Sí… En verdad lo siento por subir el capítulo a final de año… Pero en mi defensa, lo estaba terminando el 10/12/24, pero tenía que hacer el especial de Navidad de Shelbycoln por lo que lo detuve.
En el anterior capítulo me olvidé aclarar que soy nuevo escribiendo este tipo de historia, por lo que ténganme paciencia. La práctica hace al maestro, ¿no? Pero conociéndome, eso tardará mucho tiempo...
De todas formas, gracias por el apoyo y agradezco los comentarios.
Disfruten el capítulo =)
Era domingo por la mañana.
En el cuarto de Lincoln, él se encontraba acostado en su cama, mirando al techo. Despertó hace tiempo, pero permanecía en esa posición. Su mente divagaba en una sola cosa… ella.
Aquella chica cuyo nombre no sabía —pero aún recordaba cómo se veía—, le había hecho pasar por la mejor experiencia que había tenido en su vida.
Al final de su encuentro que tuvieron en ese vestidor, ella le pidió su número de teléfono para mantenerse en contacto, y él no dudó en dárselo, pero… no lo ha llamado.
«¿Se había arrepentido?», era una pregunta fija que tenía en su mente, pues eso explicaría por qué no lo ha llamado. Tal vez estaba exagerando; solo habían pasado dos días desde su encuentro, pero la espera era un tormento para él.
Realmente estaba ansioso por reencontrarse con ella. Tenía ganas de ir a buscarla, sin importarle si debía recorrer el pueblo entero una y otra vez; estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para encontrarla. Sin embargo, un recuerdo lo detenía… Recordaba una conversación de su hermana Lori con una amiga, en la que ella se quejaba de los chicos que parecían desesperados por una chica, diciendo que le parecían patéticos.
No podía arruinar esto, no como lo había hecho en el pasado con ellas…
De todas formas, su curiosidad por lo que habían hecho lo llevó a buscar en internet, donde encontró material muy gráfico de lo que hicieron. Fue entonces cuando descubrió qué era realmente el sexo y, además, aprendió cómo masturbarse...
Fue una revelación, un nuevo mundo se abría ante él.
Cerró los ojos y su imaginación se envolvía en aquel momento donde estaban ellos en ese vestidor. Su mirada seductora, su confianza mientras ella le masturbaba con su cálida mano. Y esos labios…
—¡Lincoln! —su hermana Lana lo sacó de su fantasía, lazándose hacia él.
—¡Auch! —se quejó de dolor, asustado por la inesperada intromisión de su hermanita.
—¡Hola, Lincoln! El desayuno está servido.
Fue inesperado. El susto que se llevó Lincoln era peor de lo que recibía por parte de su hermana Lucy a diario, hasta al punto de creer que casi le daba un paro cardíaco.
—Espera, ¿qué tienes en los pantalones? —preguntó inocentemente Lana.
Su rostro se envolvió en un rojo fuerte. Lana estaba sentada justo sobre su entrepierna, en el peor momento posible: cuando su pene se encontraba endurecido al recordar a esa chica...
Sin embargo, una sensación placentera se estaba presentando en él.
—Ehm… —buscó una respuesta lo suficiente creíble—. Es mi celular —sonrió incómodo, tratando de disimular.
—¿Por qué tu cara está roja? ¿Estás enfermo?
Ella se acercó aún más a él, apoyando su mano en su frente, comprobando su temperatura, pero lo que ella no sabía era que, al frotarse con su hermano justo donde se encontraba su miembro, solo lo ponía más nervioso.
—¡Estoy bien! —respondió apresurado—. ¿Podrías bajarte ahora? —su tono era desesperado.
Tenía que controlarse o, de lo contrario, haría algo de lo que se arrepentiría.
Lana lo escuchó y se bajó, no sin antes de sentirse confundida por la actitud de su hermano, él no era así. No obstante, decidió ignorarlo. A veces su hermano era extraño, ya se le pasaría...
Cuando Lana se marchó, el muchacho de cabello blanco, se sintió avergonzado de sí mismo. Por un momento, pensó en traicionar la confianza de su hermanita, usar su inocencia para que ella siguiese frotándose contra su viril, como si fuese un juego.
Se odió por ese pensamiento, ¿qué clase de hermano mayor era? Sabía que lo mejor sería tomar una distancia prudente y dejar el contacto físico con sus hermanas menores.
Y lo que tenía que hacer en ese momento era ocultar su terrible erección, ya que calmarla le resultaría imposible en ese instante.
«Brrr», su celular vibró en su mesa de luz —hecho que agradecía que Lana no se hubiese dado cuenta—, se levantó a revisarlo, no estaba de ánimos para iniciar una charla con algún amigo.
《
Oye ;)
Soy la chica del centro comercial, ¿te acuerdas?
Estoy sola esta tarde… ¿Vienes o tienes miedo?
》
Su corazón se detuvo por un instante.
Era ella.
Como arte de magia, todo su pesar se esfumó y, a cambio, una sonrisa de oreja a oreja aparecía. ¡No lo podía creer! Estaba sucediendo, ¡ella le había mandado un mensaje!
Emocionado, le respondió con un sí, aunque no sabía con certeza si estaría libre en la tarde, sus hermanas podían alterar su tarde, pero no lo permitiría. Esto era lo que estaba esperando y NADA le impediría su reencuentro con esa chica.
—¡Lincoln baja de una vez! ¡QUIERO COMER MI DESAYUNO! —gritó su hermana Lola desde el comedor.
«Maldita sea», Lincoln maldijo en su interior, se había olvidado del desayuno y sus hermanas estarían enojadas con él por hacerlas esperar.
Guardó su celular en su bolsillo del pantalón y bajó al comedor, donde sus hermanas lo miraban enojadas, pero no las culpó, él haría lo mismo.
Mientras miraba su desayuno, solo una cosa podía pensar: no podía esperar que llegara la tarde.
Hoy sería un gran día para Morgan.
Estaría sola en casa, su hermana estaba con su novia y llegaría a la noche, y su madre tomaría turno extra en el trabajo. Ella tenía la casa para ella sola, durante toda la tarde, y planeaba aprovecharlo con su invitado especial.
Aún lo recordaba. Se habían «conocido» hace apenas dos días, mientras estaba con su amiga en el centro comercial. ¿Fue casualidad o el destino? No lo sabía, pero ambos se encontraron en el mismo vestidor justo cuando ella iba a probarse su traje de baño. Fue oportuno para ella: el chico estaba desnudo de la cintura hacia abajo. Decidió probar suerte e intentar «seducirlo», y funcionó. Al final, después de una pequeña paja y chupársela, terminó con su número de celular guardado en el teléfono.
Sonrió cuando terminó de recordarlo.
Hace unos minutos, ella lo invitó a su casa para «pasar el rato» por mensaje de texto, ¡y él había aceptado! Había temido que él no respondiera a sus mensajes y la terminara bloqueando, pero eso no sucedió. ¡El mundo le estaba sonriendo!
Ahora tenía que preparar el ambiente de su casa para su encuentro. Aún faltaban algunas horas para que él llegara, pero esto debía ser perfecto si quería tener a ese chico como su «compañero sin ataduras», alguien con quien compartir solo el placer sin compromisos.
Esperaba que esto saliera bien, no quería perder esta oportunidad con este chico, con él podría experimentar nuevas cosas que su hermana no lo dejaba hacer con ella.
