Descargo de responsabilidad: Crepúsculo y sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, la historia es de pattyrose, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight and its characters are the property of Stephenie Meyer, the story is by pattyrose, translation is mine with due permission from the author.
Arrobale gentilmente fue mi prelectora, cualquier error es mío. ¡Gracias, Alejandra!
Día 7
Me desperté con una lengua cálida en mi cara y un aliento caliente en mi mejilla.
Y otra lengua lamiendo mi mano.
Cuando abrí los ojos, Romeo y Julieta me estaban dando sus saludos matutinos.
Resoplé y sacudí la cabeza. —Vaya semana —murmuré, dándome la vuelta en el sofá para que los perros no pudieran alcanzarme. Pero podía oírlos jadear detrás de mí. Cuando me di la vuelta otra vez, estaban sentados tranquilamente uno al lado del otro, mirándome fijamente; esperando pacientemente.
Les sonreí, aunque más que nada a Romeo, porque en los últimos días me había dado cuenta de que él era el líder. Me senté en el sofá y me pasé una mano por el pelo.
—Entonces, ¿tienen hambre o necesitan orinar?
Recibí fuertes jadeos y lenguas que se movían rápidamente.
—Eso no me dice mucho. —Con un suspiro, me levanté y los seguí a la cocina, donde Romeo procedió a rascar la puerta trasera, respondiendo a mi pregunta anterior.
—Está bien, está bien. —Me reí entre dientes—. Déjame ponerme la chaqueta y daremos un paseo.
La mañana estaba gris y parecía que iba a llover más que a nevar. Romeo y Julieta corrían por el bosque, dando vueltas el uno alrededor del otro y deteniéndose de vez en cuando para esperarme. Mi conocimiento de esa zona no se parecía en nada al de Bella y ellos parecían saberlo. Me reí a carcajadas cuando levantaron nieve con las patas traseras y se la tiraron a la cara. Cuando llegamos a la casa de nuevo, estaban empapados de la cabeza a los pies, saciados y contentos, y listos para comer.
Rose estaba en la cocina cuando entramos, completamente vestida, gracias a Dios, de pie junto a la cafetera.
—Buenos días —grité.
—Buenos días —respondió ella dándome la espalda.
Llené los cuencos de los perros con croquetas y llevé sus cuencos de agua al fregadero.
—Realmente te gustan esos perros, ¿no? —murmuró.
Cuando levanté la vista, todavía me estaba dando la espalda, bebiendo de una taza.
—Necesitan a alguien que los saque a pasear y los alimente.
Se dio la vuelta y se apoyó contra el mostrador, mirándome fijamente, apoyando el codo mientras tomaba otro sorbo de la taza de café con el brazo libre.
—Pueden caminar solos, ¿sabes? Únicamente tienes que dejarlos entrar y salir.
—Lo sé, pero a mí me gusta el aire fresco y creo que a ellos les gusta la compañía.
Continuó mirándome fijamente por unos momentos más antes de darme la espalda nuevamente.
—Los perros están tan malcriados como ella —murmuró en voz baja—. Hay más café en la cafetera. Puedes prepararte lo que quieras, ya que, al parecer, eres un gran cocinero. Estaré en la sala de estar cuando estés listo para irnos al hospital.
Y dicho esto, salió.
~oOo~
Rose se quedó mirando por la ventanilla durante todo el trayecto hasta el hospital. No dijimos ni una palabra. Fue, con diferencia, el viaje en auto más incómodo hasta la fecha.
Cuando llegamos, caminamos por los pasillos en silencio. A unos metros de la puerta de Renée, Rose se detuvo y puso una mano sobre mi antebrazo.
—Hazme un favor —dijo con frialdad—, no digamos nada sobre… —hizo un gesto con la mano entre nosotros—, sobre que tú y yo ya no estamos… juntos, por ahora. Realmente te quieren y creo que mi madre, en especial, se sentirá muy mal. —Puso los ojos en blanco.
—Claro, Rose —convine.
