Lincoln abrió los ojos en la oscuridad de su habitación y miró una pequeña silueta a su lado. ¿Acaso estaba soñando? Su duda fue respondida cuando sintió un leve pinchazo en su brazo izquierdo, lo que fue seguido de la sensación de un líquido ingresando a su cuerpo.

—¡Auch! —soltó un pequeño grito de dolor.

Cuando reaccionó, la sensación se detuvo y vio quién fue el culpable de lo que estaba sucediendo. A su lado, su hermana Lisa estaba sosteniendo en su mano una inyección mientras sonreía de forma torcida,característica que la caracterizaba.

—¡Lisa!¿¡Qué demonios estás haciendo!? —le reprochó enojado.

—Solo te estoy haciendo un favor y que tendrás que devolvérmelo más tarde, de nada, hermano.

Manteniendo su sonrisa particular y sin pronunciar una sola palabra, se apartó de la habitación del chico, lo que lo dejó indignado.

—¿¡Qué rayos me inyectó ella!?

Había despertado en mitad de la noche, solo para ver que su hermana pequeña —que se especializa en ciencia— le inyectó algo que no sabe qué y encima tuvo el descaro de haberle dicho que ÉL le debía a ella un favor, no es algo que dijera: «Oh, está bien, gracias, hermanita». Decir que él se encontraba enojado era minimizar lo que en verdad sentía.

Pero, ¿qué podía él hacer?

Podía decirles a sus padres, ya que ellos le habían prohibido a Lisa que experimente con sus hermanas, cosa que ella al parecer había cumplido, porque solo lo utilizaba a él como su conejillo de india. No importaba lo que dijeran sus padres, ella siempre esquivaba el castigo.

Esperaba que lo que sea que le había metido a su cuerpo, no le hiciera algo feo o lo terminará matando, no quería morir a tan solo sus doce años de existencia.

Cerró sus ojos esperando volver a dormir, esperaba que mañana, por lo menos, sea un día más tranquilo, algo que no podía creer por el caos habitual de su familia, pero bueno, se vale soñar.


En el momento en que había despertado, lo primero que había salido de la boca de Lincoln —aparte de un gemido de dolor— fue maldecir a Lisa por la leve sensación de dolor que sentía en sus músculos.

—Maldita sea, Lisa…

Aunque tuvo un sueño algo extraño. En vez de haber tenido algún absurdo sueño, como era usual para él, soñó que se encontraba en un lugar extraño, mientras sentía que flotaba y veía cómo figuras cambiaban constantemente, deshaciéndose para crear algo nuevo.

Si bien, no fue algo malo lo que observó, lo que fue era como se sentía, en sincronía con las figuras, deshaciéndose y cambiando a algo nuevo. Estaba transformándose.

De vuelta al presente, Lincoln se levantó como pudo de su cama mientras gemía levemente de dolor. Frunció el ceño. Se cambió a su ropa habitual y fue en búsqueda de su hermana Lisa. Ella le debía una explicación de lo que le había hecho.

Sin embargo, su búsqueda fue interrumpida con el grito de su madre:

—¡Lincoln! ¡El autobús está llegando, apresúrate o lo vas a perder!

«¡Demonios!», se maldijo internamente. Salió disparado hacia afuera de su casa, donde el autobús se detuvo y sus hermanas subieron en él.

Esperaba que el día de hoy no fuera muy malo.


En la noche…

Afortunadamente, Lincoln había transcurrido el día con normalidad. Lo que Lisa le había inyectado a él, no le hizo nada, por lo menos de forma visible. La cena terminó hace unos minutos y él tenía planeado reclamarle a Lisa, lo que sea que le haya inyectado.

Caminó a su habitación —no se molestó en tocar la puerta— y la abrió de una manera dramática.

—¡Lisa Loud! ¡No sabes lo enojado que estoy contigo!—Enojado, fue hacia ella, que lo miraba de forma inexpresiva—. ¿¡Qué me hiciste anoche!?

A diferencia de su hermano, ella estaba tranquila y le sonreía confiada.

—Lincoln, ayer te inyecté una fórmula que te cambiará la vida. Como verás, estás en la tapa del inicio de la pubertad, pero aún no has mostrado cambios notables del proceso, así que me planteé: «¿Y si adelantará tu proceso de la pubertad?»

