Por toda la superficie del mundo las alianzas se rompen, las intrigas se extienden y las guerras estallan, y todo ello es orquestado por una amenaza impalpable, envuelta en sombras, que acecha sin ser detectada bajo los mismísimos pies de aquellos a los que planea destruir. Son los Skavens, y buscan nada menos que el dominio total del mundo entero.
Los viles Skavens roen las raíces del mundo como lo haría un cáncer maligno. Extienden la corrupción, minando la civilización de forma despiadada y esperando hasta que sea el momento adecuado de invadir la superficie. Incontables ejércitos se preparan para lanzarse en tromba desde su reino subterráneo y reclamar la legítima herencia de los hombres rata. Convertirse en amos supremos es su destino final, un destino que les ha sido prometido centenares de veces en los furtivos susurros de su malévolo dios, la Gran Rata Cornuda, quien lleva toda la eternidad tratando de horadar la tela que separa el mundo material del más allá.
Las Marismas Marchitas, a veces llamadas Pantanos Zombi, se encuentran en el noroeste de Tilea, y se extienden desde el río Trino hasta las montañas Abasko. Las Marismas Marchitas son una zona sin vida de charcas poco profundas cubiertas por una gran niebla arremolinada y alimentadas por innumerables arroyos malolientes. Esta zona es tan repugnante y está tan plagada de enfermedades que todos, salvo los forajidos y lunáticos más desesperados, la evitan.
O eso fue hasta que los tileanos descubrieran que la gran ciudad de los hombres rata, Plagaskaven, se desmorona en el lodazal maloliente. Aunque Tilea ha sufrido ataques esporádicos de los Skaven y al menos un brote de Viruela Roja, ha sido una suerte que el Consejo de los Trece gobernante del Imperio Subterráneo haya dirigido los esfuerzos de los hombres rata a otros lugares.
Desde Plagaskaven se había excavado una profunda trinchera que atravesaba los pantanos y desembocaba en la costa del mar Tileano. Las destartaladas naves de las flotas de clanes Skaven recorren incansablemente esta lúgubre vía fluvial, en misiones insondables para los señores de la guerra Skaven que habitan en las profundidades de Plagaskaven.
Cuando los Skaven están a flote, ciudades como Tobaro, Miragliano, Remas e incluso Luccini nunca se sienten realmente seguras. No saben cuándo se oirá el tañido de la Campana Aulladora ni cuándo vendrán los invasores de la disformidad a quemar sus aldeas y pueblos. Cuando lo hacen, las flotas de guerra de Tilea (y todos los aliados imperiales que estén cerca) luchan contra las flotas de clanes Skaven, tiñendo el mar y el cielo de rojo con fuego y sangre.
Era hora de exterminar esa plaga...
Con Tilea unificada bajo el estandarte de Giovanni Garibaldi, todas las flotas tileanas, y varias otras aliadas, se unieron en la "Grande Marina Tileana". Armados con pólvora, lanzallamas y acero, y protegidos por la fé en Myrmidia y las Mascheres di Morr, una invención de ingeniería tileana para filtrar el aire contaminado con miasma, partieron en la llamada "Cruzada de la Ciénaga", o "Guerra de la Peste", como se conocería en el Imperio.
Desde Plagaskaven se había excavado una profunda trinchera que atravesaba los pantanos y desembocaba en la costa del mar Tileano. Las destartaladas naves de las flotas de clanes Skaven recorren incansablemente esta lúgubre vía fluvial, en misiones insondables para los señores de la guerra Skaven que habitan en las profundidades de Plagaskaven.
