17
POR FAVOR, ALPHA
Nunca, pero nunca, en toda su vida Katsuki pensó que podría llegar a estar en aquel tipo de situación. Quizás en el pasado dentro de sus fantasías más profundas y aun así en ese entonces no se sentía con la suerte suficiente como para ser merecedor de dicho premio. Él siempre había estado enamorado de Izuku, desde pequeños. Por eso siempre procuraba estar a su lado, cuidándolo de que algún idiota quisiera propasarse con él, porque, aunque sabía que el peliverde era capaz de defenderse por sí solo, ¡él era un alpha por todos los dioses! Si no podía ser capaz de proteger al omega qué quería cortejar, ¿cómo podría verle a los ojos? Conforme fueron creciendo y se hicieron adolescentes, no sólo la ceremonia de manifestación estaba cerca sino también la revolución de sus hormonas. Para Katsuki casi fue natural que todas las noches soñara con Izuku en formas y contextos demasiados subidos de tono. En consecuencia, por las mañanas siempre amanecía con un serio y duro problema entre sus piernas que terminaba arreglando mientras tomaba un baño con agua casi helada.
Había supuesto que ahora que era un adulto, que estaba casado y a punto de ser padre podría ser capaz de tener un poco más de autocontrol. ¡Pero qué equivocado estaba! Nunca se había puesto a pensar que no sería el único que cambiaría con el correr de los años, sino que también lo haría Izuku. Y lo había hecho en la mejor de las maneras. Izuku era bastante hermoso, tanto que había captado la atención de todos los alphas jóvenes del pueblo, él incluido. Esa hermosa sonrisa que siempre ponía le provocaba un delicioso corto circuito y cada vez que Izuku pronunciaba un "¡Kacchan!" lo tenía a sus pies. Era un omega no solamente bello por fuera, sino también era poseedor del alma más pura y hermosa que había tenido el placer de conocer. Su plan siempre había sido comenzar a cortejarlo adecuadamente a partir de los quince años, justo después de la ceremonia de presentación. Lo que pasó después fue solamente una serie de eventos desafortunados que aceleraron sus planes. Aún recordaba el rostro molesto de su madre cuando le había anunciado que seguiría a Izuku después de que huyera de la aldea, sus palabras hirientes en contra tanto de Izuku como de él mismo. También recordaba el desconcierto en las facciones de su progenitora cuando se había alzado imponente frente a ella, en contra de sus deseos y le había dejado en claro que no dejaría a Izuku por nada del mundo. Ese día también comprendió una cosa: jamás regresarían a la aldea. Había perdido a su familia de sangre, pero había ganado el amor de un maravilloso omega que le había otorgado el mejor de los regalos: ser padre. Y él daría lo que fuera por el bienestar de su omega y su cachorro.
Pero Izuku se la ponía demasiado difícil a veces. Mucho muy difícil. Si aquel día alguien le hubiera dicho que al regresar de trabajar se encontraría a su omega notablemente embarazado totalmente desnudo en el centro del nido que compartían, quizás hubiera alcanzado a tomar algunas medidas de prevención, no sé, quizás hubiera retrasado un poco su llegada. Aizawa ya le había comentado que una de las consecuencias del embarazo era que el lívido de los omegas aumentaba exponencialmente. Si bien durante la gestación no contaban con periodos de celos porque su cuerpo se preparaba para poder engendrar una vida, el deseo sexual del omega sí que aumentaba. Sabía que debía retroceder, no porque no deseara a su esposo, él siempre deseaba poder estar con su pareja en todos los aspectos, nunca se cansaba de sus besos y de sus iniciativas para probar cosas nuevas, pero debía admitir que tenía miedo. El embarazo ya era complicado por el simple hecho de que su esposo fuera recesivo, pero últimamente había notado que el cansancio en Izuku era más evidente. No solo dormía más, sino que cada vez se cansaba hasta para dar solo un par de pasos. Y ahora que su embarazo ya estaba tan avanzado, lo que menos quería era hacer algo que pudiera perjudicar la salud de su pareja o de su futuro cachorro.
