11

UN SOLO SER

Una ligera risa escapó de la boca de Izuku ante las cosquillas generadas por los besos que Katsuki seguía repartiendo por todo su rostro. El alpha llevaba despidiéndose un poco más de diez minutos y parecía que no deseaba querer marcharse. Si alguien le hubiera dicho en el pasado que Katsuki Bakugo se convertiría en un esposo tan mimoso, no lo hubiera creído, pero no podía sentirse más feliz. Su omega ronroneaba gustoso ante las atenciones de su alpha, sintiéndose orgulloso por ser capaz de despertar dichos instintos en su contraparte. Izuku se sentía flotar en una esponjosa nube, todo le parecía tan irreal que a veces le costaba trabajo creer que todo aquello en verdad estaba sucediendo. Katsuki se estaba encargando de consentirlo tanto, que se estaba asegurando de que todos los miedos e inseguridades que había arrastrado a través del tiempo fueran eliminados por completo. Ya habían pasado un par de meses desde la boda y Katsuki no había cambiado para nada su forma de ser. Todas las mañanas Katsuki se aseguraba de levantarse antes que su pareja para poder preparar el desayuno y llevarlo a la cama justo en el momento exacto en el que el peliverde abría los ojos. Desayunaban juntos en la cama, hablando de todo y de nada al mismo tiempo, tomando ese momento como uno de desconexión del mundo exterior para centrarse solo en ellos. Las rutinas de una pareja casada que habían establecido sin darse cuenta se habían acoplado tan bien a las que ya tenían, que ni siquiera habían notado algún cambio trascendental, y en lo que respecta a Izuku se sentía que estaba viviendo un sueño, el mejor de todos los sueños, uno del cual no deseaba despertar jamás.

— Kacchan… te tienes que ir, no puedes llegar tarde el primer día de trabajo. — Izuku sonrió con dulzura al sentir la manera posesiva y al mismo tiempo cariñosa en la que su pareja lo mantenía abrazado contra sí.

Katsuki gruñó suavecito a modo de respuesta al acariciar el cuello de su omega con su nariz. — ¡Qué se jodan! — Resolvió finalmente, mordiendo el lóbulo de la oreja del peliverde con delicadeza. ¿Su recompensa? Un jadeo y un estremecimiento por parte de su omega que le hizo sonreír victorioso. Desde que había encontrado ese punto sensible en el cuerpo de su pareja, siempre que lo tenía a su disposición no dudaba en atacarlo.

Izuku negó con suavidad, sonriendo con cierta resignación. Tanto Aizawa como Yamada habían conseguido que Katsuki tuviera un trabajo en el pueblo al que pertenecían. Si bien hasta el momento no habían tenido problemas viviendo solos, la verdad es que había ciertas temporadas en el año que las habían tenido que pasar con mucho esfuerzo. Tener un trabajo significaba tener un sueldo, y por consiguiente, podían ser capaces de comprar víveres en el pueblo, ropa y cualquier otra cosa de primera necesidad que pudieran querer. En un principio Katsuki se había negado, pues alegaba que, aunque el pueblo no estaba tan retirado, eso significaba tener que pasar más tiempo fuera de la cabaña todos los días. Si había accedido, había sido principalmente por Izuku, que había descubierto hace poco un tipo de mirada que Katsuki simplemente no le podía negar nada. El trabajo en sí no era difícil, se trataba de algo que al alpha se le daba bien, cazar y cortar leña. La paga era buena y le habían dicho que podía llevarse los sobrantes a casa, así que tendrían algunos animales para comer y leña para mantenerse calientes en invierno. Lo que a Katsuki no le terminaba de gustar era que tenía que dejar demasiado tiempo solo a Izuku. Desde que se habían enlazado, el alpha parecía haberse vuelto más territorial con su omega y el solo pensamiento de no estar cerca en caso de que lo necesitara lo ponía ansioso.

— Alpha. — Murmuró Izuku con tranquilidad, tomando su rostro con sus dos manos con delicadeza. — Estaré bien, solo serán unas horas y después podrás volver. — Sonriendo con dulzura y parado de puntitas le dio un pico a su pareja con cariño.

