Desde el momento en que despertó, ni siquiera tuvo tiempo de pensar o analizar la situación. Fue abrumado por las poderosas fuerzas y las voces que lo rodeaban. En particular, las presencias de los almirantes, Garp y Sengoku, así como los Shichibukai, eran verdaderamente temibles... Pero había un pirata sobre todo que hacia su cuerpo congelarse... Ese pirata era un auténtico monstruo.
Su mente se convirtió en un caos. Intentó cubrirse los oídos, pero era inútil. Las 'voces' resonaban implacablemente en su cabeza. Incluso con los ojos cerrados, podía 'ver' con claridad a algunos de los combatientes en el campo de batalla, teniendo una percepción 360° de su entorno. Incluso, percibía auras mucho más allá de lo que su mirada podría alcanzar, sumergido en una realidad que lo sobrepasaba y lo desesperaba.
La variedad de auras lo tenía mareado. Tras su entrenamiento, había logrado percibir las voces de su capitán y el trío monstruoso, algo relativamente sencillo por ser unos pocos con los que podía contar con los dedos de una mano. Pero ahora, se encontraba en una situación extraordinaria, rodeado de cientos de esas voces a todo esplendor, cada una emitiendo un brillo y vibración diferentes. Desde el sadismo hasta el temor, la determinación y la alegría, todas esas emociones se mezclaban, no dejandolo de abrumar.
Su mente trabajaba a una velocidad vertiginosa, mucho más rápido de lo que sus ojos podían procesar. Terminó en el suelo, con la frente contra el piso, tratando de concentrarse. No hacía mucho que se encontraba en medio del campo de batalla, pero entendía perfectamente la gravedad de la situación gracias a las historias que había escuchado en el barco, y el breve monologo que le dio Buggy cual queja.
Bakugo no podía dejar de maldecir internamente la experiencia que estaba viviendo. Se sentía como un parásito en medio de una guerra, protegido por Jinbei y reprendido por un hombre imponente de voz gruesa y cicatriz en el rostro, quien parecía haberle perdido el respeto al verlo caer de rodillas. La desesperanza y la impotencia lo envolvían, mientras luchaba por recuperar el control y la compostura en un escenario que parecía imposible de manejar.
En su tiempo y cuerpo, solía ser un joven arrogante con aires de grandeza. Sin embargo, tras enfrentarse en un duelo uno a uno con el capitán y perder, incluso cuando el capitán ni siquiera hizo uso de su Quirk, recibió un golpe de realidad que lo marcó profundamente y diariamente le hacía reconsiderar su propio nivel.
A pesar de ello, no solía darle demasiada importancia frente a sus compañeros, ya que solo conocía a una persona con ese nivel de habilidad. Pero ahora, se encontraba en medio de una zona de guerra donde la habilidad de Sombrero de Paja era considerada una medida media entre los combatientes... En ese momento, incluso una media baja.
La diferencia era abismal y la situación lo aterraba. La confianza que alguna vez tuvo se desmoronaba al darse cuenta de que estaba rodeado de guerreros que superaban con creces su nivel de poder y habilidad, incluso en un cuerpo ajeno.
Sentía la presión y la desesperanza crecer dentro de él mientras observaba a aquellos luchadores, cada uno más formidable que el anterior. Los gritos y los sonidos de la batalla resonaban en sus oídos, y la realidad de su situación se hacía cada vez más palpable.
La guerra a su alrededor no era solo una pelea, sino una demostración de poder que superaban sus peores pesadillas, y él estaba en el centro de todo, tratando de mantenerse a flote en un mar de desolación y violencia.
Los reclamos de Crocodile no lograban taladrar esa cabeza confusa del héroe; y las advertencias de Jinbei parecían desvanecerse con cada metro de distancia que los separaba, siendo sus voces las que se distorsionaban ante la presión que sentía Bakugo.
—¡SOMBRERO DE PAJA! —Un grito iracundo y rasposo lo alcanzó acompañado de un jitte que le golpeo el cuello, debilitando al joven, y sacándolo de su trance.
—Maldición debe ser la piedra de mar... —Pensó confundido, sintiendo como su conciencia quería desvanecerse.
