El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte cuando Hideki se encontraba en el patio trasero del restaurante, junto a Kaori. El aire fresco de la mañana despejaba su mente, aunque el leve nerviosismo persistía. Este sería su primer entrenamiento serio desde que llegó a este mundo, y aunque la emoción lo embargaba, sabía que lo que estaba por aprender no era algo común.
—"Hoy vamos a comenzar con lo básico," —dijo Kaori, cruzando los brazos mientras observaba el entorno—. "Tu brazo todavía está enyesado, así que nos enfocaremos en el flujo de tu Ki. Como ya te había dicho el Ki es la energía que fluye en ti, y para controlarlo, primero debes aprender a sentirlo. Todo comienza con tu respiración y tu capacidad para conectarte con esa energía interna."
Hideki asintió, concentrado en sus palabras. Esto era completamente diferente a cualquier tipo de entrenamiento físico que había hecho antes. Aquí no se trataba solo de fuerza o resistencia, sino de algo mucho más profundo: un control interno que requería calma y enfoque.
—"Siéntate, cierra los ojos y escucha a tu cuerpo," —Kaori le indicó, señalando un espacio en el suelo—. "Inhala y exhala profundamente. Siente cómo el aire entra y sale de tus pulmones. Visualiza tu Ki como un río fluyendo por dentro de ti, lento pero constante."
Con el brazo enyesado reposando sobre su regazo, Hideki se sentó en el césped y cerró los ojos. Inhaló profundamente, permitiendo que el sonido de su respiración llenara su mente. Al principio, solo podía concentrarse en el dolor sordo de su brazo roto y la incomodidad del yeso, lo que empezaba a frustrarlo.
—"No te apresures," —dijo Kaori con su habitual voz suave y serena—. "El Ki no es algo que puedas forzar. Es como un hilo de seda: se mueve con suavidad, y si lo jalas con demasiada fuerza, se romperá. Solo fluye con él." Notó cómo Hideki empezaba a impacientarse y decidió intervenir con una calma tranquilizadora.
Hideki tomó una respiración profunda, intentando relajarse una vez más. Poco a poco, comenzó a percibir una ligera vibración dentro de su cuerpo. Era una sensación tenue pero presente, como una corriente que hasta ese momento había ignorado. Sin oponer resistencia, permitió que esa energía fluyera a través de él, siguiendo las instrucciones de Kaori. La sensación era extraña, pero a la vez reconfortante, como si algo en su interior despertara de un largo sueño.
—"Lo siento... un poco," —murmuró finalmente, abriendo los ojos con un toque de incertidumbre—. "Pero es tan tenue... no sé cómo controlarlo."
Kaori le dedicó una leve sonrisa, satisfecha con el progreso que había logrado.
—"Eso es normal," —respondió con confianza—. "Sentir tu Ki es solo el primer paso. Controlarlo requiere tiempo, paciencia, y, sobre todo, constancia. Seguiremos así hasta que puedas sentir tu Ki en todo momento, sin necesidad de concentrarte solo en ello."
Hideki asintió, aunque aún le costaba aceptar que algo tan abstracto como el Ki pudiera tomar tanto tiempo en dominar. Estaba acostumbrado a entrenamientos físicos intensos, donde el dolor y el esfuerzo inmediato se traducían en mejoras tangibles. Pero esto era diferente. Era más sutil, más delicado.
—"La paciencia nunca ha sido mi fuerte," —admitió con una sonrisa cansada mientras volvía a cerrar los ojos, intentando reenfocar su mente en esa corriente interna.
Kaori lo observaba con una mezcla de comprensión y determinación. Sabía que Hideki estaba acostumbrado a superar sus límites físicos, pero este tipo de entrenamiento requería un tipo de disciplina distinta, una más introspectiva.
—"Es natural querer resultados inmediatos," —dijo Kaori mientras se sentaba a su lado—. "Pero el Ki no responde a la fuerza bruta. Requiere que lo escuches, que lo sientas en cada parte de ti. No lo apresures, simplemente déjalo fluir."
El silencio entre ellos se hizo presente una vez más, solo interrumpido por el suave susurro del viento a través de los árboles. Hideki intentó hacer lo que Kaori le sugería, soltando sus tensiones y dejando que esa tenue vibración dentro de él se moviera con libertad.
Con cada minuto que pasaba, aunque el progreso era lento, Hideki comenzaba a sentir más claramente esa energía fluir dentro de él. Ya no era una corriente vaga o inalcanzable; ahora la percibía en diversas partes de su cuerpo, como si cada fibra de su ser estuviera reconociendo, por primera vez, algo que siempre había estado ahí, dormido.
—"La siento con más claridad," —susurró, casi como si temiera que hablar más fuerte pudiera romper la frágil conexión que acababa de establecer—. "Pero... aún es difícil controlarla."
Kaori le dedicó una sonrisa cálida, sus ojos irradiando comprensión y paciencia.
