Atención: Pokémon no me pertenece.
Otra sosa Gema/Sableye
Segunda temporada
La Gema siniestro
El sol de la mañana se filtraba por las ventanas del comedor, bañando el espacio con una luz cálida. Los platos llenos de bayas, tostadas y una jarra de Mumu Milk estaban en el centro de la mesa, rodeados por Norberto, Gema, Penumbra, Rihanna, y Javier. Samantha estaba más allá, disfrutando tranquila de su taza de té. Pero esta mañana, algo era diferente.
Gema, con una sonrisa traviesa y los ojos brillando como si hubiera encontrado el tesoro más grande del mundo, se había apoderado de la conversación.
—Bueno, bueno, atención, damas y caballeros —Dijo Gema, sentada con las piernas cruzadas sobre su silla, mientras jugueteaba con un pequeño diamante en sus manos. —Hoy tengo la misión de animar este desayuno. ¡Es hora de hablar de sueños y metas!
—¿Tú? ¿Dirigiendo una conversación seria? —Bromeó Penumbra, apoyando la cabeza en una pata con expresión burlona. —Esto será interesante.
—¡Claro que sí, drama queen! Toma nota, porque tal vez aprendas algo —Respondió Gema con descaro, apuntándola con un dedo diminuto. —Ahora, ¿qué tal si empezamos con algo sencillo? ¡Norberto! ¿Qué te gustaría hacer después de esta locura de viajes y aventuras?"
Sorprendido de que Gema lo señalara directamente, dejó su cuchara a un lado y pensó por un momento. —Hmm, no lo sé. Supongo que me gustaría encontrar un lugar tranquilo donde pueda establecerme, quizás abrir una escuela para enseñar a los más jóvenes a defenderse y a trabajar en equipo. Siempre he creído que el trabajo en equipo es lo que hace la diferencia.
Rihanna lo miró con una sonrisa tierna. —Eso suena muy a ti, Norberto. Seguro serías un gran maestro.
—Bien, bien, una respuesta decente —Dijo Gema mientras asentía, como si fuera una jueza evaluando un concurso. —¿Y tú, Samantha? Siempre tan callada... debe haber algo que quieras hacer."
Samantha levantó la mirada de su taza de té, claramente sorprendida de que Gema le hablara directamente. —Yo… supongo que me gustaría viajar más, pero sola. No lo tomen a mal, disfruto estar con ustedes, pero también quiero explorar el mundo por mi cuenta y encontrar respuestas a ciertas preguntas.
—Vaya, filosófica como siempre —Comentó Penumbra. —¿Y qué hay de ti, reina del drama?
—¡Oh, claro! Ahora todos están interesados en mí —Respondió Penumbra con sarcasmo. —Supongo que... quiero algo simple. Viajar hasta que encuentre un lugar donde realmente sienta que pertenezco. Pero mientras tanto, estoy bien siendo el centro de atención aquí."
—¡Obvio! Nadie duda de que amas ser la estrella —Dijo Gema con una carcajada. Luego miró a Javier. —Y tú, Javier, siempre tan serio. Suéltate un poco, cuéntanos tus sueños.
Javier, que había estado ocupado comiendo, levantó la vista con calma. —No tengo grandes aspiraciones, pero quiero seguir luchando junto a ustedes. Proteger a mis amigos es suficiente para mí.
Gema le dio un golpe amistoso en el brazo. —Eres tan aburridamente noble, Javier. Pero está bien, te lo dejaré pasar.
Cuando la conversación parecía que iba a desviarse, Gema se levantó de un salto y extendió los brazos dramáticamente. —¿Y saben qué? ¡Yo también tengo un sueño!— Todos la miraron con curiosidad.
—¿Tú? Pensé que vivías para acumular gemas y comer snacks —Dijo Samantha con una sonrisa.
—¡Ja, ja, muy graciosa! —Replicó Gema. —Mi sueño es... redoble de tambores, por favor... abrir una tienda de antigüedades. Pero no cualquier tienda, ¡una llena de gemas y artefactos raros! Seré famosa en todo el mundo como la Sableye más astuta, rica y glamorosa que haya existido.
Hubo un breve silencio antes de que todos empezaran a reír.
—Bueno, al menos eres honesta —Dijo Samantha entre risas.
—¿Por qué no? Con tu habilidad para encontrar cosas raras, seguro lo lograrías —Agregó Norberto.
Gema se cruzó de brazos con una sonrisa orgullosa. —Exacto. Así que ya saben, en el futuro, cuando sean famosos y tengan mucho dinero, ¡pueden comprar en mi tienda!"
El desayuno continuó entre risas y bromas, con Gema disfrutando del raro momento de ser el centro de atención. A pesar de su carácter pícaro y alocado, había logrado unir al grupo con su energía y entusiasmo, recordándoles que incluso en las mañanas más normales, siempre podían encontrar algo especial.
De repente, mientras las risas seguían llenando el comedor, las luces parpadearon por un instante, y una presencia fría se sintió en el aire. Antes de que alguien pudiera reaccionar, un Gengar emergió literalmente de la sombra de Gema, con una sonrisa traviesa y ojos brillando de emoción.
—¡Eso es lo que me gusta escuchar, jefa! ¡Una tienda de antigüedades llena de gemas y artefactos raros! Exquisito,—Dijo Gengar, flotando alrededor de la mesa mientras aplaudía con entusiasmo.
—¡Gengar! — Exclamó Gema, levantándose de un salto de su silla. —¡Por fin alguien que entiende mi visión! ¿Vieron eso? ¡Él sí sabe!
Los demás miraron a Gengar con sorpresa, algunos más tensos que otros.
—¿Desde cuándo está aquí? —Preguntó Norberto, poniéndose en guardia de forma instintiva.
—¿Por qué siempre aparece de la nada? —Murmuró Samantha, claramente molesta mientras sujetaba su taza de té más fuerte de lo necesario.
—Relájense, chicos, Gengar siempre está cerca de mí," dijo Gema con una sonrisa despreocupada, como si fuera la cosa más normal del mundo. —Es mi socio, mi cómplice. ¡El cerebro detrás del plan de hacerme rica y famosa! ¿Verdad, Gengar?
—Así es, mi brillante amiga —Respondió, haciendo una exagerada reverencia en el aire. —Si quieres abrir esa tienda de antigüedades, necesitarás a alguien como yo para rastrear las cosas más raras... y, bueno, persuadir a ciertos propietarios de que las entreguen.
—Eso suena sospechoso —Dijo Javier, cruzando los brazos.
—¡Oh, vamos! No todo lo valioso se encuentra en los caminos legales —Bromeó Gengar con una sonrisa más ancha, que no tranquilizó a nadie.
Rihanna miró a Gema con incredulidad. —¿Y tú confías en él? Parece que tiene... prioridades cuestionables.
Gema soltó una carcajada. —¡Claro que confío en él! Gengar es un genio, y juntos somos imbatibles. Él tiene contactos, y yo tengo el ojo para las gemas perfectas. ¿Qué podría salir mal?
—Podríamos terminar perseguidos por la ley, por ejemplo — Respondió Samantha secamente.
—¡Bah! Detalles, detalles —Dijo Gema, moviendo la mano como si nada. Luego giró hacia Gengar con un brillo de emoción en sus ojos. —¿Ya has encontrado algo interesante para nuestra futura tienda.
—De hecho, sí —Dijo Gengar, flotando hacia la mesa y sacando de su sombra un extraño mapa envejecido. —Este mapa lleva a un lugar lleno de tesoros olvidados. Joyas, reliquias... todo lo que necesitamos para empezar nuestro negocio con estilo.
—¿Un mapa del tesoro? ¿En serio? —Preguntó Penumbra, alzando una ceja.
—¡Así es! —Exclamó el tipo fantasma-veneno, ignorando el escepticismo en el aire. —Y con este grupo tan... variado, seguro podemos conseguirlo antes que nadie."
Norberto suspiró. —Supongo que esto significa que no tendremos una mañana tranquila.
—¡Por supuesto que no! —Respondió Gema con una sonrisa traviesa. —¡Es hora de que todos apoyen a la futura empresaria más famosa de la región!
Aunque algunos estaban claramente indecisos, el entusiasmo contagioso de Gema y la presencia carismática del espectro hicieron que poco a poco el grupo se fuera convenciendo. El desayuno terminó con el plan de una nueva aventura, con Gema liderando y Gengar actuando como su fiel y cuestionable socio. La mansión pronto se llenó de actividad, mientras todos se preparaban para embarcarse en otra loca expedición.
La brisa seca levantaba un fino polvo en el sendero que llevaba a los locales abandonados. El lugar, olvidado por el tiempo, parecía un cuadro de desolación: paredes resquebrajadas, ventanas rotas y un eco de historias perdidas en el aire. Gema avanzaba con paso firme, sus ojos brillaban más de lo habitual, como si en la desolación encontrara algo más que ruinas. A su lado, Gengar flotaba con su usual sonrisa, aunque esta vez parecía más contenida.
—¿Estás segura de que es aquí? —Preguntó Gengar, girando su mirada hacia ella mientras inspeccionaba los escombros.