—Es inútil... no puedo quedarme quieto. ¡NO EN UN CAMPO DE BATALLA!
—Ahora entiendo exactamente porque Dragon salvó tu vida en Loguetown... —Maldijo Smoker
—¡A UN LADO IDIOTA!
Se escuchó el grito enardecido de una mujer expresándose al igual que el mismo Bakugo, a quien hizo sentir aliviado, pues la pirata pateó al atacante, liberándole del kairoseki.
—¡¿Qué haces?! ¡¿Acaso tambien quieres abandonar a los Shichibukais?! —Apuntó Smoker a la emperatriz pirata que protegía con su cuerpo a Luffy.
—¡SILENCIO! ¡ESTOY TAN LLLENA DE RABIA QUE NISIQUIERA PUEDO ESCUCHAR TUS PALABRAS! ¡¿CÓMO TE ATREVES A ATACAR A MI AMADO Y TIRARLO AL SUELO?!
—¡¿Su qué?! ¡¿Ese idiota tiene novia?!
—¡LA EMPERATRIZ PIRATA PROTEJE A SOMBRERO DE PAJA! —Gritaron varios marinos que presenciaban la escena.
—¡TU NO DEBES VIVIR! ¡NUNCA SENTÍ TANTA IRA EN TODA MI VIDA! ¡TE CORTARÉ EN PEDAZOS PARA ALIMENTAR A LOS PECES!
Bakugo no pudo evitar sentir una atracción inesperada por aquellas palabras que endulzaban sus oídos. Esa declaración, o más bien amenaza de muerte, provenía de una mujer cuya figura solo podía ver de espaldas, dejándolo sin palabras.
Su manera de expresarse, y esa feroz 'voz' mostraba un poder descomunal que con cada segundo que pasaba que hacia crecer su ira, alimentando su presencia y haciéndola aún más fuerte e incontrolable como una bestia salvaje.
Agradecido pero intimidado, Bakugo volvió en sí aprovechando la defensa de la emperatriz, por lo que no dudó en expresar su sentir por primera vez, en lugar de reaccionar violentamente.
—Gracias... —Dijo aun aturdido por su entorno, sintiéndose una pequeñez.
La mujer al escuchar las palabras viniendo se su amado, volteó sonrojada y con voz chillona cual colegiala con su crush dejando salir un femenino chillido.
—Kya, no es nada amor mio.
La reacción adorable de la emperatriz borró cualquier sentimiento de respeto que le había surgido antes al explosivo, regresando de nuevo a su expresión sin emociones. Por lo que la bella mujer se acercó a él.
—Sabía que llegarías a este lugar y sobrevivirías.
—Está muy cerca... —Tragó saliva, mostrandose nervioso.
—Estas son las llaves para liberar a tu hermano Ace. —Susurró entregando la llave de sus esposas.
Bakugo la tomó, entendiendo cuál era su objetivo... de igual manera, escapar no era una opción. Se encontraba atrapado y sabía que la única manera de salir era con quienes había llegado. Pero como líder de la invasión para salvar a su hermano, escapar no solo sería un acto cobarde, sino que también pondría en duda su liderazgo.
Inundado de un temor que superaba con creces el que había sufrido meses atrás durante el secuestro por All For One, ahora era testigo de primera mano del poder del emperador Barbablanca. Durante el viaje en el triángulo del dragón no paraban de referirse a él como un monstruo, y Bakugo estaba completamente de acuerdo. Con un solo golpe, el Emperador rompió el aire mismo, causando un maremoto dando con él, inicio a la guerra.
No podía hacer nada más que sentirse aliviado al ver los aliados que tenía, pero al mismo tiempo, estaba aterrorizado al escuchar las voces de aquellos a quienes consideraba enemigos: Cinco hombres que se movían lo mínimo, siempre resguardando a la víctima de ejecución.
Aún le resultaba difícil aceptar el verdadero alcance del poder de Shoto. La habilidad de su Fruta del Hielo había logrado congelar gran parte del mar, deteniendo las olas peligrosas que en algún momento amenazaron con destruir la zona.