Estaba nervioso.
Lincoln estaba yendo a la casa de ella y no podía evitar sentirse nervioso y ansioso. Lo que había sucedido en el centro comercial lo había dejado con ganas de tener más de eso, pero ahora, mientras se dirigía al lugar donde lo tendría… sentía algo de miedo.
Esto era nuevo para él, no había tenido experiencia que lo guiara en esto. ¿¡Y si lo arruinaba!? No quería echarlo a perder, en verdad deseaba hacerlo de nuevo con ella. Pero su expediente de fracaso con las chicas, lo hacía sentir inseguro, ¿debería haberle pedido consejos a sus hermanas? ¡Pues claro que debió hacerlo! Ellas tal vez le dirían qué debería hacer para no estropearlo. Pero no podía decirles a sus hermanas que esa chica —que nombre no sabía y conocía casi nada—, le había invitado a su casa para follar…
Sí… sus hermanas no lo permitirían.
Tenía que afrontar esto solo.
Algunas cuadras más adelante, Lincoln encontró la dirección que ella le había mandado; frente a él, se encontraba una casa de dos pisos de diseño simple.
Había llegado el momento. Él fue a la puerta y tocó el timbre nervioso. Unos segundos después, pudo escuchar los pasos de alguien acercándose hacia la puerta. Y ahí fue, la puerta se abrió, revelando a una chica de cabello castaño, vestida con una camisa fucsia oscura y una falda azul pastel.
Ella lo miraba con una sonrisa coqueta, apoyada contra el marco de la puerta.
—Vaya, pensé que te habías echado para atrás —dijo, cruzando los brazos y lanzándole una mirada divertida—. ¿Vas a quedarte ahí parado o vas a entrar?
Lincoln tragó saliva, sintiendo su corazón latir más rápido mientras intentaba mantenerse calmado. Morgan dio un paso atrás, abriendo la puerta un poco más.
—Relájate, chico —añadió ella, con un tono suave—. Solo vamos a pasar un buen rato, ¿no es eso lo que quieres?
—Sí… —tartamudeó él, pero se reprochó por hacerlo, debía estar calmado y no arruinarlo.
Entró a la casa y ella lo guio hasta el sofá, donde ambos se sentaron. Frente a ellos, se encontraba una mesita de vidrio donde reposaban dos vasos de jugo de naranja.
—Toma —ella le entregó el vaso con jugo—. Refresquémonos mientras no conocemos, ¿no lo crees?
Lincoln asintió con la cabeza mientras tomaba un sorbo de su jugo, dejando que el sabor a naranja se deslizara por su lengua. Apenas sabía algo sobre ella, así que le pareció una buena oportunidad para conocerse mejor.
—Soy Lincoln, Lincoln Loud —se presentó primero él.
—¿Loud? Creo que ya he escuchado ese apellido antes… ¡Oh! Qué mal de mi parte al no presentarme, ¡y soy yo quien te ha invitado! —soltó una pequeña risita—. Soy Morgan Crest.
—Bueno, es un gusto conocerte, Morgan —le sonrió a ella, se estaba calmando.
—Pero sí, el gusto de conocernos ya lo hemos tenido en el centro comercial —lo dijo riendo.
Morgan se reía de su propio comentario, mientras que las mejillas de Lincoln se teñían de un leve rojo.
—Cierto… —luchó para encontrar las palabras, pero no supo qué decir.
—Tranquilízate, copo de nieve, no muerdo… por ahora —ella se mordió los labios mirándolo, haciendo que él se pusiera nervioso—. Pero ya veremos sobre eso más tarde. Cuéntame de ti, Lincoln.
—Tengo diez hermanas, cinco mayores y cinco menores.
Y aquí iba.
—¡Diez hermanas! Mierda, tus padres sí que follan como conejos.
No se impresionó al ver su reacción, las personas se sorprendían al oír cuántas hermanas tenía, no era nada nuevo, aunque sí le incomodó escuchar el comentario de Morgan sobre sus padres. Lo ignoraría.
—Y antes que preguntes, el color de mi cabello es natural.
—¿Natural…? Pensé que te lo teñías. Nunca antes había conocido a alguien con cabello blanco, te hace ver lindo —sonrió, divirtiéndose al ver cómo el rostro de él se teñía en un profundo rojo por su cumplido.
—Gracias —respondió con timidez, bajando la mirada un instante antes de intentar recuperar la compostura—. ¿Y tú? —añadió, aprovechando la pausa para redirigir la conversación hacia ella. Su rubor comenzaba a desvanecerse, pero la curiosidad por conocerla seguía presente—. ¿Tienes hermanos o algo así?
—Bueno, no soy hija única. Tengo una hermana… Charlotte —sonrió al recordarla mientras tomaba otro sorbo de su jugo—. Nos llevamos... bien, supongo. Bastante bien, diría yo —se rio.
Lincoln la observó, confundido por su risa.
—Eso es genial… —no entendía por que ella se rio.
—Sí, Charlotte y yo tenemos una relación… «especial». No todas las hermanas se llevan como nosotras —su sonrisa se pronunció.
—¿Especial? —preguntó él, sentía Morgan ocultaba algo con sus palabras, pero no sabía que era.
Morgan lo vio, su expresión juguetona le dejó claro que había otro significado en sus palabras.
—Digamos que… nos «divertimos» juntas. ¿Y tú? ¿Te llevas bien con todas tus hermanas?
—Bueno, supongo que sí. Cada una tiene su propia personalidad, así que puede ser complicado a veces. Pero nos apoyamos cuando es necesario.
—Eso suena bonito. Aunque diez hermanas… ¿cómo haces para no volverte loco? —preguntó con una sonrisa burlona.
Lincoln se encogió de hombros, relajándose un poco más.
—A veces es complicado, pero te acostumbras. Además, creo que sería raro no tenerlas alrededor.
El chico le resultó interesante para Morgan y tal vez algo lindo…
—Veo que eres un buen hermano mayor, ¿no?
—Hago lo mejor que puedo —se ruborizo ligeramente, rascándose la nuca.
Ella se rio al ver su reacción y se acercó un poco más a él.
—¿Otra cosa que quieras decirme de ti?
—Bueno, tengo doce años y… —Morgan lo interrumpió.
—¿¡Tienes doce!? ? —exclamó con sorpresa, mirándolo de arriba abajo—. Y yo, que pensé que eras mayor que yo. Pareces que tienes trece, pero supongo que estás teniendo el estirón y por eso estás algo grande… al igual que tu polla —sus ojos brillaron con picardía mientras se mordía el labio.
Y aquí iba Morgan, no podía posponer su deseo de tener sexo con el chico para más tarde, suficiente espera tuvo con estos días. Era el momento de hacer sus movimientos para que él se convirtiera en su «amigo con beneficio». De ser así, ella lo iba a gozar sin límites con él.
—¿Sabes algo, Lincoln? No he podido sacar de mi mente lo que hicimos cuando nos conocimos, y creo que tú tampoco, ¿no? —Lincoln negó con la cabeza, sintiendo cómo su garganta se cerraba por los nervios.—. Así que… ¿Qué te parece si continuamos donde lo dejamos? —le preguntó con su tono coqueto, acercándose a él.
¡Oh, por las manzanas! ¡Esto era lo que había estado anhelando desde el viernes! La oportunidad de revivir esa grandiosa experiencia con ella se le estaba presentando nuevamente. ¿Acaso su racha de mala suerte finalmente había llegado a su fin, y ahora la suerte comenzaba a sonreírle?