—¡Lisa! ¡No puedes hacer eso! Le diré a ma—

Ella le tapó la boca con su dedo y con una sonrisa triunfante le dijo:

—¿Acaso no te das cuenta, Lincoln? Al adelantar tu proceso de la pubertad, te desarrollarás más rápido que tus compañeros de la escuela. Algunas de tus compañeras te podrán ver como un candidato para ser su pareja romántica, ¿no quieres eso?

El chico de cabello blanco iba a refutarle, pero se calló. La idea de que las chicas de su salón lo vieran atractivo y con potencial para ser su pareja lo cegó. Su enfado con su hermana se desvaneció y, en cambio, una sonrisa torpe en su rostro apareció.

—Emm… Bueno, tal vez me guste la idea después de todo.

No le gustó que su hermana alteró su cuerpo, pero la idea era demasiado atractiva para dejarla ir. Tuvo que resignarse, pero con una sonrisa. Si las cosas iban bien, tendría un cambio positivo en su vida y tal vez… sería especial como sus hermanas.

La pequeña científica supoque había ganado cuando vio el sonrojo de su hermano.

—Es bueno saber que mis suposiciones son acertadas, tal como era de esperarse. No te preocupes, Lincoln, en algún momento te avisaré para que me devuelvas el favor. —Sonrió con su sonrisa extraña, mientras que un rayo iluminó la habitación, dándole un toque aterrador a ella—. ¿Uhm? Qué extraño que haya caído un rayo.

—¿Qué? ¿¡Por qué te debo un favor!? ¡Lo hiciste en contra de mi voluntad!

—¿Acaso quieres que lo reinvierta? —Lo miró de forma desafiante.

Él no se atrevió a devolverle la mirada, sabía que ella tenía razón, en verdad quería eso. Quería que las chicas le mostraran atención, demonios, le gustaría a él tener novia. Sin embargo, si quería tener esa posibilidad, tendría que ceder a aceptar el favor que le debería a Lisa.

Suspirando le respondió:

—Bien, bien, tú ganas…

Había hecho un trato con el mismísimo diablo, su hermana Lisa. Esperaba que su favor no sea algo extremo, ya tenía suficiente siendo su conejillo de India.

Antes de salir, una gran pregunta pasó por la cabeza del muchacho.

—Oye, Lisa, ¿esto tendrá algún efecto secundario en mí?

Manteniendo su sonrisa confiada, le aclaró:

—Lincoln, hice los cálculos y en cinco meses, tendrás la apariencia de un chico de catorce años. Después de eso, tu crecimiento se normalizará de forma natural.No habrá efectos secundarios o te sucederá algo progreso, ¡lo juró por mi reloj inteligente!

Ella señaló a su «reloj inteligente», lo que parecía ser una tostadora pegada con cinta adhesiva a una pantalla con muchos cables saliendo y en vueltos entre sí.

No le inspiró confianza, pero decidió creer en su hermana. ¿Qué es lo peor que le podía suceder?

«¡PUM!», explotó el «reloj inteligente» de Lisa sin ninguna explicación.

—…

—Tsk, fue sola una coincidencia. —Ella le quitó importancia al asunto.

Esperaba haber tomado la decisión correcta, esto podía terminar muy mal para él, teniendo en cuenta el historial de los experimentos que terminan mal de Lisa, pero como decía su hermana Lynn: «El que no arriesga, no gana».


Dos semanas y algunos días después…

Era viernes por la tarde.

Lincoln estaba acostado en su cuarto leyendo un cómic; sin embargo, a diferencia de lo habitual, estaba vestido.

Su semana había sido difícil, su cuerpo estaba cambiando tal como le había dicho Lisa. Había experimentado ciertos cambios que no le gustaban, pero suponía que era parte de crecer.

Suspiró y tiró el cómic a lado suyo; de todas formas, no lo estaba leyendo, su mente divagaba en otros asuntos.

Faltaban algunos minutos para que tuviera que irse al centro comercial con su madre. Necesitaba un cambio de ropa urgentemente, su ropa le apretaba.

