Todo acto tiene sus consecuencias...
Lamento haber dejado esto abandonado por 2 años.
Pasaron muchas cosas en mi vida que me desanimaron mucho para continuar la historia, pero les puedo asegurar que esto no esta cancelado.
Continuara hasta el final y mas!
Sin importar que!
Espero que este 2do capitulo compense el tiempo de espera.
Villa Yureimoto - Japón, 14 de Enero, 20XX, 19:28 pm
Osamu y Amaya regresaron a su hogar en la Villa Yureimoto, fueron recibidos por su hija Fumiko, junto con su novio Haru y algunos sirvientes bastante temerosos. Estos últimos les preguntaron si necesitaban algo, a lo que Amaya reacciona con molestia y los hiciera callar a todos, ordenando que no la molestaran.
Fumiko le dio la indicación a los sirvientes de retirarse, orden la cual acataron sin pensarlo dos veces. Además de aquello, Fumiko noto que, a diferencia de su madre, su padre se veía bastante… tranquilo, lo cual no sabía si era bueno o malo.
Se dirigió a sus padres con Haru detrás de ella. Él permaneció a su lado por precaución, ya que nunca se sabía si los Patriarcas Yureimoto se pondrían severos con ella.
- ¿Madre, pasó algo? - preguntó Fumiko.
- Fumiko, no estoy de humor para dar explicaciones. – dijo con dureza la matriarca. - Retírate, y llévate a tu mascota contigo.
Fumiko apretó los puños con fuerza, sintiendo mucha rabia por el comentario que hizo su madre hacia su novio Haru. Desde el Desfile Nocturno del año pasado, su madre no perdía ninguna oportunidad para hacer comentarios despectivos y crueles hacia Haru. Sin embargo, por más que quisiera no podía hacer nada, así que no le quedaba otra opción más que tragarse su enojo y aguantar.
- Como ordenes madre. – dijo Fumiko despidiéndose con una reverencia.
Su padre se acercó a ella y le puso la mano en el hombro.
- No te sientas mal, tu madre solo está muy cansada por el viaje. - dijo Osamu sonriendo, sin darle importancia a la actitud de su esposa. - Ah, por cierto, llama a tus hermanos, quiero verlos a todos en la sala del trono lo más pronto posible, necesitamos hablar de algo muy importante.
Ella y Haru los vieron entrar a la casa, no sin antes ver que en la espalda de Osamu reposaban lo que parecían ser 2 conejos grises, los cuales al verse descubiertos se escondieron entre las plumas del daitengu.
Ambos se preguntaron quienes eran y porque se esconden, pero tendrían que quedarse con la duda por el momento.
En su camino hacia la oficina de Fumiko, con la intención de tomar el teléfono y llamar a todos, vieron a lo lejos a Ena y a su mayordomo a Kenji viniendo del jardín de la casa, ambos cargaban con algunas macetas y herramientas para plantar.
- ¿Qué están haciendo? - Fumiko los llamo.
- Estábamos plantando algunas flores. Y debo decir que el jardín está quedando hermoso. - expresó Ena con entusiasmo mostrándole a su hermana las bonitas flores carnívoras que cargaba.
Luego de la destrucción de su jardín por la fiesta en el palacio un año antes, Ena había estado haciendo todo lo posible para arreglarlo. No le fue nada fácil, pero con los meses el jardín poco a poco ha ido volviendo a su anterior gloria.
- Ya veo. Me temo que tendrán que posponer lo que están haciendo, mamá y papá quieren que nos reunamos en la sala del trono más tarde.
Ena y Kenji se sorprendieron un poco con esto, pues no era común que el patriarca de la familia los reuniera a todos. Cada quien tenía sus vidas y sus cosas, así que si esto ocurría es que debía ser para algo importante.
- Por cierto, saben donde esta Kentaro? -pregunto Fumiko a Ena y Kenji.
No había visto a su hermano en todo el día, y tenía que localizarlo cuanto antes para la reunión.
- No lo sé, aunque ahora que lo mencionas… no lo he visto en todo el día. - respondió Ena, mostrándose pensativa al respecto.