Suspiró y me dio un apretón en el brazo. —Gracias, Edward, por seguir aquí, aunque en realidad no sea necesario.
Tragué saliva y sostuve su mirada. A pesar de todo, volví a sentir una punzada de culpa. Pero luego me recordé a mí mismo que si ella hubiera sido un tipo diferente de hermana, todo este secretismo no habría sido necesario. Sí, habría sido difícil para todos los involucrados, pero fue su animosidad sin sentido hacia Bella lo que agravó toda la situación. Ni Bella ni yo habíamos planeado esto. Todo había estado fuera de nuestro control desde el primer día.
Nos estudiamos el uno al otro, ambos perdidos en nuestros propios pensamientos, cuando la puerta de la habitación de Renée se abrió y salió Bella.
Ella se sobresaltó. Su mirada se dirigió rápidamente hacia donde Rose me agarró del brazo antes de volver a subir.
—Buenos días, chicos —dijo, forzando una sonrisa—. Yo… —levantó una jarra de color mostaza—, iba a buscar un poco de agua fresca para mamá.
—Buenos días, Bella —le devolví la sonrisa.
La mano de Rose se apartó mientras se giraba para mirar a Bella. —¿Cómo está esta mañana? —No hubo respuesta al saludo matutino que había recibido.
La pequeña sonrisa de Bella se ensanchó, complementada con una nota de sinceridad. —Está bien. Sin embargo, los médicos decidieron que la dejarán internada una noche más, solamente para mayor seguridad.
—Está bien —asintió Rose—. Me quedaré con ella esta noche. —No había lugar para discusión en su tono.
—Está bien —convino Bella.
Rose me miró y señaló con la cabeza hacia la puerta.
—Iré… a buscar el agua —murmuró Bella y se alejó, y a pesar de lo mucho que de repente yo también quería agua, acompañé a Rose adentro.
Carajo, odiaba esto.
~oOo~
Renée me saludó con un fuerte abrazo y una cálida sonrisa. —Edward.
—¿Cómo te sientes, Renée?
—Me siento muy bien —dijo rotundamente—, pero ya sabes cómo son estos médicos.
—Es por tu propio bien, mamá —dijo Rose.
—Lo sé, lo sé —suspiró Renée—. Al menos recibí un buen tratamiento de belleza esta mañana —Sonrió, luciendo tan joven de repente—. Bella me peinó —agitó su cabello—. Y me hizo las uñas. —Nos mostró moviendo las manos.
Me reí entre dientes y, justo en ese momento, Bella volvió a entrar.
Y Jasper abrió la boca.
—Rose, Edward, ¿por qué tardaron tanto? Veo que estuvieron disfrutando de esa casa vacía, ¿eh? —rio entre dientes.
Y aunque sabía que él no tenía idea, aunque sabía que para él era solo una broma divertida para hacer reír a todos en la habitación, quería romperle la cara.
En cambio, mantuve mis ojos en Renée mientras respondía.
—Saqué a pasear a los perros.
—Esa caminata debió haber sido muy larga —bromeó.
Renée sonrió, con sus ojos fijos en los míos.
Charlie resopló.
Rose simplemente puso los ojos en blanco, sin darle a su hermano una respuesta de una forma u otra.
Bella le sirvió a su madre un vaso de agua, con la mirada baja.
Jasper siguió hablando. —Díganme algo, muchachos, ¿qué tanto frío hace…?
—Jasper, cariño —gritó Alice—, ven aquí y enséñame cómo volver a introducir la contraseña de wifi en esta computadora portátil.
—Al, cariño, ya te lo expliqué —le sonrió Jasper pacientemente a su esposa.
—Bueno, lo olvidé. Muéstramelo de nuevo —insistió Alice.
Y mientras Jasper caminaba hacia ella, su esposa levantó la vista y me miró a los ojos rápidamente, y por ridículo que fuera, podría haber jurado que la pequeña sonrisa que me dio decía mucho.
~oOo~
Después de comer, me disculpé para llamar a mis padres, con quienes no había hablado en un par de días. Después de hablar con ambos, Emmett se puso al teléfono.