Se levantó y se miró en el espejo, había pasado dos semanas y unos días desde que Lisa le inyectó la fórmula a él. Creció unos centímetros y ahora mide unos 1,56 m. También se sentía con más energía que antes, estaba algo inquieto y tenía más hambre. Lisa le había informado que eso se debía a que su cuerpo estaba haciendo efecto a la fórmula y desarrollándose más rápido.

Sin embargo, no todo eran buenas noticias… últimamente, había estado experimentando nuevos sentimientos que lo incomodaban. Cuando estaba en la escuela, se distraía viendo a las chicas, no era nada nuevo, pero el problema era que ahora lo hacía con más frecuencia y tenía ciertos pensamientos extraños.

Esto también incluía a sus hermanas, hecho que lo avergonzaba profundamente y esperaba que nadie se enterara. Se despreciaba por eso.

Otro asunto que lo tenía incómodo era el tamaño de su pene. Hace unos días, después de haberse bañado, se estaba poniendo su ropa interior hasta que se miró en el espejo y vio su miembro. Casi suelta un grito, tuvo un susto al ver que su viril había crecido, no fue mucho, pero fue lo suficiente para notarlo. Ese era el motivo por el que ya no leía en ropa interior como antes; su bulto era visible.

No sabía qué hacer, le daba demasiada vergüenza para hablar con sus amigos y con sus padres… ¡Ni hablar! Podía preguntarle a su hermana Lisa, pero estaba la posibilidad de que Lisa compartiera su inquietud con sus hermanas, no quería eso. Ellas se burlarían de él o lo considerarían como un pervertido, así que Lisa estaba descartada, lo cual lo dejó sin alternativas.

También podía intentar una sesión con la psicóloga de su amigo Clyde, pero no tenía dinero, debería ahorrar para hacerlo.

—Creo que es la única alternativa que tengo—Suspiró agotado.

Las cosas no estaban yendo como él esperaba, pero era algo con lo que se estaba acostumbrando. Lamentablemente para él.

Y en respecto a su repentino cambio físico, su familia lo atribuyó a que tuvo el «estirón».

—¡Lincoln, baja es hora de irnos! —gritó su madre desde la sala de estar.

—¡Ya voy! —le respondió.

Sus hermanas no se encontraban en casa, así que no tuvo problemas para salir. Subió a Vanzilla —en la parte del copiloto—, mientras que su madre encendía el motor y manejaba para ir al centro comercial.

En el transcurso del viaje, Rita —su madre— decidió iniciar una plática con Lincoln; eran pocas las veces en que ellos tenían momentos de madre-hijo. A veces se sentía culpable por no darle suficiente atención a su hijo, pero tenía otras diez hijas que ocupaban su atención. Y se entendían mejor que con él…

—¿Y cómo te está yendo en la escuela, Lincoln? —Inició la conversación.

—Bien, supongo. —le contestó en un tono seco.

Le molestó. Sentía cómo una pequeña llama se encendía en su interior. No sabía por qué, pero la inofensiva pregunta de su madre le había molestado.

«¿Por qué me siento así?», se cuestionó a sí mismo.

—Oh, está bien…

Rita no había esperado esa respuesta por parte de su hijo, él normalmente no era así.

—¿Sucede algo, cariño?

—No —respondió de una manera cortante.

Ella frunció el ceño, volteó brevemente a ver a su hijo, quien se encontraba mirando a la ventanilla.

¿Qué le sucedía a su hijo?, se cuestionaba ella. ¿Acaso le había hecho algo malo? No recordaba haber hecho algo malo para que su hijo se comportara de esa forma con ella. Cuando sus hijas se comportaban así, eran por dos posibles razones. La primera era que se debiera a un problema que la molestara, y la segunda era que estaba en cierta fecha del mes —cosa que comprendía—. Sin embargo, Lincoln no era una chica.

Rita no había tenido hermanos, por lo que no sabía si el comportamiento de Lincoln se debiera a que estaba creciendo o tenía algo que lo molestara.

Algunas veces deseaba que Lincoln hubiera sido una chica, hubiera sido menos problemático, pero ella había querido a un chico, algo que fuera distinto a la rutina, y lo obtuvo con Lincoln.

