10

CUIDAR DE TI

La mañana lo recibió con los rayos del sol que se colaban a través de la cortina de la ventana. Su cuerpo se encontraba adolorido, pero de cierta manera se trataba de ese tipo de dolor que se sentía bastante cómodo. El aroma a canela de su alpha continuaba mezclado con su propio aroma, provocando que se sonrojara al recordar todo lo que habían hecho la noche anterior. Su noche de bodas. Una sonrisa bobalicona se dibujó en su rostro al recordar la manera en la que Katsuki lo había proclamado como suyo, la forma en la que había recorrido su cuerpo, la manera tan perfecta en la que ambos se complementaban y, sobre todo, la forma en la que por fin le había marcado. El ardor en su nuca era un fiel recordatorio de que ahora le pertenecía en cuerpo y alma a su alpha. Contagiado aún por la euforia que recorría su cuerpo, con sus manos cubrió su rostro y comenzó a removerse inquieto con una suave risa.

— Zuzu… es muy temprano para despertar.

Izuku se sonrojó con suavidad al escuchar la voz grave y pastosa de su recién despertado esposo. Al instante sintió cómo su cintura era rodeada por los fuertes brazos de su alpha, dejando que éste lo acomodara de tal manera que su espalda quedaba apoyada contra el pecho del rubio. Rio suavecito al sentir la nariz de su esposo perderse en su cuello para poder olerlo sin discreción alguna. Le daba cosquillas sentir el aliento del alpha sobre la piel sensible de su glándula.

— Buenos días, Kacchan.

Respondió el peliverde con dulzura, aunque en realidad dudaba mucho de que fuera todavía de mañana, el sol ya iluminaba bastante como para que fuera tan temprano. Aún así no se le antojaba apartarse de su pareja, se sentía realmente a gusto estar rodeado de aquella calidez tan agradable.

— Hmmm…

Katsuki sonrió contra la piel del peliverde, se sentía tan feliz que por primera vez no sabía qué hacer con tanta felicidad. Sus ojos carmesí se posaron en la marca que le había hecho a Izuku, de nueva cuenta se había pasado al dejarse llevar por sus instintos pues la zona mordida aún sangraba, y en donde sus colmillos se habían enterrado, la piel pecosa se mostraba amoratada. De no ser porque podía sentir la felicidad de Izuku, se preocuparía. Sin previo aviso comenzó a repasar la herida con su lengua, intentando que el proceso de curación fuera un poco más rápido.

— K-Kacchan… ¿q-qué haces?

A Katsuki a veces le parecía sorprendente que Izuku aún fuera capaz de avergonzarse ante ciertas circunstancias, sobre todo cuando ya habían hecho cosas demasiado subidas de tono. Katsuki se permitió reír un poco ante su inocencia natural, aunque después continuó con su labor de lamer la herida de la marca del peliverde por un rato más, encantado de sentir cómo las feromonas de su esposo se volvían más dulces, lo cual solo confirmaba que a su omega le gustaban sus atenciones.

— Cuidar de mi omega, ¿no es evidente?

Izuku rio con suavidad, sintiendo realmente reconfortante la manera en la que Katsuki lo estaba tratando. Kacchan siempre había sido muy atento con él, pero ahora simplemente se estaba superando. Nunca creyó que su alpha pudiera ser tan tierno y cariñoso como se lo estaba demostrando en esos momentos. Esa nueva faceta del rubio en verdad que le estaba encantando demasiado. Nunca en su vida se había sentido tan amado como lo estaba sintiendo en esos momentos gracias a su pareja. Quizás había sufrido mucho a causa de su casta, pero Katsuki se había encargado de borrar cada sufrimiento en una sola noche.

— Kacchan… —Susurró el peliverde mientras giraba su cuerpo lentamente para poder quedar de frente al rubio, asegurándose de no deshacer el abrazo en el que su esposo lo mantenía. — Quiero un beso de Kacchan. — Izuku sonrió con ternura, juntando sus labios en un semi puchero para confirmar su petición.