Luchando contra su propio orgullo y esforzándose por mover su cuerpo, volvió a agradecer a Hancock, esta vez de manera más formal. No deseaba tener contacto físico con la imponente y bella pirata que le intimidaba; y aún con esa actitud extraña logró sonrojar a la mujer, que empezó a imaginar un escenario de boda en su mente, junto al futuro rey de los piratas.
Ahora, reconociendo que aquellos sin uniforme eran enemigos, se centró en un objetivo claro... El rescate de Ace.
Bakugo lamentó profundamente no tener su Quirk que le permitiría surcar el aire. Pero al observar cómo incluso un gigante ancestral de 60 metros era fácilmente derrotado, sabía que escapar por las alturas no era una opción viable. Además, con marinos capaces de utilizar Haki, ocultarse tampoco era factible.
Consciente del llamado de Barba Blanca para protegerlo a toda costa y del peso de demostrar su utilidad, Bakugo permitió que sus instintos tomaran el control. Se adentró en el campo de batalla, a pesar de ser consciente de las escasas probabilidades que tenía. En ese momento, su mente obligó a su cuerpo a seguir adelante, empujándolo hacia la confrontación a pesar de los riesgos y su propia incertidumbre.
El sudor frío le corría por la frente, y una sensación de náuseas le subía desde el estómago. Su respiración se volvía errática, cada inhalación parecía insuficiente, como si el aire mismo se hubiera vuelto espeso y difícil de atravesar. Su visión se nublaba intermitentemente, entrecerrando los ojos para enfocar en el caos que lo rodeaba, lo que aumentaba su sensación de desorientación.
Sentía un hormigueo en la piel, como si cada fibra de su ser estuviera en alerta máxima. Su mente se inundaba con pensamientos caóticos, la incapacidad de usar su Quirk y la presión de tener que demostrar su valía lo llevaban al borde de la desesperación... Pero a pesar de todo, su orgullo y la necesidad de cumplir con su deber lo empujaban hacia adelante.
Su paso se vio interrumpido por una presencia amenazante que avanzaba hacia él. Instintivamente, Bakugo se echó hacia atrás, una reacción que, en última instancia, le salvó la vida. Una agresiva tajada cortó superficialmente su abdomen, extendiéndose hasta el hombro, y dejó una herida que sangraba profusamente. La fuerza del ataque fue tal que incluso atravesó y seccionó las enormes olas congeladas de más de 200 metros de altura, un corte tan preciso que le evocaba imágenes del incidente con el Navío destrozado en las frías aguas rusas.
Por un breve instante, Bakugo pensó que el atacante podría ser un desliz de Zoro, pero la idea pronto se desvaneció. La sensación que emanaba del agresor era muy distinta. El aura que irradiaba a la distancia era de una calma inquietante, una serenidad desconcertante que contrastaba con la ferocidad del ataque. Era una presencia distante, casi aburrida, como un adulto cansado trabajando un domingo.
—Eso estuvo cerca... —Pensó inmovilizado viendo a un hombre de aspecto español. —Pudo... pudo matarme...
—Aun estas en mi rango de ataque. —Advirtió suspirando aburrido, al joven que presionaba su herida para evitar la sangre.
Mihawk al verlo concentrado en cuidar de su cuerpo; saltó y clavó la punta de su espada apuntando al torso del pirata, quien apenas logró salir de su camino.
—¡A UN LADO SOMBRERO DE PAJA, NOSOTROS LO DETENDREMOS! ¡TU VE POR TU HERMANO!—Cubrieron un par de Okamas
—¡¿QUÉ MIERDA?! —Su rostro se distorsionó a uno ridiculo, al ver los travestis pasarlo a lo largo y siendo cortados con gran facilidad.
El orgullo de Bakugo se vio severamente herido al verse protegido por aquellos que consideraba más débiles que él. Sin embargo, sabía que ante los ojos de cualquiera de los otros piratas y marinos presentes en la guerra, el era exactamente lo mismo, por lo que una mezcla de vergüenza y rabia lo invadió. A lo largo de su vida, había construido una imagen de sí mismo como alguien fuerte, invencible, destinado a ser el mejor, pero ahora, esa imagen se desmoronaba.