—"Ese es el próximo paso," —dijo con un tono suave pero lleno de confianza—. "El Ki no es algo que se fuerza. Debes aprender a guiarlo, no a imponer tu voluntad sobre él. Es una danza con el entorno, no una batalla contra él."
Hideki abrió los ojos, mirándola con una mezcla de curiosidad y reflexión. Sus palabras lo impactaban de manera extraña, tocando algo profundo dentro de él. Era una filosofía distinta, casi contradictoria a lo que había crecido creyendo.
Entonces, un recuerdo lejano surgió en su mente: Vital Strike, un héroe retirado y uno de sus mentores en la Academia UA. Aquel viejo guerrero, siempre estricto y serio, le había dicho algo similar durante sus entrenamientos.
Hideki había llegado a Osaka para sus pasantías tras el festival deportivo de la UA. El lugar donde realizaría su entrenamiento era un antiguo dojo, alejado del bullicio de la ciudad. Al entrar, fue recibido por una atmósfera pesada, casi asfixiante. Apenas dio un paso dentro del dojo, sintió un instinto asesino dirigido hacia él, tan intenso que retrocedió, casi tropezando, jurando que había sido atacado.
—"Mucha sed de sangre," —murmuró el viejo héroe al ver a Hideki retroceder—. "Joven, retienes mucha agresión en ti, por un momento, pensé que eras un villano."
Hideki, nervioso y desconcertado, se inclinó en señal de disculpa.
—"Por favor, perdóneme, Vital Strike-sensei, pero creo que se equivoca," —dijo con respeto, sin entender del todo lo que ocurría—. "Sentí como si me estuviera atacando... ¿o me lo imaginé?"
El viejo héroe bufó con desdén, dando un paso adelante.
—"Tienes las orejas aún mojadas, chico. Dime, ¿cuál es tu nombre?"
—"Es un honor conocerlo, Vital Strike-sensei. Soy Hideki Saito," —respondió Hideki, haciendo una reverencia profunda.
—"Hideki, ¿eh? No tienes nada de elegancia," —gruñó el héroe retirado con desdén.
—"¿A qué se refiere?" —preguntó Hideki, claramente confundido y algo ofendido.
—"A cómo actúas conmigo," —dijo el viejo héroe, acercándose más, con sus ojos penetrantes—. "Te vi en el festival deportivo... atacas con agresividad, con violencia desmedida. Intentas dominar a tus oponentes con una ferocidad que casi parece que quieres matarlos. Esa... esa es tu propia sed de sangre, tu propia furia descontrolada."
Hideki lo miró aturdido, incapaz de procesar lo que estaba oyendo.
—"Tu instinto asesino es torpe y desastroso. ¿Crees que yo iba a atacarte? Lo que sentiste no fue más que un reflejo de tu propia furia," —continuó Vital Strike, con la voz grave pero firme—. "Tu propia sed de sangre se vuelve contra ti, y eso te hace débil. Lo que mostraste en el festival no fue verdadera fuerza. Solo una brutalidad sin control."
Hideki frunció el ceño, todavía procesando lo que el héroe le decía.
—"Esa no es la verdadera fuerza," —dijo Vital Strike con dureza—. "Solo eres torpe y desastroso cuando permites que tu sed de sangre te controle. Si quieres ser más que eso, deberás aprender a dominarte a ti mismo antes de intentar dominar a otros."
Vital Strike le enseñó que el combate no era solo una cuestión de fuerza bruta. "Eres como una bestia salvaje," le había dicho una vez. "Solo piensas en dominar a tu oponente con poder. esa no es verdadera fuerza, solo eres torpe y desastroso. La verdadera fuerza no viene solo de tus habilidades físicas. Proviene de la serenidad interior, del equilibrio entre mente y cuerpo."
Durante su tiempo con él, Hideki había aprendido que no se trataba simplemente de mejorar su destreza marcial, sino de encontrar armonía dentro de sí mismo. Vital Strike siempre insistía en que una mente tranquila era tan esencial como un cuerpo fuerte, y que solo cuando el espíritu y el cuerpo estaban en sincronía, podía desatar todo su potencial.
El recuerdo de Vital Strike resonaba en la mente de Hideki, casi como si el viejo héroe estuviera presente, observando su progreso. Aquel momento en el dojo, las palabras duras pero sinceras, ahora cobraban mas significado. Había pasado tanto tiempo enfocándose en la fuerza bruta que había olvidado las lecciones más importantes: el equilibrio, la calma, la serenidad.
Ahora entendía mejor esas palabras. Había pasado tanto tiempo centrado en el combate, en la agresión, que olvidó que la verdadera fuerza no era solo una cuestión de poder físico, sino de equilibrio y control.
Hideki abrió los ojos, su respiración más controlada ahora. Podía sentir cómo el Ki comenzaba a fluir de manera más consistente por su cuerpo. No era solo una corriente lejana, ahora percibía su presencia en diferentes puntos de su ser. El hormigueo en sus extremidades era más claro, más nítido, aunque aún tenue.