Fumiko asintió, estando de acuerdo con su hermana. Pues ella tampoco había visto a su hermano el día de hoy. Ni siquiera lo había visto salir de la casa. Lo cual era sumamente extraño, ya que él siempre les avisaba si iba a salir.
- Yo lo vi salir, mi señora. - dijo Kenji, deteniendo el tren de pensamientos de Fumiko.
- ¿Sabes a donde fue? - preguntó Fumiko al mayordomo de su hermana.
- Ehh, dijo algo sobre que tenía que ir a ayudar a un amigo a organizar una fiesta, si eso, p-porque hoy era el cumpleaños de un familiar. - respondió Kenji, tratando de no sonar nervioso al hablar, fracasando en el proceso. - P-pero dijo que regresaría antes del atardecer.
Para Fumiko era evidente que estaba escondiendo algo, pero no tenía tiempo para averiguar nada. Tenía trabajo que hacer.
- Está bien, Ena ve por Mayumi, por favor. Dile que se prepare y tú también deberías hacerlo. - señaló la ropa de jardinería de Ena, la cual estaba muy sucia.
- Si, por supuesto! - grito Ena, avergonzada por no haberse dado cuenta del estado de su ropa, procedió a retirar llevándose consigo sus flores carnívoras.
- Haru, Kenji, pueden ir a buscar a Kentaro, por favor? Yo tengo que llamar a Yori, Emiko y Rin.
Ambos chicos asintieron, se despidieron de ella y cada quien se fue por su lado. Una vez que se alejaron lo suficiente, los dos dieron la vuelta en una esquina para tener algo de privacidad.
- ¡En serio?! ¡Una fiesta! - murmuró Haru regañandolo - No pudiste pensar en algo mejor? Fumiko casi te descubre.
- ¡Oye! Lo siento, de acuerdo? Me puse nervioso y fue lo único que se me ocurrió. Además, se suponía que tu debias llamarlo para recordarle que regresara antes de la noche. - se defendió Kenji, casi alzando su voz. A lo que el Kappa lo cayo con un shh.
- Está bien, está bien, en eso tienes razón. - dijo Haru aceptando la culpa - Pero tu casi lo arruinas al decir que Kentaro fue a una fiesta.
- Bueno, técnicamente eso es verdad, pero "omití" la parte más importante, por lo que el "secreto" todavía está a salvo… creo.
Haru suspiro, viendo que esta conversación no estaba llevando a nada. Lo hecho, hecho estaba, y ya no había manera de cambiar eso.
- Vamos por Kentaro.
Osamu y Amaya habían llegado a la sala del trono, procurando que no hubiera nadie, querían estar a solas, en especial por sus "invitados".
- Ya pueden salir. - dijo Amaya mientras le daba la espalda a su esposo.
Entre el plumaje de las alas de Osamu se asomaron dos pequeñas figuras, un par de conejos color gris oscuro, quienes inspeccionaron el área antes de salir saltando.
- Wow, eso fue genial! - gritó uno de los conejos, una hembra de pelaje color gris con manchas blancas y ojos negros, tenía alrededor de su cuello un collar con un talismán en forma de media luna.
- Shinju, compórtate. - la regañó su acompañante, un conejo de aspecto similar que también portaba un collar alrededor de su cuello con un talismán en forma de luna.
Ambos a simple vista eran idénticos a cualquier conejo del mundo, pero con la obvia diferencia de que podían hablar, tratándose de un par de Gyokuto, una especie de Yokai muy especial de conejos que viven en la luna. Unos seres que, a su vez, estaban muy presentes en las culturas y leyendas de muchos países, no solo en Japón.
No eran seres antropomórficos, pero tenían el raciocinio de un ser humano, pudiendo expresarse y comunicarse como cualquier ser vivo pensante.
- Oh vamos Satoshi, el viaje fue divertido, tienes que relajarte de vez en cuando sabes. - dijo Shinju con entusiasmo y zapateando con una de sus patas.
Satoshi entrecerró los ojos hacia ella, encontrando poco profesional su actitud.
- No estamos aquí para divertirnos hermana, ¡tenemos una misión entre manos!