—¿C-Continuarlo? —repitió nervioso, luchando para pronunciar las palabras.
Morgan sonrió al escucharlo, ella sabía lo que estaba sucediendo. Sí que había tenido suerte al encontrar a Lincoln.
—¿Qué pasa, Lincoln? —dijo, mientras se sentaba sobre su entrepierna, mirándolo directamente a los ojos—. Acaso... —se inclinó hacia él, acercándose a su oreja—… ¿eres virgen? —le susurró.
Ella lo tenía en sus manos. Morgan lo estaba envolviendo en sensaciones abrumadoras, sentía que era demasiado para él, pero un deseo más profundo lo impulsaba a querer más.
—S-Sí… —respondió finalmente.
La sonrisa de Morgan se agrandó, pero Lincoln no pudo verla, ya que ella permanecía junto a su oído. Apoyó sus manos en los hombros de él y comenzó a mover su cadera, frotándose lentamente con la entrepierna de Lincoln.
—Puedo ayudarte con eso~… Yo perdí mi virginidad hace tiempo —dijo, volviéndose para enfrentarlo—, ¿sabes con quién fue? —No esperó su respuesta, y se acercó nuevamente a su oído, susurrando—. Fue con mi hermana, Charlotte. Ambas follamos muchas veces a la semana.
Lincoln se sorprendió. ¿¡Ella tenía sexo con su hermana!? No esperó esa respuesta. Sabía que estaba mal hacer eso, pero… eso lo hacía excitar aún más. Su pene, endurecido, presionaba contra sus jeans, buscando liberarse. Aferraba el sofá con las manos, abrumado por las sensaciones, mientras ella seguía moviendo sus caderas contra él.
Morgan volteó a verlo, y ambos se miraron con deseo. La lujuria estaba gobernando en estos adolescentes y ellos estarían dispuestos a complacerla.
Era lo que ambos querían.
Ella —sin dejar de frotarse contra él—, redujo la distancia entre ambos con un beso. Lincoln no podía creerlo, en serio estaba sucediendo, se estaban besando. Con torpeza, fruto de su inexperiencia —solo había besado a Ronnie Anne un par de veces—, Lincoln correspondió al beso. Sintió la suavidad de sus labios al tocar los suyos. Cerró los ojos instintivamente, y las sensaciones aumentaron. Ella tomaba el control del beso, guiándolo a su ritmo.
De pronto, él se sobresaltó ligeramente ante el inesperado movimiento de ella, pero la intensidad del momento lo convenció de ceder. Los besos de lengua no habían sido algo en lo que pensara mientras investigaba sobre sexo en días anteriores, pero ahora mismo estaba experimentando uno con Morgan. Era extraño y emocionante a la vez.
La lengua de Morgan invadió su boca, encontrándose con la suya. Se movían juntas en un ritmo desordenado al principio, como un baile sin espacio donde las lenguas chocaban entre sí. Lincoln, con torpeza, intentó imitar sus movimientos, pero ella tenía el dominio en «ese baile» . Sus lenguas se movían al compás del deseo, guiadas por un placer que crecía con cada instante.
Era intenso, todo lo era, pero no quería que se detuviera...
Las manos de Lincoln soltaron el agarre del sofá y se deslizaron hacia la cintura de Morgan. Con cierta torpeza, pero impulsado por el momento, las bajó hasta su trasero, apretándolo mientras la ayudaba a mover sus caderas contra él. Morgan dejó escapar un pequeño gemido, aunque no rompió el beso francés que compartían.
El plan de Morgan estaba siendo un éxito; completó dos de sus tres pasos. Ambos estaban lo suficientemente excitados como para que subir de nivel no fuera un problema.
Con un movimiento lento, rompió el beso y detuvo el vaivén de su pelvis. Sus miradas se cruzaron, agitados, con sus respiraciones entrecortadas. Los rostros de ambos estaban teñidos de un tono rojizo, y sus cuerpos irradiaban calor, ansiosos por intensificar aún más las sensaciones que compartían.
—Mmm… puedo sentir que estás emocionado conmigo~ —dijo con una leve risa, mientras su mirada se dirigía a él. Sentía claramente el bulto de Lincoln presionando contra su sexo, junto con el firme agarre de sus manos en su culo; sus bragas se encontraban humedecidas—. Pero no podemos hacerlo aquí. Mamá me matará si ensució el sofá.
Con movimientos lentos, Morgan se levantó de Lincoln y estiró las piernas. La posición en el sofá la había dejado algo rígida, pero valió la pena. Lincoln estaba listo para dar el siguiente paso, y además, ella había disfrutado cada momento.
—Vamos a mi cuarto, copo de nieve —dijo, tomándolo de la mano mientras lo guiaba hacia el segundo piso—. Es hora de divertirnos de verdad~
Morgan cerró la puerta de su habitación con su pie, luego empujó a Lincoln hacia la cama. Lo tenía justo como lo había planeado, y la sonrisa en su rostro reflejaba su satisfacción.
De pie frente a él, se quitó la camisa, dejándola caer al suelo sin preocuparse de que sus pezones quedaran al descubierto. Luego, meneando lentamente sus caderas, dejó que su falda se deslizara hasta el suelo.
Disfrutaba cómo su invitado lo miraba, devorándola con la mirada, pero expectante de lo que sucedería. Le parecía tierno.
—De este cuarto no sales virgen~ —ronroneó mientras se quitaba su braga empapada—. Anda, quítate la ropa, no me hagas esperar~.
No necesitó que se lo repitieran. Lincoln comenzó a quitarse la ropa tan rápido como sus manos torpes se lo permitieron. Sin embargo, la vergüenza no tardó en alcanzarlo. Ahora estaba completamente desnudo frente a una chica que lo observaba fijamente, con una sonrisa enigmática que no lograba descifrar.
Sentado en la cama, intentó cubrir su viril con las manos por puro instinto, pero fue en vano. Su erección era evidente, imposible de ocultar, y eso solo aumentaba su incomodidad. ¿Qué debía hacer ahora? No lo sabía.
Aparte de la excitación que tenía por lo que iba a ocurrir, en el fondo sentía miedo, debido a…
«tap, tap, tap».
El sonido de los pasos de Morgan acercándose lo devolvió a la realidad. Con la seguridad que ella ha demostrado desde el momento en que se conocieron, lo empujó hacia atrás, haciéndolo recostarse sobre la cama, mientras se subía sobre él.
—Es hora de convertirte en hombre~
Ella sujetó la polla de Lincoln con su mano hacia la entrada de su vagina, que se encontraba completamente empapada con su propio «jugo». Por fin lo tenía, había estado esperando con ansias ese momento.
Su madre tenía razón. Los sueños, si hacen realidad…
Empujó su cadera y gimió al sentir cómo el miembro de Lincoln se deslizaba en su interior.
—Si~… —gimió extasiada.
Le gustaba, realmente le gustaba. No solo porque finalmente tenía una polla real dentro de ella, sino también por el placer que sentía al saber que le estaba quitando la virginidad a su invitado.
Morgan dirigió su mirada hacia el rostro de Lincoln, y ¡por Dios!, la expresión del chico no tenía precio. Lo encontró lindo…
Lincoln sentía cómo su pene estaba rodeado por la calidez y la presión de la vagina de Morgan. Las sensaciones que sentía eran extrañas y completamente nuevas para él, pero, al mismo tiempo, lo hacían sentir increíblemente bien.