—"Lo siento... mejor ahora," —dijo en voz baja, casi como si no quisiera romper la calma que lo rodeaba. "Pero es difícil mantener el control."
Kaori, observándolo en silencio, asintió lentamente. Había notado el cambio en su respiración y su postura, pequeñas señales de que comenzaba a entender lo que intentaba enseñarle.
—"Estás avanzando," —dijo ella con suavidad—. "Pero recuerda, el Ki no es algo que controles con fuerza. Se trata de fluidez. Debes permitir que se alinee con tu cuerpo y espíritu."
Hideki asintió, recordando las palabras de Vital Strike. "No se trata de imponer tu voluntad, sino de conectar con el mundo." Esa lección seguía siendo una barrera para él, pero estaba empezando a vislumbrar lo que significaba. Tomó otra respiración profunda, esta vez intentando no forzar nada, solo sentir.
Kaori se levantó y caminó lentamente hacia él. Se detuvo a su lado, y con un gesto amable, le indicó que extendiera la mano sana hacia adelante.
—"Cierra los ojos de nuevo. Esta vez, intenta sentir el Ki en tus alrededores, no solo dentro de ti," —le dijo, su voz siempre calmada y serena—. "El mundo está lleno de energía. Si puedes percibirla, empezarás a entender lo que significa armonizar con tu entorno."
Hideki obedeció, cerrando los ojos y concentrándose, buscando esa conexión que hasta ahora solo había percibido débilmente. Al principio, todo seguía siendo oscuro e impreciso. Solo sentía su propia respiración y el dolor sordo en su brazo roto. Pero poco a poco, la atmósfera a su alrededor comenzó a cambiar. No era un cambio físico, sino una sensación, como si algo invisible estuviera rodeándolo, como una brisa suave que apenas rozaba su piel.
—"Lo siento..." —murmuró, casi sorprendido de lo que estaba experimentando—. "Es... como un eco suave a mi alrededor."
—"Exactamente," —respondió Kaori, con una sonrisa tranquilizadora—. "El Ki no solo fluye dentro de ti, sino a través de todo lo que te rodea. Con práctica, podrás guiar esa energía, sintonizarte con ella, y usarla para fortalecer tu cuerpo, tu mente y tu espíritu."
Hideki permaneció inmóvil, enfocado en esa sensación. Era como si el mundo a su alrededor hubiera adquirido una nueva dimensión, algo que nunca antes había notado. Pero aun así, no dejaba de preguntarse cómo podría esto ayudarlo en los combates reales, contra enemigos que superaban sus capacidades físicas por mucho.
—"¿Pero esto... cómo me ayudará en una pelea?" —preguntó, sin abrir los ojos—. "No siento que esto me haga más fuerte o más rápido. ¿Cómo se supone que pueda enfrentar a seres mucho más poderosos que yo con esto?"
Kaori lo observó en silencio por unos segundos antes de responder.
—"El Ki no es solo para la batalla," —dijo con calma—. "Es para mantener la paz en tu interior, aun en los momentos más caóticos. En combate, el que se deja llevar por la desesperación o la ira es el que pierde, porque ha perdido el control. La verdadera fuerza no siempre radica en ser más fuerte o más rápido, sino en saber cuándo actuar y cómo hacerlo."
Hideki reflexionó sobre esas palabras. Quizá esa era la pieza que le faltaba, la que siempre había ignorado en su búsqueda de poder. Para él, la fuerza siempre había sido una cuestión de imponerse sobre los demás, de superar a sus enemigos por pura determinación y habilidad física. Pero ahora entendía que también debía aprender a controlarse a sí mismo..
—"Lo dejaremos hasta aquí por hoy," —comentó repentinamente Kaori, sorprendiendo a Hideki, quien estaba tan concentrado en sentir su Ki que no notó la señal de su entrenamiento. La abrupta interrupción lo sacó de su concentración y provocó que tropezara y cayera al suelo.
—"Hmhm," —Kaori rió entre dientes al ver la caída de Hideki, una sonrisa juguetona en su rostro—. "Jijiji, aún te falta mucho por aprender. No puedes perder la concentración tan fácilmente, jajaja."
Hideki se levantó, con una ligera sonrojadura en sus mejillas mientras intentaba ocultar su vergüenza. Kaori, aunque intentaba contener la risa, se le veía en los ojos la calidez de su apoyo.
—"Pero sí, lo dejaremos hasta aquí hoy," —dijo finalmente, recuperando la compostura—. "Ya es tarde y es mejor que te prepares para ir a la academia. El entrenamiento puede ser agotador, pero también tienes que cumplir con tus responsabilidades."
Hideki asintió, aunque aún estaba un poco sonrojado por el momento embarazoso. Se sacudió el polvo de la ropa y se preparó para irse.
—"Gracias por hoy, Kaori-san," —dijo con una sonrisa agradecida—. "Aprecio mucho todo lo que me has enseñado."
Kaori le dedicó una sonrisa cálida y asintió.