Antes de que ambos hermanos pudieran seguir discutiendo Amaya se aclaró la garganta para llamar su atención.
Los dos hermanos se volvieron hacia ella y cambiaron su postura, dando una reverencia en señal de respeto.
Amaya los miró con expresión seria, dudaba un poco de estos hermanos, a su percepción eran demasiado jóvenes e inexpertos para la tarea que les encomendaron los Monos Sabios, pero si estos los escogieron quería decir que confiaban en ellos.
Eso era más que suficiente para Amaya.
- Muy bien muchachos, ¿ya saben lo que tienen que hacer? - dijo Osamu a los hermanos conejos y poniéndose al lado de su esposa.
Sin embargo, Amaya se hizo a un lado, no quería estar cerca de él.
Los dos conejos notaron esta tensión en ambos, pero trataron de no enfocarse en eso, tenían que ser profesionales.
- Así es mi Lord, buscaremos a sus hijos perdidos y los traeremos aquí para el Saisei no Gishiki. - dijo Satoshi con seguridad en su voz.
La frase de "hijos perdidos" hizo que Amaya hiciera una mueca de disgusto, pues era un recordatorio de la situación en la que ahora estaba metida su familia.
Shinju levantó una pata para pedir la palabra.
- Lord Osamu, no es que quiera cuestionarlo pero… ¿cómo exactamente vamos a buscarlos?. Es decir, hay cientos de Yokais en todo Japón, sería como buscar una aguja en un pajar. - expresó Shinju con duda, a lo que su hermano le dio un golpe detrás de la nuca con su pata.
- ¡Nuestros ojos Shinju! ¡¿Recuerdas?! - grito Satoshi, ligeramente molesto por el despiste de su hermana.
- Ohh… cierto. - Shinju mostró una gran sonrisa, riendo un poco de la vergüenza por haber olvidado un detalle tan importante.
-Tu hermana tiene razón. - dijo Osamu con tranquilidad, para luego mostrar una pequeña sonrisa. - No pueden solo ir por Japón visitando cada aldea, prefectura o ciudad. Les tomaría 100 años o hasta más encontrar a mis hijos. -explicó Osamu, y fueron esas últimas palabras las que hicieron a Amaya hacer una mueca, pues la actitud tan relajada de su esposo con el tema de sus otros "hijos" le parecía descarada.
Ambos hermanos conejos reflexionaron sus palabras, y realmente Osamu tenía razón, no podían empezar esta misión sin un plan.
Este era prácticamente su primer trabajo "importante" y no querían decepcionar a la familia Yureimoto y muchos menos a los Tres Monos Sabios.
-Es por ello que mis hijos, mi esposa y yo contribuiremos a la búsqueda. - expresó Osamu, con una disposición a ayudar en esta misión bastante impresionante.
Ese simple comentario fue suficiente para colmar la paciencia de Amaya, quien no podía más con esto.
- No. - dijo Amaya con firmeza, siendo directa con su decisión. Los dos conejos y Osamu la miraron expectantes ante sus palabras. - No contarás conmigo en esto.
Con esas últimas palabras la matriarca de la familia procedió a retirarse de la sala del trono, dejando a Satoshi y Shinju confundidos, y a su esposo Osamu muy decepcionado y ligeramente molesto por su decisión, prefirió no centrarse en ello por ahora, ya tendría tiempo de hablar con ella.
Blairwood - USA, 14 de Enero, 20XX, 7:25 am
Al igual que todos los años, las bajas temperaturas y la nieve abundaban en esta pequeña ciudad. Las familias permanecen en sus hogares refugiándose del gélido frío. Y una pequeña familia de cuatro era una de ellas.
Los Williams se encontraban en el comedor de su casa desayunando, dado que la hija de la familia, de nombre Erma quien todavía estaba de vacaciones y faltaban varios días para que regresara a clases.
Cerca de ellos estaba la mascota de la familia, un perro de nombre Siris, quien comía de un pequeño cuenco. Usualmente le daban de comer afuera, pero dado que hacía mucho frío preferían tenerlo dentro de la casa para que estuviera cómodo y a la vez evitar que se enfermara.