—Más que nunca —Respondió Gema, deteniéndose frente a una estructura más deteriorada que las demás. El techo estaba parcialmente colapsado, y las paredes aún conservaban grafitis infantiles que alguna vez habían sido vivos y coloridos—. Aquí jugué por primera vez a que era dueña de algo, un lugar donde todo brillaba, aunque fuera solo en mi imaginación.
Gengar observó el lugar con un destello de curiosidad.
—No lo habría imaginado de ti. Pensé que eras todo bromas y gemas robadas, no... raíces.
Gema le lanzó una mirada divertida, aunque sus ojos guardaban una nostalgia que no intentó ocultar.
—Todos las tenemos, Gengar. A veces, solo hace falta volver para recordarlo.
Se acercó a una pared cubierta de polvo y pasó suavemente una garra sobre ella, como si acariciara un recuerdo.
—Este lugar... este lugar será más que un recuerdo. Será una tienda.
—¿Una tienda? —Gengar arqueó las cejas, sorprendido—. Vaya, sí que tienes grandes ideas.
—Y por eso estás aquí, ¿no? Para ayudarme a cumplirlas.
El fantasma dejó escapar una carcajada mientras giraba en el aire.
—Bueno, no puedo negar que esto suena más interesante que espantar a viajeros perdidos.
El trabajo comenzó al día siguiente. Mientras Gema limpiaba con dedicación cada rincón, Gengar usaba sus poderes para mover escombros, reorganizar muebles viejos y, de vez en cuando, hacer flotar a su compañera solo para molestarla.
—¡Déjame bajar, Gengar! —Protestó Gema, flotando a un metro del suelo, mientras intentaba no soltar el candelabro que había encontrado en un mercado cercano.
—¡Es más eficiente así! —Bromeó el fantasma, riendo mientras la dejaba caer suavemente—. Aunque no puedo negar que te ves graciosa balanceándote.
Gema se sacudió el polvo y le lanzó una mirada de advertencia.
—¿Quieres que esto sea un desastre o una obra maestra? Porque si seguimos tu ritmo, terminaremos abriendo en el próximo siglo.
Con ese comentario, el dúo retomó su labor. Las paredes fueron pintadas de colores oscuros y elegantes, y cada esquina del local comenzó a llenarse de vitrinas antiguas, donde brillaban gemas de todo tipo, artefactos curiosos y pequeños tesoros que habían recolectado en sus aventuras.
El cartel de la entrada, hecho con madera envejecida, quedó listo al atardecer. Sobre él, en letras góticas talladas a mano, se leía: La Tienda del Destino Perdido.
Gema dio un paso atrás para admirarlo, sus ojos brillando con orgullo.
—Es perfecto.
Gengar, flotando a su lado, asintió con una sonrisa sincera.
—Casi tanto como tú, jefa.
El día de la inauguración, la tienda parecía brillar desde su interior. Gema atendía con soltura a los curiosos que se acercaban, contando con entusiasmo la historia de cada artefacto, mientras Gengar hacía demostraciones exageradas para atraer la atención de los clientes.
Un pequeño Sneasel se detuvo frente a una vitrina llena de gemas relucientes.
—¿Son reales? —Preguntó, señalando una esmeralda perfectamente pulida.
—Más reales de lo que imaginas —Respondió Gema con una sonrisa, guiñándole un ojo—. Pero cuidado, tienen una historia tan poderosa que podrías quedar atrapado en ella.
El Sneasel retrocedió, asustado pero intrigado, mientras Gengar soltaba una carcajada.
Cuando el último cliente salió, Gema se dejó caer en el mostrador, sosteniendo una gema morada en su garra.
—¿Pensando en algo? —Preguntó Gengar, sentándose a su lado.
—En cómo comenzó todo. Nunca pensé que volvería aquí, y mucho menos para reconstruirlo. Pero ahora... —Hizo una pausa, observando la tienda vacía—. Ahora este lugar tiene un propósito.
Gengar asintió lentamente.
—Y lo mejor está por venir, ¿verdad?
Gema sonrió, dejando que su brillo natural iluminara la habitación.
—Siempre. Porque cuando se trata de mí... lo mejor siempre brilla.
El dúo se echó a reír, sus voces resonando entre las paredes de la tienda, llenándola de vida una vez más.
El día comenzó como cualquier otro en la pequeña tienda de antigüedades que Gema y Gengar habían reconstruido en los locales abandonados. Gema, como siempre, revisaba un lote de objetos traídos por clientes, clasificándolos con su ojo experto.
De pronto, un cliente encapuchado entró. Sin decir palabra, colocó una pequeña gema negra sobre el mostrador. Era perfectamente lisa, y su superficie parecía absorber la luz, dejando un rastro de sombras en el aire. Gema se inclinó, intrigada.
—¿Qué clase de gema es esta? —Preguntó, alzando una ceja.
—Un objeto de gran poder —Respondió el cliente con voz grave—. Pero también una maldición para quien no la comprenda. ¿La aceptan?
Gengar, que había estado flotando cerca, intervino antes de que Gema pudiera hablar.
—¡Por supuesto que sí! Nos encantan las cosas malditas. Le damos un buen hogar.
El cliente soltó una risa baja, inclinó la cabeza y desapareció entre las sombras, dejando la gema en sus manos.
—Oigan, le voy a echar a los de derechos de autor, se robo mi estilo —Se quejo el Gengar.
Al principio, Gema estaba fascinada con la gema, analizando cada detalle, buscando entender su naturaleza. Sin embargo, algo extraño comenzó a suceder. Cuanto más tiempo pasaba cerca de la gema, más aislada se volvía.
Dejó de organizar la tienda, abandonó su habitual sarcasmo alegre, y pasó horas en la trastienda, mirando fijamente la gema. Incluso su sombra parecía moverse de manera extraña.
—Gema, ¿estás bien? —Preguntó Gengar una noche, preocupado al verla murmurar sola.
—Estoy más que bien, Gengar. —Sus ojos brillaban con un tono púrpura inusual—. Esta gema… es perfecta. Es todo lo que necesito.
El comportamiento de Gema empeoró rápidamente. Comenzó a tratar a Gengar con desdén, burlándose de él por ser "solo un espectro inútil". Incluso su risa, antes contagiosa, se volvió fría y cruel.
Gengar, decidido a salvar a su amiga, investigó la gema por su cuenta. Recordó viejas historias de objetos oscuros que podían amplificar los miedos más profundos de quienes los tocaban. Si la gema estaba afectando a Gema, eso significaba que había algo que ella no quería enfrentar.
Esa noche, mientras Gema dormía en la trastienda, Gengar se acercó sigilosamente y tomó la gema. Al contacto, una visión invadió su mente: una joven Sableye, sola en un vasto y oscuro túnel, buscando joyas para sobrevivir, con miedo de no ser nunca suficiente, de perder lo único que le daba valor: su ingenio.
—Así que es esto lo que te atormenta… —Susurró Gengar, su voz cargada de tristeza.
Pero antes de que pudiera apartar la gema, Gema despertó con un grito de furia.
—¡Devuélvela! —Gritó, lanzándose sobre Gengar.
El espectro logró esquivar, pero la lucha que siguió fue feroz. Gema usó "Danza Espada" para aumentar su fuerza y golpeó con "Golpe Bajo", obligando a Gengar a usar "Escudo Real" para protegerse.
—¡Esto no eres tú, Gema! —gritó Gengar mientras esquivaba un "Carantoña".— ¿Es esto lo que quieres? ¿Dejar que una maldición controle tu vida?
Por un instante, las palabras parecieron atravesar la nube de oscuridad en la mente de Gema.
Gengar, viendo la duda en los ojos de su amiga, decidió arriesgarse. Sostuvo la gema con ambas manos y la aplastó contra su propio pecho. Un grito desgarrador llenó la habitación, y un torrente de sombras salió de la gema, envolviéndolo.
Dentro de la tormenta de oscuridad, Gengar sintió los miedos de Gema como si fueran suyos: el miedo al abandono, a ser olvidada, a no tener un lugar en el mundo.
—No estás sola, Gema —Dijo, con voz temblorosa pero firme—. Tienes un hogar. Me tienes a mí. Y yo siempre estaré aquí.
El poder de la gema se disipó de repente, dejando un brillo tenue en el aire. Cuando Gengar abrió los ojos, vio a Gema arrodillada, con lágrimas en sus mejillas.
—Gengar… yo… lo siento. No sé qué pasó.
—No tienes que disculparte —Respondió, flotando a su lado y apoyando una mano espectral en su hombro—. Todos tenemos miedos. Pero no tienes que enfrentarlos sola. —Esta de seguro es una Gema siniestro, y afecta a los de tu tipo, no te sientas mal por ello.
Juntos, llevaron la gema al sótano de la tienda, donde Gengar colocó una barrera mágica para asegurarse de que no volviera a causar daño.
Esa noche, mientras organizaban la tienda, Gema volvió a ser la de siempre, haciendo bromas y riéndose a carcajadas. Pero algo había cambiado: ahora sabía que no estaba sola, que Gengar siempre estaría allí para apoyarla, sin importar cuán oscuras fueran las sombras que la rodearan.
Y así, la tienda de antigüedades no solo fue un lugar de rarezas y misterios, sino también un hogar donde dos amigos aprendieron que incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay una chispa de luz esperando brillar. Aunque el espectro ya notaba desde esos días que tenían un cliente habitual que no paraba de hacer preguntas.