Katzuki rio entretenido ante la petición de su pareja. Verle de aquella manera, con ese gesto, le resultaba simplemente adorable y encantador. Demasiado adorable para su propio bien pues aquella era una expresión que bien podría causarle un infarto, apenas creyendo lo afortunado que era por tener a tan maravilloso ser a su lado. — ¿Desde cuándo te volviste tan exigente, Zuzu?

El alpha simplemente se encontraba maravillado por su omega. Justo en esos momentos sería capaz de cumplir cualquier petición que el peliverde le pidiera. Y definitivamente un beso era una petición que estaba cien por ciento seguro que nunca le negaría, sobre todo porque era algo que él mismo anhelaba. Con delicadeza, tomó el rostro pecoso del peliverde, mirándolo con absoluta devoción. Con un suspiro se inclinó un poco sobre el cuerpo de su omega, capturando sus labios en un beso suave. Un beso que le recordó todas las promesas que se juraron el día anterior. Un beso lleno de amor que le aseguraba toda una vida llena de felicidad al lado de la persona que más amaba. Si por él fuera, se la pasaría besando a su pareja todo el tiempo. Sus besos le sabían a gloria, a añoranza de un pasado compartido y a esperanza de un futuro a su lado. Aprovechando que Izuku había entreabierto sus labios, profundizó el beso, recorriendo el interior de su boca con toda la calma del mundo. Si existía el paraíso, estaba seguro de que justamente estaba en ese lugar y no quería marcharse nunca de ahí.

Se separaron solamente cuando el oxígeno fue realmente necesario, pero, aunque ya no se encontraban besándose, no se separó del chico, sino que dejó su frente recargada sobre la del pecoso con suavidad. — ¿Complacido, Zuzu? — Preguntó el rubio con un tono de voz ronca a causa del beso compartido.

Izuku se sonrojó con ligereza ante la pregunta de su alpha, pero asintió con suavidad para después esconder su rostro en el pecho del rubio al sentirse un poco avergonzado. Katsuki volvió a reír ante la reacción de su omega, abrazándolo con fuerza contra su cuerpo. Aprovechando la cercanía para poder enterrar la nariz en el sedoso cabello peliverde de su pareja, sintiéndose realmente bien a su lado. — Zuzu… tomemos un baño. — Mencionó con calma mientras sus manos acariciaban la espalda de su chico.

Izuku salió de su escondite para alzar la mirada y así poder ver a su alpha directamente. Sonrió encantado ante la propuesta de su esposo. — Me encantaría. — Respondió el peliverde mientras acariciaba con su dedo el pecho de su alpha de manera distraída.

Con energías renovadas e importándole poco su desnudez, Katsuki deshizo el abrazo con su pareja para poder levantarse. Izuku se sonrojó notablemente ante la magnificencia del cuerpo desnudo de su esposo con un poco más de pudor. Después tuvo que ahogar un grito cuando el alpha se acercó a él con una enorme sonrisa, lo que sintió después fue el brazo del rubio por debajo de sus piernas mientras que el otro era usado para que el omega pudiera recargar su espalda. De inmediato, el peliverde rodeó con sus brazos el cuello de su pareja para tener un punto de apoyo.

— ¡Kacchan! — Exclamó completamente sonrojado el peliverde. — ¿Q-Qué haces? — Preguntó pataleando un poco bastante sorprendido por las acciones tan inesperadas de su pareja, quien lo sostenía en sus brazos sin ningún tipo de esfuerzo adicional.