Podría decirse que era una típica mañana para una familia como esta.
Y para alguien en particular, Emiko Williams se sentía muy feliz, siempre disfrutaba momentos así con su esposo e hija. Juntos, en su hogar, en paz y, desde luego, iniciando un nuevo año.
Un nuevo año lleno de posibilidades, metas y deseos.
De un momento a otro se escuchó el sonido del teléfono de la pared de la cocina. Alguien estaba llamando a la casa de los Williams. Pero, ¿quién podría ser?
Sam iba a levantarse para contestar el teléfono, pero su esposa le dijo que se quedara en su lugar, que ella contestaría. El hombre no se opuso y dejó que ella se fuera.
Emiko descolgó el teléfono de la pared, lo acercó a su oreja y contestó.
- ¿Hola?
- ¡Hola Emiko!
- Yori!, ¿cómo estás? – expresó Emiko con alegría al ver que quien llamaba al teléfono de la casa era su hermana Yori.
Ambas hermanas después del Desfile Nocturno habían procurado mantenerse en contacto, y sin lugar a dudas, era algo que Emiko amaba, pues estaban volviendo a convivir tal y como lo hacían hace muchos años. Por supuesto no se limitaba solo a Yori, sino que también procuraba tener comunicación con sus demás hermanos.
- Yo estoy bien, gracias por preguntar. Lamento molestarte a esta hora, se que es temprano por allá, pero Fumiko me llamó, quiere que nos reunamos en la aldea. – explico Yori, y Emiko al oír eso entró en alerta.
- ¿Qué?!, ¿por qué?, ¿acaso pasó algo malo?. - pregunto Emiko, con un ligero tono de preocupación en su voz.
Su reacción no pasó desapercibida para Sam y Erma, quienes voltearon hacia ella.
- No que yo sepa, dijo que papá quiere vernos a todos urgentemente.
- ¿Y tienes idea de por qué? – preguntó Emiko sintiendo un escalofrío subir por su espalda.
- No tengo la menor idea, parece ser que quiere hablar de algo muy importante con nosotros, o algo así.
Emiko siguió en la línea, perdiéndose en sus pensamientos, elaborando e imaginando cualquier razón por la que sus padres querían verla tanto a ella como a sus hermanos. Y si era sincera con ella misma, no presagiaba nada bueno.
- ¿Emiko, estás ahí?.
- Ahh, si Yori, lo siento. – se disculpó Emiko con su hermana, no se había percatado de que ella le seguía hablando por estar perdida en sus pensamientos –¿Que me decías?
- Te preguntaba si Mitsu y Momo podrían quedarse en tu casa, no puedo dejarlas solas, y tampoco tengo a nadie con quien dejarlas.
Emiko se lo pensó por unos momentos. Sabía de las dificultades que tenía que su hermana criando sola a dos niñas, por lo que echarle una mano sería hacerle un gran favor. Sin embargo, no podía ignorar el hecho que tanto su hija Erma como sus sobrinas no se llevaban muy bien, y lo más seguro es que si las juntaban a las tres en casa, las cosas se pondrían bastante… caóticas.
Pero, una muy buena idea se le vino a la cabeza.
Felicia
La llamaría y le pediría que además de cuidar a Erma también cuidará a sus sobrinas, por supuesto tendría que darle un pago extra por ello, pero valdría la pena. Además, considerando lo bien que se llevaba la chica con su hija, y lo bien que hacía su trabajo como niñera, estaba segura de que también podría lidiar con las gemelas, incluso llevarse bien con ellas.
Era una grandiosa idea!
- Puedes dejarlas aquí Yori.
- Gracias a Santiago, me acabas de salvar la vida. - Yori suspira aliviada, agradecida con su hermana. - Pero… ¿estás segura de que Sam podrá cuidar a las niñas el solo?
-Yo nunca dije que Sam iba a quedarse. - Emiko prefería que le echaran agua bendita en los ojos antes que ir a Japón sin su esposo.
- Pero entonces, ¿quién va a quedarse a cuidarlas?
- Tu no te preocupes por eso, lo tengo todo resuelto.