Morgan acarició la mejilla de él, tranquilizándolo, al mismo tiempo que le mostraba su sonrisa.
—Tranquilo, yo me encargo.
Su mano se deslizó hacia el pecho de Lincoln, apoyándose en él mientras comenzaba a mover sus caderas. Subía y bajaba lentamente sobre su miembro, manteniendo un ritmo lento. Sabía que debía contenerse; no quería abrumarlo demasiado rápido. Era su primera vez, después de todo.
—¡Mmm… sí~!
Lincoln escuchaba los gemidos de placer de Morgan mientras ella lo montaba, sonidos que se mezclaban con el ritmo de sus movimientos. Sin darse cuenta, él también comenzó a gemir, aunque más bajo y contenido. Las sensaciones eran abrumadoras, como si estuviera perdiendo la razón ante lo que ella le hacía experimentar.
Instintivamente, llevó sus manos a las caderas de Morgan, ejerciendo presión para guiar sus movimientos. Poco a poco, sus cuerpos comenzaron a sincronizarse, encontrando un ritmo compartido que intensificaba el placer que ambos sentían con cada instante
—¡Ah~! —gemía, su voz cargada de placer—. Lincoln… tu polla se siente increíble en mi interior —dijo, llevando su mano libre a su pezón erecto y apretándolo con las puntas de sus dedos.
El tiempo transcurrió...
«PAP, PAP, PAP, PAP, PAP», resonaban las embestidas de ella chocando contra la pelvis de Lincoln, el sonido de sus cuerpos encontrándose con fuerza. El sentido del tiempo se desvaneció hacía ya un rato; lo único que importaba era el momento, entregándose a él sin pensar en nada más.
Sin embargo, ella ya no podía resistirlo más, su cuerpo exigía más. Sus caderas aumentaron el ritmo, lo que provocó que ambos gimieran más fuerte. La habitación se llenó de los sonidos de sus jadeos y el choque constante de sus cuerpos, acompañado con el aroma mezclado de sus cuerpos.
—¡Ahhh… ahhh… ohhh~! ¡Ya estoy cerca! —exclamó ella emocionada.
Lincoln gruñó, sintiendo la misma sensación abrumadora que experimentó cuando ella le hizo una felación días atrás. Estaba cerca, muy cerca. Sentía que perdía el control de su cuerpo, como si su pelvis tuviera vida propia, impulsándose para acercarse más y más a la entrada de Morgan, hundiéndose más profundo en ella. Fueron movimientos desesperados, como si su cuerpo quisiera aferrarse al placer que experimentaba.
Sin embargo, luego de un minuto en aquel extraño estado en que se encontraba él, su miembro se contraía y sentía cómo algo dentro suyo se liberaba en el interior de Morgan, mientras que apretaba su agarre con más fuerza.
—¡Ahhh! —Cerró los ojos y sintió que su cuerpo se llenaba de éxtasis.
Morgan sentía cómo Lincoln soltaba su carga en ella, los chorros de semen chocaban en la entrada de su cuello uterino.
—¡Ahhh~! Mmm~ —Se mordió su labio, saboreando la sensación del líquido caliente que se depositaba en su interior.
Sin embargo, ella todavía no había tenido su propio orgasmo y ella quería, no, NECESITABA tenerlo. Con esa necesidad en mente, colocó ambas manos sobre el pecho de Lincoln y, teniendo ese apoyo seguro, aumentó la velocidad de sus caderas.
Sus movimientos eran erráticos, impulsados por el anhelo de su orgasmo, a tal punto que hacía que ella balbuceara palabras incomprensibles y fuertes gemidos.
«PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP», resonaban los sonidos de sus cuerpos chocando, amplificados por los «jugos» y el sudor que cubrían sus sexos, creando una sinfonía de deseo.
Para Lincoln, era abrumador. Había sentido que tocaba el cielo al alcanzar su orgasmo, pero cuando volvió a la realidad, Morgan seguía cabalgándose sobre él con fiereza, como si estuviese desesperada. El exceso de placer lo desbordaba, y empezó a sentir un leve dolor en su virilidad.
—Morgan… —gimió—. Estás siendo muy ruda... ¡Ugh! —dijo entrecortado, sintiendo cómo la intensidad aumentaba.
—Aguanta copo de nieve… ¡Uuuu~! —gemía con más fuerza—. Ya… falta... ¡Ah~! Poco~.
—¡Morgan~…!
Cualquier inquietud, por parte de él, fue ignorada por Morgan; estaba segada por su lujuria, al igual que un animal en celo. Al cabo de unos minutos, donde prevalecía el dolor y el placer de forma dualista para Lincoln, comenzó a sentir cómo los pliegues vaginales de ella se contraían alrededor de su polla.
«¡PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP!».
—¡Ahhh… Ahhh~! ¡Sí~!
Por fin estaba llegando el momento que había esperado desde que comenzó a montarlo. Su orgasmo se acercaba velozmente. Perdió la capacidad de hablar, sus palabras eran balbuceadas y sin sentido. Su mente se puso en blanco, mientras que su pelvis seguía empujando con fuerza contra el mástil de Lincoln. Sentía cómo su interior tenía espasmos, aferrándose a la polla de su invitado.
«PLAP, PLAP… ¡PLAP!».
¡Y con su último empuje su orgasmo explotó con fuerza!
—¡Ahhh! —soltó un intenso grito de placer que asustó a Lincoln y se oyó en la cuadra alrededor de su casa.
Acompañada por el orgasmo, la uretra de Morgan expulsó un líquido caliente, que chocó contra el vientre del chico y se derramó, mezclándose con el semen de él en la entrada de su intimidad. La fuerza en el cuerpo de ella se esfumó, dejándola caer sobre Lincoln. El gozo era evidente, y la tonta sonrisa en su rostro la delataba. La pelvis de Morgan seguía con pequeños espasmos, mientras su mente permanecía completamente en blanco.
Ambos estaban exhaustos, respirando pesadamente, intentando recuperar el aliento. Los cuerpos de ambos recibían el calor del otro, al mismo tiempo que los sudores que los cubrían, bajaban y se mezclaban entre sí, junto a sus otros líquidos que se encontraban vertidos en ellos y en la sabana.
Con el pasar de los minutos, lentamente se reincorporaron.
—Eso fue… grandioso —Ella fue la primera en hablar.
—Sí…
Lo habían hecho, habían tenido sexo. Lincoln no sabía cómo debía sentirse, concordaba con ella, fue grandioso, pero le dolía un poco su viril.
Ella fue brusca con él.
Se oyó un suave «POP» cuando Morgan se acostó a su lado, haciendo que el pene de Lincoln saliera de su interior. Su vagina se dilató brevemente, y poco a poco, el semen de Lincoln comenzó a salir de ella.
—¿Listo para otra ronda? —preguntó mirándolo a los ojos.
—¿Qué…?
Lincoln estaba desconcertado, ¿qué se refería ella con «otra ronda»?
—Dije… —Se sentó en la cama, viéndolo con sus ojos traviesos—. Si estás listo para volver a hacerlo~.