—¡Hola, hermano! ¿Cómo van las cosas por ahí?
—Van —respondí vagamente.
—Tengo entendido que la madre de tu chica no se encuentra muy bien —dijo con más solemnidad.
—No, pero se espera que se recupere por completo. Es una mujer fuerte.
—Igual que mamá —resopló—. Oye, ¿estás bien? Pareces un poco… fuera de ti.
Suspiré, con la mirada perdida mientras miraba fijamente el estacionamiento del hospital, que daba a un bosque y más bosque.
Había mucho bosque por aquí.
—Háblame, hermano —insistió Emmett, que siempre había tenido una extraña manera de leerme, incluso a través del teléfono.
—Es complicado.
—Las situaciones complicadas son mi especialidad —afirmó con una sonrisa en la voz—. Soy todo oídos.
Supongo que era cierto. Como psicólogo, probablemente escuchaba todo tipo de tonterías todo el día.
—Es difícil de explicar.
—Cuéntame, Ed. Sabes que es la única manera de actuar.
Exhalé con fuerza. —No quiero hablar de esto por teléfono, Emmett.
Ambos nos quedamos en silencio por un momento.
—Edward, ¿quieres que vaya? Es un poco tarde, pero podría tomar un vuelo...
—No, Em. Gracias por ofrecerte. Quédate con mamá y papá. No quiero que estén solos durante las fiestas. Estaré allí en un par de días y podremos hablar.
—¿Estás seguro?
Solté otra gran bocanada de aire por la nariz. —Sí, estoy seguro. Pero no me juzgues, hombre.
Emmett resopló. —Ed, si juzgara, probablemente vería a gente arrojándose por las ventanas en cuanto salieran de mi consulta, y eso no sería nada bueno para el negocio —bromeó.
¿Ves? Qué sentido del humor tan enfermizo. Pero en otras circunstancias, sí, me habría reído.
—Mierda, ¿qué? ¿Mataste a alguien ahí o algo así?
—Eres un buen hermano, ¿sabes?
—¿Qué? —gritó, evidentemente desconcertado por mi respuesta .
—Es solo que… en los últimos días me he dado cuenta de que no todos los hermanos se cuidan entre sí como deberían.
—Amigo, sé que es Navidad, pero, de corazón, me estás asustando con tus palabras. —Se rio entre dientes.
Puse los ojos en blanco. —Está bien, está bien —gruñí—. Olvídate de todo esto por ahora.
Se rio de nuevo. Era Emmett. Siempre riéndose. Pero entonces lo oí tomar aire profundamente.
—Amigo, sea lo que sea, recuerda que, a menos que hayas matado a alguien, todo tiene solución. Todo túnel tiene una salida. ¿Entendido?
Volví a respirar hondo. —Sí —sonreí, imaginando los brillantes ojos de ciervo de Bella y su sonrisa traviesa—. Lo tengo todo bajo control.
~oOo~
Después de cenar, cogí la jarra de Renée y fui a rellenarla. Las enfermeras solían proporcionarme su reserva privada de agua mineral embotellada y fresca, mientras que a todos los demás que iban a rellenar la jarra se les enviaba de vuelta con el agua tibia del grifo que el personal había colocado simplemente en un recipiente grande en la cocina de los pacientes, que necesitaba urgentemente hielo y un sistema de filtrado.
Cuando volví a la habitación de Renée, Alice y Bella habían desaparecido. Se percibía un cambio palpable en el ambiente.
—No puedes seguir haciendo esto. Cada año es peor —susurró Jasper en voz baja en dirección a Rose, mientras ella permanecía de pie junto a la ventana, mirando fijamente hacia el estacionamiento.
—¿Qué pasó? —pregunté.
Jasper se giró y me miró, sacudiendo la cabeza y con expresión pétrea.
—Vuelvo enseguida —murmuró mientras salía rápidamente de la habitación.
La sangre hervía en mis venas.