— K-Kacchan…
El cuerpo de Katsuki se estremeció de pies a cabeza. Aquel llamado había provocado que su alpha se removiera inquieto y ansioso por poder unirse a su omega para complacerlo en todo lo que le pidiera. Que el aroma a sándalo se hubiera intensificado y hubiera llenado sus pulmones al inhalar, tampoco ayudaba a que su erección disminuyera. Con sus pupilas dilatadas por el deseo de unirse a su esposo, Katsuki observó a detalle la manera en la que su pequeño omega se complacía a sí mismo mientras gemía su nombre sin cesar, como si se tratara de un mantra que lo invitaba a hacerse responsable por el desastre en el que se había transformado su pareja. Se relamió ante la vista. Su esposo era la viva imagen de la tentación, y su voluntad no era tan fuerte como para no ceder a los deseos de su omega. Al menos sabía que su fortaleza no duraría demasiado.
— Zuzu... — El alpha caminó con tranquilidad hasta donde se encontraba su omega y suspiró con satisfacción. Una de las cosas que siempre le habían gustado de Izuku era su aroma. Ese delicioso aroma a sándalo que se incrementaba entre más cerca estuviera de su omega. Con cariño acarició con el dorso de su mano la mejilla de su pareja. — Tan lindo, mi omega.
— Kacchan… te necesito. — El peliverde susurró con los ojos cerrados y la respiración entrecortada ante la caricia de su esposo, casi ronroneando al inclinar su cabeza para poder tener todo el contacto posible con su pareja.
Katsuki sonrió un poco ante las acciones de su omega. Le parecía tan lindo su esposo, con sus mejillas cubiertas de aquel tono rosado que tanto amaba y el hecho de que buscara constantemente su tacto. — No quiero lastimarlos, Zuzu.
Izuku se estiró, todo lo que su barriga se lo podía permitir, buscando poder besar a su esposo. Una acción que fue correspondida por el alpha al inclinarse sobre su omega para evitar que se esforzara con el movimiento. Izuku sonrió contra los labios de su esposo, complacido por la manera en la que siempre el alpha lo consentía. — No lo harás, Kacchan… Aizawa dijo que podíamos…
Un pequeño rubor cubrió las mejillas del rubio. No le gustaba mucho la idea de que alguien más supiera algo relacionado con la intimidad que compartía con su esposo, pero admitía que era necesario para poder llevar un mejor control de la salud del omega. — No lo sé, Zuzu… —El alpha se inclinó un poco más sobre el omega, enterrando su nariz en el cuello ajeno muy cerca de su glándula para disfrutar directamente de su aroma que exudaba excitación. Con devoción, dejó un pequeño beso en aquella zona. — Últimamente no tienes las mismas fuerzas. — Susurró con suavidad mientras deslizaba su diestra sobre la piel de la barriga de su esposo. El orgullo de su alpha creciendo ante el sutil movimiento perceptible que hacía su hijo como si reconociera su tacto. —No quiero que tengas ningún tipo de retroceso.
— Pero no lo tendré… — El susurro de Izuku sonaba desesperado. Tan desesperado como el propio alpha estaba comenzando a sentirse. — Sé que tú me cuidarás. — Izuku restregó su mejilla contra la palma de la mano de esposo casi como si quisiera impregnarla con su esencia. — Alpha… — Volvió a susurrar, fijando su mirada directamente en las pupilas de su esposo. — Por favor… alpha, te necesito.
Aquellas palabras fueron suficientes para que el cerebro del alpha hiciera corto circuito y que su miembro terminara de endurecerse. Izuku era el único capaz de conseguir aquello con tanta facilidad. — Mierda. — Murmuró bajo, frustrado al sentir como su autocontrol se había ido al demonio con una sola frase. Se separó del omega solamente para comenzar a quitarse la ropa. Que Izuku usara las prendas que se estaba quitando para abrazarlas y olerlas, era lo más erótico que había visto en toda su jodida vida. Aún le parecía increíble que ese ser maravilloso fuera completamente suyo y que lo amara tanto como él lo hacía. Que además llevara a su hijo en su vientre solo despertaba un instinto de posesividad que no podía controlar. ¿Qué había hecho tan bien como para ser dueño de dicha felicidad? No lo sabía, pero definitivamente no se quejaba.