La luz tenue de las lámparas colgantes iluminaba los estantes del local, donde joyas, reliquias y objetos curiosos descansaban en su propia penumbra. Gema pulía una roca brillante con dedicación, mientras Gengar flotaba cerca, revisando una caja llena de artefactos extraños.
Gema rompió el silencio, con una mezcla de curiosidad y burla:
—Oye, Gengar, explícale a esta pobre y mundana Sableye cómo es eso de que trabajas para Giratina. Siempre mencionas tu "Alto cargo en el inframundo" como si fueras algo así como el mayordomo de un rey.
Gengar se detuvo, ofendido, y puso una mano en su pecho espectral como si le hubieran clavado una daga invisible.
—¿¡Mayordomo!? ¡Te equivocas completamente, mi brillante amiga! Yo no soy un simple lacayo, soy el emisario oficial de Giratina, el encargado de mantener el equilibrio entre los mundos. Mi tarea es noble, trascendental, y, sí, un poco rimbombante, pero así es la vida en el plano de las sombras.
Gema soltó una carcajada, dejando de pulir la roca.
—Emisario oficial… Vaya título. ¿Te dan un sombrero elegante para eso? ¿O una insignia?
Gengar se cruzó de brazos y giró levemente en el aire, fingiendo indignación.
—No entiendes la magnitud de lo que hago. Giratina no confía en cualquiera para este papel. Es un trabajo que requiere astucia, carisma y, por supuesto, un toque de dramatismo. ¿Sabías que soy el responsable de escoltar almas perdidas y resolver disputas entre fantasmas?
—¿Disputas entre fantasmas? —preguntó Gema, apoyando su barbilla en una garra, visiblemente divertida—. ¿Qué haces, organizas un debate?
Gengar alzó un dedo como un profesor a punto de dar una lección.
—Más o menos. A veces, simplemente les susurro que, si no se calman, Giratina podría venir personalmente. Créeme, nadie quiere que el jefe se aparezca.
Gema rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír.
—Eso suena más a intimidación barata que a mediación.
—¡Ah, pero funciona! —Respondió Gengar, con un destello malicioso en sus ojos—. Además, no solo me dedico a calmar ánimos. Tengo acceso a secretos del inframundo que ningún mortal podría imaginar. Por ejemplo… —Bajó la voz, inclinándose hacia Gema como si fuera a revelar un gran misterio—, ¿Sabías que el Mundo Distorsión no tiene tiempo? Todo ocurre a la vez: el pasado, el presente y el futuro. Es como un caleidoscopio de caos, y ahí es donde yo hago mi magia, manteniendo todo bajo control.
Gema parpadeó, menos burlona y más intrigada.
—¿Y cómo llegaste a ese trabajo tan… "importante"?
Gengar sonrió con orgullo.
—Ah, querida Gema, mi ascenso fue legendario. Cuando era un simple Haunter, me gané la atención de Giratina al evitar que un grupo de fantasmas se perdieran en las grietas del tiempo. Luego, tras años de servicio impecable, me nombraron su emisario personal.
Gema inclinó la cabeza, evaluándolo con una mezcla de admiración y escepticismo.
—O sea que eres algo así como un embajador entre el inframundo y el mundo mortal.
—Exacto —Respondió Gengar, hinchándose de orgullo—. Soy el puente entre lo tangible y lo etéreo.
Gema se cruzó de brazos, adoptando un tono más burlón.
—¿Y qué hace el "puente" cuando no está ocupándose de fantasmas problemáticos? ¿Recoge objetos extraños en un local abandonado con su brillante amiga?
Gengar soltó una carcajada, agitando sus brazos etéreos.
—Algo así. Digamos que esto es mi pasatiempo. No todo puede ser caos y sombras. Además, me encanta compartir estos momentos contigo, aunque seas una incrédula insoportable.
Gema le devolvió la sonrisa, levantando la roca que estaba puliendo como si brindara.
—Bueno, supongo que puedo tolerar a un emisario del inframundo siempre y cuando sepa hacer un buen café.
Ambos rieron, el eco de sus voces llenando el local con un toque de calidez. A pesar de la oscuridad y los misterios que los rodeaban, la camaradería entre ellos iluminaba incluso los rincones más sombríos.
El ambiente en el local estaba cargado de una calma expectante. Gema apoyó sus garras sobre el mostrador, inclinándose hacia Gengar con la curiosidad brillando en sus ojos.
—Bueno, señor emisario, ya que estás aquí con todo tu dramatismo, ¿por qué no me cuentas cómo es realmente el Mundo Distorsión? Siempre lo pintan como algo terrible y fascinante, pero no sé si creer todo lo que dicen.
Gengar flotó lentamente hacia ella, sus ojos brillando con un matiz casi hipnótico.
—Ah, Gema, ¿cómo describirlo? —empezó, mientras giraba sobre sí mismo con teatralidad—. El Mundo Distorsión no es como nada que hayas visto en este plano. No tiene forma fija, no tiene reglas… Es un lugar donde las leyes de la física son meros caprichos.
—¿Sin reglas? —Preguntó Gema, alzando una ceja—. Entonces, ¿cómo no te pierdes?
—No es cuestión de perderse —Explicó Gengar, en tono solemne—. Es cuestión de adaptarse. Imagínalo: un cielo que nunca es el mismo, a veces lleno de colores imposibles, otras veces tan oscuro que sientes que te traga. El suelo puede ser cristal, agua, o nada en absoluto. Caminas, flotas, o simplemente piensas en moverte… y estás allí.
Gema ladeó la cabeza, intrigada pero confundida.
—Eso suena… ¿caótico? ¿Cómo sabes qué es real y qué no?
Gengar sonrió, mostrando sus afilados colmillos.
—No lo sabes. Y esa es la belleza del Mundo Distorsión. Todo es un reflejo de tu mente, de tus miedos, de tus deseos. Es como un espejo retorcido que te enfrenta a lo que eres realmente. Y ahí está el truco: si no tienes control sobre ti mismo, el lugar te consume.
—¿Te consume? —Repitió Gema, ahora con un toque de inquietud en su voz.
Gengar asintió, bajando su tono para añadir dramatismo.
—He visto almas atrapadas allí, incapaces de distinguir su realidad del caos. Sus voces resuenan como ecos interminables, pidiendo ayuda… pero ya es demasiado tarde. Se convierten en parte del paisaje, fragmentos de lo que alguna vez fueron.
Gema tragó saliva, intentando no mostrar que la descripción le daba escalofríos.
—¿Y tú? ¿Nunca has… perdido el control?
Por un momento, Gengar se quedó en silencio, y su habitual sonrisa se desvaneció un poco.
—Claro que sí. Todos lo hemos hecho alguna vez. —Se quedó flotando, mirando hacia un rincón oscuro del local como si reviviera un recuerdo amargo—. Hubo una vez en que casi quedo atrapado. Fue poco después de que me convirtiera en el emisario. No entendía cómo manejar el peso de mis miedos, y el Mundo Distorsión los usó contra mí. Giratina tuvo que intervenir.
—¿Te salvó? —Preguntó Gema, sorprendida.
Gengar asintió, volviendo a sonreír aunque esta vez con un toque melancólico.
—Digamos que me dio una lección… a su manera. Giratina no es alguien que te consuele o te dé ánimos. Simplemente te enfrenta a tu peor versión y te dice: —Si sobrevives, mereces estar aquí.
Gema dejó escapar un silbido bajo, impresionada.
—Eso suena brutal.
—Lo es —Dijo Gengar, encogiéndose de hombros—. Pero es necesario. El Mundo Distorsión no es para los débiles. Es un lugar de transformación, de purga. Si logras salir de allí, no eres el mismo de antes.
Gema se quedó pensativa, su mirada perdida en las sombras del local.
—Entonces… ¿crees que yo podría sobrevivir allí?
Gengar la miró fijamente, estudiándola.
—Tú tienes algo especial, Gema. Eres fuerte, pero no porque no tengas miedos, sino porque sabes reírte de ellos. Eso es lo que necesitas en ese lugar: la capacidad de enfrentarte a tus demonios sin dejar que te dominen.
Ella se cruzó de brazos, fingiendo indiferencia.
—No sé si tomar eso como un cumplido o una advertencia.
Gengar rió, recuperando su tono habitual.
—Tómalo como ambas cosas. Aunque espero que nunca tengas que ir allí. Créeme, no es un lugar para pasar las vacaciones.
La conversación se desvaneció en una cómoda complicidad mientras el silencio del local volvía a envolverlos. Pero las palabras de Gengar seguían resonando en la mente de Gema, dejándola con una mezcla de curiosidad y respeto hacia ese misterioso mundo del que él provenía.
El local había cambiado drásticamente en cuestión de días. Las luces mortecinas que antes apenas iluminaban ahora tenían un brillo misterioso pero cálido, atrayendo a Pokémon de todas partes. Desde pequeños Rattata hasta majestuosos Honchkrow, todos venían con curiosidad por el extraño pero acogedor refugio que Gema y Gengar habían creado. Afuera, un cartel tallado con cuidado en madera vieja anunciaba el nombre del lugar: —La Madriguera Espectral".
