Capitulo 1: Fuerza, sabiduria, honor y nobleza
Warhammer 40K Asi Como Age of Sigmar no me pertinence.
Agradecimiento especial para aquellos que se toman el tiempo de votar y comentar. Ustedes son los grandes
Si tienen tiempo de revisar mi perfil se los agradecería.
"Míralos, mis hijos. Vosotros sois los más altos, y ellos, los más bajos. Es vuestro deber elevarlos, tan alto como puedan llegar. Cualquier cosa menos no es digna de vosotros"
- Fulgrim. Primarca de Los Hijos del Emperador
Capítulo 1: El fenicio y el perdido
Donde la irrealidad y lo real no convergen, en un lugar donde nada existe ni deberá existir, se sienta frente a ella un hombre en los huesos. Su ojo derecho está ausente, dejando solo una cuenca vacía e inútil; su brazo está cercenado, y aun así osa venir a este lugar de irrealidad sin invitación, sin permiso. Se planta frente a lo que los dioses no se atreven o sueñan con hacer.
-Siempre admiré eso de tu humanidad. Te lo concedo, no te rindes, y eso es algo que respeto enormemente, pero sabes que no puedes estar aquí. No eres bienvenido, al igual que los otros cuatro tampoco lo son-
El ser de huesos mira y habla -Y, aun así, soy el único que ha logrado llegar-
-Es cierto, el que cambia las cosas lo intentó y fracasó, seguramente él-
-Dijo que era parte de su plan- completó el hombre.
Ella se rió, soltó una carcajada pura y de diversión -Sí, así es como es. Ahora, ya que veo que no tienes la intención de irte, debo preguntar ¿Hay algo por lo que estés aquí? Sabes que no interfiero- Proclama, y el mundo de irrealidad parpadea con destellos violetas y dorados.
-No lo haces a menos que realices un experimento- Las palabras del hombre despertaron la curiosidad de Ella.
-¿Ah, sí? Estás bien informado; veo que no has pasado milenios quieto como algunos lo piensan- Caminó, y sus pasos eran etéreos. "Pero un experimento necesita un sujeto. Sabes que, ya que te tomaste tantas molestias y sacrificaste tanto, podría concederlo. Elegiré a mi sujeto: tal vez un demonio, un humano, algún T'au, algún Eldar- Esperó una reacción y no encontró nada -Creo que tengo algo en mente; después de todo, siempre me han gustado las historias de venganza, y resulta que cierta persona en particular quiere desgarrar los tejidos que tanto tiempo el universo se encargó de tejer. Una lástima que sus hermanos compartan la culpa, pero ya sabes cómo es esto-
El hombre se había desvanecido desde sus últimas palabras sin escuchar la conclusión; tenía fe, pues la fe era lo último que quedaba en la galaxia: fe, guerra y muerte.
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En las bodegas de Solemnace, algo se encendió y murió; el silencio continuó hasta que un quejido salió. En una de las bodegas, un hombre emergió de una cámara de éxtasis. Se levantó atontado, sujetando su cabeza, que comenzaba a palpitar cual corazón. Trató de recomponerse, pero sus piernas le fallaron, haciéndolo sentarse en el frío suelo metálico de la cámara.
Sus ojos cafés recorrieron el salón y solo sintió discordia, tal como alguien despertando en medio de un sueño, junto a sus consecuencias y el sentido de irrealidad que transmitía. Tomó bocanadas de aire, intentando levantarse nuevamente, usando sus manos como apoyo. Con esfuerzo, lo logró, aunque esa pequeña victoria fue obstaculizada por el lugar.
Cientos y cientos de objetos, cada uno diferente: algunos colgados sobre estantes como trofeos, otros puestos al azar. Aunque no estaba seguro de dónde se encontraba, lo que lograba discernir era que el lugar estaba a medio abandonar. Caminó por el lugar, desnudo y avergonzado. Se detuvo y miraba de vez en cuando los objetos.
Su aliento se murió en su garganta -No- Murmuró. -No, no, no, no- Dijo frenéticamente, mirando por todos lados. -Esto es un sueño- Se pellizcó y sintió dolor.
-No- Sollozó -¡Estoy en Warhammer!- Chilló, tapándose el rostro y reprimiendo una risa de desesperación. Corrió, sin rumbo ni certeza, y continuó corriendo hasta tropezar y caer, rodando un par de metros con una estructura Necron que se encendió a su toque. Grito y su cerebro recibió una carga.
El tiempo pasó mientras su cuerpo y mente estaban en trance. Pasaron más minutos hasta que dio su primer parpadeo, levantó su mano y miró un gran menú que le hizo tragar saliva.