Se sorprendió ante su sugerencia, pues no esperaba que lo volvieran a hacer así de pronto, luego de que ambos llegaran a su clímax. Su miembro aún le dolía y se encontraba flácido; además, tendría que reflexionar de lo que habían hecho, se sentía extraño, algo ajeno a sí mismo, ¿eso era posible? De todos modos, tendría que declinar, le había gustado en verdad lo que hicieron, pero no creía poder volver a hacerlo nuevamente en ese momento.
—No lo sé… —respondió inseguro, evitando verla a los ojos—. Me duele un poco el pene —admitió avergonzado.
«Mierda», se maldijo Morgan. Nuevamente, perdió el control, ella se había enfocado en su propio placer, que no se controló y terminó lastimando a su invitado. Tenía que arreglarlo.
—Sí… tal vez me entusiasme un poco… —rio nerviosa y frotó su nuca con su mano—, pero… se sintió bien, ¿verdad?
Lincoln la miró, ella tenía la mirada fija en él, expectante a su respuesta.
—Bueno… —Su rostro se tiñó de rojo por la vergüenza a su siguiente declaración—. Es extraño, pero creo que me gusta…
El rostro de ella se llenó de alegría, ¡No lo había arruinado! A él le gustaba, por lo que tenía luz verde para continuar.
—¡Sabía que te gustaría! —emocionada por continuar, se acercó y le dio un breve beso en sus labios—. ¿Sabes algo? —lo besó en el cuello—. Eres diferente a los demás chicos —besó su pecho—. A ellos no les gusta hacer esto. Prefieren jugar videojuegos, hacer un deporte o algo estúpido, pero tú… no eres como ellos, disfrutas lo mismo que yo —dejó otro beso cerca de su clavícula, su voz bajando a un susurro seductor—. Y eso me encanta.
Las palabras de ella lo sorprendieron, sintió un fuerte pulso en su corazón que lo hizo sentir cálido. ¿Era cierto lo que ella decía? ¿Él era diferente a los demás chicos?
Los pensamientos de Lincoln fueron detenidos cuando Morgan se subió sobre él. Ambos se vieron frente a frente, separados por unos centímetros.
Lincoln la miró con asombro.
Morgan lo miró con lujuria.
—¿Lo dices en serio? —preguntó inseguro.
—Lo digo en serio. Tal vez te duela un poco, pero solo es al principio —llevó las manos de Lincoln a sus nalgas—, créeme que luego lo vas a disfrutar tanto como yo. Así que dices, copo de nieve, ¿vamos por otra ronda?
Las palabras de Morgan lo tocaron… jajaja, ¿entiendes?
—Yo… me gustaría seguir, pero… no creo que mi pene pueda volver a levantarse —admitió con una mezcla de vergüenza, frustración y miedo.
Eso era todo, lo había arruinado. Seguramente ella se decepcionaría de él, no pudo seguirle el ritmo. ¿Por qué le pasaba esto a él? ¿En verdad tenía mala suerte…?
El sonido de una pequeña risa le volvió a la realidad, fue ella quien se rio, lo que lo dejó desconcertado.
—Oh, copo de nieve, eso se puede arreglar
Ella gateó hasta quedar por detrás de la entrepierna de Lincoln, sus ojos brillaban con lujuria, apartó las piernas de él y agarró el miembro flácido de él con una mano y estiró el prepucio para atrás, abrió su boca y sacó su lengua por unos breves segundos, dándole al chico una imagen obscena. Luego agachó su cabeza, hasta llegar a la altura de su pene, y en ese momento, ella le dio una lenta lamida en la punta, haciendo que Lincoln se estremeciera y soltara un gemido.
—¡Ahhh~!
Los gemidos del chico eran música para los oídos de Morgan y ella quería escucharlo aún más. Por lo que comenzó a trazar círculos lentos en su glande con su cálida y húmeda lengua. Lo que provocó lo que ella buscaba, Lincoln gemía aún más.
—Grrr… ¡Ngh!… ¡Ahhh~! Morgan… —Lincoln continuaba gimiendo, entrecortado.
Él no podía controlarse, sus gemidos escapaban de su boca, la lengua de Morgan le provocaba una intensa sensación que le daba placer. Sus manos apretaban las sabanas, mientras que su mirada se encontraba en el techo blanco de la habitación, iluminada por luz del sol que traspasaba el vidrio de la ventana.
Ella se estaba excitando cada vez más, aparte de su cuerpo que se encontraba caliente, nuevamente su vagina ya estaba mojada, ella no podía esperar para que la polla de Lincoln volviera a su interior.
Con eso en mente, decidió aumentar el nivel para que su miembro se volviera a levantar. Dejó de mover su lengua y la sacó para meter el falo de él en su boca, cubriéndolo completamente. Teniéndolo en su boca, comenzó a mover su lengua alrededor de él, mientras lentamente movía su cabeza.
Durante el tiempo en que degustaba la polla de su invitado, percibía el sabor de la mezcla de sus líquidos que habían sido vertidos en él cuando ella lo montó, lo que la prendía aún más.
No tardó mucho para que el pene de Lincoln volviera a tener una erección. La mojada y caliente boca de Morgan, chupando a su miembro más los obscenos ruidos que ella producía al hacerlo, hizo su trabajo. Sin embargo, también le provocaron una sensación extraña en él que no comprendía.
Una vez que el mástil de Lincoln estuvo completamente listo para volver a la acción, Morgan lo sacó de su boca y le dio una lamida desde la base hasta la punta, como si fuese una paleta. Y con una mirada llena de lujuria, apoyó su mentón en la entrepierna de él, teniendo su pene apoyado en su rostro.
—Es hora de volver a la acción~.
Ella se levantó de la cama y caminó por la habitación, donde sus prendas estaban esparcidas por el suelo, mientras el semen de él caía lentamente de su entrepierna al suelo. Con un gesto rápido, cerró la cortina de la ventana que daba a la calle. Luego, se acercó al escritorio en la esquina del cuarto, apartó los objetos que estaban sobre él y subió en el borde de él. Desde allí, miró a Lincoln con una expresión de deseo y, con un dedo, hizo un gesto, invitándolo con un «Ven».
—Ven aquí, es hora de que continuemos~.
Lincoln salió de la cama, moviéndose con rigidez debido al nerviosismo que no podía evitar. Necesitaba calmarse.
Morgan quería probar algo nuevo, y dado que su invitado estaba dispuesto a corresponder a lo que ella buscaba, veía la oportunidad de experimentar algo diferente. Ella tenía sexo con regularidad con su hermana y con la novia de ella, pero no había tenido sexo con un chico hasta hacía unos minutos. Sin embargo, sentía curiosidad por experimentar la sensación de ser sometida por un chico. Lamentablemente, y afortunadamente, Lincoln era un primerizo, por lo que podía «enseñarle» en este campo y convertirlo en un experto que le pudiera dar mucho placer.
Y para empezar con su plan, tenía que quitarle esa timidez.
Cuando él estuvo parado frente a ella, abrió sus piernas, revelando su vulva. Pudo oír cómo Lincoln tragó ante su impresión.
—¿Te gusta lo que ves~? —su voz seductora provocaba una corriente que sacudía el cuerpo de Lincoln—. Quiero que la mires bien… —Con dos dedos, estiró suavemente sus labios menores.
Él obedeció, hipnotizado ante la vista que ella le daba. Veía la vagina de Morgan que se encontraba mojada de un líquido transparente y también los rastros de su semen. Con el pasar de los segundos, percibía que su miembro se volvía más duro y la extraña, pero fuerte necesidad de meter su falo en ella y empujarlo como cajón que no cierra.