Tokio - Japón - 14 de Enero, 20XX, 20:43 pm
Decir que Mitsu y Momo estaban molestas era quedarse corto.
Su madre les había dicho hace un rato que tendría que ir a la Villa por un asunto con sus abuelos, las dos imaginaron que las llevaría con ella, tal y como lo había hecho en otras ocasiones. Si bien no eran muy fans de ir allá, en esta ocasión tenían ganas de ir, pues podrían aprovechar para hacerles algunas travesuras a los sirvientes del palacio. Y con algo de suerte, su abuela les daría algún regalo.
Sin embargo, para desgracia de ellas, su madre tenía otros planes.
- Por última vez, no las voy a llevar conmigo. - expresó Yori, con su paciencia pendiendo de un hilo.
Pero si había algo que Mitsu y Momo tenían, era una terquedad casi implacable.
- ¡Pero mamá! - rogaron al unísono.
- ¡Dije que no!, ¡Se van a quedar en casa de su tía, fin de la discusión!
Mitsu y Momo pensaron en objetar pero la expresión de enojo de su madre las hizo retractarse, con eso se dieron por vencidas, pues ya nada de lo que hicieran la convencería. Las gemelas le dieron la espalda, cruzando los brazos y refunfuñando de indignación.
Yori suspiro, trato de no pensar demasiado en esto, lo último que quería era estresarse más. Saco su celular, abriendo la bandeja de mensajes y escribiéndole un mensaje a Emiko de que ya casi estaba lista para que las recogiera.
Esta reunión que hicieron sus padres de último momento la tomó desprevenida. No le gustaban este tipo de cosas, pero sabía que no tenía de otra.
En un inicio pensó en llevar a sus hijas, pero dada la hora, y el hecho de que no podría estar pendiente de ellas, la orillaba a buscar quien las cuidara mientras estaba fuera.
Ninguna niñera quería cuidar de sus hijas, Mitzu y Momo se aseguraron de ahuyentarlas a todas, lo que en su momentos les valió varios castigos. No tenía tiempo para buscar una, pero pronto pensó en su hermana Emiko y agradeció que le echara la mano en esto.
Una vez que preparó las cosas de su bolso procedió a revisar las mochilas de sus hijas. Encontrando dentro resorteras, balines, cohetes y… un libro de hechizos?
Por supuesto que tendrían eso en sus mochilas.
- ¿En serio? - Yori miró a sus hijas y estas se hicieron las desentendidas, como si no supieran cómo llegaron esas cosas a sus mochilas.
Yori desde luego sacó todas esas cosas de las mochilas, a lo que sus hijas se quejaron, pero ella no hizo caso.
No podía dejar que las niñas llevaran estas cosas a la casa de Emiko. Sabe que sus hijas no corrían ningún peligro, después de todo ha visto que saben manejar bien estas cosas incluso por más que les prohiba usarlas, pero estamos hablando de la casa de su hermana, además de que ahí estarian su sobrina y la niñera.
Una chica de la cual Emiko le hablaba mucho, diciendo que era una gran persona, como se llevaba tan bien con Erma y otras anécdotas.
No obstante, Yori temía que eso no le fuera suficiente a la chica para llegar a Mitsu y Momo, ambas tenían una personalidad demasiado fuerte y orgullosa.
En ocasiones Yori no podía evitar verse reflejada en ellas.
Sin embargo, Emiko le había dejado claro que la chica era excelente, de eso no tenía duda, pero nunca estaba de más estar prevenidos. Así que una vez que se aseguró de que no había ningún objeto peligroso en las mochilas les pido a las niñas que sacaran lo que sea que tuvieran en sus bolsillos.
- ¿Por qué? - preguntó Momo con fingida confusión.
- Tu sabes bien porque. - les respondió Yori cruzándose de brazos.
Ambas niñas viéndose sin escapatoria se vieron resignadas a esculcar en los bolsillos de sus pantalones y el de sus suéteres. A Yori no le sorprendió que empezaran a sacar otras resorteras, cohetes y demás.
Soltó un suspiro, esto tomaría un rato.
