y maldiciéndome a mí mismo.
Mierda, Edward, sube. Vete arriba. No va a funcionar. Sube.
Al final, cerré los ojos con fuerza, respiré profundamente y seguí su dulce aroma hasta la cocina.
Bella estaba agachada junto a la puerta del patio trasero, donde Romeo y Julieta devoraban con hambre sus croquetas y bebían su agua.
—Aquí tienen, chicos. Perdón por la tardanza de mamá. Aquí tienen —les dijo en voz baja, mientras les acariciaba el lomo mientras comían.
Me quedé de pie y la observé en silencio, pero aunque ella no levantó la vista, supe que sabía que yo estaba allí.
—Tienen que salir a pasear ahora —murmuró en voz baja una vez que los perros terminaron.
—Bueno.
Caminamos por el silencioso patio trasero, a través del paisaje boscoso que nos invadía por tres lados, guiados solo por la luz de la luna y la nieve blanca que cubría las ramas sobre nosotros. Sin embargo, Bella no parecía necesitar ayuda; caminaba lentamente, pero con la confianza de alguien que había recorrido esta ruta incontables veces en su vida, mientras Romeo y Julieta corrían y saltaban a nuestro alrededor. Sin embargo, no había ninguna incomodidad, ni de su parte ni de la mía. Era como si en estos bosques, solos y rodeados de la naturaleza que tanto amaba, finalmente pudiéramos bajar los guardias cuidadosamente colocados.
—¿Alguna vez te has perdido por aquí? —le pregunté mientras ella nos guiaba con destreza por una curva entre árboles. Nuestras manos se tocaban de vez en cuando mientras caminábamos, pero esta vez no extendí la mano para tomar la suya porque sabía que tocarla allí, en ese entorno, sería algo completamente diferente. No sería un consuelo, sería pura necesidad.
Resopló. Pude ver su sonrisa a la luz de la luna. —Crecí prácticamente aquí, entre estos árboles y arbustos. Todo este bosque era mi patio trasero. Había días en los que entraba a dormir, y eso era únicamente porque mamá y papá me obligaban.
Me reí entre dientes. —Donde yo crecí, solamente teníamos un pequeño patio trasero y estaba cercado.
—Spike no tenía mucho espacio para moverse, ¿eh? —preguntó.
Negué con la cabeza. —Pero, claro, no era más que un pequeño cocker spaniel.
—No como mis dos monstruos —se rio entre dientes, mirando a sus dos perros con amor.
—Supongo que habría sido agradable tener todo este espacio.
Se quedó callada un rato. —Hay un prado —señaló entre un par de árboles a nuestra izquierda—, justo por ese camino, a unos diez minutos de aquí. Es hermoso; amplio y abierto con las flores silvestres más hermosas que crecen en primavera. A veces llevo a Romeo y Julieta allí.
—Suena especial.
—Lo es.
—Me gustaría verlo algún día.
Silencio.
—Tal vez… cuando construyas tu casa, Edward, puedas construirla en algún lugar donde tengas todo el espacio que quieras, donde tu patio trasero abrace el bosque y un prado te espere en la distancia cercana.
Me detuve y extendí la mano para tomarla. Ella respiró profundamente mientras se daba la vuelta y me miraba, tan cerca que su cálido aliento me acarició el cuello.
—Construiría esa casa en cualquier lugar, Bella. En cualquier lugar.
Su pecho se agitó, sus respiraciones pesadas me acariciaban y me miraban fijamente. De repente, se dio la vuelta y se alejó caminando rápidamente. La seguí.
—Lo siento —murmuré—. Lo siento por todo esto.
Por unos momentos, ella no dijo nada.
—Esto no es real, Edward —dijo con voz fría y estoica—. Estás juzgando a Rosalie por su relación conmigo, cuando en realidad es una buena persona. Es inteligente y es… muy hermosa —suspiró—, y es cariñosa y…
La detuve de nuevo, agarrando su mano firmemente entre las mías. —Bella, odio la forma en que te trata, pero no es únicamente eso. ¿Recuerdas cuando dijiste que no es así entre tú y Jake? Es lo mismo entre Rose y yo.
—Ibas a pedirle que se casara contigo.
No era una acusación ni una pregunta; sólo una simple constatación de un hecho que no podía ni quería negar.
Tragué saliva con fuerza, acercándome a ella otra vez, mirando hacia abajo, perdiéndome en esos ojos, en el calor que irradiaba ella en la noche de invierno.
—Eso fue antes de que me diera cuenta.
—¿Cuenta de qué? —preguntó ella rápidamente—. Esto no es real, Edward. Esto no puede ser real.
Extendí la mano y le acaricié la mejilla, deleitándome en la forma en que cerraba los ojos, en la forma en que se estremecía ante mi tacto, en la prueba de que, a pesar de todo, la afectaba tanto como ella a mí.
