Capítulo 18 - Mary
Pasaron varias horas Joey ya había vuelto de la prueba de sonido y había acordado con Dustin para que Dustin haga una presentación especial en la previa del concierto, mientras tanto yo estuve ayudando a los bailarines a prepararse para el concierto también les conté que yo también soy bailarina y de paso hice algunos movimientos de calentamiento con ellos hasta que uno me preguntó:
—qué agradable que eres agradable y me da curiosidad ¿de dónde sos? ¿cómo tuviste acceso al backstage?—
—Oh, bueno, soy de acá, del instituto de Artes de Manhattan—respondí con una sonrisa, mientras estiraba una pierna hacia un lado y mantenía el equilibrio. Luego, me enderecé y añadí—: Y respecto al backstage… Joey me invitó. Somos amigos desde hace tiempo.
El bailarín arqueó una ceja, claramente interesado.
—¿Amigos, eh? Eso explica por qué estás tan cómoda por acá. No todos pueden decir que conocen a Joey lo suficiente como para estar tras bambalinas.
—Bueno, no es para tanto —respondí con un encogimiento de hombros, intentando restarle importancia al asunto—. Igual estoy tratando de no estorbar.
—Para nada —intervino otra bailarina mientras ajustaba sus zapatillas—. En realidad, es agradable tenerte aquí. Tu energía es diferente, tranquila pero… motivadora, no sé cómo explicarlo.
Sonreí agradecida, sintiendo un poco de rubor en las mejillas.
—Gracias. Ustedes son increíbles. Me encanta verlos en acción. Sus movimientos son tan precisos… ¿Han estado practicando juntos por mucho tiempo?
El bailarín asintió mientras se ponía de pie para ajustar su postura frente al espejo.
—Algunos llevamos años trabajando con Joey, otros somos más nuevos. Pero, en general, el equipo se forma rápido cuando hay química. Y por lo que veo, vos tampoco sos ajena al baile. ¿Sos bailarina?
—Sí, lo soy. Bailar es prácticamente mi vida…
La conversación fue interrumpida por un miembro del staff que entró apresurado al camerino.
—¡Quince minutos para la previa! Joey quiere que los bailarines estén listos en diez.
Todos se pusieron en movimiento, ajustando los últimos detalles de su vestuario y calentando los músculos. Yo di un paso atrás, observando cómo el ritmo se intensificaba, y justo cuando pensaba en salir del camino para no molestar, una de las bailarinas me tomó del brazo.
—Quedate, Mary. Es bueno tener a alguien que no esté corriendo de un lado a otro. Sos como una pequeña pausa en este caos.
Reí suavemente y asentí.
—Está bien, pero prometo no molestar.
Mientras todos se preparaban, el ruido en el backstage aumentaba. En ese momento, Dustin apareció con su micrófono en la mano, acompañado por Joey, que venía dándole instrucciones finales para su presentación especial. Al verme, Joey sonrió y se acercó.
—Ahí estás. ¿Lista para ver cómo Dustin hace magia en el escenario?
—Más que lista —respondí con una sonrisa, aunque aún no entendía del todo cómo Dustin había terminado aceptando hacer una presentación previa.
Dustin se detuvo a nuestro lado, mirando a Joey con una mezcla de nervios y emoción.
—Solo espero que no me hagan arrepentirme de esto.
—Tranquilo —dijo Joey, dándole una palmada en la espalda—. Vas a hacerlo increíble.
Me quedé ahí, observándolos, sintiendo que el momento estaba cargado de emoción. Las luces, los movimientos apresurados, las risas nerviosas… Todo formaba parte de algo grande, y aunque no sabía qué papel jugaría yo en todo eso, estaba feliz de ser testigo.
(Después de la presentación de Dustin)
El escenario se iluminó con intensidad, y las primeras notas de la música resonaron en el aire. La transición de la presentación de Dustin a la entrada de Joey fue casi instantánea. Apenas terminó el último acorde de Dustin, las luces brillaron, y el sonido vibró con fuerza. Era el momento de Joey.
Yo, desde el rincón del backstage, (me habían dicho que podía ver el concierto desde allí) podía ver cómo la energía cambiaba. La gente, aún emocionada por la previa, comenzó a corear, creando una atmósfera cargada de anticipación. No tenía dudas de que este era su momento. Como siempre, Joey estaba en su elemento, pero lo notaba diferente: había una calma en su rostro, una concentración total.
Dustin, ahora fuera del escenario, ya había dejado de ser el centro de atención. Sin embargo, había algo especial en cómo se había entregado a su momento, algo que me hizo verlo desde una perspectiva diferente. Tal vez era la forma en que había superado su nerviosismo o cómo había logrado conectar con la audiencia a pesar de las dudas iniciales. Pero lo que realmente me impresionó fue su capacidad de ponerse en el lugar de Joey, de apoyarlo sin dudarlo. Y, aunque no era su show, Dustin también había dejado una huella.
Mientras las luces iluminaban el rostro de Joey, la multitud lo vitoreaba con fuerza. Yo no era parte de ese espectáculo, no estaba en el centro de todo eso. Sin embargo, me sentí inmersa en el momento, en la emoción que se compartía entre los artistas y el público. Fue como si, a pesar de no estar en el escenario, mi conexión con todo eso me hiciera sentir parte del proceso.