Observé la escena que tenía ante mí. Además de Rose, que seguía mirando por la ventana el sol que se ponía, Charlie miraba fijamente su regazo, de la misma forma en que Bella solía hacerlo cuando estaba molesta. Renée estaba jugando con sus nietas, que estaban sentadas en su cama rodeándola, con las muñecas esparcidas por todas partes y ajenas a la tensión que había en el aire.
—Nanny, ahora cepíllale el pelo a esta.
—Está bien —convino Renée, pero levantó la mirada, sus ojos se encontraron con los míos y suspiró.
Miré fijamente la espalda de Rose y abrí la boca.
—Edward, ¿podrías hacerme un favor e ir a buscarlos por mí? —dijo Renée, suplicándome con la mirada.
Respiré profundamente y cedí—: Claro.
~oOo~
Encontré a los tres en un rincón tranquilo junto a los ascensores. Bella tenía la cabeza gacha y los hombros subían y bajaban mientras Alice la miraba y agitaba los brazos frenéticamente.
—¡… ya es ridículo! ¡Tienes que decirle que se vaya a la mierda de una vez por todas!
Bella negó con la cabeza. —No puedo… tengo que pensar en mi mamá.
—Tiene razón, Alice —concordó Jasper.
Alice miró a su marido con una mirada fulminante. —¡Ella no piensa en tu madre! ¡Habla tantas tonterías y sin embargo es ella la que causa todo el estrés con la forma en que constantemente se mete con Bella, año tras año! —Se enojó—. Sé que no me corresponde decir nada porque esto es algo que como hermanos los tres tienen que resolver, pero...
—¿Qué está pasando? —pregunté, atrayendo todas las miradas hacia mí, pero la mía estaba fija en Bella. Ella sostuvo mi mirada por una fracción de segundo antes de apoyar su cuerpo contra la puerta de salida de emergencia y echar la cabeza hacia atrás para mirar el techo.
Jasper tampoco me respondió.
Alice miró del uno al otro y luego se dirigió furiosa hacia mí. —¡Lo que pasa es que Rosalie siempre ha estado tan… envidiosa de Bella que ya ni siquiera puede ver con claridad!
—Alice —suspiró Bella, con los ojos todavía en el techo.
Alice se volvió hacia ella. —¡Tiene mucha belleza y cerebro, pero no tiene ni un bledo! ¡Ha convertido un miedo de la infancia en una excusa para torturarte y torturarte hasta el punto del ridículo!
—Alice —advirtió Jasper.
—¡No, Jasper! —susurró Alice, negándose a que la callaran—. Mira, sabes que amo y respeto a tus padres con todo mi corazón, pero esto debería haberse cortado de raíz hace años y no los culpo por completo porque Dios sabe que es difícil ser padre y siempre hacer lo correcto con tus hijos, pero ¡Rosalie ya es una mujer adulta! ¡Es hora de que alguien la haga asumir algo de responsabilidad y ponga fin a esta mierda de una vez! Bella, tienes que...
—¡Alice, no! —la interrumpió Bella. Suspiró y miró a Alice, sonriendo con tristeza—. Ahora no. Tengo que pensar en mi familia.
Los pequeños hombros de Alice se desplomaron. Dio un par de pasos hacia Bella. Lentamente, extendió la mano y la pasó por algunos mechones de cabello de Bella.
—Te amo como a una hermana pequeña, lo sabes, ¿verdad? —murmuró Alice, su tono carecía de todo el enojo de hacía unos segundos.
Bella asintió, su labio inferior temblando.
—Ven aquí —Alice la abrazó con fuerza—. Siempre estaré aquí para ti, ¿de acuerdo?
Bella movió la cabeza de arriba a abajo con los ojos cerrados. Después de un momento, se apartó. —Voy a volver a entrar.
Alice asintió. Cuando Bella se alejó, Jasper la acompañó.
Alice respiró profundamente y se dio la vuelta, me miró a los ojos y caminó hacia mí lentamente, estudiándome.
—Entonces, ¿lo reconociste inmediatamente por lo que era?