— Llevar a mi lindo esposo a que tome un baño conmigo. ¿Por qué haces preguntas tan obvias últimamente, omega? — Preguntó con una sonrisa entretenida mientras hacía un poco de circo, maroma y teatro para poder abrir la puerta del baño sin soltar a su pareja. Cuando lo consiguió, dejó a su pareja sentado sobre una cómoda. Una vez sentado el peliverde, Katsuki se colocó entre las piernas de su esposo y colocó sus manos a los costados del omega. — Voy a preparar la bañera, ¿este lindo omega podría quedarse quieto aquí mientras termino?

Izuku rio con suavidad mientras asentía con entusiasmo. — Sí, mi amor. — El rostro de su pareja se sonrojó notablemente ante su propio atrevimiento. Que Katsuki se estuviera comportando de esa manera tan abierta lo tenía deslumbrado. Supo que su apodo había sido bien recibido cuando el alpha decidió robarle todo el oxígeno de los pulmones con un beso tan apasionado que le hizo temblar de pies a cabeza.

— Me llamas así de nuevo y no dudaré en volver a hacerte el amor, ¿me oyes Zuzu? — Respondió el rubio un poco agitado. Su intención no era hacer algo como eso, quería simplemente consentir a su esposo con un baño relajante. Pero debía admitir que era una tarea algo complicada porque su cuerpo entero anhelaba el de su omega. Su esposo simplemente era la tentación personificada.

Izuku sonrió un poco apenado, sintiendo su rostro por completo sonrojado y para evitar decir algo más, simplemente asintió mientras mordía con ligereza su labio inferior. Después, como prometió, se quedó quieto mientras observaba la manera en la que su pareja preparaba la bañera. Al cabo de unos minutos el baño quedó inundado con los aromas relajantes de los aceites que Katsuki había vertido en el agua.

— No sabía que teníamos aceites con esos aromas. — Inclinó la cabeza el peliverde un tanto curioso, sonriéndole al alpha cuando volvió a cargarlo con delicadeza una vez que estuvo satisfecho con el resultado de la bañera. Después, metió con cuidado el cuerpo del peliverde a la bañera, dejando que él fuera quien se acomodara mejor.

El rubio se encogió de hombros con suavidad, metiéndose junto con su esposo con cuidado, solamente que de espaldas al peliverde. — Y no las teníamos. — Respondió el rubio mientras atraía contra su pecho a su esposo. — Pero Aizawa nos regaló algunas botellas como regalo de bodas. Creí que sería buena idea usarlos. Según él son curativos y relajan los músculos del cuerpo. — Con cariño comenzó a repartir besos por toda la base de la nuca del peliverde. — ¿Cómo te sientes? ¿No estás muy adolorido? — Susurró volviendo a pasar su lengua por la marca de enlace del peliverde, esperando que con su saliva la herida terminara de sanar más pronto.

— Un poco, pero no es nada serio. — Respondió el peliverde con una sonrisa tranquila en los labios. Ronroneando ante cada uno de los besos y atenciones del alpha. — ¿C-Crees que haya hablado Aizawa con su alpha? — Preguntó finalmente el peliverde antes de estremecerse cuando la mano de su esposo comenzó a acariciar su entrepierna con suavidad.

— Omega… no hables de otros cuando tienes a tu alpha cuidando de ti. — El gruñido del rubio hizo reír un poco al peliverde por sus evidentes celos, pero después gimió con ligereza cuando las caricias subieron un poco de intensidad. — Solo relájate. — Susurró dejando una mordida en el lóbulo de la oreja del peliverde.

— Mghm… — Izuku cerró los ojos mientras recargaba su nuca sobre el hombro de su esposo, dejándose llevar por todas las estimulaciones que estaba recibiendo en esos momentos: el aroma de los aceites, las caricias de su alpha y las lamidas en su glándula que solo intensificaban sus sentidos. En verdad deseaba que Aizawa haya podido arreglar sus problemas con su alpha, lo deseaba con todo su corazón, pero justo en esos momentos en lo único que podía pensar era en las estimulaciones que su cuerpo estaba recibiendo a causa de su esposo, unas atenciones que no deseaba que se detuvieran nunca y que perduraran por el resto de la eternidad.


