Karasuma tiene un buen sentido del olfato, eso lo beneficio durante su carrera militar, podía percibir con facilidad las fragancias de los demás, incluso podía oler con facilidad la sutil fragancia de los betas.

Las feromonas eran fácil de distinguir pero no de leer, a veces se equivocaba en adivinar el estado de animo aunque pudiera oler a la perfección.

Siempre se equivocaba al tratar de adivinar el estado de animo de su prometido que siempre parecía desprender feromonas de anhelo y de su lado juguetón.

Gakuho siempre lo negaba, tal vez solo le estaba mintiendo y si era bueno leyendolo, pero su omega es tan orgulloso que siempre lo negaba.

Luego se casaron, Gakuho a veces le comentaba sobre su estado de animo con una sonrisa tranquila.

Era increíble lo fácil que Gakuho lo lograba decifrar, a veces a propósito lo intentaba de sacar de quiceo para divertirse a sus propias palabras.

"Me gusta ver tu lado expresivo Tadaomi, es una buena manera de ver expresiones en tú rostro" Gakuho le había confesando aquello durante una de sus cenas.

Las feromonas de su esposo siempre cambiaban, extraño su presencia cuando se tuvo que ir a Estados Unidos a terminar su carrera.

Extraño las feromonas de menta durante ese periodo de tiempo, pudo recibirlo en el aeropuerto el día que regreso.

Sus feromonas de menta le dejaron saber lo feliz que estaba por volver a ver.

"Veo que no soy el único que se sentía vacío" Gakuho murmuró oliendo las feromonas de medicina con romero, la felicidad prácticamente lo estaba abrazando.

"Te extrañe" Karasuma le susurro antes de soltarlo de su abrazo.

Los años avanzaron y nació su único hijo, Gakushuu fue el nombre que le puso Gakuho además de tomar el apellido Asano.

Aunque estén casados los dos habían acordando mantener sus apellidos de solteros, cuando Gakushuu aún no había nacido Gakuho había ganado la batalla en poner su apellido con unas simples palabras.

"Yo soy el que va estar tirado en una camilla por horas pujando para que nazca, lleva mi apellido"

Las feromonas de Gakuho olieron a felicidad desde ese día, se convirtió en maestro de dos niños y una niña.

A veces iba a esa colina llevando al pequeño Gakushuu en sus brazos qué se emocionaba en ir a ver su "madre" trabajando.

Los niños también se emocioban cuando los veían a los dos, soltando risas y a veces preguntas mientras Gakuho se colaba una mano en la cadera alzando una ceja porque no le prestaban atención.

Esos eran tiempos felices, pasaron dos años más cuando ocurrió algo.

Podía recordar claramente aquel día donde todo cambió, cuando había regresado a casa Gakushuu dormía en su habitación pero Gakuho.

El estaba en su oficina, las feromonas de felicidad habían desaparecido dejando en su lugar la tristeza y la angustia.

Su esposo tenía un nuevo peinado, su cabello se había oscurecido, su mirada brillante había desaparecido dejando unos ojos muertos, su sonrisa juguetona se esfumo siendo remplazados por una sonrisa plástica y falsa.

"Gakuho?"

"Ah Tadaomi, bienvenido a casa" Incluso ese tono de voz era diferentes

Las feromonas dejaban saber del cambio radical de su estado de animo, Gakuho no volvió a ser el mismo desde ese día y no sabía el porqué.


Su relación con su esposo se había vuelto tensa desde ese momento, también su relación con Gakushuu se tenso.

Aún se aman pero su relación estaba pasando por demasiado problemas donde ninguno de los dos aún daba un paso adelante para arreglar las cosas.

Korosensei fue la oportunidad perfecta para que pudiera ver el sistema infernal que tenía su esposo, discutieron, hubo portazos y esta seguro que pudo oler el aroma de fresas con un ligero temor detrás de la puerta de una de las habitaciones.

Su relación siempre había sido secreta, todos sabían que su director estaba casado pero el rumor más famoso era que su esposo había fallecido, Gakushuu jamás hablaba de la existencia de su padre.

Karasuma estaba bien con eso, era mejor que nadie supiera que estaba relacionado con ellos, no quería poner en peligro a su familia y ahora añadia el hecho de darle información de chisme al pulpo amarillo.