—Bella, no puede ser más real.
Ella bajó la cabeza y la sacudió lentamente de un lado a otro.
—Lo siento —continué—, porque no quiero complicar más tu relación con Rosalie. Lo siento porque sé que tú y tu familia ya tienen suficientes problemas en este momento, pero Bella, no puedo alejarme.
Ella me miró de nuevo, sus ojos del color del cielo buscando en los míos.
»He intentado… —Miré al cielo—, al menos media docena de veces desde anoche obligarme a irme, convencerme de que tienes razón y que necesito empacar mis cosas y salir de aquí, de tu vida antes de complicarla aún más.
La miré de nuevo. Su labio inferior temblaba y sus ojos rebosaban de lágrimas contenidas. Le rodeé la cara con las manos mientras ella exhalaba temblorosamente por los labios entrecerrados.
»Pero veo el dolor que intentas ocultarle a los demás, Bella, y necesito estar aquí. Necesito ser en quien te apoyes, con quien te abras. A quien le digas la verdad sobre cuánto te duele, sobre lo aterrorizada que estás por tu madre.
Empezó a llorar, las lágrimas brillaban por sus mejillas y caían sobre mi mano.
—¿Cómo lo sabes? —sollozó—. ¿Cómo lo sabes?
Le froté la mandíbula con los pulgares, pasando los dedos por su labio inferior. —Ya sabes cómo lo sé. —Sonreí—. Lo sabes, Bella.
De repente sus ojos se iluminaron con fuego y apartó mis manos de ella.
—¡No, Edward! ¡No! —gritó, y luego echó a correr. Romeo y Julieta la siguieron obedientemente, y yo también corrí tras ella, con el corazón latiendo tan desbocado que estaba seguro de que se me saldría del pecho.
—¡Bella!
Pero ella no se detuvo, sino que corrió más rápido.
»¡Bella!
La alcancé dentro de la cocina y la rodeé con mis brazos por la cintura desde atrás. Ella luchó por liberarse, pero la sujeté porque simplemente no podía soltarla. Y finalmente, su forcejeo se detuvo y sus piernas cedieron mientras se hundía en mis brazos, sollozando incontrolablemente.
—No puedo. No podemos. Eres de ella, Edward. Eres de ella.
Era una situación imposible, lo sabía. Y aunque haría todo lo posible por hacer lo correcto por ella y por toda esta familia, la necesitaba. Estaba tan fuera de mi control como el frío cielo invernal; no podía dejarla ir.
—Shhh —la tranquilicé, haciéndola girar entre mis brazos y envolviendo una vez más mis manos alrededor de su rostro, obligándola a sostener mi mirada.
—Bella, lo solucionaré, lo juro —susurré con fuerza—. Haré lo que sea necesario para arreglar esto, para hacerlo lo mejor posible, pero por favor —supliqué—, por favor… déjame abrazarte. Déjame estar aquí para ti.
Me sostuvo la mirada, sus ojos marrones me consumían, y luego me devolvió la vida cuando sus brazos rodearon mi cuello y sus labios rozaron mi mandíbula. Respiré profundamente y la abracé fuerte.
»Déjame estar aquí para ti —le susurré al oído—. Por favor.
Su asentimiento fue tan débil que al principio no estaba seguro de que lo hubiera hecho, pero cuando la alcé y la sostuve contra mí, no se resistió. Su cabeza se apoyó contra mi corazón, que latía con fuerza, mientras la llevaba escaleras arriba. Solamente cuando me paré en medio de su habitación, con paredes de un amarillo suave y muebles de madera oscura, finalmente volvió a mirarme.
Sus ojos marrones se clavaron en los míos.
»Déjame abrazarte —susurré.
Asintió lentamente de nuevo. La acompañé hasta su cama y la acosté con cuidado, apenas capaz de respirar ante la hermosa vista que tenía ante mí; ojos tiernos que me miraban, cabello oscuro esparcido contra la almohada blanca. Me senté en el borde de la cama y le quité las zapatillas deportivas una por una mientras ella me observaba. Luego me agaché y me quité las mías.
Durante un largo rato, simplemente nos mantuvimos mirándonos fijamente; pensamientos y promesas se comunicaron sin palabras.
Entonces, cuando Bella se dio vuelta y metió una mano debajo de la almohada, me agaché detrás de ella y atraje su cuerpo hacia el mío.
—Edward… —murmuró.
—Shhh. —La rodeé con mis brazos y entrelacé mis dedos como siempre lo harían nuestros corazones, sin importar lo que pasara—. Descansa. Duerme. Estoy aquí para ti, ¿de acuerdo?
Asintió una vez más y su cuerpo se relajó, amoldándose al mío.
Perfecto.
Como un rompecabezas.
Y solo cuando los suaves sonidos de su respiración me aseguraron que finalmente había encontrado su descanso, me permití respirar de nuevo.
