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UN REGALO ESPECIAL

Las fiestas del solsticio de invierno eran unas de las más esperadas en todo el año, además de la ceremonia de presentación. Toda la aldea se llenaba de luces de colores, música y el agradable y cálido aroma del chocolate caliente y de las galletas de jengibre. A Izuku solía gustarle mucho la festividad porque la convivencia entre los aldeanos se volvía amena y por unos días se olvidaban un poco de la jerarquía de castas. A Izuku siempre se le había dificultado mucho cocinar, parecía que la cocina estaba peleada con él, pero en el caso de hornear galletas era algo que definitivamente se le daba bastante bien. Era una actividad que disfrutaba mucho hacer con su mamá todos los años. Aún recordaba todas las risas que inundaban la cocina mientras su madre le indicaba cuales eran las medidas exactas de los ingredientes o al cortar las formas para las galletas. A veces extrañaba mucho eso y a veces también se le hacía imposible preguntarse, ¿qué hubiera pasado si se hubiera presentado como un omega normal? ¿Su madre se sentiría orgullosa de él? O la pregunta que procuraba evitarse a toda costa para evitar sumirse en una profunda depresión: ¿su madre seguiría queriéndolo o lo odiaba por haber resultado ser un omega defectuoso? Preguntas sin respuesta y que esperaba que así se quedaran por mucho tiempo.

Izuku negó con suavidad, no valía la pena dejarse llevar por sentimientos tan negativos, sobre todo ahora que tenía un excelente motivo para ser feliz en la vida. Bueno un excelente motivo además de Kacchan, obviamente. Pero es que la llegada de su cachorro le llenaba de una inmensa felicidad y que Katsuki se estuviera desviviendo para poder proporcionarle toda la seguridad y comodidad posible para llevar su embarazo a buen término, lo tenían extasiado. Aún tenía miedo, eso era un hecho irrefutable, pero había decidido no dejarse llevar por el pánico. Confiaba lo suficiente en su alpha como para saber que de alguna manera u otra todo estaría bien. Conforme su barriga iba creciendo, su cuerpo se sentía más débil, aunque no tanto porque seguía al pie de la letra las indicaciones de Aizawa junto con la ayuda de Kacchan, incluso con eso sabía que todo el proceso iba a ser bastante complicado, pero afortunadamente no se sentía solo.

Como su movilidad estaba bastante limitada porque se cansaba mucho al caminar, le había pedido a Kacchan que le trajera del pueblo algunos ingredientes. Kacchan continuaba paranoico con dejarlo tanto tiempo solo, pero lo estaba sobrellevando bien, o al menos había entendido que era necesario que saliera o de lo contrario se quedarían sin suministros, y debían comenzar a preparar las cosas para la llegada del cachorro. Ese día se sentía bien y quería darle una sorpresa a Kacchan así que se encontraba en la cocina, preparando algunas galletas. Hacía tiempo que quería intentarlo y aunque sabía que a Kacchan no le gustaban las cosas dulces, estaba seguro de que podía equilibrar los sabores lo suficiente como para poder hacer unas galletas que su esposo pudiera comer.

Hornear siempre le traería recuerdos agridulces, pero no por eso quería dejar de hacerlo pues a fin de cuentas era una actividad que le gustaba mucho. Soñaba con un futuro en donde el mismo pudiera enseñarles a hornear a sus hijos, y que después, ellos también hicieran lo mismo con sus hijos en una especie de tradición familiar. Si, cachorros, en plural, sabía que su estado de salud para concebir bebés no era el ideal, pero tenía la esperanza de poder tener una familia grande junto con Kacchan. Una familia donde la jerarquía de castas no fuera importante.

— Zuzu… deberías de estar en cama. Ya sabes lo que Aizawa recomendó: descanso absoluto.

Izuku sonrió con ternura al mirar a su alpha recargado en el marco de la puerta de la cocina. A pesar del ceño fruncido, Izuku sabía que había calidez y preocupación por partes iguales en su mirada. — ¡Kacchan, volviste! — De manera instintiva, extendió sus manos en dirección al alpha, invitándolo a que se acercara sin que el uso de las palabras fuera estrictamente necesario. — Hoy no me siento cansado y quería prepararte una sorpresa por las festividades del solsticio de invierno.