— Estarás solo mucho tiempo y no me gusta. — El alpha arrugó su nariz, mostrando con ello su total descontento, pero después sonrió ampliamente. Se le había ocurrido una idea maravillosa. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? — ¡Ya sé! ¡Ven conmigo! — Mencionó finalmente apegando un poco más el cuerpo del omega al aferrar con sus manos la delgada cintura.

Izuku contó mentalmente hasta diez, en busca de encontrar un poco de paciencia ante las ocurrencias del alpha y después negó lentamente. — Kacchan, solo te voy a retrasar. No se cazar y mucho menos cortar leña. Te terminarán despidiendo por mi culpa y tienes que admitir que esta es una buena oportunidad para mejorar un poco nuestro estilo de vida.

Katsuki arrugó la nariz con suavidad, sabía que Izuku tenía razón en cada una de las palabras que estaba diciendo, pero eso no significaba que le había terminado por gustar la idea de dejar tanto tiempo solo a su pareja. — Entonces ven conmigo y espérame con Aizawa. Así al menos estarás más cerca y puedo pasar a recogerte cuando termine mi turno para volver juntos a casa, ¿qué dices?

Un ligero suspiro se escapó de los labios del peliverde, no entendía porqué últimamente su pareja estaba tan reacia a dejarlo solo, cuando antes no había tenido ningún problema. — Vamos a molestar a Aizawa por nada, Kacchan.

— ¡De seguro que no se queja! — O al menos el rubio esperaba que no se quejara tanto por tan repentina sugerencia. — Vamos Zuzu… es la única manera en la que me sentiré tranquilo.

Izuku entrecerró los ojos un momento, analizando la propuesta de su pareja con detenimiento. Lo que menos quería era que Aizawa se molestara con ellos cuando había sido tan amable hasta el momento. — Está bien… — Aceptó con calma, pero justo cuando el alpha estaba por sonreír victorioso, alzó el dedo a modo de advertencia. — Pero si dice que no, sin importar sus motivos regresaré a casa y te esperaré con la cena servida como un buen esposo, ¿está bien?

— P-Pero… — No, claro que no estaba bien porque eso significaba que Izuku tendría que regresar solo y eso sería peor.

— ¡Pero nada! — Con determinación volvió a tomar el rostro de su pareja para poder verlo directamente a los ojos. — ¿Está bien, alpha? — Volvió a preguntar sin dejar muchas opciones de conseguir una negativa por parte de su esposo.

— Bien. — Katsuki accedió a regañadientes, sabiendo que no tendría otra opción. Cuando Izuku se ponía así de serio no existía poder humano sobre la faz de la tierra que consiguiera hacerlo cambiar de opinión. Izuku, sonriendo radiante al saber que había ganado, recompensó a su pareja con un gran beso.


El fastidio en el rostro de Aizawa cuando vio a Izuku parado afuera de su casa era tan evidente que el peliverde desearía poder decirle un gran "te lo dije" a su pareja. Una sonrisa un tanto nerviosa se dibujo en el rostro del peliverde mientras le saludaba y su alpha salía corriendo, alegando que se le estaba haciendo tarde, pero que le agradecía al pelinegro el permitir que Izuku se quedara con él hasta que su turno terminara. Izuku estaba sorprendido, no creyendo el atrevimiento de su esposo en forzar aquella visita.

— En serio lo lamento. — Izuku mordió su labio inferior mientras hacia una reverencia. Definitivamente tendría que castigar a su pareja cuando volvieran a casa.

Aizawa suspiró con resignación mientras dejaba la puerta abierta y volvía al interior de la cabaña. Aquella había sido claramente una invitación silenciosa para que pudiera pasar. — Me quieres decir, ¿qué fue todo eso?

Sin más Izuku se apresuró a seguir al pelinegro una vez que cerró la puerta, sonriendo un poco. — Kacchan no quería que estuviera solo en casa mientras el trabajaba. Dice que si me quedo contigo al menos estaré más cerca y así estará más tranquilo.

Aizawa blanqueó sus ojos con un deje de fastidio mientras preparaba un poco de café para los dos. — ¿Y siempre es tan paranoico? — Preguntó curioso al servir el café en un par de tazas que dejó sobre el comedor. Después con un gesto de su mano, invitó al peliverde a sentarse con él.

