Atención: Pokémon no me pertenece.
Otro soso Edgar/Totodile
La calma antes de la tormenta
Concierto en el coliseo centenario
El enfrentamiento estaba a punto de comenzar. En una esquina se encontraba Edgar, un feroz Totodile. Su mirada estaba fija en su oponente, un Riolu llamado Norberto, quien mantenía su postura con concentración. Ambos eran poderosos lacayos, pero habían llegado lejos, y en el Coliseo sabían que solo un guerrero saldría victorioso.
Edgar comenzó moviéndose con Danza Dragón, sus músculos se tensaron y su velocidad se incrementó al instante. —Te estoy avisando, Norberto— Dijo con una sonrisa— Si no te preparas, será una batalla corta.
Norberto, observando el cambio en su oponente, no se dejó intimidar. Dio un paso adelante y levantó las manos, preparándose para bloquear cualquier movimiento. —Adelante, Edgar. Veamos qué tan fuerte te has vuelto.
Who can stop me tonight
(I'm hard wired)
You make me feel invincible
Con un grito, Edgar cargó hacia Norberto usando Garra Dragón, sus garras brillando en un tono esmeralda mientras arremetía con una velocidad sorprendente. Norberto, anticipando el ataque, usó Copión para replicar la habilidad, generando una garra de energia draco que se entrelazaba con la del Totodile. Las dos energías chocaron en el aire, creando una onda expansiva que sacudió el suelo del Coliseo.
Ambos Pokémon se separaron, respirando con fuerza, pero Edgar no perdió el tiempo. Alzó la mirada y lanzó un feroz Mordisco, apuntando directo al brazo de Norberto. Riolu, sin embargo, giró rápido y respondio usando Contraataque, redirigiendo el golpe de Edgar con una fuerza aún mayor. Su contricante retrocedió un par de pasos, sorprendido.
—Buen movimiento— Admitió Edgar, ajustando su postura. —Pero tengo mucho más que eso.
Sin vacilar, Edgar lanzó su siguiente ataque, esta vez una embestida de Cascada. Envuelto en agua, su cuerpo tomó velocidad, impulsándose como una bala acuática hacia Norberto. El Riolu respondió saltando y girando en el aire, ejecutando Garra Umbría en un arco descendente que interceptó la Cascada, creando una lluvia de gotas que reflejaban los colores del atardecer.
El público contenía la respiración, los amigos del Riolu estaban emocionados por el intercambio de golpes. Norberto aterrizó de pie, jadeando, mientras Edgar respiraba profundo, mostrando señales de agotamiento. Pero ambos guerreros se miraron con respeto; sabían que estaban dando lo mejor de sí en esta batalla.
—Es un honor pelear contigo, Norberto— Dijo Edgar, con una sonrisa desafiante. —Pero no me contendré.
Norberto asintió, con una chispa de determinación en su mirada. —Lo mismo digo. Vamos a tver que pasa.
Con una última carga, Edgar volvió a activar Danza Dragón, sus habilidades y velocidad al máximo. Mientras tanto, Norberto esperó paciente, sus músculos tensos, listo para dar todo en el siguiente movimiento.
—¡Esto termina aquí y ahora! —Se gritaron al unisono ambos guerreros.
I feel I feel it
Invincible
La luz dorada del atardecer se reflejaba en las paredes del Coliseo Centenario para luego dar paso a la oscura noche, creando un ambiente épico mientras Edgar y Norberto se observaban en el centro del campo de batalla. Ambos sabían que esa batalla marcaría la prueba de cual fuerza en conflicto era más poderosa.
Edgar, el Totodile, respiró profundo, activando otra vez su movimiento Danza Dragón para fortalecer su poder y velocidad. Su cuerpo parecía brillar con un aura de energía mientras alzaba la vista hacia Norberto.
—No voy a contenerme, Norberto. ¡Espero que aguantes mas de un golpe! —Dijo Edgar con una sonrisa confiada.
Norberto, el Riolu, ajustó su postura, con los ojos fijos en su oponente. Su respiración era calmada, pero su cuerpo estaba en tensión, listo para reaccionar ante el primer movimiento de Edgar.
—Adelante, Edgar. Démoslo todo en esta batalla —Respondió Norberto, asintiendo con determinación.
De un salto, Edgar se lanzó hacia adelante con Mordisco, sus dientes relucientes brillando con una intensidad esmeralda mientras se lanzaba con una ferocidad que solo un cocodrilo podría dar. Norberto, sin titubear, usó Copión, imitando el mismo ataque de tipo siniestro que se encontraba con la de Edgar en un choque de poder. Suss cabezas colisionaron al instante del impacto, y ambos se dieron un cabezazo que dejo a los dos aturdidos tirados en el piso, para luego levantarse siendo observado por el otro con respeto.
—Nada mal, Norberto. Pero intenta esto —Gritó Edgar mientras se lanzaba con un feroz Cascada, apuntando al brazo de Norberto.
Norberto reaccionó rápido, esperando el momento justo para usar Contraataque. Al recibir el ataque, redirigió la fuerza de Edgar hacia él, haciendo que Totodile retrocediera tambaleante.
—Eres más rápido de lo que esperaba —Admitió Edgar, recomponiéndose—. Pero aún tengo más.
Sin perder tiempo, Edgar comenzó a reunir agua a su alrededor y se lanzó en un veloz con Garra dragon, sus brazos transformado en un arma imparabler. Norberto calculó el movimiento y saltó, girando en el aire para ejecutar Garra Umbría, interceptando el atque en el aire. La colisión creó una explosión de adrenalina hasta tal punto que ambos no aguantaron la brutal embestida y cayeron luego de un par de tajadas en el cuerpo, jadeando, pero sin perder la concentración.
Edgar se levantó, mostrando signos de cansancio pero sin perder la sonrisa.
—Eres fuerte, Norberto. Me alegra estar luchando contigo —Dijo Edgar con respeto en sus ojos.
—El honor es mío, Edgar. Pero aún no he terminado —Respondió Norberto, con una chispa de determinación renovada.
Con un último impulso, Edgar volvió a activar Danza Dragón, incrementando su velocidad y fuerza al máximo. Su cuerpo brillaba con una energía desbordante. Norberto, observando la intensificación del poder de su oponente, copio ese movimiento también, respiró hondo y preparó sus puños, sabiendo que el siguiente movimiento podría decidirlo todo.
Edgar lanzó un poderoso rugido y se lanzó en una embestida final con Garra Dragón. Norberto, mostrando su resistencia y agilidad, esquivó el ataque en el último segundo y contrarrestó con un Palmeo directo al rostro de Edgar, desestabilizándolo.
Sin perder tiempo, Edgar arremetió con otro Mordisco en un intento desesperado de ganar ventaja, pero Norberto respondió con otro Contraataque, redirigiendo la fuerza de Edgar contra él. Totodile fue lanzado hacia atrás, cayendo con fuerza al suelo, y el Coliseo quedó en silencio.