Mientras veía al par de travestis sacrificarse por él, sintió una punzada de culpabilidad, una voz interna que le gritaba que debería haber hecho algo para detenerlos o al menos advertirles del peligro. Sin embargo, también sabía, en lo más profundo de su ser, que en esta situación, no hubiera marcado la diferencia... Era como si todos ya hubieran aceptado su destino, sus muertes, como parte de un plan mayor para permitirle a él seguir adelante.
A pesar de siempre mostrarse frio, esto le pesaba en el alma, pero también lo enfurecía. La desesperación por ser incapaz de defenderse y defenderlos, la humillación de ser el protegido en lugar del protector, y el temor de que cada uno de ellos estuviera ofrendando sus vidas por una causa que él no podría cumplir, se entrelazaban, creando una tormenta interna que amenazaba con romperlo.
Como agradecimiento, aprovechó el sacrificio del par, para salir del rango de ataque de Mihawk, no percatándose de que TODA distancia estaba dentro de su rango de ataque.
Atrapado en un entorno extraño, Shoto continuó su camino mientras observaba los drásticos cambios a su alrededor. Cada paso lo hacía sentir más aislado y vulnerable, hasta que se encontró frente a un espejo que le devolvió una imagen que no reconocía como propia. Una sensación de estar acorralado lo invadió, intensificando su soledad. Se preguntó si sus compañeros también estaban atrapados en cuerpos ajenos, perdidos como él.
Decidido a encontrar alguna señal de sus amigos, se acercó a una ventana y buscó rostros conocidos. Sin embargo, lo que vio lo dejó sin palabras: un reino vasto que se movía sobre caracoles gigantes, con miles de soldados entrenando sin descanso.
Se sentía frustrado e impotente, incapaz de encontrar respuestas o algo que le ayudara a comprender lo que estaba sucediendo. El único consuelo que hallaba era la compañía de una delicada dama de cabello rosado, cuyo rostro le resultaba familiar y tranquilizador, una réplica de un pirata que él reconocía en sus rasgos. Ella se dedicó a explicarle la razón por la que Sanji se encontraba en aquella situación, más su información no ofrecía ninguna pista sobre cómo su conciencia había llegado allí ni por qué.
Mientras caminaban, Shoto se detuvo frente a una gran fotografía de un hombre enmascarado sometiendo a cuatro reyes. La mujer, con un tono frío y sin emoción, comentó: Cómo "nuestro padre" admiraba sus grandes logros, señalando al cuadro.
Al escuchar la palabra "padre," Shoto se dio cuenta de que la razón por la cual estaba en los zapatos de Sanji en ese momento... Tenía que ver con el profundo lazo de desprecio que ambos compartían hacia sus figuras paternas.
La breve conversación entre los dos de cejas rizadas reveló información que Sanji siempre había mantenido oculta. Shoto jamás habría imaginado que aquel pirata pertenecía a la realeza de un reino tirano, un hecho que, de manera extraña, le hizo sentir una especie de familiaridad. Después de todo, él también era hijo de una figura celebrada por todo un país, aunque en su caso, esa celebridad era un peso que había cargado con resentimiento y dolor.
No pasó mucho tiempo después de la explicación cuando el hombre de la fotografía enmarcada apareciera e irrumpiera en la habitación visiblemente molesto con el rubio debido a un altercado violento que había tenido con uno de sus hijos. Como castigo, decidió que un combate sería la forma de imponer su autoridad.
Shoto observó cómo aquel hombre de gran tamaño, vestido con una imponente armadura y armado hasta los dientes, se preparaba para dar su escarmiento. Consciente de que, sin su Quirk, sus habilidades de combate cuerpo a cuerpo eran prácticamente nulas, Shoto mantuvo la frente en alto, sin mostrar temor ante el gobernante tirano, y simplemente rechazó el combate. Sin embargo, esa respuesta no fue algo que Judge estuviera dispuesto a aceptar. Con una frialdad despiadada, lanzó de un golpe a Shoto a través de los muros de la habitación, enviándolo al patio exterior.
Shoto pudo notar que, en comparación con los piratas, el poder de Judge no era tan formidable, pero sí lo suficiente para sentir su presencia. Dependiendo de su Haki de Observación, esquivó los golpes, lo que solo sirvió para enfurecer aún más a Judge. Cada movimiento de Shoto era meticuloso, demostrando su habilidad para anticipar los ataques, pero también reflejaba la tensión de enfrentarse a un oponente implacable que no aceptaba la desobediencia ni la resistencia, especialmente de "su propio hijo".