Cuando estás naves de clanes skaven se toparon con la gran flota de guerra de Tilea, los cruzados tiñeron el mar y el cielo de rojo con fuego y sangre. Antes de desembarcar en las marismas putrefactas, iniciando la una feroz guerra en las trincheras malditas. Por cada cruzado caído más de una docena de Skavens se reunía con la Rata Cornuda, por fuego y pólvora las alimañas eran barridas de la creación y los tileanos quemaron los suelos marchitos con fuego mientras los sacerdotes oraban y esparcian sal en la tierra, para que el Caos no volviera a gestarse otra vez, mientras los druidas elfos silvanos volvían a dar vida a la tierra, haciendo crecer pasto, árboles de frutos y arbustos de bayas, para alimentar a las tropas. En cosa de meses los cruzados llegaron a dislumbrar la ciudad maldita entre las brumas del pantano.
Plagaskaven, la capital del subterráneo Imperio Skaven Subterráneo, también es conocida como la "Gran Ciudad Subterránea", debido a la masa de túneles y cavernas que se extienden por millas debajo de las ruinas de la ciudad humana. Si bien algunos de los edificios más grandes en el centro de la ciudad en ruinas aún están ocupados y en uso, nueve décimas partes de Plagaskaven están bajo tierra como un iceberg malévolo.
La vista de lo que alguna vez fue Tylos, la cuna de su civilización, solo enervo la furia justa de los cruzados tileanos. Está fe se manifestó cuando los cruzados fueron cubiertos por un halo que los protegía de las plagas y desviaba los proyectiles enemigos.
"¡Por Myrmidia y la gloria de Tilea!" — grito de Guerra durante la Cruzada de la Ciénaga.
La batalla duró días enteros, cuantas más Skavens mataban, más de las alimañas surgieron de la ciudad. La marea de ratas parecía interminable. Cuando caía la noche, las partidas de elfos silvanos liderados por las Hermanas Crepúsculo eliminaron furtivamente a las amenazas en la oscuridad, mientras los cañones de las Barcazas de Truenos hacian llover muerte a los enemigos de la diosa guerrera.
El Consejo de las Lágrimas que gobierna la ciudad de Vedenza, había invocado a Silak el Tuerto, un Merwyrm atado por un Pergamino de Vinculación, llevándose cientos de miles de skavens por delante antes de que la bestia colosal fuera abatida con más de un millar de lanzas corruptas encima.
Asarnil, el Señor de los Dragones, un antiguo príncipe del Reino de Caledor, famoso en todo el Viejo Mundo como un poderoso guerrero que cabalga sobre su aterrador Dragón. Junto con su dragón Colmillo de Muerte y otros Príncipes Dragón exiliados, los "Señores Dragón", incendiaron la torre mayor de Plagaskaven y prendieron fuego a la madriguera de las alimañas corruptas.
Mientras estás huían despavoridas hacia las líneas cruzadas, fueron recibidos por fuego de artillería y mosquetes de chispa enanos. Además de lanzas y flechas de ballesta de repetición. El caos fue tanto que los orcos bajaron de las montañas a pelear contra todo lo que tuviesen en frente. Fue suerte que los skavens estaban entre los cruzados y los skavens, siendo los pieles verdes una especie de refuerzos extraño. Para cuándo la batalla había terminado su caudillo había muerto y estos huyeron de nuevo a los montes Irrana.
Cuando la batalla ceso, los cruzados se negaron a romper la formación, esperando una jugada traicionera por parte de los siervos del Caos. No fue hasta que los cielos se abrieron por primera vez en milenios en estos paramos olvidados por los dioses que supieron que este era el final, habían ganado.
Incluso con la ciudad destruida, no por nada era conocida como la "Ciudad Subterránea". Esto no acabaría hasta que eliminarán la madriguera de esas aberraciones, pero bajar allí, incluso para los enanos, sería suicida. Esto no sería necesario gracias a Lucrezzia Belladonna, quien uso la alquimia para crear un veneno que había demostrado ser nocivo solo para los skavens, siendo especialmente efectivos con los problemas de plagas en ciudades como Miragliano. Miles de litros fueron vertidos en las entradas al subsuelo, varias veces los skavens intentaron huir hacia la superficie, gimiendo y retorciéndose mientras llagas burbujeaban en su piel y sus ojos lloraban sangre, solo para ser acribillados rápidamente.