Izuku abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio más sorprendido que nada porque en ese justo momento salió apresurado Hizashi Yamada de la habitación, arreglándose apresuradamente el cabello mientras se acercaba al pelinegro.

— ¡Shota! ¡¿Por qué no me despertaste?! — Yamada ni siquiera se había dado cuenta de que no estaban solos en la casa. El cabello húmedo indicaba que acababa de salir del baño y en esos momentos lo único que le importaba era darle el beso de los buenos días a su pareja antes de salir. — Volveré en la noche, no me extrañes, cariño. — Yamada sonrío amplio al tomar el mentón de su pareja con suavidad para después inclinarse sobre su rostro y besarle largo y tendido hasta robarle el aliento. — Te quiero. — Susurró con suavidad sobre los labios ajenos, sonriendo satisfecho al notar aquel sonrojo sobre las pálidas mejillas que tanto amaba. Después robando el pan que Aizawa planeaba comerse salió corriendo, dejando solos una vez más al pelinegro junto con el pecoso.

El rostro de Aizawa por lo regular siempre estaba pálido, demasiado blanco que bien podía confundirse con la nieve que cae en las ventiscas de invierno. Ahora Izuku estaba preocupado de que al pelinegro pudiera darle algún tipo de colapso de lo rojo que se encontraba. Que intentara ocultarlo mientras bebía café no ayudaba bastante, pero resultaba entretenido para el peliverde. De alguna manera se alegraba de que las cosas entre ese par al fin se hayan resuelto. — Entonces… ¿Bakugo es siempre tan paranoico? — Preguntó finalmente Aizawa con la evidente intención de desviar la conversación hacia rumbos más seguros.

Izuku rio suavecito ante el evidente nerviosismo del mayor, pero decidió no mencionar nada del tema, suponía que si Aizawa quería hablar entonces lo haría por cuenta propia. No le gustaba meterse en la vida privada de las personas, pero no podía negar que sí tenía curiosidad por saber cómo se reconciliaron. En su lugar bebió un sorbito de su café mientras pensaba adecuadamente su respuesta. Cuando dejó una vez más la taza sobre la mesa fue cuando decidió responder. — La verdad es que no. Antes salía a cazar y pasaba horas fuera de casa, pero nunca temía dejarme solo. — Respondió con cierta confusión en el tono de su voz. En verdad no entendía qué era lo que le pasaba a su esposo.

Incluso cuando Shoto los descubrió, Katsuki se había puesto protector porque pensó que le estaba haciendo daño, pero no pasó nada más. Ahora se mostraba incluso sobreprotector sin ningún motivo aparente. A pesar de no querer darle vueltas al asunto, aquel era un tema que sí lo tenía desconcertado. Y no es que se estuviera quejando, amaba demasiado a su alpha, pero nunca se había comportado de esa manera antes.

— Ya veo… — Respondió Aizawa una vez que se recuperó del momento vergonzoso que su pareja le había hecho pasar. — ¿Y desde cuando comenzó a comportarse así de extraño? — Preguntó finalmente para después tomar otra pieza de pan de la panera que se encontraba en el centro de la mesa. Mordisqueó un poco el pan sin dejar de ver al peliverde. Aquello le parecía realmente interesante.

— Hmmm… — Izuku colocó su mano sobre su mentón de forma distraída tratando de hacer memoria referente al comportamiento de su esposo. — Creo que después de casarnos. Quizás es normal, ¿no? No tenemos mucho de haberlo hecho y ambos nos sentimos muy felices.

— Quizás. — Aceptó el pelinegro con un ligero asentimiento. Sí, aquello podría ser causado por la euforia de los recién casados, pero tenía una pequeña sospecha que no podía sacarse de la cabeza tan fácilmente. — Pero dime Midoriya… cuando recibiste la marca, ¿te anudaron?

Bien, Aizawa tenía que admitir que no se esperaba para nada aquella reacción, o al menos no una tan exagerada. Izuku Midoriya se había puesto por completo rojo, había escupido el café de una manera bastante desordenada e incluso había tirado el pan que planeaba comerse. Al menos Aizawa había podido salvar su propio café y pan al alzarlos sobre su cabeza. — ¡¿Q-QUÉ?! — Preguntó sorprendido el peliverde, no entendiendo el por qué de aquella pregunta tan repentina y fuera de lugar.

