En la época victoriana, la realeza del Reino Unido estaba sumida en una compleja red de alianzas y políticas matrimoniales. Gloom, la hija y heredera del reino, se encontraba atrapada en esta maraña. Con su largo cabello negro como el ébano, piel pálida y una mirada que reflejaba una melancolía profunda, Gloom era la encarnación de la elegancia y la belleza. Sin embargo, su vida estaba marcada por una tristeza que se profundizaba con cada día que pasaba.
Había sido informada de su destino: debía casarse con Lyle Lauder, el heredero de un reino vecino. Este matrimonio no era fruto del amor, sino de una necesidad política para fortalecer las alianzas entre ambos reinos. Lyle era un joven rubio, altivo y aburrido, cuya única cualidad aparente era su linaje. Él pensaba que Gloom era una mujer tonta, con un cuerpo indecente y exageradamente vulgar. Gloom, por su parte, lo encontraba engreído y profundamente desagradable.
Mientras los días avanzaban y los preparativos para la boda llegaban a su fin, Gloom se sentía cada vez más desesperada. Los corredores del palacio estaban llenos de actividad: sirvientes corriendo de un lado a otro, cocineros preparando banquetes opulentos y modistas ajustando el vestido de novia de Gloom. Sin embargo, en medio de toda esta agitación, Gloom se sentía terriblemente sola y atrapada en un destino que no había elegido.
Una tarde, incapaz de soportar más la presión y la tristeza, Gloom decidió escapar momentáneamente al patio del palacio. Anhelaba un momento de soledad, lejos de las miradas curiosas y los susurros de los cortesanos. Se dirigió al jardín, un lugar que solía darle consuelo, con la esperanza de encontrar un respiro.
Mientras deambulaba por el jardín, sus pensamientos oscuros la envolvían. De repente, notó la presencia de un joven sentado en la barda del patio. Era Lemy, hijo de uno de los nobles del norte del país. Lemy era conocido por su amor a la música, su talento con la guitarra y su costumbre de llevar siempre una rosa en su traje.
Los ojos de Lemy se encontraron con los de Gloom, y ambos sintieron una conexión instantánea. La tristeza en el rostro de Gloom tocó el corazón de Lemy, y ella, sintiendo una extraña confianza, comenzó a contarle su vida y el destino que la aguardaba. Le habló de la inminente boda con Lyle y de cómo se sentía atrapada en un matrimonio sin amor.
Lemy, entristecido al escuchar la historia de Gloom, no pudo evitar confesar que su belleza y forma de ser lo habían cautivado desde el primer momento. Le regaló su rosa, símbolo de su amor y devoción, y le prometió que esperaría por ella, sin importar el tiempo que tomara.
Gloom, con una mezcla de felicidad y tristeza, regresó a sus aposentos, enfrentando la inminente boda con Lyle con el consuelo de haber encontrado a alguien que realmente la comprendía. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Justo un día antes de la boda, ocurrió un trágico accidente: Lyle, en su arrogancia, tropezó por culpa de su traje y callo por las escaleras del palacio y murió al romperse el cuello.
La noticia de la muerte de Lyle se esparció rápidamente por todo el reino, y la boda se canceló. Gloom quedó oficialmente soltera, libre de un destino que no había elegido. La tragedia, aunque sombría, había abierto una puerta a una nueva posibilidad.
Tan pronto como pudo, Lemy fue al encuentro de Gloom en el patio del palacio. El amor y el cariño que habían sentido en su primer encuentro se intensificaron al verse nuevamente. Se besaron apasionadamente, y pasaron una tarde juntos, disfrutando de la conexión profunda que compartían. Ambos sabían que debían estar juntos y, con astucia, comenzaron a inculcar la idea a sus padres de que el mejor paso político sería que ellos dos se casaran, uniendo sus reinos en poder y prosperidad.
Su plan funciono y no mucho después ambos contrajeron matrimonio, aunque más que político era un amoroso matrimonio que hizo que está pareja se uniera más.
Pasaron muchos años y Lemy se convirtió en el rey gobernante de ambos reinos, con Gloom a su lado como su reina. Juntos, tuvieron muchos hijos e hijas, llenando el palacio de risas y amor. Su reinado fue próspero y justo, y eran admirados por los pueblos, no solo por su liderazgo, sino también por el amor evidente que se tenían el uno al otro.
En una noche tranquila, Lemy y Gloom se encontraban en sus aposentos, disfrutando de la compañía del otro. Gloom, con su pijama negro que resaltaba su hermoso cuerpo, se preparaba para acostarse. Lemy, admirando a su esposa, no pudo evitar abrazarla y besarla, recordando el día en que se conocieron y cómo habían llegado hasta donde estaban.
Se acostaron juntos y, mientras se besaban sumergiéndose en una noche amorosa y apasionada. Hablaron en susurros sobre su primer encuentro, sobre cómo el destino había intervenido para unirlos y cómo habían construido una vida llena de amor y felicidad. Lemy acarició el rostro de Gloom, mirándola con ternura y devoción.
Mientras se abrazaban, Gloom cerró los ojos, dejándose llevar por los recuerdos y las sensaciones del momento. Lemy la sostuvo con fuerza, jurando en silencio que nunca dejaría de amarla. Sus corazones latían al unísono, y en esa noche tranquila, reafirmaron su amor eterno.
El reino prosperó bajo su liderazgo, y la historia de Lemy y Gloom se convirtió en una leyenda, un ejemplo de cómo el amor verdadero puede superar cualquier obstáculo y cómo el destino, a veces, actúa de maneras misteriosas para unir a dos almas destinadas a estar juntas.