Joey no necesitaba más que su presencia, su voz, su energía para llenar el escenario. Mientras observaba desde atrás, un sentimiento cálido me invadió. Aquel caos, esa sensación de ser parte de algo grande sin estar realmente en el centro, me hizo pensar que a veces, el impacto no se mide por el lugar que ocupamos, sino por la conexión que podemos generar.
La música comenzó a fluir con más fuerza, y Joey estaba completamente absorbido en su actuación. No necesitaba palabras, solo su presencia. Y yo, desde mi rincón, observaba, sabiendo que había algo especial en este momento, algo que no podía describir, pero que se sentía profundamente real.
(Después del concierto)
El concierto había terminado, y la energía del público aún retumbaba en el aire, aunque la mayoría ya se estaba calmando. Los ecos de los aplausos seguían flotando mientras los últimos acordes se desvanecían en la arena. La adrenalina en el backstage era palpable; todos corrían de un lado a otro, quitándose el sudor de la frente, cambiándose de ropa y guardando los equipos con rapidez. Joey no era la excepción. Lo vi entre el bullicio, caminando hacia donde me encontraba, con una expresión de concentración mezclada con una ligera satisfacción.
Me levanté al verlo acercarse, sin querer interrumpir su momento, pero noté que su mirada estaba fija en mí. Me dio una pequeña sonrisa, esa que solo compartíamos entre nosotros, como un agradecimiento tácito por haber estado allí, al margen, observando sin intervenir.
—¿Cómo estuvo? —le pregunté, con una sonrisa genuina, aún sintiendo la resonancia de la música en mi pecho.
—Genial —respondió, quitándose los auriculares y pasándoselos por la cabeza. Respiraba con dificultad, pero sus ojos brillaban. —Sabía que te gustaría.
Pude ver el brillo de su cansancio, el esfuerzo detrás de cada movimiento y palabra. Era el Joey que conocía, pero con algo más: esa satisfacción que solo el escenario podía darle. Me acerqué un poco más mientras él se dejaba caer en el sillón cercano, exhalando lentamente.
—Te vi allá, en el rincón —dijo mientras señalaba el lugar donde me había sentado antes. —¿Todo bien?
—Todo bien —respondí, dándome cuenta de lo cómoda que me había sentido observando el final del concierto desde allí. Me hizo sentir parte de algo que, aunque no vivía a diario, era importante para él. —Felicidades, Joey. Lo hiciste increíble.
Él asintió, su expresión se suavizó un poco. No necesitaba muchas palabras para entender que me agradecía. Joey no era de hablar demasiado después de un show; se concentraba en dejar que su música hablara por él. Y en ese momento, me di cuenta de lo mucho que significaba para él este escenario, todo lo que había detrás de cada presentación, cada ensayo.
El bullicio en el backstage continuaba, pero nosotros estábamos en una pequeña burbuja, en ese espacio que solo compartíamos entre los dos, en silencio, observándonos sin necesidad de más palabras.
—Gracias por quedarte —dijo él, mirándome ahora con una sonrisa tranquila. —A veces, esto se siente menos agotador cuando hay alguien que te ve sin esperar nada más que eso: verte.
Sonreí, algo tímida, pero sin poder evitarlo. Había algo profundo en sus palabras, aunque parecieran simples. No se trataba de aplausos ni de halagos, sino de una conexión genuina, de estar ahí, sin más.
—Es lo menos que puedo hacer —respondí, sintiendo que, por una vez, no necesitaba hacer nada más que compartir el espacio con él.
Nos quedamos unos segundos más en silencio, observando cómo el resto del equipo se preparaba para la siguiente fase del evento. Luego, Joey se puso de pie, sacudiéndose un poco la ropa. Estaba agotado, pero su sonrisa seguía allí, esa que solo mostraba cuando sentía que lo había dado todo.
—Bueno, creo que ya debo irme —dije finalmente, un poco resignada pero con una sonrisa. —Mañana tengo que seguir con los ensayos, y cada vez hay más presión, así que mejor aprovechar el tiempo para descansar un poco.
Joey me miró con comprensión, asintiendo con una sonrisa cansada.
—Lo sé, tienes tu propio ritmo que seguir. Yo también tengo que quedarme para agradecerle al equipo y cerrar todo por esta noche.
Me quedé un momento más, mirando cómo el equipo seguía trabajando, recogiendo equipos y organizando todo. Joey, como siempre, se aseguraba de que cada detalle estuviera bajo control.
—Cuídate mucho, ¿sí? —le dije, mientras me acercaba a la puerta. —Y de nuevo, felicidades. Lo hiciste increíble.
—Gracias, Mary. Nos vemos pronto —respondió, dándome una sonrisa sincera.
Dejé el backstage con una sensación agridulce. Me encantaría quedarme más tiempo, pero sabía que mis responsabilidades también me esperaban. Mientras me dirigía a la salida, sentí que este pequeño espacio que compartíamos entre las luces del escenario y la calma posterior era suficiente, por ahora.