Hablar. Se supone que después del banquete que habían ofrecido Bakugo y Midoriya por la celebración de su boda, Hizashi y él por fin hablarían. Aizawa era consciente de que debía disculparse y exponer por primera vez sus verdaderos sentimientos, solo que se sentía bastante aterrado justo por eso. No era el tipo de persona que se abriera emocionalmente ante nadie, todo gracias a los constantes desprecios y discriminación que había sufrido desde niño por ser un beta. Así que, aunque era consciente que el alpha se merecía una buena explicación y una disculpa, no sabía si en verdad estaba preparado para hablar. Aunque siendo prácticos, ¿en verdad iba a existir un día en donde fuera capaz de sentirse preparado? Estaba seguro de que no lo había así que tomaría ese momento como el mejor. Por eso le había propuesto ir a su casa, porque quizás en un ambiente en el que estuviera familiarizado podría sentirse más cómodo, y, por consiguiente, pudiera hablar con mayor facilidad. Que todo el camino hasta su casa ambos se mantuvieran en completo silencio no ayudaba demasiado, pero al menos había utilizado el tiempo para mentalizarse.

— ¿Quieres un té o algo? — Preguntó el pelinegro al llegar al fin a la cabaña mientras dejaba sobre el sofá su abrigo y dejaba la puerta abierta para que el rubio pudiera pasar.

Con un poco de duda, Hizashi entró a la casa ajena luego de un momento e imitando a Aizawa, se quitó su abrigo, dejándolo donde el pelinegro había dejado el propio. — Sí, un té estará bien. — Respondió finalmente para después quedarse parado sin saber qué hacer. Por un momento solo observó al pelinegro mientras se movía por la cocina de un lado para otro al preparar el té. Después, pensando que no podía ser un mal educado se acercó de nueva cuenta al pelinegro con toda la intención de ayudar un poco.

— ¿Te ayudo? — Preguntó Hizashi al colocarse al lado de Aizawa de manera casual.

El corazón de Aizawa se detuvo por un momento al escuchar la voz del alpha tan cerca de él. Hacer el té le había ofrecido el pretexto perfecto para alagar un poco más el momento para hablar con Hizashi, pero había estado tan metido en sus pensamientos que cuando el rubio estuvo a su lado, no pudo evitar dar n brinco asustado dejando caer las tazas en donde pretendía servir el té para ambos. Obviamente las tazas se quebraron y como primer instinto de Aizawa había sido agacharse para recoger los cristales rotos, pero estaba tan nervioso que no pudo evitar cortarse en el proceso.

Ante el gesto de dolor del pelinegro, el rubio reaccionó al fin luego de quedarse sorprendido por todo lo que había pasado en menos de un segundo. — ¡Shota! ¿Estás bien? — Preguntó alarmado mientras tomaba la mano del pelinegro con extrema delicadeza para examinar el daño. Para alguien que ejercía la medicina sus manos eran muy importantes.

— N-No es nada. — Preguntó un tanto desconcertado, después de todo, él no solía ser para nada descuidado. Mucho menos para lastimarse de esa manera. Era solo una cortada pequeña, aunque escandalosa en el dedo, pero se sentía realmente torpe ante la presencia del alpha, quien para su tranquilidad le había vuelto a hablar por su nombre.

— Permíteme revisar. — Haciendo caso omiso al pelinegro, Hizashi observó un momento el dedo ensangrentado y sin preguntar siquiera, lo acercó a su boca. Luego, pasó su lengua por la zona afectada, limpiándola del exceso de sangre para finalmente meter el dedo de Shota a su boca con extremo cuidado.

— ¡Tonto! ¡¿Q-Qué haces?! — El rostro de Aizawa se puso completamente rojo ante aquella acción tan directa. Sentir como la lengua del alpha acariciaba con delicadeza su dedo en el interior de su boca, estaba provocando que su corazón latiera por completo desesperado y que su respiración se volviera pesada.