Blairwood - USA, 14 de Enero, 20XX, 9:50 am
El timbre de la casa Williams sonó y Sam se dirigió a abrir la puerta, dejando pasar a Felicia quien estaba acompañada por otra persona. Ambas muy abrigadas para combatir el gélido frío del exterior.
Erma rápidamente llegó a la escena, pues sabía que era Felicia. Voló directo hacia ella, abrazándola con fuerza, llevaba varias semanas sin verla, más concretamente desde navidad, por lo que era de esperar que la hubiera extrañado mucho.
Felicia se tambaleo un poco cuando Erma se abalanzó sobre ella, dándole un fuerte abrazo que la chica correspondió.
- ¡Hey niña! Veo que me extrañaste demasiado. - expresó Felicia bajando a Erma se volvió su acompañante.
Erma noto al acompañante de Felicia, una persona que tenía muchos suéteres gruesos encima, además de una bufanda en el cuello y un gorro para el frío que le tapaban casi toda su cara. Al mismo tiempo era evidente que todas estas prendas le dificultaban caminar, pues lo hacía despacio, como si temiera tropezar en cualquier momento.
- Te dije que no te pusieras tantos suéteres, pareces un pingüino. - Felicia soltó algunas carcajadas, algo que a la chica que tenía enfrente no le gusto.
- ¿Crees que yo quería usarlos?! Sabes bien que mi abuela no me iba a dejar salir si no me ponía todos estos suéteres! - vociferó muy molesta la chica, a quien debido a todos los suéters le estaba costando trabajo desabrocharlos.
Eso hizo reír más a Felicia, quien no podía evitar encontrar muy divertida la situación de su amiga..
- En lugar de estarte riendo de mi ayúdame!
Felica la ayudó a quitarse todos esos suéteres, había al menos 2 suéteres gruesos y 2 simples, y una vez libre de estos la chica procedió a quitarse la frondosa bufanda de la cara y el gorro de nieve, jadeando con la cara roja pero sintiéndose aliviada, ya que se le estaba dificultando respirar.
Erma al verla la reconoció de inmediato.
Con un jersey de color negro con el dibujo de un muñeco voodo en medio, pantalones y botas negras, y con su caracteristico cabello esponjoso y desdordenado teñido de color rosa estaba Kirsty Downs, la mejor amiga de Felicia.
Hacía mucho tiempo que no sabía de ella. La conoció en el cumpleaños de Felicia, y ambas se llevaron bastante bien en aquella ocasión. Por un tiempo las acompaño a ella y Felicia en su casa, y ocasionalmente se la encontraba en la calle o en el supermercado.
No eran cercanas, pero tampoco eran desconocidas, más bien eran de esos amigos que se ven cada cierto tiempo.
Pero de todas maneras, fue realmente una sorpresa para Erma ver a Kirsty aquí.
- Hola Erma. Ha pasado tiempo. - dijo Kirsty saludando a Erma, se agacho a su altura y le estrechó la mano en un saludo.
Erma abrió la boca para decir algo, pero rápido se vio interrumpida por su madre.
- ¡Oh! ¡Felicia, Kirsty.! - Emiko saludo a ambas chicas con amabilidad y estas le regresaron el saludo. - Las estábamos esperando, supongo que el frío afuera casi las congela eh. - comentó Emiko con diversión mirando el montón de suéteres de Kirsty.
La chica se encogió de hombros, soltando una risita, divirtiéndose con el comentario de Emiko.
Sam y Emiko no planeaban contratar a Kirsty, pero tras que Felicia les relatara que la chica llevaba tiempo buscando un trabajo para obtener un ingreso extra para su casa, decidieron contratarla junto a Felicia. Y luego de reflexionarlo un poco esto era lo mejor, pues de esta manera Felicia tendría quien la ayudara con las niñas. No es que dudaran de su capacidad, pero sin dudas le vendría bien la ayuda.
Sam y Emiko conversaron con ambas chicas, dándoles algunas indicaciones antes de que se fueran.
- Les agradezco mucho que aceptaran cuidar a mis sobrinas chicas. Se que es algo repentino, pero se nos presentó un compromiso de último momento. - expresó Emiko, mientras se acomodaba su bolso en su hombro.