Cuando dejaron de salir alimañas, los tileanos declararon la zona como "segura". Aún así, por orden de Garibaldi que se construiría un templo fortaleza alrededor de la "Entrada al Inframundo", siendo eternamente vigilada por la Orden del Águila, con la bendición del Ultima Aquila, Isabella Giovanna Luccelli, que había vuelto al Gran Templo de Remas tras declarar haber tenido una visión de la diosa volviendo a los brazos de un Tylos arrepentido. Esto acrecentó la fé de la joven nación, sobretodo cuando supieron que la L'Ultima Aquila estaba embarazada "por obra y gracia de Myrmidia".
Alrededor del Templo del Presidio la ciudad de Nueva Tylos se levantaba, al igual que la hierva verde de sus alrededores. La cual, en el futuro sería la nueva capital de la "Sagrada República de Tilos"... Aunque primero habría que convencer al Consejo de los Cincuenta, ahora conocido como el Senato della Repubblica.
Lemon
Isabella Giovanna Luccelli se aventuró en el pabellón y respiró profundamente. Remas era una ciudad sumamente hermosa, pero el Gran Templo de Myrmidia era uno de los lugares más asombrosos que había tenido el placer de ver.
La chica azabache se recogió el pelo bajo una capucha y llevaba una túnica negra sin mangas sobre su amplio pecho. La túnica no dejaban ver sus largas piernas. Caminaba completamente descalza. Isabella se acercó al altar de la diosa y sonrió.
—Veo que acepto mi invitación.
Isabella se dio la vuelta y se encontró cara a cara con el único e inigualable Giovanni Garibaldi. Vestía unas ropas negras finas que se abrazaban bien a su fuerte constitución. Isabella no pudo evitar desvestirll con los ojos. Absorbió su cuerpo tonificado, con pecho, brazos y piernas musculosos. Cada centímetro de Giovanni dejaba a Isabella completamente sin aliento. Se descubrió su hermoso rostro y se acercó más a él.
—No fuiste él unico— dijo Isabella— La diosa me mostró una visión, que debería encontrarte contigo aquí.
—Ella me mostró algo similar— dijo Giovanni —Y creo que ambos sabemos la razón por la que deberías estar aquí ahora mismo.
Isabella era la Última Águila, líder del culto de Myrmidia. Ella había intentado resolver el cisma entre Estalia y Tilea al mudarse a Magritta, cosa que, ahora sabía, fue un ingenuo error de su parte. Cruzó la habitación, puso una mano sobre el hombro de Giovanni y sonrió.
—Este es más que un lugar de culto, es el lugar de nacimiento de nuestra divina patrona— dijo Isabella —Myrmidia te eligió como su heraldo, es apropiado que yo, como L'Ultima Aquila, te de tu justa recompensa.
Isabella cerró la brecha que los separaba con un beso apasionado. Era algo que había querido hacer desde hacía mucho tiempo. Las circunstancias y la terquedad se lo impidieron. Giovanni la rodeó con un brazo y la acercó más.
—Mmm, ya veo porque eres tan popular con las chicas— dijo Isabella, con un hilo de saliva uniendo sus labios —Cualquier mujer que se resista a esto no tiene esperanza.
Ella arrastró sus uñas por Giovanni y deslizó una mano por sus pantalones. Isabella agarró su miembro y comenzó a bombearlo. Se inclinó más cerca de ella y la acarició. Los dos se encontraron con un beso muy apasionado. Isabella se informó bien sobre qué hacer a continuación y estaba emocionada por ponerlo en práctica. Tiró de Giovanni hacia abajo y le expuso su verga. Contempló el glorioso trozo de carne lamiéndose sus deliciosos labios.
—Vamos a disfrutar esto, creo— murmuro sensualmente Isabella, deslizando su mano hasta el final de su miembro. Lo acarició largo y tendido.