Los meses junto a la clase 3-E lo cambiaron, le hicieron ser más abierto con sus emociones y darse cuenta que no todo era trabajo, el asunto de Irina se lo dejo claro.

En ese momento un nuevo pensamiento nació, quería arreglar las cosas con su esposo, con su familia, volver a oler las feromonas de felicidad.

Las cosas jamás fueron fáciles con Gakuho, su esposo es el maestro de la manipulación pero conocía sus límites.

Gakuho había aprendido a esconder su aroma como sus feromonas para que nadie supiera como se sentía, no se los podía esconder a él.

Podía oler claramente la desesperación en su esposo porque todo lo que había formado se caía a pedazos, se limitaba a ser un espectador cuando vio como desafiaba a Korosensei.

Gakuho lo vio por unos segundos dándoles esa sonrisa falsa qué lo enfermaba.

Las feromonas de Gakuho desprendian un nuevo aroma que jamás había sentido...

Podía oler la locura, desesperación junto a los deseos de morir, su corazón se rompió en ese momento.

Los recuerdos de la primera vez que vio aquel omega aparecieron junto a la imagen de Gakuho abriendo el libro con la granada.

"NO LO HAGAS GAKUHO!" Grito sin darse cuenta, Irina lo abrazo evitando que se lanzará adelante.

"El pulpo lo tiene bajo control Karasuma, entonces era él, no soy tan buena adivinando" La omega rubia le dijo soltandolo con una sonrisa de alivio.

Gakuho estaba vivo, protegido por aquella capa de piel de Korosensei.

El pulpo tenía razón, el enseñaba de una manera similar a la que muchos años atrás lo hizo su esposo, Las feromonas con aroma a muerte desaparecieron.

"Con eso arreglado, parece que alguien estuvo muy preocupado por usted" La cara del pulpo se puso rosada viendolo directamente.

Oh, claro, había gritado su nombre...

"Ya me di cuenta, hace mucho que no me gritas de esa manera" Gakuho le comento acercándose hacia él, se fue al diablo de mantener su relación en secreto.

"Creo que la última vez fue cuando Gakushuu estaba por nacer" El omega le dijo con una sonrisa mientras se acomodaba de manera distraída sus cabellos cortos, su esposo está loco.

"Siento que nos estamos perdiendo de algo" Nakamura comentó detrás de la ventana mientras el resto del 3-E ascentia por lo que estaban viendo, Irina tenía una sonrisa de superioridad al saber los puntos buenos del chisme.

"Tú y yo vamos hablar de manera seria"

"Esta bien, podemos hablar después de la cena, te veré en casa" Con todo el descaro del mundo beso su mejilla yéndose a quien sabe donde.

Karasuma tomo la sabia decisión de seguirlo por dos motivos, primero porque no pensaba quedarse a explicar todo el asunto cuando casi ve morir a su esposo ese día y segundo, aún puede intentar acabar con su propia vida.

Logró alcanzar a mitad de camino, su mirada le decía lo molesto qué estaba no dejándose engañar por las feromonas de alivio y felicidad.

"Entonces, aún te preocupas por mi?"

"Jamás deje de hacerlo"

"Ya veo... Fui un idiota, no?"

"Hablemos de esto a profundidad después de cenar, aún estoy procesando el echo de que casi te suicidas"

"No le digamos nada de esto a Gakushuu"

"Hace tiempo que no lo llamas así"

Gakuho solo le sonrió para seguir con su camino, para su sorpresa Gakushuu estaba esperándolos con una venda en la mejilla...

"Qué haces aquí padre? Estaba esperando a okasan para ver como se caía su fachada perfecta y alentarlo por su derrota"

"Qué te paso en la mejilla?"

"Oh esto, okasan tiene las respuestas, espero un filete en compensación por los daños, no te preocupes aún soy lindo según las encuestas"

"Asano Gakuho"

El omega solo le sonrió tocando su hombro para hablar con su hijo, que va hacer con ese par.

Los tres se fueron en el mismo auto mientras exigía respuestas por el golpe en la mejilla qué tenía Gakushuu, las feromonas de felicidad con alivio se sentía en el aire.