—"De nada, Hideki. Sigue practicando y recuerda lo que hemos hablado. No es solo sobre la fuerza, sino también sobre la conexión contigo mismo y con el mundo. Nos vemos mas tarde"
Con una última sonrisa, Kaori se dirigió hacia la puerta del restaurante mientras Hideki se preparaba para salir. Al dejar el restaurante, Hideki no pudo evitar reflexionar sobre la sesión de entrenamiento. A pesar de la caída y la interrupción inesperada, sentía que había dado un pequeño pero significativo paso hacia adelante en su comprensión del Ki.
Se dirigió hacia la academia con la mente más clara, consciente de que aún le quedaba un largo camino por recorrer. Pero con cada paso, sentía que estaba más cerca de equilibrar su fuerza interna y externa, una lección importante en su viaje no solo para aprender a controlar el Ki, sino para descubrir su verdadero propósito en este nuevo mundo.
El camino a la academia le pareció inusualmente rápido y placentero. Aunque ya no estaba concentrado en sentir su Ki, notaba que su cuerpo había comenzado a adaptarse a los cambios. Sus sentidos se habían agudizado sutilmente, permitiéndole percibir su entorno con una claridad renovada. La brisa sobre su piel, el murmullo distante de la ciudad, e incluso el ligero crujido de las hojas bajo sus pies parecían más vívidos.
Su mente también se sentía más tranquila, un estado de calma que no había experimentado en mucho tiempo. Una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro mientras caminaba, sintiendo un ligero optimismo por primera vez desde que llegó a este mundo.
Al llegar a la academia, Hideki avanzó rápidamente hacia su salón, consciente de que llegaba un poco tarde. Entró justo a tiempo para el inicio de la clase, respirando aliviado. A pesar de la prisa, su mente estaba en un estado inusualmente sereno, un remanente de su entrenamiento con Kaori.
Durante las clases, Hideki se mostró extrañamente distraído a los ojos de sus compañeros. Mantenía una ligera sonrisa en su rostro, sus ojos a menudo cerrados en una expresión de calma que contrastaba con su habitual seriedad. Los compañeros de clase nunca lo habían visto así antes, y para las chicas, esa nueva expresión de tranquilidad y la sonrisa suave en su rostro lo hacían parecer incluso más atractivo.
Mientras el profesor explicaba el tema del día, Hideki intentaba tomar la clase de manera activa, pero no podía evitar que sus pensamientos se dirigieran al flujo de su Ki. Decidió que, en lugar de simplemente asistir a la clase, usaría este tiempo para practicar su concentración en el Ki de una forma ingeniosa. Se enfocó en sentir el flujo de energía dentro de él mientras intentaba prestar atención a las lecciones.
Cerró los ojos por breves momentos, sintiendo cómo el Ki se movía suavemente dentro de su cuerpo, casi como una corriente que se entrelazaba con su respiración. La sensación de la energía fluida se convirtió en un ejercicio mental que le ayudaba a mantener su mente enfocada, a pesar de la distracción que le generaba el entorno.
Aunque mantener la concentración en el Ki requería un esfuerzo constante, Hideki sentía una profunda satisfacción al integrar esta práctica en su rutina diaria. Cada momento, incluso los más mundanos, se convertía en una oportunidad para avanzar en su camino de aprendizaje. La clase, aunque no particularmente desafiante en términos de contenido, se había transformado en un campo de entrenamiento mental para él.
De hecho, Hideki había perdido la concentración un total de 113 veces durante las clases, y se había tomado el tiempo de anotar cada una de esas ocasiones. Este meticuloso registro reflejaba su dedicación y esfuerzo por mejorar.
Finalmente, llegó la hora del almuerzo. Muchas chicas se acercaron a Hideki, atraídas por su nueva actitud. Durante el descanso, su comportamiento inusual en clase había captado la atención de sus compañeros, y ahora, rodeado por un grupo de chicas curiosas que deseaban conversar con él, Hideki se sintió tanto abrumado como halagado.
—"¡Tu actitud es tan diferente hoy! ¿Qué te pasó?" —preguntó una de las chicas, su curiosidad evidente.
—"Ah, solo he estado ocupándome de algunas cosas," —dijo Hideki, tratando de no revelar demasiado. La verdad era que la tranquilidad que sentía era el resultado directo de su reciente práctica y la nueva perspectiva que había ganado sobre su situación en este mundo.
Algo agobiado por la atención que estaba recibiendo y el hecho de que aún no había almorzado, Hideki salió del salón con rapidez para evitar ser seguido. Se dirigió hacia su lugar habitual para comer, un árbol que se encontraba un poco alejado de los salones. Allí, se recostó contra el tronco, tratando de recuperar un poco de tranquilidad. Sin embargo, al abrir la mochila para sacar su almuerzo, se dio cuenta de que había olvidado prepararlo. La mañana de entrenamiento con Kaori le había hecho olvidar uno de los detalles más importantes.