Sin embargo, ningún humano se atrevía a acercarse. La reputación de los fantasmas rondando el lugar mantenía a los curiosos a raya, lo que hacía que el local tuviera un aire exclusivo para los Pokémon.
Dentro, Gema estaba detrás del mostrador, atendiendo con una sonrisa sarcástica a un Murkrow que regateaba por una pequeña piedra brillante.
—Mira, querido, si quieres un descuento, tendrás que traerme algo más valioso que tu charla. Esto es una ganga, ¿oíste? —Dijo, haciendo un gesto exagerado.
Gengar flotaba cerca de una estantería reorganizando objetos con su típica expresión traviesa. De vez en cuando, lanzaba comentarios ocurrentes para entretener a los clientes. El lugar estaba animado, casi caótico, pero lleno de energía.
La tarde había caído sobre el pequeño vecindario abandonado, y el local de Gema y Gengar brillaba tenuemente con una luz etérea, como si estuviera suspendido entre dos mundos. Los Pokémon de la zona iban y venían, algunos entrando al local con curiosidad y otros quedándose afuera, observando desde las sombras con fascinación.
Dentro, Gema estaba organizando una vitrina con sus preciadas joyas y minerales, mientras Gengar se ocupaba de las "ofertas especiales": objetos extraños y enigmáticos que solo un fantasma podría encontrar interesantes. El ambiente era peculiarmente animado, aunque ningún humano se atrevía a acercarse.
De repente, la puerta principal se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de aire fresco. El sonido de la campanilla resonó con un eco agudo, y las miradas de todos los clientes presentes se volvieron hacia el umbral.
Fue entonces cuando la puerta rechinó al abrirse, y la campanilla que Gengar había colgado sonó con un eco melódico. Todos los presentes voltearon al unísono.
Norberto, el Riolu, fue el primero en entrar, mirando alrededor con sorpresa. A su lado estaban Penumbra, la Absol; Samantha, la Espeon; Javier, el Heracross; y Rihanna, la Riolu, quien parecía emocionada por la visita.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Norberto, entrecerrando los ojos para estudiar el interior lleno de detalles curiosos: estanterías repletas de gemas que brillaban con luz propia, frascos con niebla atrapada, y un candelabro que flotaba sin soporte aparente.
—Bienvenidos a La Madriguera Espectral, queridos clientes —Dijo Gema desde el mostrador, con una reverencia dramática y una sonrisa que mostraba todos sus dientes afilados—. El lugar donde tus sueños y tus miedos tienen precio, pero siempre es justo.
—Ni siquiera sabía que esto existía —Comentó Penumbra, mirando alrededor con ojos brillantes—. ¡Y vaya que me encantan los lugares con historia! Esto es como un castillo encantado, pero más... comercial.
—¡Ah, si no es mi querido cliente favorito! —Dijo Gema, alzando los brazos como si recibiera a la realeza.
Gengar se acercó flotando, su sonrisa habitual más amplia que nunca.
—¡Esto es increíble! —Exclamó Penumbra, sus ojos brillando con emoción—. Es como estar dentro de una historia de terror... ¡Me encanta!
—Es un lugar extraño, sin duda —Comentó Samantha, cruzando las patas mientras observaba con aparente desinterés, aunque sus orejas temblaban ligeramente por la atmósfera.
Gengar apareció flotando detrás del grupo, su sonrisa siniestra iluminada por un brillo travieso.
—Ah, la pandilla ha llegado. No puedo esperar para mostrarles mi sección especial, aunque no garantizo que salgan con la misma cordura con la que entraron.
Javier se rascó la cabeza, incómodo.
—¿Esto es... seguro?
—Oh, claro que sí, Heracross querido —Dijo Gema, acercándose a él con un gesto teatral—. Siempre y cuando no toques nada que no debas.
Rihanna miró las estanterías con ojos curiosos.
—¿De dónde sacaron tantas cosas raras?
—Historias largas, mi pequeña amiga —Respondió Gengar, cruzando los brazos mientras flotaba hacia el centro del local—. Cada objeto tiene un pasado... y algunos, un futuro que todavía no han revelado.
Norberto frunció el ceño, acercándose al mostrador.
—¿Qué estás tramando ahora, Gema? Esto no se parece a nada que hayamos visto antes.
Gema apoyó los codos en el mostrador y sonrió, divertida.
—¿Tramar? Por favor, Norberto. Esto es solo un negocio humilde. Un sueño hecho realidad.
—¿Y el toque fantasmagórico? —Preguntó Samantha con sarcasmo.
—Ese es el encanto —Respondió Gengar, girando en el aire con un gesto dramático—. Ahora, díganme, ¿están aquí como clientes, o solo vinieron a admirar nuestra obra maestra?
El grupo intercambió miradas. Finalmente, Penumbra alzó la voz, llena de entusiasmo.
—¡Quiero una visita guiada!
Gema rió entre dientes y se enderezó, mirando a Gengar con complicidad.
—Creo que podemos arreglar algo especial para nuestros invitados de honor.
El grupo avanzó hacia el interior del local, mientras la misteriosa atmósfera del lugar parecía intensificarse con cada paso.
Mientras Gema y Gengar lideraban la improvisada visita guiada, Norberto se quedó rezagado, observando los objetos expuestos en las estanterías. Su atención se detuvo en una vitrina iluminada con una luz tenue y mística, donde reposaba un collar de plata con un delicado cristal azul en forma de lágrima.
El collar brillaba como si contuviera una diminuta estrella atrapada en su interior. Había algo en él que le pareció perfecto, aunque no estaba seguro del porqué.
—¿Te gusta? —Preguntó la tipo siniestro-fantasma, acercándose con una sonrisa astuta mientras notaba su expresión.
Norberto asintió lentamente.
—Es... hermoso. ¿Cuánto cuesta?
Gema ladeó la cabeza, calculadora como siempre.
—Para ti, amigo mío, un precio especial. Pongamos... un favor a cambio.
Norberto arqueó una ceja.
—¿Qué tipo de favor?
Gema se encogió de hombros, misteriosa.
—Nada que no puedas manejar. Confía en mí.
El Riolu lo pensó un momento antes de asentir.
—Hecho. Me lo llevo.
Gema sacó el collar con cuidado, entregándoselo mientras murmuraba con tono travieso:
—Espero que sea para alguien especial.
Norberto tomó el collar y caminó hacia Rihanna, quien estaba observando una estantería cercana. Al darse cuenta de su presencia, ella lo miró curiosa.
—¿Qué tienes ahí? —Preguntó Rihanna, inclinando la cabeza.
—Algo que creo que te gustará —respondió Norberto con una sonrisa tímida, alzando el collar para que lo viera.
Rihanna abrió los ojos con sorpresa, llevándose las patas al rostro.
—¿Para mí?
—Claro. Pensé que se vería hermoso en ti.
Sin esperar una respuesta, Norberto se acercó para ponérselo alrededor del cuello. El cristal azul relucía con una calidez especial, como si estuviera hecho para ella.
Rihanna bajó la mirada hacia el collar, y luego alzó los ojos hacia Norberto, completamente sonrojada. Sus orejas temblaban, y por un momento, no dijo nada.
De repente, se lanzó hacia él, abrazándolo con fuerza.
—¡Gracias! Es... es precioso.
Antes de que Norberto pudiera reaccionar, Rihanna lo besó suavemente en la mejilla, y luego en los labios, sin pensar en quién los miraba. La escena era tan dulce que parecía sacada de un cuento de hadas.
Penumbra hizo un ruido exagerado, como si estuviera a punto de desmayarse.
—¡Esto es demasiado para mi delicado corazón! ¡Norberto, eres todo un príncipe de cuento!
Javier se rascó la cabeza, incómodo.
—Bueno, esto se puso... meloso.
Samantha rodó los ojos, aunque una ligera sonrisa se asomó en sus labios.
—No pueden evitarlo, ¿verdad?
Gema, mientras tanto, observaba la escena con una sonrisa de satisfacción, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y ternura.
—Un buen negocio, ¿no, Gengar? —Susurró, mirando de reojo al fantasma.
Gengar flotaba cerca, disfrutando del momento.
—Definitivamente. Estos chicos saben cómo animar el ambiente.
Rihanna seguía abrazando a Norberto, quien estaba completamente rojo, pero no parecía molesto en lo más mínimo. El resto del grupo se unió a la conversación, intentando aligerar la atmósfera y riendo mientras la visita al local tomaba un giro mucho más personal y memorable.
Rihanna, todavía abrazada a Norberto, no podía evitar mirarlo con una mezcla de ternura y emoción. Su cola se movía suavemente de un lado a otro, y su voz salió más dulce de lo habitual.
—De verdad, Norberto, nunca imaginé que podrías ser tan atento... Eres el Riolu más increíble del mundo.
Norberto, aunque intentaba mantener la compostura, se sonrojó aún más.
—Bueno... yo solo quería que supieras cuánto significas para mí.
Rihanna se inclinó un poco más, pegando su frente contra la de él.
—¡Eres un amor! Prometo cuidar este collar como si fuera mi mayor tesoro.
Mientras tanto, el resto del grupo observaba la escena desde una prudente distancia, aunque la "prudencia" era relativa. Penumbra fue la primera en romper el silencio, haciendo un gesto exagerado con una pata sobre el pecho.