Suspiró internamente, ser madre de 10 hijas era agotador, pero sabía que era una buena madre. Sus hijas estaban en un buen rumbo. Su hija mayor se encontraba en la universidad, mientras que las demás demostraban tener grandes habilidades. No tenía dudas de que sus hijas llegarían lejos en esta vida, más que ella seguramente. Ellas eran sus 10 grandes tesoros. ¿Por qué estaba yendo al centro comercial? No necesitaba nada para ir allí… Oh, cierto, Lincoln.

Le daría su espacio.

Lincoln no volteó a ver a su madre. Miraba por la ventanilla, sintiéndose enfadado con ella.

«¿No insistirá en preguntarme cómo estoy? ¡¿No le importó!?», su enfado era más claro. Cruzó sus brazos y su ceño era más pronunciado.

Debía tranquilizarse, pero no podía. Su cuerpo delataba su estado.

Cuando Vanzilla se había tenido en un semáforo en rojo. Lincoln veía a una mujer de tez morena que caminaba en la banqueta. Ella tenía ropa deportiva ajustada de color cian, debía haber estado haciendo ejercicio por lo sudada que estaba.

Su mirada posaba en ella, lo volvía loco. Su figura apretada con su ropa, dejaba mucho en la imaginación a Lincoln. Mientras ella se alejaba, la mirada del chico se fijaba en su retaguardia.

En ese momento, algo en él había despertado: un fuerte deseo de estar con esa mujer y…

!!!

El dolor en su miembro atrapado lo volvió a la realidad. Al percatarse del bulto en su pantalón, lo cubrió velozmente con sus manos, avergonzado, esperando que su madre no se diera cuenta.

—¿Sabes qué ropa vas a querer? —preguntó su madre sin quitar la vista del camino, mientras volvía a conducir.

Avergonzado y nervioso por su erección. Intentaba disimularlo como podía mientras su rostro estaba rojo, al igual que una manzana.

—N-No… —Tartamudeó.

Para su fortuna, su madre no quitaba la vista del camino.

—Lincoln, estás creciendo y creo que tal vez deberías intentar cambiar tu estilo, ya sabes, probar algo nuevo. Tus hermanas cuando tenían tu edad cambiaron su estilo, es parte de crecer. Recuerdo el gran cambio que tuvo Luna al conocer el Rock.

—Está bien… —Respondió intentando disimular su nerviosismo, agradeció que su madre no le prestó atención.


En el centro comercial, ellos se encontraban en el local de ropa donde trabajaba Leni. Había una gran variedad de vestimenta, pero Lincoln no era capaz de elegir algo que le quedara bien. La moda nunca fue lo suyo, pero hacía lo mejor que podía al recordar las veces que Leni —su hermana mayor—, le había hablado de la moda para él.

Mientras que su madre… lo avergonzaba. Ella le había sugerido varios conjuntos de ropa que eran infantiles o que le garantizarían ser el objeto de burla a donde sea que vaya, como el traje de marinero que le había sugerido, diciéndole «Seguro, las chicas caen enamoradas de ti con esto».

¿Por qué su madre debía ser así con él?

Volviendo a lo que estaba sucediendo, Lincoln seguía paseando por la tienda, había encontrado un par de ropa que le gustaba, pero necesitaba la opinión de una experta, Leni.

Cuando iba a ir a buscarla, vio que su madre estaba yendo hacia él acompañada con Leni.

—¡Hola, Linky! —Leni le dio un fuerte abrazo, aplastando la cabeza de su hermano con sus pechos—. Lamento no haber estado aquí antes, tenía que acomodar algunas cajas en el depósito.

Su hermana era muy cariñosa. Antes, sus abrazos eran confortantes o a veces asfixiantes, pero en ese momento tenía que luchar contra su cuerpo para evitar una erección. Estar tan cerca del cuerpo de su hermana mayor, siendo apretado con sus pechos, lo envolvieron en nervios.

—Está bien, Leni —deshizo el abrazo—. ¿Puedes ayudarme a encontrar ropa? Quiero probar algo nuevo…

Estuvo pensando en las palabras de su madre, después de su pequeña charla en Vanzilla. Lisa le había dicho ayer que su cuerpo se había desarrollado al de un chico de trece años. Eso también implicaba que había desarrollado algo de músculos.