Aizawa tosió un poco tratando de que con ese gesto la cordura del peliverde regresara, aunque sea un poco. — No creo que sea necesario que lo vuelva a preguntar. Con un sí o un no basta, Midoriya. — Respondió con simpleza mientras le pasaba una servilleta al peliverde y así pudiera hacerse cargo del desastre que había ocasionado.

Izuku tomó la servilleta, pero tuvo que agachar la mirada pues le parecía imposible ver al pelinegro a los ojos sin sentir tanta vergüenza. —N-No… — Susurró con suavidad después de tanto tiempo que Aizawa pensó que ya no respondería.

Aizawa arqueó con ligereza su ceja un tanto confundido. ¿En serio se había equivocado en sus sospechas? Estaba casi seguro de que tenía la razón, pero aparentemente no era así. — ¿Seguro?

— ¿Qué tiene que ver eso con el comportamiento de Kacchan? — Izuku preguntó intentando desviar una vez más el tema de conversación aun sin ser capaz de ver al mayor directamente a los ojos.

— Vamos Midoriya, solo responde. Si lo haces prometo dejar el tema por la paz. — Aizawa ofreció mientras comía otro poco de su pan.

Izuku suspiró profundo, mordiendo con fuerza su labio inferior antes de decidirse por levantar la mirada. — Bueno. — Aceptó mientras jugaba con sus dedos de manera distraída. — N-No pasó cuando me marcó… sino un par de días después.

Izuku volvió a agachar la mirada por completo sonrojado. Aquel día Katsuki lo había sorprendido tanto con sus mimos, lo había llevado a la bañera, le había preparado un baño con aceites relajantes y después le había dado un masaje tan placentero que su cerebro hizo corto circuito, y aunque Kacchan había jurado que solamente quería hacerlo sentir bien sin dobles intenciones, habían terminado por hacer el amor en la bañera y cuando habían vuelto a la cama. Incluso el celo del alpha se había adelantado y había inducido el propio. Habían sido tres días demasiado intensos en donde no habían tenido miedo de dejarse llevar por sus instintos y sí, recordaba como Katsuki lo había anudado mientras se desvivía por mimarlo y lamer su glándula. Había sido simplemente perfecto.

Aizawa tomó nota de lo que el peliverde le estaba compartiendo, asegurándose de que el omega no estuviera comiendo o bebiendo nada para poder hablar con tranquilidad. — Verás, existe un motivo por el cual los alphas se vuelven tan territoriales con sus omegas. No estoy diciendo que sea el caso, pero es una probabilidad.

— ¿Sí? — Preguntó con curiosidad el peliverde un poco confundido por cómo se estaba llevando a cabo la conversación.

— Sí. — Afirmó el pelinegro con un ligero asentimiento. — Eso ocurre cuando sus omegas están en cinta. Los alphas sienten la gran necesidad de proteger a su camada. Es solo el instinto hablando por ellos, no es algo que hagan conscientemente.

Los ojos del peliverde se abrieron con sorpresa ante lo que el pelinegro explicaba. Su corazón latiendo tan rápido que temía que pudiera fallar de un momento a otro. — P-Pero… — Comenzó a hablar cuando encontró una vez más su voz. — Soy recesivo… yo… mis probabilidades de embarazo son casi nulas… me iban a vender por ser defectuoso. — Susurró con total incredulidad. Sus ojos nublándose por las lágrimas que amenazaban con desbordarse de un momento a otro.

— Tu mismo lo has dicho. "Casi" no es igual que "cero". — Respondió con simpleza. — De igual manera, no es algo cien por ciento confirmado. Igual tu alpha puede ser un lunático sin remedio, solo digo que es una posibilidad. Debemos esperar para confirmar y si fuera el caso, vas a necesitar de muchos cuidados. Un embarazo en un omega recesivo puede resultar bastante peligroso tanto para ti, como para el nacimiento del cachorro.

