17.
No quiero verte
Sintió un nudo en el estómago al colocar la llave en la cerradura de la puerta de entrada. Todo el camino a casa se había hecho a la idea de que, en cuanto atravesara la puerta, una horda de gritos y reclamos le darían la cálida bienvenida.
Su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta que únicamente su pino con una sola esfera y las luces coloridas lo esperaban. No había rastro de su mujer ni de su gato. Eso le apretujo el corazón.
Atravesó el vestíbulo hasta llegar a la sala, donde encontró dos edredones doblados, un par de almohadas y su pijama perfectamente plegada en el sofá. Suspiró resignado, tocaba dormir fuera de la habitación. Se dejó caer pesadamente sobre el sillón que le serviría de cama esa noche. Masajeó su sien y sus ojos ambarinos contemplaron la inmensidad del techo.
Hubiese preferido mil veces que le gritará a ese hosco silencio que le oprimía el corazón. Y entendía que su esposa estuviera lo que le sigue de enojada. Tan sólo esperaba que, en la mañana, la ley del hielo terminará y le permitiera explicarse y disculparse. Con aire desolado se descalzó y se cambió el traje por el pijama, por el momento era lo único que podía hacer… mañana sería otro día.
Mientras tanto, Kagome se encontraba recostada y abrigada en su cama, abrazaba a Buyo en busca de consuelo, su mirada fija en los pequeños copos de nieve que uno a uno comenzaban a caer a través de la ventana.
InuYasha sin duda era un grandísimo idiota.
N/A: ¡Hola! Les pido una disculpa por no haber avisado que no actualizaba el fin de semana, para enmendar el error, hoy tengo actualización doble ¡yei!
Agradezco infinitamente que sigan, les guste y hayan dejado sus comentarios en esta historia. Muchas gracias a Megoka, Kariiim y Lis-Sama (hermosa, lamento mucho lo de tu gatita y te mando un fuerte abrazo) por sus mensajes que motivan.
Gracias por leer.