-Bienvenido-
Ahora se sentía estúpido; había sido traído hasta aquí desde su tiempo para una especie de historia de jugador. Se tapó el rostro; él no estaba loco como los que usualmente utilizan esos relatos. Él no quería morir, no sabía luchar en una guerra y lo que era peor, estaba en uno de los peores universos.
-¿Desea abrir el menú Warhammer?-
¿Qué otra opción tenía?
-Le damos nuevamente la bienvenida, usuario. En este menú encontrará todo lo que necesita para enfrentar el oscuro futuro. Le deseamos buena suerte. ¿Desea una explicación? -
-S-Si-
-En este menú encontrará lo necesario para sobrevivir, prosperar y, con suerte, vencer-
-¿Con suerte?-
-En la primera pestaña verá su inventario-
-No hay nada- murmuró estupefacto (nada de nada. ¡Nada! ¡Ni siquiera ropa!).
-En la segunda pestaña encontrará sets y paquetes-
Sus ojos se abrieron de golpe; había muchos paquetes y sets de todas las facciones de Warhammer, desde los tiránidos hasta cada capítulo leal y traidor.
-¡Importante! Seleccione una de las dos opciones; una vez elija una, no podrá volver a menos que vuelva a renacer-
Una pantalla salió y flotaba en el aire. En esta estaban dos grandes opciones: en la izquierda estaba escrito Warhammer 40K, mientras que en la derecha estaba Warhammer: Age of Sigmar.
El hombre miró las pantallas y tragó saliva. Lo pensó detenidamente: cada opción, cada facción, cada posibilidad, y luego tomó su decisión.
-Has seleccionado Warhammer: Age of Sigmar. ¡Felicidades!-
-Has recibido un Kit de inicio Warrior—
Parpadeó y se permitió sonreír; se relajó y soltó una carcajada. Cuando sus risas confundidas salieron de su boca, un rayo le atravesó y le rodeó, haciéndole gritar como nunca. El rayo pareció reformarlo, no físicamente al menos, pero sí su alma, y eso era algo importante en este universo lleno de terrores.
El proceso terminó y el hombre cayó con un dolor que jamás pensó experimentar en toda su monótona vida. Se enderezó para después caer desmayado.
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Respiro entrecortado, sintiéndose adolorido mientras se reincorporaba para estar sentado o, mínimamente, dejar de besar el suelo con su cuerpo desnudo. Le costó más de lo que quiso admitir, pero finalmente logró levantarse.
Abrió el menú de inventario; el set se hallaba allí. Tragó saliva y seleccionó la tercera pestaña que había en la parte superior. Frunció el entrecejo; básicamente, había un montón de pinturas, cajas de pinturas, un set de pinceles, así como otras herramientas para las miniaturas.
Continuó desplazando la pantalla hacia abajo y casi brincó de alegría al encontrar ropa: un humilde atuendo bastante normal, botas altas, pantalón azul marino, camisa café, junto a una especie de abrigo azulado con símbolos de martillos y truenos, además de unos calcetines y ropa interior. Rápidamente, tomó la ropa y se cambió, disfrutando de que la brisa de la bóveda ya no le pegara en su cuerpo.
Se estiró, o al menos lo intentó. Pronto se encontró de nuevo mirando sus alrededores: baratijas o artefactos que poco o nada podría usar. Continuó mirando y un destello le llamó la atención. Se acercó al pedestal donde un cráneo humano pareció brillar con luz dorada. Miró el dispositivo que almacena la calavera. Lo tocó y, sorprendentemente, este reaccionó; dando un pinchazo al azar, consiguió que el escudo bajara. Extendió la mano, tomando el cráneo; pequeños relámpagos dorados salieron al contacto. Lo levantó, colocándolo en la palma de su mano.
El cráneo estaba bañado en plata y le devolvía la mirada con cuencas vacías, pero con algo más debajo de ellas, como si lo que hubiera sido el individuo aún pudiera juzgarlo a pesar de su estado. Sintió la necesidad de dejarlo donde estaba, pero hizo algo más insensato: se lo llevó. Encontró una especie de farol donde el cráneo pudiera estar dentro. Entonces, solo necesitó quitar lo que estaba en el interior del farol para luego introducir la calavera.
-¡Usuario!-
Saltó del susto cuando la pantalla azulada salió de su costado.
-Se le recuerda que tiene un 'Pintado automático'. ¿Desea utilizarlo?-
-¿Pintado automático?-
-¿Desea una explicación?-
Asintió con la cabeza y otra pantalla emergente salió junto con su inventario.