Desanimado, pensó en ir a la cafetería, pero desechó la idea al instante. En ese momento, la cafetería estaría llena de estudiantes en una especie de guerra campal por los almuerzos. Dio un suspiro de resignación y se recostó nuevamente contra el árbol, cerrando los ojos en un intento desesperado de distraerse del hambre mientras se concentraba en su Ki.
Fue en ese momento cuando escuchó pasos aproximándose. Levantó la vista para ver a Koneko Toujou acercándose hacia él. Ella lo miró con una mezcla de curiosidad y preocupación al verlo allí, tan solo bajo el árbol.
—"Hideki-senpai, ¿qué haces aquí solo?" —preguntó Koneko, notando su expresión de resignación.
—"Oh, Koneko," —dijo Hideki, sonriendo débilmente—. "Me olvidé de mi almuerzo y no quería enfrentarme a la batalla en la cafetería, así que vine aquí a descansar un poco."
Koneko levantó una ceja, claramente sorprendida por la situación. Se acercó y se sentó al lado de él.
—"Si estás hambriento, deberías venir conmigo," —sugirió Koneko—. "Tengo algo de comida que puedo compartir."
Hideki se sorprendió por el gesto y miró a Koneko con agradecimiento. Aunque su estómago gruñía de hambre, su sonrisa se ensanchó por la amabilidad de Koneko.
—"No quiero causarte problemas," —dijo Hideki, intentando rechazar la oferta.
—"No es un problema," —insistió Koneko—. "Además, es más divertido comer acompañado."
Con una pequeña sonrisa, Hideki aceptó y se levantó. Koneko sacó de su mochila una pequeña caja de almuerzo y se la ofreció. Juntos se dirigieron hacia un rincón tranquilo cerca del árbol, donde ambos se sentaron y comenzaron a compartir la comida. Mientras comían, Koneko conversó animadamente, lo que ayudó a Hideki a relajarse y a disfrutar del momento.
—"Gracias, Koneko," —dijo Hideki, tomando un bocado de la comida que ella le había ofrecido. "Realmente necesitaba esto."
—"No hay de qué," —respondió Koneko con una sonrisa—. "A veces, compartir un buen almuerzo es lo que hace falta para sentirte mejor."
A medida que la conversación continuaba, Hideki se dio cuenta de lo importante que era tener estos pequeños momentos de conexión y apoyo. Aunque el camino por delante aún era incierto, se sentía agradecido por las personas que estaban a su lado en este nuevo mundo, y por los momentos simples que podían ofrecerle consuelo y compañía.
Mientras compartían la comida, Koneko notó la ligera sonrisa en el rostro de Hideki, algo que no había visto antes, al menos no de manera tan casual. La expresión de relajación y la manera en que disfrutaba del almuerzo parecían indicar que estaba más feliz y en paz.
—"Hideki-senpai," —comenzó Koneko con curiosidad—. "Parece que estás más relajado hoy. ¿Algo ha cambiado?"
Hideki miró a Koneko, sorprendido por la observación. Se dio cuenta de que su estado de ánimo positivo no había pasado desapercibido, incluso para sus compañeros de clase. Aunque había estado sumido en sus pensamientos y en el entrenamiento, no había notado cuánto su ánimo había cambiado.
—"Bueno," —dijo Hideki, tomando un sorbo de su bebida—. "Solo estoy disfrutando del día y de lo que estoy aprendiendo." Su tono trató de ser moderado, pero no pudo ocultar el brillo de entusiasmo en sus ojos. —"Hoy he podido recordar muchas cosas que mi maestro me enseñó. Es sorprendente cómo, a veces, podemos olvidar lecciones importantes, pero el entrenamiento de hoy fue realmente especial."
—"¿Tu maestro?" —preguntó Koneko, con curiosidad. —"¿Practicas algún deporte, Hideki-senpai?"
—"Ah, cierto, no lo sabes," —respondió Hideki con una sonrisa—. "Desde pequeño he estado practicando artes marciales. Hace unos dos años conocí a Ryuu-sensei, quien me enseñó muchas cosas valiosas. Por... hmm, razones personales, me tuve que mudar a esta ciudad," —continuó, haciendo una pausa al buscar la manera de decir que ya no podía regresar con su maestro—. "Hoy, mientras entrenaba, recordé muchas de esas enseñanzas."
Koneko lo miró con atención, interesada en la historia detrás de su entrenamiento y el impacto que había tenido en él. La conversación fluyó naturalmente, permitiéndole a Hideki compartir un pedazo de su pasado mientras fortalecía su conexión con Koneko.
Koneko, intrigada, inclinó la cabeza ligeramente.
—"Debe haber sido muy importante para ti," comentó ella, con una mezcla de curiosidad y empatía. "Es impresionante cómo lo que aprendemos en el pasado puede influir tanto en nuestro presente."
Hideki asintió, sus ojos reflejando un atisbo de nostalgia.
—"Sí, definitivamente lo es. A veces, cuando me siento perdido o confundido, recordar esos momentos y enseñanzas me ayuda a encontrar mi camino nuevamente, aunque puede que me tome un tiempo recordarlo. Jajajaja," rió con alegría y un toque de vergüenza al admitir que había olvidado ciertas cosas de su entrenamiento y que le había costado recordarlas.