Giovanni notó con solo mirar a Isabella que la sacerdotisa no llevaba nada debajo de su túnica. Sus pezones sobresalían para él y comenzaron a verse transparentes. Isabella rodeó la base con la mano derecha y acarició la punta con la izquierda. Su agarre suave y firme hizo que Giovanni se inclinara un poco hacia delante, entre sus manos.
—Este es un lugar de culto— dijo Giovanni —Deberías arrodillarte cuando prestas servicio—
Isabella sonrió y se arrodilló. La suma sacerdotisa de Myrmidia frotó su miembro, que se alargó en sus manos. Apenas podía creer lo grueso y duro que se había vuelto en sus manos.
—Oh, quiero chupar tu enorme y jugosa verga— dijo suciamente Isabella, mientras sonreía y se relamia sus seductores labios.
Sus manos se soltaron de Giovanni. La gran vara saltó en el aire y casi golpeó a Isabella en la barbilla. Ella sonrió y frotó la cabeza contra su suave rostro antes de darle la vuelta. Rodeó la base con un par de lamidas. Isabella acarició su longitud mientras lamía la punta. Giovanni se encontró entrando en un estado de éxtasis. Isabella arrastró su lengua a lo largo de la enorme vena, asegurándose de brindarle a Giovanni el servicio más completo y asombroso. Ella se deslizó hasta sus enormes bolas y las apretó lo más fuerte posible.
Isabella tomó la punta entre sus labios y lo chupó con mucha fuerza. Bajó la lengua alrededor de Giovanni y rodeó su pene aún más, introduciéndolo un par de centímetros más en su boca. Tomó la parte de él que no podía meterse en la boca y la acarició con la mano. La sacerdotisa se arrodilló y adoró a Giovanni. Una serie de mamadas hambrientas se intensificaron con Isabella tratando de chuparle todo lo que valía y para ella, él valía muchísimo. Colocó su mano libre entre sus piernas y comenzó a frotarse a través de sus tunicas cada vez más mojadas.
"Menos mal que no llevo bragas" pensó Isabella, con un brillo travieso en los ojos.
La Última Águila redobló sus esfuerzos. Necesitaba que Giovanni le disparara una carga cálida y pegajosa en la garganta. Isabella sorbió su miembro y probó los primeros hilos de líquido preseminal que se derramaban de la cabeza de su pene. Todo lo que podía hacer era seguir chupando. Giovanni la agarró por su negra cabellera y le metió más polla en la boca. Isabella se acercó a sus testículos rebosantes y los acunó. Sus dedos sedosos ordeñaron la espesa semilla de sus bolas y lo enviaron a toda velocidad por su falo, con destino final a la parte posterior de su garganta. Isabella se aseguró de sacarle el máximo provecho a sus habilidades manuales cuando vació los testículos de Giovanni de sus fluidos. Los acarició y extrajo hasta la última gota de semen, degustado su divino sabor en cada trago.
"Esto puede volverse altamente adictivo" penso Isabella, orando en silencio una plegaria para mantener lejos a Slaanesh.
Todo su cuerpo ardía y sabía que la única cura era quitarse la ropa. Se quitó la tunica negra por la cabeza y liberó su amplio busto contra la pared.
—Y me has traído un regalo —dijo Giovanni. Agarró una de las tetas de Isabella y lo apreto.
Isabella intentó resistir con piernas temblorosas. Era difícil mantener la calma cuando Giovanni trabajaba uno de sus pezones con su mano y el otro con su boca. Su boca y sus manos expertas provocaron en Isabella ataques de placer. Tenía una mano libre y la deslizó más cerca de entre sus piernas. Isabella casi se perdió en el placer cuando Giovanni bajó en su coño recién afeitado y húmedo. Pasó un dedo por su clítoris y lentamente la llevó a una súplica apasionada.
—¡Por los dioses!— gimió Isabella, apoyada en uno de los pedestales para asegurarse de no caerse. Giovanni le frotó el coño y el clítoris, lo que la hizo sentir muy bien.