— Bueno, es una sorpresa que no hayas quemado la cocina a estas alturas. — El alpha respondió con una sonrisa entretenida ante el puchero tan tierno de su omega. Había algo en Izuku desde que el embarazo comenzó a notarse más que lo tenía completamente embelesado, y es que ver al omega con esa barriguita en donde está creciendo su cachorro, le parecía la escena más tierna de todo el jodido planeta. Cuando se acercó a Izuku besó con ternura el puchero ajeno mientras sus manos acariciaban con delicadeza el vientre abultado de su omega. — Y aunque no estés cansado deberías de estar en cama, no quiero que algo les pase mientras no estoy, Zuzu.

Afortunadamente ya estaba terminando de decorar las galletas, así que sin otorgarle una respuesta directa a la preocupación de su alpha le metió una galleta a la boca a modo de venganza por la broma que anteriormente le había hecho. — Pruébalas, están ricas, ¿verdad? — Preguntó con absoluta inocencia ante el gesto de su esposo al recibir la galleta de aquella manera.

Katsuki parpadeó con ligereza mientas masticaba con calma la galleta que tan amablemente su adorado esposo le había dado de aquella forma tan amorosa. Se mantuvo en silencio mientras degustaba la galleta. Izuku sabía que no era un amante especial de lo dulce, pero tenía que admitir que esas galletas estaban deliciosas, estaban en el punto justo para saber que eran de jengibre, pero al mismo tiempo casi no tenían dulce. En pocas palabras estaban deliciosas para su paladar. Su alpha se encontraba ronroneando gustoso por ser consentido de aquella manera por su omega. — Están deliciosas, Zuzu. ¡Gracias! — Respondió con una sonrisa amplia, recompensando a su omega con un beso suave que los dejó con ganas de más a ambos.

— ¿En serio te gustaron? No están muy dulces, ¿verdad? — Izuku preguntó tratando de asegurarse de que el alpha en verdad estuviera satisfecho con su trabajo.

Katsuki rio suavecito para después besar la frente de su esposo con ternura. — De verdad, Zuzu. Están bastante ricas. Gracias, mi omega.

Izuku se sonrojó de manera inevitable ante los halagos del alpha, aunque era evidente que su omega se sentía muy orgulloso por haber podido complacer a su compañero. Sin poder evitarlo abrazó a su esposo y escondió su rostro en el pecho del rubio. — De nada alpha. — Susurró bajito sin salir de su escondite, algo que provocó que el alpha riera ante la ternura que el peliverde estaba demostrando con tanta facilidad.

— De hecho, yo también te tengo una sorpresa, Zuzu. — El rubio sonrió mientras acariciaba con ternura el cabello de su esposo.

— ¿Una sorpresa? — Preguntó el peliverde con absoluta curiosidad. A Katsuki siempre le había gustado el brillo que siempre aparecía en aquel par de esmeraldas ante la palabra "sorpresa".

— Sí, una sorpresa. — Mencionó el rubio dedicándole una caricia a la mejilla ajena. — Pero antes quiero comentarte algo, me alegra que te gusten las festividades del solsticio de invierno porque estaba pensando que podríamos poner nuestro primer árbol, ya he visto uno que me llamó la atención y que quedaría muy bien en la sala. También puedo comprar algunos adornos en el pueblo, ¿qué dices? Para el próximo año, cuando nuestro cachorro esté con nosotros podemos poner los regalos debajo del árbol para que se emocione mientras los abre, ¿no suena bien?

Izuku abrió los ojos bastante sorprendidos por la idea que había tenido su pareja. De repente, la imagen de estar ambos sentados sobre la sombra de aquel árbol adornado con muchas luces de colores, mientras su cachorro gateaba para poder abrir sus regalos, se adueñó por completo de sus pensamientos. Una enorme calidez y añoranza lo invadió, deseando poder presenciarlo lo antes posible. — Kacchan… eso suena maravilloso, ¡me encantaría! — Observó a su alpha por completo entusiasmado. De haber podido saltar, lo habría hecho. Su alpha, conociendo su manera de actuar, se anticipó al posible arrebato, abrazándolo.

— Estupendo. Mañana comenzaré a traer las cosas. — El rubio sonrió con calidez, no pudiendo resistir las ganas de besar a su pareja. Un beso corto, pero cargado con todo el amor que sentía en todo su ser por su omega. — Ahora, para tu sorpresa deberás de cerrar tus ojos, yo te cargaré hasta ahí.