Koneko le sonrió con comprensión.
—"Dime, ¿cómo era tu maestro?" preguntó genuinamente interesada.
—"Ryuu-sensei era un hombre sabio y muy estricto, directo en sus palabras," respondió Hideki con una pequeña risa, recordando cómo se conocieron. "Cuando lo conocí, ni siquiera habíamos hablado y ya me había señalado todos mis errores. Y debo admitir que había acertado en todo, jajaja."
—"Eso suena muy reconfortante. Me alegra ver que estás encontrando algo que te hace sentir mejor. Todos necesitamos esos momentos de claridad."
Hideki le devolvió la sonrisa, apreciando el apoyo de Koneko.
—"Muchas gracias, Koneko. Y hablando de apoyo, me alegra tener una amiga como tú con quien compartir estos momentos."
Koneko se sonrojó ligeramente, mirando hacia el suelo antes de responder.
—"No es nada, Hideki-senpai. Me alegra poder estar aquí para ti. Si alguna vez necesitas hablar o alguien en quien confiar, estoy aquí."
Hideki sintió un calor en su pecho ante las palabras de Koneko. Se dio cuenta de lo valiosa que era su presencia en su vida, especialmente en un mundo tan desconocido.
—"Lo aprecio mucho," —dijo Hideki, genuinamente—. "Y lo mismo para ti. Si alguna vez necesitas algo, no dudes en decírmelo."
El silencio se llenó con una comodidad tranquila, y Hideki se recostó un poco más en el árbol, disfrutando del momento de paz.
Sin pensarlo demasiado, Hideki estiró su mano hacia la cabeza de Koneko con la intención de acariciarla. Al principio, ella no pareció notarlo, pero al sentir la mano de Hideki rozar su cabello, se apartó de forma instintiva, evitando que la tocara por completo.
—"¡Ah! Lo siento mucho, Koneko. No era mi intención hacerte sentir incómoda," —se disculpó Hideki inmediatamente, con una mezcla de sorpresa y arrepentimiento—. "Mejor me iré, perdóname, Koneko."
Estaba dispuesto a levantarse y marcharse, temiendo haber cruzado un límite. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, Koneko tomó su mano con suavidad, su rostro mirando hacia otro lado como si quisiera ocultar algo.
—"No... no es eso, Hideki-senpai. Solo que fue muy repentino y..." —susurró Koneko, mientras sus dedos apretaban un poco más la mano de Hideki.
Al sentir su tacto, Koneko notó lo ásperas y maltratadas que estaban sus manos debido a los callos acumulados con los años.
—"Y... no me esperaba que la mano de senpai estuviese tan maltratada," —murmuró, todavía evitando mirarlo directamente.
Hideki quedó sorprendido por la reacción de Koneko y el inesperado comentario.
—"Bueno, supongo que es el resultado de mi entrenamiento," —respondió con una pequeña risa nerviosa, sin apartar su mano—. "Aunque siento que no es algo digno de admirar."
Koneko negó suavemente con la cabeza, finalmente alzando la vista para mirarlo brevemente.
—"Eso no es cierto. Dice mucho de cuánto te esfuerzas," —dijo, casi en un murmullo, antes de soltar su mano con delicadeza.
Tras un breve momento de silencio, Koneko tomó aire, intentando mirarlo directamente esta vez aunque su ojos se desviaban cada que coincidían con los de Hideki.
—"Si quieres... puedes intentarlo de nuevo," —dijo, su voz apenas un susurro, mientras bajaba ligeramente la cabeza, dándole acceso.
Hideki parpadeó sorprendido, pero sonrió con calidez antes de alzar su mano una vez más. Con cuidado y ternura, acarició el cabello de Koneko, disfrutando de su suavidad mientras ella permanecía inmóvil.
Koneko cerró los ojos lentamente, relajándose bajo el toque de Hideki.
—"Tu mano... no es tan áspera como pensaba," —dijo, con un tono más tranquilo.
Mientras sentía las caricias, Koneko no pudo evitar pensar: "La mano de senpai es muy grande y cálida... Se siente segura."
Hideki dejó escapar una pequeña risa, retirando la mano tras unos momentos.
—"Gracias por todo Koneko," —dijo sinceramente, apreciando la confianza que ella le había mostrado.
Koneko asintió en silencio, su rostro ligeramente sonrojado, pero con una pequeña sonrisa asomando en sus labios.
El momento fue breve, pero cargado de una conexión más profunda entre ambos. Finalmente, Koneko miró el reloj y se puso de pie.
—"Es hora de regresar a las clases. No quiero que nos retrasemos más," —comentó, con suavidad.
—"Sí, tienes razón," —respondió Hideki, también poniéndose de pie. —"Vamos."
Juntos, caminaron de vuelta hacia la academia, cada uno llevando consigo un nuevo entendimiento de la confianza y el vínculo que compartían.