Después de unos segundos de respiración agitada, Edgar se levantó lento, tambaleándose, pero aún decidido a seguir.
—Esa fue… una gran pelea, Norberto —Admitió Edgar con una sonrisa agotada.
Norberto, también exhausto, asintió, mostrándole una sonrisa respetuosa.
—Lo fue, Edgar. Ambos dimos lo mejor.
Target on my back
Lone survivor lasts
They got me in their sights
Un par de horas antes. La tarde estaba cayendo sobre el majestuoso Coliseo Centenario de Torreón. La estructura, iluminada por el último resplandor del sol, proyectaba sombras largas sobre las gradas. Los muros vibraban con la energía de los espectadores, que se habían reunido para presenciar una banda de rock memorable.
Era una noche cálida en Torreón, y una atmósfera eléctrica envolvía el Coliseo Centenario. A lo lejos, las luces del recinto iluminaban la ciudad como un faro, atrayendo a cientos de fans que esperaban emocionados a la banda Skillet. La multitud se extendía por las calles aledañas, formando una serpiente interminable de camisetas negras, cabellos teñidos y rostros llenos de anticipación.
Los asistentes hablaban enérgicos sobre las canciones que esperaban escuchar, cada uno compartiendo sus favoritas, y algunos hasta ensayaban los coros en voz baja. Las personas de todas las edades, desde adolescentes con el rostro pintado hasta adultos recordando sus años de juventud, parecían conectados por la misma pasión. Había una emoción compartida en el aire, como si todos fueran parte de un momento único e irrepetible.
—¡Espero que abran con Feel Invincible! —Comentó Javier, mientras sus amigos asentían con entusiasmo.
—¿Y qué tal si tocan Monster? Ese riff en vivo debe ser brutal —Respondió Clara, ajustando su gorra negra.
La noche avanzaba, y el eco de la emoción colectiva se mezclaba con el ruido de los vendedores ambulantes, que ofrecían desde camisetas hasta bebidas para combatir el calor nocturno. Cuando por fin se abrieron las puertas, una ola de entusiasmo recorrió a la multitud, y todos avanzaron hacia el Coliseo como una corriente imparable. Las gradas y el piso del coliseo empezaron a llenarse con velocidad mientras las luces iban atenuándose, y los murmullos ansiosos se transformaban en un rugido de anticipación.
Entonces, las luces del escenario se encendieron, y el sonido de una batería poderosa resonó en el coliseo. La multitud explotó en gritos, saltos y aplausos cuando, finalmente, Skillet apareció en el escenario, desatando la primera nota de una noche que quedaría grabada en la memoria de Torreón.
Armando y Elizabeth caminaban por la entrada del Coliseo Centenario, ya envueltos en la euforia de la noche. Elizabeth no paraba de hablar, emocionada por el concierto y su entusiasmo era tan contagioso que Armando, aunque no era fan de la banda, se dejaba arrastrar por el ánimo de su amiga.
—¡¿Puedes creer que estemos aquí?! —Gritó Elizabeth, sus ojos brillando de emoción—. ¡Voy a escuchar Hero en vivo! No puedo esperar a verlos en el escenario, Armando.
—Sí, claro, yo tampoco… —Respondió, intentando igualar su entusiasmo—. Bueno, no los conozco mucho, pero sé que tú estás a tope, y eso ya es suficiente razón para estar aquí.
Elizabeth le dio un empujón amistoso. —Vas a salir de aquí siendo fan, ya verás.
En ese momento, escucharon dos voces familiares detrás de ellos. Era Clara y Javier, quienes se les habían unido casi por sorpresa.
—¡Ey, ustedes! —Dijo Javier con una gran sonrisa—. ¿Nos estaban evitando o qué?
—¡Casi ni los vemos en medio de esta multitud! —Exclamó Clara, mientras se acercaba para abrazar a Elizabeth—. Nos perdimos como tres veces antes de llegar aquí. ¿No es genial? ¡Torreón y Skillet en una misma noche!
Elizabeth dio un grito de emoción. —¡Sí, esto es increíble! No puedo creer que estemos todos aquí, ¡y justo para ver a la mejor banda del mundo!
—¿La mejor banda del mundo? —Dudó Javier con una risa—. ¿Y qué hay de… bueno, todas las demás?
Elizabeth lo miró con una ceja levantada. —No sé en qué universo vives, pero en este, Skillet es lo mejor que le pudo pasar a la música.
—Bueno, bueno, no me linchen —Dijo Javier, levantando las manos en señal de rendición—. Admito que tienen su onda, pero vamos, hay otras bandas buenas también.
Armando se rió, intentando mediar. —Eh, yo estoy aquí aprendiendo de la banda, así que no me metan en esta batalla de opiniones. Elizabeth me va a entrenar como a un novato.
Clara se unió a la broma. —Cuidado, Armando, que Elizabeth es implacable cuando se trata de Skillet. En unos minutos te va a hacer un cuestionario de todas sus canciones.
Elizabeth soltó una risa y luego le señaló a Armando, entrecerrando los ojos. —No me des ideas… Quizás un quiz en medio del concierto no sería tan mala idea, ¿eh?
—¡Ay, no! —Se quejó Armando, cubriéndose la cabeza como si lo estuvieran apuntando con preguntas—. Creo que mejor me escondo en la multitud y disfruto el concierto a mi manera.
Todos se rieron, y el ambiente se relajó aún más. La conversación seguía de forma animada, y en el fondo, la música de prueba del coliseo empezaba a sonar, aumentando la expectativa.
—Y ya tengo mi Celular con la batería al máximo y con toda la memoria disponible para !Grabar todo el concierto, yupi! —Se emociono la líder del periódico escolar.
—Bueno, ya estamos todos listos, ¿no? —Dijo Javier, mirando a su grupo de amigos—. Esta noche va a ser legendaria. Esperen un momento ¿Donde esta Norberto?
—Se retraso, porque tenia una reunión familiar en la mañana, pero ya viene para aca lo máps rapido que puede — espondió el amantes de las arañas.
Elizabeth asintió con energía, mientras tomaba la mano de Clara y luego señalaba al escenario. —Más que eso, ¡va a ser épica! ¡Vamos a rockear esta noche!
Después de horas de espera y de soportar la emoción contenida, llegó su turno para ingresar. Todos estaban agotados, pero la idea de estar por fin dentro del Coliseo Centenario los mantenía animados. Sin embargo, cuando Clara y Javier mostraron sus boletos, un guardia los detuvo con una expresión incómoda.
—Lo siento, chicos, pero estos boletos… son falsos —Dijo el guardia, con un tono de lástima.
—¿Qué? —Exclamó Clara, atónita—. ¡Eso no puede ser! ¡Los compramos hace semanas!