Giovanni se separó de su teta y comenzó a besar todo el cálido cuerpo de Isabella. La empujó hacia el pedestal y sonrió mientras pasaba por su estómago.
—No digas que nunca puse a una mujer en un pedestal —le dijo Giovanni.
Isabella sólo pudo responder con un gemido y abrió las piernas. Giovanni le rindió homenaje a su sexo. Cada momento que sus labios se demoraban en tocarla hacía que más chispas se extendieran por su cuerpo. Isabella había sido llevada más allá de los límites, hacia la pura felicidad y locura sexual.
—Sí, ahí mismo, ¡ese es el lugar!— grito Isabella, enloquecida —¡No… no te rindas… solo cómeme mi maldito coño mojado!.
Giovanni sonrió y se acercó más a los muslos calientes y húmedos de Isabella. Sabía lo que quería y sabía exactamente cómo conseguirlo. Isabella sujetó la nuca del hombre y lo animó a penetrarla más profundamente. Las vibraciones se extendían por todo su cuerpo. Isabella movía continuamente sus caderas hacia arriba y hacia abajo para recibir a Giovanni. Ella había venido aquí para recompensarlo y él le rendía tributo. Él se abrió paso hasta una de las maravillas del mundo, un sexy coño virgen y sacerdotal. Isabella solo se retorcía y en unos segundos, lo que le aseguro a Giovanni que su coño estuva listo para el evento principal.
El sabor y el aroma endurecieron a Giovanni y lo hicieron querer no hacer nada más que inmovilizarla sobre la mesa y follarla hasta que se quedara bizca. La sola idea de eso hizo que Giovanni palpitara un poco. Soltó a Isabella y se inclinó hacia ella. Su cuerpo se apretó contra el de ella. Esas hermosas almohadas presionaron contra su pecho musculoso. Giovanni se inclinó y le dio un beso en el costado del cuello mientras presionaba el punto del pulso. Isabella se aferró a él. Él marcó su cuello para sí mismo, por toda la eternidad. Ella podía sentir su polla bailando contra sus paredes internas. Estaba bastante cerca de ella, pero se apartó, lo que la hizo gemir de pérdida.
—Todavía no— dijo Giovanni, trepando por su cuerpo —Tengo algo de tensión que tu dulce coño puede aliviar, pero creo que esto sería mucho mejor.
Giovanni masajeó las hermosas y enormes tetas de Isabella. Ella jadeó cuando Giovanni siguió apretándolas.
—Tienes la bendición de una diosa— dijo Giovanni, mientras continuaba jugando con ellas y haciéndolas suyos. Apuntó su verga más cerca de sus pechos, haciendole entender lo que iba a hacer.
—¡SÍ!— gritó Isabella —¡Follatelas, haz lo que quieran con ellas!.
Giovanni se sentó a horcajadas sobre Isabella y deslizó la punta de su verga entre sus pechos redondos. Se deslizó entre ellos y experimentó una sensación de calor gloriosa. Su miembro palpitante se movió entre sus hermosas tetas con unas cuantas embestidas. Isabella cerró los ojos y sintió que su miembro se frotaba contra ella. La punta salió y goteó sobre su rostro. Isabella le lamió y lo animó a seguir adelante. Cada vez que penetraba sus sensibles tetas, la hacia mojarse más y más.
Giovanni le dio un par de embestidas. Isabella lo abrazó con sus grandes tetas y le apretó la verga. Se preguntó cómo lucirían sus tetas cubiertas de semilla blanca. Isabella agradeció a Myrmidia por este regalo. Cada vez que Giovanni la penetraba, sus bolas golpeaban la parte inferior de sus pechos cuando su miembro entraba. Ella se inclinó y lamió alrededor de la gorda y enojada punta, sorbiendo su adictivo líquido preseminal. El placer recorrió a Giovanni desde la base hasta la punta. Todo lo que podía hacer era seguir con lo que estaba haciendo. Explotaría si le daban suficiente tiempo y esfuerzo. Empujó más entre el amplio escote de Isabella y continuó embistiendo profundamente entre sus orbes femeninos.