El combate se detuvo abruptamente. Judge comenzó a caminar en círculos, vociferando sobre la cobardía de su hijo y su profunda decepción por ver que alguien tan débil compartiera su sangre. Con veneno en sus palabras, culpó tanto a Sanji como a su madre, lo que hizo que la ira de Shoto comenzara a arder intensamente. Sanji le había confiado en una ocasión anterior la realidad de su despreciable padre, pero también había compartido con él la belleza y bondad de su madre, una figura que había dejado una marca indeleble en su vida. Lo que le hizo recordar cómo su propio padre había sido la causa de que su madre le quemara el rostro, haciendo que al joven héroe le hirviera la sangre de rabia.
La expresión del pirata cambió drásticamente, sus ojos se llenaron de una furia contenida, lo que no pasó desapercibido para Judge. En ese momento, el cruel gobernante supo cómo aprovecharse de la situación, percibiendo algo que él y sus otros hijos carecían: humanidad.
Sin dudarlo, llamó a tres de sus lacayos, ordenándoles que se colocaran frente a él. Sin piedad, atravesó el pecho de uno de ellos con su arma, y amenazó con hacer lo mismo con los demás si Sanji se negaba a continuar con el combate. Con una voz carente de empatía, dejó claro que, para él, todos ellos eran desechables y reemplazables. La crueldad de la situación dejó a Shoto atrapado entre su furia y la impotencia, enfrentándose no solo a la amenaza de un combate, sino a la fría realidad de que aquellos hombres eran simples herramientas para Judge, objetos sacrificables para manipularlo.
Sin deseos de ver a alguien más morir por sus decisiones, Shoto apretó los puños y decidió enfrentar al hombre, aunque sabía que el combate no terminaría a su favor. Con una resolución férrea, se lanzó al encuentro, dispuesto a soportar cada golpe, pero la diferencia de poder era abrumadora. Judge, implacable en su crueldad, lo golpeó con una fuerza brutal, sin dar tregua. Shoto resistió lo mejor que pudo, pero finalmente fue superado, cada impacto haciéndole sentir como si su cuerpo se fuera desmoronando.
Después del brutal duelo y tras recuperar la conciencia, Shoto abrió los ojos para encontrar a la joven de cabello rosado, Reiju, cuidando de sus heridas. Ella se quejaba en voz baja del combate decepcionante, convencida de que el rubio no tenía idea de lo que hacía. Shoto, todavía débil y aturdido, permaneció en silencio, dejando que ella hablara mientras lo preparaba para la próxima cena familiar.
El rechinar de la puerta anunció la entrada de Judge, quien ordenó a su hija que le colocara las esposas explosivas para asegurarse de que no intentara escapar. Con una sensación de resignación, Shoto siguió a la cena, donde fue testigo de la crueldad y la miseria no solo de su padre, sino también de sus hermanos. Observó con creciente repulsión cómo, en un acto despreciable, agredían a la joven cocinera, descontentos con el platillo que les había preparado.
Shoto, avergonzado y profundamente conmovido por la situación, le susurró a la chica que no les hiciera caso, asegurándole que su comida había sido deliciosa. Pero sus palabras fueron tomadas como una provocación por uno de los hermanos, que arrojó su plato con desprecio hacia la chica. En un instante, Shoto se interpuso, dejando que la comida se estrellara contra él y comenzó a comer lo que había caído sobre su ropa, un acto que asqueó a los Germa.
Después de la cena, sintiéndose agobiado por la toxicidad de su entorno, Shoto decidió caminar por los pasillos en busca de algo de paz. Sin embargo, lo que encontró fue aún más perturbador. La joven cocinera estaba gravemente herida, su rostro tan hinchado que apenas podía respirar. La furia comenzó a arder dentro de él al escuchar las risas de sus hermanos resonando a lo lejos, disfrutando de su "presente" dejado para su hermano.