-Pintado automático es un consumible el cual, como su nombre lo indica, montará y pintará de manera autónoma las miniaturas de un solo set que tenga en su inventario-
Movió su cabeza en comprensión y lo pensó unos segundos antes de seleccionar el set en su inventario, donde se desplegó un menú de opciones.
-Abrir-
-Pintado automático-
-Guardar-
-Borrar-
Seleccionó la opción evidente y pronto aquel set se desplegó en las miniaturas que ocuparon casillas en el inventario. Observó detenidamente las miniaturas junto al escenario que igualmente allí estaba. Gruñó satisfecho; al menos algo tenía a su favor ahora.
Se dio la vuelta para continuar su camino hacia cualquier lugar, sin rumbo fijo. Caminó y caminó, observando chucherías y artefactos que, si bien para Trazyn eran reliquias, para un poco conocedor o ignorante no significaban mucho. Continuó recorriendo y pasando por pasillos iluminados por tecnología Necron. Se detuvo de golpe, observando atónito una cápsula de estasis; abrió la boca un poco y tragó saliva. Miró de cerca, aún incrédulo, la cápsula. Vio al hombre que había enfrente, pero decirle "hombre" no era justicia para la criatura; era más grande, más fuerte, más robusto y bello que un humano. Su cabello era blanco cual nieve plateada y su armadura era una mezcla ahora maldita: el violeta de los emperadores junto al oro de la conquista.
Era Fulgrim, pero sabía que no podría ser ese primarca; después de todo, el primarca de los espantosos hijos del Emperador estaba manchado por el caos. Este era su clon, hecho a imagen y semejanza por Fabius, sin la mancha de la corrupción. A un lado de la cápsula estaba la famosa espada en llamas, tal vez a modo de parodia, tal vez solo para ver una colección verdaderamente buena. Sea como sea, el primarca estaba junto a su espada, separado por tecnología de estasis.
Él lo pensó: si este primarca era el clon de Fulgrim, entonces nada tenía que temer, pues no era su enemigo, y conociendo lo superficial del semidiós, era poco probable que lo matara al instante.
Respiro hondo, hizo todo lo posible para calmar su corazón. Su mano abrió el menú de inventario con un pensamiento; no era difícil, después de todo, necesitaba pensar en esa ventana y listo, como quien piensa en una canción. Metió su mano y se sorprendió al traspasar la semitransparente pantalla, sujetando con fuerza a un Stormcast Eternal. Luego reflexionó. Si quería entablar algo con este Fulgrim, debía ser abierto. Dejó la miniatura en su sitio y volvió a mirar la cápsula.
El panel de control estaba ahí mismo. Extendió su mano y entonces sucedió. Lo primero que se escuchó fue el ruido del aire presurizado saliendo de la cápsula; después, el sonido de este abriéndose. Retrocedió un par de pasos, dándole espacio a la criatura que saldría. Tres largos segundos pasaron cuando se escuchó un suspiro profundo y cansado. Una bota blindada salió de la cápsula, junto a dedos que se apoyaron en el umbral de esta.
El hombre retrocedió otro paso, ya sea por instinto o por cortesía. Miró hacia atrás, donde estaba la espada en llamas, la misma que Ferrus Manus forjó para su hermano, su auténtico hermano. No este clon, pero tendría que servir. Meditó si tomar la espada; poco o nada serviría.
-¿Eres imperial?- El timbre de la voz era perfecto, majestuoso y más allá de todo lo que conocía.
Él no contestó; en cambio, observó a la criatura que se recomponía; era hermosa.
-¿Eso quiere decir que no?- preguntó la criatura inquisitivamente.
-Estoy a favor del Imperio, pero no soy imperial como tal- contesté, y la criatura se tomó su tiempo.
-Eso explica las cosas a medias- El clon caminó un par de pasos y se detuvo abrupto ante la espada, esa espada que conocía tan bien. Sus ojos se llenaron de lágrimas y pronto sucumbió a una tristeza implacable -Yo lo maté, yo… Ferrus, perdóname, hermano… perdón, perdón, yo te maté, lo siento mucho- sollozó mirando la espada.
Él no habló, no se atrevía a interrumpirlo; no obstante, esto también es importante. Tomó todo su valor y habló: -Técnicamente, no fuiste tú quien lo mató. Fue tu forma corrompida- dijo, y la criatura lo miró frunciendo el entrecejo -Los viste en la nave de Fabius, a tus hijos corrompidos. Hay otro como tú. Tú eres su mitad pura. El corrompido hizo eso con tu Legión, con tu hermano…- Una mano enguantada le sujetó el brazo sin apretar; era enorme, y el mortal se llevó ambas manos hacia ella en un reflejo instintivo.