De manera instintiva, Izuku llevo sus manos a su vientre como si de esa manera pudiera proteger a su futuro bebé de cualquier tipo de maldad. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, mirando con determinación al pelinegro. — Lo sé. — Respondió finalmente, mordiendo con ligereza su labio inferior. — No se lo digas a Kacchan, por favor.

Aizawa lo observó un poco confundido por la petición. — ¿Seguro? Si la presencia de un alpha ya resulta primordial en un embarazo omega, es muchísimo más importante en un omega recesivo y los primeros tres meses son los más cruciales.

— Lo sé, pero por eso mismo no se lo quiero decir hasta que este embarazo ya sea todo un hecho y no lo pierda durante los primeros tres meses. — Volvió a sonreír con suavidad. — Sería cruel de mi parte decírselo cuando todo es apenas una posibilidad. No resistiría ver el dolor en su mirada si el embarazo no se confirma o no llega a término.

Aizawa asintió no del todo convencido. — Está bien. A fin de cuentas, es tu elección, pero que sepas que no me parece lo más adecuado dadas las circunstancias.

Izuku rio suavecito, pero asintió lentamente. — Lo sé, no te preocupes y gracias.

Con un suspiro resignado Aizawa volvió a asentir. — Bien. Y en vista de que serás mi visita frecuente, ¿por qué no te enseño un poco de medicina? Ya sabes para que aprendas a identificar las plantas medicinales, puedas atender enfermos y ese tipo de cosas.

— ¿Eh? — Preguntó el peliverde bastante sorprendido por la propuesta. También eso significaba que a Aizawa no le molestaba tenerlo ahí mientras Katsuki salía a trabajar. — ¿Lo dices en serio?

— Claro. — Con un encogimiento de hombros Aizawa comenzó a recoger las tazas. — No le veo ningún problema. Además, siempre quise transmitir lo que sé y si estás embarazado al menos podrás hacer algo por ti. Son escasos los médicos por estos lugares.

— ¡Me encantaría! — Respondió Izuku con una sonrisa radiante, feliz de poder sentirse útil y al mismo tiempo podía ayudar a las personas con sus conocimientos.

Aizawa le revolvió el cabello con afecto al peliverde para después guiarlo hasta donde tenía su pequeño despacho lleno de frascos con una infinidad de sustancias, un mortero donde evidentemente preparaba sus medicinas y un montón de instrumentos que Izuku no conocía. Aquel día después de todo no iba a ser un completo desastre.


Katsuki había pasado a buscarlo exactamente a las seis con treinta minutos de la tarde. Hora en la que el rubio se desocupaba de sus labores. Y aunque en un principio se había negado en aceptar el trabajo, la verdad era que había terminado por gustarle. Existía un cierto grado de satisfacción cuando salía a cazar y regresaba con un animal de buen tamaño, todos lo habían felicitado porque para ser el primer día lo había hecho demasiado bien. Incluso llevaba consigo un par de perdices y las había escogido precisamente porque a Izuku le gustaban mucho. Y hablando de Izuku había algo que quería preguntarle desde que salieron de la casa de Aizawa.

— Oye Zuzu. — Comenzó a hablar mientras entrelazaba sus dedos con los de su pareja. — ¿Sabías que a través de la marca podemos compartir emociones y sentimientos?

Izuku parpadeó con ligereza, tan absorto estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta de lo que su esposo intentaba decirle. — ¿En serio? — Preguntó finalmente un tanto curioso.

— Sí, en el trabajo hablaron sobre eso. — Continuó el alpha con un ligero asentimiento. — El lazo que se forma durante la mordida es tan grande que tanto alpha como omega sienten las emociones de su contraparte. De esa manera un alpha puede sentir cómo se siente su omega y viceversa.

De manera inconsciente, Izuku llevó su mano libre a su nuca, en donde aún se podían sentir las líneas correspondientes a las cicatrices que le habían quedado luego de la mordida de su alpha justo en el medio de su glándula. — ¡Eso suena tan romántico! Es como si convirtieran en un solo ser. ¿Crees que sea verdad? — Preguntó en un susurro al mirar de reojo al alpha, sintiéndose nervioso.