Y si quería demostrar a los demás —a las muchachas— que él era más maduro, tendría que dejar de vestirse como un niño.

—¡Uy! ¿Quieres que te consiga tu mismo estilo de ropa, pero que sea de tu tamaño?

—No, no, Leni… Me refiero que quiero cambiar de estilo.

—¿¡En serio!? —Chilló de emoción—. ¡Eso es fabuloso! —le agarró de la mano—. Vamos, Linky, hay mucha ropa para que te pruebes; encontraremos algo nuevo que te combine.

—Chicos, iré a ver qué hay en las otras tiendas. Leni, cuida a tu hermano. Nos vemos en la parte de comida, en una hora, cuando tu turno termine.

Rita salió de la tienda, confiando que Leni cuidase a su hermano. Ella era una gran chica, después de todo, podía manejarlo, aunque fuera algo despistada.


Había transcurrido media hora desde que la joven despistada y el muchacho de las hormonas alteradas, buscaban ropa. En el transcurso de su búsqueda, habían encontrado uno que otro par, pero para la modista, no era suficiente.

—Leni, creo que ya tenemos suficientes cambios de ropa…

—¡Pftt! —Lo desestimó—. Lincoln, apenas tenemos para ti unos 5 pantalones, 7 camisas y unos tenis.

Él rodó sus ojos, así eran sus hermanas cuando se trataba de ropa. Mientras que su hermana seguía buscando ropa, Lincoln vio en la sección de ropa interior para chicos y que lo llamó la atención. En un estante, había unos calzoncillos rojos de Ace Savvy.

Lo quería, en verdad lo quería. Ace Savvy era su héroe, le encantaba tener cosas que tuviera su nombre o logo en él. Sin embargo, cuando le iba a pedir a Leni uno de ellos —cosa que lo avergonzaba—, escuchó a lado suyo:

—Mamá, mamá, mira, quiero esa ropa interior de Ace Savvy —dijo un niño a su madre.

—Hijo, ya estás grande para eso… —Señaló a unos boxers que se encontraban al lado—. Esto es acorde a tu edad.

—Pero mamá…

—Cariño, sé que tal vez no te guste el cambio, pero es parte de crecer. Vamos, dale una oportunidad… te compraré una hamburguesa, ¿qué dices? —Le sonrió con astucia.

—¡Está bien, gracias, mamá! Te quiero —ambos se abrazaron.

—Yo también te quiero, eres lo mejor que me ha pasado.

—… —Lincoln se quedó en silencio mientras observó cómo se desarrolló la escena, hasta que ellos se fueron.

Su mirada posaba en los boxers que había señalado esa mujer a su hijo. Él nunca se había puesto ese tipo de ropa interior antes ni lo había considerado, pero luego de haber escuchado esa conversación…

«Desearía que mamá fuese así conmigo…», fue un pensamiento que tuvo. A veces sentía que su madre no le prestaba atención, pero sabía que eso no era cierto. Con tantas hermanas, no podía ser el foco de atención de sus padres.

Suspiró por lo que iba a hacer. Estaba creciendo y tenía que demostrarlo. Con dolor, sintiendo traicionar a su héroe, ignoró a los calzoncillos y, en su lugar, sostuvo en su mano los boxers.

Era hora de crecer.

—Oye, Linky, creo que ya encontramos toda la ropa que combine para ti aquí… —Ella se acercó a su hermano, pero miró que él se encontraba con una mirada triste—. ¿Pasa algo? No te pongas triste, podemos buscar más ropa en otras tiendas luego que termine mi turno.

—No es eso, Leni… —Su mirada se transformó en una determinada—. Leni, ¡quiero usar estos boxers!

Su valor se esfumó cuando todos voltearon a verlo, tal vez fue mala idea haberlo gritado. Mientras deseaba que la tierra lo tragase, vio que su hermana lo miraba sonrojada.

—Bueno… estás creciendo, así que supongo que está bien.

Fue incómodo, pero su hermana agarró unos boxers y lo llevó a los vestidores, donde le dijo que se probará mientras ella esperaba afuera.

Y ahí estaba él, en el pequeño espacio del vestidor, a punto de cambiar, como era él, su primer paso en crecer.