Javier frunció el ceño. —Debe haber algún error, ¡los conseguimos en un sitio oficial!
Pero el guardia negó con la cabeza. —Lo siento mucho, pero no pueden pasar. No son válidos.
La decepción y frustración en el rostro de Clara y Javier era evidente, y Armando y Elizabeth comenzaron a inquietarse. Entonces, el guardia revisó sus propios boletos, y, para sorpresa de todos, negó con la cabeza de nuevo.
—¿Qué pasa ahora? —Preguntó Elizabeth, sintiendo que la paciencia se le agotaba.
—Parece que… sus asientos ya están ocupados. Hubo un problema de sobreventa, así que no puedo dejar que pasen más de la cuenta, espero que cuenten con reembolso.
Elizabeth explotó. —¿¡Nos están diciendo que después de esperar horas y pagar por los boletos no podemos entrar porque vendieron más de los que deberían!?
—¡Esto es ridículo! —Exclamó Armando, apretando los puños—. Hemos estado esperando todo este tiempo, ¡y ahora nos dicen que no podemos entrar porque no organizaron bien esto!
Clara se unió a la protesta. —¡Esto es una estafa! ¿Cómo pueden hacer esto?
—Entendemos su frustración —Dijo otro guardia que se acercó, intentando calmar la situación—. Estamos tratando de resolverlo, pero necesitamos que mantengan la calma.
Pero las palabras no calmaban a ninguno. Elizabeth sentía hervir la sangre de la rabia y el desconsuelo. Javier intentaba razonar con los guardias, pero se veía que el problema estaba fuera de sus manos.
—¿Y ahora qué hacemos? —Murmuró Clara, visible su afectación.
Armando respiró hondo, tratando de tranquilizarse, pero sentía la misma decepción. Miró a sus amigos y dijo, con tono decidido:
—Si no podemos entrar… entonces que todos sepan lo que está pasando aquí.
Edgar venía pasando en su motocicleta cuando, de reojo, notó el alboroto en la entrada del Coliseo. Reconoció de inmediato a Armando y a los demás, quienes parecían estar en una acalorada discusión con los guardias. Intrigado y sintiendo el impulso de saber qué pasaba, frenó su moto cerca de ellos, apagó el motor y se acercó.
—¿Qué está pasando aquí? —Preguntó Edgar, intentando captar la atención de sus amigos.
Elizabeth, bien molesta, giró para verlo con una expresión de frustración.
—¡Nos están diciendo que no podemos entrar! —Explicó ella, exasperada—. ¡A Clara y a Javier les vendieron boletos falsos, y a nosotros nos dicen que nuestros asientos están ocupados!
Edgar frunció el ceño y miró a los guardias, que parecían tensos ante la situación.
—¿En serio? —Preguntó él, escéptico—. ¿Cómo pueden vender más boletos de los que caben en el lugar?
—Eso mismo nos preguntamos —Dijo Armando, cruzando los brazos—. Aquí estamos, después de esperar toda la tarde, y nos salen con que ya no podemos entrar. ¡Es una locura!
Edgar miró a los guardias con una media sonrisa, y dijo en tono sarcástico:
—¿Así que ahora resulta que venden boletos como si fueran pan caliente y después se lavan las manos? No es justo.
Uno de los guardias se aclaró la garganta, intentando retomar el control de la situación.
—Entendemos la frustración, pero no podemos hacer excepciones. Ya hemos explicado que es un error de sobreventa, y estamos trabajando en una solución, pero…
Elizabeth lo interrumpió, levantando la voz:
—¡Una solución que claramente no llega a tiempo! No se vale, Edgar. Llevamos semanas planeando esto, y nos salen con esto a último momento. ¡Nos vamos a perder la mejor noche de nuestras vidas, por errores ajenos! —Las lagrimas le empezaron a brotar de sus ojos sin querer.
Edgar, que había estado conteniendo una sonrisa al ver el furor de Elizabeth, decidió poner su granito de arena.
—Si fuera ustedes, dejaría pasar a mis amigos —Dijo Edgar con voz seria—. Porque no querrán tener a un montón de fans enojados en la entrada, y créanme, puedo hacer ruido si me lo propongo.
Los guardias intercambiaron miradas incómodas, y finalmente uno de ellos suspiró.
—Danos unos minutos. Como ya dije… Vamos a intentar ver qué podemos hacer para reubicar al menos a dos de ustedes que tienen boletos auténticos.
Edgar sonrió de lado, satisfecho de haber movido un poco la situación:
—Eso es todo lo que pedimos —Dijo, mientras ponía una mano en el hombro de Armando—. ¿Ven? Siempre hay una forma de hacer que las cosas funcionen… aunque a veces hay que meter un poco de presión, créanme que las cosas nunca pasan por las buenas, Y conociendo a los de su tipo de seguro se van a volver Psyduck, si saben a lo que me refiero.
Los cuatro amigos que conocían de pokémon, se echaron a reír.
—Aunque si se convirtieran, espero que sean Farfetch'd, al menos esos si son sabrosos.
No surrender
No trigger fingers go
Living the dangerous life
Mientras los guardias se alejaban, el grupo aprovechó el momento para calmarse un poco y relajarse, aunque seguían frustrados por la situación. Edgar, siempre el más curioso y con un aire de intriga, los observó detenido y finalmente lanzó la pregunta, luego de que tuvo una pequeña idea:
—Oigan… ¿alguno de ustedes ha tenido alguna vez la extraña sensación de... bueno, de que puede convertirse en algo más? —Preguntó Edgar, bajando un poco la voz para evitar que alguien más los escuchara.
Elizabeth parpadeó, sorprendida.
—¿A qué te refieres? —Preguntó, aunque su mirada se iluminó un poco, como si entendiera a lo que el motociclista insinuaba.
Armando, por su parte, miró a Edgar con un toque de escepticismo.
—¿Algo más? ¿Como en qué? —Preguntó, tratando de no sonar demasiado incrédulo.
Edgar soltó una risa leve y se inclinó hacia ellos, hablando en tono bajo:
—Algo más… como en Pokémon. Sé que suena loco, pero… ¿nunca han sentido que pueden transformarse?
Hubo un breve silencio, hasta que Clara y Javier intercambiaron miradas nerviosas. Al final, Elizabeth asintió, rompiendo el silencio:
—En realidad… sí. Yo me he convertido en Dewott. Fue algo raro, pero muy real.
—Yo en Joltik —Admitió Armando, sorprendido de que los demás también hubieran tenido la misma experiencia.
Clara y Javier asintieron también, algo incómodos pero decididos a confesar.
—Heracross para mí —Dijo Javier—. Pero nunca pensé que ustedes también lo hicieran.
Clara agregó en un murmullo:
—Y yo en Snivy… Pensé que era la única.