Una lluvia blanca y pegajosa cubrió el pecho de Isabella con esperma. Su cuerpo se estremeció mientras Giovanni disparaba su espesa semilla por todo su cuerpo. Parecía tener un suministro infinito e Isabella apenas apretó sus bolsas de diversión para asegurarse de que se derramara más.
—Es tanto... Tan... Joder, tan caliente... ¡Qué jodidamente increíble!—gritó Isabella, bajo un baño de esperma espeso y viril. Su olor fuerte hacia que su útero doliese en protesta. Sus sentidos de mujer exigían procrear con este macho.
Cuando Giovanni terminó de vaciar sus sobre ella, Isabella se sentó para permitir que el semen se deslizara por sus montañas nevadas, cuyos picos estaban cubiertos bajo nieve pegajosa. Giovanni había sido bombardeado con el efecto de ver a Isabella levantar sus pesadas tetas hasta sus labios, alimentándose de su semen, recogiéndolo con su lengua. Ella hizo contacto visual con él y se aseguró de que su verga estuviera realmente endurecida.
Cuando ella terminó de limpiarse los pechos, sus pezones palpitaban de deseo cuando se arrastró hacia Giovanni. Isabella se acercó más a su amante y empujó sus caderas contra Giovanni cuando se subió encima de él. Estaban cadera con cadera, casi juntos. Isabella sonrió y se acercó a Giovanni con tanta hambre bailando en sus ojos.
—Ahora es el momento— dijo Isabella —No querrás decepcionar a la diosa después de haber recorrido todo este camino.
—Dimelo mañana, cuando despiertes— gruño profundamente Giovanni, haciendo que un escalofrío de anticipación recorriera la espalda de la pelinegra.
Isabella se levantó y se dejó caer sobre Giovanni. Su apretado coño envolvió la poderosa vara de Giovanni mientras subía y bajaba sobre él. Sus tetas permanecieron a la altura de los ojos de Giovanni cuando descendió y se elevó provocativamente hasta perderse de vista. El calor de un coño tan divino y estrecho hizo que él gimiera. Extendió la mano y comenzó a pellizcar sus pezones endurecidos. Era un objetivo tan agradable que sería casi de mala educación no hacerlo. Isabella respondió con un gemido entrecortado y continuó cabalgandolo.
—Es tal como lo soñe— gimio Isabella, entre sentones.
Se abrió lo más que pudo y tomó una buena cantidad. Cada centímetro de su cuerpo ardía y un orgasmo amenazaba con estallar en cualquier momento. Giovanni no la ayudó, trabajando sus tetas con un par de suaves apretones. Isabella tomó un ritmo más firme con un par de subidas y bajadas, apretando sus paredes contra su enorme verga. Jadeaba mientras lo frotaba hacia arriba y hacia abajo.
—Cumple con las expectativas de Myrmidia, ¿no?— preguntó Giovanni.
Isabella respondió con un asentimiento, mordiendo el cuello del joven. Siguió empujándolo hacia abajo con unas cuantas embestidas largas. Sus tetas se balanceaban al rebotar cada vez más alto. El orgasmo que la golpeó hizo que Isabella gritara de pura felicidad, realmente no había nada mejor que esto, nada mejor que ella pudiera pensar al menos. Se aferró a la nuca de Giovanni y trabajó hasta el fondo.