Se quitó lentamente los pantalones y luego su ropa interior. Estando desnudo de torso hacia abajo, se miró en el espejo. Se sorprendió al verse que su cuerpo había cambiado desde la última vez… y eso fue hace unos días. Podía decir que su cuerpo se había tonificado algo.

Sus observaciones fueron detenidas al escuchar cómo la cortina se movía y entraba alguien.


Estaba en el centro comercial con su amiga Diana, iban a comprar unos trajes de baño, pero a diferencia de su inocente amiga, ella quería uno muy revelador, uno que atrajera la atención de todos. Y tal vez encontrará a alguien para divertirse en la playa, aunque lo dudaba.

Sin embargo, las cosas no están sucediendo como quería. Luego de ir tienda tras tienda, no había encontrado un bikini revelador como deseaba, solo bañadores estándares. Aunque era de esperar, no había conocido a ninguna tienda de Royal Woods que vendieran prendas reveladoras para chicas de su edad, de 12 años.

Suspiró, ya que tenía que resignarse con un traje de baño común, así que fue con Diana a una de las tiendas más populares del centro comercial, una llamada «Reininger's».

Y la popularidad la tenía bien merecida, había muchas prendas que eran fabulosas, así que se la pasó con su amiga en buscar algo que las convenciera.

Dado un punto, cuando habían encontrado algunas prendas que les llamaban la atención, ambas acordaron en ir a los probadores a probárselas y luego salir y dar su opinión de la otra.

Morgan fue quien sugirió la idea, no solo porque era un plan simple, pero eficaz, sino que también le gustaba ver que su amiga mostrase su cuerpo, aunque no fuera con la intención con la que ella quería.

Deseaba que su amiga fuera como ella, así ambas podían degustarse en el placer del sexo, pero su amiga era tan inocente que seguía creyendo en el hada de los dientes. Tenía que conformarse con tener sexo con su hermana, y aunque no se quejaba por eso, seguiría esperando que Diana creciera.

Y cuando llegue el momento... ella la convencería de subir su relación a una más placentera. Después de todo, ella era una buena persuasora.

Volviendo a lo que sucedía, ambas amigas entraron a sus vestíbulos, pero Morgan se llevó una gran sorpresa al ver que el lugar que había elegido no estaba vacío. Frente a ella había un chico joven —tal vez de su edad o mayor— y que estaba desnudo de torso hacia abajo. Podía ver su piel clara y su extraño cabello blanco, pero esos detalles no eran lo que le importaba a ella en ese momento.

El pequeño susto de Morgan pasó a una de excitación al ver el miembro expuesto del chico. Ella había visto muchos penes en los videos porno, pero no uno personalmente, ya que los chicos de su clase eran tontos y no les interesaban las chicas.

Morgan mordió su labio; esta era la oportunidad que estaba esperando.

Con una sonrisa pícara, se acercó hacia el chico. Aquel estaba estupefacto, porque no había dicho una sola palabra desde que ella entró.

—No pude evitar en interesarme con lo que tienes ahí abajo, que dices, chico, ¿quieres divertirte? —Con un tono coqueto, esperó seducirlo.

Era la primera vez que hacía este tipo de cosas que no fuera con su hermana. Mentiría si dijera que no estaba nerviosa, pero estaba tan emocionada que decidió seguir adelante.

Con su mano izquierda lo sujetó detrás de su nuca y la tiró a un beso de lengua, mientras que con su otra mano, masajeaba el viril de aquel desconocido.

Manteniendo los ojos cerrados, su excitación empezaba a fluir y también ladel chico. Morgan sentía en su mano cómo su verga crecía y se volvía cada vez más dura. Y en respecto al beso de lengua que ambos tenían, ella era quien dominaba, estaba segura de que el chico no tenía ninguna experiencia en esto.

Y eso la emocionaba, ya que ella podía instruirle a él para que pudiera satisfacerla con mayor intensidad. Tal vez lo convertiría en su juguete sexual favorito.


Todo estaba sucediendo rápido: una chica había entrado al vestidor donde él se encontraba y justamente cuando sus partes estaban desnudas. Su estado de shock le impidió hablar y, cuando ella le propuso «divertirse», su rostro cambió a un fuerte sonrojo.