Edgar los observó a todos con una sonrisa traviesa, mientras asentía.
—Exactamente lo que pensé. No somos tan normales, ¿verdad? —Dijo, guiñando un ojo—. Lo bueno es que estamos juntos en esto.
Armando levantó una ceja, intrigado.
—¿Entonces… cuál es tu idea, Edgar?
Edgar se enderezó y miró alrededor con una chispa de emoción en los ojos.
—¿Qué les parece si… probamos? Nos transformamos y… ¡Entramos al concierto como Pokémon! Nadie se esperaría eso.
Elizabeth soltó una carcajada.
—¡Eso sería una locura! Pero… me gusta la idea —Admitió, con una sonrisa creciente.
—¿Y si nos descubren? —Preguntó Clara, nerviosa—. Recuerda que tenemos boletos falsos eran ellos, es un riesgo grande…
Edgar se encogió de hombros.
—Ese es el punto, Clara. Vamos a hacer algo diferente, algo emocionante. Además, ¿no querían todos una aventura? Ademas, ni tengo boleto.
Armando lo miró con una mezcla de escepticismo y emoción.
—Bueno… cuando lo dices así, suena como la oportunidad perfecta.
Elizabeth asintió, decidida.
—Entonces, ¿qué esperamos?
El grupo intercambió miradas cómplices, cada uno asimilando la idea de Edgar. Uno a uno, cerraron los ojos y dejaron que aquella extraña pero conocida energía los envolviera.
Primero, Elizabeth. Su cabello comenzó a desaparecer y en su lugar apareció una elegante cresta azul. Su cuerpo se adaptó, y en un par de segundos, estaba ahí una Dewott, con su par de conchas filosas a los lados de sus caberas listas para cualquier situación.
—¡Listo! —Exclamó, agitando una de sus conchas como si ya estuviera entrando en el concierto.
A su lado, Clara se concentró, sintiendo cómo sus extremidades se transformaban en los largos brazos de una Snivy. Su piel adquirió un tono verde intenso, y al abrir los ojos, observó su nueva forma de serpiente.
—Esto… se siente sorprendentemente bien —Comentó, moviéndose con una elegancia que hasta ella misma desconocía.
Armando fue el siguiente. Sin necesidad de mucho esfuerzo, su cuerpo disminuyó hasta alcanzar el tamaño de una araña diminuta, y una capa de pelusa amarilla cubrió su cuerpo. Como Joltik, miró a sus amigos desde su nueva perspectiva.
—¡Vaya! ¡Desde aquí todos ustedes parecen gigantes! —Bromeó, saltando de un lado a otro.
Javier sonrió, cerró los ojos y se concentró. En cuestión de segundos, su forma humana fue reemplazada por la de un imponente Heracross, con un cuerno enorme y poderoso.
—¡Este cuerno se siente genial! —Dijo, probando su fuerza al dar un pequeño golpe al suelo, que tembló un poco.
Finalmente, Edgar respiró hondo, permitiendo que la transformación lo envolviera. Su cuerpo se encogió un poco, sus escamas se hicieron más gruesas, y al abrir los ojos, se encontró como un Totodile listo para la acción.
—Bueno, equipo —Dijo con una sonrisa torcida—, prepárense para el gran truco.
Se concentró, recordando lo que había aprendido con Palkia. Con una descarga de energía, visualizó el interior del Coliseo, imaginando un lugar cerca del escenario donde pudieran disfrutar del espectáculo sin ser detectados. En un instante, el grupo entero fue rodeado por un destello de luz, y al abrir los ojos, ya estaban en el interior.
—¡Lo logramos! —Exclamó Elizabeth, mirando a su alrededor.
Frente a ellos, el escenario brillaba con luces de colores, y el estruendo de la multitud llenaba el aire. Habían logrado infiltrarse en el concierto, y ahora, como Pokémon, tenían una vista perfecta del show.
—Bienvenidos a la aventura, amigos —Dijo Edgar, sonriendo mientras observaba el espectáculo a su alrededor—. ¡Que empiece la fiesta!
Todos habian vuielvo a sus formas humanas, y en un lugar que los guardián no sospecharían para una inspeccion en primer lugar. Cuando la banda salió al escenario, el sitio estalló en una ola de gritos y aplausos que sacudió el Coliseo Centenario. Skillet apareció en medio de luces azules y rojas, mientras el sonido de un bajo profundo y un ritmo de batería retumbaban en el aire, preparando a la multitud para la primera canción. John Cooper, el vocalista y bajista, gritó enérgicamente al público, levantando el ánimo de todos los presentes. Elizabeth, con una sonrisa enorme, brincó emocionada y gritó junto a los demás.
Hey hey hey everyday when I wake
I'm trying to get up
They're knocking me down
(Chewing me up spitting me out)
Las primeras notas de "Feel Invincible" resonaron, haciendo vibrar el suelo bajo sus pies. Las guitarras y el ritmo acelerado llenaron el lugar, mientras la voz rasposa de John y los coros de Jen Ledger, la baterista, se fusionaban en una energía única que ponía a todos en sintonía. Armando miraba el escenario fascinado, aunque no conocía tanto a la banda. La energía, la entrega, y el poder en cada acorde lo atrapaban más con cada segundo.
—¡Esto es increíble! —Gritó Javier, que estaba al lado de Armando, moviéndose al ritmo de la música y cantando como si supiera cada línea de memoria.
Luego llegó "Hero," y Elizabeth casi enloqueció. Saltaba con cada palabra, con los ojos cerrados, sintiendo cada nota, cada golpe de la batería. Cuando las luces apuntaron hacia la multitud, cada rostro reflejaba pura pasión. Clara y Javier intercambiaron una sonrisa mientras gritaban la letra al unísono, perdiéndose en el momento.
Las luces se atenuaron para dar inicio a "Monster," y en cuanto comenzaron los primeros acordes, todo el Coliseo se iluminó con el destello de cientos de celulares y pulseras luminosas. La intensidad de la canción se incrementaba con cada estrofa, y el público saltaba al ritmo. Edgar, que siempre había preferido otro tipo de música, admitió para sí mismo que Skillet tenía algo especial: una mezcla entre fuerza y emoción que lograba que todo el lugar pareciera vivo.
Después de varias canciones, la banda hizo una pausa para dirigirse al público. John Cooper compartió unas palabras sobre la importancia de encontrar fuerza en los momentos difíciles, y el silencio en el Coliseo era absoluto, todos conectados con el mensaje. El momento culminó con la interpretación de "Awake and Alive," una balada poderosa que mezclaba la energía de la banda con un toque de esperanza. Elizabeth cerró los ojos, dejándose llevar, y Armando se sintió conmovido por la intensidad de la música, algo que no había esperado experimentar esa noche.