—¡Ay, por Arceus! Esto es tan empalagoso que siento que voy a derretirme.
Javier bufó, cruzando los brazos.
—Más bien me están dando diabetes. ¿Cómo pueden ser tan cursis en público?
Gema, apoyada en el mostrador, sonrió de lado, claramente disfrutando de la incomodidad de los demás.
—Yo digo que los dejemos. El amor joven es... inspirador. Aunque admito que me están tentando a cobrarles un extra por espectáculo romántico.
Samantha suspiró, llevándose una pata a la frente.
—¿No tienen algo más útil que hacer? Quizás salvar el mundo, entrenar, no sé... cualquier cosa menos esto.
Gengar flotaba cerca, sosteniéndose el estómago de tanto reír.
—No puedo decir que no sea entretenido. Aunque, francamente, estoy impresionado. Nunca creí que Norberto tuviera este lado tan... apasionado.
Norberto, al escuchar los comentarios, intentó apartarse ligeramente de Rihanna, claramente incómodo.
—¡Oigan, basta! ¡No es para tanto!
Pero Rihanna no lo soltó, abrazándolo con más fuerza y mirando al resto con una sonrisa descarada.
—¿Y qué si somos cursis? No todos pueden tener esto.
Penumbra lanzó un dramático suspiro.
—Claro, claro, lo que digas, princesa enamorada. Solo ten en cuenta que algunos de nosotros aún tenemos dignidad que proteger.
Samantha añadió con tono sarcástico:
—Y paciencia limitada, por cierto.
Rihanna, sin inmutarse, se giró para mirar a Norberto otra vez, ignorando por completo a los demás.
—No les hagas caso. Son unos envidiosos.
Norberto rió nerviosamente, acariciando la cabeza de Rihanna.
—Quizás deberíamos bajar un poco el tono, ¿no?
—¿Por qué? —Preguntó Rihanna, fingiendo sorpresa—. Si te sientes avergonzado, siempre puedes decirme que te deje ir...
—No es eso... —Murmuró Norberto, claramente derrotado.
Javier rodó los ojos y murmuró en voz baja hacia Penumbra.
—Ya es oficial. Nos están torturando a propósito.
Penumbra asintió con solemnidad.
—Si sobrevivimos a esto, definitivamente merecemos una medalla.
Gema, con una mirada traviesa, golpeó el mostrador con suavidad para llamar la atención.
—Bueno, chicos, este local es para negocios, no para telenovelas románticas. Así que, a menos que quieran pagarme por presenciar el espectaculo, sugiero que llevemos esta reunión a otro lugar.
La sugerencia de Gema arrancó una risa general, incluso de Norberto y Rihanna, quienes al final se separaron, aunque con miradas furtivas y sonrisas cómplices. La incómoda, pero al final entrañable, escena quedó grabada en la memoria de todos, como uno de esos momentos que todos fingirían olvidar, pero que siempre traerían a colación para molestar a la pareja en el futuro.
La tienda de Gema y Gengar tenía una atmósfera que oscilaba entre lo misterioso y lo inquietante. Las luces oscilaban suaves, proyectando sombras que parecían bailar sobre las paredes llenas de objetos extraños y curiosos. Javier y Samantha deambulaban por los estantes, inspeccionando máscaras antiguas, espejos que parecían devolver miradas perturbadoras, y amuletos que desprendían una leve energía oscura.
Absol, siempre directa y con un toque dramático, se apoyó en el mostrador frente a Gema.
—Sabes, amiga, esta tienda tiene potencial. ¿Por qué no me haces tu socia? —Dijo con una sonrisa desafiante—. Podríamos duplicar las ventas.
Gema levantó una ceja, algo divertida.
—¿Socia? ¿En qué podrías ayudar tú, Penumbra? ¿Ahuyentando a los clientes con tus profecías de desastre?
—¡Ja! —Exclamó Penumbra, llevándose una pata al pecho como si la acusación la hubiera herido—. Claro que no. Podría ser la imagen de la tienda, atraer a los Pokémon más valientes y curiosos. Mi presencia garantiza exclusividad.
Gengar, que flotaba cerca revisando un viejo baúl, soltó un bufido indiferente.
—Sí, claro. Como si necesitáramos más drama aquí. Pero haz lo que quieras, Gema. Total, esta tienda ya es un caos de todas formas.
Penumbra frunció el ceño, mirándolo con desprecio.
—¿Sabes, Gengar? Tu actitud le quita todo el encanto al negocio.
—Y tú le pones demasiado encanto. Quizás estamos equilibrados, ¿no crees? —Respondió Gengar con una sonrisa burlona antes de desaparecer en las sombras de la tienda.
Mientras tanto, Javier y Samantha estaban inmersos en los objetos que habían llamado su atención. Javier sostenía un antiguo cetro con inscripciones en una lengua perdida, mientras Samantha inspeccionaba un medallón que parecía latir como si tuviera vida propia.
—No sé qué es esto, pero me da un mal presentimiento —Comentó la Espeon, frunciendo el ceño mientras sostenía el medallón con la cola.
—Tal vez deberías dejarlo donde lo encontraste —Dijo Javier, colocando cuidadosamente el cetro de vuelta en su lugar—. No queremos desencadenar alguna maldición ancestral o algo así.
De pronto, una intensa energía empezó a emanar de un estante cercano, llamando la atención de todos. Allí, entre una colección de cristales y piedras preciosas, la gema siniestro parecía pulsar con una energía extraña, como si tuviera vida propia.
Absol fue la primera en acercarse, guiada por su naturaleza de detectar desastres. Sus ojos se entrecerraron al analizar la gema.
—Esto... no es algo común. Siento algo... peligroso.
Gema se acercó con cautela, observando la gema con un brillo curioso en sus ojos.
—No recuerdo haber traído esta pieza aquí… A menos que… A si cierto, lo habia olvidado por completo.
Gengar apareció, materializándose junto al estante. Sus ojos se fijaron en la gema con una mezcla de fascinación y recelo.
—Esa cosa... no es un simple adorno. Siento algo extraño en su energía, como si tratara de hablarme.
Javier y Samantha se acercaron con precaución, manteniendo una distancia segura.
—¿Qué crees que sea? —Preguntó la tipo psquico, bien desconfiada.
Gema extendió una mano para tomar la gema, pero Penumbra la detuvo con un movimiento rápido.
—Espera. No sabemos qué podría hacer.
Gema sonrió, una sonrisa nerviosa pero decidida.
—Por eso debemos investigarla, ¿no? Si está aquí, debe ser por algo.
—O tal vez no deberíamos tocarla en absoluto —Replicó Gengar, cruzando los brazos—. Estas cosas nunca terminan bien.
La gema pulsó nuevamente, como si estuviera reaccionando a la conversación. El grupo se miró entre sí, una mezcla de intriga y temor llenando la habitación.
—Entonces, ¿qué hacemos con ella? —Preguntó Javier, rompiendo el tenso silencio.
Gema miró la gema fijamente, su curiosidad venciendo a su prudencia.
—La analizaremos. Si tiene respuestas, las encontraremos. Pero debemos ser cautelosos.
Gengar suspiró, flotando a un lado.
—Espero que esto no sea el comienzo de otro desastre, como la ultima vez.
Mientras tanto, la gema siniestro continuaba pulsando en su lugar, como si esperara el momento adecuado para revelar sus secretos.
Gengar, que seguía flotando cerca del estante donde estaba la gema oscura, dejó escapar un largo suspiro, rompiendo el silencio que había invadido la tienda. Su mirada púrpura y profunda se fijó en el grupo, y su tono adquirió una gravedad que no solía tener.
—Esa no es cualquier gema —Dijo con una seriedad que heló el ambiente—. Es una Gema Siniestra.
El grupo lo miró en completo silencio, esperando que continuara. Gengar señaló la gema, que parecía pulsar con más intensidad, como si respondiera a sus palabras.
—Potencia a los Pokémon de tipo siniestro de una manera brutal. Puede hacer que sus movimientos sean más fuertes, más letales. Pero... hay un precio.
Absol fue la primera en intervenir, con los ojos entrecerrados.
—¿Qué clase de precio?
Gengar cruzó los brazos, flotando lentamente alrededor de la habitación.
—La gema corrompe a quien la usa. No de inmediato, claro, pero a medida que te alimentas de su poder, empieza a tomar el control. Amplifica tus emociones más oscuras, tus miedos y tu ira... hasta que pierdes el juicio por completo.
El grupo intercambió miradas inquietas. Penumbra, visiblemente incómoda, se apartó de la gema, mientras
Javier se acercaron más a Gengar, buscando respuestas.
—¿Y qué hacemos con esto? —Preguntó Samantha, su voz contenida pero preocupada—. No podemos simplemente dejarla aquí.
Gengar se detuvo frente a la gema y señaló con una de sus manos espectrales.
—No es solo esta gema lo que me preocupa. Hay alguien más ahí afuera que la quiere.
Gema arqueó una ceja, su curiosidad mezclada con un creciente temor.
—¿Quién?
El rostro de Gengar se oscureció aún más.
—Un Tyranitar. Loco. Devastador. Está obsesionado con reunir las gemas elementales, como esta, para algún propósito que todavía no entiendo. Lo único que sé es que dondequiera que va, deja caos y destrucción. Y si se entera de que esta gema está aquí, no duden ni por un segundo que vendrá por nosotros.