Y en estos momentos, ella lo estaba besando con los ojos cerrados, mientras su lengua dominaba a la suya.

Estaba emocionado y su polla reflejaba lo mismo. Aquella desconocida estaba frotando su viril con su mano, estaba sintiendo nuevas sensaciones que lo impulsaban a querer más.

Ella rompió el beso y se alejó levemente, dejando un hilo de saliva y soltando su pene que estaba firme como un mástil.

Sonriendo le habló:

—Parece que alguien está emocionado conmigo —dijo con una risita, acompañada de un leve rubor.

El muchacho de cabello blanco permaneció en silencio, estaba avergonzado por lo que ocurría, y además, ¿qué se supone que debe decir en estas situaciones?

—¿Qué pasa? ¿El gato te comió la lengua? —con su mano lo comenzó a masturbar lentamente—. ¿O acaso quieres que pare? —se burló de él deteniéndose.

Ella lo tenía. Él se encontraba bajo su control, y le agradaba tanto como ella frotaba su pene, lo cual no deseaba evitar que termine.

—N-No —tartamudeó, respirando pesadamente—… quiero que sigas.

La extraña sonrió satisfecha ante su respuesta y retomaba con sus movimientos. Mirando sus expresiones descontroladas por el placer que experimentaba ante sus cálidas manos, siguió extendiendo su mano, adelante y para atrás de la longitud de su polla, de manera continua.

—¿Ya vas a acorrerte? —le preguntó a él, pero Lincoln desconocía qué significaban esas palabras.

Sin embargo, su cuerpo respondía su pregunta, su respiración se volvía más pesada y su sudor seguía en aumento, mientras que sus gemidos eran más fuertes.

—¡Espera! —alzó la voz levemente, llamando su atención de manera inmediata—. Quiero que corras en mi boca, aunque me guste quedar manchada con tu semen, no puedo salir así.

«¿En su boca?», se preguntó Lincoln. ¿Por qué esta chica quería que metiera su pene en su boca? No lo entendía, pero una fuerza dentro de él, lo incitaba a hacerlo. Era un profundo deseo que había despertado hace unas semanas, cuando comenzó a ver a las chicas de manera diferente, y este deseo lo impulsaba a continuar con esta desconocida.


Morgan se arrodilló frente a él y contemplaba su verga, que era grande para ella. En esos momentos, recordaba las veces en que había jugado esos juegos de roles con su hermana, donde ella le chupaba su Strap-On, simulando que era su polla. Tenía experiencia en esto, pero esta era la primera polla verdadera que chuparía.

Sin embargo, no podía dejar esperando a su acompañante inesperado, y además, estaba muy excitada para parar.

Abriendo su boca, sacó la lengua e iniciaba a lamerle el glande y la punta. Había querido probar cómo era una polla de verdad y, ahora que lo tenía, solo podía decir que le gustaba. Pero sabía que si seguía jugando con el chico, ella terminaría ensuciada con su «leche especial». Por eso abrió aún más la boca y la introdujo contra su verga.

Teniendo cuidado con sus dientes, Morgan movía su cabeza, chupando su mástil y saboreándolo.Observando la cara de Lincoln, ella ajustaba sus movimientos, sabía que ella lo estaba volviendo loco, y eso la excitaba aún más.

Al poco lapso de haber comenzado con la felación, el chico había colocado sus manos en la cabeza de Morgan, y sujetándola, ponía en marcha en mover su cadera.

Morgan se sorprendió con el cambio de control de la situación. El chico con quien se estaba divirtiendo, ahora lo estaba sometiendo, empujando aún más profundo su verga en su garganta. Y eso le gustaba…

Sin embargo, su placer no duró demasiado, con una última estocada, él la presionó contra su entrepierna mientras su miembro tenía espasmo y soltaba su carga en su boca.

Morgan sentía cómo su semen era disparado dentro de su garganta, lo que le hacía sentir asfixiada y el chico tampoco la soltaba.

Exhalando pesadamente, él la soltó lentamente. Ella respiró hondo, para ella fue una experiencia… interesante.

Mientras se recuperaba, el chico había regresado en sí mismo.

—Lo siento… —Se disculpó él en voz baja.