Los ojos de Yamada quedaron fijos en el rostro del pelinegro, prestando especial atención a sus reacciones. ¿Era su imaginación o Shota parecía bastante agitado? Desafiando a su suerte, sacó lentamente el dedo del pelinegro de su boca, pero no lo soltó, sino que aprovechó para poder darle pequeños besos mezclados con sutiles lamidas. — Curando tu herida, ¿ves? —Preguntó en un susurro, no pudiendo evitar acercarse un poco más a su anfitrión sin soltar su mano.

— Ah… — Había leído de las propiedades curativas que tenía la saliva de los alphas, pero nunca había presenciado el efecto de primera mano. Incapaz de sostener la mirada del rubio, simplemente apartó la suya sintiendo aún la fuerza con la que su corazón golpeaba contra su pecho. ¿Cómo era posible que esa simple acción le estuviera afectado tanto?

— Shota… —Susurró de nuevo el nombre del pelinegro no resistiendo la tentación de aferrar la cintura ajena con su brazo derecho. Sus ojos incapaces de dejar de ver los labios ajenos.

Aizawa enmudeció ante la sujeción del alpha, pero no hizo nada para alejarse a pesar de que de nueva cuenta su corazón había comenzado a latir con desesperación. Nunca había estado tan cerca de Hizashi como para poder apreciar el aroma de su colonia. — ¿Sí? — Susurró bajito el pelinegro sin ser capaz de observar al alpha una vez más.

Pero Hizashi ya no respondió. Por mucho tiempo le había declarado su amor a Aizawa abiertamente y este simplemente lo había ignorado. Quizás si en lugar de las palabras, actuaba, obtendría la respuesta que tanto ansiaba. Con algo de brusquedad eliminó la distancia que los separaba definitivamente para poder tomar el rostro del pelinegro con sus manos y así capturar sus labios en un beso demandante. Un beso que había estado anhelando desde que había descubierto su enamoramiento por aquel pelinegro tan arisco. Un beso que no pudo evitar intensificar cuando fue correspondido con algo de torpeza, pero correspondido, a fin de cuentas. Por un momento había pensado que Shota le apartaría cuando colocó sus manos sobre sus hombros, pero al sentir solamente un apretón, soltó su rostro para poder sujetar la cintura ajena con algo de fuerza, alzándolo en vilo y caminando de esa forma rumbo a la habitación del pelinegro. Tal vez no podría escuchar la respuesta que anhelaba de los labios de Shota, pero quizás su cuerpo podría demostrarle todo lo que necesitaba.

Una sonrisa se dibujó contra los labios del pelinegro cuando sintió sus piernas enredarse en sus caderas, facilitando así el llevarle cargado hasta la habitación. Solamente se habían apartado un poco para recuperar el aliento, para volver a unir sus labios con más desesperación. Aquel beso era una mezcla de jadeos entrecortados, choque de dientes y lengua, que nublaba el pensamiento de ambos. En el trayecto, sus camisas estorbaron así que habían quedado olvidadas en algún punto del suelo debido al frenesí de emociones desbordantes que los rodeaban. Al llegar a la cama, Hizashi recostó a Shota casi lanzándolo, acostándose sobre el para volver a besarle como si el mundo se estuviera acabando en esos momentos. Cuando había visto a Katsuki Bakugo, otro alpha, dormir en la cama del pelinegro le había atacado una creciente necesidad de marcar no solo a Aizawa, sino a la habitación entera como de su propiedad. Así que eso fue exactamente lo que hizo, sabía que Shota no podía percatarse de las feromonas, pero se aseguraría de que esa habitación y sobre todo la cama, se impregnaran de su aroma a roble.