(Jaja, siempre quise escribir esa frase).
Morgan notó cómo los ojos de Lincoln reflejaban su creciente deseo hacia ella, lo que hizo que su sonrisa se ampliara, llena de satisfacción por su evidente éxito. Era el momento de continuar con la diversión que tanto había esperado.
—Quiero que esta vez tú te muevas —notó cómo su petición sorprendía a Lincoln—. No te preocupes, chico, yo te guiaré. Acércate.
Lincoln asintió con su cabeza y se acercó aún más a ella, teniendo una distancia adecuada con ella, donde su falo se encontraba a una corta distancia de la entrada de ella.
—Métela.
Ella aún mantenía sus dedos separando sus labios menores, guiándolo para que pudiera insertar su miembro en el agujero correcto. No le fue difícil encontrar el lugar donde debía penetrarla, ya que los restos de semen que había expulsado hace unos momentos se derramaban en la entrada de la vagina de Morgan.
Con el corazón latiéndole con fuerza, alineó su pene con la entrada de Morgan y empujó su cadera lentamente. No encontró resistencia en su avance; ambos estaban lo suficientemente lubricados, lo que hizo que la penetración fuera sencilla, aunque solo logró introducir la mitad de su longitud.
—Mmm… —gimió ella en respuesta, mordiéndose los labios.
Ella sentía cómo el miembro de Lincoln se adentraba en ella, pero no lo hacía por completo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la posición resultaba incómoda para que Lincoln pudiera penetrarla por completo. Por eso, arqueó la espalda hacia atrás y apoyó las manos sobre el escritorio para estabilizarse mientras deslizaba su cadera hacia el borde, facilitando que él pudiera empujar con mayor profundidad.
—Así estaremos mejor. Apoya tus manos sobre el escritorio y comienza a empujar.
Acató a las palabras de ella y empujó su pene, enterrándolo por completo en el interior de ella. El interior de su vagina era caliente y estaba completamente impregnado de humedad, además lo apretaba; sin embargo, en lugar de causarle dolor, le provocaba un intenso placer que lo impulsaba a moverse.
Y así lo hizo.
Retiró su pelvis hasta que la punta de su glande quedó apenas en la entrada de su vagina, y luego avanzó nuevamente, enterrándolo hasta el fondo. Repitió el movimiento con un ritmo lento.
—No tengas miedo de acelerar el ritmo, copo de nieve. Confía en mí, lo estás haciendo bien.
Dicho esto, él aumentó el ritmo, y sus estocadas se volvieron cada vez más intensas de forma progresiva. Algo dentro de él cambió; quizá fue el calor del momento o la euforia que lo invadía, pero no pudo resistir el impulso de moverse con más fuerza. Con cada embestida, buscaba ir más profundo, como si su cuerpo actuara por instinto, deseando reclamar cada rincón de ella.
—Ohhh… síii~… justo así… No te detengas…
Las palabras de ella lo impulsaban a no detenerse y seguir y seguir. Su cuerpo se calentaba cada vez más y extrañamente, no se estaba cansado, lo que era anormal para él, ya que para hacer actividades físicas era terrible.
«PAP, PAP, PAP, PAP, PAP», se producía el sonido de los choques de sus carnes.
Morgan lo estaba disfrutando, en su interior el miembro de Lincoln la penetraba sin cesar, su cuerpo se debilitaba con cada empuje, por lo que se encontraba apoyándose con sus codos sobre el escritorio. Ambos se miraban a los ojos, hechizados por el placer que sentían, gimiendo, aunque ella lo hacía con más intensidad y no le avergonzaría si los vecinos la oyeran.
—¡Mierda! ¡Más… más~! ¡Hazlo más fuerte~!
—¡Grrr…!
Para Morgan, el chico no estaba nada mal para ser su primera vez. Aunque no podía comparar el tamaño de su pene con el de otros chicos, ya que él era el primero con quien follaba, sí podía compararlo con los strap-ons que su hermana y su novia solían usar con ella. Y, pensando en el futuro, creía que, con los años, él tendría un pene más grande que esos dildos.
«PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP», el sonido se volvía más intenso a medida que los minutos transcurrían.
—¡Ohhh~ sí, esto es justo lo que quería!
La emoción la invadía, y sus piernas se cerraron con fuerza alrededor de la cadera de Lincoln, impidiéndole cualquier intento de retirarse. Su cuerpo se negaba a dejarlo ir, y cada vez que él intentaba alejarse, ella lo atraía con sus piernas. Esto, aunque facilitaba parte del movimiento, también complicaba que él pudiera preparar sus estocadas.
Pero eso no le impediría continuar.
Lincoln gruñía por el esfuerzo de cada embestida que daba, sintiendo cómo sus movimientos sacudían las entrañas de ella. ¿Cómo el sexo podía sentirse tan increíble? No lo comprendía, pero quería seguir saboreando esas sensaciones.
—¡Ahhh~! ¡Tu polla me está volviendo loca~! —gemía sin control, cada palabra saliendo como un grito cargado de placer—. ¡Lo siento tan profundo~!
A ese ritmo, su orgasmo no tardaría en llegar. El viril de Lincoln la hacía perder la razón, sumiéndola por completo en el gozo.
Y quería más.
Lincoln no podía aguantar por mucho más tiempo. Sus músculos ardían por el esfuerzo, y el cansancio comenzaba a invadirlo. Su mente ya no razonaba; en su lugar, sus movimientos eran guiados por puro instinto. Se aferró con fuerza a la cintura de ella, buscando un mejor agarre para acelerar sus embestidas, disfrutando cada vez que su miembro alcanzaba lo más profundo de su interior.
—¡Ohhh‐ohhh~! ¡Ngh! —jadeaba ella—. ¡Sí, sigue, fóllame más duro! ¡Hazme llegar, copo de nieve, quiero terminar contigo~!
—¡Me voy a correr…! —le avisó entrecortado.
—¡Córrete dentro de mí! ¡Lo quiero todo adentro! —su voz, entremezclada con gemidos, rebosaba desenfreno—. ¡Llena mi coño con tu semen~!
«¡PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP, PLAP… PLAP!». Con una última estocada, Lincoln desató el clímax de ambos. Su falo, enterrado en lo más profundo de ella, comenzó a derramar chorros de su semilla, mientras Morgan, al mismo tiempo, expulsaba su squirting sobre la pelvis de él. Sus cuerpos se unieron en un éxtasis compartido, estremeciéndose con espasmos incontrolables. Para Morgan, el placer fue tan intenso que, por impulso, mordió el cuello de Lincoln.
—¡AHHH! —gritó Lincoln adolorido, mientras aún soltaba su carga en ella.
Él intentó en vano alejarla para que soltara su cuello, pero su cuerpo, agotado, no tenía la fuerza suficiente para lograrlo. Ella lo mantenía atrapado entre sus piernas, mientras su mordida seguía firmemente clavada en su piel. Tras unos segundos, ambos cuerpos —vencidos por el agotamiento—, cedieron y se desplomaron en ese lugar. Para alivio de Lincoln, ella finalmente liberó su mordida, aunque su cuerpo seguía estremeciéndose por las oleadas de placer.
—¿¡Por qué me mordiste!? —preguntó molesto, alejándose lo poco que podía mientras ella aún lo mantenía atrapado entre sus piernas.