El aire en la tienda pareció volverse más pesado. Javier dejó escapar un resoplido, cruzando los brazos.
—Genial. ¿Cómo se supone que lidiemos con eso?
—No lo hacemos solos —Respondió Gengar, con una sonrisa tensa—. Necesitamos decidir rápido qué hacer con esta gema. Si se queda aquí, será como colgar un letrero que diga "Ven y tómala".
Gema, sin apartar los ojos de la gema, habló con un tono más firme de lo habitual.
—No podemos dejar que alguien como ese Tyranitar la obtenga. Podríamos estar condenando a muchos si lo hace.
Absol asintió lentamente, sus garras tamborileando contra el suelo.
—Entonces debemos esconderla o destruirla.
Gengar negó con la cabeza.
—Destruirla no es una opción sencilla. Las gemas elementales son casi indestructibles. Además, si esta gema ya está activa, lo más probable es que el Tyranitar la sienta de alguna manera. Va a venir, les guste o no.
El grupo cayó en silencio, mientras todos procesaban la gravedad de la situación. Samantha rompió el momento con una pregunta directa.
—¿Entonces qué hacemos?
Gengar sonrió con un brillo retorcido en los ojos, como si ya tuviera un plan.
—Nos preparamos. Si ese Tyranitar viene por nosotros, no seremos simples víctimas. Le demostraremos que meterse con esta tienda y este grupo fue su peor error.
La gema pulsó una vez más, como si respondiera al desafío implícito en las palabras de Gengar. Los Pokémon intercambiaron miradas decididas. Había llegado el momento de enfrentarse no solo a la amenaza de la gema, sino también a un enemigo que los obligaría a probar su fuerza y su unión como equipo.
El ambiente en la tienda se tornó aún más denso tras las palabras de Gengar. Pero entonces, Gema, Absol y Samantha se quedaron inmóviles por un momento, sus miradas perdidas en recuerdos lejanos.
Fue Absol quien rompió el silencio, con la voz temblorosa, aunque trataba de sonar serena.
—Esa energía... Es igual a la que sentimos en Ciudad Pirita.
Samantha dejó caer sus orejas, visiblemente alterada. Dio un paso atrás, negando con la cabeza repetidamente.
—No... no puede ser. Es lo mismo. Es lo mismo.
Gema entrecerró los ojos, llevándose una mano al mentón.
—Ahora que lo mencionas... Tienes razón, Absol. Esa vez... cuando ese Tyranitar apareció de la nada y casi destruye la ciudad entera.
Samantha, temblando, se acercó de un salto hacia la gema oscura.
—¡No podemos dejar que esta cosa exista! ¡Si esa cosa tiene algo que ver con ese monstruo, tenemos que destruirla ahora mismo!
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Samantha intentó golpear la gema con un Psicocorte. La hoja psíquica brilló, cortando el aire en dirección a la gema, pero Gengar apareció en un parpadeo y bloqueó el ataque con una de sus manos espectrales.
—¡No tan rápido! —exclamó Gengar con un tono firme y autoritario, algo poco común en él—. ¿Quieres destruir la tienda, Espeon? ¿O acaso atraer la atención de ese Tyranitar ya mismo?
Samantha respiraba agitadamente, con las pupilas dilatadas, mientras Gengar la apartaba con suavidad.
—Relájate, Samantha. No vamos a resolver nada perdiendo la cabeza.
Javier, que hasta ese momento había permanecido en silencio, levantó una ceja y miró a todos con evidente confusión.
—¿Alguien me puede explicar qué diablos está pasando? ¿Qué es eso de Ciudad Pirita? ¿Y por qué parece que esta gema les hace entrar en pánico?
Gema lo miró de reojo, tratando de recuperar la compostura.
—Ciudad Pirita... fue un desastre. Hace unos meses, Tyranitar apareció allí buscando otra gema elemental. Todo el lugar quedó reducido a escombros. Fue puro caos. Apenas logramos salir con vida.
Absol asintió con vehemencia, claramente afectada.
—Ese ataque... fue lo peor que he sentido en mi vida. Mi radar para desastres se activó al máximo. Sabía que algo iba a pasar, pero nunca imaginé que sería tan devastador.
Javier se cruzó de brazos, aún más confundido.
—¿Y qué tiene que ver esta gema con eso?
Fue Gengar quien tomó la palabra esta vez, flotando alrededor del grupo como si les contara un cuento de terror.
—Las gemas elementales no solo tienen un poder inmenso, sino que también están conectadas entre sí. Si ese Tyranitar está buscando todas las gemas, significa que puede sentirlas. Y si esta está aquí, no pasará mucho tiempo antes de que sepa dónde estamos.
Un silencio tenso llenó la habitación. Absol comenzó a caminar en círculos, abrumada.
—¡Esto es un desastre! ¡Un desastre en potencia! Deberíamos esconderla, enterrarla, ¡lo que sea para que no la encuentre!
Gema frunció el ceño, evaluando la situación.
—No podemos dejar que esa cosa caiga en sus manos, pero tampoco podemos destruirla. Y tampoco podemos huir con ella...
Samantha, aunque más tranquila tras las palabras de Gengar, no pudo evitar lanzar una mirada de odio hacia la gema.
—Entonces, ¿qué propones? ¿Esperar a que nos ataquen?
Gengar sonrió de lado, mostrando sus afilados colmillos.
—No. Nos preparamos. Usaremos esta gema como cebo. Si ese Tyranitar viene por nosotros, le daremos la pelea de su vida.
Javier chasqueó la lengua y se rascó la cabeza.
—Sigo sin entender por qué no podemos simplemente deshacernos de ella, pero bueno, supongo que eso está fuera de la mesa.
Mientras tanto, Gema seguía observando la gema oscura, una mezcla de determinación y preocupación en su rostro. Finalmente, habló, su voz más firme que antes.
—Sea lo que sea que venga, no dejaremos que destruya nuestra tienda ni a esta ciudad. Pero debemos actuar rápido. Esto ya no es solo nuestro problema... es un problema para todos.
El grupo intercambió miradas. Aunque el miedo estaba presente en cada uno de ellos, también había algo más: una chispa de valor. La amenaza del Tyranitar loco era real, pero esta vez, no estaban solos.
Mientras la conversación se tornaba más tensa, un Prinplup, que había entrado discreto al local hacía unos minutos, permanecía al margen, fingiendo observar los artilugios en los estantes. Su mirada se deslizaba con aparente interés sobre las joyas y objetos misteriosos, pero sus oídos estaban claramente atentos a cada palabra que se decía cerca del mostrador.
Sostenía un pequeño amuleto de cristal en su aleta, girándolo como si evaluara si valía la pena comprarlo. Sin embargo, cada tanto, su mirada se desviaba sutilmente hacia el grupo. Cuando escuchó mencionar a Tyranitar y la gema siniestro, sus ojos se entrecerraron, aunque trató de mantener la compostura.
Gengar fue el primero en notarlo, aunque no dijo nada de inmediato. Su sonrisa socarrona permaneció en su rostro mientras continuaba flotando cerca de los demás. Sin embargo, de reojo observaba al Prinplup, notando cómo sus movimientos eran demasiado mecánicos para alguien realmente interesado en los productos.
—¿Y si simplemente encontramos un lugar seguro fuera de la ciudad y la escondemos? —Sugirió Absol, quien continuaba caminando en círculos.
—¿Y dejar la ciudad vulnerable? —Respondió Samantha, todavía con la mirada fija en la gema. —Si Tyranitar viene aquí, necesitamos estar listos para enfrentarlo.
—Qué interesante dilema —Comentó Gengar, sin dejar de vigilar al Prinplup con el rabillo del ojo. Entonces, se giró abruptamente hacia él—. ¿Y tú qué opinas, amigo?
El Prinplup se congeló por un instante, por supuesto tomado por sorpresa. Se aclaró la garganta, tratando de sonar relajado.
—¿Eh? ¿Yo? Solo estaba viendo este... erm, este bonito amuleto. Nada más.
Gema levantó una ceja, cruzando los brazos mientras lo observaba con suspicacia.
—¿Seguro? Porque parece que estabas bastante atento a nuestra conversación.
El Prinplup se rascó la nuca, riendo nerviosamente.
—Bueno, no quería interrumpir ni nada... pero sí, escuché un poco. Es difícil no hacerlo cuando están hablando de algo tan... fascinante.
Gengar se acercó flotando, con una sonrisa que mostraba más colmillos de lo usual.
—¿Fascinante, eh? ¿Por qué no nos cuentas qué es lo que te pareció tan interesante?
El Prinplup dio un paso atrás, sosteniendo el amuleto como si fuera un escudo.
—No quería entrometerme, pero... suena como si estuvieran lidiando con algo grande. Y cuando mencionaron a Tyranitar... bueno, digamos que he oído historias.
Javier, aún con cara de desconcierto, intervino.
—¿Qué tipo de historias?
El Prinplup suspiró, resignado a que no podía evitar involucrarse.
—Escuché rumores mientras viajaba por otras ciudades. Tyranitar no solo está buscando esas gemas. Está formando un ejército. Se dice que quiere reunir todo el poder de las gemas elementales para convertirse en algo más fuerte, más temible.