Una vez desnudo entró al nido solamente hasta que su omega le extendió sus manos, otorgándole el permiso necesario para irrumpir en su lecho. Estar en el mismo nido que su omega, que le tuviera ese nivel de confianza y que se entregara sin reserva a él, solo provocaban que su alpha se regocijara por completo orgulloso. Katsuki sonrió de costado, deleitándose con las feromonas cargadas de apetito sexual que su esposo dejaba salir de manera tan descarada. Sin hacerle esperar más, con su diestra sobre la nuca de su pecoso esposo, unió sus labios en un beso por demás necesitado. Saber que el estremecimiento en el cuerpo de su omega se debía a él, era embriagador. Nunca sentir tanto poder sobre alguien se había sentido tan endemoniadamente bien. Podría pasar toda su vida besando esos delgados y delicados labios, y no se cansaría jamás. Con cuidado, mientras su lengua se deleitaba con una batalla campal con su contraparte, fue recostando una vez más sobre su espalda a su esposo. Sí, hasta la última célula de su cuerpo se moría de ganas por poseer a su omega, pero eso no quería decir que había olvidado lo más importante: el bienestar de quienes se habían convertido en lo más importante en su mundo. Con su mano restante separó un poco más las piernas de su esposo solamente para tener libre acceso al centro mismo de su ser. Un gruñido de satisfacción murió en la boca de su pareja al notar lo húmedo que ya se encontraba y mientras lo preparaba, profundizó el beso con repentina hambre.
Solamente se separaron de aquel magnífico contacto cuando el oxígeno fue imprescindible y, aun así, el alpha no dejó de preparar a su omega, usando hasta tres dedos para estimularle para que pudiera recibirlo sin ningún problema. — Omega. — Demandó el rubio cuando tocó aquel punto dulce de su esposo, quien lo recompensó con un sonoro gemido. Cuando Izuku le observó, sus ojos estaban completamente cristalizados y oscurecidos debido al placer que estaba sintiendo recorrer todo su cuerpo. — Tan bueno que eres para mí. — El rubio llevó su nariz en suaves caricias por la mejilla del chico hasta alcanzar el lóbulo de su oreja, mordiéndolo suavemente.
La piel de Izuku se erizó y su espalda se arqueó cuando los dedos de su esposo volvieron a estimular aquella zona tan sensible de todo su cuerpo. Se sentía tan húmedo y caliente que le sorprendía el no estarse derritiendo en esos momentos. Cada roce de su esposo parecía una braza al rojo vivo que solo provocaba que su cuerpo subiera de temperatura. — K-Kacchan… — Murmuró entrecortado cuando al fin pudo encontrar su voz. — Por favor… — Su espalda volvió a arquearse un poco más ante el exceso de placer que estaba sintiendo. — T-Te necesito a ti. — Susurró al enmarcar el rostro de su esposo con manos temblorosas. — A-Alpha. — Susurró sintiéndose cada vez más desesperado.
Katsuki sonrió de costado al sacar sus dedos y llevarlos a sus labios para lamerlos con especial glotonería. — Tal dulce. Tan perfecto para mí. — Mencionó de regreso, deleitándose al comprobar el desastre en el que se estaba convirtiendo su esposo: su cuerpo perlado por completo de sudor, sonrojado de pies a cabeza, gimiendo su nombre y listo para recibirle. Se relamió los labios ante aquella erótica visión. Llevando su mano a la mejilla ajena, la acarició con cariño. Se sentía tan caliente como lo estaba él mismo. — Colócate de lado, mi amor. No quiero lastimarlos con mi peso. — Y es que la barriga de su esposo ya estaba tan grande que hacerlo boca arriba o boca abajo sería un completo error. Deseaba que su esposo estuviera cómodo mientras le hacía el amor.
Si no estuviera tan excitado, Katsuki se hubiera reído por la velocidad con la que su esposo había acatado la orden. No sabía que pudiera hacerlo con su barriga como estaba. Cuando su omega estuvo en la posición en la que mejor se sentía, lo abrazó por la espalda, colocando su mentón sobre el hombro pecoso del peliverde. No existía ninguna peca en el cuerpo del omega que no hubiera besado con anterioridad, pero siempre resultaba un verdadero deleite volver a hacerlo, y eso fue lo hizo: besar las pecas de aquel hombro con absoluta devoción. — Voy a ir lento… cualquier incomodidad que sientas… no dudes en detenerme. — Susurró casi en un gruñido cuando sintió la forma en la que los glúteos de su esposo comenzaban a moverse con insistencia con su entrepierna.