Para cerrar, Skillet se lanzó con "I Want to Live ," con todos los instrumentos al máximo, las luces parpadeando al ritmo y la batería acelerando cada latido. La multitud saltaba y gritaba, y el grupo de amigos se unió en un abrazo improvisado, todos sintiéndose en un mismo latido con la música.
Cuando finalmente la última nota resonó en el Coliseo y las luces se apagaron, un eco de gritos y aplausos llenó el aire. Exhaustos, felices y más unidos que nunca, Armando, Elizabeth, Edgar, Clara y Javier se miraron, compartiendo una sonrisa que solo la experiencia de esa noche podía explicar.
Hey hey hey when I need to be saved
You're making me strong
You're making me stand
(Never will fall never will end)
Mientras la banda se lanzaba a su última canción, entre las luces y la multitud, Norberto apareció a un costado del grupo, con una expresión de alivio y sorpresa. Había tardado en encontrarlos entre la multitud y el estruendo de la música, pero ahora que los veía, no pudo evitar reír y acercarse apresurado.
—¡Al fin los encuentro! Jamas se me ocurrió buscarlo en este sitio en primer lugar —Exclamó, dándoles un ligero empujón amistoso a Edgar y Armando, que lo miraron con sorpresa y luego con risas.
Elizabeth, que estaba aún vibrando por la emoción del concierto, lo saludó con un gran abrazo.
—¡Norberto! ¡Pensé que te lo perderías! —Le gritó sobre el estruendo de la música, saltando de emoción.
—Pues casi, ¡tuve que sortear a toda la seguridad y medio Coliseo para encontrarlos! —Respondió él, sonriendo con orgullo de haber llegado justo a tiempo.
Clara y Javier lo saludaron, felices de verlo ahí, y Edgar, sin decir nada, le hizo un gesto de pulgar arriba. Al final, todos se acomodaron, apretujados pero unidos, para disfrutar del último y épico minuto del concierto. El Coliseo vibraba, las guitarras y la batería de Skillet llevaban la energía a un punto culminante, y el grupo de amigos, completo, compartió ese último momento juntos.
Con la última nota, mientras el sonido se desvanecía y las luces se apagaban, se miraron entre risas y asombro, sabiendo que esa noche quedaría grabada en su memoria para siempre.
Shot like a rocket up into the sky
Nothing can stop me tonight
El Coliseo Centenario, con su estructura imponente y redondeada, era el escenario perfecto para un concierto como el de esa noche. Construido con piedra y metal, el lugar tenía la acústica necesaria para que cada nota y cada acorde retumbaran de manera envolvente. Las enormes bocinas, colocadas en torres a cada lado del escenario, proyectaban el sonido de una manera brutal y precisa. A medida que avanzaba el concierto, las vibraciones de los graves y las guitarras se sentían en el pecho de cada persona, como si el Coliseo mismo respirara al ritmo de la música.
Las luces eran una obra maestra de sincronización y color. Rayos de luz azul, púrpura y rojo se cruzaban en el aire, envolviendo el escenario y creando una atmósfera electrizante. Cada golpe de batería estaba acompañado por un destello blanco, que iluminaba la cara de cada miembro de la banda de forma dramática. Los focos iluminaban al público en olas intermitentes, revelando un mar de manos en alto, saltando y gritando con entusiasmo.
En el centro del escenario estaba el set de batería, un monstruo negro y cromado de doble bombo, con platillos resplandecientes que reflejaban las luces y marcaban cada golpe con un brillo metálico. El baterista tocaba con una precisión y una energía que parecía sacudir todo el coliseo, golpeando los tambores como si fueran un volcán en erupción.
A su derecha estaba el bajista, su bajo de cuatro cuerdas colgado bajo, rasgueando con fuerza y ritmo. La línea de bajo era poderosa, pesada, dándole al sonido de la banda una profundidad que hacía vibrar el suelo. El bajista, con una expresión intensa y concentrada, dejaba que la música hablara por él, mientras seguía el ritmo en cada salto y movimiento.
Del otro lado del escenario, la guitarrista lideraba con su instrumento, un brillante modelo negro con detalles en plateado. Cada acorde y riff de la guitarra salía con una claridad estridente, cortando a través del aire. Sus solos resonaban y se enredaban en los oídos del público como una ola de energía pura, sacando gritos de emoción de cada rincón del Coliseo. La guitarrista movía su cabeza al ritmo, con los cabellos agitados, entregándose por completo a la música.
El vocalista estaba al frente, agarrando el micrófono con ambas manos y cantando con una pasión que podía sentirse en cada palabra. Su voz era potente, capaz de pasar de notas suaves a desgarradores gritos en segundos. En cada pausa, saludaba al público, animándolos a cantar y gritar más fuerte, y ellos respondían con entusiasmo, cantando al unísono y levantando los brazos en un mar de movimiento.
El público era una masa de energía y emoción. Fans de todas las edades y estilos llenaban las gradas y la zona frente al escenario, con camisetas de la banda, pancartas, y algunos con caras pintadas con el logo de Skillet. La gente saltaba y gritaba, ondeando los brazos y coreando cada canción, como si fueran una sola voz. Las expresiones de felicidad, euforia y emoción eran inigualables, una conexión entre la banda y la audiencia que hacía que el momento fuera especial.
La música resonaba en cada rincón del Coliseo, amplificada por las bocinas colocadas en cada esquina. El sonido era nítido, potente, y la mezcla de instrumentos hacía que cada nota se sintiera como una descarga de adrenalina.
You make me feel invincible
Earthquake powerful
Just like a tidal wave
You make me brave
Norberto, Armando, Elizabeth, Edgar, Clara, y Javier estaban en un pequeño grupo, absorbidos por el espectáculo, gritando y cantando con cada canción, movidos por la emoción de estar allí juntos. Era una experiencia única, un concierto épico que les hacía olvidar todo, sumergidos completos en la energía y la pasión de la música, mientras el Coliseo Centenario de Torreón se convertía en un templo de rock esa noche.
De pronto, un retumbo resonó en el Coliseo, mucho más fuerte que la música. Una extraña distorsión en el aire, como una cortina de luz temblorosa, se abrió en el centro del escenario, creciendo y expandiéndose hasta formar una grieta interdimensional. La música se detuvo abruptamente, y el silencio cubrió el lugar. La audiencia miraba con asombro y miedo, tratando de entender qué estaba sucediendo.
Una energía desconocida comenzó a emanar de la grieta, envolviendo a todos en el Coliseo. Elizabeth sintió un cosquilleo en todo su cuerpo, y al instante siguiente, su piel humana se desvanecía, transformándose en su forma de Dewott. Armando miró sus pequeñas patas, ahora cubiertas de pelaje eléctrico y amarillo, convertido de nuevo en un Joltik. Clara, Javier y Edgar también sintieron el cambio: la primera, al mirar sus manos, encontró las verdes hojas de su forma Snivy; Javier, con sus brazos enormes, ya era un Heracross, y Edgar miró sus zarpas y su cola, volviendo a su forma de Totodile.