Sólo me tomó una fracción de segundo entender lo que quería decir.
Suspiré y una extraña sensación de alivio y camaradería me recorrió el cuerpo. —No, inmediatamente no —le ofrecí una pequeña sonrisa—. Creo que en algún momento del día siguiente.
Me devolvió la sonrisa. —Sí. Parecías un poco… confundido esa primera noche después de que ella llegó a casa. Pero luego, al día siguiente, después de que regresaste de pescar en el hielo…
Por unos momentos no dije nada.
—¿Jasper lo sabe? —pregunté.
—¿Estás loco? Mira, no voy a endulzarte las cosas. La cosa se va a poner fea. El drama entre James, Jasper y yo no fue nada comparado con lo que va a ser esto.
—Gracias. —Sonreí.
Ella se rio suavemente. —Edward, Bella me dijo que ustedes decidieron esperar un poco antes de decir algo, y créeme, entiendo tu razonamiento. Bella siempre piensa primero en las necesidades de los demás, y eso es genial, realmente lo es, pero no importa cuánto esperes, ya sea que lo digas ahora o en unos meses, lo más probable es que Rose se enoje. Cualquier aceptación, ya sea ahora o en el futuro, tendrá que comenzar con la propia Rose.
Pasé una mano por mi cabello, sabiendo que lo que decía Alice era cierto, no había nada que pudiéramos hacer para que Rose lo entendiera, Rose tenía que estar dispuesta a hacerlo.
—Ella nunca lastimará a Rose intencionalmente, no importa cuánto la lastime Rose —dije con los dientes apretados.
Alice extendió la mano y puso una mano reconfortante sobre mi brazo.
—Y eso es lo que la convierte en Bella. Necesito que hagas algo por mí, Edward. Ayúdala a entender que a veces está bien, incluso es necesario, poner tus necesidades primero. Probablemente ahora mismo estaría infelizmente casada con James y Jasper sería un prostituto si no nos hubiéramos dado cuenta de eso rápidamente —sonrió.
—Gracias, Alice.
—Claro. —Me apretó el brazo—. Cuida de mi niña.
~oOo~
Más tarde esa noche, después de que Bella, Alice, Jasper y las niñas salieran del hospital, Bella y yo llevamos a Romeo y Julieta a dar otro paseo por el bosque. Cuando los árboles estaban delante y detrás de nosotros, y el tenue resplandor de las luces navideñas del porche trasero ya no era visible, extendí la mano y tomé la de Bella. Lentamente, sus dedos se entrelazaron con los míos, la proximidad de su cuerpo me calentó.
—¿Quieres contarme qué pasó entre tú y Rose hoy?
Me dio una sonrisa vacía. —Lo que siempre pasa entre Rose y yo.
Suspiré y pasé mi mano libre por mi rostro. —Bella, honestamente no sé cuánto tiempo más podré evitar decirle algo.
Bella se detuvo y se giró para mirarme. —No, Edward. Por favor. —Se acercó más, agarrando mi chaqueta entre sus dedos y haciéndola girar sin rumbo entre sus pulgares—. Aprecio el sentimiento, de verdad que sí —sonrió con tristeza—, pero, en primer lugar, soy una niña grande. En segundo lugar, ¿cómo se vería si el novio de Rose se diera la vuelta y me defendiera?
—No soy el novio de Rose.
Ella arqueó una ceja. —Oficialmente, lo eres.
Negué con la cabeza. —No, no lo soy.
Me miró, sus ojos castaños brillaban. El frío de la noche de invierno hizo que nuestras respiraciones se arremolinaran a nuestro alrededor, mezclándose y fusionándose.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que anoche terminamos. Rose y yo.
Ella me sostuvo la mirada y sacudió la cabeza. —Pero… no dijo nada.
—No quiere que tus padres lo sepan todavía.
Siguió mirándome. Me acerqué más y ella estiró el cuello, fijándome en su mirada.