Un pequeño puchero se apoderó de sus labios ante la propuesta de su esposo, pero terminó por asentir. — Bien. Eres muy misterioso, Kacchan. — Murmuró un poco enfurruñado, pero al cabo de unos minutos cerró los ojos lentamente, aceptando así las indicaciones de su esposo.

El alpha rio, besando la comisura de los labios ajenos. — Pero así me amas. — Susurró directamente en el oído de su omega antes de cargarlo entre sus brazos al estilo nupcial.

— Pero… ¿y las galletas? — Preguntó el pecoso mientras rodeaba con sus brazos el cuello de su alpha.

Katsuki blanqueó los ojos con una sonrisa entretenida. — ¿Crees que dejaré desperdiciar las galletas que me hiciste con tanto cariño? — Preguntó con un cierto tono de incredulidad. — ¡Jamás! Vendré a guardarlas cuando disfrutes de tu sorpresa y luego te lleve directamente a la cama para que descanses.

Izuku rio con suavidad, premiando a su alpha con un beso en su mejilla. — Buen alpha.

Katsuki sonrió amplio ante el elogio de su omega, mirándole con cariño mientras avanzaban hasta la habitación que estaba preparando para el cachorro. En el último mes había estado trabajando todas las noches para transformar la bodega en una habitación habitable para su cachorro. Le había prohibido estrictamente a Izuku entrar a dicha habitación hasta que estuviera lista, incluso la había cerrado con llave porque conocía lo curioso que resultaba ser su pareja y no quería desaprovechar la oportunidad de poder sorprenderlo. Hacerlo solo estaba siendo demasiado trabajo, pero al mismo tiempo lo estaba disfrutando demasiado. También había sido un trabajo extra trasladar la bodega a otro lugar de manera temporal mientras construía otro anexo a la cabaña. Debía de admitir que estaba bastante entusiasmado por ver cuál sería la reacción de su esposo ante lo que le mostrría. Tallar madera no era una actividad en donde fuera un experto, pero se había esforzado demasiado para que el trabajo final fuera perfecto. Con un poco de dificultad, y no queriendo soltar a su pareja, abrió la puerta de la nueva habitación y después con cuidado, colocó a su omega en el suelo.

— No abras los ojos hasta que te lo indique, ¿está bien? — Preguntó, colocándose a la espalda de su pareja y con sus manos sobre sus hombros, lo guio un par de pasos más hacia el centro de la habitación.

— Está bien, Kacchan. Pero no prometo resistir mucho tiempo. — Agregó el peliverde con un gran puchero.

El alpha rio ante las palabras de su esposo, esperaba que la sorpresa le gustara. Él no era el tipo de alpha detallista que hiciera cosas cursis, pero se había entusiasmado tanto con la llegada del cachorro y el amor que sentía por su omega se había intensificado a escalas que nunca creyó posible, que en lo único que pensaba era en hacer todo lo posible para poder complacer a su esposo en todos los aspectos. — Bien, abre los ojos, mi amor. — Susurró directamente en el oído de su pareja para después apartarse un par de pasos, dándole el espacio suficiente como para que reaccionara.

Decir que Izuku se encontraba nervioso era quedarse corto. De alguna manera el peliverde sabía que al abrir los ojos se encontraría con algo que le quitaría el aliento. Podía percibir no solo el aroma de su esposo en aquella habitación sino también el suyo, como si su esposo hubiera traído también algunas de sus cosas. Aquello le pareció un poco extraño y solamente aumentó su curiosidad. Después de un par de minutos decidió abrir los ojos lentamente. Parpadeó con ligereza tratando de acostumbrarse una vez más a la luz de la habitación y cuando lo consiguió, jadeó extasiado. La última vez que había visto aquel lugar era una simple bodega, pero ahora no se parecía a nada que hubiera visto antes. Las paredes estaban recubiertas con cuadros infantiles que Kacchan debería de haber traído del pueblo, éstas habían sido pintadas con un color amarillo pastel. En la esquina había una mecedora de madera junto a un pequeño librero con algunos libros infantiles. También había un cofre lleno de juguetes y un estante dispuesto para poder atender las necesidades del cachorro. Pero lo que le llamó más la atención fue la cuna que estaba junto a la ventana, era una cuna un poco más grande que una cuna normal, pero era hermosa. En el centro de la cuna había un pequeño nido formado tanto por las prendas del alpha como las propias y en el centro del nido un oso de peluche cuyos ojos eran de diferente color: uno verde y uno rojo, como si representaran tanto a Izuku como a Katsuki. Los ojos del omega se llenaron de lágrimas que no se preocupó por retener. Ahora entendía porque últimamente el alpha tenía unas grandes ojeras, se había esforzado mucho para poder acondicionar aquel lugar en donde su hijo dormiría.