Aquella fue la respuesta, aunque silenciosa, que Katsuki necesitaba. Amaba a Izuku, lo amaba con todo su ser. Nunca se cansaría de eso, de poder tomarlo y proclamarlo como suyo. De escuchar los constantes gemidos que su esposo no podía contener mientras poseía su cuerpo. Ni siquiera sus fantasías más locas hacían justicia a todo lo que podía ser capaz de sentir mientras el cálido interior de su pareja lo acogía. Al alpha le parecía imposible no reverenciar cada parte del cuerpo de su omega. No se cansaba de besar cada espacio de su cuerpo a la que tenía acceso, de acariciar su tersa piel, en especial la de su barriga que es en donde su omega está creando vida.
— K-Kacchan… — Susurró de manera entrecortada el peliverde, inclinando su rostro en un intento de poder ver a su esposo, aunque sea de reojo. — Bésame…
Y Katsuki lo besó. Lo besó porque no existía nada que Katsuki Bakugo no fuera capaz de hacer por su omega, por complacerlo, por hacerle entender que era su principal prioridad, incluso por sobre sus propias necesidades. Porque para Katsuki, Izuku se merecía ser feliz en cada aspecto. Y le demostraría que no existía ninguna otra persona, además de él, capaz de conseguirlo. Lo besó con ese amor infinito que inundaba su corazón. Lo besó con todo el cariño que era capaz de demostrar. Lo besó con el ferviente deseo de querer una vida a su lado, de poder formar una familia y ser quien los protegiera con su propia existencia. Cuando el beso terminó, su corazón latía con tanta fuerza contra la espalda de su esposo. El deseo de marcarlo una vez más fue tan fuerte que no pudo contenerlo mientras daba las últimas estocadas. El cosquilleo de sus colmillos le hizo actuar casi de forma instintiva y sin detenerse a pensarlo mucho, reafirmó la marca del cuello de su pareja.
— ¡K-Kacchan!
Katsuki cerró los ojos, regocijándose tras haber sido el causante de todo el placer que su pareja había derramado sobre su nido. Su alpha aullando gustoso por haber complacido a tal grado a su omega. Le tomó un par de estocadas más para poder derramarse en el interior de su pareja, gruñendo cuando su nudo se fue formando, acoplándose al interior de su omega para asegurarse de llenarlo por completo. Su propio cuerpo se estremeció ante el incontrolable placer que sintió, dedicándose a repartir pequeños besos sobre la piel de la nuca de su esposo en un vano intento de controlarse y de calmar a su pareja al mismo tiempo.
— ¿Te encuentras bien? ¿No te lastimé? — Susurró con suavidad el rubio sin dejar de proporcionar besos y caricias a su omega en busca de reconfortarlo. — No vayas a moverte hasta que el nudo baje.
Una suave risa se escapó de los labios de Izuku, quien, agotado, simplemente se acurrucó contra el cuerpo de su esposo. Se sentía extrañamente querido y protegido. — Estoy bien. — Ronroneó mientras entrelazaba sus dedos con los de su alpha. — Te lo dije… Kacchan nunca sería capaz de lastimarnos. — Izuku bostezó con suavidad. Su interior se sentía tan lleno de su alpha que resultaba reconfortante y cálido. Comenzaba a sentirse adormilado.
Katsuki rio también. Una mirada cálida formándose al observar con cariño a su pareja. Volvió a besar la mejilla de su esposo, notando como su temperatura al fin se normalizaba. — Descansa Zuzu, yo siempre cuidaré tus sueños. — Susurró en voz baja, no queriendo perturbar el descanso de su pareja. A fin de cuentas, Izuku siempre se salía con la suya y él solamente era el encargado de cumplir todos sus deseos. El alpha lamió la herida de la mordida sobre el cuello del peliverde para que el proceso de curación fuera más acelerado, y después, sin dejar de abrazar a su esposo cerró los ojos también. Estaba igualmente cansado pues llevaba varios días durmiendo poco a causa de cuidar a su esposo y a su futuro cachorro. Dormiría algo también, al menos hasta que el nudo bajara, dejándose envolver por la calidez reconfortante de la persona que más amaba, de su familia.
¡Tarde, pero sin sueño!
Día 17 del omegacember (Nudo), espero que les guste, recuerden que sus comentarios me ayudan a mejorar :D