—Quería decírtelo antes, Bella —dije rápidamente—, pero no hemos tenido la oportunidad de hablar. Y sé que no querías que dijera nada todavía, pero no podía seguir fingiendo, no cuando estoy sintiendo esto por ti. Y te juro que no le conté sobre nosotros. Todavía podemos hacer las cosas como tú...
Se estiró y me rodeó con sus brazos. Instintivamente, me agaché y agarré sus caderas, acercándola a mí, deleitándome con la sensación de su cuerpo tan cerca del mío.
—Edward… —Me abrazó más fuerte y el mundo entero se calentó.
—Sí, amor —murmuré en su oído—. Lamento lo que dijo Jasper esta mañana, pero espero que sepas que nada podría haber estado más lejos de la verdad.
Sacudió la cabeza de un lado a otro, sus labios rozando mi cuello. —No pensé… Edward… no debería sentirme tan feliz como lo estoy ahora.
Sus palabras vibraron contra mi pecho. Besé su cuero cabelludo, inhalando el dulce aroma que emanaba de ella. —Me gusta saber que eres feliz —murmuré.
Entonces ella me miró, sus ojos radiantes y una lenta sonrisa se dibujó en su rostro cremoso.
Dejó de abrazarme y dejé que sus pies tocaran el suelo nevado. Con un agarre más fuerte y firme que antes, su mano se extendió hacia la mía. Durante un largo rato, simplemente nos quedamos allí, mirándonos sin decir palabra.
Romeo y Julieta nos rodearon, ansiosos por continuar su caminata.
—Ya vamos, chicos —dije en tono de broma—. Ya vamos.
Bella rio entre dientes y de la mano continuamos nuestra caminata.
~oOo~
—¡Dios, qué frío hace esta noche! —exclamó Bella mientras volvíamos volando a la cocina y cerramos rápidamente la puerta detrás de nosotros. Romeo y Julieta caminaron hasta el centro de la habitación y comenzaron a sacudirse el polvo desde el hocico hasta la cola. Algunos copos habían empezado a caer justo cuando comenzamos a caminar y se habían vuelto progresivamente más gruesos y pesados a medida que avanzábamos. Ahora sí que caían.
Bella y yo nos quitamos los abrigos y los suéteres y optamos por las sencillas camisetas sin mangas que llevábamos debajo, ya que hacía bastante calor en la casa. Su cabello oscuro estaba cubierto una vez más por un halo blanco, como había estado unas noches antes, cuando apareció en mi vida como una tormenta de nieve.
Empezó a sacudirse el pelo y me acerqué, paralizado por la vista, como me había quedado la primera noche. Cuando la ayudé con delicadeza a quitarse los copos de nieve del pelo, me miró sonriendo y con las mejillas sonrosadas.
Pasé dos dedos por una mejilla, por encima de su nariz y por la otra mejilla. —Pareces un hada de invierno.
—Más bien un duende navideño.
Sonreí.
Se rio entre dientes. —¿Lo entiendes? —preguntó con una ceja levantada—. Porque soy muy bajita, y es la temporada navideña, y los duendes son enanos.
—Pequeños.
—Bajitos. —Se rio entre dientes con ganas.
Nos miramos el uno al otro.
Suspiró. —¿Chocolate caliente?
—Suena bien. ¿Quieres que lo prepare yo?
—Sé dónde está todo. Puedes preparar el desayuno por la mañana. ¿Trato hecho?
—Trato hecho —me reí entre dientes, sacudiendo la cabeza.
Mientras Bella preparaba nuestro chocolate caliente, yo miraba por la ventana el paisaje que se iba blanqueando cada vez más. Las ramas desnudas y los arbustos frondosos que esa mañana habían empezado a recuperar su color estaban nuevamente bañados por un resplandor blanco. Una ardilla subió rápidamente a un árbol, llevando su cena. Era una vista pintoresca, al menos para mí, viniendo de New York. Me di vuelta para mencionárselo a Bella.
Había estado tan cerca que la asusté y, con una taza llena de chocolate caliente en cada mano, saltó, derramando la mitad del contenido de cada taza a su alrededor. Como dos rayos, Romeo y Julieta salieron disparados, lamiendo las bebidas derramadas.