— Kacchan… — Susurró bajito sin poder creer todo lo que había hecho su esposo durante esos días.

— Yo… bueno… — Comenzó el alpha un poco indeciso al acercarse al peliverde. — No soy un artesano así que no sé si la mecedora o la cuna se vean bien. Tampoco soy experto en construir nidos, puedes hacer las modificaciones que creas necesarias para que también quede a tu gusto.

Izuku se giró para ver a su esposo. Por lo regular era él quien balbuceaba cosas sin parar, era la primera vez que veía a su alpha hablar tanto como si intentara justificarse. Nunca lo había visto nervioso o preocupado al no estar seguro de haber hecho algo bien. El omega sonrió con ternura antes de acercarse a su esposo para abrazarlo. — Todo está perfecto, Kacchan. Yo… no tengo palabras para poder expresarte todo lo que estoy sintiendo justo ahora, pero… ¡Dioses, Kacchan! ¡Estoy inmensamente feliz!

El alpha se relajó por primera vez en mucho tiempo y sonrió al llevar sus manos al rostro de su esposo para así limpiar sus lágrimas con delicadeza. — ¿En verdad te gusta? — Susurró besando suavemente los labios de su esposo.

Antes de que Izuku pudiera responder, alguien más lo hizo por él desde el interior de su barriga, pues en esos momentos el cachorro decidió dar signos de presencia al patear contra la barriga de su madre. Los ojos de Izuku se abrieron con sorpresa pues era la primera vez que podía sentir sus patadas. Abrió la boca para intentar hablar, pero no pudo hacerlo. Sin embargo, llevó sus manos a su vientre en un intento de volver a sentir lo mismo.

— ¿E-Eso fue? — Preguntó el alpha tomado también por sorpresa sin ser capaz de dejar de ver con admiración a su esposo.

Izuku sonrió radiante al tomar con sus manos las de su esposo para guiarlas hacia su vientre justo en el lugar donde se podía apreciar los movimientos de sus patadas. — Creo que a nuestro cachorro también le gustó su nueva habitación.

Katsuki rio maravillado, dejándose caer de rodillas para poder abrazar a Izuku por la cintura con delicadeza. Luego apoyó su oído sobre el vientre abultado de su omega para poder escuchar a su hijo neonato con una inmensa felicidad. — Hola, pequeño. Te esperamos con ansias tu papi y yo.

Y como si el bebé escuchara a su padre, volvió a patear en el lugar donde el alpha mantenía apoyado su oído. Izuku rio encantado por la reacción de su pareja, sintiéndose sonrojar al escuchar como el alpha continuaba hablando con su vientre. Mientras su esposo hablaba con su futuro hijo, observó de reojo aquella cuna con evidente cariño. Ya había pasado mucho tiempo desde que habían huido de Zabu, en aquel entonces había sentido que todo su mundo se desmoronaba en miles de pedazos, incluso deseó morir. Le parecía sorprendente como habían cambiado las cosas y todo gracias a Katsuki. Era tan feliz que no podía explicarlo con palabras, pero estando en la habitación del bebé mientras Kacchan continuaba hablando directamente en su vientre y su cachorro le respondía a través de pequeñas patadas, lo único que quería era continuar viviendo al lado de su pequeña familia y les rezaba a todos los dioses para que le otorgaran la bendición de poder cumplirlo. Aquel definitivamente había sido el mejor de los regalos que su alpha le pudo haber dado.


¡Día 15 del omegacember! Como era temática libre decidí hacer como una especie de mini especial de Navidad :D ¡Gracias por leer! Recuerden que sus comentarios me ayudan mucho a mejorar :D