—N-No, está bien, me gustó… —Para su suerte, el esperma de él, no había ensuciado su ropa, pero ella vio que aún quedaba algo en su miembro—. Pero aún quedó algo aquí…

Sonriendo, abrió nuevamente la boca para limpiar el rastro de semen que aún quedaba en su polla. Lamiendo y chupando, dejó limpio su miembro y luego tragó.

—Delicioso.

Ambos quedaron en silencio. Morgan aún quería más y la polla de él seguía erecta. Mirando eso, volvió a sonreír.


Fue intenso. Esa chica le había chupado su polla y experimentó un gran placer, a tal punto que había perdido el control de sí mismo y se aferró a ella para seguir gozando esa sensación.

—Parece que quieres otra ronda —ella le habló con picardía, haciéndole volver a la realidad mientras se acercaba de nuevo a él.

—Lincoln, ¿sigues ahí? —La voz de su hermana Leni provino por detrás de la cortina.

En ese momento, ambos se asustaron y entraron en pánico. Si Leni entraba y les veía en el estado en que ambos estaban… él estaría en grandes problemas —aunque su hermana no comprendiera la situación—, tal vez estaría castigado hasta que terminará la universidad.

No podía dejar que eso pasara. Gracias a la capacidad veloz de su cerebro en pensar, pudo idear un plan.

—Mierda —maldijo en voz baja la chica.

—¡S-Sí! ¡Sigo aquí, Leni!

—Bueno. Lo siento por haberme ido, tuve que ir al depósito. La señora Carmichael me pidió ir luego que habías entrado.

La respuesta de Leni lo tranquilizó, al parecer ella no le escuchó ni sabía que estaba con una chica en el vestidor. Por lo que decidió continuar con su plan.

—Oye, Leni, ¿podrías ir a buscar otro bóxer para mí? Por favor… —le pidió a su hermana, mientras miraba a la chica que se encontraba nerviosa y asustada.

—¡Está bien!

Ella y Lincoln escucharon los pasos de la modista que se alejaba, lo que siguió con un suspiro de alivio de los pequeños traviesos.

—Saldré primero y luego tú, me iré lo más antes posible —esperaba que su plan funcionase.

La chica asintió con la cabeza y Lincoln se vistió a su ropa que llevaba antes. Antes de que pudiera salir del vestidor, una mano en su brazo lo detuvo.

—Espera… —ambos se miraron y sus rostros se tiñeron en rojo—. Me gustó hacer esto, ¿sabes? Podrías… ¿Podrías darme tu número de celular?

El corazón del muchacho se aceleraba al escuchar su pregunta y sin perder el tiempo —pero torpemente—, se lo escribió en su celular y salió del vestuario.

Estando afuera, su vista corrió escaneando el lugar buscando a su hermana. Para su fortuna, ella se encontraba yendo a su dirección con unos bóxeres.

—Lincoln, ¿por qué estás aquí? Debe—

Interrumpiendo a su hermana, le respondió:

—¡Cambié de opinión! —dijo velozmente—. Esa ropa interior estaba bien, ¿qué tal si nos vamos ahora?

Leni le vio extrañada por su actitud, pero con su habitual actitud alegre aceptó su petición. De todas maneras, ya estaban cerrando el local. Aunque le fue extraño que su hermano se quedara todo ese tiempo en el vestidor esperándola mientras ella estaba trabajando. Debería compensarlo.

Cuando salían de la tienda, la modista miró cómo una chica —tal vez de la edad de su hermanito— salía del vestuario en el que estaba su hermano; eso la extrañó. No recordaba ver otras personas estar cerca de los vestuarios. Sin embargo, no le dio importancia, ahora podía pasar tiempo con su adorable hermano, él estaba creciendo rápido…

Ella le contaría a Lori sobre este día, a ella le gustaba estar informada de lo que sucedía en casa. Seguramente le gustaría saber que Lincoln estaba creciendo y, además… quería preguntarle si era normal que Lincoln estuviera con una chica en el vestidor. Su amigo Miguel le comentóque vio cómo una chica se había metido donde estaba su hermano y no salió.


Se encontraba en su cuarto —que antes había sido un armario—, echado en su cama, pensando en lo que había sucedido en el centro comercial. No podía creer que eso hubiera pasado…

Le gustó y… QUERÍA más.