No podía entenderlo. ¿Por qué diablos lo había mordido? Fue completamente inesperado y doloroso.
La respuesta no llegó de inmediato. Morgan seguía recuperándose de su orgasmo, jadeando mientras intentaba recuperar el aliento.
—¡Lo siento! No pude evitarlo… —evitó su mirada avergonzada—. Me hiciste sentir tan bien~.
Él llevó una mano a su cuello adolorido, intentando examinar sin éxito el daño causado. Sin embargo, al tocarlo, solo sintió un dolor agudo, y no pudo evitar soltar un «¡Auch!».
—No seas un bebé… Se curará en unos días —le restó importancia a su herida—. Es más… ahora te ves más sexy con ese chupetón mío~
Finalmente, ella apartó sus piernas de su cintura, dejándolo libre. No obstante, el esfuerzo le había dejado las piernas débiles, temblando descontroladamente. Él dio algunos pasos titubeantes antes de caer de espaldas al suelo, demasiado exhausto para levantarse y seguir caminando.
—Mmmm… soltaste una gran carga en mí —dijo, llevando dos dedos a su vagina, recogiendo parte del semen derramado y llevándolos a su boca. Lo saboreó, disfrutando de su sabor.
Estaba satisfecha. El chico había hecho un buen trabajo y se había esforzado en cada momento. Logró hacerla llegar al orgasmo dos veces desde que comenzaron, y aunque eso no se comparaba con lo que experimentaba cuando tenía sexo con su hermana o la novia de esta, estaba bien para ser su primera vez.
Podía ver potencial en el chico; solo necesitaba pulirlo con sus «enseñanzas» para que mejorara. Su mente se llenó de ideas, imaginando los distintos escenarios en los que podría experimentar con él.
¡Ja! Además, ahora podía probar cosas que su hermana siempre se negaba a hacer con ella. Tantas posibilidades se abrían ante ella…
Y ese pensamiento solo la puso cachonda… nuevamente. ¡Y qué mejor forma de calmar el calor de su cuerpo que con otra ronda! Aún no era de noche, por lo que tendrían toda la tarde para follar.
Una vez más, llevó su mano a su coño, esta vez para recoger la mayor cantidad posible de su leche y saborearla. Luego, se levantó del escritorio. Sus piernas temblaban, pero su experiencia le daba la resistencia necesaria para mantenerse firme. Se acercó a Lincoln y se sentó frente a él, mirándolo directamente.
—¿Vamos por otra ronda~?
Los ojos de Lincoln se abrieron como platos. ¿¡Quería hacerlo otra vez!? ¿¡Cómo era eso posible!? ¿¡Cómo podía ella no estar agotada!?
No podía, esta vez en verdad no podía continuar. Su cuerpo estaba fatigado, no le quedaban energías para seguir… lo dio todo.
—Yo… no creo poder seguir, Morgan. Estoy completamente agotado —admitió con vergüenza, evitando mirarla directamente—. Ya no me queda energía…
Ella parpadeó ante su respuesta, solo para mostrar su sonrisa.
—Oh, vamos, copo de nieve, ¿te vas a rendir tan rápido? —dijo con una sonrisa juguetona, acercándose a él—. Aún tienes algo de energía, lo sé. No me digas que te vas a quedar ahí, déjame mostrarte lo que te estás perdiendo.
Gateó hasta él, empujándolo suavemente al suelo y luego se subió encima, apoyándose sobre él. Apoyó su coño contra el falo semi erecto de él —que estaba apoyado contra su vientre—, y empezó a frotarlo lentamente.
En tanto meneaba sus caderas contra él, mordía su labio ante su clara excitación. Quería continuar y saciar su deseo. Sin embargo, con el pasar de las docenas de los segundos, su pene no se endurecía, seguía estando dormido…
Frunció el ceño.
—¿Qué sucede? —preguntó con un tono de impaciencia—. ¿Por qué no se te pone dura?
Por un instante, la duda se filtró en su mente. ¿Estaba haciendo algo mal? Era una pregunta que no solía hacerse, pero esta vez no podía evitarlo. Era la primera vez que tenía sexo con un chico, por lo que no sabía exactamente qué hacer en estos casos.
—M-Morgan… paremos… —murmuró Lincoln con voz cansada y avergonzada.
Sus palabras solo intensificaron la frustración de Morgan. Su ceño se marcó aún más mientras trataba de procesarlo. «¿Paremos?» Estaba tan cachonda, y él… simplemente no podía seguir. La idea de que su tarde perfecta se desmoronara la llenaba de irritación.
¿Debería haber planeado mejor? Pensó rápidamente en soluciones: ¿Viagra? ¿Un afrodisíaco potente? Algo que hubiera prolongado su tiempo juntos. Pero mientras su mente divagaba en opciones desesperadas, su mirada se cruzó con la de Lincoln.
Y entonces, se detuvo en seco.
Su rostro lo decía todo. La expresión de Lincoln era una mezcla de dolor, fatiga y vergüenza. Su respiración era pesada, su cuerpo mostraba claros signos de agotamiento.
En ese momento, algo hizo clic en su mente.
Era su primera vez.
¡Qué idiota había sido! ¿Cómo había pasado por alto un detalle tan fundamental? Lo estaba llevando al límite, exprimiéndolo en busca de algo que él claramente no podía dar. Si seguía presionándolo, lo único que lograría sería asustarlo, alejarlo y echar por la borda todo lo que había planeado.
Morgan cerró los ojos y dejó escapar un largo suspiro, tratando de calmar su propia frustración. Este no era el camino.
—Tal vez… me entusiasmé demasiado —admitió, fijando su mirada en Lincoln—. Pero es que… ¡Me pusiste tan cachonda! No pude evitarlo, ¿sabes? No esperaba que me afectaras así… —Se apartó de él, acomodándose a su lado mientras sus dedos jugaban con un mechón del cabello blanco de él—. Pero no te preocupes, por hoy está bien. Detengámonos aquí… Continuaremos otro día, te lo prometo.
Lincoln soltó un largo suspiro de alivio, agradecido de que la situación hubiera terminado, aunque no podía evitar sentirse algo avergonzado por no haber cumplido con sus expectativas. Sin embargo, la suave caricia de Morgan en su cabello y su mirada cálida parecían disipar cualquier rastro de tensión.
Dejó que su mente se silenciara y permaneció tendido en el suelo. Su pecho subía y bajaba lentamente mientras trataba de recuperar fuerzas. Su cuerpo, agotado y casi inmóvil, parecía haberse rendido al peso de la experiencia. El suelo frío contra su espalda ofrecía un extraño contraste con el calor que aún emanaba de su piel, recordándole que el momento había sido tan real como agotador.
—Descansa un poco, copo de nieve. Te lo ganaste.
Morgan sonrió levemente mientras seguía acariciando el suave cabello blanco de Lincoln. Había algo curioso en verlo tan vulnerable: le recordaba a un pequeño conejito asustado, frágil y dulce. Sin embargo, esa ternura convivía con una punzada de frustración. No haber podido llevarlo hasta el final dejaba una sensación de insatisfacción que hormigueaba en su interior, como una llama tenue pero persistente.