El cálido coño deslizándose hacia arriba y hacia abajo sobre él hizo que Giovanni fuera plenamente consciente de que lo perdería más temprano que tarde. Tenía un par de trucos más bajo la manga. Un agradable masaje de sus piernas hizo que Isabella se retorciera y se corriera contra él. Se deslizó hacia él con mayor facilidad. El jadeo de la sacerdotisa aumentó cuando ella aceleró sus acciones. La larga verga se clavó en su cuerpo al subir y bajar. El espesor de la hombría de Giovanni penetró en su útero. Todo su cuerpo ágil se apresuró a encontrarse con el fornido suyo. Saltó cada vez más alto. El siguiente orgasmo sacudió su cuerpo. Un tercer orgasmo en tan poco tiempo la hizo aferrarse a Giovanni para evitar caerse.
La pasión ardiente se extendió desde la flor de Isabella. Estaba empapada y Giovanni se empujó hacia adentro de ella. Contuvo lo que iba a salir de sus gruesas bolas. Simplemente siguió embistiéndola, alcanzando una serie de apasionadas embestidas. La situación siguió y siguió, con Isabella sufriendo una cadena constante de orgasmos. Se convirtió en un bucle infinito sin un final real a la vista.
Isabella empujó más abajo la adolorida berga de Giovanni y lo introdujo más profundamente en su coño. Estaba tan estirada que era casi embriagador sentir lo que él tenía reservado para ella. Ella siguió rebotando y frotándose contra su miembro. Isabella lo montaba, arañando su hombro como una gata en celo. Respiraba agitadamente alentándolo a chupar sus pezones un poco más. Una cantidad complementaria de fluidos goteaba por su coño y cubría la polla de Giovanni, cubriéndola por completo.
—Dioses, Isabella— gruñó Giovanni —Estoy tan cerca.
—No te preocupes... hay un sello sagrado... todas las Ultimas Aquilas lo tienen —dijo Isabella —¡Se realiza todos los años... se refuerza todos los años...!
Isabella se puso a balbucear de forma completamente incoherente. Lo único que le importaba era que Giovanni le llenara el coño con su potente semen. ¿Y no sería genial si el sello que se había puesto sobre todas las Últimas Águilas, por decreto del Culto de Myrmidia, fallara?
"No hay posibilidad… a menos que Myrmidia lo permita..." pensaba Isabella, apretando más las caderas hacia Giovanni.
—¡Es imposible que me dejes embarazada! —gritó Isabella, loca de lujuria y se arrodilló contra su palpitante y dura verga —Adelante, córrete dentro de mí. No puedes hacerlo, no puedes hacer lo imposible y romper el sello... Ese maldito sello anticonceptivo lo inventó la propia Bendita Orden de la Visión Verdadera... ¡Es jodidamente imposible para cualquier mortal romperlo!.
Isabella palpitaba ante la idea de que Giovanni pudiera lograrlo, significado la aprobación de la propia Myrmidia.
Giovanni gimió y la penetró. Todo mientras un halo de luz empezaba a rodearlos a ambos. La penetró aún más y disparó el semen dentro de ella. El calor se extendió por todo el cuerpo de Isabella. Ella continuó rebotando sobre él, apretando su verga. El semen salió disparado a su lado y salpicó profundamente su interior. Ella siguió rebotando sobre él, sin querer desperdiciar ni una sola gota potente dentro de ella. El simiente de Giovanni atravesó la barrera sagrada y se disparó directamente al útero de Isabella, cubriendo sus óvulos con su poderoso semen.
—¡Imposible!— gritó Isabella, encantada.
—Nada es imposible— dijo Giovanni, secamente.
Él vació sus bolas dentro de ella por varios minutos y se retiró. Isabella se deslizó hacia atrás en el altar, con el estómago hinchado por la cantidad excesiva de semen. Se recostó mientras acariciaba su vientre, lleno hasta el tope de esperma viril, con cariño. Junto con la satisfacción de haber servido a su diosa, siendo la madre de este niño bendito.
—Mmm, toda Tilea y el mundo verán a L'Ultima Aquila de Myrmidia volverse grávida con el futuro gobernante elegido por la diosa— dijo Isabella, viendo a Giovanni con una sonrisa amorosa —Tu hijo...