Cuando los labios del rubio dejaron la boca del pelinegro para deslizarse por su mejilla y entretenerse en su cuello, un chispazo de lucidez se encendió en la cabeza de Aizawa, quien para esas alturas respiraba con dificultad. — Hizashi… — Susurró enronquecido a causa de los besos compartidos. — P-Para… ¿estás seguro? — Un jadeo escapó de su boca cuando Yamada le mordió el lóbulo de la oreja como si se tratara de un dulce.

— Te quiero… — Susurró sobre el pecho del pelinegro, no deteniendo sus acciones para nada, al contrario, mordiendo suave el pezón derecho. — Te deseo… y sé que tú también me deseas. No te contengas, por favor, Shota. — Y para comprobar su teoría, deslizó su mano hasta la entrepierna endurecida del pelinegro para acariciarla por sobre la tela de su pantalón. Sonrió ante el nuevo gemido y el posterior estremecimiento de quien se estaba convirtiendo en su amante.

Aizawa se cubrió el rostro avergonzado, nunca había permitido que nadie le tocara de aquella manera y que Yamada lo hiciera estaba consiguiendo volverle loco. — P-Pero soy un beta… — Volvió a gemir cuando sintió una nueva mordida en su pecho, Hizashi estaba tan entretenido en aquella zona, que casi parecía como si quisiera ser amamantado. Sintió su rostro arder ante el pensamiento. — N-No soy nada atractivo… Y… no podría embarazarme. — Susurró con suavidad, pues ese había sido su principal trauma desde que tenía uso de razón. Incluso caminaba encorvado como si quisiera ocultarse de todo el mundo.

Ahí si que Hizashi se detuvo por completo, solamente para tomar las manos del pelinegro y así descubrir su rostro. — Eres atractivo. No tienes idea de cuánto me encantas, Shota. Moría por tenerte de esta manera, porque me permitieras amarte sin ningún tipo de reserva. — Hizashi se acercó nuevamente para poder besar con tranquilidad los labios ajenos. Aizawa arqueó un poco su espalda cuando el alpha retomó las caricias en su entrepierna. — Me importas, aunque no exista la posibilidad de tener hijos, luego podemos hablar del tema, cariño. Juntos. Además, siempre existen otros medios. — Volvió a bajar al cuello ajeno, mordiéndolo y besándolo con delicadeza.

— ¿Y… Nemuri? — Shota cerró los ojos no creyendo que en verdad se atreviera a hacer esa pregunta tan vergonzosa. Pero no podía evitarlo, de aceptar todo aquello, de hacer a un lado por fin sus temores, no se veía con la capacidad de compartir a Hizashi con nadie más. Lo quería para él solamente, por más egoísta que sonara.

El rubio rio un poco entretenido y cautivado por partes iguales ante los evidentes celos de Shota. Con lentitud se acercó al oído ajeno para poder susurrar. — Es solo una amiga, Shota. Ella ya tiene pareja, si últimamente me veías con ella es porque le estaba ayudando a escoger un regalo de aniversario para su prometido. Tú eres el único con el que quiero estar. — Mordió suavecito de nueva cuenta el lóbulo de la oreja, deleitándose por el jadeo que había provocado esa simple acción. — Además, a partir de hoy serás mi pareja, ¿crees que pueda existir otra persona digna de mí, además de ti? ¡Jamás!

Aizawa estaba seguro de que su corazón se había saltado un par de latidos ante aquella declaración, sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas, pero a comparación de hace unas horas en donde la tristeza y la desolación habían sido las protagonistas, ahora la esperanza y la felicidad lo dominaba todo. Sí, por primera vez no le importaba ser egoísta. Como toda respuesta, fue el turno de Aizawa de tomar el rostro del rubio con delicadeza para poder fundirse en un nuevo beso necesitado. Daría un gran salto de fue, pues Hizashi no solamente había sanado la herida de su dedo, sino también de todas las heridas que se encontraban en su corazón desde hacía mucho tiempo.


¡Día 10 (Curación) del omegacember!

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