Norberto sintió un frío recorrer su cuerpo, y cuando miró sus propias manos, vio las patas de un Riolu. La sorpresa en sus ojos reflejaba tanto el miedo como la extraña familiaridad de esa forma. El Coliseo estaba inmerso en un caos: los que habían sido humanos y no tenían una forma Pokémon simplemente desaparecieron, como si hubieran sido absorbidos por la grieta. Los únicos que quedaron eran Norberto y sus amigos, ahora todos en sus formas Pokémon.
—¿Qué… qué está pasando? —Dijo Elizabeth en voz alta, su tono de Dewott reflejando el pánico de todos.
—Parece… parece una brecha entre mundos —Musitó Armando, sus pequeños ojos de Joltik reflejando las luces temblorosas de la grieta. Miraba a su alrededor, sintiendo el vértigo de estar en esa forma nuevamente y, a la vez, el desconcierto de la situación.
—¡Tenemos que salir de aquí! —Gritó Edgar, el Totodile, mirando hacia la grieta que continuaba expandiéndose y distorsionando el espacio a su alrededor—. Esto es peligroso… puede que nos consuma a todos.
El grupo se miró mutuamente, buscando un camino de salida, pero la grieta parecía estar envolviendo todo. Las luces, los gritos lejanos de los que aún estaban conscientes, y el colosal Coliseo parecían desaparecer poco a poco en un vacío desconocido.
Clara miraba sus brazos, ahora delgados y verdes, cubiertos de hojas. Sus ojos estaban muy abiertos, llenos de una mezcla de sorpresa y desconcierto.
—¿Qué… qué es esto? —Dijo Clara, su voz temblando mientras se giraba hacia los demás—. ¡Soy… soy una Snivy variocolor!
Javier, convertido en un imponente Heracross, extendió sus brazos pesados, tratando de controlar la fuerza de sus movimientos. Cada paso que daba parecía tambalearlo un poco mientras se acostumbraba a su nueva forma.
—¡Wow! Esto… esto es increíble y… espantoso al mismo tiempo, les recuerdo que no tengo mucho tiempo que soy un pokémon —Murmuró Javier, observando sus garras y su enorme cuerno de Heracross—. Nunca pensé que sentiría algo así.
Norberto, ahora un Riolu, sonrió, tratando de calmar a sus amigos.
—No se preocupen, chicos, yo tampoco tenía idea de cómo manejar esta forma al principio. Pero se van acostumbrando, es como… como aprender a caminar de nuevo.
Elizabeth, como Dewott, asintió con una sonrisa reconfortante.
—Sí, lo más raro es la sensación de ser tan diferente, pero todos nosotros aquí tenemos experiencia en esto. Podemos ayudarlos a adaptarse mientras averiguamos qué está pasando.
Clara miró sus patas verdes y tomó una bocanada de aire, aún tratando de procesar todo.
—Es tan extraño… no solo el cuerpo, sino los sentidos. Siento cosas que antes no sentía, como… el aire y la energía a mi alrededor. ¿Esto es normal?
Armando, el pequeño Joltik, se acercó con sus patas diminutas y saltó emocionado, casi divertido por el desconcierto de Clara.
—Claro que sí, Clara. Los Pokémon percibimos el mundo de maneras diferentes; es como un sexto sentido. Y tú, como Snivy, puedes notar la naturaleza alrededor con más detalle.
Javier, que no podía evitar mirar su reflejo en una ventana rota del Coliseo, soltó una risa nerviosa.
—¿Entonces se supone que ahora puedo hacer ataques como… como… no sé, un tajo cruzado o algo así? Esto es una locura.
Edgar, como Totodile, se cruzó de brazos, sonriendo de lado.
—Más o menos. Tienes una fuerza natural como Heracross; si aprendes a usarla, vas a sentirte poderoso. Pero ahora mismo, lo importante es que todos mantengamos la calma y encontremos una salida. Esta grieta… no es algo que podamos ignorar.
Clara respiró profundo y asintió, su expresión más serena.
—Está bien. Confío en ustedes. Si pudimos entrar aquí, seguro también podremos salir… ¿verdad?
Norberto miró a sus amigos y, con una determinación tranquila, respondió:
—Claro que sí. Juntos saldremos de aquí, y quien sabe… tal vez esta sea la aventura que no esperábamos.
You're my titanium
Fight song raising up
Like a roar of victory in a stadium
Edgar, con la mirada encendida y la ferocidad de un Totodile experimentado, se dio cuenta de quién era el Riolu frente a él.
—¿Norberto? —Murmuró con una chispa de reconocimiento, pero sus instintos de combate lo dominaron al instante—. Eres el lacayo de Dialga… ¡Esto no cambia nada!
Sin dudarlo, Edgar cargó con una Danza Dragón, aumentando su fuerza y velocidad, su cuerpo comenzando a brillar con un aura potente.
Norberto, notando la intensión de su amigo, se preparó, alzando los puños en guardia. Apenas Edgar dio el primer paso hacia él, Norberto intentó un Contraataque, pero el Totodile ya estaba más cerca de lo que esperaba.
—¡No te daré tiempo para nada, Norberto! —Gritó Edgar, lanzándose hacia él con un poderoso Mordisco.
Norberto sintió el peso de las mandíbulas de Edgar y retrocedió unos pasos, aunque resistió con firmeza. Se lanzó de nuevo, esta vez probando con Copión, intentando replicar el movimiento que su adversario acababa de usar, pero Edgar era implacable.
—¿Eso es todo? ¡Vamos, Riolu! Sé que puedes hacer más. —Con un salto ágil, Edgar ejecutó una Cascada, golpeando a Norberto con una fuerza brutal que lo lanzó hacia atrás. —Te demostratrare de tu señor Dialga es mas débil que Palkia.
Norberto respiraba con dificultad, pero no se rendía. Levantándose, sus ojos brillaron con determinación.
—No voy a caer tan fácil, Edgar —Contestó Norberto mientras, con esfuerzo, lanzaba un Palmeo para tratar de abrir una distancia.
Pero Edgar apenas sintió el golpe, impulsado por su entrenamiento y su espíritu combativo. El Totodile parecía no tener piedad, y de nuevo avanzó con otro Mordisco, atrapando a Norberto y manteniéndolo en su férreo agarre.
—Vamos, Norberto, ¡quiero ver de qué estás hecho! —Dijo Edgar con un tono desafiante, sus ojos brillando con la pasión de la batalla.
En ese instante, un aura densa y poderosa rodeó a ambos combatientes. Norberto, el Riolu, alzó su mano derecha, de la cual emergió una brillante Llave Atemporal, un objeto etéreo que pulsaba con energía azul, reflejando el flujo constante y firme del tiempo. Su cuerpo comenzó a brillar con una intensidad sobrenatural, y una calma antigua se apoderó de sus ojos.