- No se preocupe por eso señora Williams, créame, no tenemos ningún problema con cuidar a tres niñas. - declaró Felicia mostrando mucha seguridad.
- Ok, nuestros números están en la cocina y dejamos comida para recalentar, pero pueden ordenar algo si quieren. No estamos seguros de a qué hora vamos a regresar, así que queríamos saber si no tienen ningún problema con quedarse todo el día con ellas. - expresó Sam, quien intuía desde hace rato que la reunión con sus suegros duraría un buen rato, y tomando en cuenta la gran diferencia horaria entre Japón y Estados Unidos, sus horarios sin duda van a chocar mucho con todos ellos.
- Bueno, yo no tengo ningún problema con eso. Solo necesitaría avisar a mi madre primero. - Felicia sacó su celular para hacer la llamada. Se alejó un poco para tener un poco de privacidad.
- En ese caso, llamaré a mi abuela. No quiero que se preocupe. - dijo Kirsty quien al igual que Felicia se movió para realizar su llamada.
Emiko se sentía un tanto nerviosa, no tanto por dejar a las niñas solas, Felicia y Kirsty estarían con ellas, no, se sentía nerviosa por la reunión con sus padres. Pues el hecho de no saber el porque los convocaron solo estaba logrando ponerla tensa, y eso se estaba viendo reflejado en la forma en que juntaba sus manos y jugaba con estas.
Sam lo notó de inmediato, él conocía muy bien a su esposa.
Le pasó un brazo sobre sus hombros y atrajo hacia él, en un gesto para calmar sus nervios. Él sabía que para su esposa el tema con su padre no era fácil, incluso si Osamu lo trato bien no minimizaba los hechos del pasado, tanto con su esposa como con sus cuñadas y cuñado.
Erma por su lado estaba sentada en la sala de la casa, mostrándose algo ansiosa, ocasionalmente volvía a ver la televisión. Su madre dentro de un rato atravesaría este aparato para recoger a su tía Yori y sus primas para traerlas aquí.
Era un método más rápido para viajar que andar viajando en avión o hacer portales con pergaminos.
Sus nervios se debían a que temía lo que Mitsu y Momo podrían hacerles a Felicia y Kirsty, sabía como eran y aunque no eran malas, Erma sabía que podían llegar a excederse con sus travesuras. Ella era capaz de soportarlas, al menos hasta cierto punto, pero Felicia y Kirsty no las conocían, y considerando esa fachada de "inocencia" que tenían, lo que menos quería Erma era que las pusieran de su lado.
No podía hacer que Felicia y Kirsty se fueran de la casa, pero tenía una idea.
Permanecer cerca de ellas para que no les pasara nada.
Al menos en su cabeza parecía ser una gran idea.
Antes de poder seguir con su maraña de pensamientos, Kirsty se sentó a su lado.
- ¡Vaya! Si que hace frío afuera, eh? - Kirsty le dio un pequeño codazo a Erma, haciéndola reír en el proceso. - Sabes, envidio cómo puedes soportar este clima, supongo que poderes de fantasma eh.
Kirsty quería aligerar el ambiente, y solo se le ocurrió empezar con esta afirmación. Y por lo visto funcionó.
Había notado desde hace rato la actitud de Erma, y no le fue difícil saber por qué.
Felicia le había contado sobre las primas de Erma, claro la propia Felicia no las conocía pero por la forma en que la niña las describía, quedaba claro que eran se esos niños difíciles.
A Kirsty no le preocupaba demasiado, pensaba que solo eran unas niñas que tenían mucha energía y solo necesitaban algo de firmeza para mantenerse tranquilas. Era algo que incluso Felicia hacía, ya que por más que ella y Erma fueran como hermanas e hicieran travesuras juntas, había momentos en los que ella tenía que mantenerse firme, pues al final del día ella era la mayor y la que estaba a cargo.
Para Kirsty esto sería pan comido.
- ¿Qué tan difícil podría ser cuidar a tres niñas? - pensó Kirsty para sí misma.