Todoroki no dudó en ir a confrontar a sus hermanos, enfurecido por la crueldad que acababa de presenciar. Los siguió a paso firme hasta la habitación donde se encontraban, con la intención de reclamarles, pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, sus ojos se encontraron con una escena que lo dejó perplejo: enormes incubadoras llenas de cuerpos clonados.
El asombro lo paralizó por un instante, incapaz de procesar lo que veía. Fue entonces cuando Yonji, con una fría indiferencia, le dijo: "Escucha, Sanji, los humanos pueden ser fabricados." Las palabras resonaron en su mente, haciéndolo retroceder involuntariamente.
El peso de esa revelación lo golpeó con fuerza. La familia de su mentor, que ya consideraba despreciable, resultaba ser incluso peor de lo que había imaginado.
Nami, tras sumergirse en los recuerdos de Uraraka y Tsuyu, comenzó a comprender la naturaleza del Quirk que la mantenía atrapada. Su conciencia se había infiltrado en los cuerpos de aquellas que habían estado cerca de ella, permitiéndole experimentar sus vivencias y resolver sus desafíos. Al hacerlo, podía avanzar al siguiente cuerpo, lo que la llevó a deducir que su último destino sería Nemuri, dado que ella también había estado presente durante la clase.
Sin embargo, en lugar de apresurarse a cumplir con su última tarea, Nami decidió aprovechar la oportunidad y el acceso que tenía al cuerpo de una heroína. Con su aguda mente, vio una posibilidad única de investigar desde dentro de la Asociación de Héroes, buscando cualquier indicio que revelara el funcionamiento de la sociedad secreta que tanto la intrigaba. Pero cuanto más intentaba indagar, más se daba cuenta de que esos secretos estaban cuidadosamente protegidos, completamente ocultos de aquellos que no habían sido seleccionados para ser parte de esas personas. La frustración crecía dentro de ella, pero no se rendía, sabiendo que cualquier fragmento de información podría ser crucial.
Nami continuó su recorrido hasta llegar al imponente Palacio de Akasaka, un lugar en el que ya se había infiltrado anteriormente. Con la confianza de quien conoce cada rincón, caminó por los pasillos como si estuviera en su propia casa, hasta que se encontró frente a un elevador. En la pared, había un escáner junto a un botón. Sin dudarlo, puso su mano sobre el escáner, mas no dio respuesta, por lo que, decepcionada presionó el botón y sabiendo que su huella no estaba registrada, aun así, el elevador se activó, abriendo sus puertas ante ella.
Una vez más, se sorprendió al ver el interior: un elegante cubo que, como antes, no tenía botones ni controles visibles. Sintió cómo el elevador descendía suavemente, hasta que finalmente se detuvo y sus puertas se abrieron en una habitación completamente blanca.
Al dar un paso hacia afuera, Nami se encontró en un espacio que parecía un vacío absoluto. Todo a su alrededor era de un blanco puro, sin techo, sin muebles, sin decoración alguna. Era un infinito blanco que la envolvía por completo. Miró hacia atrás, pero lo único que rompía la monotonía de aquel lugar era el elevador con sus puertas aún abiertas, como si fuera su única conexión con el mundo real. Decidida, Nami comenzó a caminar hacia adelante, pero el vacío y la falta de cualquier referencia tangible la hacían sentirse desorientada, como si estuviera atrapada en un sueño sin fin.
Nami no veía un principio ni un final en aquella habitación. Todo era tan uniforme que empezó a dudar de la realidad que la rodeaba. La ausencia de sombras le daba la inquietante sensación de estar flotando en un vacío sin gravedad. Incluso cuando pensó en tocar el suelo para asegurarse de su existencia, la idea la hacía dudar.
—Parece que esto es lo más lejos que puedo llegar. —Dijo con la mano en el mentón.
—Esta habitación no la conocía... Y Nemuri se mostró sorprendida cuando le comentaron sobre los pisos inferiores de Akasaka...
Nami suspiró, observando el vasto desorientador vacío.
—Creo que solo puedo ver lo que nuestras memorias conocen... Es por eso que el elevador es tan detallado y vívido. —Murmuró, comprendiendo la naturaleza de su entorno.
—Supongo que no me queda otra opción más que continuar con su labor si quiero encontrar una salida de aquí. —Finalizó con un suspiro de resignación.