—Dialga, dame tu fuerza... —Murmuró Norberto, mientras su llave liberaba un brillo que parecía ralentizar el tiempo a su alrededor, como si cada movimiento estuviera envuelto en un eco del pasado y el futuro.
Frente a él, Edgar, el Totodile, invocó su Llave Abismal, una oscura y enigmática reliquia cargada con el poder de Palkia. La llave emanaba una luz violeta y distorsionada, un reflejo del vasto abismo del espacio, y envolvía a Edgar en una onda expansiva de energía que parecía doblar y estirar la realidad misma.
—Palkia, dame el poder de hacer pedazos este instante... —Exclamó Edgar, sus ojos llenos de una determinación indomable mientras el aire a su alrededor parecía vibrar y retorcerse, como si el mismo espacio se deshiciera bajo su control.
Con ambas llaves activadas, el campo de batalla se transformó en una mezcla surrealista de espacio y tiempo, donde ecos de otras dimensiones y distorsiones intermitentes aparecían y desaparecían.
Edgar se lanzó al ataque con una velocidad y fuerza renovadas, su garra surcando el aire con un brillo iridiscente. Norberto, sintiendo el impacto de la energía de Palkia distorsionando sus sentidos, reaccionó instintivamente, usando el poder de la Llave Atemporal para ralentizar el tiempo alrededor de Edgar por un breve instante.
—¡Palmeo! —Exclamó Norberto, lanzando un golpe que parecía casi multiplicarse en varias direcciones, atrapando al Totodile entre ataques imposibles de esquivar.
Pero Edgar no se dejó intimidar. Utilizó su Llave Abismal para desviar el espacio mismo, teletransportándose justo al lado de Norberto y contraatacando con un brutal Cascada que envolvía al Riolu en una columna de agua y fuerza.
—¡Esto es solo el comienzo, Norberto! —Gritó Edgar, con la voz amplificada por el poder de su llave, mientras la distorsión espacial parecía alterar la realidad alrededor de ambos.
Norberto, sacudido pero sin perder el equilibrio, activó el poder temporal una vez más, logrando anticiparse a los movimientos de Edgar. En una fracción de segundo, copió el último ataque de su enemigo, lanzando su propio Cascada, que colisionó con el de Edgar en una explosión de agua y energía.
Ambos retrocedieron, jadeantes pero inquebrantables, cada uno canalizando la energía de sus llaves mientras el mundo a su alrededor parecía desvanecerse en una mezcla de pasado y espacio distorsionado. Era evidente que solo uno prevalecería, y cada uno estaba decidido a hacer honor a su titán.
Who can touch me cause I'm
(I'm made of fire)
Who can stop me tonight
(I'm hard wired)
You make me feel invincible
El choque entre el poder de Dialga y Palkia, representado en la feroz batalla entre Norberto y Edgar, alcanzó un nivel indescriptible de intensidad. A medida que ambos guerreros liberaban el poder de sus llaves, el espacio y el tiempo comenzaron a colapsar y a distorsionarse alrededor de ellos, alterando la realidad en un coliseo que parecía cada vez más un campo de fuerzas titánicas.
Norberto, con los sentidos agudizados por la Llave Atemporal, podía percibir cada minúsculo cambio en el flujo temporal. Podía ver los movimientos de Edgar antes de que ocurrieran, como si un eco del futuro le susurrara al oído. Aprovechó esta habilidad para lanzar un Garra Umbría, la sombra de su ataque expandiéndose y multiplicándose como si los mismos segundos se repitieran en un ciclo infinito.
—¡Es inútil, Edgar! —Gritó Norberto, concentrando toda su energía en mantener la distorsión temporal y buscar cualquier fisura en la defensa de su rival.
Pero Edgar no retrocedió. Al contrario, la distorsión espacial a su alrededor, potenciada por la Llave Abismal, parecía darle un poder descomunal. Cada vez que Norberto atacaba, Edgar rompía el espacio entre ellos, desvaneciéndose y apareciendo justo al lado del Riolu con una velocidad imposible.
—¡Espacio y tiempo se romperán antes que yo caiga! —Rugió Edgar, lanzando un devastador Garra Dragón que se deslizó entre las distorsiones espaciales, amplificado por el poder de Palkia.
I feel I feel it
Invincible
I feel I feel it
Invincible
El ataque impactó en Norberto, quien apenas pudo reaccionar para absorber el daño, resistiendo gracias a la fuerza que Dialga le confería. Con un grito de determinación, el Riolu desató un contraataque de energía sombría. Canalizó todo el poder de su llave en una versión mejorada de Contraataque, enviando de vuelta la fuerza del ataque de Edgar con una violencia que hizo temblar la dimensión misma.
El golpe hizo retroceder a Edgar, pero este, lejos de amedrentarse, sonrió con una mezcla de furia y respeto. La Llave Abismal destellaba, incrementando el poder de su usuario, y la realidad comenzó a doblarse, expandiéndose y contrayéndose como si el espacio mismo se retorciera.
—No importa qué tan fuerte seas, ¡mi voluntad es más fuerte! —Clamó Edgar, lanzándose con un nuevo Cascada, envolviendo a Norberto en un torrente de agua distorsionada, como si un río proveniente de otra dimensión se hubiera liberado.
Pero Norberto, inquebrantable, volvió a usar su habilidad temporal, ralentizando el ataque lo suficiente para evadirlo por un milímetro. Aprovechando la pausa, lanzó un último Palmeo potenciado por el flujo temporal, el impacto resonando como un trueno que atravesó el coliseo, causando una onda expansiva que hizo vibrar el suelo y el aire mismo.
Ambos, ahora exhaustos, se mantuvieron firmes, sus respiraciones pesadas en sincronía con el latido de sus llaves. La fuerza de sus convicciones había alcanzado un punto de equilibrio perfecto: tiempo y espacio, una colisión de voluntades tan inquebrantables que ni el poder de los titanes que representaban parecía capaz de decidir al vencedor.
Sin embargo, ambos sabían que la batalla no podía durar para siempre. Uno de ellos tendría que rendirse... o encontrar una razón para detener una lucha que amenazaba con colapsar la misma realidad que protegían.
Here we go again
I will not give in
I've got a reason to fight
Norberto, con el tiempo bajo su control, lanzó un rápido y preciso ataque, moviéndose como un destello hacia Edgar. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de impactar, Edgar se llenó de una energía intensa, una luz azul envolviendo su cuerpo mientras gritaba:
—¡No he llegado hasta aquí para caer tan fácilmente!