—¡Romeo! ¡Julieta! ¡No! —gritó Bella—. ¡El chocolate los enfermará!
Intentó moverse rápidamente, pero el suelo estaba mojado por el chocolate caliente y la nieve derretida y empezó a perder el equilibrio. Sus ojos se encontraron con los míos, llenos de horror.
Di un paso hacia ella lo más rápido que pude, pero ella ya se estaba cayendo, todavía tratando de equilibrar las tazas en cada mano. Lo mejor que pude hacer fue agarrarla por la cintura y aterrizar debajo de ella, amortiguando su caída.
Las tazas y el chocolate caliente volaron por todas partes, incluso sobre nosotros.
—¡Rayos!
Por unos momentos simplemente nos miramos el uno al otro, con los ojos muy abiertos.
—¿Estás bien? —pregunté.
Bajó la mirada y miró a su alrededor y me miró a los ojos otra vez, luchando por mantener una expresión seria.
—¿Y tú?
Ambos nos echamos a reír.
—¡Qué desastre! —gritó, mirando a nuestro alrededor de nuevo, frunciendo el ceño a Romeo y Julieta, que estaban haciendo todo lo posible por limpiar el desastre con la lengua—. ¡Chicos! —Dejó caer los hombros y sacudió la cabeza en señal de derrota—. No va a ser un paseo divertido mañana por la mañana.
Eché la cabeza hacia atrás, me recosté contra el suelo y miré hacia el techo, riendo sin control. Solamente unos segundos después, una vez que el miedo inicial de que Bella se hiciera daño había pasado, la sentí.
Ella aterrizó sobre mi regazo, y mientras se retorcía y giraba, mirando a su alrededor, la sentí.
De repente, me quedé paralizado y miré hacia ella, con la cabeza todavía apoyada en el suelo. Al parecer, ella se había dado cuenta de dónde había caído casi al mismo tiempo que yo. Sus grandes ojos marrones me miraban sin ningún rastro de humor.
Lentamente, me senté.
Por un momento interminable, simplemente nos quedamos sentados allí, mientras afuera la nieve seguía cayendo y adentro el chocolate caliente lo cubría todo.
Bella extendió la mano lentamente y me limpió una mancha en la mejilla. —Tienes algo ahí.
Mi corazón se aceleró. La sangre fluía hacia todas mis extremidades. Mis ojos se posaron en su boca, donde justo en el borde tenía su propia mancha de chocolate caliente errante.
Levanté mi mano y la moví lentamente hacia la gota perdida.
—Y tú acá…
No sé si la atraje hacia mí o si ella vino hacia mí, pero tan pronto como nuestras bocas se encontraron, mis manos se deslizaron alrededor de sus caderas y sus brazos hicieron lo mismo alrededor de mi cuello, y probé los labios más dulces y deliciosos que jamás se hayan creado.
—Bella… —susurré contra su boca, chupando sus dulces labios mientras ella hacía lo mismo con los míos. Sus manos apretaban mi cabello y gemí.
»Jesús, Bella…
—Edward…
Cuando introduje mi lengua en su boca, ella la abrió sin resistencia, encontrando la mía con la suya. Gimió y el sonido me hizo querer acercarla más, pero estaba sentada de lado sobre mí, así que, sin interrumpir nuestro beso, Bella se levantó y se sentó a horcajadas sobre cada uno de mis muslos, y luego se bajó rápidamente.
Gemí.
Tenía las manos en su cabello, sintiendo la sedosidad que había estado deseando deleitarme durante días que ahora parecían una eternidad. Ella movió sus caderas hacia adelante y hacia atrás sobre mí. La sujeté con más fuerza.
»Edward…
Mi boca dejó un rastro de besos frenéticos por su mandíbula, a través de su cuello, mordiendo, chupando, disfrutando de cada sabor, de cada sensación, de los sonidos que su boca producía.
