Había sorprendido a la rubia saliendo del baño con solo una toalla alrededor de su cuerpo y con el cabello totalmente húmedo cayendo tras su espalda. Trago duro ante esa imagen, no había imaginado lo que escondía la rubia a traves de esas ropas holgadas, pero algo le llamó la atención, varios hematomas que se iban tornando unos negros, y otros amarillosa lo largo de sus brazos.
A zancadas se acercó a ella y la tomó po uno ellos, inspeccionadolo más de cerca, asustando a la más bajita.
—¿A-Arnold?—Sorpendida de ver al dueño de su corazón en su habitación, no pudo evitar sonrojarse, ¿Qué demonios hacía en su casa? No escuchó la puerta en ningún momento.
—Helga.— Acortó, sintiéndose extrañamente molesto por ver esas marcas en la piel. — ¿Qué te pasó?
—Oh eso...— Desvío la mirada incómoda, agradecía que Bob no estuviera en casa en ese momento.— Ya sabes, peleas de siempre...
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Se quedó en silencio esperando que creyera eso, quería cambiarse pronto, empezaba a hacer frío en su cuarto.
Arnold no le creía, pero notaba a la rubia totalmente nerviosa, así que lo dejó pasar está vez si queria ganarse su confianza. —¿Te duele mucho?
—Oh no... Ya no.— Asintió soltándose de su agarre y fue hacia su armario para empezar a buscar su ropa, sentia las orejas calientes de la vergüenza pues aún se encontraba casi desnuda. —Ya voy a regresar a la escuela mañana, solo quería descansar.
—Me alegra, justo venía a pasarte las tareas y preguntarte porque te habías ausentado mucho tiempo.— Sonrió ya de mejor humor y olvidandose del aspecto de la rubia, tomo asiento en su cama.
Pasaron algunos segundos, la ojiazul no sabia que hacer, ¿Por qué no se iba? Estaba comenzando a ser incómodo.
—Arnold... ¿Me puedes esperar afuera? —
El mas alto se sorprendió y su rostro se cubrió de un rojo intenso, había olvidado que la rubia seguia desnuda y él, se habia embobado, trazando con sus ojos el largo de su cuello, la curva de sus pechos generosos y la redondez de...
—¡Lárgate!— Le tiro la almohada furiosa y lo empujó fuera de su cuarto, era increíble que la estuviera molestando en esa situación.
—Perdón— Habló el mencionado, avergonzado tras la puerta y carraspeo. — Te espero en las escaleras...
Suspiró aliviada y terminó de arreglarse, ya no le importaba usar ropa holgada, Arnold ya lo había visto todo, asi que optó por usar una blusa de tirantes ajustada al cuerpo y un pequeño short de tela, queria estar cómoda en su propia casa.
—Ya estoy aquí.— llegó a la sala, sentándose a lado de Arnold junto con su mochila para avanzar sus tareas.
—S-Si...— Aclaro su voz y procedio a sacar su cuaderno, el atuendo de Helga lo estaba peturbando de formas que no conocía.
Pasaron las horas escribiendo, Helga era muy inteligente así que no necesitaba mucha ayuda para terminar, sin embargo su corazón latía de forma frenética, quería aprovechar ese momento juntos hasta el último segundo. No sabía si Arnold aún la odiaba, pero Phoebe le había aconsejado ser coqueta de forma indiscreta con él. Quería recuperarlo, quería su amor de nuevo, lo necesitaba con todas sus fuerzas que le dolía el corazón, tantos años enamorada empezaban a ser insoportables.
Tenia suerte que Bob no llegará a casa, al parecer se iba a quedar en su negocio y su madre, como siempre estaba borracha e inconsciente en su recámara.
—Arnold, ¿Me ayudas con esto?— Señaló con su dedo una parte del libro que comprendía perfectamente, y luego se llevó ese mismo dedo a su boca donde chupó ligeramente el inicio, aguantando las ganas de sonreír de forma triunfal cuando lo vió sonrojado y embobado.
—S-Si, ¿C-Cual es tu duda?— Aclaró su garganta, sintiendo sus mejillas arder, ¿Empezaba a hacer calor,no?
—Mi duda es...— Suspiró la pregunta y se acercó al rubio, haciendo que sus senos se rozaran contra su fuerte pecho.— ¿Por qué no me miras a los ojos?
Abrió los ojos al verse descubierto y de inmediato subió la mirada completamente nervioso, lo había atrapado mirando sus senos. Sentia que su pantalón comenzaba a apretar y frunció los labios, ¿Se estaba excitando por Helga?
Quería negarlo y no podía,no encontraba la excusa perfecta para hablar. —Me atrapaste, discúlpame, creo que deberías cubrirte un poco, ya esta oscureciendo y empieza a hacer frío, deberia irme pronto.— Hablo rapidamente y se quito su chaqueta para cubrir a la rubia, mientras se ponia de pie rapidamente, de seguro se sentia asqueada con su presencia.
Estaba a punto de levantarse, pero no pudo hacerlo, su camisa fue bruscamente jalada hacia abajo mientras unos labios suaves se posaban sobre los suyos.
¡Helga lo estaba besando!
—P-Perdón, yo...— Estaba decepcionada, habia reunido el valor suficiente para darle un beso, pero no obtuvo la respuesta que queria, el rubio no había correspondido a ella, eso era todo, se había humillado nuevamente por el tonto cabeza de balón.—Y-Yo..— Queria volver a disculparse pero ahora le toco a ella ser silenciada por Arnold.
El rubio la besaba de forma feroz, sin darle oportunidad de respirar apropiadamente, se estaba mareando asi que se sostuvo de su cuello, acercando sus cuerpos, lo disfrutaba, entonces ¿Si le correspondia? Estaba feliz, pero la respiración se le estaba haciendo más difícil. Quiso empujarlo por el pecho, pero al contrario de separarse, Arnold delineo sus labios con la punta de su lengua, obligándola a separarlos y solo gimió sorprendida, se sentía como si se la estuvieran comiendo en todo sentido de la palabra.
Queria controlarse, pero no podía, entre mas la probaba, más quería de ella. Separó sus labios un segundo, aún con un poco de saliva uniendolos y bajo, besando y chupando su cuello, estaba completamente derrotado, Helga lo excitaba de una forma completamente nueva que no podía seguir pensando, solamente quería devorarla completamente, quería que fuera solamente suya.
—¡Arnold!— Lo empujó nerviosamente, tomando grandes bocanadas de aire, manteniendo su distancia. —Espera... Yo ¿Te gustó?— Apretó los labios, no quería dar el siguiente paso sin antes formar una relación, se moriría de tristeza si solamente fuera una amiga con derechos para el blondo.
Por alguna extraña razón, Shortman no respondió, quería decirle que sí, y volver a probar sus labios, pero las palabras no salían de su boca. Entonces recordó la apuesta y apretó sus mandíbula, no quería hacerle daño. —Tengo que irme.— Acortó tomando sus cosas y salió rapidamente de la casa de Helga sin mirar atrás, no se dio cuenta que dejo a un corazón roto detrás de esa puerta.