-Eres Fulgrim, el Fénix. No eres una creación de Fabius. Si fuera así, ¿por qué el Emperador te dio la mayor parte del alma de su hijo?- La mano lo soltó.
-Explícate- demandó Fulgrim.
Se mojó los labios y obedeció -Tu padre está herido en el trono-
-Eso ya lo sé-
-Pero no sabes que él es más fuerte; la fe y el culto lo hicieron más fuerte. ¿Puedo hablar normal? No me siento cómodo siendo tan formal-
Fulgrim asintió.
-Bien, lo que digo es que puedes tomar esta oportunidad. Tu papá, de alguna manera, te dio la mayor parte del alma de Fulgrim; eso quiere decir que eres más Fulgrim que el que está sirviendo a los poderes ruinosos. Tal vez esto sea parte de su plan; ya sabes, el Emperador siempre tiene un plan-
-¿Quieres decir que te envió para ayudarme?- preguntó, levantando una ceja en ese esculpido rostro.
-Puede ser. Te seré sincero, muy sincero, porque el resto o me matará o me estudiará como un conejo. Soy del milenio 3; suena extraño, lo sé. Déjame explicar. Eres Fulgrim, naciste en Chemos, pasaste hambre y, cuando tomaste el control, te dedicaste a las artes como una forma de aliviar el sufrimiento de tu gente. Luego te ofreciste para matrimonios políticos y las dejaste, pues sobrevivirías a todas. Tu perdición fue la arrogancia y la vanagloria. Tu búsqueda de la perfección condenó a tu Legión y a ti- rememoré una caricatura -La perfección no existe, eres bueno como eres, con todas tus imperfecciones. Ya eras lo que siempre debiste ser, te lo juro por Dios... El Emperador- se corrigió esto último.
Fulgrim lo miró; aunque, la palabra adecuada es "estudio". Se inclinó desde su potente estatura y sus ojos se clavaron en los ojos del hombre.
-Sé que no es fácil- dijo el mortal -Estás sufriendo, recordando lo que hiciste antes de renacer, la muerte de Ferrus- el rostro de Fulgrim se crispó -La muerte de tu planeta, tus papás, tu Legión. Lo que hiciste en Terra en el asedio y lo que sucedió después con Roboute Guilliman, pero creo que estamos aquí para una segunda oportunidad. Solo piénsalo un poco-
Y Fulgrim lo hizo; su proceso de pensamiento era como un trueno -Me es difícil pensar que vienes del milenio 3, pero… de alguna manera no estás mintiendo, lo sabría- suspiró y se dejó caer sentado frente al pedestal con la espada -Soy un monstruo, o al menos mi otro yo lo es. No tengo derecho a volver-
-Te necesitamos- gritó apresurado el mortal -La galaxia está peor que nunca, la última cruzada de Abaddon-
-¿Abaddon?- interrumpió el fenicio -¿El hijo de Horus?-
-Sí- contestó el mortal -ha reunido a las legiones traidoras, al Mechanicus oscuro y hasta a los demonios. Ha lanzado cruzada tras cruzada para derrotar al Imperio. La última consiguió dividir la galaxia al destruir a Cadia; el Ojo del Terror se expandió formando una cicatriz maledictum, o como se diga lo último. Lo único bueno es que Roboute Guilliman resucitó- Esto pareció traer mayormente su atención, ya que se puso de pie al instante.
-¿Roboute está vivo?- dijo de manera lenta, atontado y esperanzado -¡¿Cómo?!-
-Hechicería y tecnología, y agárrate porque también el León despertó y está activo en este milenio-
-Dos de mis hermanos- reflexionó Fulgrim.
-Y contigo serían tres. Aunque, bueno, ya sabes, tendrías que pedir un montón de lo siento y hacer juramentos-
Fulgrim asintió y se giró para mirar la espada en llamas -Necesito pensar- con sus palabras, el mortal asintió -Te dejo espacio- Fulgrim le observó de nuevo -¿Cómo te llamas?- La pregunta dejó inmóvil al mortal; no lo recordaba, se sujetó la cabeza e intentó recordar. Nada, no había nada.
-Lazarus- habló el fenicio -Te llamaré Lazarus- el primarca de la tercera esperó una reacción. Lazarus asintió y se fue, dejando al fenicio con sus pensamientos.
La mano enguantada de Fulgrim toco el panel de control del pedestal -tomare esta oportunidad, traeré la muerte a los enemigos de la humanidad como tu hubieras querido. Hermano- murmuro desactivando el campo.