La transformación fue rápida y poderosa. Su forma se expandió, sus colmillos y garras se hicieron más prominentes, y su tamaño casi duplicó en un destello imponente: Edgar había evolucionado en Croconaw. Su musculatura se sentía reforzada, cada músculo lleno de una energía renovada, y la Llave Abismal brillaba con aún más intensidad, adaptándose a su nueva forma. El campo alrededor de ellos se torció ligeramente, como si el mismo espacio respondiera al poder del recién evolucionado.
Every day we choose
We might win or lose
This is the dangerous life
Norberto, que había tenido la ventaja hasta ese momento, se detuvo en seco, notando la intensidad en la mirada de Edgar.
—Así que es así... —Murmuró Norberto, apretando los puños con una mezcla de emoción y desafío—. Ahora es mi turno de darlo todo.
Con su nueva forma y poder, Edgar dio un pisotón tan fuerte que el suelo tembló, creando una grieta a través de la cual se lanzó hacia Norberto. La velocidad y la fuerza de sus ataques ahora se habían multiplicado, y el impulso de su evolución le daba una ventaja que hacía apenas instantes no tenía.
Edgar atacó con un Mordisco potenciado por su fuerza recién adquirida, intentando inmovilizar a Norberto. El Riolu apenas logró esquivar con una finta, usando su control temporal para ralentizar el ataque por un breve momento, y lanzó un Garra Umbría en respuesta. Sin embargo, Edgar lo bloqueó, sintiéndose más fuerte y resistente que nunca.
—¿Es todo lo que tienes? —Gruñó Edgar con una sonrisa desafiante.
Norberto, lejos de rendirse, aumentó su concentración en el flujo del tiempo, llevando su habilidad al límite. Aceleró sus propios movimientos en una fracción de segundo, lanzándose con un Palmeo directo al torso de Edgar. La velocidad del golpe fue suficiente para hacer retroceder a Edgar un par de pasos, pero el Croconaw apenas sintió el impacto, ahora inmune a muchos de los efectos que antes lo debilitaban.
—¡Te toca ahora sentir el poder de Palkia! —Gritó Edgar, lanzando un nuevo Cascada, esta vez con tal fuerza que parecía un torrente de agua comprimida que amenazaba con abrumar a Norberto.
El Riolu resistió como pudo, su Llave Atemporal brillando intensamente mientras se estabilizaba en medio de la presión de agua. Sin embargo, en su interior sabía que la balanza había cambiado, y que Edgar, con su evolución, era ahora un oponente digno y peligroso.
Ambos luchadores, llevados al extremo de su poder y habilidad, se mantuvieron firmes, sabiendo que cada segundo era crucial.
Hey hey hey everyday when I wake
They say that I'm gone they say that they've won
(The bell has been rung it's over and done)
Edgar, aprovechando su tamaño y fuerza renovada, sonrió con determinación mientras observaba a Norberto buscar desesperadamente una nueva estrategia. Con una velocidad y precisión asombrosas, Edgar lanzó un último movimiento de Cascada, arremetiendo como una ola arrolladora. Norberto intentó ralentizar el ataque usando su poder temporal, pero Edgar, anticipando su intento, aumentó aún más su velocidad en el último segundo, alcanzando al Riolu de lleno.
El impacto lanzó a Norberto hacia atrás, haciéndolo rodar por el suelo y dejando un rastro en la tierra. La intensidad del golpe lo dejó sin aliento, y aunque intentó incorporarse, Edgar ya estaba sobre él. Con una sonrisa, Edgar se inclinó y presionó suavemente su pata sobre el hombro de Norberto, en un gesto claro de victoria.
—Bien luchado, Norberto, pero este duelo es mío —Declaró Edgar, su voz firme pero sin arrogancia—. No subestimes el poder de Palkia… ni el de un Croconaw dispuesto a darlo todo.
Norberto asintió, respirando con dificultad pero sin perder la compostura. Sabía que había sido superado, y aunque sentía la derrota, también comprendió que había presenciado una fuerza formidable.
—Has ganado esta vez, Edgar… pero ten por seguro que la próxima vez no será tan fácil.
Ambos compartieron una sonrisa de respeto mutuo, conscientes de que este enfrentamiento había sido solo el comienzo de una rivalidad épica entre los poderes del tiempo y el espacio.
Hey hey hey when I need to be saved
They're counting me out but this is my round
(You in my corner look at me now)
Justo en el último instante antes de caer, Norberto, con la conexión única que tenía con el tiempo, envió su conciencia hacia atrás, a unos segundos antes del golpe final de Edgar. Todo a su alrededor se desvaneció por un instante mientras el flujo temporal cambiaba, y al regresar a ese momento previo, una chispa de determinación brilló en sus ojos.
Shot like a rocket up into the sky
Nothing can stop me tonight
Ahora, sabiendo exactamente cómo Edgar planeaba vencerlo, ajustó su estrategia con precisión. Cuando el Croconaw cargó de nuevo con Cascada, Norberto no intentó ralentizar el tiempo. En cambio, utilizó su velocidad y control absoluto de la situación para esquivar en el último segundo, girando a un lado y lanzándose con toda su fuerza hacia Edgar.
—¡Esta vez no caeré tan fácil! —Gritó Norberto mientras desataba un poderoso Contraataque, usando la fuerza de Edgar en su contra.
You're my titanium
Fight song raising up
Like a roar of victory in a stadium
El golpe conectó con un impacto feroz, enviando a Edgar tambaleándose hacia atrás. Sorprendido, el Croconaw apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Norberto utilizara la técnica Palmeo, golpeando una y otra vez en una ráfaga de movimientos precisos. Edgar, aunque poderoso, empezó a resentir los golpes.
—¡Imposible! ¡Yo soy mas fuerte que tú! —Exclamó Edgar, confundido pero sin rendirse, intentando contraatacar con Garra Dragón. Sin embargo, Norberto estaba un paso adelante, anticipando cada movimiento con la ventaja del tiempo.
Finalmente, aprovechando la apertura que Edgar dejó en su desesperación, Norberto ejecutó una última Garra Umbría con toda su fuerza. Edgar fue lanzado hacia atrás, cayendo pesadamente al suelo, derrotado esta vez.
Who can stop me tonight
(I'm hard wired)
You make me feel invincible
Norberto, respirando con dificultad pero victorioso, miró a Edgar con respeto.
—No era mi momento para perder —Dijo, con una sonrisa confiada—. He aprendido mucho de ti, Edgar. Quizá haya más secretos en el tiempo y el espacio de los que imaginamos.
Edgar, con una mezcla de frustración y admiración, asintió.
—Bien hecho, Norberto. Parece que no eres solo un lacayo del tiempo… Eres un guerrero digno de él.
I feel I feel it
Invincible
You make me feel
Invincible
—Eres formidable Edgar, tú eres el que hace que rompa mis limites siempre.
Esta historia continuará…
Nota inicial: Sip, este capitulo lo escribí mientras escuchaba esa canción.
Nota final: Espero que les haya gustado y nos leemos la próxima semana.