Mientras sus dedos seguían peinando distraídamente el cabello de Lincoln, Morgan suspiró con resignación. La comezón en su entrepierna seguía allí, reclamando atención. Tendría que calmarla más tarde; tal vez con un dildo o un vibrador, o incluso con algo nuevo que encontrara en la habitación de su hermana.
Finalmente, se puso de pie con un movimiento lento y deliberado, dejando escapar un suspiro mientras estiraba los brazos por encima de su cabeza.
—Iré por algo de beber —dijo con un tono despreocupado.
Antes de salir de la habitación, se inclinó hacia él y le dio un beso fugaz en la frente, como si fuera una especie de recompensa. Luego, salió, dejando a Lincoln solo con sus pensamientos.
Aún recostado en el suelo, él se quedó mirando el techo, su mente dando vueltas en torno a lo que acababa de experimentar. Había sido increíble, pero al mismo tiempo se sentía… extraño. Como si algo dentro de él no estuviera del todo bien. Era una mezcla de emociones: orgullo, nerviosismo, y una pizca de incomodidad que no sabía cómo procesar.
—¿Esto es lo que significa crecer? —murmuró para sí mismo, cerrando los ojos y dejándose llevar por el agotamiento.
Mientras tanto, en la cocina, Morgan vertía jugo en un vaso, con una sonrisa que escondía un mar de pensamientos. Aunque ella estaba algo decepcionada por no llevarlo hasta el final, sabía que era el comienzo de algo más grande.
El juego apenas estaba comenzando.
Lincoln caminaba lentamente por las calles de Royal Woods, dirigiéndose a su casa. La tarde había sido… interesante, por decir lo menos, aunque también increíblemente intensa. Había perdido la virginidad con Morgan. Y aunque su mente se sintiera algo confundida, lo único que tenía claro en ese momento era que estaba completamente agotado.
El sol brillaba alto en el cielo, lanzando su calor sofocante sobre él, lo que hacía que cada paso se sintiera más pesado que el anterior. Con cada movimiento, el sudor parecía brotar de su frente y escurrirse por su cuello, aumentando la urgencia de llegar a casa. También podía olfatear el fuerte aroma de Morgan impregnado en su piel. Necesitaba un baño, y lo necesitaba ahora.
Mientras avanzaba, su mente divagaba hacia un problema más inmediato: el chupetón que Morgan había dejado en su cuello. Por más que intentara ocultarlo subiendo el cuello de su camisa, sabía que no era suficiente. La marca estaba allí, oscura y evidente, una prueba irrefutable de lo que había sucedido.
—Maldita sea… —murmuró, frotando su nuca con frustración, en tanto pensaba en cómo evitar las inevitables preguntas de sus hermanas. ¿Una bufanda? ¿Un suéter de cuello alto? Con el calor que hacía, ambas opciones serían ridículas, pero tendría que improvisar algo.
Cada paso lo acercaba más a casa, pero también lo llenaba de una creciente ansiedad. ¿Cómo iba a explicar todo esto?
Deseaba aún tener esa suerte que creía que tuvo al comienzo de la tarde, porque en verdad la necesitaba.
Pasaron los minutos y él llegó a la puerta de su casa, exhausto y con un nudo en su estómago que crecía con cada segundo. Su rostro se pronunció en una mueca al escuchar por el otro lado de la puerta el bullicio de su familia.
Ellos estaban ahí.
Su pulso cardiaco aumentó, como si estuviese corriendo en una maratón. Intentó calmarse, pero la creciente ansiedad no cedía.
Cerró los ojos y tomó un largo suspiro, dejando que el aire llenara sus pulmones antes de soltarlo lentamente.
Tenía que hacer esto.
Con un último esfuerzo, levantó la mano y giró el picaporte, preparándose para enfrentar lo que fuera que lo aguardaba al otro lado. Su única meta era subir las escaleras rápidamente y refugiarse en el baño antes de que alguien notara su presencia.
Al abrir la puerta, puso en marcha su plan. Sus pies apenas tocaron la entrada de su casa, avanzó a toda prisa, pero su carrera se detuvo abruptamente al tercer paso.
—¡Linky! —La voz alegre de Leni resonó desde la cocina justo antes de que ella apareciera frente a él.
Antes de que pudiera reaccionar, lo envolvió en un abrazo aplastante, apretándolo contra su pecho y dejándolo sin aire.
—Estaba pensando en ir al centro comercial mañana y quería preguntarte si quieres acompañarme —dijo con entusiasmo, sin soltarlo.
Lincoln luchó por liberarse del agarre mientras Leni lo envolvía y sentía el asfixiante calor de sus senos aplastándolo. Finalmente, ella aflojó su abrazo, permitiéndole respirar hondo.
—Sé que fuimos el viernes, pero ¡encontré nuevos conjuntos que te quedarían tan lindos! —continuó Leni con una sonrisa deslumbrante, pero su expresión cambió cuando frunció el ceño y olfateó el aire a su alrededor—. ¿Por qué hueles a perfume de chica y…?
El corazón de Lincoln dio un vuelco. Su mente entró en pánico, y antes de que ella pudiera terminar la frase, se apartó con rapidez, gesticulando nerviosamente.
—Es que… ¡Estuve en el centro comercial y me dieron una muestra gratis! ¡Sí, eso fue! —soltó apresuradamente con una sonrisa forzada.
Leni parpadeó, procesando la respuesta. Su mirada pasó de la expresión de Lincoln al rastro de perfume en el aire, pero tras unos segundos, sonrió nuevamente.
—¡Qué amables! Aunque… ¿No es un poco raro que te den perfume de chica? —preguntó con curiosidad, inclinando la cabeza.
Lincoln rio, intentando restarle importancia, pero en vez de soltar una risa natural, obtuvo una risa forzada, lo que provocó que su hermana mayor lo viera confundida.
—No lo sé, pero… ¡En verdad quiero ir al baño, adiós!
Se despidió de Leni con una sonrisa nerviosa y, sin perder un segundo, subió las escaleras a toda velocidad. Cruzando el pasillo, ignoró la mirada inquisitiva de Lisa, que estaba en medio del camino con una ceja alzada, y llegó al baño antes de que pudiera decir algo. Cerró la puerta tras de sí y chocó su espalda contra ella, dejando escapar un respiro aliviado.
Su corazón seguía latiendo con fuerza, pero una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Lo había logrado. Había llegado al baño sin ser descubierto.
Soltó un largo suspiro y se dirigió hacia la ducha, girando la grifería. El agua caliente comenzó a caer, llenando el cuarto con el eco constante de las gotas golpeando la bañera. El vapor pronto envolvió la habitación, empañando el espejo y creando un refugio momentáneo donde podía relajarse.
Mientras se despojaba de su ropa, dejándola caer en el canasto, una preocupación persistente volvió a aparecer en su mente: el chupetón en su cuello. Una marca tan evidente no podía ser ignorada. Tenía que encontrar la forma de ocultarla, aunque no se le ocurría cómo en ese momento.
Sin embargo, esa inquietud comenzó a desvanecerse a medida que las gotas cálidas recorrían su cuerpo. El agua arrastraba el cansancio, el sudor y el aroma de Morgan, relajándolo con cada segundo que pasaba. Cerró los ojos y dejó que el calor hiciera su magia, confiando en que después se le ocurriría algo.
Después de todo, él era el hombre del plan.
Lo que Lincoln no sabía era que ya había cruzado un punto sin retorno. La vida que conocía estaba a punto de cambiar de una forma que jamás habría imaginado.