— Oh claro que lo creo. — Katsuki se detuvo, haciendo que su pareja hiciera lo mismo y luego lo envolvió con sus brazos en un cálido abrazo, sin soltar su presa. — Creo que hace unas horas pude sentirlo. — El alpha sonrió un poco antes de inclinarse con suavidad para depositar un pequeño beso sobre la frente de su omega. — Estuve a punto de dejar el trabajo porque sentí un miedo enorme cubrir todo mi cuerpo. Cuando comprendí que no era yo, sino un sentimiento que provenía de ti pensé que algo malo te había pasado, me aterré. —Fiel a la costumbre que había estado estableciendo, el alpha escondió su rostro en el cabello de su esposo para deleitarse con su aroma. ¿Era su imaginación o el aroma a sándalo de Izuku olía más delicioso, más dulce? — Pero luego ese miedo se convirtió en una enorme alegría. — Se apartó un poco para poder ver aquellas esmeraldas que siempre lo dejaban hipnotizado. — Y después había dudas… ¿pasa algo?

Izuku mordió con ligereza su labio inferior. Se sentía feliz de que el vínculo entre los dos fuera tan fuerte como para que pudieran percibirse, sin embargo, en esos momentos también se trataba de una gran desventaja. El omega sonrió con calidez al pararse de puntitas para así besar con ternura los labios de su pareja. — No es nada. Es que Aizawa me sorprendió, me va a enseñar medicina, ¡¿puedes creerlo?! Me fascina la idea, pero me da miedo equivocarme. Los errores en esa área son cruciales y hay mucha responsabilidad en eso. — Dudó un momento antes de poder continuar. — No se si soy el adecuado para aprender algo tan complicado como lo es la medicina.

Katsuki rio un poco antes de volver a besar la frente pecosa con absoluto cariño. — Eres muy inteligente, Zuzu. Lo harás bien. Seré el esposo de un gran médico. — Katsuki sonrió con un gran orgullo, provocando el sonrojo de su omega. Con cariño acarició la mejilla del peliverde con el dorso de su mano con duda. Tenía el presentimiento que aquellos sentimientos que sintió provenientes de su omega, tan intensos y profundos no eran solamente por el adiestramiento de Aizawa. Iban más allá de lo que alguna vez pudo ser capaz de imaginar. Lo único que sabía era que dichos sentimientos solo habían provocado que quisiera proteger más a Izuku y seguían ahí de manera permanente. — ¿Seguro que es solo eso? Me alegra que puedas venir conmigo y quedarte con Aizawa para que no te quedes solo por mucho tiempo, pero si sientes que aprender medicina es una carga tan grande entonces quizás…

Izuku negó, llevando su mano a la boca del alpha para acallar lo que este quisiera decir. — Estoy bien, no es nada. Quiero hacerlo. — Aseguró. — Me entusiasma mucho aprender algo nuevo, Kacchan. Así si te pasa algo puedo atenderte de inmediato. —Sonrío ampliamente ante la expectativa. Después del rechazo que sufrió en Zabu le había preocupado que fuera verdad que era un inservible bueno para nada, pero ahora tenía la oportunidad de demostrar lo contrario y lo haría.

— Bueno… — Respondió el rubio un poco más tranquilo por aquella respuesta. — Pero si existiera algo más, me lo dirías, ¿verdad? — Preguntó solo por asegurarse.

— Claro, Kacchan. — Y para acallar al rubio volvió a estirarse para poder besar con plenitud a su alpha sintiendo un poco de culpa por tener que ocultarle la verdad de momento.

Le seguía pareciendo sorprendente la fuerza del lazo que los unía no solo en cuerpo, sino que también estaba trascendiendo hasta sus propias almas. Izuku sonrió contra los labios de su pareja, riendo feliz cuando éste lo alzó de aquella manera que lo hacía sentir como si flotara en una nube esponjosa de algodón. Nunca creyó que pudiera ser capaz de compartir tanto con su alpha, y tampoco nunca esperó sentirse tan completo y amado, porque ambos eran un solo ser que no podrían existir de manera independiente.


Día 11 (Enlace) del omegacember, ¡muchas gracias por su apoyo! :D Recuerden que sus comentarios me motivan a mejorar :D