Al final del día, Hideki se sintió satisfecho con su capacidad para equilibrar su concentración en el Ki con su atención en las clases. La combinación de práctica y aprendizaje le estaba proporcionando una nueva perspectiva sobre cómo enfrentar los desafíos. La conversación con Koneko había sido un momento reconfortante que acentuó esa sensación de bienestar. Mientras se dirigía a su siguiente clase, la sonrisa en su rostro permanecía, un reflejo de la paz interior que había comenzado a encontrar en medio de sus esfuerzos por adaptarse a su nuevo mundo. La conexión que había hecho con Koneko y el progreso en su entrenamiento le dieron un renovado sentido de propósito y calma, haciendo que el día, a pesar de las dificultades, terminara con un toque de esperanza y satisfacción.
Koneko había entrado en la sala del Club del Ocultismo con una pequeña sonrisa en su rostro. Como siempre, Rias y Akeno ya se encontraban allí. La albina se sentó en uno de los sofás y comenzó a comer sus dulces acompañados de té.
Akeno, al notar la actitud inusualmente alegre de Koneko, se acercó con una expresión traviesa en el rostro.
—"Vaya, Koneko, hoy pareces estar de muy buen humor," —dijo Akeno, sonriendo con picardía—. "¿Será que alguien ha estado dándote razones para sonreír?"
Koneko levantó la vista de su té, su expresión un poco sonrojada pero manteniendo su calma.
—"No es nada en particular," —respondió, tratando de mantener la conversación en tono neutral—. "Solo he tenido un buen día."
Rias, observando la interacción con interés, decidió intervenir para cambiar el enfoque.
—"Akeno, no seas tan inquisitiva," —dijo Rias, con un tono más suave—. "Koneko tiene derecho a disfrutar de su día sin ser interrogada."
Akeno hizo una mueca de desilusión, pero se retiró con una sonrisa juguetona.
—"Está bien, está bien. Solo me alegra ver a Koneko tan feliz," —dijo mientras volvía a su asiento.
Rias miró a Koneko con una expresión comprensiva.
—"Me alegra verte tan animada, Koneko. ¿Algo emocionante pasó hoy?"
Koneko asintió ligeramente, su sonrisa creciendo un poco.
—"Sí, he tenido una buena conversación con Hideki-senpai. Siempre había percibido una tristeza en él, pero hoy lo vi mucho más alegre y relajado."
Rias asintió, su mirada reflejando comprensión.
—"Eso es bueno de escuchar. A veces, encontrar pequeñas alegrías y conexiones en un nuevo entorno puede marcar una gran diferencia."
El grupo continuó conversando, con la atmósfera relajada y el tema de conversación fluyendo entre temas variados. Mientras Koneko disfrutaba de su tiempo en el club, estaba tan contenta que se olvidó de mencionar a Rias que había notado un aumento en el aura de Hideki, percibiendo cómo su ki se había vuelto más presente.
Una semana había pasado y, gracias a las habilidades de Kaori, Hideki se había recuperado completamente del brazo roto. En ese momento, ambos se encontraban en plena sesión de entrenamiento.
—"Puedo notar cómo ha mejorado tu percepción del Ki, Hideki," —comentó Kaori mientras observaba que Hideki ahora era capaz de mantener la concentración en su propio Ki incluso durante sus actividades diarias.
—"Muchas gracias, Kaori-san. Todo es gracias a tus enseñanzas," —respondió Hideki con una leve reverencia.
—"Ahora que finalmente has logrado mantener tu concentración en el Ki de manera constante, es momento de aprender a dirigirlo," —dijo Kaori mientras se levantaba y adoptaba una postura de combate, indicando a Hideki que hiciera lo mismo.
—"El Ki puede potenciar tu fuerza, velocidad e incluso resistencia, pero primero necesitas canalizarlo correctamente. Usa tu brazo para intentarlo. Concédele atención al flujo interno de tu Ki," —añadió Kaori, preparándose para la práctica.
Hideki se puso de pie, respiró profundamente, intentando reconectar con la energía que había percibido antes. Se movió lentamente, levantando el brazo para lanzar un golpe, pero Kaori lo esquivó con facilidad.
—"Inténtalo de nuevo. Más despacio. Siente cómo se mueve el Ki dentro de ti," —dijo Kaori con calma.
Hideki volvió a intentarlo, concentrándose en visualizar la energía fluyendo desde su centro hacia su brazo. Esta vez, su golpe fue más controlado, pero Kaori lo bloqueó sin esfuerzo, asintiendo en señal de aprobación.
—"Mejor. Estás empezando a usar tu Ki, pero aún necesitas más control," —comentó ella—. "Recuerda, el Ki no es solo fuerza. Es un equilibrio entre cuerpo y mente. Debes permitir que tu Ki fluya libremente, sin restricciones."
Las horas pasaron mientras entrenaban, con Kaori guiando a Hideki para que se concentrara en su respiración y en esa conexión interna. A pesar de que aún estaba lejos de dominar la técnica, Hideki notaba una diferencia en sus movimientos. Eran más fluidos y precisos.