»Edward…
Sujeté su rostro y atraje su mirada hacia la mía. Su rostro estaba sonrojado y era tan perfecto y hermoso.
—Bella, no quiero hacer nada para lo que no estés preparada. Esperaré —dije rápidamente, antes de cambiar de opinión—. Solo di la palabra y esperaré todo el tiempo que...
Ella puso dos dedos sobre mi boca.
—Shhh —su mirada se desplazó de mis ojos a mis labios—. Edward, yo... no quiero tener sexo.
A pesar de mi necesidad interna de hacer las cosas bien por ella, no pude reprimir por completo mi decepción.
—Sí, quiero decir —dijo rápidamente—, pero todavía no. No bajo el techo de mis padres mientras mi madre está en el hospital.
Asentí y la besé suavemente en la boca. —Lo entiendo. —Porque lo entendía. Mi polla estaba a punto de explotar, pero lo entendía.
Ella sonrió con picardía, como si pudiera leer mi mente. —Sé que deberíamos esperar para contárselo a todo el mundo, y sé que por más difícil que sea, lo correcto es que te deje ir por un tiempo, hasta que las cosas con mi familia se calmen, pero Edward —suspiró, sosteniendo mi mirada con firmeza—, antes de que eso suceda, dame una noche en la que podamos fingir que tú y yo estamos solos en el mundo. Dame una noche en la que lo que sentimos no lastime a nadie.
Tragué saliva para aliviar el nudo que tenía en la garganta. —Te daré lo que quieras, Bella. Todo lo que quieras.
Se puso de pie y me tendió la mano. Cuando la tomé, me sacó de la cocina, atravesó la sala familiar y subió las escaleras. Levanté su rostro cuando nos quedamos en medio de su habitación; su expresión de repente se tornó insegura y cautelosa.
—Tú estás a cargo aquí, ¿de acuerdo?
Asintió tímidamente y cuando nos besamos sentí sus cálidas manos subiendo mi camisa y levanté mis brazos para ayudarla. Pasó sus manos por mi pecho, besándome suavemente mientras mi corazón latía con fuerza, cálido y pleno por dentro mientras la nieve fría cubría todo afuera. Cuando guío mis manos hacia el dobladillo de su blusa, la subí lentamente, dejándola cambiar de opinión, pero rezando para que no lo hiciera.
No lo hizo.
Con los ojos fijos en los míos, retrocedió y estiró la mano hacia atrás, y su sujetador rosa cayó al suelo.
Ella se mordió el labio y me miró con curiosidad.
—Hermosa —murmuré, sin darme cuenta de que había hablado hasta que una pequeña sonrisa de alivio adornó su rostro.
Se me acercó y extendió sus brazos, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello, presionándose contra mí.
Le acaricié el rostro y me incliné para besarla. Lenguas y dientes se encontraron y se separaron. Me besó el pecho, pequeños besos húmedos, succionando suavemente. Eché la cabeza hacia atrás y gemí.
Encontré su boca de nuevo y la guie dejándola de espaldas a la cama, con una pregunta en mis ojos.
Asintió y la agarré por las caderas, guiándola hacia el centro, subiendo lentamente sobre ella, adorando su cuerpo con mis ojos antes de bajar mi boca a sus pechos, haciendo círculos con mi lengua alrededor de sus pezones. Suave. Rosados. Gritó suavemente, jugando con mi cabello.
Separó sus piernas, todavía vestida con jeans mojados de chocolate, y yo me dejé caer entre ellas, moviéndonos de maneras que nos hizo jadear y gemir a los dos. Nos besamos y nos tocamos y nos movimos uno contra el otro, pero los pantalones se quedaron puestos. Y cuando ella alcanzó su orgasmo, sus ojos se quedaron en mí y le dije que la amaba más que a nada en este mundo. Porque era verdad.
—Yo también te amo.
Todo estaría bien, lo sentí en mi alma.
Y cuando se quedó dormida, bajo sus sábanas y acurrucada a mi lado, acaricié su cuello y susurré mi amor por ella otra vez.