El grupo intercambió miradas alarmadas. Samantha fue la primera en reaccionar.
—Eso solo confirma que debemos destruir esta gema. No podemos dejar que algo así caiga en sus manos.
—¿Y cómo sabes tanto? —Preguntó Gema, su mirada aguda clavada en el Prinplup.
El Pokémon de agua titubeó, mirando a su alrededor como si buscara una salida. Finalmente, suspiró y bajó la voz.
—Porque... he estado siguiéndolo. Intentando averiguar cuáles son sus planes. Y si ustedes tienen una de esas gemas... están en peligro. Todos lo estamos.
Un silencio pesado cayó sobre la tienda. Incluso Gengar, que siempre parecía tener un comentario sarcástico preparado, se mantuvo callado por unos instantes. Luego, fue Gema quien rompió el silencio.
—Si realmente sabes tanto, entonces también sabes que no vamos a huir. Vamos a enfrentarlo, con o sin tu ayuda.
El Prinplup asintió.
—No esperaba menos. Pero si de verdad quieren pelear, necesitarán más que solo valentía. Tyranitar no es cualquier enemigo.
Gengar sonrió de lado, recuperando su tono habitual.
—Bien, entonces parece que tienes mucho que contarnos, amigo. ¿Qué tal si nos das los detalles mientras preparamos una buena taza de té?
El Prinplup, aunque algo incómodo, asintió. Mientras el grupo se preparaba para escuchar, la gema oscura, aún reposando en el mostrador, parecía brillar con una luz tenue y ominosa, como si la misma oscuridad estuviera atenta a lo que sucedía.
El Prinplup, aparentemente tranquilo, dejó escapar una sonrisa nerviosa mientras trataba de mantener la conversación en el plano casual. Sin embargo, Gengar no apartaba los ojos de él. Algo en su actitud le seguía pareciendo extraño, y su constante presencia en la tienda comenzaba a levantar más sospechas de las que el pingüino parecía capaz de disipar.
—Sabes, amigo —Comentó Gengar, flotando despreocupadamente mientras jugueteaba con una pequeña joya entre sus manos—, últimamente vienes mucho por aquí. Más de lo que cualquier cliente promedio lo haría. ¿Es que nuestras ofertas son tan irresistibles o hay algo más que te atrae?
El Prinplup rio, pero su risa sonaba forzada.
—¿Qué puedo decir? Me gusta este lugar. Tiene... encanto.
—Ajá. —Gengar lo miró con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Luego dejó de jugar con la joya y se inclinó hacia el pingüino, su tono de voz descendiendo hasta casi un susurro—. ¿Sabes lo que no tiene encanto? Cuando alguien viene a mi tienda a olisquear más de la cuenta.
La atmósfera en la tienda se tensó de inmediato. Gema cruzó los brazos, observando al Prinplup con una mirada severa. Absol dejó de caminar en círculos y fijó su atención en el visitante, mientras su radar de desastres comenzaba a palpitar con fuerza. Samantha frunció el ceño, dando un paso hacia adelante, lista para intervenir si era necesario. Javier, por otro lado, solo levantó una ceja, aún tratando de procesar lo que estaba ocurriendo.
El Prinplup retrocedió , levantando las aletas en un gesto defensivo.
—Oigan, no tienen que ponerse así. Solo soy un cliente curioso, nada más.
—¿Curioso, dices? —Gengar rió, pero era una risa fría, sin humor. Se cruzó de brazos, flotando justo frente al Prinplup—. ¿Entonces por qué tus amigos están justo afuera, esperando el momento perfecto para entrar?
El grupo se quedó helado. Gema fue la primera en reaccionar.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando, Gengar?
—Oh, querida. —Gengar giró hacia ella, sin dejar de mirar al Prinplup de reojo—. Nuestro "cliente regular" no está aquí solo. Sus aliados están acercándose. Lo siento en el aire. Y considerando que sabe tanto sobre Tyranitar, apostaría mi sombra a que trabaja para él.
El Prinplup dejó de fingir. Su expresión relajada desapareció, reemplazada por una mirada fría y calculadora.
—Eres más listo de lo que pareces, espectro. Pero eso no importa ahora.
Sin más preámbulos, lanzó un poderoso Hidrobomba directo hacia el grupo, tomando a todos por sorpresa. El ataque impactó en una estantería, haciendo que varios objetos cayeran al suelo con un estruendo. Samantha reaccionó rápidamente, creando una barrera psíquica para proteger a Absol y Javier, quienes apenas alcanzaron a esquivarlo.
—¡Lo sabía! —Gritó Gengar, esquivando ágil y flotando hacia el techo para ganar ventaja—. ¡Siempre supe que este pingüino tenía malas intenciones!
—¡Se los dije! ¡El radar del drama nunca falla! —Exclamó Absol mientras se ponía en guardia, sus ojos brillando con determinación.
—¡Deja de gritar y haz algo! —Le reclamó Samantha, enfocando su energía en lanzar un Psicocorte hacia el Prinplup, quien lo bloqueó con un rápido movimiento de agua.
—Tienen algo que nos pertenece —dijo el Prinplup con una voz fría, mientras avanzaba lentamente hacia la gema oscura—. Y Tyranitar no acepta un "no" como respuesta.
Gema, furiosa, se colocó frente al mostrador, bloqueando el camino hacia la gema.
—¡Pues dale este mensaje de mi parte! ¡Si quiere algo, que venga él mismo a buscarlo!
—Valiente, pero estúpido —respondió el Prinplup. De un movimiento rápido, lanzó un Rayo de Hielo hacia Gema, pero esta lo esquivó con facilidad, contraatacando con un poderoso Joya de Luz que lo hizo retroceder.
Gengar, mientras tanto, comenzó a reír.
—¿De verdad crees que puedes enfrentarte a mí y a mis amigos? Oh, esto será divertido.
El ambiente en la tienda se llenó de tensión, mientras el grupo se preparaba para una batalla inesperada. Afuera, sombras comenzaban a moverse, anunciando la llegada de los aliados del Prinplup. La pequeña tienda, ahora llena de energía oscura y determinación, se convirtió en el epicentro de un conflicto que apenas comenzaba.
Samantha tomó un profundo respiro, cerrando los ojos mientras comenzaba a concentrarse. La energía psíquica a su alrededor se intensificó, creando un Reflejo que cubrió al grupo como una barrera luminosa. Su mirada se volvió serena mientras canalizaba su poder interior con Paz Mental, preparándose para enfrentarse al enemigo con calma y precisión.
—¡Esto se está saliendo de control! —Gritó Gema mientras esquivaba otro Rayo de Hielo lanzado por el Prinplup, ahora identificado como Gerardo. Con un movimiento rápido, invocó llamas espectrales que envolvieron al pingüino en un Fuego Fatuo, causando que este retrocediera, parcialmente envuelto en el fulgor azul.
—¡No tienes derecho a hacer esto en mi tienda! —Espetó Gema, sus ojos brillando con intensidad mientras conjuraba un Rayo Confuso. Las ondas psíquicas golpearon a Gerardo, quien comenzó a tambalearse, sus ataques perdiendo precisión a medida que su mente se nublaba.
Absol, mientras tanto, permanecía inmóvil por un momento, cerrando los ojos y dejando que su energía acumulada creciera. La afilada hoja en su cabeza brilló peligrosamente mientras ejecutaba una Danza Espada, potenciando su fuerza para el próximo ataque.
—¡Gema, detrás de ti! —Gritó Samantha, quien, aunque seguía en su trance de concentración, mantenía un ojo en el campo de batalla.
—¡Lo tengo controlado! —Respondió Gema, con una sonrisa desafiante.
Javier, en cambio, se quedó petrificado, mirando todo con los ojos abiertos de par en par.
—¿Qué demonios está pasando? —Murmuró, claramente fuera de su elemento. Su cuerpo temblaba, incapaz de decidir si debería intervenir o simplemente quedarse fuera del camino.
Gengar, por su parte, observaba todo desde una esquina, apoyado sobre una estantería con los brazos cruzados. Su sonrisa permanecía intacta, pero había un destello de curiosidad y cálculo en sus ojos.
—Esto se está poniendo interesante —Murmuró para sí mismo—. Vamos, Gerardo. Muéstrame de qué estás hecho.
Gerardo, aunque envuelto en llamas y confundido, no se detuvo. Lanzó un Rayo Hielo tras otro, sin dirección ni control. Las paredes de la tienda comenzaron a congelarse, las estanterías se cubrieron de escarcha, y los objetos en los mostradores se cristalizaron bajo la fuerza del frío.
—¡Está congelando todo el lugar! —Gritó Gema, mirando con horror cómo su tienda empezaba a parecer una cueva helada.
—¿Esto es lo mejor que tiene Tyranitar? —Dijo Absol con sarcasmo, dando un paso al frente mientras sus músculos se tensaban, listo para atacar. Su hoja brillaba intensamente, cargada con la energía acumulada de la Danza Espada.
—¡Deténganlo antes de que destruya todo! —Gritó Samantha, quien había terminado de canalizar su Paz Mental y ahora preparaba un ataque psíquico más fuerte.
El campo de batalla era un caos. Gema intentaba proteger la gema oscura mientras se movía ágilmente por el lugar, Absol se preparaba para lanzar un golpe devastador, y Gerardo seguía congelando todo a su alrededor como si hubiera perdido completamente el control.