Finalmente, Kaori se detuvo y le sonrió.
—"Eso es suficiente por hoy. Has hecho un buen progreso," —le dijo mientras le ofrecía una botella de agua.
Hideki, sudoroso y agotado, tomó la botella de agua que Kaori le ofreció, agradecido.
—"Esto es más difícil de lo que imaginé," —admitió entre jadeos, aún recuperándose del esfuerzo.
—"Es normal," —respondió Kaori con una sonrisa tranquila mientras se sentaba a su lado—. "Dominar el Ki y el Touki no es algo que se logre en un solo día. Pero tienes potencial. Tus años de entrenamiento físico te dan una ventaja, solo necesitas ser paciente."
Hideki tomó un sorbo de agua y alzó la mirada hacia el cielo, su mente divagando mientras sus pensamientos se mezclaban. Desde su llegada a este mundo había logrado avances, pero el camino por delante aún se sentía interminable y lleno de desafíos.
—"Yo... esto..." —balbuceó, sin encontrar las palabras adecuadas.
Kaori, notando su vacilación, lo miró con preocupación.
—"¿Qué sucede, Hideki?" —le preguntó con suavidad.
—"Antes de que me encontraras, no sabía si quería seguir adelante... si tenía siquiera un motivo para seguir viviendo," —confesó, su voz teñida de una melancolía profunda—. "Me sentía impotente, como si todo lo que hacía no tuviera sentido."
Un silencio cargado de emociones se extendió entre ambos, mientras Kaori le daba el espacio para desahogarse.
—"Pero luego... después de que me dieron un hogar, de que me ofrecieron cariño..." —continuó, haciendo una pausa, buscando cómo expresar lo que realmente sentía—. "Decidí que quería seguir viviendo. Ustedes me dieron una razón para hacerlo."
Hideki bajó la mirada por un instante, antes de agregar:
—"Lo que quiero decir es... les estoy muy agradecido. Sin ustedes, probablemente ya estaría muerto."
Kaori lo observó con ternura, comprendiendo la magnitud de su confesión. Permaneció en silencio unos segundos, permitiendo que las palabras de Hideki flotaran en el aire, impregnadas de significado. Recordó el estado en que lo había encontrado: famélico por la falta de comida, cubierto de suciedad tras semanas sin un lugar para asearse, y vestido con ropa rota y desgastada. Ese día, al verlo tan vulnerable, había comprendido que este joven había atravesado pruebas que hubieran roto a cualquiera.
—"Hideki..." —dijo finalmente, su voz llena de calidez—. "Me alegra que hayas encontrado una razón para seguir adelante. No importa cuán oscuro sea el camino, siempre habrá luz si decidimos buscarla. Y nunca olvides, no tienes que recorrerlo solo."
Hideki la miró, con los ojos ligeramente brillantes. No estaba acostumbrado a compartir esos pensamientos, a mostrarse vulnerable, pero algo en la forma en que Kaori lo trataba lo hacía sentir seguro, como si por primera vez en mucho tiempo no tuviera que cargar con todo solo.
—"Gracias, Kaori-san," —dijo, su voz más firme—. "No sé cómo podré devolverles todo lo que han hecho por mí, pero quiero intentarlo. Quiero volverme más fuerte... no solo para mí, sino para proteger este hogar que me han dado."
Kaori sonrió con ternura.
—"No necesitas devolvernos nada. El hecho de que sigas adelante, de que estés aquí, ya es suficiente. Y si proteger este hogar es lo que te motiva, entonces usa ese sentimiento para seguir avanzando. El poder verdadero no siempre viene de ser el más fuerte, sino de proteger lo que amas."
Hideki asintió, sintiendo cómo el peso de sus emociones se aligeraba un poco. Sus pensamientos aún estaban desordenados, pero ahora tenía un propósito más claro. La vida le había dado otra oportunidad, y él no pensaba desaprovecharla.
—"De acuerdo," —dijo finalmente, con una nueva determinación brillando en sus ojos—. "Seguiré entrenando. No solo por mí, sino por todos ustedes."
Kaori le dio una suave palmada en el hombro, su sonrisa llena de aprobación.
—"Esa es la actitud que necesitas. Ahora, descansemos un poco. Mañana será otro día de entrenamiento, pero hoy, ya has avanzado mucho."
Con eso, ambos se quedaron en silencio, disfrutando del momento bajo el cielo, con Hideki sintiendo que, poco a poco, su camino se iba despejando.
Fin espero les haya gustado.
La escena de Hideki conociendo a Vital Strike, esta basada en cuando Musashi Miyamoto conoce a In'ei Hozoin, en el manga de Vagabond entre los capítulos 37-38.
La razón por la que Hideki se refiere a Vital Strike como Ryuu-sensei, es porque uno así le pidió que lo llamara y dos el nombre real de Vital Strike es, Ryutaro Yamamoto