—¿Qué esperas, Javier? ¡Haz algo! —Gritó Absol, mirando al Heracross que seguía inmóvil en una esquina.
—¡Yo...! ¡No sé qué hacer! —Respondió Javier, su voz temblando.
—Entonces, quédate ahí y no estorbes —Dijo Gengar, flotando tranquilamente mientras el caos se desataba frente a él. Su sonrisa se ensanchó aún más—. Esto apenas está empezando.
La batalla alcanzaba su punto más álgido, y mientras los ataques volaban en todas direcciones, el destino de la tienda, y posiblemente de todos los presente, pendía de un hilo.
El caos en la tienda aumentó cuando, de repente, una teletransportación iluminó el lugar. Entre la bruma helada apareció Amelia, una Kirlia de porte elegante y mirada decidida. Con un rápido movimiento, se colocó junto a Gerardo, su aliado, quien seguía lanzando Rayo Hielo descontroladamente.
—¿Llegas tarde, Amelia? —Dijo Gerardo con una mezcla de sarcasmo y tensión mientras esquivaba un fragmento de hielo que voló cerca de su cabeza.
—Solo estoy a tiempo para acabar con ustedes —Respondió Amelia con una sonrisa tranquila, aunque sus ojos brillaban con determinación. Alzó sus brazos y, sin perder un instante, usó Psíquico. Una ola de energía brillante barrió el lugar, haciendo que varias estanterías temblaran y los objetos flotaran antes de ser lanzados al azar.
Gema reaccionó rápido, invocando su Juego Sucio.
—¿Crees que puedes asustarme con eso? —Gritó, dirigiendo un ataque cargado de energía oscura hacia Amelia, quien lo desvió hábil con un escudo psíquico.
Absol, por su parte, no esperó más. Viendo a Amelia ocupada, lanzó un Golpe Bajo, moviéndose rápido como una bala. El ataque logró alcanzar a Kirlia, empujándola hacia atrás y rompiendo su concentración.
—¡Impertinente! —Exclamó Amelia, recuperándose rápidamente y usando Beso Drenaje contra Absol, robándole parte de su energía y curándose al mismo tiempo.
Mientras tanto, Gerardo, aún bajo los efectos del Fuego Fatuo y la Confusión, seguía lanzando Rayo Hielo indiscriminadamente. Uno de los ataques, más poderoso y amplio que los anteriores, se dirigió hacia el grupo. Aunque Gengar se desvió flotando, Javier no tuvo la misma suerte.
—¡Cuidado, Javier! —gritó Samantha, pero era demasiado tarde. El Rayo Hielo alcanzó al Heracross, cubriéndolo por completo en una gruesa capa de hielo.
—¡Javier! —Gritó Gema, girando hacia él. Por un momento, su atención se dividió, y Amelia aprovechó para atacar con Psíquico, lanzándola contra una de las estanterías.
Gengar, flotando tranquilamente y aún observando la escena, finalmente habló con un suspiro de resignación.
—Esto se está poniendo demasiado interesante. Pero, ¿no creen que están exagerando un poco? Mi tienda, después de todo, no es un campo de batalla.
—¡Entonces haz algo! —Gritó Samantha, aún concentrándose en proteger al grupo con Reflejo, mientras buscaba una oportunidad para usar sus habilidades.
Gengar sonrió con indiferencia.
—No me malinterpreten. Es divertido ver cómo manejan esto. Pero si siguen rompiendo cosas, tendré que empezar a cobrarles.
Amelia, aún flotando grácilmente en el aire, ignoró la provocación de Gengar y dirigió su atención a Samantha.
—¿Por qué no se rinden ya? Todo esto podría terminar si simplemente nos entregan la gema.
—¡Ni en tus sueños! —Gritó Gema, levantándose tambaleante tras el golpe, sus ojos brillando con furia. Con otro Juego Sucio, lanzó un ataque cargado hacia Amelia.
El aire se llenó de tensión, el frío seguía intensificándose, y las energías de ambos bandos chocaban en un duelo que parecía no tener fin. Samantha sabía que, aunque la situación era crítica, el equipo debía encontrar una forma de coordinarse rápido si querían salir de allí con vida y con la gema a salvo.
El fragor de la batalla alcanzaba su punto más caótico. Gema y Absol, tras un esfuerzo conjunto que drenó su energía, cayeron al suelo debilitados. Amelia, aunque lograba mantenerse en pie, mostraba signos de agotamiento. Su vestido etéreo estaba chamuscado, prueba de las quemaduras infligidas por el Fuego Fatuo de Gema. Gerardo, por su parte, ya no podía mantenerse firme tras haber recibido múltiples ataques oscuros; su cuerpo finalmente cedió, y el pingüino se desplomó con un estruendo.
—Bueno, bueno... —Dijo Gengar, flotando hacia el ahora inmóvil Prinplup, su sonrisa más amplia que nunca. Sus movimientos eran deliberadamente lentos mientras estiraba una mano fantasmal hacia las aletas del derrotado. Con un leve tirón, recuperó la gema siniestra, que brillaba débil bajo la luz tenue del local. La levantó y la examinó como si fuera un premio bien merecido.
—¡Ah, aquí está la joya de la discordia! —Exclamó, empezando a aplaudir teatralmente.
Amelia, aunque jadeaba por el esfuerzo, se giró hacia él con el ceño fruncido.
—Dame esa gema, Gengar. Ahora mismo —Demandó, con su voz llena de frustración.
El fantasma, que parecía más entretenido que alarmado, dejó escapar una risa burlona.
—¿De verdad crees que puedes darme órdenes, pequeña? —Respondió, girando lentamente en el aire mientras sostenía la gema sobre su cabeza, lejos del alcance de la Kirlia.
Los ojos de Amelia brillaron con furia. Sin previo aviso, lanzó un potente Psíquico, que impactó con precisión en la gema, arrancándola de las manos de Gengar. Sin embargo, antes de que pudiera atraparla, el fantasma reaccionó con rapidez y respondió lanzando una Onda toxica directo hacia ella.
La explosión del ataque tóxico llenó el aire de un hedor insoportable y fragmentos viscosos que volaron en todas direcciones. Amelia, con agilidad, formó un escudo de energía y desvió el ataque justo a tiempo, aunque parte del lodo se pegó a su brazo, dejándola visiblemente molesta.
—¡Basta de juegos! —Gritó la Kirlia, su voz temblando de rabia mientras lanzaba otro Psíquico. Esta vez, el ataque no buscaba recuperar la gema, sino impactar directamente en Gengar.
El ataque golpeó al fantasma, enviándolo a estrellarse contra una pared, pero lejos de mostrarse afectado, Gengar reapareció flotando con una mueca de desdén.
—¡Ay, qué pesadilla eres! —Dijo, sacudiéndose el polvo de forma exagerada. Su sonrisa habitual había desaparecido, sustituida por un gesto de irritación.
—¿Sabes qué es realmente molesto? —Continuó, su tono cargado de sarcasmo mientras flotaba más cerca de Amelia—. Los Pokémon que no saben cuándo rendirse.
La kirlia se irguió, preparándose para otro ataque, pero Gengar levantó una mano para detenerla.
—¿Por qué tanto drama por esta pequeña gema, eh? ¿Crees que Tyranitar va a felicitarte y darte una palmadita en la espalda? —Espetó, su voz adquiriendo un tono oscuro y burlón.
Amelia lo miró fijamente, su respiración aún agitada. No respondió, pero el brillo en sus ojos traicionaba una mezcla de enojo y duda.
—Eso pensé —Murmuró Gengar, su tono volviendo a ser ligero mientras guardaba la gema en una de sus sombras.
—Ahora, si terminaste de destrozar mi tienda, ¿por qué no te largas y le dices a tu jefe que esta gema no es suya? —añadió con un movimiento de su mano que la señalaba hacia la salida.
Amelia retrocedió, lanzando una mirada de odio hacia el fantasma, pero no dijo nada. Al ver a Gerardo aún inconsciente, chasqueó los dedos, y ambos desaparecieron en un destello de Teletransportación.
El local quedó en silencio por unos momentos, roto únicamente por el crujido del hielo que comenzaba a derretirse. Gengar se giró hacia los demás, flotando con calma.
—Bueno, eso fue intenso —Dijo, cruzando los brazos—. Al menos siguen enteros, ¿verdad?
Javier, aún atrapado en el hielo, intentó protestar, pero solo emitió un sonido apagado. Samantha, agotada pero consciente, lanzó un suspiro exasperado mientras empezaba a liberar a Heracross con un poco de energía. Absol y Gema seguían inconscientes, y Gengar, por primera vez, parecía algo preocupado al mirar a su amiga sableye.
—Esto fue demasiado... —Murmuró Samantha mientras ayudaba a Heracross a levantarse—. No podemos seguir así.
Gengar no respondió, pero por un instante, su sonrisa desapareció mientras observaba la gema que aún brillaba débil dentro de las sombras que la ocultaban.
Esta historia continuará…
Nota inicial: Feliz inicio de año, y espero 2025 a todos!
Nota final: Espero que les haya gustado, que no nos vemos desde el año pasado, y nos leemos la próxima semana.
